Un nuevo día (RyoPi)



UN NUEVO DÍA
One-Shot
RyoPi
~Code~ / NEWS
12-10-09
 
  

Amanecía como todos los días, un nuevo día monótono comenzaba para mí; estaba tan cansado… sólo quería seguir soñando, descansar un poco, dormir… escapar de mi realidad.

Pero como siempre, el ruido infernal de su despertador llegaba hasta la tranquilidad de mi habitación para arrebatarme la paz que tanto apreciaba.

Dentro de cinco minutos entraría gritando alguna estupidez con esa sonrisa tonta en su rostro adormilado, menuda forma de arruinarme la mañana ¿no? Y eso sería sólo el comienzo del día, me pregunto ¿por qué demonios no actúa como una persona de su edad? Aunque lo que en verdad me saca de quicio es que creo que sólo muestra ese lado infantil cuando está conmigo. Es tan molesto…

Y justo como esperaba, aún a través de las almohadas y cobijas sobre mi cabeza pude escuchar como mi puerta se abría de golpe mientras él gritaba un “¡Buenos días, Pi!” y saltaba sobre mi cama empujándome bruscamente para que me “despertara”.

“¡Déjame en Paz, maldita sea!” Era lo único que quería decirle, pero como de costumbre, no me atreví. Era ruidoso, molesto y demasiado contradictorio, pero lo amaba, a pesar de todo yo lo amaba como un estúpido y por eso mismo era tan doloroso tenerlo cerca de mí todos los días.
“Venga Pi, despiértate, es hora de desayunar”, decía una y otra vez con ese dulce tono de voz que tanto me gustaba, mientras yo me rebullía boca abajo entre mis cobijas sujetando con fuerza mi almohada contra mi cabeza poniendo todo mi esfuerzo en ignorarlo.

No sé en qué diablos estaba pensando cuando le ofrecí quedarse en mi casa cuando se mudó a Tokio; sabía que no era una buena idea tener tanta convivencia con él sabiendo perfectamente lo que sentía y aún así cuando menos pensé ya se lo había dicho. Creo que en el fondo la sola idea de que se quedara con alguien más me molestó tanto que lo preferí conmigo que en casa de Yokoyama, Ikuta o peor aún, con Uchi; sí, creo que la verdad es que no me agradaba que estuviera cerca de Uchi, no lo soportaba, me moría de celos.

A final de cuentas, como de costumbre terminé por salir de mi cama para bajar a desayunar con él, ¿qué más podía hacer?, si no me levantaba, él comenzaría a hacerme cosquillas y alimentando a su demonio interior con mis gritos y mi risa desesperada, terminaría encima de mi espalda picándome por todas partes y no me sentía capaz de controlar todas las sensaciones que detonaba Ryo-chan en mí, así que preferí huir de él, dejándolo totalmente sorprendido de cabeza en el piso ente almohadas y cobijas.

Me dolía admitirlo pero cuando no estábamos frente a los demás prefería tratarlo fríamente para protegerme a mi mismo del dolor de herirlo; era un cobarde y un egoísta, pero sólo actuaba pensando en lo mejor para él.

No quería repetir la historia que viví con Kame hace tantos años por habernos permitido cruzar la delgada línea entre la amistad y el amor; me resultó horrible tener que estar en el mismo lugar que él viendo como le daba a Jin todo lo que antes me había dado a mí, y más, sabiendo cuán importante era Jin para mí; sufrí mucho en aquél entonces, y no quería volver a pasar por eso, me preocupaba sobre todo por Ryo, él no era tan cínico como Kame y no lo superaría tan fácil; después de tantos años de convivir con él me habían servido par conocerlo bien y después de estar viviendo juntos había aprendido a no equivocarme con él; aunque no lo demostraba, en realidad era un chico muy tierno y sensible, creo que eso era lo que más me gustaba de él, la contradicción entre su exterior maldito y arrogante y su interior tímido y dulce. Había aprendido a amar las dos caras de la moneda y hasta cierto punto yo era el único que lo conocía lo suficiente para controlarlo cuando era necesario; eso me gustaba, él me hacía sentir que me necesitaba así que yo siempre trataba de protegerlo, incluso de sí mismo y, sobre todo, de mí mismo.

Y era sobre todo por esa necesidad mía de protegerlo que lo había amado en secreto durante todo este tiempo; aún cuando a veces me lo reprochaba viendo como a pesar de mis esfuerzos, tanto Uchi como las estúpidas esas con las que salía de vez en cuando lo lastimaban una y otra vez volviéndolo más frío y reservado, porque una parte de mí me decía repetidamente que yo era el único que podría hacerlo feliz.

Mientras me lavaba la cara, el agua fría se llevaba consigo mis tibias lágrimas, era hora de colocarme mi vieja máscara frente al espejo, del mismo modo en qué lo había hecho estos últimos años para fingir que él no me importaba.

Cuando salí, estaba sentado en mi cama, ya tendida y mis cosas ordenadas sobre la mesita de noche, esperándome, como siempre con una brillante y hermosa sonrisa. Mi celular sonaba en algún lugar de mi habitación, ¿dónde lo había dejado anoche? Tras hacer memoria unos segundos, recordé que lo había guardado en la bolsa de mi chamarra, así que lo encontré ahí.

Era Jin… menos mal, el que llamara tan temprano sólo podía significar una cosa: quería verme. Lo cual era perfecto para evitar tener que quedarme con Ryo-chan. Después de colgar el teléfono y quedar con Jin en treinta minutos, regresé al baño y me encerré para tomar un baño. Su rostro se había ensombrecido un poco aún cuando se esforzaba en sonreír cuando le dije que lamentablemente no podríamos desayunar juntos; ver esa expresión suya me partía el corazón, pero después de haber estado soñando con él toda la noche, lo único que quería era tomarlo entre mis brazos, besarlo, amarlo… Tenía que salir de ahí cuanto antes mientras aún tuviera fuerzas para resistirme a mis deseos.

Cuando salí del baño ya no estaba en mi cuarto; deduje que estaba en la cocina al escuchar el ruido de los trastes cuando los puso en el fregadero. Pobrecillo, había tenido que desayunar solo, con lo mucho que sabía que eso le desagradaba. Me apresuré a arreglarme el cabello, debía aprovechar que había entrado al baño para escapar. Sólo grité “nos vemos más tarde” desde la entrada y salí corriendo al escuchar que se abría la puerta, no quise darle tiempo a que me dijera nada, no podía mirarlo a los ojos; él de seguro debía odiarme por cómo lo trataba, yo mismo me odiaba por ello.

Llegué al parque cinco minutos antes, así que me resigné a tener que esperar a Jin por al menos quince minutos, últimamente la puntualidad no era su fuerte; recliné el asiento y encendí el estéreo. Un sonido familiar me sacó del momento de tranquilidad en que la música me había sumergido. Ryo-chan llamaba; dudé un par de segundos en contestar y cuando lo hice, para mi sorpresa fue Uchi quien me habló… “¿Por qué Uchi tenía el celular de Ryo-chan? ¿Acaso estaba con él?”, fue lo primero que pasó por mi mente, luego un mal presentimiento se apoderó de mí: algo le había pasado a Ryo.

Y mi corazón no estaba equivocado. Uchi había llegado a la casa hacía un par de minutos porque Ryo-chan lo había llamado asustado pidiéndole ayuda. Regresé a casa tan rápido como pude; teníamos que llevar a Ryo-chan al hospital… ¿Cómo pude ser tan idiota? Ryo-chan odiaba lavar trastes, siempre los dejaba sobre la mesa, ese ruido que oí desde la cocina… Debí haber bajado a ver que había pasado, sí lo hubiera hecho, él no hubiera entrado al baño para lavarse la herida… Si hubiera bajado en aquél momento, ahora él no estaría tan mal porque lo habría llevado al hospital mucho antes.

Cuando abrí la puerta, Ryo-chan estaba sentado sobre el desayunador, se veía pálido; Uchi presionaba una de las toallas del baño contra su mano diciéndole que no se preocupara, que todo iba a estar bien. Ryo trataba de sonreír para evitar que sus lágrimas fluyeran por el dolor. Miré hacía la cocina… el piso estaba lleno de agua mezclada con sangre, arroz blanco y cristales rotos.

El pánico y el remordimiento recorrían mi cuerpo. Debía controlarme, así no le sería de ayuda. “Estoy aquí” les dije estúpidamente, era obvio que escucharon cuando entré. Me acerqué a ellos tan rápido como me lo permitieron mis pies. Teníamos que ir al hospital ya, había demasiada sangre en el piso y en el fregadero, y ya habían usado un par de toallas tratando de controlar en vano la hemorragia. Aunque él se empeñaba en sonreírnos y decir que estaba bien, para los dos fue más que obvio que no era así. Parecía que temblaba, iba a poner mi mano en su frente para ver si tenía fiebre cuando se desplomó en mis brazos, se sentía helado. Le pedí ayuda a Uchi y lo cargué en mi espalda hasta el auto, una vez que Uchi estuvo dentro le pasé a Ryo-chan con cuidado y nos apresuramos para llegar cuanto antes al hospital.

Lo cargué hasta la sala de urgencias, al parecer había perdido mucha sangre pero no entendíamos cómo o por qué; al ver su herida me preocupé aún más, iba a necesitar una transfusión y varias puntadas. Así que sin pensarlo dos veces, me ofrecí como donante, Uchi hizo lo mismo, aunque nuestros tipos de sangre no fuesen compatibles, serviría para que le pusieran la sangre que necesitaba cuanto antes; una enfermera limpiaba cuidadosamente la herida de su mano para suturarla, le supliqué que tratara de ser cuidadosa para que la cicatriz fuera lo más leve posible, ella sonrió y me dijo que haría su mejor esfuerzo para que quedará lo menos visible que se pudiera porque era una gran herida.

Uchi y yo tuvimos que esperar en recepción, debíamos proporcionar los datos de Ryo-chan pues tendría que quedarse internado al menos un par de horas ya que el doctor queria hacerle unas cuantas pruebas pues no le había parecido normal su condición.

¡Jin! Me había olvidado de él… ¡Demonios! Tenía doce llamadas perdidas suyas, debía estar preocupadísimo, yo nunca llegaba tarde ni mucho menos lo había plantado. Debía llamarlo, disculparme con él y explicarle lo que había pasado. También debía llamar a Takizawa-senpai para que le dijera a Johnny-san lo que había sucedido. Llamé primero a la agencia, sabía que la llamada sería breve, tras colgar le marqué a Jin. No me sorprendió en lo absoluto que contestara al primer timbre; estaba histérico, sonaba como si hubiera estado llorando… y así había sido. Tras esperarme diez minutos me llamó sin respuesta y decidió ir a buscarme a mi casa, encontró la puerta sin seguro y cuando entró vio el desorden en la cocina y todas las toallas ensangrentadas, como no respondía el celular se preocupó muchísimo; escuché cómo suspiraba de tranquilidad después de que le dijera unas mil veces que yo estaba bien; cuando por fin se calmó me dijo que iba en camino al hospital, así que me senté a esperar… esperar noticias de Ryo-chan y esperar a que Jin llegara.

Aunque fui consciente de que sólo fueron unos quince minutos, sentí como si hubieran pasado horas. El abrazo de Jin me había tranquilizado bastante; él siempre tenía ese efecto en mí. Cuarenta minutos después de que llegamos, por fin el doctor salió para decirnos cómo se encontraba Ryo-chan. Ya habían detenido la hemorragia, sus heridas estaban suturadas y no habían sido dañados ninguno de los nervios de su mano, su nivel de glóbulos rojos estaba más estable gracias a la transfusión y podríamos llevarlo a casa por la noche, por ahora debía permanecer en el hospital para tenerlo en observación. Al parecer su grado de anemia había sido el causante de tanto caos en su cuerpo. Tendríamos que vigilarle para que comiera bien y descansara lo necesario de ahora en adelante. Tras explicarme los cuidados y precauciones que debía tomar con él, el doctor nos permitió entrar a verlo.

Aunque estaba inconsciente, sentí un gran alivio de verlo descansar. Me sentía inútil, Jin sujetó con fuerza mi mano al notar mi frustración. Uchi lloraba mientras apartaba delicadamente el cabello en la cara de Ryo-chan. De pronto se giró hacia mí bruscamente y me golpeó con fuerza. “¿Dónde demonios estabas cuando pasó esto? ¿No dijiste que tú ibas a cuidar de él?” me decía furioso mientras yo me limpiaba la sangre de la boca con el dorso de la mano, Jin me ayudaba a ponerme de pie.
Merecía ese golpe. Él tenía razón… si hubiera estado ahí, nada de esto hubiera pasado. Estaba a punto de romper en llanto… no por lo que Uchi seguía recriminándome, sino por todas las cosas de las que me arrepentía.

Uchi me tenía sujeto de la camisa contra la pared, Jin trataba en vano de que me soltara; nunca había visto a Uchi tan enojado. Aquí venía otro golpe… ni siquiera me iba a tomar la molestia de evadir su puñetazo… sólo cerré los ojos y lo esperé.

Una voz débil y pausada diciendo “Uchi detente por favor…” me hizo volver a abrir los ojos. Sus lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas a la vez que repetía “Uchi, por favor… sabes lo que él significa para mi…” cada que sus fuerzas se lo permitían. La fuerza cedió, de nuevo mis pies tocaban el piso… ¿Uchi estaba llorando?… Me soltó aunque era evidente que no quería hacerlo. Su brazo se movió violentamente… de todos modos iba a golpearme… sentí su puño pasar por un lado de mi cara y lo escuché impactarse contra la pared detrás de mi. Uchi salió de la habitación sin mirar a nadie. No entendí muy bien por qué, pero Jin salió detrás de él, parecía preocupado por él, tal vez se había lastimado.

Estaba a solas con él… y no sabía qué hacer. Había demasiadas emociones circulando por mi cuerpo en ese momento. “¿Estás bien Pi?” me preguntó casi susurrando; pensé mil cosas en cuestión de segundos y por fin me decidí… Ya no me importaba nada ni nadie que no fuera él… Me aproximé a su cama pensando en todo lo que me había dicho Uchi, creo que sus palabras en vez de disuadirme de seguir con Ryo-chan me habían despertado para estar con él.

Me senté sobre la cama cuidando de no hacerle daño y sujeté su mano… “Perdóname Ryo-chan… esto no hubiera pasado si yo hubiera estado contigo…”, apreté su mano sólo un poco para no lastimarlo, suspiré para contener las lágrimas y le dediqué una leve sonrisa. “Pero sabes… eso no volverá a pasar… de ahora en adelante siempre voy a estar contigo… quiero estar ahí para ti… si tu quieres…”, mientras cada palabra salía atropelladamente de mi boca, mis lágrimas recorrían mis mejillas para caer y perderse sobre su pecho.

Su silencio me aterró… después noté que sujetaba tan fuerte como podía mi mano… cuando por fin levante la cabeza para mirarlo, él asentía débilmente, sonriendo y llorando a la vez. Y sin nada más ocupando mi mente, me incliné sobre él y lo besé por vez primera. Ahora comenzaría un nuevo día todos los días… a su lado.

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