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Amor eterno. (JaeChun)



Título: Amor eterno
Autor: Lilith 
Pairing: JaeJoong + YooChun  
Fandom: DBSK
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai  / Angs / AU
 ~Forever love - X-JAPAN
10/08/12
N/A: No estaba muy segura de publicar esto, pero pues ya que estaba escrito...



Minuto a minuto, la enorme ciudad comenzaba a adquirir vida. El cielo, normalmente teñido de colores pastel a esa hora, mostraba un gris plomizo que hacía que todos llevaran la sombrilla a la mano. Los coches tenían ya abarrotadas las avenidas y, cual hormigas, las personas salían por las escaleras de las estaciones del subterráneo desparramándose en ambos sentidos de la calle hasta donde alcanzaba la vista. El olor a café y tabaco entremezclados con smog era el aroma de cada mañana en Tokio y en medio de aquel cuadro de vida citadina, un par de chicos bajaban de un taxi estacionado afuera de un lujoso hotel en una de las zonas más exclusivas de la región.

El frío denotaba aún más la extrema blancura de su piel, que hacía resaltar sus labios rojos y sus enormes ojos oscuros. Esperaba pacientemente en la acera con las manos en los bolsillos de su abrigo negro y escondiendo la mitad de su rostro debajo de la gruesa bufanda gris oscuro que lo protegía del frío sin quitarle la mirada de encima al chico que se inclinaba hacia el conductor para pagar la tarifa de viaje. Un pensamiento poco inocente se coló en su mente arrebatándole una leve sonrisa que se apresuró a ocultar con el dorso de su mano al tiempo que apartaba los ojos de esa silueta que tanto le gustaba para fijarla en los ventanales de la fachada que se alzaba frente a él. Debía guardar la compostura, apenas eran las nueve de la mañana y ya estaba pensando en llevarse a su novio a la cama. Ciertamente se había terminado por contagiar de su perversión.
-¿De qué te ríes?... La gente creerá que estás mal de la cabeza...- Esa voz, su voz, siempre le había parecido la cosa más seductora del universo y en ese momento estaba acompañada de esa sonrisa tan sincera y dulce que tanto le fascinaba.
-De nada... Si te lo dijera, de seguro no llegarías a la conferencia...- Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso al recordar lo que había imaginado, así que desvió la mirada a otro lado intentando recuperar la compostura.
-Mmm... Y tú cómo sabes que quiero ir a esa conferencia, ¿eh?...- Lo mataba cada que hacía eso. Y es que sentía tantas y tantas cosas cuando le susurraba con ese timbre de voz tan profundo al oído, que sentía que sus piernas se volvían de gelatina.
-Eres un pervertido, Park YooChun...- Decía en voz baja mirando a su alrededor y rogando porque nadie hubiera reparado en su conversación. Su sonrisa tímida lo decía todo. Se había salido con la suya: en verdad le encantaba provocar así al mayor, le parecía tan adorable que no podía evitarlo.
-Pero eso es lo que más te gusta de mí, ¿no?...- Susurró en su oído rozando discretamente con el dedo índice su cadera deteniéndose al llegar a la ingle siguiendo aquel recorrido poco decente por el cuerpo de su novio con los ojos, esa mirada cargada del más puro deseo. Lo miró directo a los ojos con expresión provocativa al ver que se estremecía al llegar a ese sensible lugar. Sus mejillas no podían ponerse más rojas. Apartó súbitamente la mano. -Vamos... Tengo una charla que dar...- Tomó su maleta y echó a andar dejando al otro pobre al borde del colapso parado a mitad de la banqueta tratando desesperadamente de controlar su respiración y los latidos de su corazón. -¿Jae?... ¿No vienes?...- Su enorme sonrisa lo esperaba un par de pasos adelante.
-Eres un malvado, ¿sabías?... A veces creo que sólo te gusta molestarme...- Le hizo un puchero de fingida indignación y corrió para alcanzarlo.
-No digas eso, Jae...- Acarició suavemente su mejilla con el dorso de la mano y le acomodó la bufanda al reparar que su piel estaba fría. -Sabes que no hay nadie en este mundo que te ame tanto como yo...- Y ahí estaba, desbordándose a través de sus ojos desde su corazón, ese inmenso amor que no le cabía en el cuerpo cuando se trataba de su primer y único amor. Pasó su pulgar por su labio inferior. Un gesto que sólo ellos entendían: quiero besarte ahora.
-YooChun...- Suspiró. No. Había algo en lo que su novio se equivocaba. No era su lado pervertido lo que más le gustaba de él, sino esa mezcla perfecta entre la ternura y la pasión con la que siempre lo había amado y la forma tan sincera y directa de demostrarle todo lo que sentía por él con tan sólo una caricia, una mirada.


-Listo!...- Se acercó a él casi corriendo sosteniendo un pequeño y elegante sobre con la tarjeta electrónica del cuarto de hotel que había reservado. -Tengo que subir a preparar todo con mi equipo de trabajo para la conferencia... ¿Por qué no me esperas en el restaurante?, aprovecha y desayuna rico...- Decía señalando con la cabeza hacia donde se encontraba el lugar. Dio un paso hacia él. -Debes llenarte de energías... Las vas a necesitar...- Susurraba rozándole la oreja con la nariz al tiempo que le entregaba el sobre.
-¡YooChun!- Su rostro se había vuelto a poner colorado y abría los ojos como platos. El menor lo miraba divertido ampliando aún más su sonrisa al ver la reacción avergonzada y, al mismo tiempo, seductora, de su novio.
-No tardaré mucho...- Miró alrededor para asegurarse de que nadie los miraba y lo besó. Un segundo que les pareció eterno debido a todo lo que les hizo sentir. -Te amo...- El mayor suspiraba ruborizándose y tratando de retener  con las yemas de sus dedos el calor de esos labios sobre los propios que acaban de alejarse de su cuerpo dejándolo sumido en una sensación de ensoñación.
-¡Ah!... Chunnie...- De pronto tuvo una sensación horrenda cuando lo vio darse media vuelta para dirigirse al elevador.
-Dime...- Se giró manteniendo esa amplia sonrisa con la cual se había alejado después de robarle un fugaz beso suponiendo que su novio  querría alguna otra muestra de afecto antes de dejarlo partir. Lo cierto es que él también esperaba algo más que ese beso, por eso iba con diez minutos de anticipación. Sabía que estando con JaeJoong, iba a necesitar cada segundo antes de ser capaz de separarse de él.
-Eh... yo...- Ni siquiera sabía qué decirle. Era como si sintiera que le apretaban el corazón por dentro. Corrió hasta alcanzarlo aferrándose con fuerza a su abrigo. -Te amo... Regresa pronto,¿ sí?... Voy a estarte esperando... todo el tiempo…- Quiso decir otra cosa, pero de pronto su voz se desvaneció.
-Claro que sí... ¿Sabes que aunque esté aquí arriba, voy a echarte mucho de menos?...- Lo vio asentir tímidamente esbozando un ligera sonrisa. Las puertas de metal se abrieron detrás del menor. -Amo que pongas esa carita...- Le dio un último beso antes de dar un paso hacia atrás para entrar y le dijo adiós con la mano sonriéndole como siempre que se iba a trabajar por las mañanas. Las puertas se cerraron. El mayor soltó un largo suspiro sujetándose la mano. El mal presentimiento no se iba.
-Señor... ¿se encuentra bien?...- Una de las empleadas se acercó a él al ver que continuaba de pie frente al elevador desde hacía unos minutos.
-Ah, sí... ¿El restaurante?...- Pensó en alguna pregunta ocasional que desviara la atención de la chica.
-Por aquí, por favor...- Le hizo un gesto con la mano para indicarle que la siguiera y así lo hizo. YooChun tenía razón, necesitaba comer algo. Tal vez después de llenar su estómago, aquella desagradable sensación desaparecería.


-¿Chief, dónde estabas?...- Preguntaba su asistente al verlo entrar con su portafolio bajo el brazo y silbando de lo más feliz, alguna canción que sólo él conocía.
-Abajo...- Siempre era de lo más despreocupado en esas situaciones, pero es que sabía que tenía todo bajo control.
-¡Claro! De seguro estabas durmiendo en tu habitación, ¿verdad?- Lo miró incrédulo porque hacía mucho que lo conocía.
-No, en serio... Estaba en el lobby...- Puso aquella carita que siempre hacía que los demás lo dejarán salirse con la suya.
-Sí, yo lo vi, como siempre, muy bien acompañado...- Decía la abogada japonesa que venía entrando con una taza de café humeante en la mano y docenas de papeles en carpetas elegantes en la otra.
-¡Yaaah! ¡Park YooChun! ¡Te dije que este no era un viaje de placer!- El pobre chico estaba desquiciado. Le había dicho por lo menos unas mil veces en el transcurso de la semana que no trajera a su pareja, pero por lo visto, había vuelto a ser ignorado campalmente, lo cual no era novedad. Aunque era un par de meses más grande que su jefe, no tenían ese trato de mayor y menor, empezando porque el menor era su superior en el trabajo y porque habían sido amigos desde la escuela preparatoria.
-Lo sé... Es un viaje estrictamente de negocios, ¿no? Tengo que estar aquí, trabajando sin descanso hasta las seis de la tarde...- Dijo completamente serio. -Después de esa hora, estoy de vacaciones por tres días... ¿verdad, Kana-san?-
-Así es...- El otro pobre los miraba sin creer lo que escuchaba. Incluso la mujer, quien normalmente parecía ser incluso un poco amargada, sonreía en complicidad con el chico que presumía esa sonrisa triunfal.
-Chief... eres caso perdido, ¿sabías?- Suspiró resignado y se reacomodó la corbata.
-Lo sé... Pero tú mismo me dijiste ayer que tenía que tomarme las cosas con calma y relajarme, y eso es lo que voy a hacer, y sabes que JJ es mi mejor medicina contra el estrés, así que él tampoco viene en un viaje de placer, lo contraté por tres días para que me desestrezara...- Hizo una cara de lo más inocente mientras se encogía de hombros y alzaba los brazos en señal de "yo no hice nada".
-Eres un pervertido, Chief...-
-¿Qué? ¡Yo no dije nada!- Su risa lo delataba. Su amigo lo conocía muy bien.
-¡Cállense! ¡Maldita sea!, no me interesa la liberal vida sexual de mis superiores y menos a esta hora de la mañana cuando ni siquiera me he terminado mi primer taza de café...- El chico que se encargaba de las cuestiones informáticas y tecnológicas en la empresa iba entrando justo en ese momento y aunque sonreía, su voz era autoritaria y su mirada bastante fría… Esa expresión que ambos sabían que nada bueno les depararía el futuro como lo hicieran enojar: ChangMin no había desayunado aún.
-Lo siento, ChangMin-ssi...- Se apresuró a decir YunHo con tono amable, lanzándole una mirada amenazante a YooChun para que se callara de una buena vez si no quería hacer enojar al chico y que los botara antes de la presentación, ninguno de los dos sabrían que hacer con los aparatos y los programas si no estaba por ahí su ingeniero informático. Así que los dos guardaron silencio y terminaron con los preparativos justo antes de que los asistentes comenzaran a entrar en la sala de conferencias.


La comida era deliciosa, pero por alguna razón, parecía que su apetito voraz se había quedado en Corea, porque hacía más de veinte minutos que no probaba bocado y se limitaba a rodar un par de albóndigas de un lado a otro del plato suspirándole a la nada y pensando en su novio.
-¿Hay algún problema con la comida, señor?- Se le acercó uno de los meseros al ver que hacía ya buen rato que había dejado de comer.
-¿Eh?... Ah, no, no… - Se sonrojó un poco al caer en cuentas de lo que su comportamiento pudo haber dado a entender. -¿Podrías traerme la carta nuevamente, por favor?- Esperaba que el menú de postres le fuera un poco más atractivo.
-Seguro... ¿Puedo retirar su plato?-
-Ah... sí, por favor...- Ahora se dedicaba a jugar con los cubiertos y el salero.
-Aquí tiene...- Le extendió la hoja de papel doblada y plastificada. Ahora que la miraba bien, el diseño era bastante bonito.
-Gracias...-
-Vuelvo en un momento para tomar su orden...- Al ver que asentía concentrado de lleno en leer cada sección, se dio media vuelta y se fue a atender a otro cliente.

Terminaba tranquilamente su trozo de pastel dando de vez en cuando un sorbo a su té, cuando su celular comenzó a sonar. De inmediato supo quién era, YooChun tenía un tono muy en particular.
-¿Qué pasa?... ¿Me extrañabas tanto que te escapaste de tu conferencia para escuchar mi voz?- Se reía susurrando aquello con tono coqueto, sin embargo, por muy descabellada que le pareciera la idea, lo creía capaz de eso y más.
-No... Estoy en la conferencia...-
-¡¿Entonces por qué demonios me estás marcando?! ¡Cuelga y ponte a trabajar!- Abrió los ojos como platos al tiempo que se levantaba del asiento. Al sentirse mirado por los otros comensales, tomó asiento de inmediato cubriendo su rostro con sus manos. -Por tu culpa la gente me mira cómo si estuviera loco...- Miraba discretamente alrededor sólo para darse cuenta de que seguía siendo la comidilla de varias personas.
-Creo que tendré que ir por ti... porque no me gusta que te estén mirando todos esos extraños...-
-YooChun, no digas esas cosas... Te va a escuchar alguien...-
-No pasa nada... A decir verdad, sí me escapé unos minutos, aproveché que YunHo estaba exponiendo algunos puntos sobre nuestras estrategias de mercado para “ir al baño”...-
-Mmm... Abusivo...-
-Un poco... Pero sólo cuando estás tú y una cama de por medio...-
-¡¡¡YOOCHUN-AH!!!- El pobre se había vuelto a sonrojar hasta las orejas y ahora más gente lo miraba y reía por lo bajo de sus "adorables" reacciones.
-¡Jajaja! Sí iré por ti, ahora debe estarte mirando todavía más gente, ¿verdad?-
-Te pasas...- Se levantó para ir a pagar y salir de ahí lo más pronto posible, no le gustaba nada ser el centro de atención. Al menos no de ese modo.
-¿A dónde vas?-
-A donde nadie me vea y piense que estoy loco por culpa de mi pervertido novio...-
-De acuerdo, pero sí estás loco, amor... Loco por mí.- Se apresuró a terminar la frase al escuchar ese gemidito de estupefacción al otro lado del teléfono, señal de que no le había parecido divertido el comentario.
-¡Eres más lambiscón que Jiji!- Pero aún así, su sonrisita lo delataba: estaba feliz de escucharlo decir esas cosas.
-Te amo...-
-Y yo a ti...- Uno suspiraba mientras el otro sonreía como colegiala enamorada.
-Es hora de volver al trabajo... ¿Te irás a la habitación o saldrás a dar una vuelta?-
-Creo que dormiré un ratito...- Sabía que así sería, por eso se había apresurado en darle la llave, lo conocía tanto como para saber que apenas terminara de comer el postre, iría a acostarse y ver la tele hasta quedarse dormido; y de hecho contaba con que así fuera porque ya había planeado la forma perfecta de despertarlo. -¿Sentiste eso?- Por un momento sintió que el suelo se movía y vio un par de luces parpadear en el techo del pasillo.
-¿Qué cosa?- Se mojó las manos en el lavabo y se las pasó por el cabello para acomodarse el peinado. Un hábito que hacía mucho que tenía aunque no estuviera ni un pelito despeinado.
-¿Está temblando?- La sensación permanecía y se detuvo por si acaso era algún síntoma de que algo no estaba bien con él, tal vez debido al vuelo o al exceso de azúcar que había consumido en tan poco tiempo por culpa de ese delicioso pastel.
-Amor, estamos en Japón, aquí tiembla todo el tiempo...- Trataba de calmarlo sin darle mayor importancia porque después de tantos viajes de negocios, ya se había acostumbrado a las "pequeñas sacudidas" de aquel país.
-¡Oh! Otra vez...- El mayor permanecía de pie apoyado de espaldas contra la pared  y mirando el techo, pues por todo el pasillo parecía que las luces se fundirían en cualquier momento o que algo se desprendería del techo como en esas películas que tanto le gustaba ver en casa.
-Tranquilo, amor... Te acostumbras después de un rato.- Sin embargo esta vez sí lo había sentido y también se detuvo esperando que pasara pronto como otras veces.
-No me gusta...- El movimiento se hizo cada vez más fuerte, una alarma comenzó a sonar a lo lejos y luego otra y otra. -¡Chunnie! ¡Esto no me gusta! ¡¿Dónde estás?!- Iba tanteando la pared con la mano libre para cruzar la recepción y dirigirse a los elevadores.
-Voy hacia la sala de conferencias, debo asegurarme de que todos salgan sanos y salvos, espérame abajo, iré por ti lo antes posible.- El fuerte sonido de una explosión hizo que el mayor soltara un grito de miedo, pues en comparación de donde estaba YooChun, el ruido se había escuchado muy fuerte en la planta baja. -¡¿Jae?! ¡¿Estás bien?!- Sabía que no debía, pero al escucharlo gritar así, echó a correr hacia las escaleras de emergencia.
-¡Chunnie, tengo miedo!- El pánico era evidente en las personas que salían a toda prisa del restaurante tratando de escapar del humo y los trozos de escombros y vidrios que caían por todas partes. El personal del hotel trataba de sacarlos a todos en orden instándolos a mantener la calma, la multitud lo movía hacia las puertas automáticas de la entrada principal que estaban siendo sujetas por dos policías ya que no se accionaban por sí solas debido a las fallas en la corriente. Otro temblor sacudió con fuerza el suelo cuarteando la duela de madera y haciendo que varias personas cayeran al piso. La corriente eléctrica se volvió tan inestable que la mayoría de las lámparas reventaron por los cambios drásticos de voltaje dejando el lugar en semipenumbra provocando mayor ansiedad entre las personas que chocaban y tropezaban con todo y todos a su paso.
-Tranquilo, amor, voy por ti...- Las sirenas de las patrullas y ambulancias se escuchaban cada vez más cerca, podía sentir las vibraciones a través del barandal a medida que bajaba pero sólo podía percibir con claridad la respiración entrecortada y asustada del chico al otro lado del teléfono que por más que intentaba, no podía ahogar los chillidos de espanto que se le escapan de cuando en cuando. Otra explosión lo hizo perder el equilibrio y golpearse la cara contra el metal sintiendo una dolorosa punzada entre la sien y el pómulo, su celular se escapó de sus manos en un intento inútil por frenar la caída, yendo a dar varios escalones hasta el descanso de abajo.
-¡Chunnie! ¡¡¡YooChun-ah!!!- El miedo se apoderó de él al escuchar aquel ruido seco. Temiendo lo peor, echó a correr hacia adentro para llegar a las escaleras. Ahora podía ver perfectamente el caos dentro del edificio. Algunos empleados trataban inútilmente de contener el fuego para que no siguiera expandiéndose. Algunas personas estaban heridas y eran ayudados para salir, otros yacían en el piso sin moverse y siendo pisados en la carrera por salir a la seguridad del exterior. Los ojos se le llenaron de lágrimas. -Chunnie...- Un golpe de adrenalina lo hizo salir de su shock, tenía que encontrar a su novio. Cuando llegó por fin a las escaleras, una ola de gente lo arrastró de regreso al lobby, luchaba por pasar entre ellas. Otra explosión lo hizo llevarse las manos a los oídos al tiempo que cerraba los ojos y se agachaba un poco. Lo empujaron bruscamente y cayó al suelo haciéndose daño en el brazo al chocar contra una maceta. Había un montón de humo y polvo, seguía aturdido y no lograba entender lo que decían aun cuando sabía que estaban gritando en todas partes, el hombre que lo había empujado permanecía en el piso sin moverse y la cantidad de heridos hizo que le temblaran las piernas cuando trató de levantarse debido a la impresión. La puerta se había desprendido de sus goznes por la parte de arriba y los escombros impedían entrar o salir a cualquiera. La sangre se le fue del cuerpo. Sacó el móvil y comenzó a marcar con desesperación. Marcaba ocupado. Quiso levantarse pero resbaló con una mancha de sangre y terminó de nueva cuenta en el piso golpeándose con fuerza la nuca, se giró para ponerse de rodillas e intentar nuevamente ponerse de pie. Una mujer pasó histérica a su lado y le piso la mano con su zapato de tacón. Un grito de dolor escapó de su boca.
-Tasukete...- Alguien se apoyaba en su espalda tratando de usarlo de muleta, se giró espantado, el hombre había perdido una pierna y su brazo estaba negro debido a las quemaduras, se aferraba a su hombro mirándolo con la cara llena de sangre y hollín.
-¡¡¡JaeJoong-ssi!!!- Escuchó una voz conocida y en menos de un minuto alguien lo levantaba y lo arrastraba lejos de aquel hombre y los cuerpos mutilados de otras tantas personas que se entremezclaban con los escombros.
-Chunnie...- Las lágrimas comenzaron a rodar a través de sus mejillas y al sentir que podía perder al amor de su vida, se zafó como pudo de los brazos que lo sujetaban y corrió de regresó, tenía que haber otro modo de subir, estaba seguro de ello. Una cuarta explosión lo hizo caer mientras corría, al parecer los vidrios de la fachada se habían vuelto añicos hiriendo a muchas personas al impactar contra el concreto de la banqueta, la gente afuera gritaba desconcertada tratando de ponerse a salvo.
-¡¡¡JaeJoong-ssi!!!- De nuevo esa voz. Alguien se le aventó encima rodeándolo por la espalda, ambos cayeron al suelo con fuerza evitando que un pedazo de plafón los aplastara cuando se desprendió del techo con la sacudida. Permanecieron contra el mostrador de la recepción por unos minutos. JaeJoong se sentía desorientado por el golpe y tratar de enfocar algo hacía que se mareara un poco, tosía debido al polvo. –¿Estás bien?- Quién lo había salvado por segunda ocasión permanecía de rodillas cubriéndolo con su propio cuerpo, sintió una mano en su brazo. -¿Te hiciste daño?-
-¡¿YooChun?!...- Se aferró como pudo a su saco tratando de ver su rostro para saber si era él, pero no podía enfocar con claridad.
-El Jefe debe estar afuera... No estaba en el salón cuando empezó todo, los aseos estaban más cerca de las escaleras de emergencias... debió salir por ahí...- Le pareció que de pronto estaba demasiado quieto entre sus brazos. -¿JaeJoong-ssi?...- Bajó un poco la cabeza buscando su rostro.
-YooChun...- Sintió un agudo dolor en la cabeza y todo a su alrededor comenzó a desvanecerse en la oscuridad.
-¡JaeJoong-ssi!- La voz sonaba cada vez más lejana. Se sintió terriblemente ligero y mejor cerró los ojos esperando recuperar su campo de visión después de abrirlos.  

 

Lo que vi al abrir los ojos no se acercaba para nada al horror que esperaba contemplar, ese que me rodeaba cuando los cerré. Aquel techo blanco que hacía juego con el apacible silencio y el olor a limpio que en conjunto con el humidificador proporcionaban un ambiente confortable, me dejaron muy en claro que no estaba para nada en medio del infierno incierto que recordaba. Me sentía un poco confuso y mareado, por lo que preferí no levantarme de la cama. Poco a poco me di cuenta de que aquella habitación tampoco pertenecía al lujoso hotel donde habíamos estado, así que pronto descarté la idea de que todo aquello hubiera sido una terrible pesadilla. Tras desvanecerse por completo la sensación de somnolencia que me hacía sentir un poco atontado, probablemente debido también al medicamento que goteaba lentamente a través de esa delgada sonda, me incorporé sobre la cama tratando de poner en orden mis pensamientos, tal vez de ese modo lograría recordar cómo había llegado al hospital, porque lo último que recordaba era que estaba hablando por teléfono con él... ¿Dónde estaba? ¿Por qué no estaba a mi lado para ser lo primero que vieran mis ojos al despertar?



-JaeJoong-ah...-Escuché su profunda voz pronunciar mi nombre de un modo que casi me resultó doloroso. Suavemente abrí la puerta de la habitación para no asustarlo, ahí estaba él, sentado con las rodillas flexionadas, los codos apoyados sobre ellas y su rostro ocultó entre sus manos. ¿Acaso lloraba? Qué tonto era, todos estos días que estuvo inconsciente en esa cama, había permanecido a su lado las 24 horas del día, y justo en el momento en el que había necesitado salir a tomar un poco de aire fresco, él despertaba y no me encontraba a su lado para ser lo primero que vieran sus ojos, era un completo tonto. Y ahora el pobre además lloraba por mi culpa. Me sentí terrible, quería alejar aquella tristeza de su cara, que me viera y sonriera aliviado y feliz de saberme a su lado y que incluso luego me riñera por no haber estado ahí cuando despertó. Me acerqué con mi mejor sonrisa y tomé asiento sobre la cama apoyando mi mano en su hombro para llamar su atención. De inmediato levanto la cabeza y miró alrededor con un tinte de temor en sus hermosos ojos oscuros.
-Chunnie...- Susurré contra su oído cuando lo abracé. No dijo nada, sólo ese estremecimiento fue suficiente para saber que lloraba desconsoladamente. -Tonto... sabes que nunca te dejaría... que siempre estaré contigo... No llores, YooChun-ah... aquí estoy...- Mis palabras sólo lograron hacer que llorara aún más. Alguien abría la puerta.
-¡Enfermera! ¡Enfermera!- Conocía su voz, sabía quién era pero no lograba recordarlo con claridad.
-No pasa nada, Chunnie, vas a estar bien, ¿ok?...- Acaricié su mejilla llevándome de paso un par de tibias lágrimas. Mi pobre novio no dejaba de llorar y yo me sentía cada vez más culpable por ese dolor desgarrador que era su llanto. Me hice a un lado en cuanto entraron el doctor y la enfermera. Ahí en la puerta estaba aquel chico que me salvara el día del accidente. Ahora lo recordaba. Trabajaba para YooChun. Era su mejor amigo y mano derecha: Jung YunHo.
-Salga por favor...- La voz autoritaria del médico me sacó de entre mis pensamientos. Miré una vez más a YooChun antes de salir pasando junto al susodicho, le dediqué una sonrisa amable, pero ni siquiera se tomó la molestia de mirarme. No lo odié por ello, de inmediato me di cuenta de cuán preocupado estaba por YooChun, no le quitaba los ojos de encima con esa mirada de hermano mayor preocupado. Al final, también salió al pasillo cerrando tras de sí la puerta y lanzando un largo suspiro.
-Se va a poner bien...- Se escuchaba tan angustiado.
-Sí, todo estará bien...- Decidí aferrarme a ese pensamiento.



Los días transcurrían tan lentamente que me parecían una tortura. Pronto llegó mi hermano YooHwan y con él, mi mejor amigo de toda la vida, JunSu. Saberlos a mi lado me hizo sentir mucho más tranquilo, pero de algún modo, su compañía y su cariño no eran suficientes. Sólo quería ir a casa... estar con JaeJoong. Él era lo único que necesitaba en ese momento. ¿Por qué nadie podía entenderlo?



Diez días habían pasado desde que YooChun despertara. Diez horribles días en los que no me había atrevido a ir a verlo por temor a desatarle otra crisis nerviosa. "Estres postraumático" habían dicho los doctores. Lo mejor por ahora era que no tuviera contacto con nada ni nadie que le recordara el accidente, lo cual nos incluía a YunHo y a mí. Aseguraban que poco a poco mejoraría, eso era en lo que más quería creer. Jung YunHo se dio a la tarea de contactar a su hermano para que fuera a cuidar de él. Sinceramente yo no tenía cabeza para nada en ese momento, así que le agradecí en sobremanera que siguiera con su trabajo como asistente de YooChun. Por mi parte, sólo tenía un pensamiento en mente: quería estar con la persona que amaba, pero no podía hacerlo si quería que se recuperara, así que esperarlo solo en casa era un infierno cada día, pero era un precio mínimo a pagar por la estabilidad mental y emocional de mi novio, así que trataba de soportarlo de la mejor manera... por él y por mí.



-¿Estás seguro de esto, Chunnie?- La voz de JunSu me sonaba dolorosamente agradable: desbordaba seguridad, la absoluta certeza de que podía contar con mi mejor amigo. Ni él ni mi hermano estaban todavía muy convencidos con mi idea de estar en casa sin ellos, pero de algún modo, lo necesitaba, porque necesitaba a JaeJoong con cada partícula de mi cuerpo.
-Sí, Su... Estaré bien...- Mis manos temblaban a medida que sacaba las llaves de mi bolsillo para abrir. La puerta me dejó ver claramente ese lugar que había sido nuestro hogar durante los últimos cinco años de nuestras vidas, el mismo que de pronto me pareció tan frío, tal vez porque era la primera vez que JaeJoong no corría a recibirme con esa sonrisa tan suya. Las luces estaban apagadas, todo estaba tal cual lo habíamos dejado antes de irnos a Japón. Ese pensamiento dolió. Involuntariamente se me escapó un suspiro.
-Si necesitas cualquier cosa, sólo llámame, Chunnie... Sabes que en un parpadeo estaré contigo...- Apenas si me percaté del calor que emanaba su cuerpo cuando me abrazó o de sus labios sobre mi frente cuando estampó en ella un tierno beso que me supo a amargura, pero... es que no era de él de quien quería recibir esos mimos en ese momento.
-Gracias, Su...- Me dolía ser así con él. Pero sabía que me entendía mejor que nadie y que no se enojaría conmigo por querer un par de días sin ellos pegados a mí como mi sombra. Me sentía asfixiado con su exceso de atención. No me iba a suicidar ni nada por el estilo después de lo que había pasado.
-YooHwan regresará en un par de días...-
-Sí, Su...-
-¿Me llamarás si pasa algo?- Era extraño ver su habitual sonrisa infantil siendo empañada por ese dejo de tristeza que había en sus ojos.
-Sí, Su...-
-Bueno... ya me voy...- Me regaló una de sus tiernas sonrisas antes de darse media vuelta para partir.
-¿Su?...- Se volvió enseguida al escuchar que lo llamaba. -Gracias... por estar conmigo siempre...- Las lágrimas se agolparon de inmediato en sus pupilas claras, pero se esforzaba al máximo por retenerlas y mantener ese dulce semblante en su rostro y su cálida sonrisa.
-Es lo mínimo que puedo hacer por ti, Chunnie... Descansa...- Apretó suavemente mi brazo y se dio media vuelta. Cerré la puerta al momento. Creo que ambos habíamos empezado a llorar.



Al escuchar que cerraban la puerta principal me levanté de la cama y salí corriendo hacia la estancia. Sólo podía ser YooChun. Mi corazón me lo decía. De inmediato lo vi en la entrada, de pie en el recibidor con la mirada clavada en el piso.
-YooChunnie...- No me extrañó que no me escuchara a la primera, parecía demasiado absorto en sus pensamientos. -¿YooChun-ah?- Avancé un par de pasos. Al ver aquellas lágrimas desbordándose desconsoladamente de sus ojos se me partió el corazón y corrí los pocos pasos que nos separaban para poder estrecharlo entre mis brazos y tratar de brindarle un poco de calma. -¿Amor, qué tienes?...- Continuaba con la mirada clavada en el piso y sin decir nada. -Hey, tranquilo, aquí estoy... Todo va a estar bien...- Susurré en su oído mientras le acariciaba el cabello a la altura de la nuca y lo estrechaba más contra mi cuerpo para que se diera cuenta de que yo estaba ahí con él.
-Jae...   ¡Jae!- Pronunciaba mi nombre como si en ello se le fuera la vida y rompió completamente en llanto cuando lo besé con todo el amor y la ternura de la que fui capaz en ese instante. Cayó de rodillas al suelo llevándome consigo pero ni siquiera me dolió el golpe, no iba a soltarlo por nada del mundo. Sentía como si se fuera a romper en mil pedazos si me alejaba de él aunque fuera por un segundo.
-Tranquilo, amor... Aquí estoy...- Lloraba de un modo tan desgarrador que empecé a llorar junto con él.
-¿Chunnie?- Conocía la voz al otro lado de la puerta, golpeando constantemente, sonaba tan preocupado como yo mismo me sentía, pero en ese estado no lograba recordar su cara.
-¿Su?...- Apenas susurró el nombre, supe de inmediato quien era. La puerta se abrió un minuto después dejándome ver a ese chico de rostro angelical que había ostentado el título de su "mejor amigo" desde la infancia.
-Chunnie...- YooChun se abrazó con desesperación a su cuerpo en cuanto se arrodilló a su lado. Aquello me dolió en demasía, pero entendía que era natural después de todo lo que había pasado, así que sólo me quedé mirándolos, esperando que JunSu pudiera transmitirle aunque fuera un poco de ese consuelo que tanto necesitaba y que al parecer yo no podía brindarle en ese momento.
-Saldré a caminar un rato... Por favor, cuida de él...- Pasé por su lado pero no recibí respuesta. Aquello sólo hizo que me sintiera peor. ¿Acaso le dolía tanto verme que no toleraba mi presencia?



-¿Vamos por tus cosas, sí?... Será mejor que te quedes en mi casa por unos días, en lo que te tranquilizas un poco...- No quería irme, pero sabía que no tenía más remedio que hacerle caso. -...te prometo que cuando me digas que estás listo, te dejo venir para que hables, te desahogues y decidas lo que harás de ahora en adelante, pero por ahora no es bueno para ti estar aquí, Chunnie...-
-Pero Su, JaeJoong-ah...-
-Él siempre querrá lo mejor para ti, Chunnie...- Me cortó de pronto. -Si estuviera aquí ahora, seguramente te diría que hicieras lo mismo que te estoy diciendo yo...- Sabía que tenía razón, pero no dejaba de ser doloroso. Tener que estar lejos de la persona que amaba, de mi trabajo, de todo lo que me hacía feliz... no sabía cuánto sería capaz de soportar toda esta situación.



Los días seguían pasando tan lentamente que ya ni siquiera sabía cuándo era de noche o cuándo era de día. Se me iban las horas en recordar cada momento compartido con la persona que amaba. No me daban ganas de dormir ni de comer. Lo único que necesitaba era estar con YooChun, pero cada vez veía mi deseo mucho más lejano. Aún cuando mi rostro esbozaba alguna sonrisa o incluso dejaba escapar alguna risa, al final eran las lágrimas las que daban paso a mis verdaderos sentimientos... porque por mucho que mi mente entendiera que esto era lo mejor para YooChun, mi corazón seguía doliendo por estar lejos de él un día más.



-Chunnie... ¿estás seguro de querer hacer esto?-
-Sí, Su... Creo que después de todo lo que ha pasado, no seré capaz de seguir haciendo mi vida ahí... no si ya no podré estar con él...- Pronunciar esas últimas palabras reabrió la herida de mi corazón, pero sabía que era lo mejor para mí, para ambos.
-¿Quieres que entre contigo?- Preguntó tímidamente.
-No...- Tenía miedo. Sé que estaba siendo un cobarde manteniéndome lejos de todo lo que me recordara a él, pero estaba seguro de que en el momento en que escuchara nuevamente su voz pronunciando mi nombre, todos mis esfuerzos por dejarlo atrás se irían al caño y yo ya no podía seguir viviendo en medio de esa pesadilla. Mi hermano, mi socio y mi mejor amigo tenían razón... era momento de seguir con mi vida. Aspiré profundamente antes de deslizar la llave en la cerradura. Tenía que enfrentar mi presente para poder enterrar mi pasado.... tenía que enfrentar a JaeJoong. Terminar las cosas de una vez por todas. Dejarlo ir. Volver a empezar. Sin él.



Aquel sonido me tomó completamente por sorpresa. Tanto, que el sobresalto hizo que soltara el marco que tenía entre mis manos, cuyo cristal terminó hecho añicos sobre los mosaicos de la sala de estar.
-YooChun-ah...- Susurré en un tono apenas audible. Sus oscuras y profundas pupilas se clavaron directamente en las mías y luego fueron a dar con aquella fotografía que nos tomáramos años atrás durante nuestras primeras vacaciones juntos en Jeju. Los recuerdos de esos días llegaban a mi cabeza como una película en tonos sepias al tiempo que lo veía caminar hacia mí y agacharse hasta tocar aquel objeto que acababa de arruinar con mi descuido.
-Era mi favorita...- Las lágrimas se agolparon en sus ojos.
-Lo lamento... no era mi intención...- Me disculpé de inmediato.
-Este era mi más preciado recuerdo... Fue él día más feliz de mi vida... ¿Recuerdas? Fue el día que te confesé mis sentimientos... el día en que me confesaste los tuyos… y ahora también se ha perdido...- Quitó con cuidado los fragmentos de cristal y sacó la foto contemplándola como si ahí pudiera ver aquellos tiempos.
-YooChun-ah... no digas esas cosas... Compraré un marco más bonito y...- Me sentí tan mal. No tenía idea de lo mucho que aquella foto significaba para él.
-Supongo que ya nada volverá a ser lo que era...- Y para mi total sorpresa, rompió nuestra fotografía en mil pedazos. Sus lágrimas habían terminado por desbordarse a través de sus mejillas. Estaba sin palabras. Me sentía confundido. Su rostro reflejaba un dolor inmenso mientras contemplaba los restos de papel en el suelo pero... sus palabras sabían a resentimiento. -¡Mi vida se ha ido al carajo por tu culpa!-
-YooChun...- ¿Qué estaba pasando? Ahora eran mis lágrimas las que fluían sin control surcando mi rostro. -...yo... ¿por qué dices eso, amor?- Traté de sujetarle la mano pero las metió en los bolsillos de su pantalón antes de que pudiera alcanzarlas.
-¡Si tan sólo no te hubieras ido de mi lado ese día! Si tan sólo hubieras permanecido conmigo...- Se alejó tres pasos de mi lado dándome la espalda mientras se limpiaba las lágrimas con las mangas de su suéter.
-Amor, no digas eso... yo... Tenía miedo... no quería que te volvieras a poner mal por mi culpa… el médico dijo que todo lo relacionado con el accidente te pondría mal... Nos dijo a YunHo-ssi y a mí que lo mejor era que nos mantuviéramos por un tiempo lejos de ti... yo... sólo… estaba preocupado por ti… yo…-
-¡Nada me importaba más que estar a tu lado! ¡¿Por qué tuviste que dejarme solo?! ¡¿Cómo pretendías que superara todo esto si no estabas conmigo?! ¡¡Si no te tenía a mi lado para darme fuerzas!!- Sus gritos cargados de tristeza y rabia me estaban desgarrando el corazón.
-Chunnie...- De inmediato se abrió la puerta, entró corriendo JunSu y apenas si lo abrazó, YooChun se deshizo en llanto aferrándose con desesperación a esos brazos que no eran los míos. Ver aquello dolió... dolió más que todos los días de estar separados... más que la soledad y los recuerdos... dolió porque lo que había en los ojos de ese chico que lo consolaba no era otra cosa sino amor... JunSu estaba enamorado de su mejor amigo... enamorado de la persona que yo amaba con todo el corazón.
-Su, no puedo con esto...  no soy tan fuerte... Sácame de aquí... volvamos a tu casa... Sólo quiero estar lejos de todo esto… quédate conmigo….- Su mirada suplicante se sintió como una fría daga clavándose en mi corazón.
-Sí, Chunnie… estarás bien…-
-¿Así que de eso se trataba todo?...- Ninguno de los dos dijo nada... ni siquiera me miraron. No podía dejar de pasar la mirada de uno al otro en busca de respuestas. Nada. -Soy tan tonto... estaba tan enamorado que no supe darme cuenta de lo que estaba pasando...- Desvié la mirada hacia otro lado. Ahí, sobre la chimenea estaban las otras fotografías de nuestros aniversarios y nuestros momentos de felicidad. Testigos crueles de un amor que al parecer ya no existía. -¿Por qué, YooChun?...- JunSu deslizaba su brazo por los hombros de YooChun. -¿Te vas a ir sin darme siquiera una explicación?- Silencio.
-No te preocupes, Chunnie... yo estoy aquí... no iré a ningún lado.- Me estaban ignorando por completo.
-¡¡¡Park YooChun!!!- Estaba molesto. Dolido. Confundido. Celoso. Lancé al suelo todos los marcos que estaban sobre la chimenea. Los dos se detuvieron en seco tensando sus cuerpos debido al estruendo pero ninguno se digno a girarse para mirarme siquiera.
-Su, sácame de aquí... No quiero seguir escuchando su voz...-
-Tranquilo, Chunnie...- JunSu se escuchaba asustado.
-¡¿Te vas a ir así sin más?! ¡¿Me vas a dejar sin un "adiós" siquiera?!... ¡¿Sin importarte que yo aún te amo?! !¿Que he pasado un infierno esperando aquí solo a que regresaras?! ¡¿Que sin ti a mi lado no tengo ganas ni de comer ni de dormir y que no hago otra cosa durante las 24 horas del días más que pensar en ti, en nosotros?! ¡¿Olvidando que nos juramos amor eterno?!- Me ahogaba con mi propio llanto. Me había roto. Por fin había terminado por rebasarme la situación. Me había prometido soportar todo sin derramar mis lágrimas frente a YooChun, pero había sido demasiado. Ya no podía más. Sentía que iba a morir.
-JaeJoong-ah...- Por fin me miraba. Nunca había soportado escucharme llorar.
-¿Chunnie?- JunSu trataba de recuperar su atención, pero YooChun seguía mirándome.
-Su, no puedo dejarlo...- Se soltó de aquel abrazo.
-Sé que es difícil, Chunnie... Pero podrás sacarlo de tu corazón... Debes comenzar de nuevo… Rehacer tu vida… Dejar en el pasado todo lo que pasó aquel día. Es lo mejor para ambos… para todos…- Se acercó a él buscando su mirada.
-No lo entiendes, Su... ¡él me ama, y yo lo sigo amando!- Se alejó en par de pasos para regresar a donde estaba yo. Corrí y lo estreché entre mis brazos con todas mis fuerzas.
-Yo también te amo, YooChun-ah...- Susurré en su oído. Sus lágrimas se deslizaban silenciosamente mientras sollozaba.
-Chunnie... JaeJoong-hyung... no puedes seguir así... Sabes que él... Tú…- El nudo en la garganta no dejaba que la voz de JunSu se escuchara tan dulce como seguramente pretendía.
-Su, no entiendes... Jae es el amor de mi vida, no quiero perderlo…- Se acercó hasta YooChun y le tomó del brazo para alejarlo de mí.
-Chunnie, deja de hacerte daño de este modo, sabes perfectamente que ustedes no volverán a estar juntos...- Se le abrazó por la espalda. JunSu rompió en llanto. YooChun también. Yo... yo no era capaz de pensar... ¿Qué tonterías estaba diciendo este chico? ¿Pensaba ignorarme al grado de hacer de cuenta que ni siquiera estaba ahí? ¡¿Quién demonios se creía?! ¿Acaso todo este tiempo se la había pasado envenenándole la cabeza a mi novio para separarnos so pretexto de que cuidaba de él?
-¡Yah! !!!Kim JunSu!!!...- Había llegado a mi límite. Iba a arruinar mi imagen de chico lindo y educado pero me importaba un comino, lo iba a poner en su lugar. Iba a luchar por el amor de mi vida y ya había llegado a mi límite de soportarle tantas confiancitas, se había ganado una buena paliza o por lo menos un par de cachetadas. -Lárgate de mi casa ahora mismo, delfín escandaloso destructor de hogares...- Mi mano nunca logró impactar su rostro.
-Tienes razón, Su, no puedo continuar así…- Antes de que pudiera hacerlo, vi a YooChun darse media vuelta y tomando a JunSu de la muñeca lo arrastró hacia la puerta. –Vamos a casa…-

No pude reaccionar.

Tan sólo se había ido.

Dejándome sumido en la confusión y el dolor de una ruptura impronunciada.  

El amor de mi vida… ese que me había jurado amor eterno a la orilla del mar durante el más hermoso atardecer que hubiera visto jamás, me dejaba sin razón después de la más horrenda pesadilla. Se iba de mi lado sin importarle mis lágrimas ni mis palabras de amor.

¿Qué había pasado con nosotros?

¿Cómo habíamos llegado a esto?

No.

La pesadilla no había más que comenzado.



Un año había pasado desde que estuviera por última vez en aquel lugar.
Un año desde la última vez que lo había visto, que había escuchado su voz.
Ahora, a un año de haber vivido aquella pesadilla que casi me cuesta la vida, estaba listo para volver a verlo.

Llevaba tan sólo una botella de vino tinto y un ramo de rosas. Sabía que eran dos de sus cosas favoritas. Me había puesto ese traje negro de marca que me regalara en nuestra última navidad juntos y llevaba puesta la colonia que me regalara en mi último cumpleaños.

Mi miré en el espejo por última vez antes de salir. Debía verme perfecto. Digno de él.

Caminaba sin prisa por nuestro viejo vecindario. Ahí donde  todavía se encontraba el departamento que compartiéramos durante más de cinco años. Mi cabeza era bombardeada por tantos fragmentos de memorias vividas, que no sabía si reír o llorar. No, definitivamente no debía llorar, de seguro me reñiría si me veía llegar con los ojos rojos e hinchados. Debía sonreír. Siempre había amado mis sonrisas.

El jardín seguía tan hermoso como lo recordaba. Había valido la pena pagarle a alguien por que se ocupara de él en mi ausencia.

Tomé aire. Suspiré. Abrí la puerta con manos temblorosas.
-Tadaima…- Anuncié tranquilamente, pero nadie me respondió. Ya lo esperaba.



-Tadaima…- Abrí los ojos confundido. Miré el reloj en la mesita de noche. Eran apenas las nueve de la mañana. Nadie venía nunca antes de las once. Supuse que estaba soñando… de nuevo con él. Uno de esos sueños tan vívidos que me hacían despertar llorando al comprender que no eran más que eso… sueños… porque su lado de la cama seguía vacío… frío. Me encogí entre las sábanas abrazando la almohada tratando de contener el torrente de lágrimas que amenazaba con desbordarse… ya no quería seguir llorando. Cerré de nuevo los ojos. Prefería mil veces vivir soñando con él que vivir un segundo en este mundo donde él ya no estaba a mi lado. Escuché pasos acercándose. –JaeJoong-ah... lo siento- Sentí mi corazón dar un vuelco al escuchar tan cerca su voz. –No espero que me perdones por lo que pasó… tan sólo espero que entiendas, que siempre has sido, eres y serás el amor de mi vida…- ¿Cuántas veces antes no había pasado esto? ¿Cuántas veces antes había saltado fuera de la cama corriendo tras oír la puerta y escuchar su voz llamándome sólo para comprobar que había aumentado un poco más mi grado de locura?... Ahora incluso me parecía percibir el olor de las rosas que tanto me gustaban. Sonreí. Recordé cada una de las veces anteriores en que me había regalado rosas. Las veladas románticas a la luz de las velas cuando las pobres terminaban siendo alfombras rojas esparcidas por toda la alcoba después de una de esas noches de pasión. Abrí lentamente los ojos temiendo que nuevamente fuera un sueño, pero entonces lo vi, sonriéndome con todo ese amor que siempre me gritaban sus ojos. –Te amo…- Las mariposas aún volaban dentro de mi estómago cuando pronunciaba esas palabras y sentía sus caricias tiernas, haciéndome reír tontamente como si fuera un adolescente avergonzado. Me cubrí el rostro para que no viera cuán rojas se había puesto mis mejillas.  Que cruel vida la mía. Entonces recordé que él se había ido. Esto no debía ser más que otra alucinación. No quería que el dolor y la tristeza volvieran, quería aferrarme a su amor, a sus sonrisas, a sus caricias. No. Ya no quería seguir así. Ya no podía seguir sumido en este infierno de recuerdos atormentándome día y noche. –JaeJoong-ah… Duerme bien…- Sí. Estaba cansado. Tan sólo quería volver a cerrar los ojos y seguir soñando con nuestra felicidad juntos… con nuestro amor eterno. Vi su sonrisa por última vez antes de cerrar los ojos y acurrucarme contra su almohada bajo las sábanas como tantas mañanas había hecho. Tan sólo quería seguir soñando así por siempre y no volver a despertar jamás.



Caminé lentamente recorriendo cada rincón de nuestro apartamento. Reviviendo uno a uno los fragmentos de nuestra vida juntos. Mis ojos se paseaban por cada sitio donde me había dicho un “te amo”, deteniéndose de vez en cuando en aquellos lugares donde le había hecho el amor, sólo para comprobar lo que ya sabía: aún lo amaba.

Una lágrima resbaló al reparar en la repisa de la chimenea… ahora estaba vacía. Ya no estaba ninguna de nuestras fotografías. Seguramente había ido a parar a la basura junto con los marcos rotos y los pedazos de cristal.

Seguí mi camino hasta la alcoba principal. La puerta estaba cerrada como siempre, por alguna extraña razón, él nunca había podido dormir con la puerta abierta, así que para complacerlo, se me había vuelto costumbre mantenerla cerrada. Aún en mi nuevo departamento seguía haciéndolo así. Sonreí. Abrí la puerta con cuidado para no hacer ruido. Las luces estaban apagadas y las cortinas cerradas. Así era como le gustaba dormir. Sin importar cuántas veces lo hubiera visto antes, observar su rostro dormido era fascinante para mí, la forma en que su espalda desnuda subía y bajaba al compás de su respiración acompasada me era algo adictivo, recorrer cada tramo de su blanca piel con las yemas de mis dedos, trazar cada curva de sus tatuajes hasta perderme en ellos debajo de las sábanas… me hacía tanta falta despertar a su lado, tenerlo entre mis brazos, sentir su calor contra mi piel, hacerlo mío.
-JaeJoong-ah… lo siento…- Me senté en la orilla de la cama dejando las rosas sobre mi almohada y la botella de vino sobre la mesita de noche. –No espero que me perdones por lo que pasó… tan sólo espero que entiendas, que siempre has sido, eres y serás el amor de mi vida…- Podía ver claramente sus labios curvándose en una hermosa y tímida sonrisa al tiempo que sus enormes ojos castaños se abrían para dejarme ser lo primero que viera al despertar. Le devolví la sonrisa. Sí. Aún después de todo lo que habíamos pasado, seguía amándolo como lo había hecho desde la primera vez que lo vi en aquel café. Acerqué mi mano a su frente para quitarle de encima esos lacios y rebeldes mechones de cabello que me impedían contemplar su rostro perfecto. –Te amo…- Esa risita nerviosa que siempre se le escapaba cuando estaba avergonzado por mis palabras y que lo hacía cubrirse el rostro con las sábanas. Mi celular sonó. Era un mensaje de JunSu. Era hora. –JaeJoong-ah… Duerme bien…- Le sonreía por última vez. Me levanté y caminé hasta la puerta sin mirar atrás. Un suspiro. Me giré lentamente para verlo una última vez antes de cerrar la puerta para siempre.

-¿Estás listo?- Su habitual voz alegre me recibió con una de sus sonrisa tan pronto como llegué a la entrada.
-Sí…- Le devolví la sonrisa con naturalidad.
-¿Aún debemos ir al cementerio, verdad?... YunHo-hyung y ChangMin-ssi dijeron que nos verían allá… Les pedí que compraran las flores y los inciensos…-
-Sí, Su, gracias…-

-¿Estás seguro de querer vender el departamento, Chunnie?- Sentí su mano sujetando mi brazo cuando pasé por su lado. Nuevamente sonaba preocupado por mí como en aquel entonces.
-Sí, Su… sé que es lo mejor…- Le di las llaves y subí al auto. No volvería a usarlas. No necesitaría volver a estar en ese lugar. No tenía sentido seguir aferrándome a mi pasado si JaeJoong no estaba en mi presente ni estaría en mi futuro,  porque desde aquel día, la habitación que compartíamos había quedado vacía y a oscuras... como el resto de la casa. como toda mi vida desde que él se fuera… pero ahora era capaz de entender, por fin… que JaeJoong no hubiera querido verme destruyéndome así durante el resto de mi vida por su recuerdo, porque me amaba, y siempre había querido mi felicidad. Así que por el eterno amor que le tenía, iba a continuar viviendo mi vida… siendo feliz… sin él.




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Pensando en ti... (JaeChun)



Título: Pensando en ti...
Autor: Lilith *aka yo ^^*
Pairing: JaeJoong + YooChun / DBSK
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai  / Yaoi / Lemmon
Tipo: One-shot
 ~Mirotic - DBSK
To: Cualquier otra fan del SOULMATE que ame tanto a esta couple como yo ^^b



Aún ahora me pregunto cuándo fue que me di cuenta que no podía dejar de estar pensando en ti...

Lo nuestro había sido tan sólo un encuentro casual basado en la atracción física y el deseo sexual.

Un flechazo de una noche en medio del bullicio de la gente y el efecto delirante de las luces de neón bailando al ritmo de la música electrónica que hacia vibrar la pista de baile.

Todo comenzó con un golpe a mi ego.

¿Cómo demonios era posible que no tuviera encima a las miles de chicas habituales a esa hora de la noche?... ¿Qué demonios las mantenía a todas ancladas al suelo allá abajo que no estaban suplicándome por besos y caricias para saber quién sería la afortunada en compartir conmigo la cama de un motel cercano esa noche?

Empezaba a sentirme molesto.

Me levanté del sillón de piel donde había estado desde hacía un par de horas contemplando las siluetas voluptuosas de mis futuras víctimas meciéndose bajo el influjo de aquella música adictiva. Necesitaba saber qué o quién se atrevía a robarme toda la atención.

Aquello fue instantáneo.

Bastó mirarte por un segundo para saber que la sensualidad de cada uno de tus movimientos sería el plato fuerte de mi cena. Y es que el modo en que tu suave y oscuro cabello se mecía era alucinante... Esa sexy sonrisa tentadora que invitaba abiertamente al pecado de la mano de tus carnosos labios rojos... Esos enormes y profundos ojos de mirada seductora que de a poco se tornaban inocentes cómplices de tus sensuales expresiones.

Todo tú eras la lujuria encarnada.

Debías ser mío.

Te deseaba con cada célula de mi cuerpo.

Me miraste de pronto. Tu sonrisa se extendió ampliamente al tiempo que ese guiño acompañado de un movimiento de tus dedos me invitaba a bajar a tu lado y dejar de contemplarte desde la distancia.

Conocías bien tu juego.

Y eso me gustaba.

A simple vista podrías parecer un ángel.

Pero para quienes reconocíamos a los de nuestra especie, no eras sino un sueño hecho realidad.

Sin lugar a dudas te haría doblegar tu ego y te tendría a mis pies. Serías mío y te haría rogar hasta el cansancio por más. Sí. Todo había quedado fríamente calculado.



Si bien desde arriba te veías bien... Dios, de cerca... Eras tan... tan...

Aún ahora no encuentro palabras adecuadas que hagan justicia a tu belleza y atractivo. Un giro seductor y ya estabas delante mío contoneándote de ese modo que tanto enloquecía a cualquiera que te viera. Tus pupilas se clavaron en las mías de pronto, una sonrisa de medio lado... habías picado el anzuelo.

La canción que comenzaba me gustaba, además en ese momento, quedaba perfecta para nuestro encuentro. Suavemente mi cuerpo empezó a reaccionar a cada ritmo que escuchaba. Tu silueta y la mía se acoplaban a la perfección cual piezas de rompecabezas en aquella danza desbordada de erotismo. La gente a nuestro alrededor desaparecía poco a poco dejándonos a merced del calor que desprendía nuestra piel. Tus jeans negros, medios rotos y deslavados, se ajustaban a tu largas piernas mostrando lo necesario para despertar el apetito. Esa camisa de seda color negro desabotonada a medio pecho se abría un poco cada que curvabas de lado tu cuerpo dejándome ver más de esa piel blanca y suave que quería recorrer centímetro a centímetro. Tal vez los demás no lo notarían pero, tanto el chalequillo como la corbata mal anudada que colgaba de tu cuello, eran de marca cara, lo mismo que tus zapatos de gamuza perfecta y limpia, incluso la colonia que usabas y que embriagaba mis sentidos cada que te pegabas más y más a mí. Eras alguien diferente. Sabías que lo valías todo. Y eso me gustaba.

El hilo de mis pensamientos se vio cortado por el estremecimiento que disparó escalofríos por toda mi espalda cuando tus manos frías se posaron en mi cintura deslizándose sigilosamente por debajo de mi camisa. El error de haber dejado escapar un ligero gemido me costó realmente caro. Sin que me lo esperara, comenzaste a rozarte contra mi pierna respirando jadeante sobre mis labios. Sin dejar de mirarme. Como si estuvieras hipnotizándome para tenerme bajo tu control... tal vez también bajo tu cuerpo. Que ingenuo eras. Aún no podías entender, que en realidad todo marchaba según mi propio plan.

Las manecillas del reloj avanzaban. Tal cual aumentaba el ritmo de nuestras respiraciones y tomaban más confianza nuestras caricias. El resto del mundo había dejado de importarnos. Tal vez, en realidad era que nosotros habíamos dejado de importarles. Daba lo mismo. Sólo existíamos tú y yo en medio de aquella multitud que nuevamente nos rodeaba permitiéndonos tener mayor contacto y menos pudor.

-Esto ya no es suficiente...- Susurraste jadeante contra mi oído. -Necesito sentirte de verdad...- Te pegaste contra mi cuerpo acariciando mi pecho por encima de la ropa, deslizando poco a poco las manos hasta mi espalda, bajando hasta llegar a mi trasero.
-Conozco el lugar perfecto...- Rodeé tu cintura de modo posesivo para susurrarte también besando de pasada el lóbulo de tu oreja y el cuello. El primer gemido de esa noche se te escapó involuntariamente al sentir mi lengua sobre tu piel.
-¿Nos vamos?- Una sonrisa dulce e inocente pero a la vez coqueta y seductora. ¿Podía alguien negarse acaso a ese tono sensual y esa mirada pervertida?
-Seguro...- Te quité las manos de encima y eché a andar hacia afuera. Podía sentir tu mano jalando mi camisa por la espalda. Sabía que no te negarías a ir detrás de mí y que me seguirías obediente a donde te llevara.

Afuera el aire era demasiado fresco, pero eso no nos importó. Apenas pudimos llegar al estacionamiento. El deseo había terminado mutando en necesidad insaciable y no habíamos podido evitar empezar a comernos a besos tan pronto como nos vimos libres de la mirada de los demás, ahí en el silencio de la noche y la semi penumbra del lugar. Pronto los besos dejaron de ser suficiente. Necesitábamos más. Como pudimos llegamos hasta mi coche. El cofre era perfecto para dedicarme a recorrer las porciones de piel que tu ropa dejaba a mi alcance. Que música más celestial llenaba mis oídos cada que mis labios succionaban con un poco más de fuerza algún lugar, cada que mi lengua acariciaba hábilmente las zonas que iba conquistando como mías.

Estorbaban... así que uno a uno fui quitando de en medio esos molestos botones hasta dar con tu blanco y torneado abdomen y tu ombligo. Estelas de besos húmedos bajando desde tu cuello hasta ese delicado lugar. Aquellas roncas notas me hacían saber que iba por buen camino. Porque lo estaba. Pronto noté el bulto que se había formado ya dentro de tus pantalones. Pero no. Eras demasiado como para ser tomado en un simple estacionamiento de un bar de moda. Te quería en tu máximo esplendor.

Saqué con maestría las llaves y abrí la portezuela del copiloto para meterte con delicadeza mientras seguías besando con avidez mis labios. Ni siquiera te lo esperaste, tus ojos lo decían cuando te supiste dentro. Cerré la puerta y ocupé mi lugar, sonreíste divertido. Pero por un segundo olvidé que tú también conocías el juego. Tarde reaccioné y no pude evitar que tus manos se colaran dentro de mis pantalones, cuando escuché el zipper bajando con rapidez yo ya había arrancado el coche dirigiéndome a la salida. Supe entonces que disfrutabas del peligro. Y aquello me gustó aún más.

Fueron sólo diez minutos hasta el hotel. Sí, había dejado atrás un par de moteles que a menudo frecuentaba, pero no era porque quisiera darle un trato especial a mi incubus angelical, sino porque se sentían endemoniadamente bien la tibieza y la humedad de tu boca. Sí, sabía que te detendrías cuando me estacionara deduciendo que habíamos llegado. Acomodé rápidamente mis ropas antes de bajar, aunque igual sabía que poco le importaría a la recepcionista teniendo en cuenta dónde estábamos. El sexo mezclado con alcohol eran de seguro su pan de cada día teniendo ese trabajo. No habíamos vuelto a cruzar palabras desde que decidiéramos salir del antro. La verdad es que tampoco eran necesarias para lo que queríamos el uno del otro. Ambos lo entendíamos. Decíamos lo que queríamos de otros modos mucho más directos y efectivos.

El elevador fue testigo de tantos besos y caricias que el camino se me antojaba demasiado corto. Ni siquiera nos tomamos la molestia de abotonarnos cuando las puertas se abrieron mostrándonos el amplio pasillo. Eso sólo implicaría tener que volver a abrirlos después. Me daba pereza. Quería tenerte ya.

Bastó cerrar la puerta tras de mí para que todo aquello se desbordara sin control. Las ropas fueron quedando por la alfombra en nuestro camino hasta la alcoba. Para cuando te senté en el borde de la cama, ya sólo llevabas puesta la ropa interior. Me incliné sobre tu cuerpo para seguir dejando más de esas marcas rojas que contrastaban contra el resto de tu piel lechosa a medida que eran presas de mi boca. Un ligero rubor carmesí cubría del todo tus mejillas tiñendo de un brillo febril tus ojos que seguían entreabiertos mirando atentamente cada uno de mis movimientos por sobre tu cuerpo.

Aunque desabrochado, aún llevaba puesto el pantalón.
-Yo lo hago...- Susurraste contra mis labios separándote por fin de ese beso arrebatado al ver que me disponía a quitármelo por mi cuenta. Te incorporaste sobre la cama al tiempo que yo me ponía de pie, anclaste ambas manos en mis costados y poco a poco la prenda descendió hasta llegar a mis tobillos. No supe más. Distraerme unos segundos contemplando los tatuajes que cubrían gran parte de tu espalda desnuda mientras hacías aquello fue suficiente para que tomaras ventaja, pues mi pantalón no fue lo único que terminó en el piso y ahora tus carnosos labios rojos se encargaban de atender mi cuerpo en perfecta armonía con tu lengua. Mi mundo se tornó confuso debido a la intensa oleada de placer que me embriagó cuando iniciaste ese vaivén delirante al tiempo que tus dedos se deslizaban por aquí y por allá llenándome de flashazos eléctricos. Como siguieras así, iba a terminarse el juego demasiado rápido… y eso no era parte del plan.

Rodeé tu cintura con un brazo agachándome lo suficiente para interrumpir tu devota labor; aquello no te había gustado, el puchero en tu rostro fue fugaz pero no pasó desapercibido a mis ojos; pegando tu cuerpo contra el mío te levanté lo suficiente para deslizarnos sobre la cama avanzando a gatas sobre los edredones hasta llegar a la cabecera. Reías por demás divertido. Sentir tu aliento contra mi cuello me provocaba escalofríos.

Apoyé suavemente tu espalda contra los almohadones aprovechando el momento para deshacerme de la única prenda que quedaba sobre tu cuerpo. Un verdadero sueño hecho realidad. Pasión y deseo... era lo único que procesó mi mente a partir de ese momento. En cuestión de segundos tus jadeos y gemidos eran lo único que se escuchaba dentro de esa habitación, tal vez en todo el piso. No pasó mucho antes de que explotaras entre mis manos dejándote caer nuevamente de espaldas sobre la cama temblando ligeramente y con la respiración entrecortada.

Me quedé contemplándote unos minutos, cubriéndote de besos, paseando mis dedos por tu pecho y tus caderas. De pronto la vi. La expresión más pura de ternura y entrega absoluta. Y era para mí... completamente mía. Te tenía. Ya eras mío.

Te tomé entre mis brazos acomodándote en mi pecho. Tu cuerpo se acoplaba perfecto en el mío. Como si hubieras sido diseñado para estar ahí.

Lo que pasó después de ese abrazo...
Ni siquiera ahora logro entender cómo fue...

Tus muslos estaban a mis costados, tus brazos extendidos sobre mi pecho regalándome caricias dulces e inocentes que de a poco me aumentaban la temperatura a tope. Sentía mi carne rozando tu trasero cada que te agachabas para besar y lamer las porciones de piel que se te antojaban. Aquel contacto me estaba volviendo loco. Mis manos no podían quedarse quitas teniéndote desnudo sobre mí. Simplemente era un pecado capital estarse quieto teniéndote así. Y el hecho de que siguiera dándote placer te encantaba... cada una de tus expresiones lo gritaba casi tanto como tu garganta. La excitación era tanta que la falta de atenciones se estaba volviendo dolorosa para mí.

Casi como si pudieras escuchar mis pensamientos, tus besos y lengüetazos iniciaron su camino en descenso por cada centímetro de mí pecho... bajando torturantemente lento por mi vientre hasta llegar al lugar deseado. No pude evitar cerrar los ojos y aferrar las sábanas con ambas manos cuando tu cálida boca me rodeó por completo arrancándome incluso un grito. No lo esperaba, apenas si dabas ligeras lamidas y besos traviesos y provocadores cuando me tomaste por sorpresa. Me estabas volviendo loco... y eso que aún no llegábamos al plato principal.

Y aquella delirante perdición se intensificó durante los siguientes minutos. Podía sentir mi pecho subiendo y bajando al ritmo descontrolado de mi respiración. Y entonces lo hiciste...

Te incorporaste hasta quedar sobre mí para darme un beso tan intenso que me sentí mareado, tu mano continuaba la tarea que había dejado olvidada de momento tu boca. Pero para mi total sorpresa, una sonrisa perversa se curvó en tus labios al tiempo que tus manos se anclaban en mis caderas y te perfilabas entre mis piernas con la agilidad de una pantera para abrirte paso dentro de mí...

Mi umbral del dolor alcanzó niveles inimaginables haciéndome querer salir de la cama de un salto y correr al baño a revisar que todo estuviera bien ahí atrás, pero como si de una alucinación se tratara, someterme bajo tu cuerpo no te implicó mayor esfuerzo. Lo estabas disfrutando. Sonreías victorioso. Ahora eras tú quien se divertía marcando porciones de piel desde el cuello hasta el pecho, mordiendo en el proceso uno que otro lugar por el simple placer de escucharme gemir con un poco de dolor. Tu lengua se dedicaba casi con vehemencia a descubrir y reclamar de su propiedad mi boca. A pesar de lo que pensara y sintiera en ese momento, tu juego estaba empezando a gustarme... aún si no quisiera admitirlo. ¿Acaso me estaba volviendo masoquista por tu culpa? Pero es que, ¡carajo! Se sentía tan bien tenerte así…

Una risita cargada de malicia se te escapó. Tenía curiosidad por lo que harías a continuación, así que ni siquiera me moví. El dolor regresó cuando te empinaste para alcanzar de nuevo mis labios iniciando un profundo vaivén. Involuntariamente enterré mis uñas en tu espalda cuando aumentaste el ritmo. Después de todo, era la primera vez que me tocaba estar de ese lado de la acera. Escucharte gemir contra mí oído me ponía cada vez más a tono.

En sólo unos minutos, mi cuerpo había despertado del todo en respuesta al tuyo. El dolor inicial había mutado en un placer indescriptible que me recorría de pies a cabeza. Aquella magia que se creaba entre nosotros nos estaba haciendo enloquecer a ambos. Y ninguno de los dos se preocupaba en disimularlo. Simplemente disfrutarlo, era lo único que importaba en ese momento.

Sentir esa calidez derramada en mi interior era una sensación extraña pero no me desagradaba. Tu cuerpo cayó sobre mi pecho incapaz de seguir soportando su propio peso. Tu piel perlada de sudor se sentía caliente. Podía notar cada uno de los acelerados latidos de tu corazón. Cruzaste ambos brazos sobre mí apoyando en ellos la barbilla para mirarme. Te estiraste un poco hasta dejar un casto beso en mis labios y me  sonreíste tras volver a acomodarte sobre mi pecho que gustoso te recibía. Otra sonrisa diferente a las que había visto hasta ahora. Todas ellas hermosas.

Me sabía mal romper la burbuja romántica que habías creado... pero yo aún no terminaba y no pensaba quedarme así, y menos si hasta el más tierno tú me invitaba a sucumbir al pecado... Además, aún no me olvidaba del ataque sorpresa del que había sido víctima, era mi turno de llevar el control de la situación. Me giré sujetándote para dejarte de espaldas sobre la cama trazando un camino de besos desde tus labios hasta tu pecho.

¡Maldita sea!
Levantarme había sido tan doloroso...
Me iba a desquitar...
Encima de todo, te habías reído.
Ya veríamos quien acababa peor por la mañana...

No era la primera vez que hacía algo así, pero sí era la primera vez que lo hacía por gusto y no por apresurar las cosas a mi favor. Con cada lamida, mi lengua iba descubriendo algo nuevo, mi boca se acoplaba a la perfección a cada parte de tu anatomía, y ésta no era la excepción. Tu espalda se arqueaba un poco más a medida que aumentaban de intensidad mis atenciones. Y así, mientras tus sentidos estaban enfocados en otra cosa, comencé a prepararte para lo que vendría después. A diferencia de ti, yo preferí hacerlo lentamente para lastimarte lo menos posible y no entré del todo hasta que creí que estabas listo.

Dios...
Pasión... Deseo... Lujuria... Se quedaban cortas para describir lo que despertaste en mí con el primer movimiento.

Pese a lo que pensé, tu cuerpo no tardó demasiado en reaccionar nuevamente a mis caricias y besos. Así que tampoco mis manos y labios tardaron en buscar el contacto con tu piel para intensificarlo todo.

El vaivén cobró intensidad, lo mismo que nuestros jadeos y gemidos. Tus piernas alrededor de mi cintura. Tus brazos demandando más de mis besos al tiempo que los míos se aferraban a tu delgada silueta en busca de más profundidad. Mi lengua reclamando más de la tuya. Nuestras miradas conectadas gritando lo que no se decía con palabras. La culminación de mis planes al llegar a la explosión absoluta de todos mis sentidos.

Tal como había pensado desde que te viera por primera vez, habías sido el mejor festín, pero no sólo de esa noche, sino de toda mi vida.

De a poco, el cansancio y el alcohol ingerido horas atrás comenzaron a pasar factura... y entre besos y caricias, nos quedamos dormidos en brazos del otro.

Desperté ya entrada la mañana. La luz del sol se había colado entre las cortinas dándome de lleno en la cara. Me giré tratando de volver a conciliar el sueño, pero mi brazo se encontró tan sólo con la frialdad de las sábanas del otro lado la cama... la tibieza de tu cuerpo había desaparecido.

Ni siquiera supe por qué me extrañó que no amanecieras a mi lado... después de todo, lo nuestro no había sido más que una noche de sexo. Y aún así... mi estúpido corazón había sentido por un momento que sería agradable despertar cada día con este cansancio después de hacerte el amor cada noche.

Que estúpido había sido...

Los días pasaban como si nada hubiera pasado pero, de algún modo, ya nada era como antes...

El juego se me había ido de las manos en algún punto...

Ni siquiera sabía tu nombre...

No sabía nada de ti, excepto el sabor de tus besos, de tu piel, el calor y la textura de cada parte de tu cuerpo, el idioma de tus sonrisas, el brillo de tu mirada, el sonido de tu voz...

No podía sacarme de la cabeza la delicadeza de tus movimientos, el sonido agradable y adictivo de tus risas, mi cuerpo necesitaba de tus labios, de tus dedos... Y fue entonces que me di cuenta de la horrible realidad...

Hacía días que no hacía otra cosa más que estar pensando en ti...

Sí, en algún punto, la presa se había terminado convirtiendo en cazador... y el cazador había terminado enamorándose de su presa.

Una presa a la que seguramente jamás volvería a tener, porque había perdido la oportunidad de ostentarla como trofeo en el momento en el que cayó bajo el influjo de esa cosa traicionera e indescifrable llamada amor.

La presa había quedado en libertad… sin rastro que seguir…

Y yo…


Yo continuaría atrapado en tu recuerdo hasta que lograra sacarte de mi cabeza y borrarte de mi cuerpo.

Porque este juego era demasiado peligroso para seguirlo jugando si no podía acatar mis propias reglas. Después de todo, no era mi estilo rogar por amor… y tú no ibas a ser la excepción a la regla.

Hoy volvería al club de siempre…
A estas horas, de seguro ya habrían llegado las víctimas del siguiente round…

Sí…
Acababa de localizar al corderito perfecto para olvidar a un león.

Park YooChun no seguiría pensando en ti...


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