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Perfect Choice (Arashi)



Título: Perfect Choice
Autor: Lilith 
Pairing: ARASHI + OC
Fandom: JE's
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai  / Escolar / Angs / Romance / Comedia / AU
15/07/13


To: Neny, que hoy es su cumple y me encanta cómo se tripea con los Bebos Tormentosos, sobre todo cuando hay descamisadas y sacudidas de por medio XD Otanjoubi Omedetou, senpai! ^^
N/A: Tawsuna-sensei, gracias por sus consejos para editar y hacer más entendible esta loca historia Atormentada ^w^b 




-¿Estás seguro de lo que vas a hacer, Jun?- No es que el aludido fuera una persona imprudente o indecisa, sino todo lo contrario, y esa era la principal razón por la que lo miraba de ese modo mientras se ponía los zapatos para irse del departamento.
-Sí... Tan seguro como que tú mismo deberías hacer algo con tus propios sentimientos, Sho.- Fue su tajante respuesta antes de cerrar la puerta al salir. Atónito. Era la única forma de describir cómo se había quedado plantado a medio recibidor mirando la nada que había dejado su amigo al irse. ¿Es que acaso Jun se había vuelto loco? ¿En verdad estaba pensando en ir y declarar los sentimientos que había guardado durante tantos años dentro de su corazón? ¿Así, de buenas a primeras? Sho siempre lo había sabido. Durante años había sido su confidente. Y es que no era como si uno pudiera simplemente ir por la vida gritándole a los cuatro vientos que le gustaban las personas de su mismo sexo y menos dentro de una sociedad tan mojigata como la suya; así que después de un intento poco fructífero por salir juntos durante su adolescencia, al final no había funcionado y terminaron como los mejores amigos y así había sido durante los últimos quince años de sus vidas. Tiempo suficiente para llegar a conocer profundamente a ese chico del que se enamorara a primera vista durante su primer día de escuela en Tokio. Sí, Sho definitivamente tenía que hacer algo con respecto a sus propios sentimientos, pero no por la razón por la que pensaba su mejor amigo, pues el agudo dolor en su pecho no se debía a problemas del corazón por esa otra persona que no estaba enterada de sus sentimientos, como Jun suponía.
Cinco segundos. Eso fue lo que duró su primer encuentro con Matsumoto Jun durante la Ceremonia de Apertura de su segundo año como alumno de preparatoria en el Horikoshi. Cinco segundos y fue suficiente para que sus sentimientos de ese entonces perduraran durante todo este tiempo. Sí, no podría negarlo, aún seguía perdidamente enamorado de su mejor amigo. Y el paso de los años no había hecho sino volver sus sentimientos más fuertes y dolorosos.

Todo había comenzado con ese beso accidental durante el Festival Escolar que los había hecho reír estúpidamente después de un silencio extraño mientras se miraban fijamente a los ojos con cara de espanto. Jun jamás tendría por qué saberlo, pero ese beso había sido suficiente para que el corazón de Sakurai Sho descubriera la respuesta a todas las preguntas que últimamente no hacían sino robarle el sueño. Sho tampoco tendría por qué saberlo, pero ese beso había sido cualquier cosa excepto un accidente pues Matsumoto Jun tenía semanas planeando el modo perfecto para acercarse a su superior y que lo mirara del modo que él quería. Y así, entre encuentros inocentes que dejaban un ligero sabor a culpa en sus labios aún a pesar de las sonrisas y juegos un poco menos inocentes que disparaban los latidos de sus corazones, los dos descubrieron lo que significaba el primer amor.

Una idílica relación que acabó con la llegada a sus vidas de dos chicos: Aiba Masaki y Ninomiya Kazunari.

El primero, un sonriente y optimista alumno transferido desde Chiba que era ingenuamente peligroso y que siempre estaba rondando a Sho porque decía que estaban predestinados a conocerse y en su afán por volverse amigos, propició muchos encuentros cercanos del tercer tipo con su compañero de clases, cosa que cada vez ponía más de los nervios a su novio, y eso ya era mucho decir tomando en cuenta que Jun no era del tipo celoso. El segundo, un tímido e introvertido chico de Edogawa con una lengua mordaz que había sido transferido por problemas familiares y que ahora era compañero de Jun, quien, como delegado de la clase tenía que ayudarlo a adaptarse a su nueva escuela pero solo obtenía rechazos de parte del chico nuevo, quien de a poco se le volvió una misteriosa obsesión qué descifrar, cosa que no pasó desapercibida a ojos de Sho, que cada vez veía menos a Jun y pasaba menos tiempo con él y más con Aiba, quien curiosamente resultó ser una persona bastante agradable y divertida una vez que supo encausar su exceso de energía.
Y así, poco a poco y sin que ninguno de los dos se diera cuenta, un año más llegó a su fin y con el cambio de estación, sus vidas también cambiaron. Sho y Aiba se graduaron del instituto y fueron admitidos en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Keio y en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Josai respectivamente. ¿La gota que derramó el vaso? No, no fue el hecho de que al ya no estar en la misma escuela se fueran a ver menos, tampoco el que Jun estaría metido de lleno en sus estudios para su examen de admisión a la Geidai y que tendría poco tiempo libre, sino que Sho y Aiba habían decidido irse a vivir juntos y eso había sobrepasado los límites de la paciencia de Jun, porque todos sabían que Masaki Aiba estaba extrañamente enamorado de Sakurai Sho, solo que al parecer, el chico de Chiba  no se había dado cuenta de lo que sentía por su mejor amigo, del mismo modo en que Jun pensaba que tampoco Sho estaba enterado sobre lo que sentía por Aiba, porque para él estaba más que claro que su novio sentía algo mucho más profundo por su amigo de lo que jamás sentiría por él siendo su pareja. Fue así como enero trajo consigo la primer ruptura de sus vidas amorosas, la cual no había sabido tan amarga como hubieran imaginado porque todo fue tan tranquilo que ni siquiera se había sentido como una despedida y después de todo lo que había pasado, no quedaba mucho de esa relación por salvar, así que habían decidido que al menos podrían salvar su amistad.


Muchos encuentros y despedidas tomaron lugar en sus vidas conforme el paisaje cambiaba de color y aumentaba la cantidad de velas en sus pasteles de cumpleaños, pero a pesar de todo, Sho estaba convencido de que seguía siendo la persona correcta para Jun. Sin importar de quién se tratara la siguiente vez, al final siempre sería lo mismo: Jun decepcionado y Sho a su lado. O al menos eso fue lo que Sho pensó hasta que en un frío otoño, poco después del cumpleaños número veintiuno de Jun, apareció en sus vidas Ohno Satoshi, un chico callado y taciturno que también estudiaba en la Geidai y a quien Jun había conocido en un café cercano a la Universidad; lugar a donde había ido para tomar fotografías de la exquisita exposición de obra plástica que le había recomendado Yokoyama, uno de sus superiores que ya se había graduado de la carrera y ahora estudiaba la maestría, el artista al parecer era un buen amigo suyo además de un respetado senpai. Hablaron durante horas sobre las pinturas que colgaban de las paredes sin saber que frente a él, tenía nada más y nada menos que al autor, quien daba pequeños sorbos a su taza de café con demasiada azúcar, escuchándolo atentamente con esa ligera sonrisa en su apacible rostro. Esa fue la primera vez que Sho supo que su lugar en el corazón de Jun no era el que había pensado que ocupaba y el golpe de enfrentar la realidad fue duro. Muy duro.

El "chico del café" fue su tema de conversación por semanas y luego el tema de sus largas conversaciones fue Ohno Satoshi. Sí, Jun seguía viendo y hablando del chico del café.

Al principio, Sho creyó que sería bueno que conociera a otras personas y que dejara de pensar en Nino, quien sin ser consciente de lo que Jun pensaba o sentía por él, se había ido a América con una beca para estudiar mecatrónica un año después de que ingresara a la Todai. Pero ahora que aquel inocente deseo parecía estarse haciendo realidad, la verdad es que no le gustaba. No le gustaba en absoluto. Incluso Aiba notaba su mal humor; su tristeza y sus excesos de preocupación lo asfixiaban, sabía que hacía mal, pero inevitablemente terminaba desquitando sus frustraciones con el pobre chico de sonrisas dulces que solo quería animarlo. No era justo, así que empezó a pasar más tiempo en la biblioteca y menos tiempo en su departamento. Al cabo de unas semanas así, inclusive Jun empezó a buscarlo preocupado por su inusual comportamiento. Como resultado, había tenido que aprender a disfrazar sus tristezas con sonrisas y sus enojos con risas para ser capaz de convivir con Ohno. Concluyendo que su amor por su mejor amigo lo volvía un idiota sin remedio, porque no había otro modo de explicar que su rival de amores hubiera terminado cayéndole tan bien y que incluso se hubieran vuelto amigos muy cercanos.


Sho supo con seguridad que las cosas con Ohno no habían funcionado, como se había imaginado desde hacía tiempo, cuando un nuevo nombre se volvió el único tema de conversación de Jun al llegar el invierno de sus veinticinco: Ikuta Toma. Un chico un año menor que él al cual había conocido justamente gracias a Ohno y que era estudiante de una prestigiosa academia de teatro y danza. Y si las cosas con Ohno no le gustaban para nada, las cosas con Ikuta las odiaba por completo y todo fue peor después de conocerlo. El chico era un gran sujeto. Debía serlo para que Jun se fijase en él por principio de cuentas, pero en serio era un gran sujeto: agradable, inteligente, creativo, sencillo, centrado, todo ese tipo de atributos por los que Jun se sentía altamente atraído. Y por si eso no fuera suficiente, Sho se dio cuenta de que había perdido la batalla cuando vio ese brillo ilusionado en los ojos de su mejor amigo cada que miraba al joven actor. Ese mismo brillo adictivo y enternecedor con que lo mirase a él tantos años atrás cuando su corazó le pertenecía. Fue difícil aceptarlo, pero Aiba fue un gran consuelo en esos momentos, incluso Ohno le ayudó a superar el mal trago de ver a la persona que amaba amando a alguien más. Cosa de la que nadie sabía excepto él propio Sho, porque hacía mucho que se había jurado que si algún día se lo confesaba a alguien, sería solamente al mismo Jun. Y fue precisamente en ese entonces, cuando tanto tiempo pasó cerca de Aiba, que Jun se convenció firmemente de que a Sho le gustaba de verdad el chico e incluso empezó a intervenir como Celestino y Sho podía jurar por su vida que sí trató con todas sus fuerzas de enamorarse de su compañero de casa, pero lo que sentía por su mejor amigo era demasiado grande para que cualquier otro sentimiento pudiera reemplazarlo de buenas a primeras. En cambio Jun, parecía que jamás hubiera amado a nadie más antes como en ese momento. Por una parte Sho se sentía aliviado de ver que había dejado a Nino como un recuerdo agridulce de su juventud, pero al mismo tiempo se sentía decepcionado de comprobar que él mismo formaba parte de esas memorias del ayer.


Pero como a menudo sucede, cuando mejor crees que van las cosas y que tu vida es perfecta siendo color de rosa, las nubes negras cubren el cielo y te impiden ver la luz del sol. Y Matsumoto Jun podía dar firme testimonio de eso porque cuando por fin pensó que había encontrado a su persona ideal y estaba dispuesto a confesar sus sentimientos por segunda vez en su vida, su mundo, como lo había conocido durante veintiocho años, colapsó.
-¿Ninomiya-kun?...- Lo había visto avanzar, con ese derrochador caminar que siempre le había gustado en él cuando quería verse cool, a través de la puerta doble de cristal de la cafetería donde esperaba a sus amigos para festejar el final de la obra de Ikuta y la nueva exposición de Ohno. El aludido lo miró sin verlo realmente al pasar, llevaba puestos los audífonos y si sus costumbres seguían siendo las mismas, seguramente los llevaba a todo volumen. Jun no pudo sino seguir cada uno de sus movimientos con la mirada, su voz era la misma: cálida y cantarina, sus delgados labios seguían curvándose del mismo modo al sonreír, sus ojos mantenían el mismo brillo inocente y travieso de antaño. Podrían haber pasado casi diez años desde la última vez que lo vio pero Ninomiya Kazunari seguía siendo el mismo mocoso misterioso e interesante de siempre que le hacía perder la cabeza con solo tenerlo cerca. Lo vio girarse guardando la cartera en el bolsillo trasero de su pantalón de mezclilla gris deslavado y sujetando con fuerza el vaso de café con la mano libre. Incluso sus gustos continuaban siendo los mismos: caramel macchiato con doble caramelo. Inevitablemente los labios rojos de Jun dibujaron una ligera sonrisa al percatarse de ese detalle; y es que jamás podría olvidar el día en que le invitó un café por primera vez, Nino le había sonreído y no había sido una sonrisa por mera cortesía, le había regalado la más deslumbrante de las sonrisas que poseía, era la primera vez que probaba aquella bebida y le había encantado.
-¿Jun?- Escucharlo llamarlo por su nombre lo sacó de su mundo de ensoñaciones pasadas. -¡Cuánto tiempo!...- Se acercó a Jun ampliando poco a poco una gran sonrisa con sus ojos castaños clavados sobre los del menor.
-Hola... ¿Cómo estás? ¿Cuándo volviste?- A Jun le costó una fracción de segundo, que le supo eterna, recuperar la compostura, pero de inmediato Nino tuvo enfrente de nueva cuenta a su  ex-delegado de clase, el chico maduro y carismático con un atractivo envidiable y esa sonrisa de infarto que tantos corazones había conquistado durante sus días de instituto.
-Llegué anoche. Quise volver tan pronto como terminó la ceremonia de titulación...- Nino miró al chico sentado frente a él: pantalón formal negro, camisa blanca, chaleco negro con detalles satinados, corbata morada con ribetes plateados, un saco caro y una bufanda bastante elegante en líneas moradas y grises descansaban en el respaldo de la silla a su lado junto a un bolso de piel negro de marca y un estuche de cámara profesional, impecable y a la moda como siempre, sonrió satisfecho al ver vacío su dedo anular mientras sostenía su taza de café con ambas manos. -...aún sigo un poco atontado por culpa del jet lag...- Admitió un poco apenado consciente de sus propias ojeras bajo la montura de pasta gruesa de sus anteojos y rascándose suavemente la oreja.Un gesto que Jun tenía perfectamente identificado como de nervios y timidez.
-¡Genial! Eso significa que ya eres todo un ingeniero, no?- Jun dio un sorbo a su bebida, sus ojos atentos a cada milímetro de ese rostro infantil que lo miraba con curiosidad.
-Así es, Ingeniero en mecatrónica con maestría en robótica e inteligencia artificial.- Anunció con una triunfal sonrisa llena de orgullo.
-¿Maestría?- Fue imposible que Jun disimulara su sorpresa.
-Uhn...- Asintió con sobrada seguridad. -...aunque no lo creas, no fui ahí a perder el tiempo en fiestas llenas de drogas, rubias de curvas explosivas y cerveza de barril.- El sarcasmo siempre había sido lo suyo y esta vez le arrancó una breve carcajada a Jun, quien había tratado en vano, de imaginarlo en onda spring-breaker; simplemente le parecía una idea demasiado ridícula que no pegaba en lo más mínimo con Ninomiya. Ni siquiera era del tipo al que le gustaban las multitudes y era tan perezoso que no le interesaba socializar porque eso implicaba salir de su cama. -¿Te estás riendo de mí?- No lo decía molesto, Nino también se estaba riendo.
-No, no, es que tú...-
-Aunque no lo creas, era la sensación entre las chicas de mi Universidad...- Esa maldita sonrisa pícara hizo que algo que siempre creyó que no poseía se despertara en su interior: celos. Por primera vez en su vida, Matsumoto Jun estaba celoso -...si te contara todas las veces qu...-
-¡Nino-chan!- Su frase quedó en el aire y Jun lo agradeció en sobremanera, pues en ese momento llegó Aiba corriendo a abrazar al viejo amigo que hacía años que no veía. Sho se había quedado petrificado y boquiabierto un par de pasos por detrás, pasando casi con histeria sus ojos de Jun a Nino. -¡Waaa! ¡No puedo creer que estés aquí! ¿Cuándo llegaste? ¿Cuánto tiempo te quedarás?- Aquella duda golpeó con fuerza los corazones de los dos chicos que los miraban fijamente y en silencio esperando escuchar la respuesta. Los dos con la misma intriga en mente aunque por motivos completamente diferentes.
-No lo sé... Si encuentro un buen motivo para quedarme, lo haré...- La forma en que Nino había mirado a Jun mientras decía eso último lo había hecho ruborizar al escucharlo. Detalle que no le pasó desapercibido a Sho, quien sentía que se le iba a detener el corazón de un momento a otro. ¿Dónde demonios estaba Ikuta cuando se le necesitaba? Sí, prefería mil veces verlo con el menor que con su ex-compañero de clase.
-¡No! ¡Tienes que quedarte en Japón! Te fuiste mucho tiempo, hay muchas cosas de las que ponernos al día.- Le sonrió con ternura, del modo en que siempre le sonreía a Aiba, y es que el chico inspiraba ese tipo de sentimientos aunque no se tuviera la intención, incluso Ohno, que era más bien del tipo inexpresivo, sonreía y le daba muestras de afecto al chico de la eterna sonrisa adorable.
-Lo pensaré... Hola, Sho.- Entonces se giró de medio lado y reparó en esa otra presencia que sentía que lo taladraba con la mirada por la espalda. Y es que a pesar de que su senpai le caía muy bien, al parecer el sentimiento seguía sin ser recíproco. Y no era para menos, Nino no era tonto, sabía perfectamente que al mayor le gustaba Jun desde que estaban en la escuela y casi podía jurar que habían tenido algo durante aquel tiempo. Sho se limitó a asentir a modo de saludo. Iba a decirle algo, pero las palabras se le desvanecieron al momento de ver la expresión de Jun: incredulidad. Siguió la dirección en la que miraban sus ojos y vio a través del cristal de la ventana a Ikuta que le acomodaba, de un modo demasiado íntimo para su gusto, el cuello de la camisa al chico con el que venía, mismo al que ya habían visto con él en un par de ocasiones dentro y fuera del teatro: Yamashita Tomohisa, uno de sus kouhai en la compañía de danza en la que trabajaba y que además era su compañero de piso. De algún modo le dio la impresión de que Jun había dejado de respirar por un momento, pero esa extraña mueca de medio lado que habían dibujado sus labios al bajar la mirada al piso, le dejó en claro que seguía haciéndolo.
-¡Perdón por el retraso!- Habían tardado un par de minutos en entrar después de que los perdieran de vista cuando caminaron hacia la puerta de entrada.
-Oh, vaya... Creo que es momento de que yo siga mi camino.- Nino, que no hacía ni tres minutos que se había sentado, arrastrado por Aiba y su enorme curiosidad por la comida norteamericana, volvió a levantarse al ver que aquello no era un encuentro casual sino una reunión planeada en la cual él estaba claramente sobrado.
-Supongo...- Fue lo único que Sho pudo decir antes de que Jun se pusiera de pie también con una extraña expresión en los ojos que ni a Sho ni a Nino les pasó desapercibida, aunque uno supo descifrarla a la perfección mientras el otro creó mil teorías posibles dentro de su cabeza.
-No, está bien, Kazunari, quédate...- Era la primera vez que Jun lo llamaba de ese modo y no pudo disimular su sorpresa. -...esta es una reunión entre amigos. Hacía mucho que no te veíamos, acabas de volver y creo que nos vendría bien ponernos al día. No creo que haya sido una coincidencia que nos encontráramos aquí de este modo...- Sus labios sonreían pero sus ojos contaban una historia muy diferente, misma que solo una persona fue capaz de leer.
-Sí, Nino-chan, quédate. Tengo muchas preguntas que hacerte...- Aiba ponía esa carita a la que ninguno de los tres había podido negarse hasta ahora.
-No lo sé... No quiero ser una molestia.- Pasó la vista de Sho a los recién llegados y luego a Jun y a Aiba.
-Claro que no eres una molestia. Tomo-chan está aquí como amigo de Toma, tú estarás aquí como mi amigo, ok?- Aiba sonreía como si su razonamiento fuera la clave de la vida.
-Ok, ok...- Al final cedió. Más que por los pucheritos de Aiba, por esa extraña expresión en los ojos de Jun que en cierto modo le gritaban "no te vayas".
-¡Ah! ¡Oh-chan! ¡Llegaste!- Aiba se levantó y fue a recibir al mayor de todos entre sonrisas y abrazos para llevarlo hasta la mesa.
-Hola...- Como siempre, las palabras no eran su fuerte. Pero de inmediato captó la telaraña que se desarrollaba a su alrededor y sonrió con ironía. La nueva pieza sobre el tablero era un giro que jamás hubiera predicho en la partida.

Pese a cualquier cosa, había sido una velada muy amena. Para sorpresa de Jun, Sho y Aiba, Nino ya no era el chico introvertido de antes y había hecho buenas migas de inmediato con todos los nuevos amigos de sus viejos amigos. Sin duda la cultura de occidente había tenido una buena influencia en él. Para fortuna o infortunio de Jun, con quien mejor se había llevado era justamente con Ikuta; al parecer la afición de Nino por las películas se había incrementado considerablemente desde los días de escuela y ahora incluso disfrutaba del cine independiente y se había vuelto un gran crítico, detalle que había sorprendido también a Jun, ya que ese seguía siendo, junto con la lectura y la fotografía, uno de sus pasatiempos favoritos. Sin duda era agradable ver cuánto había crecido Nino durante los años que no habían estado en contacto.


Y las semanas se volvieron meses y mientras para algunos era felicidad absoluta, para otros era una horrible pesadilla de la cual rogaban por despertar.
-Deberías hacer algo con tus sentimientos, Sho...- Había dicho Nino apenas Jun y Aiba se hubieran levantado de la mesa para ir al baño. El aludido perforaba inmisericorde a su interlocutor con la mirada.
-No creo que seas quién para hablar sobre mis sentimientos...- Una fría respuesta mientras apuraba de un trago lo que quedaba de su bebida.
-Tienes razón... Después de todo, tú y yo no somos más que viejos compañeros de escuela, no es así? Pero Macchan y J sí son tus amigos, y a este paso vas a terminar perdiéndolos a ambos.- Soltó aquello como si conversara sobre el clima y ni siquiera se molestó en quitar la vista de la fresa que rodaba de lado a lado de su plato con el pequeño tenedor, no porque no le gustara sino porque se la estaba guardando al chico que amaba comerlas incluso más que él.
-¿A qué te refieres?- Sus miradas reflejaban sentimientos completamente diferentes cuando se encontraron. ¿Acaso Jun o Aiba le habían comentado algo que él no sabía? No, Aiba no le guardaba secretos prácticamente a nadie, y mucho menos a él. En ese caso... ¿Jun? Su corazón le dio un vuelco. De nuevo se hacía presente ese mal presentimiento. Y es que últimamente sentía que Jun se alejaba cada vez más de él. A Sho seguía pareciéndole extraño que aún después de tanto tiempo, Jun no hubiera conversado con él sobre lo que pasara aquella tarde en el café con Ikuta porque siempre le contaba todo. Pero no, simplemente Jun había hecho como si no hubiera pasado nada, y no fue que hubiera ignorado la actitud de Ikuta con su kouhai sino que hizo como si jamás hubiera visto a Ikuta con otros ojos; sencillamente a Sho le pareció que Jun había decidido arrancarse de raíz lo que había llegado a sentir por Ikuta en el preciso instante en que lo vio tan devoto a Yamashita aquel día. Tal vez lo hiciera solo para auto protegerse de la herida, pero eso no era para nada el estilo de Jun y mucho menos eso que hasta la fecha hacía, de usar a Nino para poner celoso a Ikuta; como si con eso lograra un poco de venganza por haberse enterado, demasiado tarde, de que esos dos tenían una relación desde hacía un par de años. Simplemente Sho había empezado a no entender lo que Jun hacía, últimamente ya no hablaban tanto y Jun parecía estar siempre demasiado inmerso en sus pensamientos cuando estaban a solas como para que Sho se sintiera con derecho a preguntar.
-A que es MUY obvio que sigues sintiendo algo por J y aunque Macchan sea muy tonto para darse cuenta de que ustedes ya tuvieron algo, no es tan bobo como para no notar cómo te comportas con Jun cuando yo estoy cerca... A este paso, seguro ata cabos y se hará a un lado pensando en tu felicidad... sin saber que sería algo inútil porque no hay modo de que Jun vuelva a verte como una opción. Has alcanzado el punto de ser casi su hermano, eres su único mejor amigo, Jun jamás hará nada para cambiar eso porque eres alguien a quien definitivamente no quiere perder... Pero si no haces algo con lo que sientes por Jun, vas a perder a Masaki y cuando Jun se dé cuenta de que sigues sintiendo algo por él y que por eso Macchan se ha alejado de ti y de él, se va a sentir culpable y de seguro también ponga distancia de por medio por tu propio bien.- Soltó todo aquello de un modo tan simple que golpeó a Sho directamente en la nuca. Nino tenía razón. Sho los conocía mucho mejor que Nino, ¿por qué nunca vio las cosas de ese modo? Nuevamente se sentía idiota por dejar que sus sentimientos nublaran a ese grado sus pensamientos. Estaba molesto. No por el hecho de no haberse dado cuenta antes, sino de que hubiera sido precisamente Nino, de entre todas las personas, quien le hiciera ver la realidad.
-Jun no es tan infantil como para desaparecer de mi vida si descubre la verdad...- Esa era la primicia a la cual se había aferrado con uñas y dientes durante todo este tiempo.
-Precisamente porque Jun no es infantil, si se entera de la verdad, se culpara y se sentirá molesto por haber malentendido todo durante tanto tiempo, se sentirá decepcionado de tu falta de sinceridad, molesto consigo mismo por alentar a Macchan y herirlo en el proceso. Tratará de asumir él solo con toda la responsabilidad aunque eso le provoque una herida aún más profunda y todo con tal de que ustedes puedan recuperarse lo antes posible y sigan con su amistad aunque él no pueda volver a cómo estaban antes. Tú mejor que nadie sabes qué clase de persona es Jun y lo mucho que le importan. Ustedes son parte de su familia.- Y casi como si pudiera ver que Jun y Aiba se acercaban desde atrás de él, Nino guardó silencio, bajó la mirada y encendió su consola portátil que había estado todo el rato junto a su taza de café dejando a Sho con un millón de interrogantes flotando dentro de su cabeza.
-Deberías interactuar con las personas al menos una décima parte de lo que interactúas con esa cosa...- Le había dicho Jun con una mirada reprobatoria al volver a tomar asiento a su lado. Y es que en serio no entendía qué de genial tenían sus videojuegos si podía pasar todo ese tiempo divirtiéndose con personas o haciendo cualquier otra cosa.
-Prefiero el DS... al menos hace lo que le digo y su no resulta como yo quiero, pues lo reinicio y ya.- Amplió aún más su sonrisa al ver el ceño fruncido del chico sentado frente a él. Jun sacudió la cabeza sin tener idea del significado que ocultaba ese breve enunciado y la sonrisa perversa que se le dibujó brevemente de medio lado.
Ni siquiera podía recordar hacía cuánto que no salía a solas con Ikuta, pero ahora que nuevamente lo tenía frente a él, Jun recordaba perfectamente por qué le gustaba tanto. El brillo de su mirada mientras hablaban de mil y un cosas, la dulce y tímida sonrisa de sus labios cuando el otro lo escuchaba atentamente, todo del lenguaje corporal de Jun lo afirmaba en ese momento. Y nadie lo entendía mejor que Ninomiya Kazunari, quien, por azares del destino, iba pasando justamente por afuera de esa librería donde Jun e Ikuta estaban bebiendo café, cuando venía de regreso de visitar a Aiba, quien estaba en cama debido a un resfriado.
-Supongo que será mejor así...- Susurró para sí mismo tras mirar la carpeta azul marino con el emblema de su universidad que sujetaba con ambas manos, la misma que pensaba tirar a la basura en ese preciso instante, pues después de haberlo meditado cuidadosamente, y de haberlo consultado sin muchos detalles con un par de personas de su entera confianza, no pensaba aceptar la oferta de trabajo que contenía... al menos eso era lo que había decidido. Y es que curiosamente, había sido Aiba quien le dijera no hacía ni una hora que no necesitaba estarle dando tantas vueltas al asunto, que la respuesta le sería dada en el momento preciso, y parecía que así era. La respuesta le acababa de ser revelada. Nino lo sabía, había dedicado tantas y tantas horas de su vida escolar a observar en secreto a Matsumoto Jun, que sabía reconocer a la perfección ese brillo en su mirada, el mismo con el que miraba a Sho cuando los conoció y con el que nunca lo había mirado a él; ese brillo que lo hacía ver mil veces más atractivo de lo que ya le parecía, el mismo que le hacía poner esa estúpida y hermosa sonrisa cada que se perdía en sus labios perfectos que tanto le encantaban. Nino lo sabía, a Jun le gustaba Toma. Lo había sabido desde aquella tarde en el café donde se reencontraran después de tantos años. Sí, a Jun le gustaba el amigo de Ohno, pero al chico le gustaba su kouhai y viendo ese triángulo amoroso sin futuro, Nino creyó que podría tener una oportunidad, todo lo que había pasado entre ellos en el último año y medio se lo decía... pero tal vez se había equivocado... tal vez era momento de dejar atrás a su primer amor, a su eterno amor no correspondido... tal vez era tiempo de dejar el pasado en el pasado y buscar el futuro en otro lugar. Aunque ahí no pudiera tener lo que lo hacía realmente feliz en el presente.

Y con esa maraña de pensamientos en mente, Nino caminó y caminó durante largo rato sin rumbo. Se sentía cansado, física y mentalmente. Nunca antes había tenía que usar su cerebro con tanto ahínco. Y lo peor del caso, es que a pesar de su enorme intelecto, aún no era capaz de entender lo que le pasaba en ese momento, seguía siendo incapaz de identificar lo que sentía. Al final, dándose por vencido debido al punzante dolor de cabeza, sacó su celular mientras caminaba de regreso a su departamento, tenía un par de llamadas que hacer antes de empacar sus pocas pertenencias y partir de regreso a América.
-¿Nino-chan?...- Entendía su sorpresa, acaban de despedirse hacía un par de horas. -¿Olvidaste algo?-
-Tenías razón, Macchan... No había necesidad de que me estuviera devanando los sesos por decidirme. Ya encontré la respuesta...-
-¡¿Entonces vas a quedarte?!- Su voz denotaba su enorme felicidad y le sabía mal tener que ser quien le derribara sus castillos de arena.
-No... Me iré mañana por la mañana...-
-¿E-es broma?...- Aiba se había quedado trabado por la sorpresa. -Si me dijiste que habías encontrado tu razón para quedarte, dijiste que estabas dispuesto a todo por aferrarte a esa razón... ¿por qué sales ahora con que te vas? Dijiste que irte significaría tal vez no volver nunca más...- Sonaba como si fuera a romper en llanto en cualquier segundo y eso lo hacía sentir pésimo. Después de todo, era su culpa que Aiba estuviera así.
-Macchan... Lo siento... Y-yo...- Podía sentir el doloroso nudo en la garganta que le impedía hablar con claridad. -Yo... creo que me equivoqué... Tal vez esa razón nunca existió...- Su voz sonaba tan apagada. Todas sus fuerzas se concentraban en contener las lágrimas mientras seguía avanzando.
-Nino-chan.... ¿qué pasó?- No era normal que su amigo estuviera tan deprimido.
-Masaki... Jun jamás va a mirarme cómo estaba mirando a Ikuta en la librería...- Y al final, aquello lo había sobrepasado. Todo lo que sentía había acabado por desbordársele en un segundo.
-¿Jun? ¿Qué tiene que ver Jun con tu...? Oh... ¡¿Eh?! Nino-chan, a ti...? ¡Oh!... ¿Jun? - Fue una gran revelación. Un montón de cosas tuvieron sentido de repente. Flashazos y flashazos de viejas memorias vinieron a su mente y las piezas faltantes se acomodaron perfectamente en los huecos del rompecabezas.
-Ya viene el tren... Adiós.- Aiba quería decirle tantas cosas, pero las palabras se le atoraban debido al caos de pensamientos que tenía por dentro, para cuando supo qué decir, tan solo escuchó el "pi-pip" del otro lado de la línea que decía que Nino ya había colgado. ¿Qué debía hacer? No sabía qué podía hacer o decir para que Ninomiya cambiara de idea y no se fuera, no quería perder a su amigo nuevamente y tal vez para siempre, pero tampoco podía obligarlo a quedarse y que siguiera sufriendo viendo a la persona que quería siendo feliz con alguien más, él mejor que nadie entendía lo que era vivir un amor no correspondido, porque podía entender cuán doloroso debía ser para Nino lo de Jun después de tantos años de amar a Sho que no lo veía sino como un buen amigo. Y casi como si la vida se riera de él en su cara, la puerta del departamento se abrió y Sho entró acompañado de Jun, ambos sonriendo como si todo fuera genial en la vida.
-¿Aiba...?- Sho lo miró de pie en el umbral de la puerta de su habitación al fondo del pasillo que daba hasta el recibidor, mirándolo con las lágrimas a punto de desbordársele y ese extraño puchero que rara vez le había visto y que definitivamente no le gustaba.
-¡BAKA!- Gritó apuntando a Jun con el dedo y rompiendo en llanto. -¡P-por tu c-culpa se va a ir a Ca-California y n-nunca va a vo-volver!- Apenas si le entendieron, porque hipaba y sollozaba tanto que no podían entender de qué hablaba.
-¿Aiba-chan, de qué hablas? ¿Estás bien? ¿Qué pasó?- Sho lo había visto así de afectado pocas veces en todo el tiempo que tenían de conocerse y en esas pocas ocasiones siempre había sido por cosas muy serias o angustiantes, así que inevitablemente sintió que el estómago se le subía a la garganta al verlo así. Estaba realmente preocupado por Aiba.
-¡Tú también eres un tonto, Sho-chan! ¡Los dos lo son! ¡Tontos y egoístas!- Intercambiaron una mirada de incomprensión. El chico lloraba como un niño pequeño y desconsolado. -¡No! ¡Los tontos somos nosotros por enamorarnos de ustedes!- Y volvió a romper en llanto dejando a los otros dos aún más confundidos. Ambos sabían por qué lo decía Aiba, pero no sabían a quién más se refería además de sí mismo.
-¿A quién te refieres, Aiba?- Jun temía que Ohno o incluso Toma hubieran dicho algo innecesario pero no podía imaginar qué como para dejarlo en ese estado, por más que le daba vueltas al asunto, no podía conectarlo todo.
-¡Nino-chan! Te vio hoy con Toma y él...- Los ojos de Jun se abrieron como platos. El recuerdo de su charla con Ikuta y aquel abrazo afectuoso con el que se despidieron en la librería llegó a su mente en una fracción de segundo. ¿En serio era tanta su mala suerte como para que justo en ese momento Nino hubiera pasado por ahí? -...estaba tan triste... ¡No quiero que se vaya! ¡Son unos tontos!- Se dio la vuelta y cerró la puerta con brusquedad haciendo que los cuadros y fotografías colgados en la pared se cimbraran por el impacto. La casa se quedó sumida en un horrible silencio. Aún a lo lejos podían escuchar los desconsolados sollozos de su amigo. Ninguno podía decir nada, apenas si entendían lo que estaba pasando.
-¿California?...- De pronto las inconexas frases de Aiba tomaron sentido dentro de la cabeza de Jun. ¿Ese tonto se iba a ir sin decir nada? ¿Cómo estaba eso de que eso les pasaba por haberse enamorado de ellos? Sabía que Masaki lo decía por lo que sentía por Sho, pero... no había modo de que Nino... ¿o sí? -¿Piensa largarse de nuevo al otro lado del mundo por sabrá Dios cuánto tiempo y sin decirme nada?- Sintió un golpe de adrenalina correr por todo su cuerpo. ¿En serio había una, aunque fuera pequeña, posibilidad de que Nino sintiera lo mismo por él? Una risita histérica de nervios e incredulidad se le escapó haciendo eco por el pasillo. -Ese mocoso... ¿He estado sufriendo por un amor no correspondido todos estos años y resulta que todo este tiempo él sentía lo mismo? ¡¿Acaso tiene alguna lógica?!- No era para nada normal ver a Jun perder de ese modo el control de sus emociones, pero Sho sabía mejor que nadie cómo debía estarse sintiendo en ese momento. -¿Cree que voy a dejar que se largue esta vez así como así?- Estaba tan metido en sus pensamiento y tan furioso, que no podía ni calzarse bien los zapatos.
-¿Estás seguro de lo que vas a hacer, Jun?- Sho lo miraba preocupado porque sabía perfectamente lo que iba a hacer, quería ir tras él pero no podía dejar de mirar la puerta de la habitación del fondo. De verdad estaba preocupado por el chico que continuaba llorando a todo pulmón del otro lado de la puerta.
-Sí... Tan seguro como que tú mismo deberías hacer algo con tus propios sentimientos, Sho.- Y es que aquello no había escapado a su perspicacia ni siquiera en esos momentos donde lo único en lo que podía pensar era en salir corriendo hacia el departamento de Nino; y es que hacía mucho que se había dado cuenta de que lo que Sho sentía por Aiba iba más allá de un amor de amigos casi hermanos, pero Sho podía ser muy tonto cuando se trataba de cosas del corazón, sobre todo cuando el corazón era el propio, y Jun lo sabía de sobra, a Sho le había tomado una eternidad descubrir que se sentía atraído por Jun del mismo modo en que el menor se sentía hacia él, con todo y que Jun no había escatimado en esfuerzos para hacérselo saber sin ser muy directo como para hacerlo correr, simplemente Sho era tonto en terrenos del amor.

Sho se quedó largo rato mirando la puerta principal después de que Jun se hubiera ido dejándole la cabeza y el corazón hechos un lío; porque por fin entendía que Nino tenía razón: Jun no lo volvería a ver como una opción. Ya no eran esos los sentimientos que guardaba por él. Había perdido su gran autocontrol por Nino y por primera vez desde que lo conocía, lo vio actuar aniñado, emberrinchado e infantil, y todo por ese mocoso, el único al que siempre guardó recelosamente como un tesoro y por quien salió corriendo para no perderlo. ¿Pero qué había estado haciendo todos esos años? ¿Cuántas veces no habría llorado Aiba de ese modo por su culpa? ¿En serio no había podido corresponder sus sentimientos o era simplemente que no había querido hacerlo por temor a olvidar lo que sentía por Jun? ¿Qué era lo que sentía en verdad por cada uno? Recorrió en silencio todo el camino hasta la habitación del fondo y se quedó ahí afuera, de pie, con la mente en blanco e incapaz de hacer que su mano avanzara el pequeño tramo de menos de diez centímetros que le hacía falta para golpear la hoja de madera con la pequeña y colorida placa que colgaba con el nombre de Aiba escrito en letras verdes. Suspiró profundamente y armándose de valor, sujetó con fuerza el picaporte abriendo la puerta y siendo recibido por un par de ojos castaño claros que, sorprendidos, lo miraban entre lágrimas desde la alfombra junto a la ventana abrazando con todas sus fuerzas ese pequeño y viejo perrito de peluche con el que dormía desde que era un bebé.
-Masaki... Yo...- Era la primera vez que lo llamaba por su nombre en los casi quince años que tenían de conocerse. Un insignificante detalle para el resto del mundo que para Aiba representaba el cielo. Se levantó como impulsado por un resorte y sin importarle si era rechazado con crueldad, se arrojó a los brazos del chico que avanzaba a paso lento hacia él.
-Sho-chan, te quiero...- Y con todas sus fuerzas se abrazó a su cuello pronunciando entre sollozos esas simples palabras llenas de todos sus sentimientos. Sus lágrimas de dolor dieron paso a lágrimas de alegría al sentir esas manos aferrando con la misma fuerza y calidez su cuerpo. Una dulce y tímida sonrisa se dibujó en los labios de Sho. Tal vez por fin sería capaz de volver a sentir lo que era el amor. Y aún si todavía no estaba completamente seguro de lo que estaba haciendo, sabía que era la opción perfecta para ambos. 
Sin aliento. Así fue cómo Jun llegó al complejo de apartamento en los suburbios de Tokio donde vivía Nino, después de haber corrido todo el tramo desde la estación del subterráneo. Su cabello estaba hecho un desastre, lo mismo que su ropa, pero ni siquiera se percató de ello. Subió los cuatro tramos de escaleras corriendo y hasta saltando escalones. El camino hasta el quinto piso nunca le pareció tan largo como en ese momento y al detenerse un segundo para recuperar el aliento, el pasillo se le hizo interminable. En serio odió la maldita puerta que los separaba y no pudo evitar golpearla quizás con demasiada fuerza, lo que incluso espantó al chico del otro lado, quien acababa de salir de la ducha vistiendo su pijama para proceder a hacer maletas y dormir.

Una gota de sudor frío resbaló por su espalda mientras esperaba en silencio
 a que le abrieran, sintiendo sus latidos golpeando su pecho sin control. Terror. Era lo único que sentía ahora que por fin estaba ahí. Ni siquiera tenía idea de lo que quería hacer o decir cuando lo tuviera de frente. Sintió que su corazón se detenía en el momento en que escuchó pasos en el interior acercándose. No tuvo tiempo ni para reaccionar, la puerta se abrió y su rostro sorprendido le disparó la adrenalina a tope. Su voz pronunciando su nombre le pareció tan lejana debido al eco de sus pensamientos que ni siquiera estaba seguro de que lo hubiera llamado en realidad. En ese momento solo tenía una cosa en la cabeza repitiéndose una y otra vez; así que siguiendo ese impulso, se abalanzó contra él sujetándolo casi con desesperación por las mejillas para besarlo.

Descolocado por esa acción inesperada y un tanto salvaje, Nino dio un traspié quedando de espaldas contra el muro del recibidor con el peso del cuerpo de Jun manteniéndolo inmóvil. Parpadeó un par de veces sintiendo ese agradable y extraño calor rodeando su propio cuerpo. ¿Estaba soñando? ¿Alucinaba? No había modo en esta vida de que Matsumoto Jun hiciera algo tan impulsivo y loco como eso, así que se preguntaba seriamente si no habría muerto ahogado luego de dormirse en la bañera pensando en él, pero entonces sintió esos carnosos y tibios labios rojos, que tantas veces le habían subido los colores al rostro de solo imaginarlos sobre los suyos, moviéndose tímidamente para romper con aquel gesto y se dio cuenta de que no era ni un sueño ni una alucinación, el frío vacío que le dejaba esa milimétrica distancia entre sus bocas le provocó un agudo dolor en el pecho. Estaba pasando. Sus miradas se conectaron por un segundo, porque eso fue lo único que Nino necesitó para reaccionar y anclar sus manos en las caderas de Jun para impulsarse hacia adelante haciendo desaparecer esa maldita distancia que tanto le había desagradado y ser él quien diera inicio a tan íntimo y apasionado beso esta vez.

Y es que al ver que no le correspondía, Jun se sintió realmente miserable, pero todo eso quedó en el olvido al sentir los suaves labios de Nino unidos a los suyos bailando al mismo compás. Como pudo, se estiró y manoteó la puerta para cerrarla antes de avanzar entre besos y caricias por el pasillo hacia su habitación arrastrando consigo al chico que respiraba y jadeaba contra su piel. Jun era perfectamente consciente de lo que pasaba, de lo que seguiría una vez que llegaran a donde lo guiaban entre risitas y suspiros, pero no le importaba, era algo que incluso buscaba desde el segundo en el que puso un pie dentro del departamento.
-J-Jun...- Un ligero gemido se le escapó involuntariamente al sentir la mano del otro acariciando su cuello. Escuchar su nombre de ese modo le sonó a gloria y pronto eran sus labios los que se ocupaban de tan sensible zona en lugar de sus dedos. Acción que arrancó más de esos delirantes sonidos que escapaban de la garganta de Nino. Una a una las prendas fueron cayendo al suelo a medida que abrían botones y tropezaban con los muebles y cajas desparramadas en la habitación. -¿Estás bien?- Preguntaba Nino entre risitas un tanto burlonas y con la respiración aún entrecortada después de que le cayera encima a Jun cuando fueron a dar contra el colchón de la cama al pisar algún cachivache tirado en el piso.
-Cállate...- Lo tomó de la pretina del pijama de franela y tiró de él para acomodarlo mejor sobre su cuerpo. Ni tardo ni perezoso, Nino volvió a apoderarse de esos labios que tanto lo volvían loco; sabía perfectamente a qué se refería con "cállate" y aunque normalmente no le gustaba que le dieran órdenes, en este juego no le molestaba en lo absoluto ceder, después de todo, esa era una de las principales razones por las que Jun le gustaba tanto: era capaz de dominarlo. Y antes de que el resto de sus pensamientos tomaran forma para dar el siguiente paso, las diestras manos de Jun ya lo habían acomodado de espaldas contra el edredón deshaciéndose en el proceso de la ropa que le quedaba encima. Sus enormes y profundos ojos oscuros lo contemplaron desnudo por primera vez y un escalofrío agradable le recorrió de pies a cabeza. No, no era ese brillo que le conocía en la mirada, esto era algo mucho más intenso y deslumbrante que nunca antes le había visto. -Kazu...- Fue un susurro apenas audible que se fusionó con el aliento compartido en ese beso, pero para Nino fue un grito que se quedó grabado a fuego en su pecho. Era la primera vez que lo llamaba de ese modo... era la primera vez que alguien lo llamaba así en toda su vida... que alguien pronunciaba su nombre con tanta ternura y tanto amor, sonrió por la estupidez de su pensamiento, pero es que enserio estaba seguro de que de haber sido una chica, habría echado a llorar en ese instante, porque ahora podía estar convencido de que fuera lo que fuera que pasara en la oscuridad de esa habitación, no sería simplemente un impulso de lujuria del cual arrepentirse al despuntar el alba. Y con toda esa cálida mezcla de sensaciones, Ninomiya Kazunari se entregó en cuerpo y alma por primera vez, a ese, quien fuera su eterno primer amor.


Poco a poco, la suave luz de la mañana comenzó a colarse por entre las cortinas grises de la habitación a medida que el viento las mecía con suavidad. Negándose a despertar del más hermoso de sus sueños, Jun permaneció inmóvil y con los ojos cerrados deseando que aquella sensación febril no desapareciera jamás. Aún podía sentir la cálida humedad de su boca por todo su cuerpo y solo de recordarlo, sentía una corriente eléctrica recorriéndole toda la columna vertebral. Un sonido apenas perceptible que inevitablemente le dibujó una sonrisa de medio lado y lo arrojó por completo a la realidad. Alguien suspiraba a su lado.
-¿Nunca te han dicho que es de psicópatas mirar a la gente mientras duerme?- Había susurrado Nino aún sin abrir los ojos, arrancando una ligera risa al chico que yacía en la cama, seguramente también desnudo, bajo las sábanas.
-¿Y a ti no te han dicho que es más de psicópatas hacerse el dormido mientras te miran dormir?- Nino abrió los ojos lentamente, no porque quisiera abrirlos sino porque no quería perderse esa sonrisa deslumbrante que había denotado su tono de voz.
-Sí... a menudo me lo dicen al despertar.- Mentía, pero Jun no tenía por qué saberlo, le resultaba sumamente divertido provocarlo de ese modo.
-Ah...- Sin embargo esta vez era diferente. Se semi incorporó apoyándose en sus codos para mirarlo directo a los ojos. Parecía molesto, se había quedado boca arriba mirando el techo. Ignorándolo.
-Sabes que bromeo, cierto?- No sonrisas, un tono serio. Cosa rara en Nino, estaba siendo absolutamente sincero y eso hizo que Jun volteara de inmediato.
-¿Ah sí?- Sin embargo seguía un poco molesto. Sabía perfectamente que le mentía para divertirse con sus reacciones, lo había terminado de comprobar anoche.
-¿Por qué habría de mentirte?- Ver esa faceta de él le resultaba fascinante. Incluso parecía adulto.
-Nunca me dijiste que te gustaba...- Un silencio. Su mirada sorprendida. Un vuelvo al corazón conforme sus latidos le contaban los segundos de espera por una respuesta suya.
-Nunca me preguntaste.- Una angelical e inocente sonrisa que le hizo bajar los muros y sonreír también. -...así que eso no es mentir. Tú tampoco me dijiste nada.- Se tendió también de espaldas contra el colchón. Tímidamente alcanzó los dedos ajenos y los entrelazó con los propios.
-¿Es cierto que te vas?- Tenía que preguntárselo. Ni siquiera había podido dormir devanándose los sesos pensando en lo que pasaría con ellos a partir de ese momento y temiendo que, si cerraba los ojos, Nino desaparecería para siempre en medio de la noche.
-Perdí mi vuelo por culpa de alguien que llegó sin avisar...- Miró el reloj, hacía más de dos horas que el avión había partido.
-Lo siento...- Se sintió tonto por sentir esas clicheteras mariposas en el estómago al tener sus manos unidas de ese modo por deseo del otro.
-Yo no...- ¿Estaba riendo? Se giró para mirarlo sosteniendo su cabeza con la palma de mano y apoyando su peso en el codo contra la almohada. -...no hay nada que pudiera ser mejor que esto.- Y tomándolo desprevenido, Nino se estiró para darle un beso. Y así entre risas y caricias, los besos se fueron perdiendo cuesta abajo entre las sábanas y sus cuerpos.

No había prisas. Tenían todo el tiempo del mundo a partir de ahora para estar juntos. No más miedos, no más malentendidos, no más guardar verdades, simplemente ellos y toda la vida por delante para llenar esos quince años de vacío con nuevos y maravillosos recuerdos, porque los dos sabían que, aún a pesar de todo lo que había pasado, al final habían elegido la opción perfecta.
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Déjame llorar (Sakumoto)




Título: Déjame llorar
Autor: Lilith
Pairing: Sakurai + Matsumoto 
Fandom: Arashi
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst, AU
To: Ariana que siempre me hace segunda con mis locuras Arashianas ^w^




Si alguien me hubiera dicho cuán doloroso sería amar de este modo, la verdad es que creo que nunca me hubiera enamorado de ti. Hasta ahora no tengo ningún recuerdo bonito a tu lado. Supongo que eso es porque tú nunca te diste cuenta de lo que yo sentía. Para ti sólo soy el chico nuevo que hace los recados, el mismo que ahora trabaja como asistente después de cuatro años de haber soportado tantas cosas dentro de esta maldita oficina. Pero para ti no soy nada más que éso. No soy el chico que creció contigo jugando en el parque. No soy al que despediste con lágrimas en los ojos cuando se mudó. No soy el que te buscó por todas partes hasta encontrarte. Ni soy el que acabó trabajando en la misma oficina que tú sólo para estar contigo. No. No soy más que alguien que trabaja para ti y a quien no recuerdas ni un poquito al final del día.



Y mientras mis días pasan uno a uno como una lenta tortura mirándote a la distancia, tú sólo te dedicas a regalar cada una de tus sonrisas a la persona que ocupa tu corazón. Y yo tenía que ser tan sólo un silencioso testigo de los besos, abrazos, miradas y caricias que le prodigabas cada día. Incapaz de decir cuánto me molestaba, sin poder gritar cuánto lo odiaba. Porque yo a tus ojos no era nada comparado con él. Tu vivías por cada segundo de su amor. Yo viía por cada efímera posibilidad de un amor imposible.



Mi vida tenía tanto sentido como poner una flor en un florero. Y por más que tratara de encontrarle un giro o una motivación a mi existir, tu imagen venía a mi mente como fragmentos de una vida que ni siquiera había vivido. Mi existencia era inútil. Yo era patético. Y tú... Tú eras feliz.







Si alguien me hubiera dicho cuán doloroso sería amar de este modo, la verdad es que creo que nunca me hubiera enamorado de ti. Toda mi vida ha estado marcada por la maldita palabra "adiós", una pequeña e inocente palabra que ha dejado a su paso las más profundas heridas dentro de mi corazón. Esas que nunca cicatrizan. Esas que cuando parecen poder sanar, son reabiertas con mayor dolor. Esas que me seguirán torturando por el resto de mi vida.



Primero el mejor amigo que tuve... Aunque éramos muy niños, ese adiós se convirtió en mi primer corazón roto. Dolía tanto y era tan díficil de aceptar para un niño de doce años, que mi mente prefirió olvidar, en un desesperado intento por evitar que la tristeza me ahogara, cada cosa que lo hacía ser él dentro de mis recuerdos. Pero aún cuando había olvidado su rostro, su voz, el sonido de su risa, yo seguía recordando a mi mejor amigo y, tal vez, al que fue mi primer amor. ¿Había sido debido a ese profundo sentimiento que mi corazón se había roto en mil pedazos cuando lo vi partir?



Y después de ese dulce chico, cuyo nombre ni siquiera podía recordar por mucho que lo intentara, llegó a mí una nueva esperanza. Lo conocí durante la preparatoria. Ni siquiera imaginé que nuestros caminos pudiesen cruzarse. Él era todo lo opuesto a mí: malo en los estudios aún a pesar de que era muy listo, extrovertido, egoísta, caprichoso, distante con lo que no le importaba, demasiado dulce y entregado cuando algo o alguien lo améritaba, educado en una familia de bajos recursos, siempre absorto en sus mangas y juegos de video. Y aún así, se volvió mi mundo entero durante los casi tres años que lo amé con todo el corazón. Mi pequeño príncipe sin corona. Al final una maldita enfermedad me arrebató para siempre su infantirl sonrisa y su mirada traviesa.



Seguí mi vida siendo poco más que una cáscara vacía. Viviendo tan sólo porque no tenía las agallas suficientes para seguirlo después de la muerte. No podía hacer algo así, podía arruinar la vida de mi familia, la carrera política de mi padre... Pero entonces, los extraños sueños que tenía desde niño volvieron a mi mente: no podía verle el rostro debido a la posición del sol, pero su aroma, su voz me eran tan familiares que toda mi angustia y mis miedos desaparecían en el instante en que me tomaba entre sus brazos y borraba mis lágrimas con el más dulce de los besos. Y aparecieron él y su tierna e inocente forma de ser y fue como si los rayos del sol atravesaran las nubes negras. Mi mundo se llenó nuevamente de luz y color. Aquellos sueños continuaron, pero estaba seguro de que era él el dueño de aquella sonrisa que inundaba mi alma de paz. Todo en mi vida era perfecto ahora.







El despertador marcaba las siete en punto. Como cada mañana, tomé un baño, me puse el traje, desayuné y salí de casa a las ocho rumbo a la estación del metro. Diez minutos antes de las nueve ya había llegado a la oficina y me encontraba detrás de mi escritorio revisando todos mis pendientes para el día de hoy. Y como cada mañana, a las nueve en punto pasabas junto a mí para ir a tu oficina. Esa sonrisa tuya hacía que cada minuto del día valiera la pena y me daba ánimos para vivir veinticuatro horas más compartiendo este mundo contigo.







Aquella mañana me dirigí a la oficina como siempre. Estaba tan emocionado. Tal vez para el resto del mundo era un día más, pero para mí era un día por demás especial. Después de su cumpleaños, nuestro aniversario era la fecha más esperada del año para mí. Y hoy precisamente, se cumplían tres años de vivir mi vida con él. Todo estaba listo. Lo había estado planeando cuidadosamente desde la semana pasada para que fuese perfecto. Amaba la carita que ponía cuando le tenía una sorpresa. Y aunque había contemplado esa sonrisa fascinada muchas veces, lo cierto es que nunca me cansaría de sorprenderlo.







¿Acaso tu desbordante felicidad se debía a que habíamos conseguido el proyecto para la campaña de la NHK? ¿O se debía a algo o a alguien más? Bueno, la verdad es que eso realmente no me importaba mucho. Estabas feliz y eso era lo único que me importaba. Tu felicidad era mi felicidad. Siempre lo había sido, sin importar cuán lejos o cuán cerca estuvieras.







¿Podía mi día ser más perfecto? No. ¿Podía mi vida ser más perfecta? Por si no fuera suficiente que estuviera a mi lado y que el trabajo fuera de maravilla, que mi familia viviera prosperamente y que por fin había encontrado la casa de nuestros sueños, hoy me habían dado la increíble noticia de que el proyecto televisivo más importante del año era nuestro. Ya estaba contando cada minuto para que llegara la hora de la comida y correr a estrecharlo entre mis brazos y besarlo hasta que el aire abandonara mi cuerpo.







Si bien lo odiaba con toda el alma, le agradecía el estar a tu lado. Aunque me doliera, estaba consciente de que él representaba tu mayor felicidad. Así que, a pesar de que no me lo propusiera, me preocupaba que siendo casi la una, todavía no se hubiera aparecido por la oficina paseando sus estúpidas plantitas para regarlas y ponerlas un rato bajo los rayos del sol en la terraza. No. Lo cierto es que ese chico, aún a pesar de ser tan torpe e infantil, era tan amable y atento que no podía odiarlo. Era una de esas personas que son tan buenas e inocentes que sientes que debes protegerlas y que, por lo mismo, se merecen toda la felicidad del mundo. En el fondo me alegraba de que tuvieras a alguien así amándote y cuidando de ti.







No me preocupaba que le hubiera pasado algo, después de todo, lo raro sería que no le pasase algo a lo largo del día; pero lo que sí me preocupaba era que no respondiera el teléfono. La hora de la comida había terminado hacía rato y seguía sin aparecer. Esperar. Eso era lo único que podía hacer en ese momento. Esperar que hubiera comido. Esperar que me llamara. Esperar que volviera.







Odiaba verto tan angustiado. Era evidente que lo llamabas a él. Tras no recibir respuesta y que nadie supiera nada de él, te habías puesto a hacer zanja de lado a lado de tu oficina con el celular en la mano. Moría por abrazarte. Decirte que todo estaría bien. Tranquilizarte. Pero no tenía derecho a hacerlo. Sólo podía contemplar tu silueta yendo y viniendo a través del cristal, y suplicar en silencio que terminara tu sufrimiento.







Estaba a punto de volverme loco y salir a buscarlo por todas partes cuando me informaron que ya había llegado mi cita de las cuatro, así que mi plan de detective privado tendría que esperar. De algún modo tenía el presentimiento de que no le había sucedido nada malo, como dicen: las malas noticias vuelan rápido. Además de ser un buen novio, tenía que ser un buen Director, así que dejé dentro de mi oficina mis miedos e inseguridades y me dirigí a la Sala de Juntas.







Como mi jefe inmediato también se había ido contigo a ver a los representantes de la NHK, me quedé a cargo de la oficina general. No era la primera vez que como asistente de tu mano derecha me tocaba tener este tipo de responsabilidad. Un mensajero había venido a traerte algo: ese sobre me pareció un regalo del cielo y ya que lo había recibido yo, pues estaba marcado como correspondencia de entrega inmediata, tendría que dártelo personalmente.







Una vez que se retiraron los inversionistas y los representantes de la televisora, regresé de inmediato a la oficina para ver si por fin había noticias tuyas. La mayoría de los empleados ya se habían ido pues pasaban de las seis de la tarde. Las únicas luces que seguían encendidas eras las de la estación de trabajo del equipo de Arte Creativo, pero dado que el Director del departamente venía caminando a mi lado hablándome sobre todas las ideas que se le habían ocurrido durante la reunión, me pregunté quién podría seguir en mi oficina.







Era difícil no voltearlos a ver cuando estaban juntos. Tú tan elegante y atractivo con tu traje de diseñador y esa sonrisa que provocaba infartos y mi Jefe, quien aún a pesar de su introvertida personalidad poseía el encanto característico de los genios creativos y que aún cuando no solía ser la persona más conversadora del planeta, siempre era interesante escuchar lo que tenía que decir. Para mí era un orgullo como fotógrafo ser el asistente de un Artista tan reconocido como él. Ambos me saludaron preguntando qué hacía en el edificio a esa hora, por lo que me apresuré en entregarte el sobre que te habían enviado.







Ahí esta el "Chico nuevo", el sobrenombre se le había quedado más por costumbre que otra cosa pues hacía ya cuatro años que trabajaba con nosotros. Y no era que me desagradara, pero la habitual tristeza que reflejaban sus ojos aún a pesar de su radiante sonrisa hacía que me deprimiera, me era difícil creer que hubiera alguien con heridas tan dolorosas como las mías y más siendo más joven que yo. Se me acercó tímidamente saludando a mi mejor amigo y colega y me entegó un sobre sin remitente. Los dos se despidieron de mí. Uno partió enseguida, seguramente para encerrarse en su estudio y llegar mañana a primera hora con un montón de bocetos y propuestas gráficas para el proyecto. El otro rumbo a su escritorio para recoger sus cosas e irse. En cuanto cerró la puerta tras despedirse de mí con un gesto educado, abrí el sobre. Con tan sólo desdoblar las hojas que estaban dentro, supe que la había envíado él, reconocí su letra al instante. Mi mundo acababa de ser destruido en mil pedazos. ¿Al menos había venido personalmente a entregar este maldito trozo de papel con el que había decidido terminar nuestra relación para volver a Kansai y estar con su mejor amigo de toda la vida? Salí corriendo con la esperanza de alcanzar al chico nuevo y preguntárselo.







¿Hacía cuánto que no veía un atardecer tan bonito? La verdad es que no recuerdo cuándo fue la última vez que me detuve a mirar el cielo. Antes solía hacerlo todo el tiempo a través de la lente de mi cámara... mi cámara. Como siempre, estaba dentro de mi mochila. Había algo en los colores de este ocaso que me resultaban familiares. Saqué la cámara y volvía acomodarme la mochila a la espalda. Sí. Creo que el día en que nos despedímos prometiendo que algún día nos volveríamos a ver, el cielo era de este mismo anaranjado intenso con bellos destellos rosas y púrpuras y nubes doradas. Sólo un click y mi pasado y mi presente se fusionaron congelados en el tiempo. No podía dejar de contemplar aquella imagen. El viento soplaba suavemente revolviendo mi cabello. Me quité los anteojos y los guardé en el bolsillo de mi camisa después de tomar un par más de fotografías. De algún modo volvía a sentirme yo mismo. Dejé la cámara colgando sobre mi costado. Sonreía. Por primera vez en mucho tiempo sonreía sinceramente, tan sólo porque me nacía y no porque tuviera que hacerlo. Era una sensación agradable. Si tan sólo estuvieras aquí. Si tan sólo pudieras ver ésto conmigo. ¿Recordarías el ayer? ¿Me recordarías a mí?







Ahí estaba, de pie en la explanada que estaba cerca de la empresa, contemplando el cielo. Levanté la vista un instante para ver lo que miraba. El cielo era simplemente hermoso. Disminuí un poco el paso para recuperar el aliento después de haber corrido. Su carta estaba arrugada por sujetarle con fuerza entre mis dedos. ¿Estaba sonriendo? ¿Con que ésta era su verdadera sonrisa? De pronto, como si me golpeara con fuerza, vino a mí mente aquel sueño recurrente de mi infancia. Quería llamarlo. Ya no podía correr, mis piernas se sentían como de gelatina. Quería hablarle, asegurarme de que sólo era una coincidencia lo que veían mis ojos, pero no pude. No recordaba su nombre. ¿Cómo podía no recordarlo después de haberlo visto cada día durante los últimos cuatro años? ¿Por qué nunca antes me había dado cuenta de que jamás le hablaba por su nombre? Su perfil se desvaneció poco a poco debido a los rayos del sol que comenzaba a ocultarse por detrás de los altos edificios de oficinas que nos rodeaban. Mi corazón latía de un modo extraño. Casi como si temiera por algo. Temblaba. ¿El viento soplaba? Sí. Sacudía ligeramente las hojas de papel que seguían en mi mado. Un cúmulo de borrosas imágenes se desbordó dentro de mi cabeza. ¿Eran recuerdos fríos? No sentía que fueran parte de mis memorias pero al mismo tiempo era como si las hubiera mantenido guardadas por tanto tiempo que se hubiesen perdido en lo más profundo de mi corazón... ¿para no olvidarlas? ¿para alejar este dolor?... Quería llamarlo, pero mi voz se había ido a algún lugar lejano junto con la última brisa. Las lágrimas no me permitían verlo claramente. Nuevamente corría, pero mis pies ya no obedecían el mismo impulso que me había llevado hasta ahí.

-...Jun-kun?-







Tan sólo había sido un ligero susurro pero me hizo voltear enseguida. No tuve tiempo para prepararme mentalmente. Ni siquiera te vi venir. Tan sólo sentí tu cuerpo aferrándose casi con desesperación al mío. Como si con aquel abrazo pretendieras volvernos un solo ser. ¿Me habías llamado por mi nombre? Lo habías hecho, verdad? ¿Eso significaba que me recordabas? Estabas temblando ahogando tu llanto contra mi pecho. Mi cuerpo respondía al tuyo como si hubiera sido diseñado para ello. Te sentí tan frágil en ese momento que ni siquiera se me pasó por la mente el contenerme y no abrazarte también. Fuera cual fuera la razón, estabas aquí, entre mis brazos. Y por más breve que fuese, en este instante eras mío. Aquella agradable calidez que me recorría de pies a cabeza cuando estaba a tu lado volvió a invadir cada milímetro de mi ser. Todos mis recuerdos contigo pasaron frente a mis ojos justo como una pincelada color alegría confusa. Lo que no daría por hacer este momento eterno. Lo que no haría por devolverte la calma, por alejar esas lágrimas que zurcaban tu rostro y poner una sonrisa en tus labios.

-...Sho-chan... Volví...- Susurré debido al nudo que tenía en la garganta. Te estreché con fuerza. Tu respiración volvía a la normalidad poco a poco. -...sin importar el tiempo o la distancia volveríamos a estar juntos, te lo dije, lo recuerdas?... No iba a romper mi promesa...- Tu llanto desconsolado era ahora tan sólo el eco de los sollozos silenciosos que se te escapaban. Limpié el rastro que le habían dejado a tus mejillas las lágrimas con toda la ternura que había reprimido durante este tiempo. -Pasaron muchas cosas... Perdóname por no haber podido volver antes... Desearía que todo pudiera ser como era entonces...- Sabía que no debía. Tú ya tenías a alguien ahora. Pero no podía frenar todos los sentimientos que se habían desbordado tras escuchar tu voz y sentirte tan cerca de mi. Te besé. Mi primer beso. Ese que aguardaba por ti desde siempre.









Había vivido una ilusión. Todo este tiempo el amor verdadero había estado tan cerca y yo nunca me había percatado. Había amado un ideal en otro cuerpo. Todo este tiempo habían estado jugando conmigo y yo nunca me había dado cuenta de que sólo yo había dado amor. Todo tomó forma y sentido en el preciso segundo en que sus labios se perdieron en los míos. Hasta entonces entendí que nunca me habían besado con amor. Todo el vacío que había sentido hasta ahora dentro de mí desapareció en el momento justo en sus brazos aferraron con fuerza mi cuerpo en un gesto protector. Fue entonces que comprendí que cada una de las caricias que me habían dado eran fingidas. Leer de su puño y letra que sólo se había acercado a mí porque se lo habían ordenado, que todas las miradas y sonrisas sólo eran parte del plan del hombre para el que trabajaba y que se había propuesto acabar conmigo, me destrozó por dentro. Pero ahora nada de lo que había pasado tenía importancia. Entendí que todo el dolor que había sentido, cada adiós que había tenido que soportar, todo había sido para volver a estar con mi primer amor.

-No... no quiero que sea como antes... Quiero que sea mejor...-

-Eso significa que...-

-Que no es demasiado tarde para darnos una oportunidad...-

-Te amo!... Todo este tiempo te he amado sólo a ti...-

-Jun-kun...-







Volví a besar sus labios. Esta vez de un modo más profundo. Me correspondías. Podía sentirlo por la forma en que tímidamente te entregabas a mí. Estaba dispuesto a todo con tal de no perder este sentimiento. Si había podido vencer cada prueba del destino y mi amor no se había marchitado ni un poquito, ya nada ni nadie lograría acabar con él.







Nuevamente me besaba. Sus finas y largas manos acariciaban mi mejilla y mi espalda. Poco a poco fui perdiéndome en su aroma, cayendo sin remedio en ese sentimiento tan puro y sincero que era su amor. A pesar de todo, él había cumplido su promesa y aún cuando vio a alguien más conmigo al volver, siguió amándome y cuidando de mí a la distancia. Ahora era mi turno para darle mi amor y creo que por primera vez sería amado del mismo modo en que yo me entregaba. Quería pasar el resto de mi vida con este chico que me había amado toda su vida sin esperar nada de mí, sin saber realmente si podría volver a estar conmigo. Quería hacerlo feliz y poner en su rostro cada día esa sonrisa que brillaba más que el sol. Así que en ese momento sólo quise que me dejara llorar. Para sacar de mi cuerpo todo el dolo que me habían inflingido en el pasado y darle paso al hermoso futuro que había contemplado dentro de sus ojos.

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No es una ilusión. (Nino)




Título: No es una ilusión
Autor: Lilith
Pairing: Ninomiya Kazunari + OC
Fandom: Arashi
 ~Himitsu - Ninomiya Kazunari~
Tipo: One-shot
Género: FanAi, Shoujo, Angst, AU



Estaba tan cansada y me sentía tan mal que ni siquiera me di cuenta de que había comenzado a llover poco después de que saliera de la oficina del gerente general aquella tarde. Nuevamente me habían regañado por no mentirle a una clienta al no decirle que aquel vestido le sentaba de maravilla y que definitivamente debía comprarlo o se arrepentiría cuando llegara a casa. Como si semejantes estupideces pudieran salir de mi boca después de ver como se le desbordaban las lonjas con aquel vestido salmón haciéndola parecer una salchicha para hotdog. En definitiva no me hubiera perdonado si la hubiese dejado salir vestida así a la calle. Podía ser una maldita y una cínica, pero no podía serlo con esa pobre señora que sólo pretendía verse linda para ir a cenar con su marido. Para mi desgracia, nuevamente estaba cerca mi jefa de piso justo en el momento en que le aconsejaba a la mujer no comprar nada de la sección juvenil porque sinceramente no le quedaba. Y como la muy desgraciada ya la traía conmigo, en cuanto me vio conducirla amablemente a la sección de ropa para mujeres mayores, de inmediato carraspeó para llamar mi atención y con ese maldito gesto de su dedo que siempre solía hacer y que tanto me desagradaba, "discretamente" me pidió que la siguiera para reprenderme y llevarme a la oficina del gerente para reportarme, otra vez, por mi actitud. La verdad es que no me molestaba que me hiciera entrar en esa oficina, Sakurai-san estaba que se caía de bueno, así que cualquier oportunidad para tenerlo a menos de cinco metros era digna de ser tomada. Y lo que la excéntrica mujer que amaba estar sobre mí todo el día esperando a que cometiera el más mínimo fallo no sabía, es que el caballero sentado detrás del escritorio de cristal era el mejor amigo de mi mejor amigo, por lo que sinceramente dudaba que fuera a gritonearme o algo así y menos frente a ella. Pero hoy me dolía tanto la cabeza y me sentía tan mareada, que no quería ni escuchar que me "regañara" otra vez por no tener cuidado y dejar que Kaori-san siempre me atrapara con las manos en la masa.
-Segura que te sientes bien?, te ves un poco pálida...- Me preguntó cortésmente como solía ser siempre él cuando hablaba conmigo.
-Sí, creo que sólo iré a casa en cuanto terminé mi turno...-
-No te preocupes, mejor vete y descansa. Le diré a Kaori-san que te mandé a casa, siendo ella, seguramente pensara que lo hice como castigo. Sería mejor que fueras al doctor, no sería bueno que te enfermaras antes de la temporada de verano...- Me dolía admitirlo, pero él siempre me trataba como a una niña, sí, era lindo saber que se preocupaba por mí y que a menudo tuviera sus detalles conmigo, pero sabía perfectamente que sólo lo hacía como si fuera un hermano mayor cuidando de su pequeña hermana. A veces en verdad que era molesto. Pero aún cuando a menudo le tiraba sútilmente la onda, nunca me había hecho caso más allá de verme como la mejor amiga de su mejor amigo, que le caía bastante bien y con quien tenía muchas cosas en común. Nada más ni nada menos que eso. A veces me preguntaba si acaso era gay o tenía novia en el extranjero, porque nunca lo veía con ninguna chica en las fiestas, ni en las de la compañía ni en las de los amigos. Que desperdicio. En fin, eso era cosa suya.
-Tienes razón... Qué harías sin la empleada del mes, verdad?- Se rió abiertamente de mi comentario. A menudo recalcaba lo mucho que le gustaba mi sarcasmo, diciendo que me hacía parecer aún más interesante; aunque enseguida agregaba preocupado que le recordaba mucho a su otro mejor amigo, al que yo aún no conocía, y rogando porque no nos cayéramos ni muy bien ni muy mal el día que por fin nos conociéramos porque eso podría ser el fin del mundo conocido, la humanidad todavía no estaba preparada para alojar a dos Juns dentro de la misma habitación.
-No quieres que llame a Nino para que vaya a recogerte a la estación?-
-No... debe estar ocupado, no lo preocupemos con tonterías. Hoy era un día muy importante para él. Si todo salía bien, lo contratarían como compositor en esa agencia en la que tanto quería trabajar... Hasta el lunes...-
-De acuerdo. Descansa... Y de hecho, hasta mañana. Nos veremos en la fiesta de Nino, recuerdas?-
-Claro! Como lo iba a olvidar?! Si se la ha pasado toda la semana planeando el evento del siglo...- Nos despedimos entre risas por nuestro pequeño chiste local. Lo cierto es que Nino estaba tan entusiasmado con lo de su cumpleaños como yo por ir a tomar el té con Kaori-san y las de la oficina. Aunque en su caso, no tenía ni la más remota idea del por qué estaba tan apático.
-Oye, Lilith...-
-Dime?...-
-Pon cara de que te regañé... no quiero que Kaori-san esté rondándome el resto de la tarde por esa sonrisa tuya...-
-Ok! Bye-bye!- Cerré la puerta detrás de mí y caminé "molesta" por todo el pasillo en dirección al ascensor para bajar a los casilleros de las empleadas para ir por mis cosas.

-No se por qué simplemente no te despiden?!-
-Eso te haría feliz?-
-Pues, la verdad es que sí, un poco...-
-Lastima que no te quieren tanto allá arriba...- Le sonreí lo más dulce que pude mientras apuntaba hacia arriba con el dedo índice. Se quedó mirándome con los ojos abiertos de par en par. Tal vez no entendió realmente mi comentario, pero creo que le hubiera ardido mucho más si hubiese sabido que con "allá arriba" me refería a la oficina de Sakurai y no precisamente a allá arriba en el cielo. Pero igual su expresión había sido lo suficientemente buena como para hacerme reír hasta que lo olvidara al salir de la boutique.

Como de costumbre me puse los audífonos y subí el volumen antes de colgarme la mochila y soltarme el cabello. Odiaba parecer muñequita de aparador, pero era parte del trabajo y eso me permitía vivir sola y darme de vez en cuando pequeños lujos, así que trataba de no pensar mucho en ello para hacérmelo un poco más fácil.

Como decía, iba tan concentrada en todo lo que tenía que hacer al llegar a casa aprovechando que Nino no estaría ahí, que ni siquiera me di cuenta de que olía a tierra mojada hasta que ya estaba empapada. No le vi mucho caso a echar a correr como hacían muchos; total, no me podía mojar más de aquí al metro de lo que ya estaba, pero igual apreté el paso. En algo tenía razón Sakurai: no quería perderme las comisiones de las ventas de temporada; después de todo, eso pagaría mis próximas vacaciones a Hokkaido con los chicos. Llegar a casa y tomar un baño con agua caliente, eso era todo lo que quería en ese momento. Por furtuna sí llegué al departamento bastante rápido. Por desgracia había olvidado dentro mis llaves por salir a la carrera, así que tuve que esperar por más de dos horas a que mi mejor amigo volviera a casa y me abriera la puerta. Por supuesto que para ese momento la ropa ya se me había secado puesta y la fiebre ya había hecho de las suyas. Y tomando en cuenta lo considerado que era Ninomiya, ni siquiera me ayudó a levantarme cuando llegó, se limitó a burlarse de mí por parecer un gatito abandonado y mojado al pie de su puerta.
-Qué vamos a cenar?... muero de hambre... Puedes hacer algo sencillo, sólo que sea rápido, que te parece un omelette? - Fue directo al regrigerador a ver qué encontraba para picotear antes de la cena. Me sentía tan mal en ese momento, tanto física como emocionalmente, que su habitual falta de atención hacia mi persona me hizo explotar.
-Pues que bueno que sea tan sencillo y tan rápido... Preparátelo tú mismo!!!- Cerré de golpe la puerta de mi habitación, dejé caer mis cosas al piso y me tiré boca abajo sobre las almohadas y peluches de ranas que ocupaban la mayor parte de mi cama. Había un extraño silencio reinando alrededor. Esperaba que una vez que entendiera que se lo había dicho en serio viniera a gritonearme a domicilio exigiéndome que le cocinara o que saliera a comer fuera indignado por mi falta de consideración hacia su persona, pero para mi sorpresa no hizo nada. Tenía tanta fiebre y me sentía tan del asco que en menos de diez minutos ya me había quedado profundamente dormida.

Para cuando desperté ya había anochecido y mi cuarto estaba completamente a oscuras. Me levanté y tropezando con todo el cochinero que había dejado en el camino, salí rumbo a la sala, suponiendo que ahí estaría viendo algún dorama en la televisión por la hora que era. Ya me había hecho a la idea de que tendría que contentarlo de algún modo, y qué mejor manera de lograrlo que haciéndole los hotcakes que tanto le gustaban. Pero por más que lo llamé, nunca respondió. No lo creí tan infantil como para aplicarme la ley del hielo por algo así, pero como con él nunca se sabía, mejor fui a buscarlo a su habitación. Tampoco estaba ahí. Sus llaves no estaban junto a las mías, lo mismo que sus tennis y su sombrilla, así que supuse que sí había salido a comer a la calle y que probablemente estaba tan enojado conmigo que no volvería hasta muy tarde cuando ya me hubiera dormido. No importaba. De igual manera le haría los hotcakes como una disculpa por haberle gritado, aún cuando se lo mereciera. Había dormido suficiente, así que me senté a esperarlo, teníamos que hablar. No estaba dispuesta a ser su chacha ni a que me tratara como a una. La última vez que vi el reloj, marcaba las doce y pasadas y todavía no regresaba. Me empezaba a preocupar, pero no tenía fuerzas para ir a mi habitación por mi celular, de algún modo presentía que estaba bien. Sin saber ni cuando, me quedé dormida sentada en el banco, apoyada en la barra del desayunador sobre mis brazos.
-Estupida...-
-Gracias! Yo también te quiero...- Al principio creí que soñaba, se veía muy serio para ser él. Se quedó callado, cosa rara en él, y volvió a colocarme el trapo húmedo sobre la frente después de exprimirlo con fuerza. Se sentía muy frío pero era una sensación por demás agradable.
-Sólo alguien como tú podría levantarse a media noche a preparar hotcakes con 39.5 de temperatura...-
-Yo... es que...-
-No digas nada... Ten...- Me ayudó a levantarme un poco para tomar la medicina que me había comprado. -Será mejor que descanses... por cualquier cosa le echaré candado al refrigerador y a la estufa, no vaya a ser que te dé por hacer pasteles o algo así si llegas a los 40...-
-Tuvieras tanta suerte...-
-Gracias...-
-Eh?-
-Por la cena... En serio moría de hambre...-
-Gracias... Por cuidarme... En serio me sentía mal...- Fue un momento tan extraño entre los dos, que fue inevitable que se produjera ese clichétero e incómodo silencio. No solíamos ser tan emotivos. Al menos no entre nosotros. Al menos no tan abiertamente
-Hasta mañana...-
-Nino...- Se detuvo justo al llegar a la puerta. -Feliz cumpleaños!- Se esforzó en disimular su alegría, pero esa sonrisa que esbozó antes de cerrar la puerta, lo delató.

Todavía me sentía muy mal por la mañana, pero al menos ya no me sentía como si me hubieran arrollado cien vacas. Me senté para ponerme las pantunflas y pararme a hacer el desayuno de cumpleaños perfecto. Por la hora sabía que Nino seguiría dormido. Me apresuré a sacar su regalo de donde lo tenía escondido. No porque temiera que hurgara entre mis cosas cuando yo no estuviera, sabía que no lo hacía y además, aunque lo hiciera, creo que no me molestaría mucho, sino más bien porque daba miedo el radar que ese chico tenía para los juegos de video. Después de que me arruinase la sorpresa el año pasado en navidad, había aprendido la lección, así que esta vez sería mejor esconderlo entre cosas que no le llamaban en lo más mínimo: pinturas, telas y papeles dentro de una caja al fondo de mi armario. La envoltura estaba intacta. Me había salido con la mía. Caminé por el pasillo tratando de no hacer ruido hasta llegar a la salita de estar, que era lo que separaba nuestras habitaciones, debía asegurarme de que no se hubiera quedado dormido en el sillón por estar jugando en el Wii hasta las tres de la mañana, cosa que a menudo solía hacer, con o sin mi compañía. Una vez comprobé que no estaba ni ahí ni en el baño, seguí hasta su cuarto. Como de costumbre, la puerta estaba emparejada, ni siquiera se había quitado los zapatos, así como se arrastró hasta la cama se quedó dormido. Me metí a la cocina presumiéndome a mí misma una triunfal sonrisa al tiempo que sacaba de la alacena algunas cosas que de antemano había comprado para la ocasión, era fácil hacer feliz a este chico si le llegabas por el estómago, eso lo tenía comprobadísimo. Sabiendo que no podría hacer uso de la licuadora o la batidora, terminé pensando que lo mejor era prepararle una tarta fría, por lo que la mañana anterior había aventajado algunas cosas, motivo por el cual casi se me hace tarde y sólo salí corriendo sin acordarme de tomar las llames. Desde la barra podía ver cuando se despertara, el tiempo era vital, debía tener todo listo para antes de que despertara, lo cual siendo domingo, seguramente sería a eso de las diez. Ese era el día que los dos aprovechábamos para dormir hasta tarde, porque obviamente, el sábado era cuando aprovechábamos a desvelarnos hasta que de plano no podíamos mantener los ojos abiertos. Una vez terminado todo, lo metí al congelador. Todavía tenía una hora para terminar de preparar la sorpresa. Mi condenada nariz amenzaba con diluviarse, así que preferí taponearla con un par de pañuelos desechables para no estar estornudando sin parar y escurriendo como grifo con fuga. Volví a mi habitación para terminar de inflar los globos, la mayoría estaban escondidos entre mi ropa dentro del closet desde el día anterior, junto con las serpentinas y el letrero de "Feliz Cumpleaños!" que le había hecho con foamy y otras cosas por el estilo que me encontré entre mis curiosidades. Mi celular comenzó a sonar, corrí para callar el ruido, sería el acabose si se despertara en este momento y viera todo antes de tiempo. Como supuse, quien llamaba era Sakurai.
-Aló?-
-Lilith?-
-Yeap...-
-Estás bien?-
-No tanto como quisiera pero mucho mejor de lo que debería..-
-Sigue dormido?-
-Sí... Terminaste los preparativos de la fiesta?-
-Sí, todo esta bajo control, Sandra y Jun son expertos en fiestas, fueron de mucha ayuda.- Conocía a su amiga, me caía super bien, y el chico era el famoso amigo sarcástico al que temían presentarme. Hasta donde sabía, ellos dos eran novios desde que estaban en la preparatoria y se llevabab muy bien con Nino.
-Eso es bueno...-
-Segura que no quieres ir al médico antes de venir?-
-Estaré bien, no te preocupes... Ya estoy tomando algo. Nos vemos en la tarde!-
-Ok... Si se pone pesado, golpéalo en la cabeza y arrástralo hasta aquí!-
-Jajaja va!- Colgué espérando no haberlo despertado por mi risa, pero es que no era algo tan descabellado si conocías a Nino tan bien como nosotros. Gatié hasta la puerta para averiguarlo, la suya seguía emparejada y no se oía nada fuera de lo normal. Suspiré aliviada. Una vez inflado el último globo, cargué con la caja del cumpleaños hasta su puerta. Seguía justo como lo había visto la última vez. Empujé un poquito para abrir otro tanto y metí los globos uno por uno, enredándoles las serpentinas, al final dejé flotar hacia el techo los que tenían el letrerito y metí los que no estaban inflados con helio deslizándolos por el piso. Perfecto! Volví a emparejar la puerta como él la tenía antes de mi intromisión y me fui a la cocina. La tarta estaba lista, así que la desmoldé en un platón y la decoré, incluso le puse unas velitas con la llamita simulada. Pegué algunos globos más a la barra y esparcí confeti y serpentinas encima antes de poner su postre y su regalo. Justo a tiempo. Ya no aguantaba los mocos, así que me encerré un rato en el baño. Tras despertar por completo con la ducha, me cambié de ropa, me dopé con lo que Nino me había dejado sobre la mesita de noche y me acosté. Según yo sólo quería descansar un ratito porque sentía el cuerpo cortado, pero la señora gripa me la aplicó y me quedé dormida antes de que me diese cuenta.

-Tonta...- Me despertó el roce de su mano sobre mi frente.
-Buenos días...- Aunque se hacía el duro, la verdad es que no podía disimular su inmensa felicidad. Me había perdido el show en primera fila, pero el brillo en sus ojos me decía que la sorpresa había valido la pena.
-Cómo te sientes?- No era la primera vez que se mostraba abiertamente preocupado por mí, pero esta vez me hizo particularmente feliz aunque no sabía por qué. Tal vez era sólo debido a la fiebre o a las medicinas.
-Como si me hubieran arrollado cien vacas...- Se echó a reír como un niño.
-Que estupida! Como si ya te hubiera pasado... creo que sí tienes la fiebre muy alta... aunque igual eso es algo que dirías aunque no estuvieras enferma...- No podía dejar de carcajearse. -Anda, vamos a desayunar... no pensaras que me voy a comer todo eso yo solo, verdad?-
-Cómo si no pudieras o no quisieras...- Seguía muerto de la risa. Pero era obvio que ahora se burlaba de mí.
-A mí se me hace que quieres convertirme en la cena de navidad, verdad?- Me acomodó el cabello. Sabía que se burlaba de eso, lo hacía a menudo cuando me veían al despertar.
-Que tonto! Ni quién quisiera comer caldo de hueso!-
-Ah sí?! Pues aunque no lo creas, hay cientos que quisieran llevarse este huesito sabroso a la boca...-
-Ay, Nino! Las ciegas, las discapacitadas y las ancianas no cuentan!-
-Pero al menos tengo perro que me ladre! No como otras!-
-Tienes razón... para que quiero animales? No me gustan, además para eso te tengo a ti...- Esa mirada. Creí que gozaría de inmunidad por enfermedad. Que ingenua era. Por supuesto que le valió un cacahuate y se me dejó ir para hacerme bolita, cosquillas, aplastarme, saltarme encima, despeinarme, y todo lo que se le ocurría en el momento. Y como de costumbre, traté de quitármelo de encima porque no me dejaba respirar, pero en medio de nuestra lucha, mi muñeca se torció bajo su peso y su codo se resbaló de la almohada, haciendo que se fuera contra mi rostro dándome un cabezazo. Se levantó enseguida para ver cómo estaba. Nuestros rostros estaban tan cerca que podía percibir el olor de pasta de dientes con dulce de limón que exhalaba. Ninguno de los dos dijo o hizo nada.
-Nino?- Y ahí estaba la bruja de su exnovia con su castrozo y fingido timbre de voz chillón y su cara de palo, mirándonos con los ojos como platos desde la puerta de mi habitación. Los dos nos levantamos enseguida, más por pena entre nosotros por lo que había estabo a punto de pasar que por el hecho de que ella llegara; noté que él también se había sonrojado. Sentí de golpe que la sangre resbalaba fuera de mi nariz, así que de inmediato eché la cabeza hacia atrás.
-Estás bien?-
-Sí... sobreviviré...- Busqué el trapito que seguía junto al bote de agua que había usado en la noche para bajarme la temperatura y lo oprimí contra mi nariz para levantarme e ir al baño a revisarme. Sí había sido un buen golpe, pero por alguna razón ni lo había sentido.
-Me puedes explicar qué está pasando aquí?-
-Andi, qué haces aquí? No te dije que dejaras la llave en el buzón y que no me volvieras a llamar?...- No era raro que le hablara de ese modo a la gente. Lo que sí era raro es que le hablase así a ella. Habían salido por más de cinco meses, lo cual era muchísimo si tomábamos en cuenta que mi amigo no solía salir más de cinco veces con la misma chica porque se aburría pronto de ellas y su "falta de seso" y prefería estar en casa con sus videojuegos, sus amigos, o en el peor de los casos y cuando las dos primeras opciones no aplicaban, conmigo.
-Ay, flaquito... Pero te dije que teníamos que hablar. Las cosas no pueden terminarse así, sé que todavía me amas...-
-Andi, no pierdas la poca dignidad que te queda y no me hagas que te diga algo de lo que no me voy a arrepentir después y mejor vete a tu casa, sí?... Tengo muchas cosas que hacer...- Nino había decidido terminar con ella definitivamente luego de que le montara tremendo espectáculo por un ataque de celos al verlo con una mujer mayor que él, muy guapa por cierto, entrando al carisímo restaurante de un hotel de cinco estrellas. Aquel númerito le había costado el contrato con la artista pop coreana del momento que tanto había buscado durante el año pasado. Nino estaba tan enojado con ella que la ignoro totalmente por dos semanas. Yo sabía que desde el momento en que le dijo "infiel", "mentiroso" y "traidor", él ya había decidido dejarla, pero no había querido hablar con ella mientras estuviera furioso para no decirle hasta de lo que se iba a morir, en eso nos parecíamos bastante: no actuar hasta tener la cabeza fría. Pero como que la teoría que compartía con Sakurai no estaba del todo errada, porque como que algo no le funcionaba en la cabeza a la susodicha, al grado de que hasta la fecha, seguía convencida de que Nino sólo estaba un "poquito" molesto y sólo la ignoraba para castigarla y que en cuanto se le pasara volverían a estar como sin nada.
-Flaquito! No seas así! Es tu cumpleaños!- Ay! La muy hija del mal dormir me sacaba tanto de quicio que estaba a punto de salir así como estaba, con los tapones de papel en la nariz, a correrla de la casa. Le estaba arruinando la mañana. A los dos!
-Andi, en serio... Mejor vete...-
-No, claro! Pero como no me di cuenta antes?! Si ya decía yo que eso de querer vivir con tu "mejor amiga" no era más que una tapadera! Y yo de estupida creyendo que en serio no la veías como algo más! Ja! Si ya me imagino que tu amiguita debe ser la razón de que no contestes mis llamadas ni tengas tiempo para ir a verme...- Ya me había colmado el plato. Salí hecha una furia del baño y la agarré por detrás con fuerza del cabello.
-Haber, pséudomodelo de no sé que demonios podrías promocionar con esa cara fea... Te me vas a la de ya!- La saqué de mi habitación como pude. Lo cierto es que era un poco más alta que yo y no me sentía así como super bien, pero me había enojado tanto lo que había dicho que ni me acordé de mis pequeñas desventajas.
-Suéltame, arrastrada!- En su intento por safarse, me dio un manotazo en la cara que hizo que la soltara. En cuanto se sintió libre, se volteó y me estampó contra la pared.
-Andrea! Ya basta! Déjala!-
-Y encima de todo la vas a defender?!-
-Claro que sí... ella es...-
-Ella es la zorra que se interpuso entre nosotros!-
-Disculpa?!...- Me levanté todavía medio aturdida y la empujé. -Aquí la única zorra y arrastrada eres tú!-
-Hey! Las dos! Ya basta!- Nino se interpuso entre las dos. -Tú, largo de aquí! Entiende de una buena vez que no queda nada de "nosotros" entre tú y yo, tú lo arruinaste, Andrea... Y tú, deja de arriesgar el físico a lo tonto, estás enferma!-
-Pero no voy a permitir que me ofenda ni que insinúe que le pusiste los cuernos! Ni conmigo ni con nadie! Bien dicen que el león cree que todos son de su condición...-
-Qué dijiste, escuincla estúpida?!- Se me dejó ir enojada como nunca la había visto. Ambas sabíamos que tenía una larga cola que le pisaran, por accidente me había enterado de algunas cosas por terceros, pero Nino no sabía nada de eso y la verdad era mejor que nunca se enterara.
-Andrea, ya! No voy a dejar que le vuelvas a poner una mano encima, me oíste?!-
-Ninomiya Kazunari... me estás amenazando por defender a esa babosa?!-
-Deja de insultarla... no te lo voy a permitir...- La tomó por el brazo y la jaló por el pasillo hacia la puerta.
-Cómo te atreves?! Ahora me vas a salir con que te gusta tu amiguita?!- Estaba tan enojada que casi se le podía ver en la sien una vena a punto de explotarle.
-Y si así fuera qué?!- Lo que oí me dejó estúpefacta. No creí que lo dijera en serio. Además nunca me había puesto a pensar siquiera en la posibilidad de que eso fuera posible.
-Flaquito...- Ahí estaba de nuevo su asqueroso tonito chiqueado que tantas veces había tenido que soportar.
-Dame la llave y vete, sí?-
-Pero, flaquito...- Trató de abrazarlo como siempre hacía cuando quería contentarlo después de hacerlo enojar, pero al ver que le agarraba ambas manos para quitárselas de encima, le echó una mirada asesina que le alcanzó hasta para mí.
-Sabes qué?... Quédate la llave si quieres. Cométela si te place... No pienso dejar que arruines la increíble felicidad que siento desde que desperté... Total, no pasa que cambiemos la chapa de la puerta...- Le cerró la puerta en las narices. Su expresión atónita valió cada punzada de dolor que incluso me había sacado las lágrimas. Nunca hubiera pensado que tuviera la mano tan pesada. -Estás bien?...- Casi corrió a donde estaba y me ayudó a caminar hasta el sillón. -Déjame ver...- Me quitó la mano de la nariz. Los papeles estaban llenos de sangre. -Te duele?-
-Un poco...- No pude evitar que se me escaparan un par de lágrimitas más cuando oprimió mi tabique.
-Bueno, al menos no está rota...-
-Oye!-
-Qué? Tú eres mi niña de azúcar, no?...- El comentario sumado a lo que le había dicho a ella y a nuestro momento extraño mientras jugábamos, hizo que me sonrojara.
-Kazu...- Sentí que me dolía el pecho de tan fuerte que latía mi corazón en ese momento. Un pensamiento extraño se apoderó de mi mente. Tenía que hacer algo.
-Qué?-
-Estás...-
-Eh?-
-Estás muy cerca!- Lo aparté con ambas manos empujándolo por el pecho, me levanté brusca y rápidamente y corrí a mi habitación. Había estado a punto de besar a mi mejor amigo. No. Eso no podía ser. No podía arruinar todo lo que teníamos por un impulso inexplicable de mi parte que poco a poco se había vuelto más fuerte en los últimos meses.
-Lil?- Tocaba suavemente a mi puerta.
-Quiero estar sola...- Traté de disimular el hecho de que lloraba. Odiaba que me vieran llorar.
-Segura?-
-Sí!!!- Mi celular sonaba en alguna parte. Ni siquiera me molesté en pararme y buscarlo. Había tenido suficiente por un día. Qué demonios me pasaba?

Lloré hasta que ya no tenía lágrimas que llorar. Qué hora era? Ay no! Sakurai me iba a patear! Dónde estaba Nino? Me levanté corriendo y abrí la puerta justo a tiempo para chocar con él, que al parecer había venido a ver cómo estaba.
-Te sientes mejor?- Asentí agachando la cabeza para que no me viera la cara, sabía que luciría horrible después de haber estabado de Magdalena por más de una hora. Me escabuí por su costado y me encerré en el baño luego de asentir levemente. Me lavé la cara. Cielos, lucía del asco. Era más que obvio que me habían pegado en la nariz. Comenzaba a considerar seriamente el no aparecerme por la dichosa fiesta. No, no podía hacer eso. Si yo no lo llevaba, no era seguro que el festejado se dignara a ir, ya que todo era sorpresa y no había nadie mejor que yo para llevarlo a algún lado con engaños, empezando porque probablemente era la única cuya vida no peligraba si lo hacía. Resignada salí para cambiarme de ropa, había comprado algo especialmente para la ocasión. Por fin iba a conocer a todos sus amigos y a sus novias, así que estaba un poco nerviosa y decidí ahogar mis inseguridades en el centro comercial. Nah, lo cierto es que a él le había gustado ese vestido cuando lo vimos en el aparador la semana pasada, y como a mí también me había gustado mucho, le dije que me lo autoregalaría por mi cumpleaños; a lo que siendo él, añadió que algo así nunca se vería bien en alguien como yo y que sería un desperdicio porque el vestido probablemente terminaría huyendo de mi armario. Herido mi ego con su malintencionado comentario, decidí hacer que se tragara sus palabras. Y para qué esperar hasta mi cumpleaños si podía hacerlo durante el suyo, no? -Mentirosa...- Me asustó. Estaba tan sumida en mis pensamientos que no vi que estaba recargado en la pared.
-Ahora que hice?-
-Déjame ver...- Puso sus manos sobre mis mejillas, estaba tan cerca y mirándome tan fijamente que me sonrojé. -Supongo que aunque no esté rota duele más de lo que parece, verdad?... Y tú tan nena para aguantar el dolor físico, y encima de todo, engripada... hasta yo lloraría...- Me aparté bruscamente.
-Pues por si no lo has notado, soy una chica! Así que es normal que lloré y me sienta mal a veces!- Me miró perplejo.
-Claro que sé que eres una chica, ni que estuviera ciego o fuera idiota!-
-Pues si yo fuera tú no estaría tan seguro de lo segundo...- En realidad no quería decir aquello, pero a veces su falta de tacto me hacía enojar tanto que pasaban estas cosas.
-Ah sí?... Mmm... ya veo...- No supe qué hacer. Esto no era parte de nuestra rutina de discuciones. Lo normal es que comenzara a corretearme o que me dijera también algún insulto medio pasado. Pero que se quedara callado no era bueno... o sí? Se dio media vuelta y se fue. Al ver que se disponía a ponerse los zapatos para salir, el pánico se apoderó de mí.
-Kazu!- Se detuvo antes de abrir la puerta. Pero no se volvió para mirarme. -...yo... lo siento... en realidad no quería decir eso...-
-Pero lo hiciste...-
-No te vayas... por favor... quédate conmigo...- Creo que se sorprendió tanto como yo de escucharme decir eso porque se dio la vuelta enseguida para mirarme.
-Eh?-
-Quiero que te quedes conmigo...- Algo en su semblante cambió debido a mis palabras. -...además es tu cumpleaños, y quiero estar contigo todo el día...- No pude disimular mi alegría al ver que se volvía a sentar para quitarse los zapatos. Ni siquiera yo misma supe por qué, pero corrí a abrazarlo. -Gracias...- No dijo nada. Siempre era agradable tenerlo así de cerca. Su corazón latía aprisa. Puso su mano sobre las mías, que estaban sobre su pecho y me dio una palmadita.
-Vamos a desayunar, sí?... muero de hambre... He tenido demasiadas emociones extremas con el estómago vacío...- Fuimos a la cocina. Estaba tan feliz que ni siquiera me importó que me pidiera que le preparara algo más. Igual yo también tenía hambre, ya casi era medio día y anoche no había cenado. Terminamos de desayunar y nos pusimos un rato a jugar, no debía hacerlo sospechar nada, así que tenía que ser como un domingo de weba normal. Alguien le llamó por teléfono. Sakurai le felicitaba por su cumpleaños y le preguntaba qué planes tenía para hoy, a lo que Nino respondió sin pensarlo siquiera, que se quedaría todo el día en casa porque su mascota estaba enferma y lo necesitaba, obviamente se ganó un golpe, pero fue más por costumbre que otra cosa, porque ni siquiera me molestó realmente lo que dijo. Temiendo que iniciara otra batalla épica, se paró casi corriendo tras el primer puñetazo que le di para escaparse por si había un segundo ataque. Su conversación no duró mucho y al ver que no estaba de agresiva, regresó a sentarse junto a mí.
-Con que ahora soy tu mascota?- Se reía nervioso pensando cuidadosamente qué responderme.
-Jajaja, no necesariamente,  no me importa lo que seas con tal de que el pronombre posesivo siga siendo "mi"...- Me eché a reír. Eso contaba acaso como un piropo? Este chico no tenía remedio.

Esperé hasta que se dieron las tres de la tarde. El plan inicial era quedarnos jugando sólo hasta las dos, pero que le iba a hacer?, jugar smash bros me era tan adictivo que de no ser por el recordatorio de mi celular, probablemente nos hubiera oscurecido ahí. Sabía que para esa hora ya no tardaría en darle hambre otra vez. Así que "lo invitaría a comer" por su cumpleaños, y so pretexto de que había planeado ir a su restaurante de ramen favorito, lo arrastraría conmigo a casa de Aiba.
-No mientas! Has estado jugando a escondidas, verdad?- Había pensado en dejarlo ganar un par de veces más por ser su cumple, pero esta cosa era tan enviciante que no pude evitar ganarle más veces de lo normal. Confieso que me encantaba la forma en que se ponía a hacer berrinche por ello, ponía cara de cachorrito furioso y se veía adorable.
-Jajaja, eso qué?! No es mi culpa que seas malo en esto!-
-Qué?! Uno más! El que gane éste se queda con el título del mejor jugador de smash!-
-Jajaja no lo creo caballero, si te gano te vas a poner insoportable el resto del día y tampoco pienso dejarte ganar para que me estés dando lata todo el día con que eres mejor que yo... Además quiero que me acompañes a un lugar...-
-Bueno, y tu en serio que estás mal de la cabeza o qué?- Se me acercó de repente y puso su frente contra la mía. -Todavía tienes fiebre y tienes cara de haber estado en un funeral toda la noche, en serio crees que vas a salir así a algún lado? No creo que tu vanidad esté muy de acuerdo con la idea ni que tu ego te vaya a hacer segunda...- Golpe bajo. Odiaba que me conociera tan bien. Pero mañana entendería cuán especial es para mí, que incluso me atreví a amarrar con cinta de secuestro a mi vanidad y a mi ego y a encerrarlos dentro del armario con tal de hacerlo feliz.
-Ahmm... Eso se puede arreglar... Quieres salir conmigo sí o no?- Me levanté del sillón. La verdad esperaba no tener que rogarle, así que poner un poquito de su parte sería bueno para mí.
-Si lo pones así, no me resulta nada atractiva la idea, sabes?... Si quieres que te dé pulmonía, no seré complice, así que paso, tengo un juego nuevo que acabar y doce horas para conseguirlo...- Que ingenua que era. Debí darle su regalo justo un minuto antes de que se diera la medianoche. Suspiré y puse cara de triste resignación.
-Ok...- Sonrió y quitó las cosas del sillón, creo que pensó que me estaba rindiendo y que volvería a sentarme junto a él para seguir jugando. Me hubiera gustado ver su cara cuando me di la vuelta y me fui a mi cuarto.

Contaba con que el vestido nuevo fuera motivación suficiente para despegarlo del Wii, así que a propósito desfilé con él hasta la cocina para "tomar un poco de agua" antes de volver a desaparecer para plancharme el pelo y terminar de arreglarme. Al principio me desmoralizó no ver ni la más mínima reacción en él, pero de pronto reparé en que no escuchaba nada excepto mi música, bajé el volumen sólo para comprobar que ya no se oía nada más en la casa. Acaso tenía ojos en la nuca o qué? Ni siquiera se había dignado a voltearme a ver. Aún así había funcionado mi plan? Terminé de arreglarme cuanto antes. Quería ver su cara cuando me viera. Estaba tan emocionada que mi corazón latía más aprisa. Se sentía tan bien salirme con la mía. Pero como siempre, pasé de tocar el cielo a besar el suelo. Claro, cómo quería escuchar algo si el juego estaba pausado porque el niño estaba en el baño. Estaba tan molesta que me puse los zapatos, metí mis cosas a la bolsa, agarré mis llaves, obvio no me iba a volver a pasar lo de ayer, y abrí la puerta.
-Ya me voy!- Grité desde la entrada y salí cerrando la puerta de golpé. Tenía que pensar un plan B, la fiesta no se iba a arruinar por culpa de mi orgullo herido. Caminaba tan despacio que parecía que jugaba gallo-gallina, cualquiera que me viera juraría que estaba loca, porque obviamente iba hablando sola diciéndole al viento todo lo que no le había dicho a él en su cara. Debo confesar que lo que me dolía era que ni siquiera me hubiera volteado a ver, después de todo quería verme linda hoy para él.
-Vas sola o qué?!- Al oír su voz me detuve en seco creyendo que ya hasta alucinaba. Me di media vuelta y vi que venía caminando tranquilamente un par de pasos detrás de mí, se había cambiado de ropa para ir más adoc conmigo y la verdad es que se veía muy bien. De pronto caí en cuentas de todo lo que venía parloteando y me puse roja hasta las orejas, seguramente me había escuchado.
-Qué haces aquí? No tenías un juego que terminar para antes de la medianoche?-
-Sí, así es pero, también tengo a alguien que quiere mi maravillosa compañía y que a diferencia del juego, se esforzó en verse bien para mí... aunque la verdad no noto mucho la diferencia...- Me barrió de pies a cabeza con la mano en la barbilla. Acaso se estaba burlando de mí o era esa su forma de darme un halago? Me pasó de largo y siguió caminando, cómo debía tomar su comentario después de esa sonrisa sarcástica? 
-Disculpa?- Ni siquiera se giró para ver si lo seguía.
-Te vas a quedar ahí o qué?...- Se regresó hasta donde estaba y me tomó de la mano. -...si te quedas ahí parada con este sol te va a salir sangre de la nariz...- No era la primera vez que me tomaba de la mano, pero nunca antes lo había hecho de esta forma, normalmente lo hacía para arrastrarme consigo a algún lado por lo que terminábamos robobatallando para que me soltara. -...además... no quiero que se te vaya a acercar nadie a quererte ligar...- Se había sonrojado? Realmente había dicho lo que había escuchado? Una sensación chistosa me golpeó entre el pecho y el estómago. Inevitablemente una estupida sonrisita de felicidad se dibujó en mi rostro y aferré su mano con fuerza. Era agradable sentir su calor contra mi piel.

Caminámos hasta el metro. Como supuse, iba tan metido en nuestra conversación que ni se fijaba a dónde lo llevaba; siempre hacía éso, si yo sabía a dónde ibámos él se atenía a mí porque sabe que siempre sé por donde vamos y voy viendo el camino aunque vaya hablando con él; a veces incluso se queda dormido mientras escuchamos música, muchas veces he estado tentada de dejarlo en el bus o en el tren para que se le quite lo aprovechado, pero siempre me gana la culpa y terminó despertándolo justo a tiempo para bajarnos. Ibamos recargados en la puerta del otro lado platicando sobre cómo le había ido ayer en su entrevista de trabajo, siempre había pensado que tenía un increíble talento musical, yo lo admiraba y lo respetaba por ello, pero después de escuchar que el agente le había ofrecido el doble de sueldo después de que él rechazara su oferta de trabajo, me hizo pensar que yo apenas si tenía idea de todo el potencial que tenía, después de todo esa agencia era muy importante en la industria musical y tenían firmados a muchos de los ídolos del momento y estaban tan interesados en contratarle que hasta le habían rogado, lo cual seguramente le encantó y le subió el ego hasta las nubes. Ahora teníamos incluso más razones para celebrar, porque además de su cumpleaños tenía un cuantioso contrato de tres años con AvexTrax como letrista y compositor. Me sentí tan feliz y orgullosa de él cuando me lo dijo que no pude evitar abrazarlo. Había alcanzado uno de sus tres mayores sueños, así que éso améritaba ese abrazo y todos lo que quisiera. Además de que mi efusiva muestra de afecto no parecía molestarme en lo más mínimo.
-A veces creo que eres bipolar...- Y no lo culpaba, de pronto me di cuenta de cómo nos miraba la gente y lo solté enseguida, estaba tan apenada que hasta la sonrisa se me fue de la cara.
-Es que... olvidé que no te gusta que haga estas cosas en la calle porque te da pena que vean...-
-No pasa nada... nunca me ha molestado en realidad... era sólo que cuando lo haces, yo...- No alcancé a escuchar lo último que había dicho, las puertas se habían abierto y una multitud bulliciosa de domingo por la tarde nos compactó contra el cristal. Alguien me estaba aplastando, así que Nino pasó su brazo alrededor de mi cintura y me pegó contra su pecho, apoyando su otra mano contra la puerta para que no siguieran empujándonos. Era la primera vez que lo tenía tan cerca. Olía tan bien y se sentía tan cálido. Mi corazón latía aprisa debido a las tonterías que pasaron por mi mente en ese momento. -...estás bien?- Habían subido más personas de las que habían bajado, otra vez nos habían hechó sandwitch, algo había arañado mi brazo, por lo que al oír que me quejaba se apresuró a preguntarme qué tenía.
-Sí... creo... cuandos bajemos lo averiguaré...-
-Ok, no te preocupes, de seguro muchos bajarán en la próxima estación...- Tenía razón, y yo misma contaba con ello, ya había pasado por esto cuando se me ocurría la fantastibulosa idea de salir el domingo por la tarde, pero lo bueno es que todo mundo iba al centro y yo podía volver a respirar aire puro después de que se bajaran. Esta vez, sin embargo, no estaba muy segura de querer que eso pasara, porque seguramente una vez que hubiera menos gente, dejaría de abrazarme de este modo. La puerta se abrió al llegar y la horda bajó dejándonos solos en ese pequeño rincón donde no escuchaba nada excepto los latidos de nuestros corazones. -Haber, déjame ver...- Sí, al final me había soltado.
-Duele...- Cuando me agarró el brazo para ver qué me había pasado, le atinó a poner sus dedos justo donde estaba la herida.
-Mmm... creo que vivirás. Tienes una bandita?- Yo no alcancé a ver bien, pero podía distinguir la línea roja que contrastaba con la claridad de mi piel.
-Sí, debe haber una en mi cartera...- La busqué y la destapé para ponérmela, pero me la quitó para hacerlo él mismo.
-Listo...- Esa sonrisa. Si bien siempre me había parecido divina debido al aire angélical que le confería, ahora hizo que se me desbocara el corazón a mil por hora. Cómo podía alguien sobrevivir a esa sonrisa? -Te sientes mal?- De inmediato puso su mano sobre mi frente al ver que mis mejillas se teñían de rojo.
-No, estoy bien...- Bajé la cabeza para que no me mirara y me sujeté del pasamanos que tenía a un lado con fuerza para sentir que no estaba soñando, y mirando las pequeñas luces del túnel que brillaban en medio de la oscuridad contempleaba su reflejo a través del cristal. Dos estaciones después nos bajamos.

-A dónde vamos?- Por fin había notado que nos habíamos desviado del destino prometido. -No dijiste que iríamos a comer ramen? El restaurante no está por aquí...- Era obvio que el restaurante no estaba ni cerca, pero su GPS mental estaba un poco confundido ya que no vio en que estación nos habíamos bajado.
-Te golpeaste en la cabeza cuando veníamos en el metro?... Claro que es por aquí, crees que no sé llegar a donde vamos?... Es sólo que antes quiero pasar a comprar algo... no seas paranoico! Ni que fuera secuestrarte para asaltarte y violarte en un callejón desierto en cuanto oscurezca... sólo nos hemos desviado un par de calles...-
-Qué?! Uno nunca sabe... Temo por mi integridad física y mental... No es mi culpa que Dios me haya hecho tan guapo, sexy y encantador y que todas se mueran por mí...-
-Jajajaja! No te diré lo que estoy pensando sólo porque es tu cumple...-
-Eh?... Dilo!-
-No! Quiero vivir un poco más...-
-Eso qué?! Ni que te fuera a hacer qué?-
-Contigo nunca se sabe...-
-Ah, si?!- Echamos a correr calle abajo, yo huyendo de un castigo seguro, él tratando de alcanzarme para torturarme de algún modo hasta que le dijera. Pero sólo una cosa era segura: no pensaba decirle que yo era la única demente en este planeta que lo consideraba guapo, sexy y encantador.

Saqué mi celular para revisar la dirección, no le había mentido cuando dije que nos habíamos desvíado un poco del camino porque quería ir a un lugar antes. Cerca de casa de Aiba había una tienda de antigüedades que quería visitar, había estado buscando mi regalo de cumpleaños en internet y lo había encontrado en ese sitio, así que quería verlo con mis propios ojos y si seguía pareciéndome tan maravilloso, hablaría con el dueño para que me lo apartara o algo hasta que me pagaran la próxima quincena.
-Podemos entrar un momento?- Sabía que con esta carita no me iba a decir que no.
-Seguro... Pero, por qué aquí?-
-Estoy buscando algo...-
-Y se puede saber qué?-
-Cuando lo vea serás el primero en saberlo...- Abrí la puerta y entramos. Ah, como amaba ese olor. El propietario era un hombre ya un poco mayor de voz profunda y amable que nos dio la bienvenida con una sonrisa. Caminamos mirando por todos los estantes y pasillos. A menudo veía cosas que llamaban mi atención, de igual modo vimos cosas que le gustaron a Nino. Amaba estas tiendas porque era como entrar en el cuarto del tesoro. Era fascinante como cada objeto tenía su propia historia, eso era algo que ambos pensábamos.
-Mira... no te parece bonito?-
-Sí, mucho...- Había encontrado una lámpara decorada con mariposas.
-Apuesto a que buscabas esto y ahora estás feliz de que lo haya encontrado para ti...- Me reí.
-Es muy lindo, pero no creo que sea lo que estoy buscando...-
-En serio?... casi hubiera jurado a que era ésto...-
-No, me temo que no...- Fui a ver otras cosas en el estante detrás de él. Parecía decepcionado, pero en realidad no había razón, de no haber sido porque sabía justo lo que quería, me hubiera traumado con esa lámpara y seguramente me la habría llevado a casa en cuanto tuviera la oportunidad.
-Y qué te parece éste?- Escuché su voz lejana, así que me giré sólo para comprobar que ya no estaba detrás de mí. Lo encontré un par de estantes más adelante cerca del mostrador.
-Ah!...- No pude disimular mi exceso de emoción, así que corrí hasta donde estaba parado. Me miraba con una gran sonrisa de satisfacción.
-Lo sabía... lo ví y supe que era la elegida... es tan tú que no sé como viviste 25 años de tu vida sin ella...-
-Sí... La amé desde la primera vez que la ví...- Ahora yo también le sonreía. Sería su día, pero era el día más extraño, mágico y hermoso de mi vida.
-Vas a comprarla?-
-Ahora no, pero lo haré... Será mi regalo de cumpleaños...- Estaba muy feliz como para poder describirlo con palabras. Fui al mostrador a hablar con el dueño. Nino se quedó ahí mirando algunas cosas más.
-Pues no puedo apartártela si no dejas al menos la mitad, querida... Han venido muchas personas interesadas en esa caja musical.-
-Entiendo... puede esperar al menos hasta mañana, definitivamente volveré mañana antes de las seis para traerle el dinero...-
-De acuerdo, pero si alguien quiere comprarla, no tendré más remedio que vendérsela...- Comprendía su postura, era su fuente de ingresos, y aunque quisiera, yo no tenía forma de conseguir todo el dinero de un día para otro.
-Nos vamos?... Ahora sí muero de hambre...-
-Sí, vámonos... volveré mañana...-
-De acuerdo, pequeña... Esperemos que no venga nadie por ella...-

Salí de la tienda con un nudo en la garganta. Había estado buscando esa caja de música desde que Sakurai me mostró una foto que encontró en internet, usarían eso como concepto para el diseño de los aparadores de otoño. No exageraba cuando decía que había sido como amor a primera vista. Por desgracia no se acordaba de donde había bajado la imagen. Así que estuve por un par de meses buscando como loca por toda la web.
-Y esa cara larga?... no me haces caso desde que salimos de la tienda y ya me cansé de ir hablando solo...-
-Lo siento... No era mi intención ignorarte...-
-Tanto cuesta que no puedes pagarla o es que no quiso vendértela?-
-No puedo pagarla hasta fin de mes, así que si alguien quiere comprarla en ese lapso, tendrá que venderla...- Se quedó callado.
-Y si te compro algo más lindo para tu cumple dejarás de poner esa cara de perrito desamparado?-
-Oye!!!-
-Qué?! Así te ves justo ahora... Quien te viera pensaría que soy un mal novio y que te hice o te dije algo horrible...- Esta vez fui yo quien guardó silencio. Sabía que sólo lo decía por decir pero sus palabras hicieron eco dentro de mi cabeza.
-Eso no podría ser...-
-Qué cosa?-
-Lo de que...- Mi celular comenzó a sonar. Fue hasta entonces que vi qué hora era. Habíamos estado en la tienda más tiempo del que había imaginado. Ni siquiera me había dado cuenta de que ya estaba oscureciendo -Diga?- Sí, sabía que sería Sakurai, faltaban quince minutos para las siete y habíamos quedado a las seis. -Sí, estoy bien... Ahorita? Iré a comer, bueno, mas bien a cenar ramen... Ok, nos vemos...-
-Quién era que hasta te sonrojaste?-
-Sakurai...-
-Sho?... Y para qué te llama?-
-Estaba preocupado por mí, por la gripa, quería saber cómo seguía y si ya había comido...-
-Mmm... no sabía que los jefes debieran preocuparse de ese modo por sus empleadas...-
-Pues no lo hace porque trabaje para él, sabes?-
-Y eso qué significa?... Acaso son más que jefe-empleada?-
-Pues claro que sí, tontito... Somo tus mejores amigos, así que eso nos convierte en mejores amigos, además Sakurai me cae muy bien y es una persona muy interesante...-
-Sí, claro, así empiezan...-
-Kazu, podría ser que estés celoso?-
-Celoso? Já! Ni que tuviera motivos...- Era tan obvio cuando mentía.
-Pues yo creo que sí los tienes... sólo que eres muy orgulloso como para admitir que no te gusta que me lleve tanto con Sakurai cuando tú no estás...-
-Pues sí, fíjate! No me gusta nadita!... Ya te lo dije, tú eres mi...- Se calló al ver mi puño tan cerca de su cara y mi cara de "atrévete y te mato".
-Si vuelves a decir que soy tu mascota te tumbo los dientes de un puñetazo aunque me rompa la mano!-
-Qué agresiva! Pues no iba a decir eso...-
-Ah no?... No sé por qué me cuesta creerlo...- Le piqué la mejilla con la punta del dedo índice. -Disfrutas haciéndome maldades cada segundo del día que me tienes cerca, por qué habrías de tentarte el corazón en esta ocasión?- Le pegué en la nariz con el dedo, sabía que eso le molestaba, el niño gustaba de hacérmelo a mí pero odiaba que se lo hicieran a él. Como era de esperarse me echó esa mirada, así que supe que era momento de empezar a correr.

Y así, mientras hacíamos el tonto como de costumbre, llegamos al vecindario donde vivía Aiba antes de que nos diéramos cuenta. Doblé a la derecha asegurándome de que me viera y de que iría detrás de mí. Sabía cuánto le molestaba que le sacara la lengua, así que lo hice al llegar a la esquina y seguí corriendo hasta llegar a la casa, donde me escondí detrás de unos arbustos del jardín.
-Dónde diablos se metió?...- Caminaba sin prisas mirando a todos lados buscándome. Salí por detrás en silencio y le tapé los ojos.
-Esto es un asalto...- Le susurré bajito al oído mientras lo jalaba hacia adentro.
-No hagas eso!- Trataba de quitar mis manos pero no se lo permití.
-Tú lo dijiste... uno nunca sabe...-
-Deja de hacer eso o atente a las consecuencias!-
-Ah, sí?... Uy que miedo!- Lo llevé hasta el patio trasero, que era donde estarían todos. Me costó mucho reprimir mis ganas de soltar una tremenda cárcajada cuando vi sus caras de sorpresa al ver que literalmente lo iba arrastrando mientras me amenazaba y se retorcía en un vago e inútil intento por liberarse de mí. Todas las luces del patio estaban apagadas. Lo solté y eché a correr hacia donde divisé las siluetas.
-Lil?-
-SORPRESA!!!- Encendieron las luces mientras todos gritábamos y un montón de globos, serpentinas y confeti salían lanzados hacia donde Nino estaba de pie con cara de "no me lo puedo creer" mezclada con sopresa y una sonrisa inocente de felicidad.
-Tú! Planeaste todo para traerme aquí?- Vio a todos sus amigos y amigas reunidas ahí, nada más y nada menos que en casa de Aiba.
-Yeap!... Sakurai y Sandrita me ayudaron, sin ellos no se hubiera podido hacer nada...- Caminó hasta donde estábamos. Creo que todos temimos por mi alma.
-Qué hubieras hecho si no hubiera aceptado a ir a comer ramen contigo?...-
-Te hubiera golpeado con el tanque de helio en la cabeza y te hubiera arrastrado hasta aquí en un taxi...-
-QUÉ?!!!- Todos rompieron a carcajadas al ver su cara de incredulidad absoluta por la seriedad con la que había dicho aquello. Sólo Sakurai y yo reíamos de nuestra pequeña broma local intercambiando miradas de complicidad.

La velada había sido perfecta, bueno, si no contábamos el hecho de que al notar el "pequeño" moretón en mi cara todos le habían reclamado a Nino en broma que ya no fuera tan salvaje conmigo después de todo lo que había hecho ese día para demostrarle cuánto lo quería. Por fin conocí al amigo del que tanto hablaban y con el que tanto me comparaban, y que el cielo nos ampare de que Jun y yo terminemos peleando un día, porque de seguro eso sería el fin del mundo, por primera vez conocía a alguien con el mismo cáracter mamoncito que yo; pero entendí a la perfección la razón de que Sandra anduviera con él desde hacía tanto tiempo, la verdad es que se complementaban de un modo genial y eran una pareja bastante fashionista. A Aiba-kun lo había conocido la semana pasada cuando Sakurai me trajo a su casa para traer cosas que yo había hecho y comprado para la decoración, era un chico muy dulce y aunque no creí que tuviera novia, la verdad es que Shii era perfecta para él, ella lograba equilibrar sus excesos de energía, aunque a veces se pasara de tranquila, ya la haríamos hablar más. Con Ohno había coincidido un par de veces porque era muy cercano a Nino y cuando lo invitaba a ver sus exposiciones de arte, me llevaba para no aburrirse, ahí había conocido también a Zora, su prometida, que por alguna razón siempre se estaba peleando con Nino, pero como conmigo siempre se portaba muy linda, me caía bien por esas dos cosas. Lo que si no me esperaba fue ver a Sakurai con una chica y un par de bebés, estaba casado y yo era la única que no tenía ni idea; no pude evitar sonrojarme al extremo al recordar todas las veces en que le había tirado la onda cuando me la presentó, pero entonces entendí por qué siempre parecía tener prisa en ir a casa saliendo del trabajo, no era para menos, teniendo que cuidar gemelos ya me imagino la patoaventura que eso representaba; al principio parecía muy seria, pero después de que Sandra y Zora empezaran a sacarle platica, Xo se mostró más abierta y la verdad es que parecía perfecta para Sakurai, era un buen consuelo saber que al menos no era gay y no andaba con una tipeja como la ex de Nino. El resto de sus amigos estaban tan loquitos como Nino pero eran igual de geniales y atractivos que sus mejores amigos. De pronto me pregunté si no les hacía casting o algo así. Lo sé, era una idea estúpida, pero sí lo creía capaz.  Al ver a tanta gente desconocida me pregunté por qué nunca antes los había visto si al parecer los frecuentaba seguido; bueno, igual qué esperaba, ni que fuera su novia para conocer a toda la gente con la que se relaciona.

Como era de suponerse, los primeros en despedirse fueron Sho y Xo porque tenían que volver a casa temprano para aprovechar a dormir ahora que los gemelos estaban profundamente dormidos. Después se fueron Ohno y Zora, quien aunque todavía quería seguir en la fiesta, recordó que Ohno tendría trabajo temprano por la mañana en la galería. Ya casi a la una de la mañana se despidieron Sandra y Jun, y aprovechando que vivían cerca, se ofrecieron para llevar a Shii a su casa, así que después de que se fuera, Aiba estuvo un poco triste, pero sólo fue por un rato porque Ryo-chan y Jin lo emborracharon, pese a los esfuerzos de Toma por detenerlos, hasta que el pobre acabó dormido en la banquita del jardín. El resto de sus amigos se fueron pasadas las dos de la mañana, no sin antes llevar al pobre de Aiba al sillón. Nino tenía ya un rato que estaba raro conmigo, pero no quise darle mucha importancia porque siendo él, bien podría estar sentido porque siempre no lo llevé a comer ramen, enojado porque hice todo a sus espaldas y esta vez sí, ni cuenta se dio, emberrinchado porque ya moría de sueño o, en su defecto, indignado porque ya no podría terminar su bendito juego. Así que mientras yo me despedía de Ryo-chan y de Toma, que eran sus amigos con los que más convivía además de Sakurai y con los que mejor me llevaba por ser casi de la misma edad que yo, además de que eran los que a menudo iban a la casa a jugar videojuegos los fines de semana o con los que salíamos de vacaciones, Nino se quedó viendo tele en la sala.
-Por fin terminaste de despedirte de tus "amiguitos"?-
-Eso qué?... Son tus amigos, pero nos llevamos bien y después de tanto convivir con ellos, se han vuelto también mis amigos... creí que eso te agradaba. No tienes por qué ponerte así...- Empecé a levantar lo que había quedado tirado en el comedor y en la cocina después de la cena.
-Pues parecías muy feliz bailando con Iku, yo no me pongo así cuando veo a mis amigos...-
-Obvio! Sí lo hicieras, pensaría que tus conquistas son sólo la tapadera para ocultar tus verdaderas inclinaciones sexuales...- Abrió los ojos de par en par. Su expresión me recordó al cangrejo de la Sirenita, así que eché a reír. -Lo digo en juego, ya quita esa cara... Y entonces?-
-Qué cosa?- Bien, oficialmente estaba enojado conmigo, ese tono lo confirmaba.
-Ahora qué fue lo que hice que estás de amargocito conmigo desde que llegaron tus amigos de la escuela?- Sí, tal vez nadie se hubiera dado cuenta porque el niño andaba de socialitos con todos, pero desde que HaseJun puso la música y me sacó a bailar Toma luego de que Nino me dejara con la mano estirada cuando lo quise sacar a bailar, se había dedicado a ignorarme, claro, menos cuando quería que le sirviera algo para beber o comer porque entonces me dedicaba una sonrisa fingida y si se dignaba a dirigirme la palabra, pero en cuanto las chicas se dieron cuenta se lo agarraron de bajada por pasadito, lo cual seguramente contribuyó a su mal genio.
-Nada...-
-Tú nunca te pones así por nada...- Ahora recogía la basura que había quedado en el jardín, se me hacía mala onda dejarle todo el tiradero a Aiba con todo y que fuera su día de descanso y se hubiera ofrecido a recoger todo él solo, el pobre amanecería seguramente con una resaca espantosa.
-Puedes dejar de andar de aquí para con esa maldita bolsa de basura mientras hablas conmigo?!- Me la arrebató de la mano y la aventó al piso. Ahora era yo quien tenía la boca abierta hasta suelo.
-Sabes qué?... Ya duérmete, mañana que andes menos neuras hablamos...- Sabía que si nos poníamos a discutir en ese momento, todo lo bueno del día habría pasado a valer cacahuate por una estupidez, además estaba cansada y me sentía mal otra vez porque no se me ocurrió traerme un suéter por haber estado haciendo corajes con el niño en la tarde; en serio que lo que menos quería era ponerme a pelear con él, ya habían sido demasiadas emociones extremas made in Ninomiya por un día. Entré por mis cosas y lo dejé en el patio a hacer sus rabietas, me salí por la puerta principal para que no me detuviera, estaba totalmente decidida a tomar un taxi en la avenida para irme a casa, anhelaba mi cama y una taza de té con miel y limón con toda el alma, tal vez llorar un rato y dormirme.

Casi se me sale el corazón del pecho cuando sentí que me sujetaban del brazo y me jaloneaban hacia atrás, no era paranoica pero sentía como que me seguían desde que di vuelta en la esquina. Solté un golpe con todas mis fuerzas para que me soltara, pero por suerte no alcancé su rostro. Agarró mi mano y la bajó para verme a los ojos, me sentí tan aliviada de que fuera él.
-Neta que estás mal de la cabeza, verdad? Cómo se te ocurre irte sola a estas horas?- Quería gritar, golpearlo, llorar y abrazarlo en ese momento.
-Qué haces aquí?- Apenas si se escuchaba mi voz debido al nudo en mi garganta.
-Shhh...- Me abrazó y me puso contra la pared. -Mensa, que no viste a ese fulano desde que saliste?- Dijo en voz baja. Me asomé por sobre su hombro, alcancé a notar una figura que se movía a paso lento en la acera de enfrente.
-No... no lo vi...- Me asusté de pensar lo que pudo haberme pasado de no llegar Nino. Empecé a temblar. No pude seguir conteniéndolas. Mis lágrimas resbalaban en silencio por mis mejillas. El tipo siguió su camino calle arriba. Nino lo miraba fijamente de un modo casi aterrador.
-Ya pasó... oye, estás bien?- Me sujetaba por los hombros buscando mi rostro con la mirada, no quería que me viera llorar otra vez. Negué con la cabeza. Me abrazó nuevamente. Pero esta vez fue diferente, me abrazaba con cariño. -Tranquila, no iba a dejar que te pasara nada...- Pasaba su mano sobre mi cabello tratando de calmarme. -Lo siento, ésto no hubiera pasado si no me hubiera puesto de pesado hace rato...- Apoyó ambas manos sobre mis mejillas y secó mis lágrimas con sus dedos. Yo seguía abrazándome en un burdo intento por tranquilizarme a mí misma con la mirada clavada en el piso. -Oye, mírame...- Sus manos se sentían agradablemente cálidas sobre mi cara. Lo miré aunque no quería que me viera así. En sus ojos había preocupación. De pronto sentí que algo se desbordaba dentro de mí y antes de que alcanzara a entender lo qué era, las palabras ya se habían escapado en medio de un llanto desesperado.
-Sé que siempre te estoy molestando, que me ves como un amigo con quien compartir tus hobbies más que como una chica, que no soy para ti más que un gatito abandonado al que decidiste llevar a tu casa para jugar con él cuando estás aburrido, que mi comida no te gusta, que no te agrada tener que preocuparte por mí cuando me pasa algo, que te avergüenza que te vean conmigo en la calle porque soy muy efusiva y escandalosa, que te desagrada que te haga muestras de cariño en público, que no soportas que critique lo que haces, que odias mi música, que no soportas a mis amigos y que no te parece que me lleve bien con tus amigos, pero la verdad es que yo...- Mi voz quedó ahogada entre sus labios. Mi corazón latía como si quisiera abandonar mi cuerpo.
-No seas tonta... nada de eso es cierto... sólo lo hago para llamar tu atención...- Susurró esas palabras sobre mis labios antes de besarme otra vez. -Soy malo en estas cosas, nunca sé qué hacer o decir para expresar lo que siento y termino arruinándolo todo...- Me abrazó con fuerza. -La verdad es que me gustas mucho... No sé cuándo empecé a sentir ésto, pero cuando menos pensé ya me había enamorado de ti...- Creo que sólo lo hizo para que no lo viera decirme aquello.
-Kazu...-
-Lo siento... No debí enojarme contigo, y menos después de todo lo que hiciste para hacerme feliz este día... es sólo que no quería que nadie más te tuviera hoy, te arreglaste especialmente para mí; te lo dije, no me importa lo que quieras ser mientras seas mía... No pude controlarme cuando vi cómo te miraba Ryo y todo valió cuando te fuiste a bailar con Iku...- Ahora fui yo quien lo calló con un beso.
-Tonto... No puedo ver a nadie más del modo en que te veo a ti... Creo que soy la única demente en este planeta que piensa que eres guapo, sexy y encantador...- Los dos nos quedamos callados mientras sonreíamos. Estornudé.
-Ven...- Se quitó la camisa de franela que llevaba sobre la playera y me la puso, frotando mis brazos para que entrara en calor. -Será mejor que volvamos a casa de Aiba, no es buena idea seguir aquí con este frío, y hay que bajarte la fiebre antes de ir a casa si no queremos que te dé pulmonía o algo así...- Por inercia me toqué la frente y las mejillas, efectivamente, tenía la temperatura más alta que cuando salí, y no, en nada tenía que ver Nino con ello.

Después de terminar de medio recoger todo, apagar las luces de adentro y cerrar las puertas, salimos de casa de Aiba caminando de la mano en silencio.
-Puedo preguntar a qué se debe esa enorme sonrisa?- No era que me molestara que sonriera de ese modo, simplemente tenía curiosidad por saber cuál era el motivo. Ok, lo confieso, sólo quería saber si yo era el motivo.
-Sí, si puedes preguntar...- No dijo nada más durante un rato.
-Y? No vas a decirme?-
-Dije que sí podías preguntar, no que iba a responderte...-
-Oye! Dime!- Ahora era yo quien lo perseguía por la calle tratando de alcanzarlo para hacer que me dijera. -Qué nunca has oído que la curiosidad mató a la gatita?!-
-Lo bueno es que todavía te quedan otras ocho vidas...- Sin importar cuál fuera la etiqueta que existiera entre nosotros, nuestra relación seguiría siendo tan única y especial como siempre.

-Gracias...-
-Por qué?-
-Ah, no lo sé... por todo, supongo... Ha sido el mejor cumpleaños de mi vida...-
-En serio?-
-Sí... gracias...-
-Y ese beso?-
-Fue tu premio por portarte bien con tu amo y hacerlo feliz...- Lo pateé tan fuerte que terminó en el piso. -Oye! Que agresiva, estaba jugando...-
-Agradece que por el beso no te tumbé los dientes de un puñetazo como te lo prometí y que sólo te tiré de la cama...-
-A dónde vas?-
-A mi cama...-
-No! Quédate conmigo...-
-Kazu... estoy enferma y tengo que ir mañana a trabajar, necesito dormir...-
-Puedes hacerlo aquí...-
-Lo dudo... La verdad es que lo que menos quiero es contagiarte... No quiero pasar por lo mismo de la última vez...-
-Oye! No deberías decir esas cosas por haberme cuidado cuando me enfermé...-
-Kazu, ni tú te aguantabas, neta que no sé ni como sobreviví a esa semana...- Esa risita no era buena señal.
-La verdad es que la gripa sólo me duró tres días, me sentía tan feliz con tu exceso de atención hacia mi persona que me fingí enfermó los otros cuatro días...- Le lancé un almohadazo presa de una ira reprimida.
-Ay! Juro que eres mi castigo por estar tan loca como para enamorarme de ti!- Le dije molesta desde la puerta antes de cerrarla al salir. Ah, mi amada cama. Estaba tan cansada que se me cerraban solos los ojitos.
-Eso quiere decir que el próximo año, además de regalo de cumpleaños, me darás regalo de aniversario?!- Abrió de golpe movido por un exceso de felicidad producto de su avára mentecita adicta a los videojuegos.
-YA DÉJAME DORMIR!!!- Y otra almohada salió volando hacia la puerta que se cerró justo a tiempo para que no se la estampara en la cara.
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