Una gota de color. (YamaChii)



Título: Una gota de color.
Autor: Lilith
Pairing: Yamada + Chinen
Fandom: Hey! Say! JUMP
 ~Memories- Hey! Say! JUMP~
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst, Escolar, AU
(N/A: Historia paralela del fic "La Música Perfecta" ^^b)





-Qué vas a hacer durante las vacaciones, Yama-chan?...- Su pregunta me tomó por sorpresa, lo cierto es que no tenía ni la más remota idea de los planes que tendría mi familia, si es que había algunos; hacía mucho que no íbamos todos juntos durante las vacaciones de verano, por lo general mi hermana mayor y yo terminábamos yendo a casa de la abuela en Hokkaido, mientras mi hermana menor y mi madre se quedaban en casa con mi papá saliendo de vez en cuando de paseo. Yuto por el contrario no salía a ningún lado en esa época porque eran sus primos quienes venían de visita.

-Mmm... yo también me lo pregunto... mis padres no han dicho nada al respecto, por qué?, tienes alguna idea?...- A veces se le ocurrían cosas tontas pero que siempre resultaban geniales y la verdad es que este verano no me llamaba en lo más mínimo pasar todo el tiempo con mi hermana.

-Es que Kame-chan me llamó esta mañana, parece que pasará las vacaciones en mi casa, viene con un amigo suyo, parece que su amigo conoce a alguien que tiene una banda, dijo que eran geniales, creo que darán un concierto la próxima semana y quería saber si... quieres ir conmigo... Qué dices?- Ahí estaba de nuevo esa carita de cachorro abandonado que me ponía siempre que en realidad quería algo y no sabía como pedirlo.

-Ok... Sí estoy aquí para entonces, iré contigo al dichoso concierto... Pero que quedé constatado que sólo me estás utilizando porque sabes que tu primo no te va a hacer caso porque estarán ahí sus amigos...-

-Cómo lo supiste?!!!- Abrió los ojos como platos. Era tan fácil hacerlo tener esa reacción, a veces me preocupaba que fuera tan inocente.

-Es que siempre eres demasiado obvio... todo se te nota a través de los ojos...-

-En serio?!!!- Corrió al baño para mirarse en el espejo.

-Jajajajaja... no tienes remedio, sabes?!-

-De nuevo me estás tomando el pelo, verdad?-

-No... sólo hablaba en lenguaje figurado...- Seguimos otro rato haciendo el tonto hasta que el sol comenzó a descender y se hizo hora de que mi mejor amigo volviera a casa, así que lo acompañé a la estación del metro y nos despedimos como de costumbre con uno de sus chistes malos que extrañamente sí eran graciosos, sólo por el hecho de que él los contara. Cené y me dormí, Yuto vendría por mí a medio día para ir al parque de diversiones. A veces me costaba creer que sólo le gustaba ir por los granizados que vendían en la fuente de sodas. Pero como siempre nos divertíamos como locos estando ahí, nunca le decía que no.

-Ohayoooou~!- Escuché fuerte y clara su voz desde la banqueta. Entreabrí los ojos enojado porque llegaba mucho antes de la hora acordada y yo moría de sueño, pero al ver qué hora era en mi celular, hasta me caí de la cama del susto. Me levanté corriendo y me medio vestí mientras me lavaba los dientes. Tomé mi gorra favorita y bajé a toda prisa.

-Ya me voy mamá!...-

-Que te vaya bien, Ryo-chan!- Cerré la puerta al salir y bajé la cabeza uniendo ambas manos a la altura de mi cara para pedir perdón.

-Gomen, gomen... No me fijé que la hora de mi despertador estaba mal...-

-Jajajaja... ven...- Yuto se me acercó al ver que no me movía y me quitó la gorra, estaba muerto de risa. Por las prisas ni siquiera me miré en el espejo antes de salir como de costumbre, así que no me fijé que tenía un calcetín en la cabeza, el cual seguramente estaba en la gorra y yo ni cuenta me di.

-Oh... Gracias...- Me metió el calcetín en el bolsillo de la bermuda. Me alegré de que al menos estuviera limpio, aunque creo que no hubiera podido sonrojarme más de lo que ya estaba en ese momento aún si hubiera estado sucio.

-Yama-chan siempre es lindo, ne?- Las risitas que respondieron su pregunta me hicieron mirar enseguida en dirección a donde él miraba. Me sentí mal, pero es que era tan pequeña que ni siquiera había reparado en su presencia. -Yama-chan, te presento a Chinen Yuri... Yuri-chan, este es Yama-chan, Yamada Ryosuke, mi mejor amigo desde el jardín de niños...-

-Mucho gusto, soy Chinen Yuri...- Todo en ella era adorable, incluso su vocecita dulce y aguda.

-Lo mismo digo...- Su enorme sonrisa me cohibió.

-No te molesta si va con nosotros?...-

-No, no, para nada!... está bien... nos vamos?- Me pregunté si sería su prima o algo así, debía estar en la escuela elemental a juzgar por su apariencia, sobre todo por su estatura. Llevaba unos tenis rojos y un short color caqui con una playera a rayas rojas con blanco, su carita quedaba parcialmente cubierta por el sombrerito pescador blanco que traía para cubrirse del sol. Caminaba sujetándo la mano de Yuto, era lindo verlos riendo de ese modo. Yo caminaba uno o dos pasos detrás de ellos. Todavía me sentía adormilado pero sentía la necesidad de verme bien ante la carita que de vez en vez me miraba sonriente ante los comentarios de mi amigo.

-Yamada-kun, podemos detenernos para comer algo cuando lleguemos al parque?-

-Yamada está bien, no necesitas ser formal, de acuerdo?... y claro! Yo también tengo mucha hambre...-

-Yuto! Yuto! Dijo que sí!... Lo tomó de la mano y comenzó a saltar de la felicidad. Caminamos hasta la parada del autobus, para nuestra suerte no tardó mucho, así que pronto llegamos a nuestro destino. Los dos estaban realmente emocionados, así que tuve que correr tras ellos para alcanzarlos en la entrada.

-Que rico~!!!- Decían los dos a coro mientras se comían los emparedados que habíamos comprado. Era divertido verlos comer, eran como un par de niños pequeños. Aunque por lo general Yuto siempre era hiperactivo y bromista, al lado de la pequeña se volvía aún peor, así que no me extrañó haberme quedado dormido cuando veníamos de regreso, me habían dejado completamente exhausto.



Para cuando Yuto me despertó, ya sólo veníamos nosotros en el autobus.

-Y Yuri-chan?-

-Su madre lo iba a esperar en el centro comercial...-

-Oh...- Bostecé y me acomodé en el asiento volviendo a cerrar los ojos. -Gomen...- Me froté los ojos pues aún me sentía adormilado y no le había puesto realmente atención.

-Sigues más dormido que nada, Yama-chan...- Se reía de mí jugando con mi cabello, acomodándolo en su lugar pues estaba todo despeinado por haberme dormido recargado en su hombro.

-Supongo que la verás cuando llegues a casa, verdad?-

-A quién?... Sigues dormido, Yama-chan?-

-No, ya desperté... Como que a quién?!... pues a Yuri-chan!... Se estará quedando en tu casa por las vacaciones, no?-

-Jajajaja...- Que estallara de ese modo a carcajadas me pareció muy extraño. -De qué hablas, estupidin?... Cuando dices "Yuri-chan", te refieres a Chinen?-

-Pues claro!... Ni modo que a quién más... Por cierto, es tu prima? Tu sobrina?... Nunca me habías hablado de ella... es adorable...-

-Jajajajaja... Dame un segundo... Jajajaja-

-Deja de reírte!...-

-Es que... no, Yama-cha, esta vez si que me dijiste "quítate que ya llegué" en grado de ocurrencia por no decir que tontez!... Jajajaja-

-Deja de reírte y dime a qué te refieres!...-

-Jajajajaja!... Es que... Cómo pudiste confundir a Chinen con una niña?!... Jajajaja-

-Eh?!- Después de otro ataque de risa de casi cinco minutos, nos bajamos del autobus en la parada intermedia a nuestras casa. En cuanto vio otra vez la expresión de "de qué demonios hablas?!" en mi rostro, echó a reír hasta que terminó en el piso llorando de la risa. Una vez que pudo controlarse me contó que mientras iba a su casa el día anterior, escuchó algo extraño cerca del parque que estaba a un par de cuadras de su casa, y con lo metomentodo que era, no me costó creerle que hubiera ido a ver qué era todo aquel alboroto; me imagino la cara que debio poner al ver a un grupo de chicos de prepa molestando a alguien tan pequeño e indefenso. Lo que si me sorprendió fue que se las ingeniara para salvarlo sin salir lastimado. Fue entonces que conoció a Chinen. Quien, en efecto, era un chico y, aunque me costaba creerlo, tenía nuestra edad y al parecer se había mudado a la ciudad hacía poco desde Osaka. Eso sí que fue difícil de creer: me había estado cohibiendo del cómo me miraba un chico. Ahora iba rumbo a mi casa sintiéndome un completo idiota por haber incluso pensado que era linda.



Yuto me llamó varias veces para que salieramos esa semana, pero no quise; sabía que Chinen estaría ahí y aún no me sentía listo para enfrentarlo, y menos si a Yuto se le había ocurrido la maravillosa idea de contarle lo que había pasado por mi cabeza durante toda esa tarde en el parque de diversiones. Por fin llegó el tan esperado viernes. Por los miles de mensajes que Yuto me había enviado el día anterior, sabía que su "adorado" primo ya había llegado y que el amigo que venía con él se llamaba Yamashita, que era un sujeto realmente genial y agradable y que habían estado de lo más divertidos jugando baseball hasta entrada la noche los últimos días. Sinceramente no estaba muy convencido de querer ir con él al dichoso concierto pero se lo había prometido, y aunque rogué a mi madre que me enviara a casa de la abuela esa mañana, se negó a que me fuera yo solo, pues mis hermanas se habían ido hacía ya un par de días porque yo había dicho que tenía planes con Yuto y que no quería ir. Así que estaba en mi cama envuelto en las cobijas como gusano dando vueltas de lado a lado pensando cómo safarme.

-Oyeeee!... Yama-chan!...- Escucharlo me sorprendió tanto que no medí distancia y terminé en el piso sin poderme levantar o sobar porque mis brazos estaban atrapados dentro de las cobijas.

-Yuto!!!... Ayúdame~!!!- Le grité con todas mis fuerzas. Obviamente en cuanto me vi libre, lo estrangulé por haberse muerto de risa por más de diez minutos cuando entró a mi cuarto en vez de haber corrido a ayudarme. Y como me imaginaba, terminé siendo arrastrado por él hasta una zona adinerada de mi distrito, que era donde supuestamente estaba la casa del amigo del amigo del amigo de su primo. Me costó entenderlo al principio, pero cuando llegamos y Kamenashi me presentó al tal Yamashita, él nos presentó a Ryo, su amigo de la infancia y a Okura, amigo de éste y el dueño de la casa. Aunque llegamos un tanto temprano, el lugar ya estaba lleno de gente que reía y conversaba mientras bebían dispersos por el enorme jardín trasero y la planta baja de la casa. Todos estaban ahí por el cumple de Kamenashi, pero realmente nadie sabía ni siquiera quién era el cumpleañero, así que la situación me era divertida. Pronto entendí que la mayoría estaban ahí sólo por escuchar a la banda de Ryo, así que me entró la curiosidad por ver qué tipo de música hacían como para atraer a esa cantidad de personas, que conforme fue pasando la noche había aumentado considerablemente.

-No es tu celular?-

-Oh!, es cierto!...- Sonrió al ver quién le llamaba y lo perdí de vista por un momento. Me quedé ahí en la salita junto a la escalera porque no había tanta gente como en el patio trasero, que era donde habían montado un pequeño entarimado a modo de escenario y donde en ese momento un chico bajito que usaba lentes de nerd y ropa estrafalaria hacía de DJ.

-Hola, Yamada!- Reconocí su vocesita de inmediato.

-Oh!, Chinen-kun... Hola!- Sentí que el estómago se me subió a la garganta de golpe cuando lo ví. No pude evitar sonrojarme un poco al verlo a los ojos porque me sonreía de un modo difícil de explicar.

-Lo siento, creo que olvidé decirte que Chinen vendría... no fue a propósito, es que al verte en el piso retorciéndote como lombriz me dio tanta risa que se me olvidó...- Como era de esperarse, el pequeño echó a reír mirándome divertido, seguramente imaginando aquella escena.

-Y supongo que era necesario que lo dijeras justo en este momento, verdad?- Lo miré con cara de "me las vas a pagar".

-Oye! Yuto-kun, puedes venir un momento?- Su primo lo llamaba desde la puerta de la cocina.

-Ya vuelvo!...- Como de costumbre, mi amigo salió corriendo moviendo la cola como si fuera un cachorro al que le abren la puerta para dar un paseo, siempre se portaba así cuando estaba con su primo. Era bastante gracioso verlos. Aunque se llevaban ocho años, no era muy difícil preguntarse si acaso no tenían la misma edad. La diferencia es que al menos Kame sí contaba chistes graciosos y era realmente bueno haciendo imitaciones.

-Yamada...- El tono en que me habló hizo que me girara enseguida para verlo. Seguramente Yuto le había dicho todo y estaba molesto conmigo.

-Sí?...-

-Este... yo... quisiera preguntarte algo...- Jugaba con sus dedos meciéndose sobre sus talones.

-Qué cosa?- Cada segundo me ponía más nervioso.

-Yo... me preguntana si...- Levantaba fugazmente la mirada para ver si lo miraba, pero en cuanto se encontraba con mis ojos volvía a agachar la cabeza. Se quedó inmóvil un momento. -Te caigo mal?- Su carita llena de angustia me partió el corazón. -...es que desde que me volví amigo de Yuto tú no has querido salir con él ni una sola vez y por lo que me ha platicado siempre estaban juntos... Perdóname!... No quiero que su amistad se arruine, así que no volveré a salir con Yuto si ustedes tienen planes!...- Dijo todo tan rápido que sinceramente me tomó por sorpresa. En primera porque había dado en el clavo, al menos en cierto modo; y en segunda porque parecía que había hecho algo imperdonable y que echaría a llorar de un momento a otro.

-Eh?!...- Cuando menos pensé sus lágrimitas ya habían zurcado silenciosa y lentamente sus mejillas, pero no me quitaba la mirada de encima como si esperara mi respuesta para poder reaccionar. -...N-no! Te equivocas!... Al menos en la mayoría... Si bien es cierto que no he salido con Yuto porque sé que estarás ahí...-

-Entonces si te caigo mal?!- Estalló en llanto tras decir aquello.

-No! No! No!... No llores, sí?!... No me caes mal... al contrario...- Me sentía mala persona viéndolo llorar así sin hacer nada, además de que algunas personas alrededor me miraban con ojos de pistola matona. Lo tomé de la mano y eché a correr hacía el jardín de enfrente. No dejó de sollozar hasta que lo senté en la banquita de madera junto a la fuente, lo más alejado de los mirones y lo abracé. -Lo siento... por mi culpa hice que te sintieras así...-

-No, no te disculpes... Merezco que me odies por robarte a tu mejor amigo...-

-Jajajaja no seas tonto!... Si te estaba evitando no fue por nada relacionado con Yuto...- Me miró con expresión de "no entiendo nada". Al menos había dejado de llorar. -Toma... Si Yuto ve esas lágrimas me mandara a casa de mi abuela de una patada...-

-Gracias...- Tomó mi pañuelo y se limpio la cara. -Etto...-

-Qué pasa?-

-Si dices que no era por Yuto... entonces por qué me estabas evitando?-

-Ejem...- No podía decirle. Yuto no le había dicho nada y yo no sabía como decírselo sin ofenderlo. -Por una tontería que pensé...-

-Respecto a mí?- Asentí tímidamente. -Podría ser que tú también pensaste que era una niña?- Creo que mi reacción hizo más que obvia la respuesta, pero en vez de enojarse, se rió. -No te preocupes por eso... sucede la mayor parte del tiempo... a menudo me confunden con mi hermana mayor...- Miró al cielo y suspiró. La luna estaba a un par de días de ser luna llena y las estrellas se veían hermosas, así que era algo lindo para contemplar. Mi corazón latió deprisa al ver su sonrisa mientras me miró con los ojitos aún llorosos. -Sabes?... No podía dormir sólo de pensar que pudieras odiarme... porque la verdad es que me gusta mucho Yama-chan...- Tontamente parpadeé atónito un par de veces, muchas en realidad. No sabía qué decir. El extraño silencio se rompió con la música que se escuchó de pronto. -...me divertí mucho aquel día, ustedes son los primeros amigos que hago aquí, así que ambos me gustan mucho... no quería que se pelearan por mi culpa...- Por primera vez sentí eso de "tocar el cielo para después besar el suelo", justo así me sentí en ese momento. Aún cuando no entedía la razón, me sentía desilucionado por oír que le gustaba del mismo modo que Yuto. ¿Pero qué demonios estaba pensando? Claro que no se refería a esa clase de "gustar".

-Tú también me agradas mucho... Perdóname por el malentendido y por haberte hecho sentir mal...-

-No, ya no importa!... Podemos ser mejores amigos a partir de ahora?-

-Por supuesto!-

-Entonces puedo estar con Yama-chan todo el tiempo?-

-S-sí...- La forma en que me miraba y me sonreía me hizo sonrojar. Su rostro era tan brillante como los destellos que decoraban el cielo en ese momento.



Los días pasaron rápidamente convirtiéndose en semanas. Las vacaciones terminaron más pronto de lo que hubiéramos querido pero habían sido las mejores de toda mi vida gracias a mis, ahora, dos mejores amigos. Comenzamos nuestro segundo año de escuela; nunca me imaginé que estaríamos juntos durante la secundaria ya que al parecer él seguí asistiendo a su vieja escuela. Nuestra amistad se volvió aún más grande, nuestro recuerdos más numeroso y mis sentimientos más fuertes. En algún momento durante nuestro último año había empezado a ver a mi pequeño amigo de un modo diferente. Traté de convencerme a mí mismo de que era sólo cariño, pero no tenía caso mentirme a mí mismo, no cuando mi corazón latía como loco cada que me abrazaba, cada que se dormía sobre mi hombro, cada que se me colgaba por la espalda, cada que me sonreía de ese modo cuando me descubría mirándolo, cada que me compartía de su almuerzo, cada que acercaba tanto su rostro al mío para "mirarme de cerca" cuando me preguntaba algo... simplemente, no podía controlar los latidos de mi corazón cuando estaba cerca de mí. Pero no podía decirle a nadie lo que sentía, sobre todo a él. Lo había visto tantas veces rechazar a los chicos más populares cuando se le declaraban, así como a chicos y chicas de otras escuelas, que simplemente me dio miedo que todo cambiara entre nosotros si le decia. La sola idea de que se alejara de mí me helaba la sangre y me hacía tener pesadillas. No. Prefería mil veces seguir queriéndolo en secreto que perderlo para siempre.



Apenas si había dormido aquella noche. Estaba tan feliz porque ahora sí estaríamos en el mismo salón en la preparatoria que no había podido conciliar el sueño por estar pensando un montón de cosas sin sentido acerca de nosotros, después de todo, me emocionaba mucho el que ya no seríamos sólo compañeros de escuela, por primera vez el término "compañero de clase" me puso nervioso. Yuto hablaba como perico, por alguna razón no le paraba la lengua desde que entramos al auditorio, pero ni siquiera podría decir que me molestaba porque muchas de las cosas que decía eran realmente graciosas. De pronto anunciaron lo del discurso de Bienvenida por parte de los alumnos de primer año y llamaron al chico que había sacado las mejores calificaciones en el examen de ingreso. Empezamos a bromear sobre su aspecto de nerd, pero fue toda una sorpresa verlo porque no tenía nada que ver con lo que Yuto decía. Pero realmente nada de lo que pasaba ahí dentro me importaba realmente. Me preguntaba si habría pasado algo, Chinen no es del tipo de los que suelen llegar tarde a algún lado. Al ver que la puerta se entreabría mi corazón comenzó a latir como loco, sabía que esa sonrisa boba estaba de nuevo en mi cara. Lo vi escabullirse silenciosamente hasta las sillas del grupo D y ahí se quedó sentadito para no llamar la atención.

-Yuto... Yuto!-

-Qué?- Estaba como lelo con la boca abierta observando al chico mientras hablaba.

-Ya llegó Chiinen... pero se quedó con los del D, supongo que para evitar que los profesores lo vean y lo castiguen... Me estás escuchando?-

-Sí, sí... No debe ser divertido pasar el primer día de clases castigado...- Este chico no tenía remedio, pero de cierto modo lo entendía. Muchas veces yo tenía la misma expresión mientras veía a Chinen. Podría ser que a Yuto le gustase el chico que estaba al frente?... Aprovechando que todos se habían puesto de pie para recibir a la Directora, Chinen corrió hacia nosotros y se sentó a mi lado aferrándose con fuerza de mi brazo.

-Por qué llegaste tan tarde?-

-Llegó a mi casa alguien a quien hacía mucho que no veía, estuvimos recordando viejos tiempos, así que cuando menos pensé ya era tarde y salí corriendo...-

-Oh... entonces tienes visitas?...-

-Sí, de Osaka... Qué le pasa a Yuto?-

-Creo que vio algo difícil de creer...- La carita que puso me hizo reír, pero no quise decir más. Pronto estuvimos por fin en nuestro salón.



Los días continuaron. Pronto llegó la semana de demostraciones culturales para que eligiéramos club, pero yo no estaba muy interesado en esas cosas, tenía sólo un objetivo en mente: entrar al equipo de soccer. El chico del discurso estaba en la cancha haciendo dominadas con el balón cuando yo llegué.

-Hola... soy Yamada...-

-Yo soy Keito... Okamoto Keito, lo siento, aún no me acostumbro otra vez a esto de la etiqueta...- Entendí a lo que se refería, tenía un acento chistoso y lo había escuchado hablar en inglés con algunos profesores, ya había supuesto que no habiá estado en el país.

-No te preocupes, mi nombre es Ryosuke, puedes llamarme así si te es más fácil... también quieres entrar al equipo?-

-Sí, creo que después de la música, lo que más me gusta es el fútbol... Pero como no hay club de música, tendré que apostar a la segunda opción...- Me pasó el balón. Comenzamos a hacer un par jugadas. Era realmente bueno y me resultaba fácil acoplarme a él para jugar.

-Ey! Son buenos... Cómo se llaman?- Alguien llegó corriendo hasta donde estábamos.

-Yo soy Yamada, de la clase 1-B...-

-Okamoto... 1-A...-

-Yo soy Senga Kento, de 2-B... juego de defensa central...- Se veía agradable. -El chico que está allá es Yabu, el capitan, es de 3-A...- Agregó al notar que lo miraba; había sentido que alguien se me quedaba viendo desde esa dirección, así que volteé.

-Me dijeron que pronto tendrían una prueba de aptitudes para reclutar nuevos miembros... cuándo será?- La voz de Keito me trajo de vuelta a la conversación.

-Sen-chan!- Un par de chicos lo llamaban desde las gradas. Parecía que también estaban en el equipo porque cargaban mochilas para deportes.

-Taa-kun, deja de presionar, ya voy!...Hoy!... Después de clases... como a eso de las 6:00... los estaremos esperando!...- Echó a correr hacia donde estaban sus amigos diciéndonos adiós con la mano. De alguna manera se parecía mucho a Yuto.

-Bueno, creo que nos veremos más tarde, Yamada-kun...-

-Sí, no lo olvides... A las 6:00...- Nos despedimos. Corrí de regreso al salón para contarles a mis amigos. Los dos aceptaron ir a ver la prueba. Pero al final Yuto no pudo ir. Lo habían elegido como encargado de los de primero en el club de teatro, así que sólo estaba Chinen en las gradas cuando volteé desde la cancha. Como era de esperarse, el Capitán nos eligió como titulares para el equipo, cosa que aunque a nosotros nos hizo felices a varios de los reservas no. Desde entonces Keito y yo nos hicimos buenos amigos, Chinen también se llevaba bien con él, por lo que a menudo estábamos juntos después de las prácticas. Sin embrago, al parecer a Yuto no le caía bien, porque siempre que Keito estaba ahí, él prefería hacer otras cosas; además de que empezó a estar muy ocupado con asuntos del club, así que cada vez lo veía menos después de clases. Los días pasaban y las cosas seguían divertidas con Chinen y los chicos del equipo, pero había empezado a extrañar a mi mejor amigo. Después de todo, era la primera vez que pasaba tanto tiempo sin hacer nada con Yuto.



Comencé a sentirme estúpido. Por alguna razón había empezado a sentir celos de mi mejor amigo; no sabía el por qué, pero en los últimos días Chinen y Yuto habían empezado a estar siempre juntos, fue como en aquellos tiempos cuando Chinen siempre andaba de aquí para allá detrás de él y aunque sabía que estaba mal, me molestaba cada vez más la forma en que se llevaban.

-Han visto a Chinen?- Le pregunté a dos de los chicos que estaban con él en el club.

-Se fue a buscar a Nakajima hace un momento...- Dijo el más alto, creo que su nombre era Yuma, tras lo cual se llevó tras bambalinas las cosas que iba cargando, la verdad es que siempre he sabido que no le caigo bien, por eso no nos dirigimos la palabra a menos que sea necesario; a veces me da la impresión de que siente algo por Chinen, así que supongo que es natural que nos odiemos, después de todo, somos rivales.

-Sí, últimamente siempre están juntos después de clases, no lo has notado?... Yuri y Yuto se han estado saltando las actividades del club últimamente pero nadie les dice nada porque siempre hacen todo lo que les toca... Mira que cosas... todo este tiempo pensé que lo hacían para irse contigo pero supongo que me equivoqué, verdad?...- Era obvio que el comentario de Ryutaro era completamente malintencionado, pero aún así lo que dijo me dolió. Este chico siempre se comportaba muy raro, así que ni siquiera quise darle importancia como para responderle algo, simplemente me di media vuelta y me fui del auditorio. Ya me iba a mi casa cuando recordé que había olvidado mi caja del obento en el salón, así que regresé por ella. No debí hacerlo. Desde la ventana vi a Chinen abrazando a Yuto en el jardín. Aún cuando sabía que debía haber una razón para ello, no pude evitar sentir un ataque de celos. Al final entendí que independientemente de todo lo que sintiera, ellos también eran mejores amigos, y Yuto tendría sus razones para preferir contarle a Chinen lo que le pasaba en vez de a mí. Fue entonces que decidí que lo mejor sería ser sincero conmigo mismo y confesarle mis sentimientos a Chinen. Regresé a casa pensando cuál sería el mejor momento para hacerlo. No podía seguir evitándolo, mañana le diría todo después de ir al parque de diversiones.



Para mi total sorpresa, Chinen había convencido a Yuto para que fuera; Keito, Kento, sus amigos: Nikaido y Tamamori y algunos chicos del equipo que se habían vuelto mis amigos también estaban ahí, así que nos divertimos muchisímo. El tiempo se pasó volando y cuando menos pensamos ya eran las seis de la tarde, por lo que comenzamos a despedirnos. Al final sólo quedamos nosotros cuatro. Rogaba porque Keito le diera pie a Yuto para que se fueran primero, pero Chinen insistió en irse con él y aunque le rogué que se quedara, era prácticamente imposible hacerlo cambiar de opinión una vez que decidía algo, así que terminó mandándome al diablo y se fue con él. Sentí un poco de pena por Yuto, incluso trató de convencerlo pero tampoco lo logró. Se despidió de mí con esa cara de "perdóname". Ese día entendí que si algo estaba pasando entre ellos, era sólo cosa de Chinen, porque me quedó claro que Yuto sentía algo por Keito y que seguía viendo a Chinen como el pequeño al que defendió de los abusones aquella tarde de hacía tres años.



La verdad es que apenas si logré conciliar el sueño aquel día. No era para menos que cuando mi hermana menor, entró a mi habitación para despertarme yo lucía unas bellas ojeras marca panda que la hicieron reír durante todo el día. Había planeado salir con Chinen, pero dado el rotundo fracaso del día anterior, ni siquiera lo llamé por la noche como de costumbre; por eso terminé saliendo al centro comercial con mis dos hermanas. No debí hacerlo. Cuando ibamos de regreso para tomar el autobus a casa nos detuvimos en la avenida esperando a que se pusiera el rojo en el semáforo. Yo venía un poco de malas por no haber dormido y por lo que había pasado, además de que venía cargando con todo lo que habían comprado.

-Oye Ryo-chan, no es ese Chinen-kun?- Miré hacia el frente en dirección a donde Chihiro señalaba y en efecto era él, pero no estaba solo, lo acompañaba un chico alto y delgado bien vestido que usaba gorra y lentes de sol; estaba de lo más feliz intercambiando sonrisas con ese chico mientras lo tomaba de la mano cuando de pronto nuestras miradas se cruzaron y miles de sentimientos pasaron por mi mente.

-Onii-chan?- Misaki me jaló de la manga al ver que no avanzaba aún cuando la luz se había puesto en rojo.

-Ah, gomen...- Les sonreí para no preocuparlas y seguimos nuestro camino, Chinen me dedicó una sonrisa y levantó la mano, seguramente para saludar, pero me seguí de largo sin mirarlo siquiera, cosa que también sacó de onda a mis hermanas, que por un instante no supieron si detenerse o sólo saludarlo y seguir caminando.

-Ryo-chan?... te peleaste con Chinen-kun?-

-No precisamente...-

-Entonces qué fue éso, nii-chan?-

-Nada...- Las vi intercambiar un par de miradas y luego dejaron el tema, entendiendo que no quería hablar de ello. Estaba tan molesto que no pude quedarme en mi cuarto y mejor salí a dar una vuelta.

-Oh! Yamada-kun!... Y ese milagro que no estás con Chinen siendo fin de semana?... Oh, cierto! Es que tenía una cita con ese chico, verdad?, el de tercero que llegó a la escuela este año... Los vi hace rato saliendo de una cafetería...-

-Chinen no es algo que sea de mi propiedad como para que lo tenga que tener siempre conmigo...- La actitud de Ryutaro siempre me ponía de malas, así que aplicaría la de siempre y lo dejaría hablando solo.

-Sí, en eso tienes razón... Por eso últimamente pasa tanto tiempo con ese chico Takagi, verdad?...-

-Chinen es libre de pasar tiempo con quien quiera...- Me estaba haciendo enojar.

-Sí, es cierto, pero... lo que me parece extraño es que cuando está con él, ni tú ni Yuto están cerca... bueno, supongo que todo tenemos derecho a guardar secretos... Nos vemos!- Y así sin más se fue, dejándome el corazón machacado por sus palabras. Comencé a preguntarme qué tanto de lo que había dicho era cierto. Sí, Ryutaro podía ser manipulador y cizañoso, pero de alguna manera estaba seguro de que nunca me había mentido.



Mi despertador comenzó a sonar anunciando que era día de ir nuevamente a clases. Por primera vez me dieron ganas de recurrir a un pretexto clichetero y no ir a la escuela, pero era tan poco probable que mi madre lo creyera que mejor olvidé la idea y me cambié.

-Yama-chan...- Lo que menos quería ver a primera hora, estaba justo ahí esperándome con una sonrisa en los labios que en nada correspondía con sus ojitos tristes. Me sentí del asco por poner esa expresión en su rostro. Ni siquiera me atreví a mirarlo. Me pasé de largo. -Yama-chan!- Quería darme la vuelta, correr y abrazarlo; pero no pude. No quería que me viera llorar.

-Qué tienes?- Me preguntó Keito cuando me vio llegar a los vestidores.

-Nada...-

-Bueno... si quieres hablar puedes contar conmigo...-

-Gracias...- Guardé mis cosas en mi casillero y me fui. Necesitaba a mi mejor amigo. -Han visto a Yuto?- Pregunté a los chicos del salón.

-Fue a buscar a Nagase-sensei...-

-Debe estar en el Teatro o en la sala de profesores, Yamada...-

-Ah, ok... gracias...- Fui primero a la sala, si no estaba ahí iría al teatro; pronto sería el festival escolar, así que todos se volvían locos con los preparativos y actividades de los clubes. Incluso nosotros tendríamos que reducir los días de entrenamiento porque los del club cultural necesitarían usar la cancha para algo; y lo mismo pasaba con los del equipo de basquetball y voleiball, porque los de teatro necesitarían el auditorio para la obra. Se me rompió el corazón al ver a Chinen llorando desde la escalera. Seguramente sus lágrimas eran culpa mía. Bajé. Sería mejor que hablara claramente con él. Pero para cuando llegué Yuto ya estaba ahí, abrazándolo. Enseguida comenzaron a reír como si no pasara nada y se fueron tomados de la mano. No los vi mucho por el resto del día, supuse que estaban ocupados con lo de la obra, todos en el salón decían que Chinen sería la Julieta más linda que habían elegido hasta ahora.

-Será raro tener tanto tiempo libre a partir de mañana, verdad?- Al salir me encontré nuevamente con Keito.

-Sí, tienes razón...-

-Bueno, creo que aprovecharé para practicar con la guitarra...-

-Tocas?-

-Sí, desde hace unos años...-

-Oh! No lo sabía...-

-Sí, en Inglaterra comencé una banda escolar con algunos de mis amigos...-

-Y supongo que harás lo mismo aquí, verdad?-

-Sería genial!... Pero todavía no conozco tanta gente y mucho menos gente que comparta mi amor por la música...-

-Mi mejor amigo está aprendiendo a tocar la batería... Ah! De hecho lo conoces... Yuto...-

-Sí, eso me dijeron-

-En serio?...-

-Sí, su maestro es el mejor amigo de mi primo...-

-Oh, ya veo... entonces conoces a Okura-kun... Espera! Tu primo?! Quién es tu primo?-

-Yassu... lo conoces?-

-Eres el famoso primo de Yasuda-kun?-

-Famoso?!... Jajajaja- Era la primera vez que veía reír a Keito de ese modo.

-Por qué te ríes?... Siempre se la pasaba hablando de ti, así que es casi como si te conociéramos de toda la vida...-

-Vaya... entonces ya habían oído hablar de mí... Tienes planes con tus amigos?-

-No... hoy no...-

-Entonces vamos, yo invito... Será interesante saber cómo los conocieron...- Pasé el resto del día con él hablando de cuando estábamos en secundaria. Realmente me agradaba estar con Keito. Era diferente de estar con Yuto y Chinen; era mucho más maduro y tranquilo, así que podía hablar de muchas más cosas con él. Después de despedirnos me fui directo a casa. La verdad estaba cansado y sólo quería irme a dormir.



Después de esa mañana realmente los vi poco. Todo mundo estaba tan enfocado en el Festival que realmente nadie iba a clases a la escuela, al parecer eso era normal en esta época. Y la verdad es que los de los clubes deportivos estábamos tan aburridos que muchos prefirieron prestar ayuda a los otros clubes con tal de hacer algo; por eso no me sorprendió cuando Keito llegó extremadamente emocionado a hablarme sobre el nuevo club de música, lo que sí me tomó por sorpresa fue saber que Chinen se la pasaba ahí... con Yuto.



Días después vi a Chinen nuevamente con aquel chico alto. Acabábamos de salir de la cancha y caminábamos rumbo al salón para ir por nuestras mochilas cuando los vimos juntos jugando y mojándose con la manguera en el jardín. De pronto reparé en que también usaba el uniforme de nuestra escuela.

-Quién demonios es ese chico?- Me sonrojé un poco al darme cuenta de que lo había pensado en voz alta.

-Creo que es el chico al que transfirieron desde Osaka...-

-Transferido?-

-Sí... escuché de los de segundo que los de tercero dijeron que ese chico era un delincuente y que en su anterior escuela había golpeado a varios chicos...-

-Y qué demonios hace en nuestra escuela alguién así?-

-Creo que son sólo chismes... no creo que alguien que se lleve tan bien con Chinen-kun sea ese tipo de persona...- Lo que decía tenía sentido. Con todo y lo inocente y amigable que pudiera ser, Chinen nunca se juntaría con malas compañías. Aún así, algo era seguro: odiaba que estuviera cerca de Chinen.



Y por si eso no fuera suficiente y la vida no me odiara ya bastante, estaba realmente molesto porque Keito faltó a la práctica ese día. Fui directo al club de música, seguro de que estaría ahí, pero cuál no fue mi sorpresa al ver que el susodicho, que resultó llamarse Takaki y no Takagi, había terminado uniéndose como vocalista, por lo que era seguro que se la pasaba mucho más tiempo con Chinen y yo ni por enterado. Estaba tan confuso, enojado y sorprendido de ver que el chico del que tanto me había estado hablando Yuto los últimos dos días, hubiera resultado ser precisamente ese chico al que odiaba, que terminé explotando contra el pobre de Keito; cuando llegó Chinen y me puso esa carita suplicándome que lo dejara y diciendo que no había sido culpa suya, ver cómo me miraba Takaki, la cara de frustración de Yuto y la incomprensión del otro chico parado a su lado, junto con todo el dolor que sentí de pronto fue más de lo que pude soportar y simplemente me di media vuelta y me alejé de ahí. Aún cuando escuché su vocecita llamándome, mis pies no dejaron de moverse hasta que llegué a la cancha. Me tiré boca arriba sobre el césped y me quedé ahí llorando en silencio cubriéndome la cara con los brazos. Para mi suerte las clases ya habían terminado y no había nadie por los alrededores, aunque igual me hubieran ignorado por completo. Un rato después sentí que alguien me miraba, así que abrí los ojos más bien movido por la curiosidad de saber quién me había encontrado que por otra cosa. Me sorprendió un poco ver que era Keito, pero al mismo tiempo me alegró que lo fuera, porque al menos así no volvería a romper en llanto. Perdí la cuenta después de diez, de las veces que se disculpó por haberse olvidado de la práctica; pero ni siquiera podía enojarme con él por eso, sabía perfectamente que su amor por la música era aún mayor que su amor por el soccer; creo que en parte más bien temí perderlo también a él por culpa del club de música. Obviamente terminé pidiéndole que también me perdonara, me había pasado un poco y exageré las cosas, así que naturalmente debía pedir perdón aunque no le dijera la verdadera razón del por qué había reaccionado así. Después de aclarar las cosas salimos de la escuela. Parecía que el destino nos llevaba por el mismo rumbo, así que sólo seguimos andando y conversando. Keito estaba muy impresionado por la voz que tenía Takaki y el talento de Inoo con los teclados, así que no dejó de hablar de ello durante todo el rato que viajamos en el metro. Creo que al final entendió que no me caía bien su vocalista, porque se dio cuenta de que realmente no le estaba prestando mucha atención, lo cual era raro tratándose de mí, porque nunca ignoró a las personas, ni siquiera a Yuto cuando se pone de chistocito cuando está aburrido a decir tonterías o esas cosas. Me despedí de él cuando llegamos a la librería que estaba cerca de la estación del tren que quedaba de camino a casa de los chicos, resultó que también vivía por ahí, así que lo acompañé, tenía la esperanza de encontrarme a Chinen y poder confesarme. No debí hacerlo. Mientras esperaba el cambio de luces para cruzar la calle, vi a Chinen y a Yuto abrazados, justo ahí frente a mis ojos. Ya había sido suficiente para un sólo día. Sentí mi corazón romperse en mil pedazos cuando nuestras miradas se cruzaron. Debía salir de ahí de inmeditato o rompería en llanto justo ahí. Me di media vuelta y caminé tan aprisa como podía. Nunca hubiera imaginado que vendría detrás de mí.

-Yama-chan! Espera!...- Me tomó con todas sus fuerzas del brazo. Aquello me desarmó por completo, me safé de su agarre y clavé la mirada en el piso, sin mirarlo, sin decir nada, sólo tratando de contener de algún modo las lágrimas que habían empezado a rodar a través de mis mejillas. -Perdóname, Yama-chan...-

-Por qué demonios te estás discúlpando?!... Es que acaso hiciste algo que amérite que me pidas perdón?!- Ni siquiera entendía por qué reaccionaba así, dolía tanto que me hacía enojar; en realidad no quería hablarle así pero no podía evitarlo. Me quedé callado enseguida al ver su carita llena de lágrimas.

-Es que... yo... es que siento que aunque no sé qué fue, algo hice o dije para que te pusieras así... tú no eres de los que se enojan así por nada... por eso perdóname, no me gusta estar así contigo... te necesito, Yama-chan... si Yama-chan no está me falta algo...-

-Ja... Y pretendes que crea eso viendo cuán feliz y sonriente estás siempre en compañía de Yuto o de Takaki?...-

-No, Yama-cha... lo estás malinterpretando...- Se acercó a mí con la intención de tomarme de la mano, pero no se lo permití, retrocedí un paso.

-Cuán idiota me crees, Chinen?-

-No, Yama-chan, por favor... déjame explicarte todo...-

-No necesito de tus explicaciones... Sólo déjame en paz, quieres?...-

-No, Yama-chan... es que no entiendes que yo...-

-Sinceramente no quiero escucharte, Chinen... He tenido un muy mal día y sólo quiero ir a casa y dormir...- Me alejé de ahí. Aún a pesar del ruido del agua que caía en la fuente, podía escuchar cómo lloraba.

-Me das un segundo?- Ver a Takaki justo frente a mí me tomó por sorpresa.

-Qué quieres?-

-Sólo voy a preguntar una cosa...-

-Pues que sea rápido porque llevo prisa...-

-Estás seguro de que dejarás las cosas así con Yuri?- Ni siquiera me dejó terminar de decir lo que quería decirle. Su pregunta era extraña, así que miré por detrás de su hombro hacia donde estaba Chinen. No sabía qué responder.

-Sí... Es lo mejor para ambos...-

-Ok... entonces te dejaré las cosas en claro... Yuri me gusta, siempre me ha gustado y sé que de no ser porque se mudó, ahora estaríamos juntos... Así que espero que te mantengas alejado de él porque a partir de hoy haré todo lo posible por recuperar lo que era mío... vine desde muy lejos sólo para poder volver a estar con él y no dejaré que ni tú ni nadie, haga llorar a Yuri de este modo, estamos?- Se dio la vuelta y caminó hasta donde estaba Chine, se sentó junto a él y lo estrechó entre sus brazos. Apenas comenzaba a procesar lo que acababa de decirme, así que no podía moverme. Estaba realmente enojado... Enojado en sobremanera conmigo mismo. Por ser tan cobarde, por ser tan ingenuo, por no atreverme a responderle en ese preciso momento y decirle lo que sentía por Chinen y dejar que él hiciera lo que todo este tiempo yo sólo podía pensar hacer: abrazarlo, reconfortarlo, sonreírle y secar sus lágrimas. Me sentí más miserable que nunca.



El fin de semana se había vuelto la peor parte de mi vida escolar. Ya no tenía con quien pasar el rato y quedarme en casa era un martirio por culpa de Chihiro y Misaki, así que me la vivía en el parque por las tardes jugando con Kuu y Cookie, nuestros perritos; para mi suerte no me había vuelto a topar a Ryutaro por ahí desde aquella vez.



Apenas si había podido cruzar palabras con mi mejor amigo. No quería hacerlo sentir entre la espada y la pared, y de algún modo, creo que lo entendía; a menudo trataba de darme ánimos, pero en cuanto Chinen entraba al salón, todos sus esfuerzos se iban al retrete. Lo mejor era que me mantuviera ocupado con otras cosas y que frecuentara a otras personas para no terminar hiriéndolo también a él. Además no quería seguir siendo testigo de todos los abrazos que se daban cuando estaban solos en el salón. Mi corazón no iba a soportarlo después de aquella vez, así que evitaba estar en el salón a menos que fuera necesario y me pasaba el resto del tiempo con Arioka, Senga, Tamamori y Nikaido, que era con quienes mejor me llevaba del equipo. Y aunque no era tan divertido como estar con mis viejos amigos, al menos no estaba solo y podía compartir ratos agradables.



Cada vez estaba más cerca el dichoso festival escolar, pero la verdad, para lo que me importaba, era mejor que ni siquiera fuera; no me sentía con ánimos de nada. Me invitaron a ver su ensayo final, pero la verdad no quería ir porque simple y sencillamente, no quería verlos. Las cosas que había dicho Takaki todavía hacían eco dentro de mi cabeza atormentándome aún en sueños, así que lo que menos quería era poner imágenes que hicieran juego con las pesadillas. Al final, aunque me supo mal por Yuto y Keito, dije un montón de cosas sin sentido junto con mil pretextos y me quedé en casa. Creí que Yuto me odiaría después de aquello, pero al contrario, unos días después tuvimos una larga y agradable conversación sobre nuestros días de travesuras en la escuela elemental. Extrañaba tanto estar así con él. Sinceramente me hacía mucha falta hablar y escuchar a mi mejor amigo de toda la vida.



Me sacó de onda que su tecladista se me acercara aquella tarde cuando ya iba de camino a mi casa, no porque tuviera problemas con él ni porque nos hubiéramos conocido hacía nada, sino porque me abordó corriendo después de salirme de la nada.

-Yamada-kun, verdad?-

-Inoo-senpai...-

-Sólo Inoo... Que bueno que te encuentro...-

-Qué pasa, senpai?-

-Inoo!... Bueno, da igual... No has visto a Yuyan?-

-Yuyan?... No sé quien es...-

-Nuestro vocalista, Takaki...- Creo que fue obvio que mi expresión cambio de inmediato, tan sólo de escuchar su nombre.

-No, no he tenido la dicha ni desdicha...-

-Mmm, ya veo... Tampoco has visto a Chii-chan?, se supone que estaría con él... Es que olvidó su cartera...-

-No, tampoco he visto a Chinen... si me disculpas...-

-Sabes a cuál cafetería se refería Yuto cuando dijo que era la que estaba cerca de la estación del tren?- Por supuesto que lo sabía, ese era el lugar donde siempre íbamos a comer el pastel que a los tres nos gustaba.

-Sí... Está a dos...-

-Perfecto!... Menos mal que te encontré!- Ni siquiera me dejó terminar de hablar, ya me había tomado del brazo y me llevaba casi a rastras fuera de la escuela. Y fue así que, aunque no tenía ni la más mínima intención, terminé llevándolo hasta el lugar. No debí hacerlo. En cuanto entramos los vi comiendo juntos el pastel que siempre pedíamos Chinen y yo para nosotros, estaban tan cerca uno del otro que más bien parecía que estaban abrazados. Inoo los vio también cuando comenzaron a reírse luego de que Chinen le embarrara un poco de betún en la nariz y caminó hasta donde estaban. No podía moverme pero mi cuerpo me ordenaba salir de ahí de inmediato, pero había sido demasiado tarde, escuché a Inoo decir mi nombre animosamente al tiempo que los dos miraban en dirección a donde yo estaba. Lo único que pude ver fueron los ojos de Chinen inundados de angustia y tristeza. No podía seguir viendo aquello, salí de ahí en cuanto sentí que mis pies habían dejado de estar pegados al piso. Corrí hasta la estación y me dejé caer en el último escalón sujetándome con fuerza al pasamanos. Sentía que el corazón se me iba a salir por la boca de no ser porque el nudo en la garganta se lo impedía. Las personas pasaban a mi alrededor mirándome preocupados, supongo que si me veía tan mal como me sentía, no era para menos. Después de que el tren partiera del andén me quedé completamente solo con mis pensamientos. Ni siquiera me había dado cuenta de que mis lágrimas mojaban mis manos, que aferraban con fuerza mi pantalón a la altura de las rodillas.

-Estrobas!- Un chico de mi escuela pasó junto a mí y pateó mis cosas, ni siquiera me importó. Alguien extendía su mano hacia mí para devolverme mi mochila.

-Gra...cias...- Apenas si levanté la mirada al decir aquello, más por hábito de cortesía que porque realmente quisiera hacerlo.

-Yama-chan...- Al escuchar su voz me quedé helado. Qué estaba haciendo aquí? -Estás bien?...- Se agachó para poder mirarme. Al ver que lloraba enmudeció.

-Déjame en paz, quieres?- Temía que no me hubiera escuchado casi tanto como el hecho de que lo hubiera hecho.

-Yama-cha... No puedo, me preocupas...-

-Que te preocupo?! Qué no ves que estoy así por tu culpa?!- Tras escuchar aquello bajó la mirada. Estaba temblando de coraje y frustración.

-Yama-chan... yo... yo no lo sabía...-

-Por supuesto que no! Nunca te das cuenta de nada cuando no tiene que ver contigo!...-

-Perdóname, Yama-chan... De verdad, lo siento...-

-Por qué demonios te disculpas si ni siquiera sabes qué fue lo que hiciste?!-

-Pero es que es mi culpa... sin importar lo que sea, sigue siendo mi culpa... Pero en verdad te juro que no fue mi intención... Sólo quiero que sigamos como siempre...-

-Seguir como siempre?... Eso es lo quieres?-

-Sí... No soporto estar así contigo...-

-No...-

-Eh?-

-Yo no quiero seguir como siempre... Y creo que será mejor que dejemos las cosas aquí...-

-No entiendo...-

-Eso supuse... por eso te lo dejaré en claro...-

-Chii-chan...- Takaki venía bajando las escaleras. Al escuchar que lo llamaba, volteó de inmediato y caminó un par de pasos hacia él, dejandome ahí con las palabras a punto de desbordarse. Pensaba decirle todo en ese momento, pero al ver su reacción decidí no hacerlo; ya tenía clara su respuesta. Me di media vuelta y caminé hasta el andén al escuchar que el tren se aproximaba.

-Yama-chan!...- Gritó mi nombre en el momento en que deslizaba mi tarjeta sobre el lector.

-Déjame en paz!... No quiero volver a saber nada de ti en mi vida... Empiezo a arrepentirme de haberte conocido!- Al escuchar lo le decía se quedó inmóvil a un par de metros de mí.

-No es cierto... verdad?- Su voz se volvió frágil, estaba a punto de romperse.

-Qué no lo entiendes?... te odio!- Al ver que se disponía a acercarse sentí que debía detenerlo de cualquier modo, de lo contrario sería yo quien terminaría corriendo para abrazarlo. Al ver que sus lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas, le dí la espalda y abordé el tren. En cuanto me sentí lejos de su mirada y la de Takaki, yo mismo terminé rompiéndome en mil pedazos. Apenas si podía creer que le había dicho aquellas cosas horribles a la persona que amaba. Sentía como si yo mismo hubiera hecho pedazos mi corazón. Llegué a mi casa y cerré la puerta. No podía dejar de llorar. Y ahí me quedé hasta que el cansancio se apoderó de mi por completo y me obligó a dormir un poco ya entrada la madrugada.



Imagino que tanto mi madre como mis hermanas se dieron cuenta de que algo no andaba bien conmigo, porque para nada fueron a amolestarme. Ni siquiera me llamaron por la mañana para que me levantara para ir a la escuela. Para cuando desperté, ya pasaban de las diez y mi casa estaba vacía. Mi desayuno estaba sobre la mesa junto con una nota de mi madre diciendo que me quedara en cama hasta que me sintiera mejor. Sin entender muy bien el por qué, sentí que las lágrimas volvían a inundarme los ojos, pero ya no tenía fuerzas para seguir llorando, así que me limité a comer y después volví a mi cuarto. Tanto Yuto como Keito me mandaron mensajes a lo largo de la mañana pero no respondí ninguno. Como suponía, a la hora del almuerzo los dos me atacaron con miles de mensajes de texto, me sentí mal por preocuparlos de ese modo, así que les respondí a los dos diciendo que no me sentía muy bien y que mi madre me había hecho permanecer en cama; y no era para menos que mi amigo se preocupara, después de todos era la primera vez que faltaba a clases desde cuarto grado. Sus respuestas llenas de buenos deseos y caritas sonrientes me hicieron feliz, pero aún así me sentía terriblemente mal, tanto por haberles mentido como por lo que había pasado con Chinen. Obviamente no podía dejar de pensar en él y en la expresión que le había dibujado en el rostro tras decirle que lo odiaba. Perdí el sentido del tiempo mientras me escondía debajo de las cobijas, durmiendo a ratos, llorando a ratos, sintiéndome del asco el resto del tiempo. Cuando menos pensé, escuché a Misaki subir las escaleras. Supuse que serían las cinco seis de la tarde, pero al ver la hora en mi celular me di cuenta de que en realidad habá subido para acostarse a dormir, ya pasaban de las once. Me preocupe un poco pues ni siquiera tenía hambre. Entré al baño y me lavé la cara para bajar a cenar, más por costumbre que otra cosa. Mi padre estaba en el estudio leyendo algo mientras mi madre terminaba de lavar los platos de la cena.

-Oh! Ryo-chan... me asustaste, hijo...-

-Lo siento...-

-Quieres cenar?- Mi madre me miraba con cariño, aún cuando era evidente que estaba preocupada no hizo por preguntarme nada. Se lo agradecí. No estaba seguro de querer hablar sobre lo que me pasaba, mucho menos con mi familia. Me preocupaba y me asustaba lo que fueran a pensar de mí. Se la paso hablándome de las cosas que le habían pasado durante el día mientras yo comía. Escucharla hablar me resultaba tranquilizante en sobremanera, así que la escuché atentamente. Después de terminar, subí y tomé un baño. Mi celular sonaba nuevamente. Sabía que sería Yuto, así que leí su mensaje y lo respondí. Volví a mi habitación. No le encontré sentido en ir a la escuela tampoco al día siguiente; seguramente ni siquiera tendríamos clases y sinceramente, no sabía como confrontar a Chinen después de lo que había pasado, así que me quedé dentro de mi habitación otra vez.

-Hijo?- Mi madre llamó suavemente. -...uno de tus amigos vino a buscarte...-

-Holas!- Escuché que alguien llamaba a la puerta, pero nunca me imaginé que estarían buscándome a mí y mucho menos que fuera Ryutaro, cuando lo vi entrar no supe cómo reaccionar. -Escuché que estabas resfriado, así que vine a ver cómo estabas?- Una parte de mi cabeza me ordenaba darle las gracias por venir a verme y pedirle que se fuera so pretexto de que no me sentía muy bien, pero la otra se moría de curiosidad por saber qué hacía en mi casa tan temprano por la mañana porque sabía que no se había desviado tanto de su camino sólo por cumplir con su deber de chico explorador. -Yuto y Yuri parecían un poquito preocupados por ti mientras le dedían al chico de Inglaterra y el resto de tus amigos del equipo que no asistirías a la práctica ayer...- Al final terminó como si estuviera en su casa dentro de mi cuarto mirando las figuritas de colección que tenía en el librero. Supuse que esperaría a que se fuera mi madre para hablar, por lo que lo dejé pasearse a libertad mientras pudiera.

-Y bien?...- Al darse cuenta de que entendía perfectamente que tenía motivos ocultos para estar ahí en ese momento, me miró con su maldita sonrisa burlona que tanto me molestaba.

-Vaya... Sigues siendo tan perspicaz como siempre, Ryosuke...-

-No eres nadie de mi confianza como para que me llames por mi nombre, sabes?... así que mejor no lo hagas... me molesta viniendo de ti...-

-Oh... No lo sabía... Disculpa...-

-Y entonces?-

-Qué cosa?-

-Qué demonios estás haciendo aquí tan temprano... no pretenderás que te crea que viniste desde tu casa hasta el otro lado de la ciudad, sólo para hacer tu buena acción del día...-

-Mmm... no lo sé... Si fue o no una buena acción, eso sólo lo decidirás tú...- Por la forma en que me miraba pude deducir que estaba esperando a ver mi reacción para decidir si me decía o no.

-Entonces debo deducir que sea lo que sea que vas a decirme, no tiene nada que ver contigo pero sí conmigo y seguramente con alguien más... déjame pensar... acaso será algo relacionado con Chinen?- Creo que nunca antes había sido tan sarcástico.

-Es bueno ver que nos entendemos...- Su expresión cínica me molestaba en sobremanera. -...Aunque no lo sé; no estoy muy convencido de querer decirte esto, no quiero hacerte daño...-

-Ja! Si eso te preocupara ni siquiera estarías aquí...-

-Mmm... buen punto...-

-Así que dime de una buena vez o ya vete a la escuela... en serio no ando de humor para aguantarte...-

-Ok... Pero luego no me culpes si no te agrada lo que dije... Aunque no lo creas me importas mucho y no quiero que salgas lastimado con todo esto... te lo digo sólo porque no soporto que jueguen contigo de este modo...- Sus palabras me parecieron bastante extrañas pero lograron atrapar mi atención. Nuevamente estaba esa vocecita dentro de mi cabeza diciéndome que no estaba mintiendo.

-Ajá y entonces?...-

-Mmm... Ok, esto lo escuché ayer de los del club de teatro y aunque al principio no lo podía creer, después de atar un par de cabos, todo tomó sentido...- Se quedó de pie cerca de la ventana. -...comencé a preguntar por aquí y por allás y al final descubrí que la verdad es que Yuri sólo ha estado jugando contigo y con Yuto... Este chico, Takagi...-

-Takaki...-

-Bueno, como sea... él y Yuri han estado juntos desde que eran niños y se mudó desde Osaka sólo para estar con él... entiendes a lo que me refiero?-

-Ya... Takaki está enamorado de Chinen de toda la vida... Y?-

-Sí y no, sabemos que no es el primero ni será el último que sucumba a sus encantos... y eso es porque Yuri disfruta dándoles alas... Sabes por qué se mudó a Tokio?- No supe qué responder. La verdad es que eso era algo que nunca le habíamos preguntado. -...porque Takaki golpeó a algunos chicos de su escuela que lo estaban acosando... mismos con los que Yuri siempre había estado hasta que se enfadaron de su jueguito de coqueteos "inocentes" y quisieron algo más... Entiendes?... Ese chico siempre hace lo mismo; se acerca a las personas, se gana su simpatía, se muestra así de lindo, toma de ti lo que quieres y cuando se cansa, simplemente busca a alguien más con quien jugar... El único que siempre está a su lado es Takaki... Es él quien siempre aparece de la nada para quitarle de encima a las personas cuando ya no son divertidos para Yuri...-

-Lo que dijo hizo eco dentro de mi cabeza de un modo tan horrible que tuve que sentarme para respirar y pensar...-

-Yuri se mudó a Tokio cuando estaba por entrar a la secundaria, cierto? Pero aún así siguió asistiendo un tiempo a la escuela en Osaka, no?... Y luego sin más se traslado a nuestra escuela... Nunca supiste por qué?-

-No y la verdad no sé si eso me importe mucho ahora...-

-Pues debería... Porque a pesar de que fue cierto que se mudó porque trasladaron a su padre a Tokio, la verdad es que su familia lo decidió todo para separar a Yuri de Takaki... Sus padres siempre han pensado que ese chico manipula a su pequeño e inocente hijo para hacer cosas malas sólo porque es mayor y tiene aspecto de chico malo; pero no los culpo por pensar así, con esa carita de ángel que se carga Yuri, nadie pensaría que en realidad es él quien manipula a Takaki a su antojo y conveniencia... Todos y cada uno de los problemas en los que se ha metido Takaki han sido por culpa de Yuri... Nunca te has preguntado porque su hermana parece tenerle miedo?- Cada que agregaba un comentario se clavaba dolorosamente dentro de mi corazón y aunque me negaba a aceptarlo, la verdad es que mucho de lo que decía eran cosas que ya sabía o que ya había escuchado en un par de ocasiones, sobre todo durante la secundaria, pero nunca me habían dolido y molestado tanto como ahora que venían de boca de este chico. Nos quedamos en silencio un par de minutos. Me costaba un poco procesar todo lo que pasaba por mi cabeza después de haberlo escuchado. -...creo entender cómo te sientes. Yo me quedé igual cuando escuché de boca de su hermana lo que te acabo de decir y fue precisamente ella quien me dijo que todo era verdad...-

-Saya lo dijo?...- Asintió sin titubear. -Por qué fuiste a hablar con ella?-

-Porque tenía que saber si lo que había escuchado de los chiscos del club era cierto o no... porque no quería seguir viéndote sufrir de este modo por alguien a quien realmente no le importas...-

-Puedes irte ahor?... Quiero estar solo...- Ni siquiera lo miré mientras le hablaba. -Tengo muchas cosas que pensar...- No creo que escuchase lo último que dije, fue más como un comentario a mí mismo.

-De acuerdo... pero promete que no harás nada de lo que pudieras arrepentirte después...-

-No tengo por qué prometerte nada...-

-Tienes razón... Entonces nos vemos...- Sí, sentía que no le debía nada, pero aún cuando no me lo hubiera dicho, no soy de los que actúan sin haber pensando todos los pros y contras de sus acciones. Salió de mi habitación. Escuché cómo se despedía de mi madre tan lambisconamente que hasta me dieron náuseas. Y de pronto se hizo el silencio que envolvía mi propio infierno personal.



Lo cierto es que la idea de no volver a ir a la escuela hasta la época de finales me resultaba realmente atractiva; sabía que con mis notas, no tendría ningún problema para aprobar todos los exámenes aunque no asistiera a las últimas clases, eso era seguro. Así que ni siquiera entendí por qué había terminado en la escuela a primera hora de la mañana. Estuve esperando a Yuto por buen rato en la entrada pero al escuchar la campana y no ver señales de él, supuse que de hecho, por alguna intervención divina, ya debería de estar en el salón. Desganado y sin más remedio, caminé hacia el edifico y subí las escaleras.



Ni siquiera alcancé a llegar al salón. Acababa de subir el último escalón hasta el pasillo cuando escuché su voz.

-Yuto...- Estaba impactado. Apenas si daba crédito a lo veían mis ojos. Ahí estaba mi mejor amigo abrazando al chico que había amado en secreto todo este tiempo, como si fuera una delicada novia a la cual proteger entre sus brazos. -Lo sabía... pero que tonto soy...- Como una estampida, cada palabra de Ryutaro, cada recuerdo doloroso, cada duda, cada temor, cada sospecha, invadieron mi cabeza y ahogaron mis sentimientos bajo la porquería que llenaba mi corazón en ese momento.

-Yama-chan?... de qué hablas?- Yuto parecía desesperado pero ni por un segundo lo soltó.

-No debiste fingirte mi amigo para poder estar con él!!!- Toda la frustración que había reprimido junto con todo mi enojo fueron puestos en libertad en ese preciso momento.

-Yama-chan! Te equivocas!... Chinen y yo no...-

-Cállate! Sólo has sido otra víctima de sus sonrisas hipócritas y su falsa personalidad...- Como era de esperarse, al escuchar lo que pasaba todos los metiches que estaban alrededor hicieron un breve silencio antes de comenzar a murmurar, sus miradas desconcertadas y curiosas se posaban sobre nosotros. -Si desde un principio planeabas quedarte con él, no debiste meterme en tu juego y usarme de este modo... Eres de lo peor Chin...!- Estaba tan enojado que ni siquiera vi cuando Takaki se me acercó hasta que sentí su puño golpear con fuerza mi rostro enviándome directo al suelo. El dolor enfrió de súbito mi mente. Era la primera vez que me pegaban y sinceramente no quería una segunda.

-Eres un verdadero idiota Yamada!... Si de verdad piensas todas esas estúpideces de Yuri, no vale la pena que me siga conteniendo!- Al escuchar que el alto y misterioso chico que casi nunca hablaba, me gritaba de ese, muchos más espectadores se reunieron entre el pasillo y las escaleras. Aunque no les costaba creer que Takaki me hubiera golpeado, debido a todos los rumores que circulaban de él, sí se quedaron de a ocho al ver que me hablaba de ese modo. Hasta Keito había salido al corredor y contemplaba con la misma mirada incrédula que todos tenían a un exaltado Takaki que se había ido sobre mí para darme un segundo puñetazo cerca del ojo.

-Yuyan... Bas... ta...- Me odié al escuchar toda esa angustia y tristeza en la voz de Chinen y más al ver sus ojos reteniendo de ese modo lás lágrimas. -...por... favor...- No pudo seguir conteniéndolas, y mientras aferraba su brazo para que no volviera a pegarme rompió a llorar justo como había hecho aquella tarde. Takaki me miró lleno de odio y desprecio, lo tomó de la mano y se lo llevó de ahí.

-Yama-chan... qué rayos te pasa?...- Yuto se acercó a mí, preocupado al ver que mi labio sangraba un poco debido al primer golpe.

-A mí?... A ti!... Cómo no te diste cuenta de que ese chico sólo anda detrás de ti?!... Es tan manipulador que ni siquiera tú te salvas de sus mentiras?!-

-No digas tonterías!... No sé quién te llenó la cabeza de estúpideces pero yo sí estoy totalmente seguro de que Chinen no es así!...- De pronto todos se quedaron en silencio, y no era para menos, el chico amable de la eterna sonrisa y felicidad contagiosa estaba verdaderamente furioso y gritando enojado.

-Yuto...- Me dolió su reacción. Me odié por saberme culpable de todo. Odié a Chinen y a Takaki por haber entrado a mi vida. Detestaba absolutamente todo en ese momento. Me di media vuelta y me alejé de ahí. No quería terminar explotando contra mi mejor amigo por algo que realmente no tenía nada que ver con él. Entré al salón y metí en mi mochila todas las cosas de mi casillero. Era un hecho: no volvería a clases hasta fin de curso. Yuto me llamó un par de veces mientras bajaba las escaleras pero no quería hablar con él en ese instante, así que lo ignoré por completo. En realidad era mejor que no me encontrara con nadie. Pensaba ir a buscar a mi profesora antes de irme, pero preferí ir directo a la seguridad que me proporcionaban mi habitación. Por suerte mi madre ya se había ido y la casa estaba completamente vacía, así que subí, aventé mis cosas al piso y me metí debajo de las cobijas a hacer lo que había reprimido todo ese rato. Lloré hasta que ya no tuve lágrimas que derramar y me quedé dormido. Me despertó el sonido de mi celular, pero como no conocía el número no contesté. Quien llamaba era muy persistente, pero como la verdad no tenía ánimos para hablar con nadie, mejor lo apagué.

-Volviste temprano...- Mi madre se extrañó un poco de verme ahí cuando entró por mi ropa sucia. Ni siquiera noté cuándo llegó.

-Sí... es que con todo eso del Festival Escolar ni siquiera tenemos realmente clases y tenemos suspendidos los entrenamientos hasta la próxima semana...-

-Oh, con razón...- Y sin más salió de mi habitación. No salí de ahí hasta pasada la medianoche, sentía que me ahogaba, así que salí a dar una vuelta. Nuevamente me llamaban de ese numero desconocido. Ni un sólo mensaje de mis amigos. Qué me extrañaba, me lo tenía merecido.



Finalmente llegó el día. Para cuando desperté, seguramente ellos estarían sobre el escenario. Quería ir, verlos, apoyarlos... pero no encontré el valor para hacerlo. Nuevamente se me fueron las horas en derramar litros de agua salada. Me bañé y me vestí. Tomé mi gorra favorita y cerré la puerta de mi cuarto. Tenía que salir a caminar. Mi habitación estaba demasiado atestada de recuerdos suyos como para poder seguir ahí. Cuando menos lo pensé ya estaba en el instituto. Justo estaban presentándolos para cuando llegué a la explanada junto al auditorio. No me atreví a acercarme más. Me quedé debajo del árbol donde a menudo nos sentábamos durante el almuerzo. Había quedado sin palabras. Entendí el por qué Keito y Yuto estaban tan emocionados con la llegada de Takaki a la banda, su forma de cantar era impresionante. Vi pasar a un grupo de chicos rumbo al escenario, me recordaron tanto a nosotros mismos que no pude evitar volver a ponerme mal. Escuchar que lo nombraba por el micrófono y lo invitaba a subir al escenario para cantar la última canción con él me trajo de vuelta a la realidad. De pronto vi a Chinen parado a su lado con el vestuario de la obra. La música comenzó y su voz llenó el aire de dulzura. Verlos cantando juntos me rompió el corazón en más pedazos que cualquiera de las veces anteriores. Quería irme de ahí pero mi cuerpo nevamente me traicionaba y se negaba a obedecer. No podía levantar la vista del suelo. Respiré profundamente en un vago intento por recuperar el control de mí mismo. Eché a andar rumbo a la sala de profesores. Era mejor que hablara con la profesora para que me dejara faltar un par de días a la escuela sin que mi ausencia en el salón afectara mi record de asistencias.

-Yama-chan...- Ni siquiera me percaté cuándo había bajado del escenario para correr hasta donde estaba. Fue inevitable que me volviera de inmedito al escuchar que me llamaba. Ellos seguían tocando a petición del público. -...veniste...- No sabía qué decirle. Si de lejos me pareció que se veía lindo, tenerlo a menos de tres metros vestido de Julieta era más de lo que mi corazón soportaba. Quería correr y abrazarlo pero, qué derecho tenía de mirarlo siquiera después de todo lo que lo había hecho sufrir en estas últimas dos semanas. -...soy feliz... creí que no vendrías...- Cómo podía sonreírme de ese modo? Sentía que me oprimían el pecho desde adentro. -..en serio que quería verte... no sabía qué hacer, estaba tan asustado que pensé que no podría actuar... necesitaba verte...- Antes de que pudiera siquiera pensar el hacerlo, ya estaba abrazándolo, tan fuerte que hasta temí hacerle daño.

-...pérdoname... por no saber hacerte llegar mis sentimientos... por todo el daño que te he hecho... por todas las estupideces que he dicho y dicho...- Pude haber seguido disculpándome por largo rato, pero él se apartó con fácilidad lo suficiente como para callarme con un beso.

-Tonto...- Fue lo único que susurró en mi oído mientras se paraba de puntitas para devolverme el abrazo. -...yo sólo tengo espacio en mi corazón para Yama-cha... siempre ha sido y seguirá siendo así...- No pude evitarlo y terminé aferrándome a su pequeño y frágil cuerpo con desesperación mientras rompía en llanto. Aún cuando sonreía, su carita también estaba decorada por finas lágrimas. Las cuales alejé de su su piel con mis labios.

-Te amo... siempre lo he hecho... desde el primer día en que te ví... desde la primera vez que escuché tu voz, que vi tu sonrisa, que me miraste con esos ojos dulces...-

-Yo también...- Volvimos a abrazarnos. El silencio dejó de existir entre nosotros.



Después de aquello arreglé todos y cada uno de los malentendidos que tenía con los chicos. Me disculpé como mil veces con todos. Y claro, le rompí la cara a quien comenzó con todos los estúpidos rumores, quien había estado haciéndolo desde la secundaria simple y sencillamente porque estaba celoso de Chinen. Nunca pensé que detrás de esa cara estúpida se escondiera un chico tan perverso y manipulador; pero creo que después de verme tan enojado, Ryutaro no volvera a molestarnos.



Extrañamente, después de todo lo que pasó, Takaki y yo terminamos llevándonos bastante bien, excepto cuando se trataba de mi novio, porque su mejor amigo no parecía tener intenciones de renunciar a él tan fácilmente, pero hasta cierto punto eso lo volvía interesante, yo tampoco estaba a dispuesto a perder a Chinen, así que tener cerca una amenaza constante me obligaba a dar lo mejor de mí para la persona que amaba.



-Yama-chan!... Yama-chan?... qué haces?-

-Ah, lo siento!... Recordaba viejos tiempos...-

-Me esperaste mucho?-

-No, para nada!-

-A dónde iremos?-

-Al zoológico?-

-Suena divertido!... Deberíamos llamar a Yuto y a Keito?-

-No...-

-Por qué?-

-Porque hoy quiero que seas sólo mío... Mi propia gota de color...-



Un abrazo cálido y entregado en medio de un día lluvioso. Dos corazones latiendo al unísono fusionados en un beso eterno. Tres años de felicidad absoluta sin nubes grises en el cielo... Y toda una vida para seguir amándolo.
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No es una ilusión. (Nino)




Título: No es una ilusión
Autor: Lilith
Pairing: Ninomiya Kazunari + OC
Fandom: Arashi
 ~Himitsu - Ninomiya Kazunari~
Tipo: One-shot
Género: FanAi, Shoujo, Angst, AU



Estaba tan cansada y me sentía tan mal que ni siquiera me di cuenta de que había comenzado a llover poco después de que saliera de la oficina del gerente general aquella tarde. Nuevamente me habían regañado por no mentirle a una clienta al no decirle que aquel vestido le sentaba de maravilla y que definitivamente debía comprarlo o se arrepentiría cuando llegara a casa. Como si semejantes estupideces pudieran salir de mi boca después de ver como se le desbordaban las lonjas con aquel vestido salmón haciéndola parecer una salchicha para hotdog. En definitiva no me hubiera perdonado si la hubiese dejado salir vestida así a la calle. Podía ser una maldita y una cínica, pero no podía serlo con esa pobre señora que sólo pretendía verse linda para ir a cenar con su marido. Para mi desgracia, nuevamente estaba cerca mi jefa de piso justo en el momento en que le aconsejaba a la mujer no comprar nada de la sección juvenil porque sinceramente no le quedaba. Y como la muy desgraciada ya la traía conmigo, en cuanto me vio conducirla amablemente a la sección de ropa para mujeres mayores, de inmediato carraspeó para llamar mi atención y con ese maldito gesto de su dedo que siempre solía hacer y que tanto me desagradaba, "discretamente" me pidió que la siguiera para reprenderme y llevarme a la oficina del gerente para reportarme, otra vez, por mi actitud. La verdad es que no me molestaba que me hiciera entrar en esa oficina, Sakurai-san estaba que se caía de bueno, así que cualquier oportunidad para tenerlo a menos de cinco metros era digna de ser tomada. Y lo que la excéntrica mujer que amaba estar sobre mí todo el día esperando a que cometiera el más mínimo fallo no sabía, es que el caballero sentado detrás del escritorio de cristal era el mejor amigo de mi mejor amigo, por lo que sinceramente dudaba que fuera a gritonearme o algo así y menos frente a ella. Pero hoy me dolía tanto la cabeza y me sentía tan mareada, que no quería ni escuchar que me "regañara" otra vez por no tener cuidado y dejar que Kaori-san siempre me atrapara con las manos en la masa.
-Segura que te sientes bien?, te ves un poco pálida...- Me preguntó cortésmente como solía ser siempre él cuando hablaba conmigo.
-Sí, creo que sólo iré a casa en cuanto terminé mi turno...-
-No te preocupes, mejor vete y descansa. Le diré a Kaori-san que te mandé a casa, siendo ella, seguramente pensara que lo hice como castigo. Sería mejor que fueras al doctor, no sería bueno que te enfermaras antes de la temporada de verano...- Me dolía admitirlo, pero él siempre me trataba como a una niña, sí, era lindo saber que se preocupaba por mí y que a menudo tuviera sus detalles conmigo, pero sabía perfectamente que sólo lo hacía como si fuera un hermano mayor cuidando de su pequeña hermana. A veces en verdad que era molesto. Pero aún cuando a menudo le tiraba sútilmente la onda, nunca me había hecho caso más allá de verme como la mejor amiga de su mejor amigo, que le caía bastante bien y con quien tenía muchas cosas en común. Nada más ni nada menos que eso. A veces me preguntaba si acaso era gay o tenía novia en el extranjero, porque nunca lo veía con ninguna chica en las fiestas, ni en las de la compañía ni en las de los amigos. Que desperdicio. En fin, eso era cosa suya.
-Tienes razón... Qué harías sin la empleada del mes, verdad?- Se rió abiertamente de mi comentario. A menudo recalcaba lo mucho que le gustaba mi sarcasmo, diciendo que me hacía parecer aún más interesante; aunque enseguida agregaba preocupado que le recordaba mucho a su otro mejor amigo, al que yo aún no conocía, y rogando porque no nos cayéramos ni muy bien ni muy mal el día que por fin nos conociéramos porque eso podría ser el fin del mundo conocido, la humanidad todavía no estaba preparada para alojar a dos Juns dentro de la misma habitación.
-No quieres que llame a Nino para que vaya a recogerte a la estación?-
-No... debe estar ocupado, no lo preocupemos con tonterías. Hoy era un día muy importante para él. Si todo salía bien, lo contratarían como compositor en esa agencia en la que tanto quería trabajar... Hasta el lunes...-
-De acuerdo. Descansa... Y de hecho, hasta mañana. Nos veremos en la fiesta de Nino, recuerdas?-
-Claro! Como lo iba a olvidar?! Si se la ha pasado toda la semana planeando el evento del siglo...- Nos despedimos entre risas por nuestro pequeño chiste local. Lo cierto es que Nino estaba tan entusiasmado con lo de su cumpleaños como yo por ir a tomar el té con Kaori-san y las de la oficina. Aunque en su caso, no tenía ni la más remota idea del por qué estaba tan apático.
-Oye, Lilith...-
-Dime?...-
-Pon cara de que te regañé... no quiero que Kaori-san esté rondándome el resto de la tarde por esa sonrisa tuya...-
-Ok! Bye-bye!- Cerré la puerta detrás de mí y caminé "molesta" por todo el pasillo en dirección al ascensor para bajar a los casilleros de las empleadas para ir por mis cosas.

-No se por qué simplemente no te despiden?!-
-Eso te haría feliz?-
-Pues, la verdad es que sí, un poco...-
-Lastima que no te quieren tanto allá arriba...- Le sonreí lo más dulce que pude mientras apuntaba hacia arriba con el dedo índice. Se quedó mirándome con los ojos abiertos de par en par. Tal vez no entendió realmente mi comentario, pero creo que le hubiera ardido mucho más si hubiese sabido que con "allá arriba" me refería a la oficina de Sakurai y no precisamente a allá arriba en el cielo. Pero igual su expresión había sido lo suficientemente buena como para hacerme reír hasta que lo olvidara al salir de la boutique.

Como de costumbre me puse los audífonos y subí el volumen antes de colgarme la mochila y soltarme el cabello. Odiaba parecer muñequita de aparador, pero era parte del trabajo y eso me permitía vivir sola y darme de vez en cuando pequeños lujos, así que trataba de no pensar mucho en ello para hacérmelo un poco más fácil.

Como decía, iba tan concentrada en todo lo que tenía que hacer al llegar a casa aprovechando que Nino no estaría ahí, que ni siquiera me di cuenta de que olía a tierra mojada hasta que ya estaba empapada. No le vi mucho caso a echar a correr como hacían muchos; total, no me podía mojar más de aquí al metro de lo que ya estaba, pero igual apreté el paso. En algo tenía razón Sakurai: no quería perderme las comisiones de las ventas de temporada; después de todo, eso pagaría mis próximas vacaciones a Hokkaido con los chicos. Llegar a casa y tomar un baño con agua caliente, eso era todo lo que quería en ese momento. Por furtuna sí llegué al departamento bastante rápido. Por desgracia había olvidado dentro mis llaves por salir a la carrera, así que tuve que esperar por más de dos horas a que mi mejor amigo volviera a casa y me abriera la puerta. Por supuesto que para ese momento la ropa ya se me había secado puesta y la fiebre ya había hecho de las suyas. Y tomando en cuenta lo considerado que era Ninomiya, ni siquiera me ayudó a levantarme cuando llegó, se limitó a burlarse de mí por parecer un gatito abandonado y mojado al pie de su puerta.
-Qué vamos a cenar?... muero de hambre... Puedes hacer algo sencillo, sólo que sea rápido, que te parece un omelette? - Fue directo al regrigerador a ver qué encontraba para picotear antes de la cena. Me sentía tan mal en ese momento, tanto física como emocionalmente, que su habitual falta de atención hacia mi persona me hizo explotar.
-Pues que bueno que sea tan sencillo y tan rápido... Preparátelo tú mismo!!!- Cerré de golpe la puerta de mi habitación, dejé caer mis cosas al piso y me tiré boca abajo sobre las almohadas y peluches de ranas que ocupaban la mayor parte de mi cama. Había un extraño silencio reinando alrededor. Esperaba que una vez que entendiera que se lo había dicho en serio viniera a gritonearme a domicilio exigiéndome que le cocinara o que saliera a comer fuera indignado por mi falta de consideración hacia su persona, pero para mi sorpresa no hizo nada. Tenía tanta fiebre y me sentía tan del asco que en menos de diez minutos ya me había quedado profundamente dormida.

Para cuando desperté ya había anochecido y mi cuarto estaba completamente a oscuras. Me levanté y tropezando con todo el cochinero que había dejado en el camino, salí rumbo a la sala, suponiendo que ahí estaría viendo algún dorama en la televisión por la hora que era. Ya me había hecho a la idea de que tendría que contentarlo de algún modo, y qué mejor manera de lograrlo que haciéndole los hotcakes que tanto le gustaban. Pero por más que lo llamé, nunca respondió. No lo creí tan infantil como para aplicarme la ley del hielo por algo así, pero como con él nunca se sabía, mejor fui a buscarlo a su habitación. Tampoco estaba ahí. Sus llaves no estaban junto a las mías, lo mismo que sus tennis y su sombrilla, así que supuse que sí había salido a comer a la calle y que probablemente estaba tan enojado conmigo que no volvería hasta muy tarde cuando ya me hubiera dormido. No importaba. De igual manera le haría los hotcakes como una disculpa por haberle gritado, aún cuando se lo mereciera. Había dormido suficiente, así que me senté a esperarlo, teníamos que hablar. No estaba dispuesta a ser su chacha ni a que me tratara como a una. La última vez que vi el reloj, marcaba las doce y pasadas y todavía no regresaba. Me empezaba a preocupar, pero no tenía fuerzas para ir a mi habitación por mi celular, de algún modo presentía que estaba bien. Sin saber ni cuando, me quedé dormida sentada en el banco, apoyada en la barra del desayunador sobre mis brazos.
-Estupida...-
-Gracias! Yo también te quiero...- Al principio creí que soñaba, se veía muy serio para ser él. Se quedó callado, cosa rara en él, y volvió a colocarme el trapo húmedo sobre la frente después de exprimirlo con fuerza. Se sentía muy frío pero era una sensación por demás agradable.
-Sólo alguien como tú podría levantarse a media noche a preparar hotcakes con 39.5 de temperatura...-
-Yo... es que...-
-No digas nada... Ten...- Me ayudó a levantarme un poco para tomar la medicina que me había comprado. -Será mejor que descanses... por cualquier cosa le echaré candado al refrigerador y a la estufa, no vaya a ser que te dé por hacer pasteles o algo así si llegas a los 40...-
-Tuvieras tanta suerte...-
-Gracias...-
-Eh?-
-Por la cena... En serio moría de hambre...-
-Gracias... Por cuidarme... En serio me sentía mal...- Fue un momento tan extraño entre los dos, que fue inevitable que se produjera ese clichétero e incómodo silencio. No solíamos ser tan emotivos. Al menos no entre nosotros. Al menos no tan abiertamente
-Hasta mañana...-
-Nino...- Se detuvo justo al llegar a la puerta. -Feliz cumpleaños!- Se esforzó en disimular su alegría, pero esa sonrisa que esbozó antes de cerrar la puerta, lo delató.

Todavía me sentía muy mal por la mañana, pero al menos ya no me sentía como si me hubieran arrollado cien vacas. Me senté para ponerme las pantunflas y pararme a hacer el desayuno de cumpleaños perfecto. Por la hora sabía que Nino seguiría dormido. Me apresuré a sacar su regalo de donde lo tenía escondido. No porque temiera que hurgara entre mis cosas cuando yo no estuviera, sabía que no lo hacía y además, aunque lo hiciera, creo que no me molestaría mucho, sino más bien porque daba miedo el radar que ese chico tenía para los juegos de video. Después de que me arruinase la sorpresa el año pasado en navidad, había aprendido la lección, así que esta vez sería mejor esconderlo entre cosas que no le llamaban en lo más mínimo: pinturas, telas y papeles dentro de una caja al fondo de mi armario. La envoltura estaba intacta. Me había salido con la mía. Caminé por el pasillo tratando de no hacer ruido hasta llegar a la salita de estar, que era lo que separaba nuestras habitaciones, debía asegurarme de que no se hubiera quedado dormido en el sillón por estar jugando en el Wii hasta las tres de la mañana, cosa que a menudo solía hacer, con o sin mi compañía. Una vez comprobé que no estaba ni ahí ni en el baño, seguí hasta su cuarto. Como de costumbre, la puerta estaba emparejada, ni siquiera se había quitado los zapatos, así como se arrastró hasta la cama se quedó dormido. Me metí a la cocina presumiéndome a mí misma una triunfal sonrisa al tiempo que sacaba de la alacena algunas cosas que de antemano había comprado para la ocasión, era fácil hacer feliz a este chico si le llegabas por el estómago, eso lo tenía comprobadísimo. Sabiendo que no podría hacer uso de la licuadora o la batidora, terminé pensando que lo mejor era prepararle una tarta fría, por lo que la mañana anterior había aventajado algunas cosas, motivo por el cual casi se me hace tarde y sólo salí corriendo sin acordarme de tomar las llames. Desde la barra podía ver cuando se despertara, el tiempo era vital, debía tener todo listo para antes de que despertara, lo cual siendo domingo, seguramente sería a eso de las diez. Ese era el día que los dos aprovechábamos para dormir hasta tarde, porque obviamente, el sábado era cuando aprovechábamos a desvelarnos hasta que de plano no podíamos mantener los ojos abiertos. Una vez terminado todo, lo metí al congelador. Todavía tenía una hora para terminar de preparar la sorpresa. Mi condenada nariz amenzaba con diluviarse, así que preferí taponearla con un par de pañuelos desechables para no estar estornudando sin parar y escurriendo como grifo con fuga. Volví a mi habitación para terminar de inflar los globos, la mayoría estaban escondidos entre mi ropa dentro del closet desde el día anterior, junto con las serpentinas y el letrero de "Feliz Cumpleaños!" que le había hecho con foamy y otras cosas por el estilo que me encontré entre mis curiosidades. Mi celular comenzó a sonar, corrí para callar el ruido, sería el acabose si se despertara en este momento y viera todo antes de tiempo. Como supuse, quien llamaba era Sakurai.
-Aló?-
-Lilith?-
-Yeap...-
-Estás bien?-
-No tanto como quisiera pero mucho mejor de lo que debería..-
-Sigue dormido?-
-Sí... Terminaste los preparativos de la fiesta?-
-Sí, todo esta bajo control, Sandra y Jun son expertos en fiestas, fueron de mucha ayuda.- Conocía a su amiga, me caía super bien, y el chico era el famoso amigo sarcástico al que temían presentarme. Hasta donde sabía, ellos dos eran novios desde que estaban en la preparatoria y se llevabab muy bien con Nino.
-Eso es bueno...-
-Segura que no quieres ir al médico antes de venir?-
-Estaré bien, no te preocupes... Ya estoy tomando algo. Nos vemos en la tarde!-
-Ok... Si se pone pesado, golpéalo en la cabeza y arrástralo hasta aquí!-
-Jajaja va!- Colgué espérando no haberlo despertado por mi risa, pero es que no era algo tan descabellado si conocías a Nino tan bien como nosotros. Gatié hasta la puerta para averiguarlo, la suya seguía emparejada y no se oía nada fuera de lo normal. Suspiré aliviada. Una vez inflado el último globo, cargué con la caja del cumpleaños hasta su puerta. Seguía justo como lo había visto la última vez. Empujé un poquito para abrir otro tanto y metí los globos uno por uno, enredándoles las serpentinas, al final dejé flotar hacia el techo los que tenían el letrerito y metí los que no estaban inflados con helio deslizándolos por el piso. Perfecto! Volví a emparejar la puerta como él la tenía antes de mi intromisión y me fui a la cocina. La tarta estaba lista, así que la desmoldé en un platón y la decoré, incluso le puse unas velitas con la llamita simulada. Pegué algunos globos más a la barra y esparcí confeti y serpentinas encima antes de poner su postre y su regalo. Justo a tiempo. Ya no aguantaba los mocos, así que me encerré un rato en el baño. Tras despertar por completo con la ducha, me cambié de ropa, me dopé con lo que Nino me había dejado sobre la mesita de noche y me acosté. Según yo sólo quería descansar un ratito porque sentía el cuerpo cortado, pero la señora gripa me la aplicó y me quedé dormida antes de que me diese cuenta.

-Tonta...- Me despertó el roce de su mano sobre mi frente.
-Buenos días...- Aunque se hacía el duro, la verdad es que no podía disimular su inmensa felicidad. Me había perdido el show en primera fila, pero el brillo en sus ojos me decía que la sorpresa había valido la pena.
-Cómo te sientes?- No era la primera vez que se mostraba abiertamente preocupado por mí, pero esta vez me hizo particularmente feliz aunque no sabía por qué. Tal vez era sólo debido a la fiebre o a las medicinas.
-Como si me hubieran arrollado cien vacas...- Se echó a reír como un niño.
-Que estupida! Como si ya te hubiera pasado... creo que sí tienes la fiebre muy alta... aunque igual eso es algo que dirías aunque no estuvieras enferma...- No podía dejar de carcajearse. -Anda, vamos a desayunar... no pensaras que me voy a comer todo eso yo solo, verdad?-
-Cómo si no pudieras o no quisieras...- Seguía muerto de la risa. Pero era obvio que ahora se burlaba de mí.
-A mí se me hace que quieres convertirme en la cena de navidad, verdad?- Me acomodó el cabello. Sabía que se burlaba de eso, lo hacía a menudo cuando me veían al despertar.
-Que tonto! Ni quién quisiera comer caldo de hueso!-
-Ah sí?! Pues aunque no lo creas, hay cientos que quisieran llevarse este huesito sabroso a la boca...-
-Ay, Nino! Las ciegas, las discapacitadas y las ancianas no cuentan!-
-Pero al menos tengo perro que me ladre! No como otras!-
-Tienes razón... para que quiero animales? No me gustan, además para eso te tengo a ti...- Esa mirada. Creí que gozaría de inmunidad por enfermedad. Que ingenua era. Por supuesto que le valió un cacahuate y se me dejó ir para hacerme bolita, cosquillas, aplastarme, saltarme encima, despeinarme, y todo lo que se le ocurría en el momento. Y como de costumbre, traté de quitármelo de encima porque no me dejaba respirar, pero en medio de nuestra lucha, mi muñeca se torció bajo su peso y su codo se resbaló de la almohada, haciendo que se fuera contra mi rostro dándome un cabezazo. Se levantó enseguida para ver cómo estaba. Nuestros rostros estaban tan cerca que podía percibir el olor de pasta de dientes con dulce de limón que exhalaba. Ninguno de los dos dijo o hizo nada.
-Nino?- Y ahí estaba la bruja de su exnovia con su castrozo y fingido timbre de voz chillón y su cara de palo, mirándonos con los ojos como platos desde la puerta de mi habitación. Los dos nos levantamos enseguida, más por pena entre nosotros por lo que había estabo a punto de pasar que por el hecho de que ella llegara; noté que él también se había sonrojado. Sentí de golpe que la sangre resbalaba fuera de mi nariz, así que de inmediato eché la cabeza hacia atrás.
-Estás bien?-
-Sí... sobreviviré...- Busqué el trapito que seguía junto al bote de agua que había usado en la noche para bajarme la temperatura y lo oprimí contra mi nariz para levantarme e ir al baño a revisarme. Sí había sido un buen golpe, pero por alguna razón ni lo había sentido.
-Me puedes explicar qué está pasando aquí?-
-Andi, qué haces aquí? No te dije que dejaras la llave en el buzón y que no me volvieras a llamar?...- No era raro que le hablara de ese modo a la gente. Lo que sí era raro es que le hablase así a ella. Habían salido por más de cinco meses, lo cual era muchísimo si tomábamos en cuenta que mi amigo no solía salir más de cinco veces con la misma chica porque se aburría pronto de ellas y su "falta de seso" y prefería estar en casa con sus videojuegos, sus amigos, o en el peor de los casos y cuando las dos primeras opciones no aplicaban, conmigo.
-Ay, flaquito... Pero te dije que teníamos que hablar. Las cosas no pueden terminarse así, sé que todavía me amas...-
-Andi, no pierdas la poca dignidad que te queda y no me hagas que te diga algo de lo que no me voy a arrepentir después y mejor vete a tu casa, sí?... Tengo muchas cosas que hacer...- Nino había decidido terminar con ella definitivamente luego de que le montara tremendo espectáculo por un ataque de celos al verlo con una mujer mayor que él, muy guapa por cierto, entrando al carisímo restaurante de un hotel de cinco estrellas. Aquel númerito le había costado el contrato con la artista pop coreana del momento que tanto había buscado durante el año pasado. Nino estaba tan enojado con ella que la ignoro totalmente por dos semanas. Yo sabía que desde el momento en que le dijo "infiel", "mentiroso" y "traidor", él ya había decidido dejarla, pero no había querido hablar con ella mientras estuviera furioso para no decirle hasta de lo que se iba a morir, en eso nos parecíamos bastante: no actuar hasta tener la cabeza fría. Pero como que la teoría que compartía con Sakurai no estaba del todo errada, porque como que algo no le funcionaba en la cabeza a la susodicha, al grado de que hasta la fecha, seguía convencida de que Nino sólo estaba un "poquito" molesto y sólo la ignoraba para castigarla y que en cuanto se le pasara volverían a estar como sin nada.
-Flaquito! No seas así! Es tu cumpleaños!- Ay! La muy hija del mal dormir me sacaba tanto de quicio que estaba a punto de salir así como estaba, con los tapones de papel en la nariz, a correrla de la casa. Le estaba arruinando la mañana. A los dos!
-Andi, en serio... Mejor vete...-
-No, claro! Pero como no me di cuenta antes?! Si ya decía yo que eso de querer vivir con tu "mejor amiga" no era más que una tapadera! Y yo de estupida creyendo que en serio no la veías como algo más! Ja! Si ya me imagino que tu amiguita debe ser la razón de que no contestes mis llamadas ni tengas tiempo para ir a verme...- Ya me había colmado el plato. Salí hecha una furia del baño y la agarré por detrás con fuerza del cabello.
-Haber, pséudomodelo de no sé que demonios podrías promocionar con esa cara fea... Te me vas a la de ya!- La saqué de mi habitación como pude. Lo cierto es que era un poco más alta que yo y no me sentía así como super bien, pero me había enojado tanto lo que había dicho que ni me acordé de mis pequeñas desventajas.
-Suéltame, arrastrada!- En su intento por safarse, me dio un manotazo en la cara que hizo que la soltara. En cuanto se sintió libre, se volteó y me estampó contra la pared.
-Andrea! Ya basta! Déjala!-
-Y encima de todo la vas a defender?!-
-Claro que sí... ella es...-
-Ella es la zorra que se interpuso entre nosotros!-
-Disculpa?!...- Me levanté todavía medio aturdida y la empujé. -Aquí la única zorra y arrastrada eres tú!-
-Hey! Las dos! Ya basta!- Nino se interpuso entre las dos. -Tú, largo de aquí! Entiende de una buena vez que no queda nada de "nosotros" entre tú y yo, tú lo arruinaste, Andrea... Y tú, deja de arriesgar el físico a lo tonto, estás enferma!-
-Pero no voy a permitir que me ofenda ni que insinúe que le pusiste los cuernos! Ni conmigo ni con nadie! Bien dicen que el león cree que todos son de su condición...-
-Qué dijiste, escuincla estúpida?!- Se me dejó ir enojada como nunca la había visto. Ambas sabíamos que tenía una larga cola que le pisaran, por accidente me había enterado de algunas cosas por terceros, pero Nino no sabía nada de eso y la verdad era mejor que nunca se enterara.
-Andrea, ya! No voy a dejar que le vuelvas a poner una mano encima, me oíste?!-
-Ninomiya Kazunari... me estás amenazando por defender a esa babosa?!-
-Deja de insultarla... no te lo voy a permitir...- La tomó por el brazo y la jaló por el pasillo hacia la puerta.
-Cómo te atreves?! Ahora me vas a salir con que te gusta tu amiguita?!- Estaba tan enojada que casi se le podía ver en la sien una vena a punto de explotarle.
-Y si así fuera qué?!- Lo que oí me dejó estúpefacta. No creí que lo dijera en serio. Además nunca me había puesto a pensar siquiera en la posibilidad de que eso fuera posible.
-Flaquito...- Ahí estaba de nuevo su asqueroso tonito chiqueado que tantas veces había tenido que soportar.
-Dame la llave y vete, sí?-
-Pero, flaquito...- Trató de abrazarlo como siempre hacía cuando quería contentarlo después de hacerlo enojar, pero al ver que le agarraba ambas manos para quitárselas de encima, le echó una mirada asesina que le alcanzó hasta para mí.
-Sabes qué?... Quédate la llave si quieres. Cométela si te place... No pienso dejar que arruines la increíble felicidad que siento desde que desperté... Total, no pasa que cambiemos la chapa de la puerta...- Le cerró la puerta en las narices. Su expresión atónita valió cada punzada de dolor que incluso me había sacado las lágrimas. Nunca hubiera pensado que tuviera la mano tan pesada. -Estás bien?...- Casi corrió a donde estaba y me ayudó a caminar hasta el sillón. -Déjame ver...- Me quitó la mano de la nariz. Los papeles estaban llenos de sangre. -Te duele?-
-Un poco...- No pude evitar que se me escaparan un par de lágrimitas más cuando oprimió mi tabique.
-Bueno, al menos no está rota...-
-Oye!-
-Qué? Tú eres mi niña de azúcar, no?...- El comentario sumado a lo que le había dicho a ella y a nuestro momento extraño mientras jugábamos, hizo que me sonrojara.
-Kazu...- Sentí que me dolía el pecho de tan fuerte que latía mi corazón en ese momento. Un pensamiento extraño se apoderó de mi mente. Tenía que hacer algo.
-Qué?-
-Estás...-
-Eh?-
-Estás muy cerca!- Lo aparté con ambas manos empujándolo por el pecho, me levanté brusca y rápidamente y corrí a mi habitación. Había estado a punto de besar a mi mejor amigo. No. Eso no podía ser. No podía arruinar todo lo que teníamos por un impulso inexplicable de mi parte que poco a poco se había vuelto más fuerte en los últimos meses.
-Lil?- Tocaba suavemente a mi puerta.
-Quiero estar sola...- Traté de disimular el hecho de que lloraba. Odiaba que me vieran llorar.
-Segura?-
-Sí!!!- Mi celular sonaba en alguna parte. Ni siquiera me molesté en pararme y buscarlo. Había tenido suficiente por un día. Qué demonios me pasaba?

Lloré hasta que ya no tenía lágrimas que llorar. Qué hora era? Ay no! Sakurai me iba a patear! Dónde estaba Nino? Me levanté corriendo y abrí la puerta justo a tiempo para chocar con él, que al parecer había venido a ver cómo estaba.
-Te sientes mejor?- Asentí agachando la cabeza para que no me viera la cara, sabía que luciría horrible después de haber estabado de Magdalena por más de una hora. Me escabuí por su costado y me encerré en el baño luego de asentir levemente. Me lavé la cara. Cielos, lucía del asco. Era más que obvio que me habían pegado en la nariz. Comenzaba a considerar seriamente el no aparecerme por la dichosa fiesta. No, no podía hacer eso. Si yo no lo llevaba, no era seguro que el festejado se dignara a ir, ya que todo era sorpresa y no había nadie mejor que yo para llevarlo a algún lado con engaños, empezando porque probablemente era la única cuya vida no peligraba si lo hacía. Resignada salí para cambiarme de ropa, había comprado algo especialmente para la ocasión. Por fin iba a conocer a todos sus amigos y a sus novias, así que estaba un poco nerviosa y decidí ahogar mis inseguridades en el centro comercial. Nah, lo cierto es que a él le había gustado ese vestido cuando lo vimos en el aparador la semana pasada, y como a mí también me había gustado mucho, le dije que me lo autoregalaría por mi cumpleaños; a lo que siendo él, añadió que algo así nunca se vería bien en alguien como yo y que sería un desperdicio porque el vestido probablemente terminaría huyendo de mi armario. Herido mi ego con su malintencionado comentario, decidí hacer que se tragara sus palabras. Y para qué esperar hasta mi cumpleaños si podía hacerlo durante el suyo, no? -Mentirosa...- Me asustó. Estaba tan sumida en mis pensamientos que no vi que estaba recargado en la pared.
-Ahora que hice?-
-Déjame ver...- Puso sus manos sobre mis mejillas, estaba tan cerca y mirándome tan fijamente que me sonrojé. -Supongo que aunque no esté rota duele más de lo que parece, verdad?... Y tú tan nena para aguantar el dolor físico, y encima de todo, engripada... hasta yo lloraría...- Me aparté bruscamente.
-Pues por si no lo has notado, soy una chica! Así que es normal que lloré y me sienta mal a veces!- Me miró perplejo.
-Claro que sé que eres una chica, ni que estuviera ciego o fuera idiota!-
-Pues si yo fuera tú no estaría tan seguro de lo segundo...- En realidad no quería decir aquello, pero a veces su falta de tacto me hacía enojar tanto que pasaban estas cosas.
-Ah sí?... Mmm... ya veo...- No supe qué hacer. Esto no era parte de nuestra rutina de discuciones. Lo normal es que comenzara a corretearme o que me dijera también algún insulto medio pasado. Pero que se quedara callado no era bueno... o sí? Se dio media vuelta y se fue. Al ver que se disponía a ponerse los zapatos para salir, el pánico se apoderó de mí.
-Kazu!- Se detuvo antes de abrir la puerta. Pero no se volvió para mirarme. -...yo... lo siento... en realidad no quería decir eso...-
-Pero lo hiciste...-
-No te vayas... por favor... quédate conmigo...- Creo que se sorprendió tanto como yo de escucharme decir eso porque se dio la vuelta enseguida para mirarme.
-Eh?-
-Quiero que te quedes conmigo...- Algo en su semblante cambió debido a mis palabras. -...además es tu cumpleaños, y quiero estar contigo todo el día...- No pude disimular mi alegría al ver que se volvía a sentar para quitarse los zapatos. Ni siquiera yo misma supe por qué, pero corrí a abrazarlo. -Gracias...- No dijo nada. Siempre era agradable tenerlo así de cerca. Su corazón latía aprisa. Puso su mano sobre las mías, que estaban sobre su pecho y me dio una palmadita.
-Vamos a desayunar, sí?... muero de hambre... He tenido demasiadas emociones extremas con el estómago vacío...- Fuimos a la cocina. Estaba tan feliz que ni siquiera me importó que me pidiera que le preparara algo más. Igual yo también tenía hambre, ya casi era medio día y anoche no había cenado. Terminamos de desayunar y nos pusimos un rato a jugar, no debía hacerlo sospechar nada, así que tenía que ser como un domingo de weba normal. Alguien le llamó por teléfono. Sakurai le felicitaba por su cumpleaños y le preguntaba qué planes tenía para hoy, a lo que Nino respondió sin pensarlo siquiera, que se quedaría todo el día en casa porque su mascota estaba enferma y lo necesitaba, obviamente se ganó un golpe, pero fue más por costumbre que otra cosa, porque ni siquiera me molestó realmente lo que dijo. Temiendo que iniciara otra batalla épica, se paró casi corriendo tras el primer puñetazo que le di para escaparse por si había un segundo ataque. Su conversación no duró mucho y al ver que no estaba de agresiva, regresó a sentarse junto a mí.
-Con que ahora soy tu mascota?- Se reía nervioso pensando cuidadosamente qué responderme.
-Jajaja, no necesariamente,  no me importa lo que seas con tal de que el pronombre posesivo siga siendo "mi"...- Me eché a reír. Eso contaba acaso como un piropo? Este chico no tenía remedio.

Esperé hasta que se dieron las tres de la tarde. El plan inicial era quedarnos jugando sólo hasta las dos, pero que le iba a hacer?, jugar smash bros me era tan adictivo que de no ser por el recordatorio de mi celular, probablemente nos hubiera oscurecido ahí. Sabía que para esa hora ya no tardaría en darle hambre otra vez. Así que "lo invitaría a comer" por su cumpleaños, y so pretexto de que había planeado ir a su restaurante de ramen favorito, lo arrastraría conmigo a casa de Aiba.
-No mientas! Has estado jugando a escondidas, verdad?- Había pensado en dejarlo ganar un par de veces más por ser su cumple, pero esta cosa era tan enviciante que no pude evitar ganarle más veces de lo normal. Confieso que me encantaba la forma en que se ponía a hacer berrinche por ello, ponía cara de cachorrito furioso y se veía adorable.
-Jajaja, eso qué?! No es mi culpa que seas malo en esto!-
-Qué?! Uno más! El que gane éste se queda con el título del mejor jugador de smash!-
-Jajaja no lo creo caballero, si te gano te vas a poner insoportable el resto del día y tampoco pienso dejarte ganar para que me estés dando lata todo el día con que eres mejor que yo... Además quiero que me acompañes a un lugar...-
-Bueno, y tu en serio que estás mal de la cabeza o qué?- Se me acercó de repente y puso su frente contra la mía. -Todavía tienes fiebre y tienes cara de haber estado en un funeral toda la noche, en serio crees que vas a salir así a algún lado? No creo que tu vanidad esté muy de acuerdo con la idea ni que tu ego te vaya a hacer segunda...- Golpe bajo. Odiaba que me conociera tan bien. Pero mañana entendería cuán especial es para mí, que incluso me atreví a amarrar con cinta de secuestro a mi vanidad y a mi ego y a encerrarlos dentro del armario con tal de hacerlo feliz.
-Ahmm... Eso se puede arreglar... Quieres salir conmigo sí o no?- Me levanté del sillón. La verdad esperaba no tener que rogarle, así que poner un poquito de su parte sería bueno para mí.
-Si lo pones así, no me resulta nada atractiva la idea, sabes?... Si quieres que te dé pulmonía, no seré complice, así que paso, tengo un juego nuevo que acabar y doce horas para conseguirlo...- Que ingenua que era. Debí darle su regalo justo un minuto antes de que se diera la medianoche. Suspiré y puse cara de triste resignación.
-Ok...- Sonrió y quitó las cosas del sillón, creo que pensó que me estaba rindiendo y que volvería a sentarme junto a él para seguir jugando. Me hubiera gustado ver su cara cuando me di la vuelta y me fui a mi cuarto.

Contaba con que el vestido nuevo fuera motivación suficiente para despegarlo del Wii, así que a propósito desfilé con él hasta la cocina para "tomar un poco de agua" antes de volver a desaparecer para plancharme el pelo y terminar de arreglarme. Al principio me desmoralizó no ver ni la más mínima reacción en él, pero de pronto reparé en que no escuchaba nada excepto mi música, bajé el volumen sólo para comprobar que ya no se oía nada más en la casa. Acaso tenía ojos en la nuca o qué? Ni siquiera se había dignado a voltearme a ver. Aún así había funcionado mi plan? Terminé de arreglarme cuanto antes. Quería ver su cara cuando me viera. Estaba tan emocionada que mi corazón latía más aprisa. Se sentía tan bien salirme con la mía. Pero como siempre, pasé de tocar el cielo a besar el suelo. Claro, cómo quería escuchar algo si el juego estaba pausado porque el niño estaba en el baño. Estaba tan molesta que me puse los zapatos, metí mis cosas a la bolsa, agarré mis llaves, obvio no me iba a volver a pasar lo de ayer, y abrí la puerta.
-Ya me voy!- Grité desde la entrada y salí cerrando la puerta de golpé. Tenía que pensar un plan B, la fiesta no se iba a arruinar por culpa de mi orgullo herido. Caminaba tan despacio que parecía que jugaba gallo-gallina, cualquiera que me viera juraría que estaba loca, porque obviamente iba hablando sola diciéndole al viento todo lo que no le había dicho a él en su cara. Debo confesar que lo que me dolía era que ni siquiera me hubiera volteado a ver, después de todo quería verme linda hoy para él.
-Vas sola o qué?!- Al oír su voz me detuve en seco creyendo que ya hasta alucinaba. Me di media vuelta y vi que venía caminando tranquilamente un par de pasos detrás de mí, se había cambiado de ropa para ir más adoc conmigo y la verdad es que se veía muy bien. De pronto caí en cuentas de todo lo que venía parloteando y me puse roja hasta las orejas, seguramente me había escuchado.
-Qué haces aquí? No tenías un juego que terminar para antes de la medianoche?-
-Sí, así es pero, también tengo a alguien que quiere mi maravillosa compañía y que a diferencia del juego, se esforzó en verse bien para mí... aunque la verdad no noto mucho la diferencia...- Me barrió de pies a cabeza con la mano en la barbilla. Acaso se estaba burlando de mí o era esa su forma de darme un halago? Me pasó de largo y siguió caminando, cómo debía tomar su comentario después de esa sonrisa sarcástica? 
-Disculpa?- Ni siquiera se giró para ver si lo seguía.
-Te vas a quedar ahí o qué?...- Se regresó hasta donde estaba y me tomó de la mano. -...si te quedas ahí parada con este sol te va a salir sangre de la nariz...- No era la primera vez que me tomaba de la mano, pero nunca antes lo había hecho de esta forma, normalmente lo hacía para arrastrarme consigo a algún lado por lo que terminábamos robobatallando para que me soltara. -...además... no quiero que se te vaya a acercar nadie a quererte ligar...- Se había sonrojado? Realmente había dicho lo que había escuchado? Una sensación chistosa me golpeó entre el pecho y el estómago. Inevitablemente una estupida sonrisita de felicidad se dibujó en mi rostro y aferré su mano con fuerza. Era agradable sentir su calor contra mi piel.

Caminámos hasta el metro. Como supuse, iba tan metido en nuestra conversación que ni se fijaba a dónde lo llevaba; siempre hacía éso, si yo sabía a dónde ibámos él se atenía a mí porque sabe que siempre sé por donde vamos y voy viendo el camino aunque vaya hablando con él; a veces incluso se queda dormido mientras escuchamos música, muchas veces he estado tentada de dejarlo en el bus o en el tren para que se le quite lo aprovechado, pero siempre me gana la culpa y terminó despertándolo justo a tiempo para bajarnos. Ibamos recargados en la puerta del otro lado platicando sobre cómo le había ido ayer en su entrevista de trabajo, siempre había pensado que tenía un increíble talento musical, yo lo admiraba y lo respetaba por ello, pero después de escuchar que el agente le había ofrecido el doble de sueldo después de que él rechazara su oferta de trabajo, me hizo pensar que yo apenas si tenía idea de todo el potencial que tenía, después de todo esa agencia era muy importante en la industria musical y tenían firmados a muchos de los ídolos del momento y estaban tan interesados en contratarle que hasta le habían rogado, lo cual seguramente le encantó y le subió el ego hasta las nubes. Ahora teníamos incluso más razones para celebrar, porque además de su cumpleaños tenía un cuantioso contrato de tres años con AvexTrax como letrista y compositor. Me sentí tan feliz y orgullosa de él cuando me lo dijo que no pude evitar abrazarlo. Había alcanzado uno de sus tres mayores sueños, así que éso améritaba ese abrazo y todos lo que quisiera. Además de que mi efusiva muestra de afecto no parecía molestarme en lo más mínimo.
-A veces creo que eres bipolar...- Y no lo culpaba, de pronto me di cuenta de cómo nos miraba la gente y lo solté enseguida, estaba tan apenada que hasta la sonrisa se me fue de la cara.
-Es que... olvidé que no te gusta que haga estas cosas en la calle porque te da pena que vean...-
-No pasa nada... nunca me ha molestado en realidad... era sólo que cuando lo haces, yo...- No alcancé a escuchar lo último que había dicho, las puertas se habían abierto y una multitud bulliciosa de domingo por la tarde nos compactó contra el cristal. Alguien me estaba aplastando, así que Nino pasó su brazo alrededor de mi cintura y me pegó contra su pecho, apoyando su otra mano contra la puerta para que no siguieran empujándonos. Era la primera vez que lo tenía tan cerca. Olía tan bien y se sentía tan cálido. Mi corazón latía aprisa debido a las tonterías que pasaron por mi mente en ese momento. -...estás bien?- Habían subido más personas de las que habían bajado, otra vez nos habían hechó sandwitch, algo había arañado mi brazo, por lo que al oír que me quejaba se apresuró a preguntarme qué tenía.
-Sí... creo... cuandos bajemos lo averiguaré...-
-Ok, no te preocupes, de seguro muchos bajarán en la próxima estación...- Tenía razón, y yo misma contaba con ello, ya había pasado por esto cuando se me ocurría la fantastibulosa idea de salir el domingo por la tarde, pero lo bueno es que todo mundo iba al centro y yo podía volver a respirar aire puro después de que se bajaran. Esta vez, sin embargo, no estaba muy segura de querer que eso pasara, porque seguramente una vez que hubiera menos gente, dejaría de abrazarme de este modo. La puerta se abrió al llegar y la horda bajó dejándonos solos en ese pequeño rincón donde no escuchaba nada excepto los latidos de nuestros corazones. -Haber, déjame ver...- Sí, al final me había soltado.
-Duele...- Cuando me agarró el brazo para ver qué me había pasado, le atinó a poner sus dedos justo donde estaba la herida.
-Mmm... creo que vivirás. Tienes una bandita?- Yo no alcancé a ver bien, pero podía distinguir la línea roja que contrastaba con la claridad de mi piel.
-Sí, debe haber una en mi cartera...- La busqué y la destapé para ponérmela, pero me la quitó para hacerlo él mismo.
-Listo...- Esa sonrisa. Si bien siempre me había parecido divina debido al aire angélical que le confería, ahora hizo que se me desbocara el corazón a mil por hora. Cómo podía alguien sobrevivir a esa sonrisa? -Te sientes mal?- De inmediato puso su mano sobre mi frente al ver que mis mejillas se teñían de rojo.
-No, estoy bien...- Bajé la cabeza para que no me mirara y me sujeté del pasamanos que tenía a un lado con fuerza para sentir que no estaba soñando, y mirando las pequeñas luces del túnel que brillaban en medio de la oscuridad contempleaba su reflejo a través del cristal. Dos estaciones después nos bajamos.

-A dónde vamos?- Por fin había notado que nos habíamos desviado del destino prometido. -No dijiste que iríamos a comer ramen? El restaurante no está por aquí...- Era obvio que el restaurante no estaba ni cerca, pero su GPS mental estaba un poco confundido ya que no vio en que estación nos habíamos bajado.
-Te golpeaste en la cabeza cuando veníamos en el metro?... Claro que es por aquí, crees que no sé llegar a donde vamos?... Es sólo que antes quiero pasar a comprar algo... no seas paranoico! Ni que fuera secuestrarte para asaltarte y violarte en un callejón desierto en cuanto oscurezca... sólo nos hemos desviado un par de calles...-
-Qué?! Uno nunca sabe... Temo por mi integridad física y mental... No es mi culpa que Dios me haya hecho tan guapo, sexy y encantador y que todas se mueran por mí...-
-Jajajaja! No te diré lo que estoy pensando sólo porque es tu cumple...-
-Eh?... Dilo!-
-No! Quiero vivir un poco más...-
-Eso qué?! Ni que te fuera a hacer qué?-
-Contigo nunca se sabe...-
-Ah, si?!- Echamos a correr calle abajo, yo huyendo de un castigo seguro, él tratando de alcanzarme para torturarme de algún modo hasta que le dijera. Pero sólo una cosa era segura: no pensaba decirle que yo era la única demente en este planeta que lo consideraba guapo, sexy y encantador.

Saqué mi celular para revisar la dirección, no le había mentido cuando dije que nos habíamos desvíado un poco del camino porque quería ir a un lugar antes. Cerca de casa de Aiba había una tienda de antigüedades que quería visitar, había estado buscando mi regalo de cumpleaños en internet y lo había encontrado en ese sitio, así que quería verlo con mis propios ojos y si seguía pareciéndome tan maravilloso, hablaría con el dueño para que me lo apartara o algo hasta que me pagaran la próxima quincena.
-Podemos entrar un momento?- Sabía que con esta carita no me iba a decir que no.
-Seguro... Pero, por qué aquí?-
-Estoy buscando algo...-
-Y se puede saber qué?-
-Cuando lo vea serás el primero en saberlo...- Abrí la puerta y entramos. Ah, como amaba ese olor. El propietario era un hombre ya un poco mayor de voz profunda y amable que nos dio la bienvenida con una sonrisa. Caminamos mirando por todos los estantes y pasillos. A menudo veía cosas que llamaban mi atención, de igual modo vimos cosas que le gustaron a Nino. Amaba estas tiendas porque era como entrar en el cuarto del tesoro. Era fascinante como cada objeto tenía su propia historia, eso era algo que ambos pensábamos.
-Mira... no te parece bonito?-
-Sí, mucho...- Había encontrado una lámpara decorada con mariposas.
-Apuesto a que buscabas esto y ahora estás feliz de que lo haya encontrado para ti...- Me reí.
-Es muy lindo, pero no creo que sea lo que estoy buscando...-
-En serio?... casi hubiera jurado a que era ésto...-
-No, me temo que no...- Fui a ver otras cosas en el estante detrás de él. Parecía decepcionado, pero en realidad no había razón, de no haber sido porque sabía justo lo que quería, me hubiera traumado con esa lámpara y seguramente me la habría llevado a casa en cuanto tuviera la oportunidad.
-Y qué te parece éste?- Escuché su voz lejana, así que me giré sólo para comprobar que ya no estaba detrás de mí. Lo encontré un par de estantes más adelante cerca del mostrador.
-Ah!...- No pude disimular mi exceso de emoción, así que corrí hasta donde estaba parado. Me miraba con una gran sonrisa de satisfacción.
-Lo sabía... lo ví y supe que era la elegida... es tan tú que no sé como viviste 25 años de tu vida sin ella...-
-Sí... La amé desde la primera vez que la ví...- Ahora yo también le sonreía. Sería su día, pero era el día más extraño, mágico y hermoso de mi vida.
-Vas a comprarla?-
-Ahora no, pero lo haré... Será mi regalo de cumpleaños...- Estaba muy feliz como para poder describirlo con palabras. Fui al mostrador a hablar con el dueño. Nino se quedó ahí mirando algunas cosas más.
-Pues no puedo apartártela si no dejas al menos la mitad, querida... Han venido muchas personas interesadas en esa caja musical.-
-Entiendo... puede esperar al menos hasta mañana, definitivamente volveré mañana antes de las seis para traerle el dinero...-
-De acuerdo, pero si alguien quiere comprarla, no tendré más remedio que vendérsela...- Comprendía su postura, era su fuente de ingresos, y aunque quisiera, yo no tenía forma de conseguir todo el dinero de un día para otro.
-Nos vamos?... Ahora sí muero de hambre...-
-Sí, vámonos... volveré mañana...-
-De acuerdo, pequeña... Esperemos que no venga nadie por ella...-

Salí de la tienda con un nudo en la garganta. Había estado buscando esa caja de música desde que Sakurai me mostró una foto que encontró en internet, usarían eso como concepto para el diseño de los aparadores de otoño. No exageraba cuando decía que había sido como amor a primera vista. Por desgracia no se acordaba de donde había bajado la imagen. Así que estuve por un par de meses buscando como loca por toda la web.
-Y esa cara larga?... no me haces caso desde que salimos de la tienda y ya me cansé de ir hablando solo...-
-Lo siento... No era mi intención ignorarte...-
-Tanto cuesta que no puedes pagarla o es que no quiso vendértela?-
-No puedo pagarla hasta fin de mes, así que si alguien quiere comprarla en ese lapso, tendrá que venderla...- Se quedó callado.
-Y si te compro algo más lindo para tu cumple dejarás de poner esa cara de perrito desamparado?-
-Oye!!!-
-Qué?! Así te ves justo ahora... Quien te viera pensaría que soy un mal novio y que te hice o te dije algo horrible...- Esta vez fui yo quien guardó silencio. Sabía que sólo lo decía por decir pero sus palabras hicieron eco dentro de mi cabeza.
-Eso no podría ser...-
-Qué cosa?-
-Lo de que...- Mi celular comenzó a sonar. Fue hasta entonces que vi qué hora era. Habíamos estado en la tienda más tiempo del que había imaginado. Ni siquiera me había dado cuenta de que ya estaba oscureciendo -Diga?- Sí, sabía que sería Sakurai, faltaban quince minutos para las siete y habíamos quedado a las seis. -Sí, estoy bien... Ahorita? Iré a comer, bueno, mas bien a cenar ramen... Ok, nos vemos...-
-Quién era que hasta te sonrojaste?-
-Sakurai...-
-Sho?... Y para qué te llama?-
-Estaba preocupado por mí, por la gripa, quería saber cómo seguía y si ya había comido...-
-Mmm... no sabía que los jefes debieran preocuparse de ese modo por sus empleadas...-
-Pues no lo hace porque trabaje para él, sabes?-
-Y eso qué significa?... Acaso son más que jefe-empleada?-
-Pues claro que sí, tontito... Somo tus mejores amigos, así que eso nos convierte en mejores amigos, además Sakurai me cae muy bien y es una persona muy interesante...-
-Sí, claro, así empiezan...-
-Kazu, podría ser que estés celoso?-
-Celoso? Já! Ni que tuviera motivos...- Era tan obvio cuando mentía.
-Pues yo creo que sí los tienes... sólo que eres muy orgulloso como para admitir que no te gusta que me lleve tanto con Sakurai cuando tú no estás...-
-Pues sí, fíjate! No me gusta nadita!... Ya te lo dije, tú eres mi...- Se calló al ver mi puño tan cerca de su cara y mi cara de "atrévete y te mato".
-Si vuelves a decir que soy tu mascota te tumbo los dientes de un puñetazo aunque me rompa la mano!-
-Qué agresiva! Pues no iba a decir eso...-
-Ah no?... No sé por qué me cuesta creerlo...- Le piqué la mejilla con la punta del dedo índice. -Disfrutas haciéndome maldades cada segundo del día que me tienes cerca, por qué habrías de tentarte el corazón en esta ocasión?- Le pegué en la nariz con el dedo, sabía que eso le molestaba, el niño gustaba de hacérmelo a mí pero odiaba que se lo hicieran a él. Como era de esperarse me echó esa mirada, así que supe que era momento de empezar a correr.

Y así, mientras hacíamos el tonto como de costumbre, llegamos al vecindario donde vivía Aiba antes de que nos diéramos cuenta. Doblé a la derecha asegurándome de que me viera y de que iría detrás de mí. Sabía cuánto le molestaba que le sacara la lengua, así que lo hice al llegar a la esquina y seguí corriendo hasta llegar a la casa, donde me escondí detrás de unos arbustos del jardín.
-Dónde diablos se metió?...- Caminaba sin prisas mirando a todos lados buscándome. Salí por detrás en silencio y le tapé los ojos.
-Esto es un asalto...- Le susurré bajito al oído mientras lo jalaba hacia adentro.
-No hagas eso!- Trataba de quitar mis manos pero no se lo permití.
-Tú lo dijiste... uno nunca sabe...-
-Deja de hacer eso o atente a las consecuencias!-
-Ah, sí?... Uy que miedo!- Lo llevé hasta el patio trasero, que era donde estarían todos. Me costó mucho reprimir mis ganas de soltar una tremenda cárcajada cuando vi sus caras de sorpresa al ver que literalmente lo iba arrastrando mientras me amenazaba y se retorcía en un vago e inútil intento por liberarse de mí. Todas las luces del patio estaban apagadas. Lo solté y eché a correr hacia donde divisé las siluetas.
-Lil?-
-SORPRESA!!!- Encendieron las luces mientras todos gritábamos y un montón de globos, serpentinas y confeti salían lanzados hacia donde Nino estaba de pie con cara de "no me lo puedo creer" mezclada con sopresa y una sonrisa inocente de felicidad.
-Tú! Planeaste todo para traerme aquí?- Vio a todos sus amigos y amigas reunidas ahí, nada más y nada menos que en casa de Aiba.
-Yeap!... Sakurai y Sandrita me ayudaron, sin ellos no se hubiera podido hacer nada...- Caminó hasta donde estábamos. Creo que todos temimos por mi alma.
-Qué hubieras hecho si no hubiera aceptado a ir a comer ramen contigo?...-
-Te hubiera golpeado con el tanque de helio en la cabeza y te hubiera arrastrado hasta aquí en un taxi...-
-QUÉ?!!!- Todos rompieron a carcajadas al ver su cara de incredulidad absoluta por la seriedad con la que había dicho aquello. Sólo Sakurai y yo reíamos de nuestra pequeña broma local intercambiando miradas de complicidad.

La velada había sido perfecta, bueno, si no contábamos el hecho de que al notar el "pequeño" moretón en mi cara todos le habían reclamado a Nino en broma que ya no fuera tan salvaje conmigo después de todo lo que había hecho ese día para demostrarle cuánto lo quería. Por fin conocí al amigo del que tanto hablaban y con el que tanto me comparaban, y que el cielo nos ampare de que Jun y yo terminemos peleando un día, porque de seguro eso sería el fin del mundo, por primera vez conocía a alguien con el mismo cáracter mamoncito que yo; pero entendí a la perfección la razón de que Sandra anduviera con él desde hacía tanto tiempo, la verdad es que se complementaban de un modo genial y eran una pareja bastante fashionista. A Aiba-kun lo había conocido la semana pasada cuando Sakurai me trajo a su casa para traer cosas que yo había hecho y comprado para la decoración, era un chico muy dulce y aunque no creí que tuviera novia, la verdad es que Shii era perfecta para él, ella lograba equilibrar sus excesos de energía, aunque a veces se pasara de tranquila, ya la haríamos hablar más. Con Ohno había coincidido un par de veces porque era muy cercano a Nino y cuando lo invitaba a ver sus exposiciones de arte, me llevaba para no aburrirse, ahí había conocido también a Zora, su prometida, que por alguna razón siempre se estaba peleando con Nino, pero como conmigo siempre se portaba muy linda, me caía bien por esas dos cosas. Lo que si no me esperaba fue ver a Sakurai con una chica y un par de bebés, estaba casado y yo era la única que no tenía ni idea; no pude evitar sonrojarme al extremo al recordar todas las veces en que le había tirado la onda cuando me la presentó, pero entonces entendí por qué siempre parecía tener prisa en ir a casa saliendo del trabajo, no era para menos, teniendo que cuidar gemelos ya me imagino la patoaventura que eso representaba; al principio parecía muy seria, pero después de que Sandra y Zora empezaran a sacarle platica, Xo se mostró más abierta y la verdad es que parecía perfecta para Sakurai, era un buen consuelo saber que al menos no era gay y no andaba con una tipeja como la ex de Nino. El resto de sus amigos estaban tan loquitos como Nino pero eran igual de geniales y atractivos que sus mejores amigos. De pronto me pregunté si no les hacía casting o algo así. Lo sé, era una idea estúpida, pero sí lo creía capaz.  Al ver a tanta gente desconocida me pregunté por qué nunca antes los había visto si al parecer los frecuentaba seguido; bueno, igual qué esperaba, ni que fuera su novia para conocer a toda la gente con la que se relaciona.

Como era de suponerse, los primeros en despedirse fueron Sho y Xo porque tenían que volver a casa temprano para aprovechar a dormir ahora que los gemelos estaban profundamente dormidos. Después se fueron Ohno y Zora, quien aunque todavía quería seguir en la fiesta, recordó que Ohno tendría trabajo temprano por la mañana en la galería. Ya casi a la una de la mañana se despidieron Sandra y Jun, y aprovechando que vivían cerca, se ofrecieron para llevar a Shii a su casa, así que después de que se fuera, Aiba estuvo un poco triste, pero sólo fue por un rato porque Ryo-chan y Jin lo emborracharon, pese a los esfuerzos de Toma por detenerlos, hasta que el pobre acabó dormido en la banquita del jardín. El resto de sus amigos se fueron pasadas las dos de la mañana, no sin antes llevar al pobre de Aiba al sillón. Nino tenía ya un rato que estaba raro conmigo, pero no quise darle mucha importancia porque siendo él, bien podría estar sentido porque siempre no lo llevé a comer ramen, enojado porque hice todo a sus espaldas y esta vez sí, ni cuenta se dio, emberrinchado porque ya moría de sueño o, en su defecto, indignado porque ya no podría terminar su bendito juego. Así que mientras yo me despedía de Ryo-chan y de Toma, que eran sus amigos con los que más convivía además de Sakurai y con los que mejor me llevaba por ser casi de la misma edad que yo, además de que eran los que a menudo iban a la casa a jugar videojuegos los fines de semana o con los que salíamos de vacaciones, Nino se quedó viendo tele en la sala.
-Por fin terminaste de despedirte de tus "amiguitos"?-
-Eso qué?... Son tus amigos, pero nos llevamos bien y después de tanto convivir con ellos, se han vuelto también mis amigos... creí que eso te agradaba. No tienes por qué ponerte así...- Empecé a levantar lo que había quedado tirado en el comedor y en la cocina después de la cena.
-Pues parecías muy feliz bailando con Iku, yo no me pongo así cuando veo a mis amigos...-
-Obvio! Sí lo hicieras, pensaría que tus conquistas son sólo la tapadera para ocultar tus verdaderas inclinaciones sexuales...- Abrió los ojos de par en par. Su expresión me recordó al cangrejo de la Sirenita, así que eché a reír. -Lo digo en juego, ya quita esa cara... Y entonces?-
-Qué cosa?- Bien, oficialmente estaba enojado conmigo, ese tono lo confirmaba.
-Ahora qué fue lo que hice que estás de amargocito conmigo desde que llegaron tus amigos de la escuela?- Sí, tal vez nadie se hubiera dado cuenta porque el niño andaba de socialitos con todos, pero desde que HaseJun puso la música y me sacó a bailar Toma luego de que Nino me dejara con la mano estirada cuando lo quise sacar a bailar, se había dedicado a ignorarme, claro, menos cuando quería que le sirviera algo para beber o comer porque entonces me dedicaba una sonrisa fingida y si se dignaba a dirigirme la palabra, pero en cuanto las chicas se dieron cuenta se lo agarraron de bajada por pasadito, lo cual seguramente contribuyó a su mal genio.
-Nada...-
-Tú nunca te pones así por nada...- Ahora recogía la basura que había quedado en el jardín, se me hacía mala onda dejarle todo el tiradero a Aiba con todo y que fuera su día de descanso y se hubiera ofrecido a recoger todo él solo, el pobre amanecería seguramente con una resaca espantosa.
-Puedes dejar de andar de aquí para con esa maldita bolsa de basura mientras hablas conmigo?!- Me la arrebató de la mano y la aventó al piso. Ahora era yo quien tenía la boca abierta hasta suelo.
-Sabes qué?... Ya duérmete, mañana que andes menos neuras hablamos...- Sabía que si nos poníamos a discutir en ese momento, todo lo bueno del día habría pasado a valer cacahuate por una estupidez, además estaba cansada y me sentía mal otra vez porque no se me ocurrió traerme un suéter por haber estado haciendo corajes con el niño en la tarde; en serio que lo que menos quería era ponerme a pelear con él, ya habían sido demasiadas emociones extremas made in Ninomiya por un día. Entré por mis cosas y lo dejé en el patio a hacer sus rabietas, me salí por la puerta principal para que no me detuviera, estaba totalmente decidida a tomar un taxi en la avenida para irme a casa, anhelaba mi cama y una taza de té con miel y limón con toda el alma, tal vez llorar un rato y dormirme.

Casi se me sale el corazón del pecho cuando sentí que me sujetaban del brazo y me jaloneaban hacia atrás, no era paranoica pero sentía como que me seguían desde que di vuelta en la esquina. Solté un golpe con todas mis fuerzas para que me soltara, pero por suerte no alcancé su rostro. Agarró mi mano y la bajó para verme a los ojos, me sentí tan aliviada de que fuera él.
-Neta que estás mal de la cabeza, verdad? Cómo se te ocurre irte sola a estas horas?- Quería gritar, golpearlo, llorar y abrazarlo en ese momento.
-Qué haces aquí?- Apenas si se escuchaba mi voz debido al nudo en mi garganta.
-Shhh...- Me abrazó y me puso contra la pared. -Mensa, que no viste a ese fulano desde que saliste?- Dijo en voz baja. Me asomé por sobre su hombro, alcancé a notar una figura que se movía a paso lento en la acera de enfrente.
-No... no lo vi...- Me asusté de pensar lo que pudo haberme pasado de no llegar Nino. Empecé a temblar. No pude seguir conteniéndolas. Mis lágrimas resbalaban en silencio por mis mejillas. El tipo siguió su camino calle arriba. Nino lo miraba fijamente de un modo casi aterrador.
-Ya pasó... oye, estás bien?- Me sujetaba por los hombros buscando mi rostro con la mirada, no quería que me viera llorar otra vez. Negué con la cabeza. Me abrazó nuevamente. Pero esta vez fue diferente, me abrazaba con cariño. -Tranquila, no iba a dejar que te pasara nada...- Pasaba su mano sobre mi cabello tratando de calmarme. -Lo siento, ésto no hubiera pasado si no me hubiera puesto de pesado hace rato...- Apoyó ambas manos sobre mis mejillas y secó mis lágrimas con sus dedos. Yo seguía abrazándome en un burdo intento por tranquilizarme a mí misma con la mirada clavada en el piso. -Oye, mírame...- Sus manos se sentían agradablemente cálidas sobre mi cara. Lo miré aunque no quería que me viera así. En sus ojos había preocupación. De pronto sentí que algo se desbordaba dentro de mí y antes de que alcanzara a entender lo qué era, las palabras ya se habían escapado en medio de un llanto desesperado.
-Sé que siempre te estoy molestando, que me ves como un amigo con quien compartir tus hobbies más que como una chica, que no soy para ti más que un gatito abandonado al que decidiste llevar a tu casa para jugar con él cuando estás aburrido, que mi comida no te gusta, que no te agrada tener que preocuparte por mí cuando me pasa algo, que te avergüenza que te vean conmigo en la calle porque soy muy efusiva y escandalosa, que te desagrada que te haga muestras de cariño en público, que no soportas que critique lo que haces, que odias mi música, que no soportas a mis amigos y que no te parece que me lleve bien con tus amigos, pero la verdad es que yo...- Mi voz quedó ahogada entre sus labios. Mi corazón latía como si quisiera abandonar mi cuerpo.
-No seas tonta... nada de eso es cierto... sólo lo hago para llamar tu atención...- Susurró esas palabras sobre mis labios antes de besarme otra vez. -Soy malo en estas cosas, nunca sé qué hacer o decir para expresar lo que siento y termino arruinándolo todo...- Me abrazó con fuerza. -La verdad es que me gustas mucho... No sé cuándo empecé a sentir ésto, pero cuando menos pensé ya me había enamorado de ti...- Creo que sólo lo hizo para que no lo viera decirme aquello.
-Kazu...-
-Lo siento... No debí enojarme contigo, y menos después de todo lo que hiciste para hacerme feliz este día... es sólo que no quería que nadie más te tuviera hoy, te arreglaste especialmente para mí; te lo dije, no me importa lo que quieras ser mientras seas mía... No pude controlarme cuando vi cómo te miraba Ryo y todo valió cuando te fuiste a bailar con Iku...- Ahora fui yo quien lo calló con un beso.
-Tonto... No puedo ver a nadie más del modo en que te veo a ti... Creo que soy la única demente en este planeta que piensa que eres guapo, sexy y encantador...- Los dos nos quedamos callados mientras sonreíamos. Estornudé.
-Ven...- Se quitó la camisa de franela que llevaba sobre la playera y me la puso, frotando mis brazos para que entrara en calor. -Será mejor que volvamos a casa de Aiba, no es buena idea seguir aquí con este frío, y hay que bajarte la fiebre antes de ir a casa si no queremos que te dé pulmonía o algo así...- Por inercia me toqué la frente y las mejillas, efectivamente, tenía la temperatura más alta que cuando salí, y no, en nada tenía que ver Nino con ello.

Después de terminar de medio recoger todo, apagar las luces de adentro y cerrar las puertas, salimos de casa de Aiba caminando de la mano en silencio.
-Puedo preguntar a qué se debe esa enorme sonrisa?- No era que me molestara que sonriera de ese modo, simplemente tenía curiosidad por saber cuál era el motivo. Ok, lo confieso, sólo quería saber si yo era el motivo.
-Sí, si puedes preguntar...- No dijo nada más durante un rato.
-Y? No vas a decirme?-
-Dije que sí podías preguntar, no que iba a responderte...-
-Oye! Dime!- Ahora era yo quien lo perseguía por la calle tratando de alcanzarlo para hacer que me dijera. -Qué nunca has oído que la curiosidad mató a la gatita?!-
-Lo bueno es que todavía te quedan otras ocho vidas...- Sin importar cuál fuera la etiqueta que existiera entre nosotros, nuestra relación seguiría siendo tan única y especial como siempre.

-Gracias...-
-Por qué?-
-Ah, no lo sé... por todo, supongo... Ha sido el mejor cumpleaños de mi vida...-
-En serio?-
-Sí... gracias...-
-Y ese beso?-
-Fue tu premio por portarte bien con tu amo y hacerlo feliz...- Lo pateé tan fuerte que terminó en el piso. -Oye! Que agresiva, estaba jugando...-
-Agradece que por el beso no te tumbé los dientes de un puñetazo como te lo prometí y que sólo te tiré de la cama...-
-A dónde vas?-
-A mi cama...-
-No! Quédate conmigo...-
-Kazu... estoy enferma y tengo que ir mañana a trabajar, necesito dormir...-
-Puedes hacerlo aquí...-
-Lo dudo... La verdad es que lo que menos quiero es contagiarte... No quiero pasar por lo mismo de la última vez...-
-Oye! No deberías decir esas cosas por haberme cuidado cuando me enfermé...-
-Kazu, ni tú te aguantabas, neta que no sé ni como sobreviví a esa semana...- Esa risita no era buena señal.
-La verdad es que la gripa sólo me duró tres días, me sentía tan feliz con tu exceso de atención hacia mi persona que me fingí enfermó los otros cuatro días...- Le lancé un almohadazo presa de una ira reprimida.
-Ay! Juro que eres mi castigo por estar tan loca como para enamorarme de ti!- Le dije molesta desde la puerta antes de cerrarla al salir. Ah, mi amada cama. Estaba tan cansada que se me cerraban solos los ojitos.
-Eso quiere decir que el próximo año, además de regalo de cumpleaños, me darás regalo de aniversario?!- Abrió de golpe movido por un exceso de felicidad producto de su avára mentecita adicta a los videojuegos.
-YA DÉJAME DORMIR!!!- Y otra almohada salió volando hacia la puerta que se cerró justo a tiempo para que no se la estampara en la cara.
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