Mostrando las entradas con la etiqueta Kamenashi Kazuya. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Kamenashi Kazuya. Mostrar todas las entradas

Telaraña (KamePi)




Título: Telaraña
Autor: Lilith
Pairing: Kamenashi Kazuya + Yamashita Tomohisa + OC
Fandom: Johnny's Jimusho
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai  / Angs / Romance / Escolar / AU / Todo público
09/06/14
To: Ai-chan, que es una de las dos culpables de que yo le haya tomado tanto gusto al KamePi aunque eso signifique separar al AKame TwTo Otanjoubi Omedetou, pekeña! Espero que podamos seguir acumulando recuerdos Johnnysticos juntas por muchos años más! ^^ I luv u <3 o:p="">



Todo sucedió de un modo tan lento que apenas si fui consciente de lo que pasaba hasta que había sido demasiado tarde.

Tomo y yo nunca habíamos sido los mejores amigos. Para ser sinceros, nos odiábamos mutuamente. ¿Cuándo había iniciado esa situación? La verdad ni siquiera lo recordaba. Pero para cuando entré al instituto, ya era un hecho que no nos soportábamos y que si terminábamos coincidiendo en algún lugar, seguramente discutiríamos o incluso nos agrediríamos, con suerte solo nos miraríamos mal y nos ignoraríamos; todos lo sabían y todos preferían no estar cerca cuando esas cosas ocurrían… cosa que, para mi pesar, sucedía cada vez más a menudo ahora que estábamos nuevamente en la misma escuela. Adiós nuevamente a mis pacíficos días de instituto. Al menos hasta que él se graduara y yo pudiera recuperar mi tranquila vida de estudiante.
-Deberías simplemente ignorarlo, Kame-chan…- Era lo que Ueda siempre decía y yo sabía que tenía razón, pero simplemente no podía. Una vez que lo tenía frente a mí y que me miraba de ese modo que tanto me molestaba, ya no podía pensar, simplemente se me calentaba la sangre y quería golpearlo, hacer desaparecer esa cara suya que tanto me sacaba de quicio. -…no me gusta verte con esa expresión molesta en tu carita.- Fue inevitable que una sonrisita se me dibujará en los labios cuando me tocó la punta de la nariz con su dedo de ese modo tan dulce que solo él tenía.
-Tat-chan…- Y cómo a menudo pasaba, sus tiernas caricias y sus suaves labios sobre los míos, eran lo único que podía hacerme dejar de pensar en Tomo y su cara de palo arrogante. Ueda siempre había tenido ese extraño poder sobre mí. Solo él era capaz de hacerme olvidar todos mis problemas y preocupaciones.


Nos habíamos conocido en una librería durante mi viaje escolar a Yokohama al final de mi primer año de secundaria. Ese día también había peleado con Tomo, ni siquiera recuerdo por qué, sólo recuerdo que por segunda vez nos habíamos agarrado a golpes en un parque cercano a la casa de huéspedes donde estábamos; molesto por haber sido derribado nuevamente frente a todos, me había ido a caminar en un vano esfuerzo por tranquilizarme antes de poder volver.
-¿Estás bien?…- Me habían extendido un bonito y caro pañuelo de seda de color azul marino con ribetes plateados. Levanté la mirada dispuesto a desquitar un poco de mi frustración con el niño de papi que se atrevía a sentir lastima por mí… pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta cuando miré esa brillante sonrisa dedicada únicamente para mí.
-No, pero…- Retrocedí un poco intimidado por ese bello rostro que me miraba por entre los mechones de ese lacio y largo cabello negro.
-No importa si se ensucia…  siempre podrás lavarlo y devolvérmelo, no es así?- Amplió aún más el gesto acercando el pañuelo a la comisura de mi labio, donde probablemente aún había rastros de sangre. Aquello no estaba ni cerca de lo que me había hecho dudar de tomarlo, pero su voz fue suficiente para hacerme olvidar lo que estaba pensado en ese momento. El contacto fue tan suave y delicado como cada uno de sus movimientos. -…ah~ pero que frío hace afuera…- Se estiró parándose incluso de puntitas. -… te apetece acompañarme a tomar algo?- Se agachó hasta quedar a la altura de mi rostro, sus grandes ojos marrones mirando alegremente los míos. No pude sino asentir tímidamente. –Mi nombre es Ueda…-
-Kamenashi…- Por qué estaba actuando así? No era propio de mí ser tan introvertido y aniñado, pero había algo en su aura que no podía simplemente ignorar y que me mantenía pegado a él como un chicle. No podía dejar de mirarlo y cuando menos pensé, ya sonreía junto con él y había olvidado por completo la razón por la que había terminado sentado en la entrada de aquella librería del centro de la ciudad.

Había pasado la mejor tarde de mi vida al lado de ese extraño chico, quien casualmente, se estaba saltando las clases por primera vez en su vida. Era tres años mayor que yo, asistía a una escuela privada de chicos y su vida fuera de la escuela se limitaba a más clases particulares de las que cualquier pudiera soportar. Ser un niño de buena familia no me había parecido tan espantoso hasta entonces. Y aun así, él sonreía y disfrutaba de las pequeñas hermosas cosas de la vida. Era raro, sí, pero eso era precisamente el encanto que tanto me había atrapado desde la primera vez que lo vi.

Pese a la distancia que nos separaba, seguimos en contacto aún después de que yo regresará a Edogawa aquel invierno, al grado que incluso venía a verme los fines de semana o me pagaba el viaje para vernos en alguna parte de Kanagawa. Simplemente queríamos vernos cada que podíamos y pasar el mayor tiempo posible juntos. Inevitablemente, esa convivencia nos llevó a descubrir lo que eran realmente nuestros sentimientos. Y ahora, aún después de dos años de estar a su lado, él seguía siendo la calidez que me rodeaba y llenaba mi mundo de felicidad.


-¿Tat-chan?...-
-¿Mmm…?- Su voz confirmó lo que imaginé, y no lo culpaba por haberse quedado dormido en el sillón mientras le contaba lo que había pasado ese día, después de todo, ya eran pasadas las tres de la mañana y el viaje en coche hasta mi ciudad había sido largo después de que él saliera de la Universidad. Para mí, eso era una prueba innegable de lo mucho que me quería y de lo mucho que se preocupaba por mí. No era común que viniera en jueves y sin embargo, ahí estaba, solo porque me había escuchado triste por teléfono. Me hacía sentir tan especial, que a veces, la felicidad no me cabía en el cuerpo y sentía que iba a salir volando hacia a algún lugar donde pudiera ser libre.
-Gracias…- Me estiré un poco, lo suficiente para alcanzar su mejilla y depositar ahí un beso de buenas noches antes de levantarme y apagar la luz para dejarlo descansar. Quería hablar con él de tantas cosas, pero ya tendríamos tiempo por la mañana. Teníamos todo el tiempo del mundo.


-Mmm… quién diría que la pequeña tortuga tiene el poder para seducir a un chico así…- Y si compartir la escuela con Tomo ya era lo suficientemente nefasto, tener que compartir aire en el mismo planeta con Akanishi Jin, era incluso peor. Ni siquiera sabía qué le había hecho para que se portaba tan desagradable conmigo desde el primer día de clases; pero poco a poco comencé a entender que probablemente se debía a lo que sentía por Tomohisa, cosa que ni sabía ni me importaba saber, si él estaba al corriente de. Simplemente era lo peor de mis viernes, tener que verlo a primera hora porque él tenía entrenamiento de soccer por la mañana. -…debes ser bueno en la cama, kame-chan…- Y esta era particularmente la peor de todas las ocasiones. Ueda había insistido en llevarme a la escuela antes de volver a Kanagawa para sus clases de la tarde, al final, no había podido convencerlo de que no era necesario e incluso habíamos pasado a desayunar juntos a una cafetería cercana. Para mi mala suerte, Akanishi nos había visto en la esquina de la entrada del estacionamiento de profesores cuando nos despedíamos, según nosotros, lejos de la mirada de los demás.
-¿Y eso a ti qué te importa?...- No me habían molestado sus palabras sino la forma en que había mirado a Ueda, quien incluso por educación lo había saludado con una sonrisa sin darse cuenta de nada. A veces podía ser inocente y despistado que me preocupaba.
-¡Oh! Pero claro que me importa, tortuguita …-
-Pues no debería… Si tienes tanto tiempo para meterte en mi vida privada, tal vez deberías considerar emplearlo en decirle a Tomohisa lo que sientes por él… es demasiado estúpido para darse cuenta por sí mismo, sabes?, aun cuando tú eres demasiado obvio para ocultarlo…- Aquello lo había dejado con cara de idiota, incapaz de responder, incluso se había sonrojado violentamente, probablemente al saber que alguien sabía su gran secreto. Estaba consciente de que si le daba tiempo suficiente, reaccionaría del modo impulsivo y agresivo en que siempre lo hacía, así que simplemente me seguí de largo y entré a la Universidad a toda velocidad dejándolo plantado ahí afuera.


Después de ese día, entendí que había cometido un terrible error provocando a Akanishi. Su relación con Tomo seguía siendo la misma de siempre: eran los mejores amigos, tal vez incluso un poco más que eso pero menos que amantes, pero por el contrario, su relación conmigo se había vuelto mucho más hostil. Antes se limitaba solo a decirme un par de cosas desagradables, pero ahora se divertía metiéndose conmigo de todas las maneras que le venían en gana, claro, siempre y cuando no estuviera Tomo; jamás había entendido esa conducta de su parte, pero sus motivos debía tener y entenderlo no era algo que me quitara el sueño. Nadie lo veía raro, Akanishi era nuestro senpai de tercer grado y era el chico más popular de la escuela, todos lo admiraban y querían estar cerca de él y por si eso no fuera suficiente, incluso los profesores lo tenían en alta estima porque era bueno en los estudios y en los deportes, así que el hecho de que Tomo fuera su único mejor amigo, le daba el status de la segunda persona más genial e importante dentro de la escuela… cosa que me dejaba a mí, enemigo declarado de ambos, como la persona más odiada entre el cuerpo estudiantil, por eso a nadie le importaba si el alumno modelo había tomado como su hobby favorito molestarme todo el día. Para lo que me importaba realmente, tampoco era como si todos se metieran conmigo, de algún modo, todos respetaban el hecho de que el pleito era sólo entre nosotros tres y casi podía asegurar que era así por orden de ese par de engreídos y que los demás me ignoraban también por “sugerencia” de Akanishi. Al menos podía enfocarme de lleno a estudiar y nadie me molestaba con sus trivialidades adolescentes… eso era mil veces mejor que lo que tuve que vivir en mi segundo año de secundaria gracias a las fans locas de Tomo.
-Uppsss… no sabía que nuestra kame-chan estaba pasando justo por aquí… Sorry…- Su sonrisa burlona mientras me miraba “inocentemente” desde el barandal del segundo piso sosteniendo una cubeta, ahora vacía, me molestó más que el hecho de haber terminado mojado de cabeza a pies. “Solo unos meses más” era el pensamiento que a menudo repetía mentalmente para consolarme. Solo unos meses más y Akanishi se habría graduado de la escuela saliendo de mi vida para siempre. Prefería mil veces más tener que soportar a Tomohisa que a su querido enamorado secreto.


-Kame-chan, estás bien?...- Era imposible que Ueda no se diera cuenta que estaba enfermo, mi voz me delataba a gritos.
-Sí… supongo que me quedaré en cama unos días, Tat-chan… Koji-nii y mamá cuidarán de mí, no te preocupes…- A mi familia no le había hecho mucha gracia eso de que su “niño” tuviera “ese tipo” de preferencias, sobre todo a Yui-nii, pero yo no podía seguirles ocultando la verdad, me sentía mal por ello; por fortuna se habían dado la oportunidad de conocer a Tatsuya y al final, se habían dado cuenta de que no era el lobo pervertido queriéndome devorar al más mínimo descuido que habían imaginado, más bien parecían preocupados de que yo “echara a perder” a un chico tan inocente, adorable y con un futuro tan prometedor. Además nos comportábamos tanto cuando estábamos en casa, que ellos tenían nuestra relación en el concepto de “manita sudada”, y a nosotros nos convenía que ellos siguieran pensando de ese modo, porque de lo contrario, dudo que me dejaran dormir fuera sabiendo que estaba con él, aunque tampoco era como que fuéramos un par de adolescentes irresponsables con las hormonas fuera de control. Aún ahora discutía a menudo con mi hermano mayor y con mi padre debido a lo “ridícula” que les parecía mi “relación” y lo mucho que me arrepentiría en el futuro por decisiones “inmaduras” y “rebeldes” que no valían la pena; pero al menos era bueno saber que contaba con el apoyo de mamá, Koji y Yuya, quienes pensaban que yo era más feliz desde que salía con Tatsuya y eso les era más que suficiente para aceptarnos.
-De acuerdo… te llamaré mañana, descansa, sí?- Me sabía mal haberle ocultado a Tatsuya el por qué detrás de mi resfriado. No quería que se metiera en problemas por golpear a un chico de preparatoria, por mucho que ese maldito se lo mereciera.


Los meses pasaron y por fin pasé a segundo grado. Toda la escuela era un mar de lágrimas debido a la partida de su querido Adonis, pero yo no cabía de la felicidad por saberme libre de él y de sus acosos. De algún modo estaba seguro que incluso mis altercados con Tomo bajarían de intensidad si ya no estaba a nuestro alrededor el que atizaba las chispas para crear la llamarada. No podía evitar sonreír bobamente por todas partes debido a ese maravilloso pensamiento.
-Kame-chan…- Aquello sí que me había tomado por sorpresa. Ueda estaba maravillosamente vestido de traje esperándome afuera del Auditorio cuando terminó la ceremonia de clausura. Era la primera vez que lo veía vestir de ese modo tan formal y elegante y se veía aún más hermoso que siempre. ¿Podía mi día ser más perfecto?
-¡Tat-chan!- Me sentí una colegiala enamorada por echar a correr de ese modo hacia él. Me costó una vida controlarme para no saltar a sus brazos como me ordenaba mi corazón. Debíamos “mantener las apariencias”, era lo que siempre nos aconsejaban mamá y Koji-nii, nosotros sabíamos que tenían razón, no todos verían con sus mismos ojos nuestra relación. -¿Por qué estás vestido así?- Me dio una de esas hermosas sonrisas suyas al tiempo que me despeinaba cariñosamente. Nuestro modo secreto de decirnos en público “te extrañé y quiero abrazarte en este momento”.
-Tuve una presentación de piano para unos amigos de mi padre esta mañana… y entonces tuve estas enormes ganas de ver a Kame-chan y desaparecí de la terraza sigiloso como un gato…- Susurró lo último en mi oído provocándome esos escalofríos que tanto me gustaban.
-Baka… tu padre no estará muy feliz…-
-Ya debería estar acostumbrado…- Ambos echamos a reír. No era nuevo que Ueda era la “oveja negra” de su familia por no querer seguir los pasos de sus demás parientes dentro de la política por su sueño de volverse músico.
-Kame-chan~….- Casi pegó un brinco al escuchar su desagradable voz bañada con ese tono de falso cariño. Ueda miró curioso a ese par de chicos que se acercaban a nosotros. -…te extrañaré tanto cuando esté en la universidad.- ¡Incluso me había abrazado! Akanishi debía haberse drogado o por lo menos, golpeado la cabeza con fuerza. Tomo me miraba del mismo modo que hacía siempre a una prudente distancia de donde estábamos parados los demás, mirando a Tatsuya con algo cercano al desagrado. -¡Hola de nuevo!- Esta vez su sonrisa iba dirigida a Tatsuya, quien nuevamente le regresaba el saludo ignorante de todo lo que había detrás de ese rostro encantador y manipulador.
-Hola…-
-Tenemos que irnos, Tat-chan… Mamá dijo que nos esperaría para comer todos juntos…- Lo tomé posesivamente del brazo y eché a andar hacia la entrada principal de la escuela. Podía sentir la mirada confusa de Ueda sobre mi rostro, la mirada sarcástica y malintencionada de Akanishi clavada en mi espalda y la penetrante mirada de Tomo en mi nuca. ¿Qué demonios se traía entre manos? ¿Es que acaso pretendía atormentarme hasta su último segundo en el instituto?

-¿Qué fue eso, Kame-chan?- Preguntó apenas subimos al coche y nos abrochamos el cinturón. Sonaba mucho más preocupado que cualquier otra cosa y no era para menos, jamás me había comportado de ese modo ni delante de él ni de nadie más.
-No quería que la presencia de Tomohisa arruinara la felicidad que siento por tenerte aquí hoy…- Puse mi mejor sonrisa para que dejara de mirarme de ese modo o terminaría contándole todo. En parte era mentira… en parte era verdad. Tomo me había mirado de un modo extraño cuando aferré el brazo de Ueda antes de irnos y eso no me había gustado. Me había sentido realmente incómodo con esos dos ahí.
-¡¿Ese chico era Tomo-kun?!-
-¡¡¡SHHHHHH!!!- No dudaba que incluso ellos lo hubieran escuchado. –No, ese incordio hipócrita era su mejor amigo… Tomohisa era el chico de pie detrás de él…-
-Ooooh… no parecían malas personas, sabes? Ese chico que te abrazo era muy simpático y amigable…- Boquiabierto. Así había quedado tras escuchar aquello. -¿Kame-chan?...- No, simplemente no había sido capaz de responderle nada. Hacerlo implicaría contarle TODAS las cosas que Akanishi me había hecho y dicho en este último año y que yo nunca le había contado durante nuestras largas charlas telefónicas para no preocuparlo con mis tonterías. –Oh, vamos, Kame-chan, no te enojes… sonríe, anda, sí?...- Hacía sus pucheros más adorables. No pude durar “enojado” por mucho tiempo, su nariz me hacía cosquillas en la oreja. -¿Ves? Esa sonrisa te hace mucho más bonito… ¿y entonces?,  ¿tu mamá nos espera en tu casa?-
-Claro que no… si ni siquiera yo sabía que vendrías, ¿cómo lo iba a saber mi madre?-
-Oh, tienes razón…- A veces podía llegar a ser en serio peligrosamente ingenuo y despistado.
-Aprovechemos el factor sorpresa para pasar un poco de tiempo a solas… y ya luego vamos a casa a comer, habrá que pasar a comprar un obsequio para Koji-nii, así si preguntan, decidiste venir para felicitar a Koji-nii por su graduación… papá y Yui-nii amarán ese gesto de tu parte… todos aman a Koji-nii, hasta Tomohisa…- Koji-nii era la razón por la que conocía a Tomo, ya que su madre le había pedido a mi hermano que hiciera de su tutor para estudiar para el examen de admisión a la secundaria, después de todo, Koji era realmente bueno en matemáticas e inglés y nosotros nos sentíamos muy orgullosos de él por todos sus logros académicos; con el éxito de esa primera vez, mi hermano había seguido tutorándolo hasta el día de hoy, ni siquiera podía enojarme por la situación, le pagaban bien y eso evitaba que mi hermano tuviera que buscar un trabajo de medio tiempo que lo distrajera de sus estudios. Por desgracia eso implicaba que Tomo pasará tres días a la semana en mi casa en período de clases y que mi hermano lo tuviera prácticamente todos los días en mi casa durante las vacaciones por al menos tres horas diarias. Hacía tanto que no jugábamos baseball con Koji-nii como acostumbrábamos, que incluso Yuya-chan odiaba un poco a Tomo por monopolizar el tiempo de nuestro hermano durante las vacaciones. A veces me daba la impresión de que a Tomo le gustaba mi hermano. ¿Acaso esa la razón por la que Akanishi nunca había intentado nada con Tomo aun cuando era obvio que se moría de ganas de hacerlo? Debía dejar de pensar tantas tonterías.


Las vacaciones se pasaron volando. Mi segundo año de preparatoria fue menos tranquilo de lo que imaginé. Contrario a mis expectativas, Tomo se había hecho del control de la escuela como el sucesor de Jin en el cargo de Presidente del Consejo Estudiantil y yo había tenido que probar por segunda vez lo que significaba ser el enemigo declarado de Yamashita Tomohisa gracias a su fans. Se volvió una costumbre que Ueda me escuchara durante horas quejándome de todas las cosas estúpidas e infantiles que Tomo hacía para molestarme y de todas las peleas verbales que teníamos casi a diario. Después dejó de ser tan típico que habláramos de Tomo… o de cualquier otra cosa… Tatsuya tenía clases mucho más demandantes este año en la escuela de música y poco podíamos vernos realmente ya que tenía incluso clases sabatinas de piano y violín por órdenes de su padre, sin contar que se había unido a la banda del amigo de un amigo suyo de la preparatoria y a menudo ensayaban en domingo. Ueda estaba por fin en el camino para hacer realidad su sueño… ¿qué derecho tenía yo de impedírselo por un poco de atención y mimos? Odiaba la idea de que para él yo siguiera siendo un niño.

Nuestra falta de comunicación había hecho felices a mi hermano mayor y a mi padre, quienes simplemente daban por hecho que nuestra etapa de “confusión” había pasado y que todo estaría bien de ahora en adelante porque estábamos en una edad magnifica para seguir con nuestras vidas, al poco tiempo ya todos daban por hecho que habíamos terminado. Sin embargo, Yuya-chan era el único que sabía que a menudo me quedaba dormido por las noches de tanto llorar aferrando mi celular contra mi pecho esperando una llamada que nunca llegaba.

Los meses seguían pasando, inclusive yo comenzaba a preguntarme si aún podíamos considerarnos una pareja. Hacía dos meses que no lo veía para nada y en los últimos cuatro meses habíamos hablado solamente en seis ocasiones. Ueda se escuchaba feliz. Muchas cosas buenas debían estarle pasando en su vida ahora. Me sentía tan mal por no alegrarme por ello… pero es que lo extrañaba demasiado.

Incluso Tomo notaba que algo había pasado. Nuestros “encuentros épicos” en los pasillos se habían limitado a comentarios hirientes y sarcásticos por su parte y miradas vacías y silencios de la mía. Nuevamente era ignorado y ya nada me importaba.
-¿Te pasó algo?...- Aquella era la primera vez que Tomo me dirigía la palabra cuando estaba en mi casa. Hasta ese momento, habíamos mantenido un mudo acuerdo de fingir que no nos conocíamos aun cuando asistíamos a la misma escuela desde la primaria. Y en mi casa a todos parecía tenerles sin cuidado que no nos habláramos en absoluto, no era como que estuviéramos obligados a ser amigos sólo porque Koji-nii fuera su tutor y nosotros asistiéramos a la misma escuela, después de todo, ni siquiera estábamos en el mismo curso y nunca habíamos estado en los mismos clubes ni nada. Ambos éramos completamente diferentes y en parte, era por eso que no nos llevábamos bien. Esa genuina gota de preocupación en su mirada al preguntar aquello me tomó completamente con la guardia baja. Silencio. No pude sino mirarlo por un largo momento sin decir nada, él sentado en la sala y yo con un pie en el primer escalón. Bajé la mirada y me obligué a arrastrar mis pies hacia arriba hasta mi habitación. ¿Qué rayos había sido aquello? ¿Tan patético me veía que incluso mi peor enemigo sentía lastima por mí? Estaba tan enojado que le marqué a Tatsuya. Ni siquiera me sorprendió que no me tomara la llamada, no era la primera vez, en realidad eso era lo que siempre sucedía últimamente. “Estoy cansado de esto. Terminemos.” había sido el breve y frío mensaje que le dejé esa tarde en su buzón de voz después de al menos veinte llamadas perdidas. Me quedé dormido esperando que me regresará la llamada para exigir al menos una explicación… nuevamente había llorado hasta el cansancio bajo las cobijas aferrando entre mis manos el pequeño aparato que nunca timbró.


Mi segundo año de instituto terminaría con el recuerdo más doloroso de mi vida. Ni siquiera pude alegrarme ante la idea de saber que no volvería a ver a Tomo. Tampoco pude sorprenderme al descubrir que estaría en mi casa por las tardes para preparar su examen de ingreso a la universidad. No me extrañó ni siquiera que ingresara a la universidad de Meiji al primer intento, mi hermano era capaz de hacer eso hasta con los ojos cerrados, no por nada era un alumno sobresaliente en la Todai. Simplemente ese otoño había pasado sin que me diera cuenta, trayendo consigo el invierno más frío que había vivido hasta el momento.

Hasegawa-senpai, el encargado de mi club y compañero de clase de Tomo, había organizado un viaje de despedida para todos los miembros del club de Teatro. No estaba con muchos ánimos de ir, pero Koji-nii me había convencido para que fuera a despejarme un poco de todo lo que había pasado ese año. Su argumento no era para nada malo, unos días lejos de todo y de todos, del otro lado del país, en Sapporo, de seguro me venían de maravilla para olvidarme de todo y hasta divertirme con mis pocos amigos. De ese modo, diciembre prometía darme un efectivo cambio de página para iniciar mi último año de instituto con un nuevo yo.

-¡Iku-chan!- Nos hospedaríamos en la casa de un viejo amigo de Hasegawa-senpai. El chico, de nombre Ikuta Toma, era alguien de quien había oído hablar en más de una ocasión debido a su enorme talento en la actuación, senpai lo había conocido durante un campamento escolar en Hokkaido hacía un par de años, ambos habían participado en una obra juntos y se habían vuelto grandes amigos, ahora que era estudiante universitario, su nombre había adquirido todavía más fama debido a varios musicales en los que había sido protagonista o coprotagonista en varios teatros y auditorios de universidades de artes por todo el país. Era alguien a quien admirábamos y respetábamos bastante y no sólo por ser amigo de senpai; así que poder conocerlo en persona y hablar con él como colegas, era algo que me había hecho realmente feliz. El viaje hasta su casa había sido algo cansado porque vivía en una apartada zona rural lejos de la ciudad, pero una vez que llegamos, fue como si hubiéramos entrado a otro mundo. Decir que nos quedaríamos en su “casa”, era faltarle el respeto a semejante construcción. No pude disimular ni un poco mi sorpresa al reconocerla como una finca feudal de la era Edo, tal vez incluso más antigua. Simplemente era hermosa, con todos esos jardines alrededor y sus hermosas decoraciones pintadas a mano sobre las pantallas de papel de las puertas y ventanas.
-Me alegro que te guste…- Me había susurrado nuestro anfitrión con una sonrisa al ver mi cara de fascinación contemplando las múltiples figuras esculpidas en sus techos y el arco de la entrada, lugar de donde no me había podido mover ni un paso debido a mi fascinación.

Pero toda mi felicidad acabó tres metros bajo tierra cuando la puerta principal del pabellón frente a la entrada se abrió y una cara familiar con una sonrisa amable nada familiar para mí, le dio la bienvenida a Toma-san de regreso a casa y saludando del mismo modo afectivo a mi senpai… ¿Acaso era posible que Tomohisa Yamashita tuviera ese tipo de expresiones faciales tan cálidas? ¿Acaso había alguna lógica en que estuviera justo ahí en ese momento?  Y es que ya sólo me faltaba que Akanishi se apareciera detrás de él para mostrarme la viva imagen de mi infierno personal.
-¿Kamenashi-kun?...- Hasegawa-senpai se acercó a mí al ver que era el único que aún no había entrado. Al menos no había sido el único sorprendido esa tarde. Tomo tenía la misma cara de incredulidad que seguramente yo había puesto segundos antes al verlo. Suspiré y me obligué a mí mismo a actuar como si nada pasada. –Ya conocías a Tomo-chan, verdad?- Él había decidido silenciosamente seguir mi juego así que también sonreía como sin nada. Asentí sosteniendo del mejor modo mi falsa sonrisa.
-¿En serio? ¿Ya conocías a Yamapi?!- ¿Yamapi? ¿Eran TAN cercanos que incluso lo llamaba por un apodo tan “cariñoso” como ese?
-Kamenashi-kun es nuestro kouhai en la escuela, verdad, Tomo-chan?- Toma-san, por su parte, había puesto una cara bastante graciosa al descubrir todo aquello.
-Ehhhh… espera!... Kamenashi? Kamenashi Kazuya?!- Ok, oficialmente me sentía incómodo como jamás en la vida. ¿Por qué me miraba de ese modo? ¿Cómo era que sabía mi nombre? Senpai asintió no muy seguro de lo que pasaba en realidad. Tomohisa y Toma-san intercambiaron una extraña mirada entre risas nerviosas.
-Ah, bueno… será mejor que entremos y nos instalemos antes de que anochezca…- Hasegawa-senpai me tomó suavemente por los hombros y me empujó consigo hacía adentro dejándome con la duda de qué había sido todo aquello y sintiendo que ambos me miraban fijamente a medida que nos alejábamos de la entrada.

Ya no estaba muy seguro de querer permanecer ahí. Serían cinco días completos compartiendo casa con Tomo. No me sentía preparado para ello. ¿Qué hacía él ahí por principio de cuentas?
-Tomo-chan e Iku-chan se conocen desde hace mucho… sus madres estudiaron juntas en la universidad de enfermería, así que prácticamente han sido amigos desde que nacieron…- Cómo si pudiera leer mis pensamiento, Hasegawa había empezado a hablar. -…conoces a Jin, cierto?- Hizo una pausa esperando mi respuesta, sólo atiné a asentir sin quitarle los ojos de encima en señal de verdadero interés, ocultando tanto como pude mi molestia ante la sola mención de su nombre. –Jin también es mejor amigo de ese par desde entonces por las mismas razones, prácticamente crecieron los tres juntos, pero como Jin tuvo que irse un par de años a vivir a Italia por cuestiones familiares…- Se detuvo otra vez al ver seguramente un dejo de incomprensión en mi rostro. -…la familia materna de Jin es italiana.-
-Oh…- Fue lo único que pude articular. Obviamente no sabía nada de ese sujeto fuera del hecho de que era un vanidoso y arrogante porque se sabía bueno prácticamente en TODO y por ello tenía el ego disparado hasta la mesósfera.
-Te decía, como estuvo unos años viviendo en el extranjero, pues perdieron contacto por casi cuatro años, se reencontraron nuevamente cuando entraron a la preparatoria, Jin acababa de volver de Los Ángeles, tuvo que mudarse para allá debido al trabajo de su padre después de que falleciera su abuelo materno…-
-Mmm…- Todo aquello me resultaba morbosamente interesante precisamente porque no sabía nada al respecto y porque nunca se sabía cuándo podía ser útil ese tipo de información.
-Iku quiso mudarse a Tokio para estar en la misma escuela que ellos, y así fue por dos años, pero luego su madre enfermó y él tuvo que regresar a Hokkaido, por eso tú no lo conociste… Te hubieras sorprendido de lo diferente que era Jin en ese entonces…- Muchas cosas empezaban a tomar sentido de pronto, muchas otras se volvían aún más confusas dentro de mi cabeza. -Yo lo conocí después de transferirme a nuestra escuela, en segundo grado, así que tampoco me tocó tenerlo como compañero de escuela… fue toda una sorpresa para ambos descubrir que teníamos tantos conocidos en común… y parece que las coincidencias no dejan de ocurrir, de dónde te conoce a ti?-
-¿Eh?...- Su pregunta me había tomado por sorpresa. -…en realidad yo no lo conozco de nada, sólo por lo que tú nos has contado, senpai o por lo que he leído sobre él en los periódicos debido a sus obras...- Admití con timidez.
-¿En serio?... Por su reacción juraría que te conoce de tiempo…-
-Hoy es la primera vez que lo veo en persona…- Me encogí de hombros.
-Bueno, supongo que entonces yo debí haberle hablado de ti… a veces hablamos durante horas sobre nuestros kouhai más sobresalientes…- Ni siquiera le di importancia a su halago, cosa que en otras circunstancias me habría hecho inmensamente feliz, pero es que mis pensamientos seguían ocupados en todo lo que había escuchado en ese momento. –Bueno, iré a mi habitación, solemos quedarnos juntos cuando venimos a visitarlo, espero que no te moleste tener que estar solo en esta habitación… si lo prefieres podrías quedarte con alguno de los chicos…-
-¡No! No te preocupes, senpai, no me molesta….- Negué con las manos y la cabeza tal vez con demasiada efusividad. Cómo iba a molestarme si para mí era perfecto de ese modo. -…es genial que tengas amistades de tanto tiempo, obviamente debes compartir tiempo con ellos.- Aquello lo decía en serio. Odiaba admitirlo, pero Tomo tenía algo que yo jamás había poseído: verdaderos amigos. No pude evitar sentir envidia por él. No podía decirlo por Akanishi, pero Hasegawa-senpai y Toma-san eran personas realmente geniales a las que admiraba un montón y que me hubiera gustado llamar “mejores amigos”. De algún modo sentía que él no lo merecía.

Para mi total sorpresa, pasar tiempo en compañía de Tomo de ese modo, resultó ser realmente agradable. Era toda una novedad para mí verlo sonreír de ese modo, podía apostar a que ni siquiera con Akanishi sonreía de esa manera, una sonrisa que parecía demasiado cálida para cualquier otra persona, pero que en su rostro, se veía tan adorable que incluso me hacía sonreír. Una sonrisa que de algún modo me recordó la cálida y brillante sonrisa que me salvara de mí mismo aquella tarde en una librería de Yokohama… mi ánimo decayó hasta el sótano en una fracción de segundo, discretamente me levanté de la mesa so pretexto de que se había terminado mi bebida y caminé lejos de las miradas de los demás. Me parecía descortés deambular por una casa ajena, así que me limité a salir al jardín lateral, el mismo que había visto cuando llegáramos y me quedé de pie bajo ese enorme sakura que no poseía nada de espectacular en esa época del año sin sus millones de flores… una impresión que de cierto modo me hacía sentir aún más deprimido. ¿Así me veía yo ahora que no tenía las sonrisas de Tat-chan? ¿Alguna vez podría volver a florecer mi propia sonrisa como antes aún si no era debido a Tatsuya? Apoyé mi mano en el tronco… nunca me había sentido tan frágil. Sentía que mis ojos se habían llenado de lágrimas pero no podía permitirles salir. No era el momento y definitivamente no era el lugar. Respiré profundamente un par de veces tratando de recuperar la compostura. Miré hacia abajo parpadeando constantemente para hacer desaparecer a las malditas que habían logrado colarse hasta mis pestañas… y entonces la vi… un solitaria y pequeña flor de color rojo que crecía entre las raíces y el musgo. Una amarga sonrisa se dibujó en mis labios. Qué extraña coincidencia era aquella.
-¿Acaso eres mi respuesta…?- Dejé caer mi cuerpo hasta quedar de rodillas, mi mano aún sobre la madera, mis ojos fijos en esa mancha carmín, mis lágrimas sin poder ser ya contenidas. Lloraba, y aun así, sonreía a causa de la pequeña flor.
-Amapola roja…- Su voz me sobresaltó. ¿Hacía cuánto que estaba ahí? -…increíble que esa pequeña luchadora sobreviva todavía a estas alturas del invierno, no crees?… cuando llegué creí que ya no florecería, la he estado observando cuidadosamente desde entonces… supongo que estaba esperando por la persona indicada…- No me atrevía a voltear o a moverme. Lo que menos quería era que se diera cuenta de que estaba llorando. -…y supongo que este año, esa persona tampoco era yo…- De pronto su tono fue tan nostálgico que me pregunté cómo se veía con una expresión así de abatida en su rostro. -…las flores que planté nunca han florecido para mí…- Sus pasos se detuvieron a un metro o menos de mí. -…y a de ello, sigo esperando que algún día lo hagan, por eso no dejo de mirarlas…- Seguí inmóvil. Silenciosamente tratando de cortar mis lágrimas y escuchando detenidamente sus palabras sin ser capaz de entender a qué se refería en realidad. -…aún si ellas nunca se dan cuenta.- Sentí que ponía algo ligero sobre mi cabeza y luego el sonido de sus pasos alejándose. Llevé mi mano a mi cabello. Un pañuelo. Gris claro con unas pequeñas sakura bordadas en rosa. Algo tan impropio de Tomo. Una risita se me escapó. ¿Cuántas cosas más descubriría sobre él antes de que terminara esa semana?

Mi humor no había mejorado mucho después de esa noche, pero ya no me sentía tan mal. Esas dos mañanas había salido a mirar la pequeña amapola, era algo tan tonto y trivial, pero lograba darme ánimo para sonreír y querer pasar tiempo con mis amigos. Habíamos ido a Otaru a la playa, comimos calamar hasta reventar, habíamos jugado con fuegos artificiales, contado historias de terror y hasta cantado alrededor de una fogata a la luz de las estrellas, simplemente había sido divertido y me había olvidado de todo lo que me agobiaba. Al tercer día, me había quedado dormido, había hecho tanto frío cuando regresamos que no me había podido despertar a primera hora, quería quedarme dentro de los futones toda la vida. Ante ese pensamiento, me levanté sobresaltado. Había empezado a nevar esa mañana. Salí corriendo al jardín, sin suéter y sin zapatos, solo preguntándome si la pequeña flor seguiría ahí. Abrí la puerta y para mi sorpresa, Tomo estaba ahí, durmiendo como si fuera lo más normal del mundo, recargado contra el tronco de cerezo, había puesto una sombrilla sobre ella, estaba a salvo. Suspiré aliviado e inclusive sonreí.
-Ne…- Me acerqué a él y le piqué la mejilla con el dedo… su rostro estaba helado. –Oye…- ¿Hacía cuánto que estaba ahí afuera? Puse mis manos en sus mejillas y acerqué mi oreja a su nariz: respiraba tranquilamente.
-Mmm…- Se removió sin abrir los ojos y puso sus manos sobre las mías, también las tenía heladas. -…que calientito…- Esa estúpida sonrisa suya tan adorable se dibujó en sus labios y poco a poco abrió los ojos. Era la primera vez que lo tenía tan cerca y era tan extraño que no pude evitar ponerme de pie bruscamente.
-No deberías estar aquí afuera con este frío…- Estornudé. Entonces recordé en qué condiciones había salido de la cama.
-¿Y me lo dice el que sale a ver la primer nevada como si fuera al Tanabata?…- Sonrió poniéndose de pie y quitándose la chamarra para colocarla sobre mis hombros. -…será mejor que entres y te abrigues un poco, sería una lástima que volvieras a enfermarte en vacaciones, la última vez no te fue muy bien…- Dijo divertido pero no en broma mientras caminaba de regreso al interior. Inevitablemente le seguí con la mirada. ¿Cómo sabía él que me había enfermado en las últimas vacaciones?, NADIE había sabido de ello porque no se lo había dicho a nadie, nuevamente me había quedado en cama todos esos días, ¿mi hermano se lo había dicho? Cada vez me sentía más confundido por las cosas extrañas que hacía y decía ese chico cuando estábamos a solas. Cuando entré, encontré sobre la mesa de la cocina una taza de chocolate caliente con una nota adhesiva pegada que tenía una tortuguita sonriente dibujada que decía “no te enfermes!”, la miré sonriendo por el detalle y la despegué antes de beberla. La nota había ido conmigo de regreso a la habitación después de terminar la bebida.

El cuarto día parecía transcurrir con tranquilidad. Era el último día del año y todos estábamos alistándonos para visitar el templo y luego asistir a un concierto al que nos había invitado un amigo de Toma-san cuando estuvimos en Otaru, al parecer tocaría la banda del amigo de un amigo suyo y eran realmente buenos, así que habíamos aceptado asistir. Subimos a la camioneta y partimos rumbo al centro de Sapporo después de haber presentado nuestros respetos en el Santuario. Parecía una forma realmente genial de acabar el año y darle la bienvenida al nuevo. El concierto había empezado una hora antes de la media noche y terminaría una hora después. Las bandas que se habían presentado hasta entonces eran realmente buenas, todos nos estábamos divirtiendo de lo lindo. Y así hubiera sido por el resto de la noche de no ser porque había ido a dar el peor infierno imaginable.
-Kame-chan…- Ahí frente a mis ojos, estaba Ueda, con un corte de cabello diferente, algunos mechones de otro color y un peinado muy a la rock star que resaltaba sus ojos oscuros maquillados como sus ídolos del visual kei, vistiendo oscuros pantalones de mezclilla medios rotos de las piernas mostrando pequeñas porciones de su nívea piel, una camisa de terciopelo negro con tiras de piel cruzadas sobre el pecho sujetas con hebillas de diferentes tamaños y unas botas desgastadas de gamuza que lo hacían ver realmente sexy y genial. Sus labios rojos habían perdido la sonrisa traviesa que había tenido segundos antes… mientras se besaba con ese chico de cabello ondulado y negro y sonrisa endemoniadamente atractiva que llevaba un pantalón de lino negro, una camisa blanca con las mangas recogidas descuidadamente y un chaleco de vestir a medio abotonar rematando con un sombrero de medio lado dejando ver esos distintivos lunares junto a su ojo derecho... Akanishi Jin. Mi mundo colapsó en un segundo. Mi pecho dolía. No podía respirar con normalidad. Mis piernas se sentían de gelatina.
-Oh, vaya, mira qué tenemos aquí…- Me di la vuelta para salir corriendo de ahí antes de que su lengua venenosa hiciera de las suyas y terminé estampándome con alguien que olía a frutas y maderas, un aroma que últimamente se había quedado atascado en mi nariz. –Ah! Yamapi!- Lo escuché sonreírle. Contrario a mis deseos, levanté la mirada y me topé con sus ojos claros. Mis lágrimas corrían a través de mis mejillas. Su expresión mientras me miraba me desarmó. ¿Estaba preocupado por mí? Me sentía realmente patético. No quería que ni Akanishi ni Ueda me vieran así.
-Kame-chan… yo…- Me estremecí al escucharlo justo detrás de mí. Nuestras miradas seguían conectadas. Solo quería salir de ahí. Sentí su brazo rodear mi espalda con suma delicadeza al tiempo que me empujada suavemente llevándome consigo lejos de ahí perdiéndonos entre el ruido y la multitud. Afuera hacía frío, no habíamos tenido tiempo de ir a donde estaban los demás por nuestras chamarras. Mis sollozos se materializaban en el aire como pequeñas nubes blancas que se entremezclaban de a poco con su respiración. No quería estar ahí. Empecé a caminar sin ningún rumbo. Solamente quería irme a mi casa y llorar lastimeramente en la seguridad de mi habitación, ser abrazado por mamá, consolado por las amables palabras de Koji-nii, sentir las palmaditas en mi pierna que para Yuya-chan eran un “aquí estoy”… simple y sencillamente necesitaba sentirme protegido por aquellos que me amaban.
-Kazuya…- Su voz tan queda y llena de preocupación fue como un interruptor. Me detuve. Estallé en llanto ahí a media calle cual niño pequeño.  Estaba cansado. Cansado de haberme callado tantas cosas por no parecer egoísta, de haberme limitado de tantas cosas por no parecer inmaduro, de haberme tragado tantas cosas por no parecer mimado,  de no haber pedido tantas cosas por no parecer infantil… Estaba harto de pensar siempre en todos menos en mí. Harto de no poder ser yo mismo por temor a defraudar a todos. Harto de vivir sin ser libre. Y ahí estaba él, mi eterno enemigo, ese que no quería que viera ninguna de mis debilidades, mirándome como si temiera acercarse por miedo a que me rompiera en mil pedazos, incapaz de moverse un milímetro por miedo a que mi llanto empeorara… corriendo hacia mí y estrechándome con fuerza entre sus brazos. –Todo estará bien… llora… no pasa nada… aquí estoy… no iré a ningún lado…- Desbordando tanta paz y amor que no pude sino abrazarme con fuerza a su camiseta y seguir lloriqueando como si de ello dependiera mi vida. A estas alturas ya todo daba igual.
-¡Kame-chan!- A lo lejos escuché su voz agitada. –Hablemos por favor…-
-¿No crees que ya has hecho suficiente?- Contrario al tono con que me había hablado a mí, a Ueda le espetaba aquello con tanto rencor que incluso escuché su corazón latir con más fuerza.
-Esto es entre Kame-chan y yo… tú no tienes nada que ver…- Nunca había escuchado a Ueda usar ese tono de voz tan frío.
-No creo que Kazuya quiera escucharte… y eso, claro que tiene que ver conmigo…-
-Que reencuentro tan poco emotivo, chicos…- Tomo me soltó poniéndome detrás de él para encarar a su amigo. –¿No creen que esto está un poco sobrado?... ¿En serio? ¿Una escenita de telenovela barata?...- Sus sarcasmos me dolían más que cualquiera de las veces anteriores que podía recordar.
-Jin, basta… mejor entremos… somos los siguientes en subir al escenario…- Ueda sonaba desesperado.
-Yamapi, no me irás a decir que sigues enamorado de ese niñato bueno para nada, verdad?- Al escuchar aquello sentí un golpe en la boca del estómago. ¿Qué acababa de decir? ¿Por qué todo tenía que ser para él un motivo de burla? Tomohisa no se movió ni dijo nada pero sus manos se veían rojas de tanta fuerza con que las empuñaba a sus costados.
-Jin... basta.- Su voz sonaba tan rara. Nunca lo había escuchado hablar en ese tono.

–Bromeas, verdad? ¿Sigues enamorado de él y todavía no se lo has dicho? ¿En serio, aun después de tanto tiempo? ¿Aún con todas las cosas inútiles que has hecho para estar cerca de él? ¿Aun después de tus grandes esfuerzos por odiarle y que te odie para olvidarlo?-
-¡Jin, dijiste que nunca hablarías de eso frente a Kame-chan!- ¿De qué hablaban? ¿Incluso Ueda lo sabía? Tenían que estar bromeando. Eso no podía ser verdad... nosotros éramos enemigos jurados.
-Yo…- Ni siquiera sabía qué quería decir pero no pude decir nada porque su voz me interrumpió.
-Sí… sigo enamorado de Kazuya como desde la primera vez que lo vi, no me arrepiento de haber usado a su hermano para poder pasar tiempo en su casa después de clases o hasta en vacaciones, ni de haberme matriculado en una escuela lejos de mi casa sólo para estar cerca de él, ni de haberle hecho y dicho tantas cosas desagradables tan solo por tener un poco de su atención, así como tampoco me importa que siga siendo un amor no correspondido mientras pueda verlo sonreír y ser feliz… así que entenderás que no esté de acuerdo con que quieras hablar con él después de todo lo que le has hecho, Ueda-san…- Su voz temblaba, del mismo modo en que su cuerpo lo hacía, pero sabía perfectamente que no se debía al frío. Estaba conteniéndose. Completamente molesto. Era algo que ya había visto con anterioridad. Solo era capaz de contemplar su silueta de pie delante de mí, esforzándose en protegerme de lo que amenazaba con lastimarme aún si en el proceso, él mismo estaba siendo lastimado.
-¡Ay, Pi, por favor! No me vengas con sermones cursis… ¡Tat-chan no le hizo nada! La tortuga fue la que quiso terminar su relación sin ninguna explicación, ¿y todo por qué?, ¿por qué ya no podían verse cada semana y llamarse a diario? Si realmente hubiera sido amor, ellos…-
-¡CÁLLATE! ¡Tú no sabes nada! ¡Así como tampoco lo sabe Ueda! ¡Él nunca quiso saber mis razones! ¡Nunca le importé ni un poco como para el menos haberse enojado conmigo y haberme gritado por teléfono exigiendo una razón!- Me sabía tan extraño llamarlo por su apellido. –¡Ha pasado casi un año! ¡Y nunca me buscaste! ¡¿Tienes idea de lo mal que lo pasaba?! ¡¿De todas las cosas que nunca te dije por temor a causarte problemas o preocupaciones innecesarias?! ¡¿De cuántas veces me quedé con las ganas de verte o escucharte porque estabas demasiado ocupado?! ¡¿De todas las cosas que quise preguntarte porque nunca me contabas nada?! Siempre tan distante, tan reservado, tan lleno de secretos… tan lejos de mí…- Había explotado. Mi voz sonaba tan extraña a medida que dejaba salir todo aquello que me había ahogado durante tanto tiempo. –No se trataba de vernos siempre o de hablar todo el tiempo… era cosa de confianza y comunicación y tú rompiste todo eso…- Él también lloraba. –Yo fui en contra de todo y de todos por lo que sentía por ti… incluso de mi propia sangre… sin esperar nada a cambio, simplemente porque te amaba y quería estar contigo… y tú… ¡tú solamente me dejaste a un lado cuando más te necesitaba porque no tenías tiempo para nada ni nadie que no fueras tú mismo!...- Tomé aire. Sentía que en cualquier momento me iba a desmayar. Mis piernas se sentían tan ajenas a mí. –¿Pero sabes?... al menos ahora podré dormir sabiendo que tú si eres capaz de sonreír nuevamente… aún si esas sonrisas van dirigidas a un imbécil como él…-
-Kame-chan…- Dio un paso hacia mí.
-Hemos terminado… No quiero volver a verte…-
-No, Kame-chan, escúchame…- Un paso más. No lo quería cerca de mí. Sabía lo que él me provocaba. Sabía que aún después de todo lo que había pasado, si me miraba con esos ojos y me hablaba con ese tono, terminaría cayendo de nuevo a sus brazos… y no quería.
-Yui-nii tenía razón… Al final, sí terminé arrepintiéndome de haberme enamorado de ti… No valía la pena.- Había tanto odio en mis palabras que no era para menos que me mirara de ese modo.
-Kazuya, basta, te haces daño…- Sentí su mano en mi muñeca y un tirón que me obligaba a dar media vuelta perdiendo de vista aquella escena en la que Ueda lloraba en brazos de Akanishi a medida que me arrastraban calle abajo.

Lo siguiente que supe es que volvíamos a la casa de Toma-san en taxi y que Tomo le medio explicaba lo que había pasado por teléfono sin darle demasiados detalles, casi como si la persona al otro lado de la línea supiera exactamente lo que había sucedido sin necesidad de palabras. El resto del trayecto estuvo sumido en un doloroso e incómodo silencio. Podía sentir su mirada de tanto en tanto sobre mí, pero no era capaz de enfrentarlo después de todo lo que había pasado. Llegamos y aproveché que pagaba para escapar fuera del coche lejos de su mirada. Al llegar al jardín, mi atención se desvió hacia cierto punto al fondo junto al estanque. La sombrilla seguía ahí, manteniendo la pequeña amapola roja a salvo del helado viento que soplaba esa noche. El cielo se iluminó de colores. El año había terminado. Los fuegos artificiales lo dejaban en claro. Mis lágrimas volvían a resbalar silenciosas a través de mis mejillas. Algo cálido rodeaba mi cuerpo. Tomo había sacado su chamarra y me la había puesto encima.
-No se suponía que las cosas sucedieran así…- Se quedó de pie detrás de mí, tan cerca que podía sentir el calor emanado por su cuerpo en mi espalda. -…lo siento.-  Y nuevamente el frío que se hacía mayor a medida que se alejaba de mí.
-Ne…- Se detuvo. -…¿por qué esa pequeña amapola fue capaz de florecer aun en circunstancias tan difíciles?- Una ligera risita se le escapó.
-Por qué estuve mirándola y cuidándola todo el año… desde el día que la planté… -
-¿Y por qué decidiste plantarla en este lugar tan deprimente?...-
-Porque en medio de la crueldad era donde iba a encontrar las fuerzas suficientes para mostrar su verdadera belleza…-
-Eres extraño…-
-Ambos lo somos…- Reímos. –Vamos, será mejor que entremos. De verdad no quiero que pesques otro resfriado, no querrás que sea tu primer recuerdo de este año, verdad?...-
-No, no lo será…- Me miró confundido. -…ya tengo un recuerdo mucho mejor en mente…- Caminé hasta la terraza y me quedé frente a él sonriéndole. Mirando su verdadera belleza por primera vez.


-Creo que este año te tocará por fin ver florecer las flores…- Se había detenido afuera del Auditorio, diploma de graduación en mano, apenas al escuchar mi voz. Me miró de ese modo extraño en que siempre me miraba, del mismo modo que siempre me había sacado de quicio, como si mirará a través de mí desarmándome por completo, viendo todo lo que yo siempre me esforzaba en ocultar.
-Eso sería un milagro que no creo que suceda, todavía no es primavera… además no iré estas vacaciones a casa de Iku…- 
-Baka… en serio que nunca te enteras de nada…- Caminé hasta donde estaba y tomé su mano para darle lo que había mantenido oculto en la mía. –Es la primera de este año…- Su cara fue todo un poema cuando vio la pequeña flor de cerezo rosada enmicada junto a la pequeña tortuguita sonriente de color verde que había recortado de una vieja nota adhesiva que había guardado hasta entonces.
-Kazu…- Sus ojos pasaron de lo que yacía en su palma a mi rostro. Su reacción fue todo menos lo que hubiera imaginado que haría. Me abrazó con fuerza, riendo bobamente pero incapaz de articular alguna palabra, tan sólo estrechando mi cuerpo contra el suyo.

Todo sucedió de un modo tan lento que apenas si fui consciente de lo que pasaba hasta que había sido demasiado tarde. Todas las personas que conocía se conectaban unas con otras formando una enorme, complicada y frágil telaraña que nunca antes había sido capaz de ver. Una telaraña que estaba llena de soledad y calidez. De tristezas y alegrías. De mentiras y verdades. De engaños y realidades. Y en medio de todo ese caos bipolar que era mi vida, lo único constante y seguro que conocía era Tomo. La sombrilla que me había protegido de la lluvia y del viento. La espina que me había enseñado a ser fuerte y a defenderme. Las manos que siempre habían cuidado que incluso una pequeña y rebelde flor pudiera florecer aun en un cruel invierno. Para cuando traté de pensar en ello, ya era demasiado tarde… me había enamorado perdidamente de mi peor enemigo. 
Read more

Mentira y verdad (KamePi)



Título: Mentira y Verdad.
Autor: Lilith
Pairing: Yamapi + Kamenashi
Fandom: NEWS + KAT-TUN
~DREAMS - NewS~
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst
To: Ai-chan, que ama tanto a este par que gracias a su amor por ellos, se dio el milagro de habernos conocido hace años gracias a uno de mis fics ^3^ luv u girl




-¿Me amas?- Me preguntaba quedito mientras continuaba besando los lóbulos de mis orejas y paseando las yemas de sus dedos por sobre mi pecho desnudo.
-¿Por qué siempre me preguntas eso después de que hacemos el amor?...- Hacía mucho que quería preguntárselo pero no me atrevía. Era algo que me inquietaba en sobremanera aunque tratase de mentirme a mí mismo. Temía a su respuesta, me aterraba que sintiera que no lo amaba de verdad, que dijera que siempre me lo preguntaba porque no era capaz de demostrarle lo que sentía por él.
-Lo siento...- Me pareció tan frágil acurrucado entre las sábanas aferrándose de ese modo a la almohada. Como si fuese a estallar en mil pedazos de un momento a otro. Odiaba que se apartara así de mí, pero tocarlo en ese momento me provocaba pavor. No quería herirlo de ninguna manera. Su pobre corazón ya había tenido suficiente para sus 25 años.
-Kame... no te disculpes, sí?... No debí preguntar tonterías... Sí. Te amo con cada celular de mi cuerpo y cada milímetro de mi corazón...- Acaricié suavemente su cabello a la altura de la nuca. Había descubierto que era algo que realmente le gustaba que le hiciera. Lo conocía desde siempre y sin embargo no hicimos más que odiarnos por más de la mitad de nuestras vidas. Ninguno se hubiera imaginado en aquel entonces que  estaríamos de este modo algún día.

Ni siquiera recuerdo cuándo fue que empecé a amarlo de esta manera. Cuando menos pensé, lo que sentía por él era tan grande que ya no me cabía en el cuerpo. Y aunque traté de disimularlo con todas mis fuerzas, al final no pude seguir reprimiendo mis sentimientos y terminé robándole un beso después de encontrarlo a mitad de la noche en la entrada de la agencia, con el rostro bañado en lágrimas y un enorme moretón debajo del ojo. Ni siquiera tenía que preguntarle qué le había pasado o quién le había dejado así la cara. Aquello no hizo más que armarme de valor para tomarlo entre mis brazos y confesarle lo que tan secretamente había guardado durante el último año por respeto a aquel a quien consideraba un buen amigo y de quien Kamenashi había estado enamorado toda su vida... El idiota que no había sido capaz de valorar al maravilloso chico que le había entregado su amor sin pensarlo dos veces.

No... Mentira. La verdad es que sabía perfectamente que me estaba enamorando de él. Lo entendí desde la primera vez que me quedé las horas contemplando su figura a lo lejos, viendo como reía de quién sabe qué cosas con sus compañeros de grupo en el salón de clases. Comencé a odiarlo para no amarlo. Lo odiaba en la medida que lo amaba para dejar de sentir lo que sentía. Pero todo eso fue en vano. Entre más crecía mi odio por él, el amor no disminuía ni un poquito y no hizo otra cosa más que volverse más fuerte a partir de que nos hicieron trabajar juntos para el dorama.

Después de aquella noche no volví a soltar su mano. Sin importar cuánto gritara y maldijera Jin por haber sido abandonado por aquel que le era fiel como un perro desde el primer segundo en que se vieron. No iba a permitir que le pusiera una mano encima a Kame. No de nuevo. No mientras estuviera a mi lado. Y aunque Jin había sido uno de mis mejores amigos por varios años, lo que sentía por Kame era mil veces más grande y no estaba dispuesto a seguir quedándome de brazos cruzados viendo como lo engañaba con uno y con otra mientras el otro pobre le esperaba en casa con la cena en la mesa y las ilusiones en la cara. No. Kame no merecía la vida miserable de mentiras que le daba Jin.

-¿Yamapi?...- Su voz sonaba tan pura y dulce que inundaba mi cuerpo de ambrosía. Sus ojos me miraban tan inocentemente que casi podía mirar dentro de su alma con sólo verlos un par de segundos.
-Dime...- Acaricié con ternura su mejilla y deposité un pequeño beso sobre sus tibios labios que de inmediato se curvaron en una dulce sonrisa.
-Desde hace un par de minutos hemos cumplido tres años de estar juntos...- Su carita se tiñó ligeramente de rojo mientras una tímida y encantadora sonrisa se dibujaba en su rostro al girarse para mirarme directamente haciendo que mi corazón latiera a mil por hora.
-Lo sé... También significa que tenemos trece años de conocernos...- Lo tomé con delicadeza entre mis brazos y lo atrajé lo más que pude contra mi cuerpo. Como solía hacer cuando estábamos así, se acurrucó entre mi pecho y mi hombro dejando su rostro tan cerca del mío que sus pestañas me hacían cosquillas en la mejilla.
-Hemos estado juntos por la mitad de nuestras vidas...-
-Así es... La mejor mitad de mi vida, de hecho...- Le besé la frente un par de veces y lo estreché aún más contra mí.
-Haz estado conmigo en los mejores momentos... y también en los peores...- Jugaba con los dedos de mi mano derecha al tiempo que yo jugaba con su cabello con la izquierda.
-No hubiera querido estar en ningún otro lado si no estuvieses tú ahí...- Decoraba las yemas de mis dedos con dulces besos. Sonreía. Aún cuando no podía verlo, lo sabía. Su corazón latía un poco más aprisa cuando lo hacía.
-Llegaste a mi vida cuando más te necesitaba... y desde esa noche en la que me dijiste todo lo que sentías por mí no has hecho más que confirmar cada una de tus palabras con tus acciones... No ha habido un sólo día en el que no me digas que me amas y me lo demuestres con cada beso, con cada caricia, con cada mirada...- Ahora era yo quien se sonrojaba y sonreía cual adolescente enamorado. -Desde esa noche mi vida dio un giro de trescientos sesenta grados... Y descubrí lo que era el amor verdadero...- Era tan feliz de que me dijera esas cosas. Siempre que hablaba de ese modo, usando ese tono de voz tan lento y profundo, me hacía el hombre más feliz del mundo.

Mentira... La verdad es que había vivido esperando por escuchar esas palabras por tres años. Temiendo que nunca fueran pronunciadas al no haber sido capaz de hacerlas florecer dentro de su corazón. Tan sólo esperando que mi amor fuera lo suficientemente grande como para alcanzarnos a los dos. Y ahora, de repente me descubría a mí mismo derramando lágrimas de emoción por darme cuenta de que él sabía perfectamente que lo amaba con todo mi ser.

-¿Yamapi?...- Se incorporó sobre sus codos para mirarme al darse cuenta de que lloraba.
-Lo siento...- Me senté tratando de ocultar mi rostro de sus ojos preocupados entre la sábana y mis rodillas. -...estoy bien, Kame...- Sería cruel decirle algo como "es que es la primera vez que me dices ésto...", no quería estropear lo que con tanta vehemencia había esperado por escuchar.

Mentira... La verdad es que en ese momento estaba tan feliz que mi mente se había quedado en blanco y lo único que tenía dentro de mí, era el eco de sus palabras rebotando entre mi cabeza y mi corazón provocando un nudo en mi garganta. Me sentía un idiota por reaccionar de ese modo después de tanto esperar que dijera algo así. Me enojaba el no ser simplemente capaz de echarme a sus brazos y llorar de felicidad como un niño y dejar que fuera él quien me reconfortara y luego llenarle de besos hasta la sombra y hacerle el amor hasta que el sol se apagara.

-¿Dije algo malo?...- La enorme preocupación que denotó su voz hizo que casi se me saliera el corazón. Me giré de inmediato, tan sólo para comprobar que estaba a nada de romper a llorar.
-¡No! De ninguna manera... Perdóname, Tortuguita...- Apreté su rostro entre las palmas de mis manos besándole los labios casi con desesperación intentando regalarle una sonrisa, pero mis lágrimas no paraban de rodar y las suyas habían comenzado a caer perdiéndose sobre mi piel. -...perdóname, Kame... No llores... No me perdonaría jamás por ser el culpable de tus lágrimas... Es sólo que me siento como un adolescente idiota y enamorado hasta la médula que siente que podría morir de absoluta felicidad en este preciso segundo por escuchar por primera vez de labios de su único amor que todo el tiempo que han estado juntos ha sido feliz y siente el amor que con tanto cuidado se ha tratado de cultivar...- Hablaba tan atropelladamente que creo que ni siquiera yo hubiera podido entender lo que estaba diciendo en ese momento. Me miraba con los ojos abiertos de par en par como tratando de procesar lo que estaba pasando.

De pronto me sonrió. No era esa sonrisa coqueta con la que me miraba cuando no estábamos solos y quería seducirme. Esta era la más dulce y tierna de las sonrisas.

-Yamapi...- Callé de inmediato.
-¿Sí?...-

Se me acercó tan rápido que me tomó completamente por sorpresa. No solía hacer estas cosas, así que no esperé que se me tirara encima para besarme. Supongo que fue el único modo que encontró para hacerme callar. Estaba completamente embriagado de su boca y de sus manos. Podía sentir su corazón latiendo tan deprisa como el mío mientras estaba sobre mi pecho. Y así, tan de repente como se abalanzó contra mí, se levantó de la cama dispuesto a irse a algún lugar de la casa.

-Te amo...-

Parpadeé estúpidamente un par de veces antes de caer en cuenta de que lo que acababa de escuchar no era producto de mi imaginación.

Ahí estaba de nuevo esa sonrisita decorando sus mejillas sonrojadas mientras me miraba desde la puerta del baño usando mi camisa blanca a medio abotonar y el cabello totalmente revuelto por haber estado tanto tiempo en la cama.

-Kame...-

Se le escapó una risita traviesa al ver que casi me caigo de boca de tan aprisa que bajé para ir tras él. Jamás había sentido lo que experimentaba en ese momento. Corrí y lo tomé entre mis brazos levantándolo ligeramente del piso en el proceso y comencé a besarlo como si en ello pusiera mi vida. No era un sueño. Él, el chico al que tanto amaba, me amaba a mí del mismo modo y ya no temía entregarse a mí por completo. Las heridas de su doloroso pasado habían cicatrizado y ahora sólo estaba yo dentro de su corazón para recibir todo su amor. No quería alejarlo de mí ni un sólo segundo. Lo abrazaba como si quisera volvernos uno. Lo besaba como si fuera el aire que respiro. Y se entregaba a mí como nunca antes. Sin miedos. Sin recuerdos tristes. Tan sólo con todo lo que sentía por mí. Era mío. Del mismo modo en que yo le pertenecía.

Mi camisa terminó nuevamente sobre la alfombra. Y ahí se quedó hasta entrada la tarde del día siguiente.
Read more

Justo como recuerdo. (RyoPi)




Título: Justo como recuerdo .
Pairing: Ryo + Yamapi / OC
Fandom: NewS
 *y un poco de otros pairings de Kanjani y KAT-TUN*
~Stereo - Nishikido Ryo~
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai
To: Risa!~ que ama a los Principitos con locura~ (gomen ne por haber tardado tanto en postearte el fic, perdí muchas veces el archivo mientras lo transcribía de mi cuaderno por culpa de mi celular u.uU Espero que te guste.)




El verano por fin había llegado a su fin... El paisaje a mi alrededor había cambiado de color tornándose con los cálidos tonos ocres y marrones del otoño. El bullicio de la ciudad debido a las vacaciones había cesado poco a poco después de que terminaran los festivales y junto con todo lo que dejaba de ser lo que era ayer... el amor que comenzó en mi adolescencia... ese primer amor, el que creí que sería eterno... también llegó a su fin.

"¿Es así cómo se siente un corazón roto?"

"¿Es éste el dolor de la separación?"

"Lo odio..."

No podía sino pensar en todo lo que habíamos compartido juntos. Llorar mientras recordaba cada mínimo detalle suyo, cada hábito y manía. Y las lágrimas no cesaban. Muerto en vida. Así era como me sentía sin su compañía.

Pero no pude odiarlo... Todo lo que soy ahora es gracias a él... Todo lo bueno que hay ahora en mi vida se lo debo a él y a su egoísmo.

¿Cómo pudo una relación de tantos años terminar de este modo?


Caminaba de regreso a mi departamento. Siendo viernes por la noche, Ryo-chan seguramente estaría en casa de Uchi o en algún bar con sus amigos de la banda; lo cual me daría tiempo para tomar una ducha y disimular de algún modo esos ataques de ansiedad que a menudo terminaban en un mar de lágrimas. Busco como siempre, las llaves en el bolsillo de mi pantalón y las deslizo suavemente en la cerradura. De un modo casi mecanizado me quito los zapatos y camino en silencio por el pasillo que lleva del recibidor a la sala, siguiéndome derecho hasta mi habitación. Ni siquiera me molesté en cerrar la puerta. Todo dentro de esas cuatro paredes me recordaba algo de él... su sonrisa mientras me miraba desde la ventana... su rostro dormido cuando se quedaba en el pequeño diván junto al balcón... su delgado cuerpo sobre mi cama hablando de mil y un cosas... su mirada coqueta desde la puerta del baño. En cualquier lugar a dónde mirara había un eco de su paso por mi vida que desaparecía casi tan pronto como aparecía frente a mis ojos.

Simplemente no pude más...

Me dejé caer de rodillas al piso y rompí en llanto. Me sentía vacío y no podía imaginar ni un segundo más de mi vida sin él.
-¿Yamapi?...- Ni siquiera escuché cuando se acercó a mí, pero escuchar su voz y sentir su mano sobre mi hombro, fueron suficientes para romperme en pedazos, indefenso como un niño perdido. Me sentí tan seguro al saberlo ahí a mi lado abrazándome y reconfortándome, que ni siquiera lo pensé y me aferré a su cuerpo con todas mis fuerzas, incluso lastimándolo un poco, aún cuando no lo expresó ni por un segundo, las marcas fueron visibles para cuando me calmé un poco.

Me sentía como un muñeco de trapo que era cuidadosamente colocado sobre la cama y estrechado con delicadeza para dormir mientras le susurran palabras dulces. La gente podría pensar mil cosas horrendas sobre Ryo-chan, pero la verdad es que siempre había sido así de lindo conmigo. Me conocía mejor que nadie y siempre se preocupaba por mí. No por nada había sido mi mejor amigo desde hacía más de diez años.

¿Cuándo me quedé dormido? La verdad es que no tenía ni idea. Pero cuando desperté Ryo-chan seguía escondiéndome del mundo entre sus brazos, manteniéndome alejado de mis miedos y tristezas. Al menos el tiempo suficiente como para que pudiera respirar y no olvidar que estaba vivo.
-¿Te sientes mejor?- Me encontré directamente con sus ojos oscuros y melancólicos que me miraban preocupados y adormilados. Por sobre su hombro miré la hora en el despertador que estaba sobre la mesita de noche marcando las 5:00 am. Me sentía confuso por todo lo que había pasado, pero sabía que le había arruinado sus planes con Uchi, así que me sentí terriblemente culpable y no pude más que darle un asentimiento por respuesta. -Menos mal... me diste un susto de muerte porque no te escuché entrar y cuando te hablé ni siquiera me notaste... parecías un zombie...- Sonrió levemente apartándome el cabello de la frente, tras lo cual se acomodó boca arriba. Al notar que movía discretamente el brazo me aparté. Después de tantas horas, era obvio que lo tendría acalambrado por haberlo usado como almohada al dormirme sobre él.
-Lo siento...-
-No te preocupes... si ayudó a que te sintieras mejor, este dolorcito es un precio insignificante a pagar...- Se estiró sobre la cama cuan largo era. -Vaya, supongo que así se sienten los hermanos mayores cuando ven llorar a sus hermanitas...- Su comentario lejos de ofenderme, me causó gracia y aunque no tenía muchas ganas de hacerlo, me reí. -Bueno, creo que mejor llamo a Hiroki antes de que vaya a buscarme a la clínica forense...- Se desperezó y bajó de la cama. -Descansa otro rato... no sé tú pero yo muero de hambre. Iré a preparar algo para desayunar...- Salió de mi habitación sin más. Podía escucharlo tarareando algo en su pésimo inglés mientras lo oía ir y venir por toda la casa. Supuse que hablaba con Uchi cuando el apartamento se quedó en silencio. Me levanté casi corriendo y entré al baño a vomitar tras recordar casi como si lo volviera a vivir, cada palabra que me había dicho la persona en la que más confiaba unas horas atrás cuando lo encontré en la cama con otro. Abrí la regadera. Dejé que el agua fluyera esperando que el ruido silenciara al menos un poco el eco de su voz dentro de mi cabeza, pero fue en vano. Al menos ahí dentro nadie notaría la diferencia entre las gotas de agua y mis lágrimas.

¿Cuánto tiempo me quedé ahí? No tenía ni idea. Ni siquiera escuché cuando Ryo-chan llamó a la puerta, mucho menos oí cuando entró preocupado al no escuchar respuesta de mi parte cuando me habló. Al verme ahí empapado de pies a cabeza hecho un ovillo dentro de la tina, cerró la llave.
-Si pretendes pescar un resfriado, es más fácil y barato dormir en la terraza desnudo, Pi...- Me quitó la playera mojada y me cubrió con una toalla; tras lo cual me obligó a levantarme para salir de la bañera. -Mmm... vas a tener que hacer a cambio algo por mí, eh?... los servicios de niñero y enfermero no venían incluidos en el contrato de renta cuando te mudaste aquí...- Me miró a los ojos al ver que su comentario, que normalmente me habría hecho reír a carcajadas, no había provocado reacción alguna de mi parte mientras me quitaba también el pantalón y me ponía la bata de baño. Guardó silencio un momento; mismo que me pareció una eternidad. Me condujo de vuelta a la cama y secó un poco mi cabello con la toalla que traía sobre el hombro izquierdo. -No pretendo obligarte a decirme qué fue lo que te pasó que te puso así, pero me preocupas... Así que si puedo ayudarte, así sea con algo mínimo, no dudes en acudir a mí, ok?... Sabes que sin importar cuándo o dónde, siempre estaré a tu lado, entendido?- Me sentía una estúpida molestia en la vida de mi mejor amigo. Sabía perfectamente que lo que decía era una verdad indudable, por eso no le respondí. Ya le estaba dando suficientes problemas en ese preciso momento como para encima darle más en un futuro... uno no muy lejano por cómo me sentía. -Iré a traer el desayuno...- Se levantó y caminó hacia la puerta. -Promete que te mantendrás lejos de la ventana, el balcón, el ventilador y la bañera... no vaya a ser que en vez de un resfriado, se te ocurra pescar una pulmonía en pleno otoño.- Sonrió con su habitual ironía pintada en la cara, recargado contra el marco de la puerta, antes de desparecer en el pasillo. Nuevamente canturreaba algo, imagino que desde la cocina.

Al mirar a mi alrededor me encontré directamente con el lastimoso reflejo del yo que era en ese instante y entendí el motivo de ese fugaz tinte de angustia que advertí en los ojos de Ryo-chan cuando miró en el baño: me veía terriblemente mal.
-No es una delicia parisina, pero para haberlo preparado en diez minutos con sólo lo que había de sobras de la semana en el refrigerador, sé que te va a fascinar...- Entró con una enorme y radiante sonrisa sosteniendo la bandeja de madera con ambas manos. No tenía ni fuerzas para bajar de la cama, así que me obligó a levantarme y con extremo cuidado para no tirar nada, puso la bandeja entre los dos. Lo vi con toda la intención de darme de comer en la boca, así que me le adelanté y tomé los palillos y aunque realmente no tenía nada de apetito, comencé a comer lo que con tanto esmero me había preparado. Eso bastó para tranquilizarlo y que fuera a la cocina por su comida. Regresó en menos de dos minutos y comió en el piso junto a mi cama; lugar que curiosamente le gustaba para estar dentro de mi habitación. Noté que me miraba discretamente de vez en cuando pero no sabía el por qué; me limitaba a verlo de reojo rehuyendo el mirarlo directamente a los ojos. Quería decirle lo que había pasado, pero no sabía cómo.
-Kame terminó conmigo...- Sentí que clavaba su mirada sobre mí, seguramente sorprendido ante mis palabras. -...dijo que no quería seguir mintiéndome...- Me pregunté qué expresión tenía mientras me miraba, estaba completamente inmóvil y en silencio. -...él... está con Jin desde hace tiempo... Los encontré en su departamento…- Volteé a verlo al escuchar que sus palillos golpeaban el plato al caer. Mi veía atónito. Como si le costara creer lo que acababa de decirle. Casi como si esperara que de un momento a otro le sonriera diciendo "¡es mentira!", tal cual acostumbraba hacer él a menudo. Pero no. La manera en que me miró me dejó en claro que entendía que lo que acababa de decirle no era una broma. Continué comiendo, tratando de parecer lo más tranquilo posible aún cuando sentía que temblaba de sólo recordar aquella escena. No quería que hiciera algo estúpido o impulsivo. Después de todo, Jin siempre había sido uno de nuestros mejores amigos.

Lo miré. Me preocupaba el no escucharlo respirar siquiera. Aquello que descubrí en Ryo-chan ese día era aterrorizante y fascinante al mismo tiempo. Porque era algo que nunca antes había visto dentro de sus ojos aún a pesar de todo el tiempo que tenía de conocerlo. De algún modo era algo extraño… nuevo… como una especie de furia y desesperación entremezcladas con miedo e impotencia, y al mismo tiempo parecía tan carente de cualquier emoción como si fuera un maniquí. Su teléfono celular comenzó a sonar pero era como si ni siquiera lo pudiera escuchar. Lo sentí tan lejos de mí en ese momento.
-No vas a responder?-
-Eh?-
-Tu celular... está sonando...-
-Oh...- Se levantó y salió de la habitación con el pequeño aparato en su mano. Terminé de desayunar y aún no regresaba, así que me preocupé. Pero justo cuando me había logrado levantado para ir a buscarlo, entró en silencio a mi habitación. Nuevamente era el Ryo-chan de siempre. Me alivié de ello.
-Creo que me tardé mucho, verdad?- Decía con una sonrisa tímida mientras miraba mi plato vacío y se sentaba de nueva cuenta sobre el cojín para seguir comiendo.
-Gracias... por la comida...-
-Ah, no fue nada!... Espera a probar la cena.- Fue entonces que me percaté de lo dañados que se veían sus nudillos. Sabía por qué estaban así. Sabía que yo era el culpable. Sabía que esto pasaría si le decía la verdad. Y sabía que eso no había sido nada en comparación a lo que haría cuando se encontrara con cualquiera de los dos.
-No tendrás ensayo con la banda hoy?- Me gustaba su presencia ahí, tan cerca mío, pero sinceramente quería estar solo. Tenía tantas ganas de llorar. No podía hacerlo frente a él. Eso lo preocuparía aún más.
-No... sólo iré a la tienda de discos y volveré a casa. Tú vas a salir?- Tardé un poco en responder a su pregunta. Tenía que pensar muy bien lo que iba a decirle; porque tanto un "sí" como un "no" le dirían más de lo que pretendía. Era en estos casos cuando odiaba su capacidad para leerme entre líneas.
-Sí... aún tengo trabajo pendiente en la oficina...- Odiaba mentirle, pero odiaba aún más preocuparlo.
-Paso por ti cuando salgas?... Así no vuelves solo y me acompañas a comprar lo de la cena...- Este era el momento para disculparme por mi mentira y confesar o decidirme a hacerla una verdad.
-Pues no sé a qué hora termine... pero si no te molesta esperarme...-
-Ok, salgo como a eso de las seis. Paso por ti como a las seis y media. Te llamo cuando esté ahí, va?- Se metió en la boca todo lo que le quedaba en el plato y como de costumbre, tuvo que beber desesperadamente su té para no morir atragantado. Era como un niño. -Bien... entonces iré a tomar un baño para irme a trabajar... y tú deberías vestirte, porque te creo capaz de olvidar que llevas la bata de baño puesta e irte así a la oficina...- Siempre que me miraba sonriéndome de ese modo entre cínico y perverso, me hacía sonrojar. Esta vez no había sido la excepción.

Pronto me quedé completamente solo. Creo que por primera vez extrañaba su voz desentonada y escandalosa cantando por cada rincón del apartamento. Sí, en realidad no tenía ni la más mínima intención de salir de mi cama nunca más, pero no había soportado el horrible sentimiento de culpa al haberle dicho algo que no era verdad. Aunque tampoco se podría contar como una mentira. Literalmente me arrastré hasta el closet y saqué lo primero que vi colgado. Por suerte combinaban. Me vestí, apagué las luces y cerré la puerta con llave al salir. Como imaginaba, no había nadie más adentro de la oficina del Departamento de Marketing, así que me refugié en la semi penumbra detrás de la puerta doble de cristal que estaba en mi oficina. Ni siquiera me molesté en encender las luces. Un par de horas de perfecto silencio también serían buenas para desahogar un poco del dolor que sentía entre el estómago y el pecho y que me impedía respirar. Pero como pasaba últimamente, nada me salía como quería, así que apenas me había sentado cuando mi celular comenzó a sonar. Se me fue la sangre del cuerpo. Quien llamaba era nada más y nada menos que Jin. ¿Qué demonios podía querer que ameritara el llamarme? ¿Qué no había sido suficiente con haberme quitado a Kame? ¿Qué más podía querer de mí? De pronto recordé que lo que tenía de inteligente, lo tenía de descarado; así que ya no pareció tan irracional que me estuviera llamando. Siendo él, podría incluso estarme marcando mientras estaba en la cama con Kame, igual por lo que había entendido, no hubiera sido la primera vez. Dejé el teléfono sonar y sonar hasta que el ruido se detuvo. Encendí la lámpara que estaba sobre mi escritorio. Nuevamente sonaba. Ni siquiera tenía caso que mirara quién era. De antemano sabía que ese chico era insistente. Si quería decirme algo, no se estaría en paz hasta que lo escuchara. Tras la séptima llamada sin contestar exploté. Tomé el aparato y lo lancé.
-Wooo~!... si no quieres responderme sólo apágalo...- Me sorprendió ver a Ryo-chan entrar a mi oficina en ese preciso momento. Afortunadamente tenía buenos reflejos, porque justo alcanzó a esquivar el celular antes de que se impactara directo en su cara y sólo fue a dar sobre el sillón de la sala de espera.
-Lo siento! No te escuché entrar...-
-Claro que no! Cómo ibas a escucharme con todo ese ruido... Deberías cambiar de tono, ese es muy infantil y escandaloso, sabes?...- Levantó del piso mi teléfono y caminó hasta donde me encontraba. En el momento en que se disponía a devolvérmelo, sonó de nueva cuenta. Fue inevitable que viera quién era. Me miró. Supongo que todo tomó sentido dentro de su cabeza. -Lo siento... Yamapi no puede responderte ahora... y será mejor que no vuelvas a llamar...- Y sin más, colgó y apagó el maldito aparato. -Por eso no me respondías, verdad?- Su expresión pasó del enojo a la angustia en un segundo. -¿Quién demonios se cree que es como para llamarte después de todo lo que te hizo?- Agradecí que no lo tuviera enfrente en ese momento. Sé que le hubiera dejado por lo menos un ojo morado tan sólo por el cinismo de insistir en que le respondiera. -...estás bien?- Era un gran alivio tenerlo ahí en ese momento. Sólo atiné a decirle que "sí" con la cabeza.  No dijo nada durante un buen rato. -Si quieres llorar, hazlo... nadie te verá...- Apagó la luz. Me conocía tan bien. Aún cuando no me lo hubiera sugerido, hubiera terminado haciéndolo. Me sentía del asco por haber sido traicionado por dos de mis mejores amigos de toda la vida, como para que encima, uno de ellos quisiera pretender que no había pasado nada y pensar que podríamos seguir siendo los buenos amigos de siempre. Sí, a veces podía ser ingenuo y confiado, pero gracias a Ryo-chan, había aprendido a no ser idiota. Ya no.

¿Cuánto tiempo estuve llorando desconsoladamente en medio de aquella oscuridad? Realmente no lo sé. Lo único que recuerdo es el calor de la mano de mi ángel guardián sosteniendo con fuerza la mía mientras caminábamos en silencio por entre la multitud que chocaba de vez en cuando conmigo y me ignoraban al pasar y que no me soltó ni por un segundo hasta que llegamos nuevamente a casa.

-Ryo?- Su voz me pareció tan lejana que incluso me pregunté si no la estaba imaginando.
-Hiroki... qué haces aquí?-
-Eso debería preguntarlo yo... qué haces TÚ aquí?-
-Pues... aquí vivo, recuerdas?-
-Por supuesto... pero veo que eres realmente malo mintiendo... porque eres TÚ quién no recuerda haber dicho que no irías al ensayo porque tendrías que doblar turno en la tienda...- Sentí cómo se estremecía. Uchi tenía razón, Ryo-chan era pésimo mintiendo. Aunque lo hacía todo el tiempo, de inmediato admitía que mentía y decía la verdad. Creo que era la primera vez que sostenía una mentira por tanto tiempo. Me sentí mucho peor por eso que por lo que había pasado con Jin unas horas antes. Esto era culpa mía. Traté de zafarme pero él me lo impidió apretando aún más mi mano entre la suya.
-Tú lo has dicho...- Sacó la llave del bolsillo de su pantalón de mezclilla deslavado y abrió la puerta.
-Y eso es todo?-
-Si quieres escuchar una explicación o una disculpa, lo siento pero deberías saber que ese no es mi estilo...- Dio un paso hacia adentro pero yo no me moví y mi mano cayó inerte a mi costado al oponer resistencia a que me llevase con él. Me miró de ese modo tan suyo cuando no está de acuerdo. Se volvió, tomó de nueva cuenta mi mano y me hizo entrar.
-Ryo...- Lo llamó casi con desesperación.
-Si quieres creerme, espera a que salga... Si no, mejor vete a tu casa...- Cerró suavemente la puerta. No podría precisar si Uchi lo miró dolido o enojado, sólo sé que a mí me fulminó con la mirada cuando el brazo de Ryo-chan rodeó mis hombros para hacerme entrar.
-No deberías ser así con Uchi-san... es tu novio y...-
-Y por lo mismo debería creer en mí aún si le miento...- Me interrumpió un tanto cortante.
-Ryo-chan...-
-No digas nada, quieres?... Eres mi... mejor amigo... y no pienso dejarte solo cuando más me necesitas... Hiroki debería entenderlo...-
-Pero...-
-Pero nada.- Me miró muy seguro de que diría a continuación. -Si quiere saber la verdad, estará ahí cuando salga, me tarde lo que me tarde...-

Me llevó hasta mi habitación y tras encender la luz, nos sentamos en mi cama. Ninguno de los dos decía nada. De algún modo, en momentos así, nos sobraban las palabras y eso me agradaba. No quería mirar a mi alrededor. Ver a Kame en todas partes me hería una y otra vez. Mantenía la mirada clavada en mis pies.
-Será mejor que vayas a explicarle todo a Uchi-san...-
-De acuerdo... lo haré, no porque me lo digas, sino porque sé que no me vas a dejar en paz hasta que lo haga...- Sin muchas ganas se levantó y caminó hasta la puerta. De pronto se detuvo. -...no me tardaré mucho, así que espera un poco y preparamos la cena...- Dejó abierta la puerta, así que de inmediato entendí que lo había hecho a propósito para escuchar por si me pasaba algo. Era uno de esos pequeños detalles tan Ryo-chan, que apenas si creerías después de conocerlo. Era una lástima, pero él prefería que sólo vieran su "lado malo" para que no lo volvieran a herir, aún cuando era su "lado bueno" el que realmente prefería. Por fortuna, yo nunca había conocido al chico malo que se esforzaba en ser porque desde nos conocimos, conmigo siempre ha sido él mismo. De algún modo sentimos que podemos ser cómo somos el uno con el otro mientras estamos juntos, no hay necesidad de máscaras ni farsas entre nosotros.

Juro que no habían pasado ni cinco minutos cuando lo escuché tarareando algo en la cocina. Me preocupaba. Sonaba tan triste aún a pesar de lo mucho que intentaba expresar lo contrario con su voz. Lo conocía mejor de lo que me conocía a mí mismo. No pude evitar ir directo a donde estaba.
-Oh! Llegas justo a tiempo... me alcanzas de esa alacena el ajo y la pimienta?- Sólo vi su rostro durante un par de segundos antes de que volviera a girarse hacia la estufa, pero fueron suficientes para notar que había llorado. Sólo podía ser una de dos cosas: o Uchi no estaba ahí cuando salió o habían discutido y se había ido casi de inmediato. Pero para que Ryo-chan hubiera terminado llorando, creo que sólo pudo haber sido a causa de la primera.

Caminé hasta quedar detrás de él. Apoyé mi frente contra su espalda. El ruido del cuchillo golpeando contra la superficie de plástico cesó. Lo escuché suspirar.
-Lo siento, Ryo-chan...- Ahora él sufría por mi culpa. Y ambos lo sabíamos.
-No digas nada, sí?... No es culpa tuya...- Se quedó en silencio un instante; como poniendo todas sus fuerzas en no romperse. -Sólo abrázame un momento...- Su voz apenas si podía escucharse. ¿Había pensado aquello en voz alta? Mis lágrimas caían nuevamente. Llevé mis brazos hasta su cuerpo y lo rodeé con ellos. Sentí aquellas cálidas gotas chocando contra mi piel. Envidiaba tanto su fuerza. Todos estos años había envidiado su capacidad para sanar. Un par de minutos después ya era el mismo de siempre, tarareando, cantando, bailando de aquí para allá por toda la cocina. Como si nada hubiera pasado. Pero por primera vez entendí algo que nunca antes había podido ver: no era que sanasen de inmediato sus heridas, sino que no quería mostrarse débil ante los demás. Cenamos y nos preparamos para ir a dormir. No quería estar en mi cuarto, así que perdía el tiempo en la sala. Escuché su puerta cerrarse, al menos ya no tendría que seguir cambiando canales a lo tonto haciendo como que veía la TV. Después de un rato apagué el televisor y me quedé mirando la pantalla, ni siquiera supe en qué momento había comenzado a llorar otra vez. De pronto lo vi en el reflejo de la pantalla, estaba de pie detrás de mí, mirándome con los brazos cruzados. No me moví. No supe cómo reaccionar. Sinceramente esperaba que fuera producto de mi imaginación y que desapareciera en cualquier momento. Pero no fue así.
-Vas a seguir ahí muriéndote de frío o vienes a la cama y nos dormimos de una buena vez?...- Sonaba un poco frío, sí, pero sabía perfectamente que sólo era debido a su mal humor cuando tenía mucho sueño y no podía dormir. Me levanté del mueble y dejé el control remoto sobre la mesa de centro. Caminé hacia él. Me extendió la mano y, como si fuera ya lo más natural del mundo, me aferré a su calidez.  ¿Acaso se había dado cuenta de que no quería estar en mi habitación? Porque por fortuna no me había conducido a la mía sino a la suya. No entendí por qué pero me hizo sentir mejor saber que se quedaría otra vez a mi lado durante toda la noche. Por fin pude conciliar el sueño.

Los días pasaban. Ellos se distanciaban cada vez más, haciendo que nosotros nos uniéramos aún más. En su afán por no dejarme solo, tras las insistentes llamadas de Jin, tanto a mi celular como a mi oficina, terminó llevándome con él a cada lugar a donde iba. Aún cuando me opuse, ignoró lo que le decía. Obviamente Uchi no estaba nada feliz con todo eso. Al final, Ryo-chan me obligó a tomar por fin vacaciones después de que Jin se apareciera un día en mi trabajo exigiéndole a mi secretaria verme. Por suerte ese día había tenido una reunión de última hora con la Junta Directiva, así que no estaba ahí cuando se presentó. Aquello había sido la gota que derramara el vaso. Tras dejarme en casa de Maruyama, su bajista, se fue pidiéndome que lo esperara ahí, alegando que no tardaría mucho, me convenció. Sí, en efecto no se había tardado. Para haber regresado con el labio inferior reventado, no me quise ni imaginar cómo había terminado Jin. No me dijo nada. Apenas si volvió, tomó su guitarra y comenzaron con el ensayo. Uchi no aparecía, así que me pidieron que cantara un rato para ellos. Me moría de pena y no quería hacerlo, pero todos habían sido muy amables conmigo, así que no pude negarme. De pronto sentí todas las miradas sobre mí. No sabía el por qué pero incluso habían dejado de tocar. Al principio me sonrojé suponiendo que lo había hecho tan mal que no lo podían creer. Pero luego me di cuenta de que sus ojos no reflejaban decepción sino sorpresa. Se miraron entre ellos con esas sonrisas tan típicas que tenían en señal de aprobación y siguieron con el ensayo. Al final, Uchi no llegó, pero a ninguno pareció molestarle o importarle siquiera. Sus halagos a mi voz hicieron que me cohibiera más de lo usual.

-No sabía que pudieras cantar así...- Fue lo primero que dijo al llegar a casa.
-Bueno... supongo que ahora ambos lo sabemos...- Le sonreí tímidamente ya que la forma en que me miraba me apenaba.
-Los chicos quieren que te nos unas a los ensayos...-
-Eh?-
-Sí, les gustó tanto tu voz que quieren saber si quieres participar con nosotros alguna vez...- Dijo lo último un tanto inseguro.
-Eso significa que quieren que cante con ustedes... sobre el escenario?...-
-Ehmm... pues sí...- Ahí estaba su dulce y boba sonrisita que ponía cuando estaba nervioso.
-Pero yo no soy cantante... sólo soy un aburrido oficinista...-
-Tal vez tu creas que "sólo" eres eso, pero la verdad es que eres mucho más, Pi...- Se hizo un extraño silencio entre nosotros. No era nuestro habitual y agradable silencio. Este hacía a mi corazón latir mucho más aprisa de lo normal.
-Iré a darme un baño...- Huí.
-Ok, prepararé la cena...- Cerré de golpe la puerta de mi habitación. ¿Por qué estaba tan nervioso? Era por algo en sus palabras, en su mirada... pero qué.

Ni siquiera nos dimos cuenta cuándo se nos volvió un hábito el dormir juntos. Supongo que ambos nos sentíamos seguros teniendo al otro a su lado, casi como si fuéramos un amuleto contra las pesadillas. Habíamos adoptado una pequeña rutina diaria que, sin que me diera cuenta siquiera, comenzó a alejar de mí la profunda depresión que la herida de su adiós me había dejado como recuerdo de despedida. Pero aún a pesar de ello, no vivíamos de modo monótono. Ese era uno de los encantos de vivir con alguien como Ryo-chan... Nunca te aburrías.

Aquella mañana hacía frío, así que no me extrañó sentir su cuerpo abrazándose al mío en busca de un poco de calor. Nunca había logrado que me hiciera caso y se pusiera algo más de ropa que sus bóxers para dormir. Un ruido que no pude precisar me había despertado, pero tras no volver a escuchar nada, cerré los ojos otra vez esperando poder dormir un poco más. Definitivamente hoy sería un día ajetreado. Todos los preparativos en secreto me lo habían dejado en claro desde la semana pasada. Era su cumpleaños, así que lo más probable es que ni siquiera dormiríamos hasta el día siguiente. Si bien cada año la celebración se prolongaba más de lo planeado, este año sin duda la fiesta sería la mejor. Había mucho que celebrar: su primer cuarto de siglo, su primer concierto en un gran lugar, su contrato con una prestigiosa disquera. En definitiva debía ser un día perfecto. Se lo merecía.

-El sonido de algo haciéndose añicos contra el piso me hizo abrir los ojos de inmediato. Lo sentí sobresaltarse y aferrarme contra sí en instinto protector justo antes de incorporarse sobre la cama todavía adormilado.
-Lo sabía!- Uchi gritaba molesto, histérico e incrédulo viéndonos.
-Hiroki?... Qué haces aquí?- Ryo-chan apenas terminaba de despertar, bostezando y desperezándose cual niño pequeño.
-Uchi-san... no es lo que piensas...- Me levanté de inmediato de su cama y caminé hacia él para salir y dejarlos a solas. Probablemente eso que ahora estaba roto en el suelo había sido su regalo de cumpleaños.
-Tú no te metas!-
-Hiroki, te hice una pregunta...-
-No te preocupes, ya me voy... no era mi intención interrumpir nada!-
-Disculpa?!- Ryo-chan se veía realmente molesto. Uchi avanzó hacia la cama.
-Ten!- Le lanzó algo sobre las cobijas. -...no debiste dármela si no querías que me enterara de nada!-
-Uchi-san, espera... En verdad lo has malentendido todo...-
-Fuera de mi camino!... Eres aún peor de lo que Akanishi-san dijo!- Me aventó con fuerza para hacerme a un lado. Con demasiada fuerza. Terminé en el piso, cortándome la mano con uno de los trozos de cristal que yacían en el suelo al intentar frenar la caída. Ryo-chan saltó fuera de la cama al ver que sangraba.
-Yamapi... déjame ver...- Se arrodilló junto a mí para ver la herida.
-Lo siento... no era mi intención...- Uchi sonaba preocupado.
-Vete! Ya has hecho suficiente!- Lo interrumpió bruscamente. Por cómo lo miró, seguramente era la primera vez que Ryo-chan le gritaba de ese modo.
-Ven... hay que lavarte para saber qué tan grave es...- Me ayudó a ponerme de pie y me condujo al baño.
-Deberías alcanzarlo y aclararle las cosas...-
-No quiero...-
-Eh?-
-Si me cree capaz de hacer algo así, no vale la pena que siga con él... Déjame ver...- Examinaba con cuidado mi mano procurando no lastimarme. -Creo que será necesario que te den puntadas, mejor vamos al hospital.- La sangré mezclada con el agua, hacía que pareciera más aparatoso de lo que en realidad debía ser.
-No es necesario... estaré bien...-
-Pero yo no! Así que hazlo por mí... No querrás tenerme preocupado todo el día, verdad?- Negué de inmediato con la cabeza. -Gracias... Espera un segundo.- Buscó el botiquín de primeros auxilios y me aplicó un par de antisépticos antes de cubrir la herida con una gasa y ayudarme a ponerme una sudadera de cierre. Se puso lo primero que encontró y salimos para tomar un taxi e ir al hospital.

De camino a casa y con un par de puntadas, su celular comenzó a sonar, pero por alguna razón no lo escuchaba. Tuve que repetirle un par de veces que le estaban llamando. Más que distraído estaba pensativo. Probablemente preocupado por todo lo que había pasado. La culpa me consumía por dentro. Había arruinado su cumpleaños. Por cómo le respondía, supe de inmediato que era Okura quien le hablaba.
-Sí, aquí está conmigo, por?... Te lo paso... Ten, Tacchon quiere hablar contigo...-
-Aló?- Hasta que lo mencionó me di cuenta de que había olvidado mi celular en casa. Me había estado marcando desde hacía rato y al no recibir respuesta, se había preocupado. Me preguntó cómo estaba. Al parecer Uchi le había mandado un mensaje de texto, desesperado por lo mucho que había empeorado las cosas con Ryo-chan por culpa de sus celos. Un "no te preocupes" y un "sabemos que no es culpa tuya" fueron suficientes para que mi consciencia se quedara mucho más tranquila. Me dijo que él se encargaría de explicarles a los demás y que ahora yo sólo debía hacerle compañía a Ryo-chan un rato y asegurarme de que llegase a tiempo al ensayo antes de la presentación, que el resto se lo dejara a ellos. Ver lo grandiosos amigos que eran, no hizo más que profundizar mi herida. Pero era un día muy importante para el único mejor amigo que me quedaba, así que no iba a dejar que se arruinara del todo por mi estado de ánimo.
-Qué quería?- Me preguntó tan pronto como colgué y le devolví el celular.
-Saber cómo estaba. Olvidé mi teléfono y estaba preocupado... Uchi le dijo lo que había pasado y...-
-No quiero que me lo menciones, de acuerdo?... Tengo muchas cosas de las cuales ocuparme en vez de preocuparme por estupideces...-
-Ryo-chan...- No dije más al respecto. No tenía derecho. Ya había interferido demasiado entre ellos. Tampoco tendría sentido hacerlo. Conocía a Ryo-chan.

Volvimos a casa. Me aseguré de mantenerlo con la mente ocupada durante todo el trayecto. Y la verdad no lo hacía por obligación, realmente me interesaba saber todo lo que harían antes del concierto. Lo cierto era que ahora me importaba mucho más que antes todo lo que tuviera que ver con Ryo-chan. Supongo que era de esperarse, después de convivir 24/7 con una persona, termina por volverse una parte importante de tu vida.

Desayunamos algo que compramos en el conbini de pasada. Insistí en que era su cumpleaños y que no quería que hiciera nada cotidiano. Al ver que no dejaría que cocinara, terminó aceptando mi propuesta, aún así se empeñó en preparar algo como postre. No le dije que no porque dijo que quería comer algo dulce. Decidí ayudarle a prepararlo. Hubiera preferido hacérselo yo, pero con sólo una mano creo que hubiera estado listo para la cena, lo cual no tendría ningún sentido porque no volveríamos a casa en toda la noche. Así solían ser las fiestas de Ryo-chan y sus amigos. Por fortuna sabía que no se prolongaría por días ya que no estaría Jin.

-No seas terco!... No hay nada ahí dentro que no haya visto al menos una vez... Así que abre la maldita puerta!-
-No... Yo puedo solo...-
-Para cuando termines de bañarte ya se habrá acabado el concierto!- Había algo de cierto en sus palabras. Bueno, lo admito, tenía totalmente la razón.
-De acuerdo... pero entra hasta que yo te diga...- Le quité el seguro a la puerta, dispuesto a correr hasta la bañera y ocultarme entre la espuma, pero no contaba con que justo en cuanto oyó que podía entrar, abriría la puerta.
-RYO!!!-
-PI!!!- Los dos teníamos el ceño fruncido en un gesto enfurruñado. De pronto guardamos silencio y echamos a reír. Tras ver mi rostro incandescente cual bengala en la oscuridad, se limitó a voltear al piso, tras lo cual entré al agua y se limitó a lavar mi cabello y a pasarme la bata de baño para ayudarme a salir. -Si necesitas algo, me hablas, ok?- Dijo antes de salir y después de haberme ayudado a vestir, para también ducharse.
-En realidad, creo que exageras... Cuando el doctor dijo que tuviera cuidado y evitara esfuerzos... creo que sólo se refería a que no los hiciera con esta mano!- Eché a reír ante la expresión "indignada" e "incrédula" de su cara debido a mis palabras.
-Pues no! No exagero!... Sólo sigo las instrucciones que me dio el doctor: "Asegúrese de que no haga esfuerzos con la mano, como cargar o sujetar cosas, de preferencia que la mantenga en reposo TOTAL..." Entiendes lo que esa palabra significa, verdad?-
-Obvio...-
-Entonces, déjame en paz... Sólo hago mi trabajo como enfermero...-
-Jajaja! Ahora eres mi enfermero?-
-No, creo que preferiría ser algo más... pero por ahora puedo conformarme con eso...- Salió de mi habitación mientras decía lo último.

-Yamapi~-
-Qué?-
-Qué demonios haces ahí dentro que te tardas tanto en salir?!... Se está haciendo tarde, sabes?-
-Ya voy... Sólo un segundo!... bueno, dame un minuto más!- Si usando ambas manos me resultaba todo un reto, tratar de envolver un regalo a una mano era algo titánico para mí en esos momentos, sobre todo atar el lazo con el moño.
-Voy a entrar...-
-No! No!... Por favor...-
-Pero es que...- Entonces lo entendí. Estaba preocupado por mí.
-Ok... Espera un segundo!... Pero cierra los ojos...- Corté trozos de cinta adhesiva y traté de envolver la caja lo mejor que pude. -No te vayas a reír!- Ya estaba conteniendo la risa y aún no lo veía.
-Ya puedo abrirlos?- Hizo una mueca chistosa al sentir que le ponía la caja entre las manos.
-Sí...- No necesitaba verme a mí mismo para saber que estaba rojo hasta las orejas.
-Pi...- Para mi sorpresa no se rió. Contempló largo rato mi obsequio sin razón alguna, al menos para mí no la había. Me pareció que se le llenaban los ojos de lágrimas. -...Shales... Hubieras pedido que te lo envolvieran en la tienda... Ah ya sé! Lo hiciste a propósito para que el regalo me pareciera más genial después de haber visto el desastre que era por fuera, verdad?... Qué listo! No esperaba menos de ti!...- No pude contener la risa al ver que me guiñaba de ese modo el ojo dándome un ligero codazo en el brazo para enfatizar su comentario. Sin embargo, yo sabía que esa reacción tan típica de él, sólo podía significar que estaba tan feliz que podía romper en llanto de un segundo a otro, así que mejor se cortaba a sí mismo la emoción haciendo o diciendo alguna tontería. Así era él. Tenía una extraña y particular forma de demostrar lo que sentía, lo cual incluía agradecer las cosas de ese modo raro y baka. Pero no me molestaba. Era parte de su encanto.

Salimos de la casa. Me sentía nervioso. No lo había destapado, así que me pregunté por qué, pero no me atreví a preguntarle. Llegamos al sitio donde tendrían el concierto. Por fuera no parecía la gran cosa. Aún faltaban varias horas para que les permitieran entrar, no obstante, ya había una fila larguísima de personas afuera. ¿Acaso venían a verlos tocar?

Por dentro era un lugar genial. El escenario se veía increíble. Cuando llegamos estaban colocando las luces. Okura se aseguraba de que su batería estuviera bien acomodada sobre la tarima. Yasuda daba instrucciones a los chicos del staff que subían con cuidado el letrero con el nombre de la banda que él mismo había diseñado y elaborado. Maruyama conectaba algunos cables a uno de los amplificadores que estaban al borde del entarimado que era el escenario. El único que no se veía por ningún lado era Uchi y eso me preocupó. ¿Podría ser que no pensara presentarse?
-Oh! Dokkun! Un minuto más y oficialmente hubieras llegado tarde...-
-Que gracioso, Yoko...- Hacía poco que había conocido a Yokoyama, pero me caía bastante bien, aún cuando estaba medio loco. Independientemente de que fuera su representante, era un buen amigo de Ryo-chan y de Yasu, y por lo que me había dado cuenta hasta ahora, parecía mucho más cercano a Maruyama que a todos los demás ya que a menudo llegaban o se iban juntos. Lo cual no era extraño tomando en cuenta que Okura y Yasuda eran pareja desde antes de que conocieran a Ryo-chan y formaran la banda.
-Qué es esa cosa? Te peleaste con eso y te ganó y por eso te tardaste?- De pronto Maruyama y su sarcástico sentido del humor repararon en mi regalo.
-Yamashita-kun! Pensé que te veríamos hasta más tarde...- Yasuda fue el primer en reparar en mi presencia y saludarme. Conociendo a estos chicos, era casi seguro que sería el primero en percatarse de que estaba ahí, justo detrás de Ryo-chan.
-Oh! Yamashita...- Okura bajó sin mucho esfuerzo del escenario ya que era muy alto, a diferencia de Yasuda, que bajó por la pequeña escalinata de un costado. -Cómo está tu mano?-
-Supongo que viviré...- Levanté con cuidado la mano a la altura de mi cara para que la viera. No se esforzó ni un poquito en disimular su preocupación al ver el aparatoso vendaje que tenía debajo del guantelete de red que cubría mi mano derecha.
-¿Duele mucho?- Yasuda también se veía preocupado.
-Sólo cuando la muevo mucho...- Sonreí para restarle importancia al asunto.
-Entonces, sólo quédate sentado ahí. Ensayaremos un rato y luego vamos a comer algo, va?- Ryo-chan me señaló una mesa junto a la pared, del lado derecho, sobre la que había un letrero con la palabra "RESERVADO". Luego se dio media vuelta y se fue hacia donde estaba el ingeniero de audio.
-Ryo reservó esa mesa para ti... Quería que lo vieras bien esta noche...- Susurró en mi oído Okura antes de girarse e ir tras Yasuda, pues los demás ya estaban sobre el escenario. Sonreí contemplando a lo lejos a Ryo-chan y fui y me senté. Estaba algo cansado, así que poder quedarme ahí sin nada que hacer fue agradable. Me gustaba verlos tocar, pero era raro que no hubiera nadie detrás del micrófono.
-Esto no va a funcionar sin un vocal...- Ryo-chan detuvo de súbito el ensayo.
-Me temo que esta vez tienes completa razón...- Agregó entre risas Maruyama al ver tan serio al chico junto a él que se aferraba con ambas manos a su guitarra.
-Y qué propones?...- Preguntaba Yasuda, que estaba sentado sobre uno de los amplificadores también con su guitarra.
-Yamapi...- Me pareció oír que me llamaban pero no me molesté ni en abrir los ojos. Estaba a gusto como estaba. -¡Ya-ma-pi!- Al escuchar fuerte y clara su voz cuando gritó por el micrófono mi nombre hasta se me quitó el sueño. Un poco molesto por su poco tacto para despertarme, me acerqué al entarimado tras ver que me hacía señas para que fuera hasta donde estaban. -¿Podrías ensayar con nosotros un rato?-
-Pero...-
-Quieres o no?- Aunque sonaba cortante con su actitud y palabras, su mirada suplicaba por un "sí".
-Si me lo pides por favor...- Dije a modo de broma. Sabía que eso no iba con el chico de la lengua afilada.
-Por favor... canta para nosotros... Hazlo por mí...- Me interrumpió. Lo que dijo no sólo me tomó a mí por sorpresa. No pude seguir haciéndome del rogar.
-De acuerdo...- Subí y acomodé el pedestal a mi altura. Estaba un poco alto para mí.
-Ok... empecemos...- Y al momento Okura marcó la cuenta regresiva y comenzaron a tocar. Había pasado tanto tiempo con ellos en los últimos meses que para mi sorpresa, ya me sabía casi todas las canciones. Ryo-chan permaneció a mi lado todo el rato, cantando algunas partes cuando se daba cuenta de que no recordaba lo que seguía o de que no me sabía alguna parte de la letra. Me gustaba el sonido de nuestras voces entremezclándose en una sola. Cuando menos pensé, los nervios se habían ido e incluso sonreía. Disfrutaba el momento... su compañía... su cercanía. Me sentía feliz. El tiempo pasó volando y antes de que me diera cuenta, el ensayo había terminado.
-Buen trabajo, chicos!- Yokoyama me extendió una botella con agua al tiempo que le daba una toalla a Maruyama. -Bien, entonces vayan a darse un baño y salgamos a comer algo para festejar...-
-Festejar?- Preguntaba tímidamente Ryo-chan.
-Claro! Es un día importante, no?- Dijo animadamente Yasuda.
-Chicos...- El pobre de Ryo-chan tenía esa carita que ponía cuando estaba demasiado emocionado con algo.
-Sí, no todos los días tenemos un concierto en un lugar como éste.- El comentario de Maruyama borró en automático la sonrisita boba en su carita ilusionada. Él no se dio cuenta, pero todos intercambiamos fugaces miradas de complicidad antes de partir rumbo al camerino. Sabíamos que al sentirse decepcionado, entraría primero a ducharse. Así que terminamos los preparativos para la primera de las sorpresas que le habíamos preparado.

El restaurante estaba a sólo tres cuadras del lugar del concierto, y teníamos tiempo de sobra para ir y volver, así que no llevábamos prisa mientras caminábamos hacia allá. Verlos riendo y haciendo el tonto por la calle, me hizo preguntarme si todo cambiaría después de esta noche. Quería que alcanzaran su sueño, pero de algún modo, lograrlo los privaría de momentos como estos. Así de traicionera era la fama.
-Te sientes mal?- Por ir sumido en mis pensamientos me había quedado un par de pasos por detrás de ellos.
-No... sólo pensaba...- Corrí para alcanzarlo.
-Hoy aprendí algo nuevo de ti...-
-Ah, sí?...- Reanudamos la marcha.
-Sip... Al parecer piensas con los pies...- Echó a reír. Rodeó mis hombros con su brazo y seguimos caminando.

La comida fue por demás agradable. Sus amigos podían dar un poco de miedo al principio porque les faltaban un par de tornillos, pero una vez que te acostumbrabas a ese pequeño detalle, resultaba bastante divertido estar con ellos. Nadie mencionó el cumpleaños de Ryo-chan mientras estábamos ahí. Brindamos por el contrato, por el concierto y por su éxito futuro. El pobre estaba tan desilusionado que ni cuenta se dio de que todo lo que habíamos ordenado eran sus platillos favoritos. Aún cuando bromeaba y reía como de costumbre, sus ojos lucían más tristes que de costumbre. Salimos del restaurante y regresamos al teatro. El staff ya había terminado de instalar y acomodar todo, tanto en el escenario como en el área alrededor de este, desde que nos habíamos ido, así que estaban por aquí y por allá terminando de afinar detalles y ordenando a los fans que esperaban para ingresar. El número de personas afuera era mucho mayor que cuando llegamos. Como todo el día habían estado entrando y saliendo personas del lugar, ni siquiera repararon en nuestra presencia. "Llamaríamos más la atención si entramos por la parte trasera” había dicho Yokoyama, pero no entendí realmente lo que significaba hasta que un par de chicas voltearon hacia dónde estábamos y gritaron a todo pulmón al reconocer a Ryo-chan. En menos de tres segundos la multitud corrió y nos rodeó por completo. Si bien para ellos eso parecía ser ya algo normal, para mí no lo era y me asustó un poco toda aquella repentina conmoción. De inmediato algunos de los empleados que estaban por ahí acudieron para tratar de apartar a la masa de personas que se amontonaban a nuestro alrededor gritando, llorando, tomando fotografías, pidiendo autógrafos, repartiendo presentes... Por instinto me llevé la mano contra el pecho en un desesperado intento por no ser lastimado mientras me empujaban de un lado a otro para llegar hasta ellos.
-Pi?!!!- Lo escuché llamarme pero no podía verlo, sólo alcanzaba a ver a Okura, que sobresalía por su altura y a Maruyama que destacaba de inmediato por llevar puesto el gorro tejido multicolor de Yasuda. -Yamapi?!- Sonaba preocupado, casi desesperado y cada vez más lejano.
-Ryo-chan!- Mi voz respondió a su voz como por instinto. Las chicas cerca de mí comenzaron a gritar como locas. Ryo-chan había regresado por mí, Yokoyama venía con él.
-Señoritas, sean tan amables de dejarnos pasar...- A pesar de que se notaba que estaba un poco molesto, les hablaba tan educado como siempre.
-Estás bien?- Solo asentí como no muy convencido de estarlo. Me abrazó con fuerza en un gesto protector poniendo su otro brazo por delante de mí para que no lastimaran mi mano por los empujones. Yokoyama caminaba por delante de nosotros tratando de abrirnos paso. Ryo-chan iba cada vez más molesto. La expresión fría en sus ojos me lo decía, estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no gritarles o golpear a esas chicas cada que me aventaban. Y era obvio que quería hacerlo, lo conocía demasiado bien, pero no debía, después de todo, él era el líder de la banda y ellas eran sus fans. Los dos nos relajamos un poco al llegar a los escalones de la entrada, pues ahí estaba ya el staff conteniendo por completo a la muchedumbre. En cuanto estuvimos a salvo en el interior y cerraron la puerta, Ryo-chan se volvió hacía mí.
-Estás bien? Te lastimaron?-
-No mucho...- Tomó mi mano entre las suyas para asegurarse.
-No vuelvas a hacer algo tan estúpido, Ryo... te dije que no le pasaría nada y yo iba a ir a buscarlo.-
-No iba a dejarlo ahí en medio de ese desmadre a que lo lastimaran mientras YO estaba seguro aquí dentro!- Ni siquiera se lo pensó dos veces para interrumpirlo. Ahora sabía por qué se veía tan molesto Yokoyama cuando habían ido por mí.
-Lo siento... todo esto fue mi culpa...-
-No! Ni empieces con tus delirios de culpa, quieres?... No hoy...- Se dio media vuelta y se fue rumbo al camerino.
-Será mejor que vayas con él... debe tranquilizarse. No puede salir así al escenario... Y tú eres el único al que dejará entrar...- De alguna manera comprendí perfectamente lo que Okura decía entre líneas.

-¡¿QUÉ?!... Déjenme solo!-
-Lo siento... estaba preocupado por ti y quería ver si estabas bien...-
-Yamapi?- Se apresuró para abrirme la puerta.
-Entiendo si quieres estar solo... no te preocupes...-
-No. Si eres tú, está bien... Pasa...-
-Perdón...-
-Por qué?-
-Desde que despertaste no he hecho más que arruinarte el día...-
-Por supuesto que no!... Qué te hace pensar eso?... Lo que pasó con Hiroki?...- Asentí lentamente. Estaba demasiado apenado como para mirarlo a los ojos. Confieso que eso era lo que más culpa me provocaba: por mi culpa estaban a nada de terminar su relación. -...olvídate de eso. De cualquier modo hacía meses que las cosas habían dejado de funcionar entre nosotros... es por eso que sus celos se dispararon en cuanto se dio cuenta de todo...-
-A qué te refieres?-
-No, a nada importante... Bueno, sí lo es... pero ya llegará el momento adecuado para hablarte de ello...-
-Ya veo...-
-Y?... Qué más te tiene con esa cara de palo?- Se rió un poco al ver mi expresión ante lo absurdo de su comentario. -Lo que pasó ahorita con Yoko? Sólo ignóralo, obviamente no te iba a dejar ahí a que te aplastaran esas locas...- Esa sonrisa suya me fascinaba desde la primera vez que la vi.
-Gracias...-
-Por qué?...- Esa palabra lo tomó por sorpresa.
-Por volver por mí...-
-Sabes?... Hoy estás particularmente raro... Podría ser que te hayas vuelto bipolar?- Se veía tan serio al decirlo que por un segundo creí que lo decía de verdad. -Miento! Miento!- Y como de costumbre, se echó a reír confesando su mentira justo después de haberla dicho. Me hizo sonreír.

Nos quedamos ahí platicando de mil y un cosas hasta que se quedó apaciblemente dormido. El reloj anunció las seis de la tarde. Alguien llamaba a la puerta, así que temiendo que el sonido lo despertara, me di prisa para abrir.
-Está más tranquilo?- Preguntó Okura en voz baja al verlo de espaldas en el sofá y tapado con mi chamarra.
-Se quedó dormido mientras hablábamos.... Supongo que soy más aburrido de lo que imaginaba...- Dije con una tímida sonrisa.
-No lo creo... Más bien diría que es todo lo contrario... Pero bueno... está bien... No lo despertemos, así no sospechará nada... Tienes un minuto? Necesito decirte algo.- Volví la mirada para asegurarme de que seguía dormido.
-Espera...- Regresé y le dejé una nota en una servilleta de papel sobre la mesita diciendo que iba al baño. No quería que se pusiera histérico si despertaba y no me veía ahí con él.

Acompañé a Okura hasta la parte trasera del escenario. Empezó a preguntarme cosas sobre los preparativos de la fiesta sorpresa, pero sabía que eso no era lo que nos tenía ahí, así que preferí preguntarle qué pasaba.
-Qué es lo que te tiene tan preocupado?- No es que normalmente fuera despreocupado o que no le importara lo que pasara a su alrededor, en realidad eso era lo que los demás suponían por su forma de ser, pero la verdad es que era el más maduro y centrado de los cinco, sólo que no lo demostraba porque por lo general era callado e introvertido.
-Me temo que Uchi no vendrá...-
-Eh?... Te refieres a que botará todo? La banda, el concierto, a Ryo-chan?-
-Sí... ese chico se deprime con facilidad y cuando eso pasa deja todo a un lado.- Nuevamente la culpa me recorrió de pies a cabeza. No supe qué decirle. Lo vieran como lo vieran, la culpa era mía. -Los demás creen que vendrá, pero ninguno ha conseguido ponerse en contacto con él...- Se sentó sobre unas cajas y escondió su rostro entre las manos que tenía apoyadas sobre las rodillas. Suspiró. Parecía tan frágil en ese momento.
-No te preocupes, si no tienen noticias de él de aquí a las siete, pensaremos qué hacer, un plan B, ok?... Deja de preocuparte o terminarás enfermándote...- Apoyé ambas palmas sobre sus hombros.
-Tienes razón... Debo calmarme. Todo saldrá bien, cierto?- Le sonreí y asentí. Volvimos a los camerinos. Tenía que tomarme las pastillas, el dolor había comenzado a volverse más fuerte.

-Oh! Despertaste?... Te sientes mejor?...- Me dio la impresión de que se había levantado de malas, lo cual no sucedía a menudo. No me respondió.
-Dónde estabas?- No sonaba adormilado.
-En el baño... no viste la nota?- Tomé el papelito de la mesa y se lo mostré. -No quería que te preocuparas si despertabas y no me veías...-
-Mmm... y los chicos?- No sé qué era, pero actuaba extraño. Frío. Y algo me hacía sentir que era contra mí. Qué había hecho para que se pusiera así conmigo?
-Supongo que en el camerino...-
-Iré a caminar...-
-Quieres que te acompañe?-
-No...- Sí. Algo tenía, eso era seguro. Ahora podía casi jurar que estaba enojado conmigo. Salió sin decir nada más y sin mirarme siquiera.

Acababa de tomarme la medicina cuando escuché mi celular sonando. Me quedé helado. Quien llamaba era Kame. Al final no me atreví a responder. No quería escuchar su voz. Sabía que al hacerlo rompería a llorar. Una parte de mí quería que volviera a llamar, como buscando un pretexto para tener que contestar, pero no sucedió. La pequeña habitación me pareció tan enorme, vacía y fría que estuve a punto de salir corriendo lejos de ahí. Lejos de todo.
-Estás bien?- Al escucharlo me sentí tan vulnerable que cuando menos pensé ya había corrido hacia él para abrazarme a su cuerpo con todas mis fuerzas. Deseaba poder fusionarme con él y poder sentirme protegido entre sus brazos por siempre. -Yamapi?- Me sentía estúpido llorando de ese modo pero no podía evitarlo. Aunque al principio no hizo nada, de a poco sentí que me respondía el abrazo. Una vez que me calmé, le conté lo que había pasado. Sacó su teléfono y marcó a alguien. -Oh! Kamenashi-kun, yo tengo el celular de Pi, vi que llamaste hace unos minutos, necesitas algo?- Me quedé inmóvil. Nunca imaginé que iba a llamarlo a él. -Ah, ya veo... Pues gracias. No creí que lo recordaras... Sí, este es mi número...- Sonaba educado pero cortante. -Sí, así que te pediré amablemente que no vuelvas a molestar a Pi, vale?- Y sin más, le colgó. -No te preocupes, no creo que vuelva a llamarte y si lo hace, o no le tomas la llamada o me pasas el cel y yo le contesto, ok?- En ningún momento dejó de abrazarme. Eso me calmó bastante.
-Gracias...- Alguien llamó a la puerta.
-Haremos una última prueba de sonido...- Era alguien del staff.
-Debo irme, quieres quedarte aquí un rato o vienes conmigo?-
-No quiero estar solo...-
-Ok, entonces lávate la cara y vamos...- Ahí estaba nuevamente esa sonrisa. Y era para mí.

-Y entonces?- Yasuda estaba sentado en la orilla de la tarima balanceando los pies de un lado a otro.
-Supongo que Ryo deberá decidir...- Agregaba Maruyama sin su habitual sonrisa.
-Que yo qué?-
-Uchi no vendrá...- Okura lo conocía y sabía que era mejor decírselo sin rodeos porque el tiempo apremiaba. Al escuchar aquello guardó silencio. Estaba preocupado, la forma en se tensaron sus hombros lo delataron al instante.
-Ok...- Mil opciones debieron cruzar por su cabeza en ese momento. Suspiró. Ya había decidido. -Yo cantaré... Tacchon, tú y Maru me harán coros en las canciones de tono alto. Cantarás los estribillos de las partes graves, ok? Yassu, puedes hacer la armonía de la segunda voz, lo dejo a tu criterio, canta las partes que quieras cuando quieras... Necesitaremos conectar y sonorizar cuatro micrófonos, de acuerdo?- Dijo dirigiéndose al ingeniero de audio que estaba en la cabina comprobando el sonido de los instrumentos. Diez minutos después ya estaba todo preparado y habían empezado con las pruebas de sonido. El resultado era increíble. Independientemente de cualquier cosa que hubiera pasado, se escuchaban mucho mejor que con Uchi.

-Ok, todo listo! Ya pueden irse a cambiar. Comenzamos en treinta minutos!- Regresamos al camerino. Sus vestuarios eran sencillos pero geniales. Cada uno de acuerdo al estilo personal de cada uno. Ver la ropa de Uchi colgada ahí me hizo sentir mal por él. Ryo-chan era muy responsable y comprometido con todo lo que hacía. Era seguro que después de esto, sacaría a Uchi de la banda por no haber estado ahí cuando era un paso importante y decisivo para su futuro y más porque ni siquiera había tenido la delicadeza de avisar.

Como siempre, se estrecharon las manos, luego Ryo-chan les dedicó algunas palabras, cosa extraña en él, bastante conmovedoras. Estaban listos para darlo todo sobre el escenario. Yokoyama y yo fuimos a sentarnos a la mesa que teníamos reservada cerca de la barra. Yo quería estar en primera fila con el público, pero Ryo-chan se opuso tajantemente, pues no quería que me lastimaran más la mano. Aún sentía ese extraño hueco entre el estómago y el pecho que se apoderó de mí después de que abrazara antes de subir al escenario.
-Quiero que lo lleves tú...- Me dio el guante que llevaba. -Así sentiré que eres mi mano derecha.- Se sonrojó al ver la boba sonrisa que se había dibujado en mi rostro. Estaba realmente feliz. Sabía lo que ese guantelete significaba para él. Siempre lo usaba durante sus presentaciones.
-Ryo-chan...-
-Además, así llamarás menos la atención. No debes destacar más que yo esta noche, entendiste?- Me reí.
-Ok, ok... lo entiendo. Hoy es tu noche. Hazlos tuyos!- Lo abracé. El público coreaba su nombre. Las luces azules prendían y apagaban conforme el dueño del lugar les indicaba a los fans que gritaran y alzaran las manos. Todos estaban en su posición detrás del telón negro que los ocultaba.
-Sé mi amuleto de la suerte esta noche...- Susurró en mi oído antes de separarse un poco para mirarme a los ojos y besarme. El mundo dio un giro de trescientos sesenta grados dentro de mi cabeza. Su sonrisa tímida y su silueta se alejaron de mis labios cuando escuchó que los presentaban y que los fans enloquecían al caer el telón.

No pude moverme hasta que terminó la primera canción y los gritos me regresaron a la realidad. Yokoyama me ofreció un vaso con agua fría en cuanto tomé asiento a su lado. Me miraba lleno de curiosidad con esa típica sonrisita tan sarcástica que ponía cuando entendía las cosas por su propia cuenta. No me dijo nada. Igual hubiera sido inútil porque no lo hubiera escuchado con todo ese ruido. Alguien llegó buscándolo, así que se disculpó con una inclinación de cabeza y se fue con el hombre bien vestido que le presentaba a otro chico cerca del bar. Estando libre de su mirada me llevé los dedos a los labios. Aún sentía la tibieza de los suyos sobre los míos. De pronto miré hacia el escenario y note que estaba mirando en dirección a donde yo estaba, pensé que no alcanzaría a verme realmente, pero en cuanto vio que mis ojos estaban sobre él, sonrió. A pesar de lo que aparentaba, era tan tierno e inocente como un niño. No sabía si podía verme tan bien como yo a él pero le devolví la sonrisa inmediatamente, ni siquiera tuve que pensarlo, tan sólo me descubrí a mí mismo haciéndolo antes de que me diera cuenta. Apenas habían transcurrido quince minutos de concierto y ya tenían a todos los asistentes saltando, gritando y cantando como si fueran uno. Me pregunté qué sentirían Ryo-chan y los chicos de ver y oír todo aquello si hasta yo tenía el corazón latiendo como loco.

Estaba tan emocionado disfrutando de su actuación, que ni siquiera me percaté de que ellos estaban ahí también, ni siquiera los vi cuando se aproximaron a donde yo estaba.
-Mira nada más a quién tenemos aquí... No sé por qué no me extraña en lo más mínimo...- Jin siempre era así. No por nada se había ganado el odio de muchas personas a lo largo de su vida, hacía y decía siempre ese tipo de cosas aunque en realidad no lo quisiera, se le había vuelto un mal hábito. Kame me miró sin decir nada, a pesar de todo, siempre era muy educado. Yo tampoco le respondí. Me limité a voltearme hacia otro lado. -No puede ser!... Me estás ignorando?... Me está ignorando!- Se paró justo frente a mí impidiendo que viera hacia el escenario. Habían encendido las luces al terminar esa canción, era momento del MC. Las chicas gritaban mientras cada uno se presentaba. -No te atrevas a ignorarme!... Seguirás sintiéndote tan valiente aunque ahorita no está tu querido Ryo para protegerte?- Le dediqué una fugaz mirada con todo el repudio que era capaz de sentir por alguien y luego miré hacia otro lado para dejarle en claro que me tenía sin cuidado lo que hiciera o dejara de hacer. Se echó a reír. Ya lo había visto tener ese tipo de reaccionar una infinidad de veces pero nunca pensé que yo fuera a estar del otro lado algún día. -Con que esas tenemos...- Se acercó a la mesa y se sentó en el lugar que antes ocupaba Yokoyama. -Sabes?... Fue precisamente por esa actitud tan pasiva que tienes que Kazu se hartó de ti y de tu forma tan ñoña de hacerle el amor...- Kame bajó la mirada. Lo cual significaba que lo que decía Jin no era más que la pura verdad. -Ay, Pi... te lo digo porque eres mi amigo desde hace años. Debes hacer algo con tu estúpida y anticuada forma de ser... De ese modo no lograrás conseguirte ni siquiera una novia...- Las cosas que decía me tenían sin cuidado, su actitud era la que me molestaba y el silencio de Kame y la forma en que me miraba, me dolían aún más que cuando los encontré en el departamento de Kame. Seguía haciéndome el fuerte, mostrándome indiferente, pero la verdad es que ya no sabía cuánto más podría soportarlo. Ryo-chan se reía a lo lejos de algo que había dicho Yasuda. Traté de verlo a través de Jin, imaginarlo ahí de pie con los brazos cruzados sobre el pecho como a menudo hacía, mirando con esa sonrisa casi diabólica a los chicos pensando en qué responderles. Aquella imagen me calmaba un poco. Ya ni siquiera oía lo que decía mi ex mejor amigo. Ya ni siquiera lo notaba mirándome con lastima mientras seguía moviendo los labios. Sólo pensaba en Ryo-chan. -Me estás ignorando?- Sujetó bruscamente mi rostro y me obligó a mirarlo. Sabía que esa risita de satisfacción se debía a la mezcla de miedo y odio con que yo lo miraba y que no había logrado disimular. Aparté su mano con mi mano izquierda. Kame se acercó hasta quedar junto a Jin.
-Ya vámonos...- Los dos sabíamos cómo se ponía Jin cuando se enojaba. Más que preocuparse por mí y lo que me pudiera hacer, le preocupaba lo que pudiera sucederle a su amado novio si algo ocurría ahí. Por eso trataba de alejarlo de mí.
-No molestes, Kazu... ¿Acaso te preocupa que le haga algo?- Lo decía de forma sarcástica, pero era obvio que la sola posibilidad de que fuera cierto, le hacía hervir la sangre.
-No.- El hecho de que tardara tanto antes de responderle lo había herido más que un "sí". Así era Jin, tenía un orgullo tan frágil aún a pesar de lo enorme que era.
-Ya veo...-
-Ya vámonos, sí?... No soporto verlo... Eso es todo...- Jin no le quitaba los ojos de encima. Kame ni siquiera me miró. En verdad sentía aquello. No estaba preparado para escucharlo decir algo así. Conocía a Kame de toda la vida y sabía cuándo me odiaba y lo que las palabras que acaba de pronunciar significaban en realidad. Me levanté y eché a andar hacia la barra. Necesitaba algo fuerte.
-¿A dónde crees que vas? Todavía no termino contigo...- Se levantó detrás de mí y al ver que me alejaba uno o dos pasos por delante de él, se estiró y me aferró del brazo izquierdo. Me zafé de inmediato. Ni yo sabía que tenía tanta fuerza, así que entendí el por qué de que me mirara de ese modo.
-No quiero seguirte escuchando...- Lo miré directo a los ojos de modo amenazante. Creí que eso sería suficiente para que me dejara en paz de una buena vez. Me equivoqué.
-¿Y crees que me importa lo que quieras?- El número de personas que nos miraban aumentó una vez que nos levantamos de la mesa. Noté que Kame nos miraba suplicando que nos detuviéramos, parecía bastante incómodo al atraer de ese modo las miradas de tantas personas. Eso de dar espectáculos públicos no era lo nuestro.
-Jin, ya vámonos. Nos están mirando...- Sujetó con delicadeza su brazo.
-Tú no te metas!- Lo apartó de un empujón. Kame lo miraba boquiabierto, incapaz de creer que lo había apartado de esa manera. Aquello me molestó y al mismo tiempo me alegró. No me metería a menos que fuese a lastimarlo. Kame lo había elegido a él aún a pesar de que sabía cuán voluble e impulsivo era a veces. Me di media vuelta para alejarme aprovechando la distracción que me había creado Kame. Fue inútil. -Todavía tengo algo que decirte, Yamapi...- Esta vez lo que apresó entre sus dedos fue mi mano derecha. El dolor fue insoportable. Fue inevitable que se me escapara un grito semi ahogado que no alcancé a reprimir. Busqué desesperadamente a alguien conocido con la mirada para pedir ayuda, pero ni siquiera logré ver a Yokoyama. Traté de zafarme, pero sólo conseguí que me atenazara con más fuerza. Sujeté su muñeca tratando en vano de aflojar su mano. Caí de rodillas. Sentí como el vendaje y el guantelete se humedecían. Cerré los ojos. Los rostros y las luces giraban a gran velocidad haciendo que me mareara.
-¡¿Qué demonios haces?! ¡Suéltalo!- Ryo. Era su voz. Podía saberlo aún por encima de los gritos que escuchaba a mi alrededor. Se oía furioso.
-No te metas, Ryo! No tienes nada que ver aquí!- Todos miraban hacia dónde estábamos. No era para menos después de haber visto a Ryo-chan saltar del escenario y abrirse paso entre los fans para llegar hasta ahí y sujetar a Jin por la espalda para que me soltara. De pronto se hizo un incómodo silencio.
-Claro que me meto! Suéltalo!- Su brazo presionaba a Jin por el cuello contra su pecho pero Jin no me soltaba, por el contrario, apretaba más mi mano haciéndome gritar. Desesperado, Ryo-chan dio un paso atrás para quitarle el aire. -Déjalo!-
-Nishikido-kun, basta!- Kame trataba de quitárselo de encima.
-Akanishi-san! Ya fue suficiente! Informaré de esto a tu agencia y lo haré público de ser necesario a través de los medios.- Por primera vez vi a Yokoyama enojado. Hasta donde sabía, no se llevaba nada bien con el manager de Jin debido a problemas que habían tenido en el pasado después de ser buenos amigos durante toda su carrera.
-Jin, deja ya a Yamashita, no quiero que te hagan daño por su culpa...- Kame sonaba desesperado, pero esta vez mentía, la verdad era que estaba asustado por verme sufrir y gritar de ese modo y por ver cómo estaban todos contra Jin.
-Akanishi-san, suelta a Yamashita. No creo que le venga bien a tu imagen un arresto. No me obligues a llamar a la policía.- Okura le hablaba tan amablemente que hasta daba miedo ver su mirada amenazadora acompañando esa dulce sonrisa. Incluso Maruyama y Yasuda que estaban detrás de él miraban a Jin con cara de pocos amigos. Los empleados del lugar estaban esperando órdenes para dejársele ir.
-Okura-san, no llames a la policía, por favor... Su contrato ya pende de un hilo, si lo haces puede que hasta se lo revoquen...- Al ver a Kame en ese estado, suplicando por él, Jin por fin me soltó. Okura y Yasuda se apresuraron para ayudarme a levantar.
-Si vuelves a ponerle una mano encima, me las vas a pagar, Jin, entendiste?- La forma en que le dijo cada palabra, hizo que a todos se nos pusiera la piel de gallina. -¡¿Entendiste?!-
-Sí!- No fue sino hasta que le respondió fuerte y claro que Ryo-chan lo soltó. Kame se apresuró a abrazarlo para cerciorarse de que estaba bien, pero yo sabía que más bien era él quien necesitaba que lo abrazaran y lo consolaran porque el pobre temblaba de pies a cabeza.
-Jin, estás bien?... Estás sangrando!-
-Eh?, no yo estoy bien...- Jin se miró la mano antes de voltear a verme a mí. Ryo-chan me abrazó sujetando con cuidado mi mano sobre la suya y me condujo de regreso al camerino. Yokoyama venía detrás de nosotros. Podía escuchar nuevamente a Yasuda y Maruyama bromeando con el público y disculpándose por lo sucedido culpando al "exceso de alcohol" por las impertinencias del alborotador.
-Será mejor que te llevemos al hospital...-
-De acuerdo... pero con una condición...-
-Eh? Cuál?-
-Debes volver al escenario y continuar con el concierto..-
-Yamapi...-
-Si no lo haces, no iré al hospital...-
-Pero...-
-Pero nada!-
-Yo estaré con él y volveremos lo más pronto posible.-
-Gracias, Yoko...-
-Estaré aquí para antes del encore, así que da lo mejor, sí?-
-Lo prometo...- Corrió de regreso al escenario. Yokoyama y yo salimos por la parte trasera donde ya estaba esperando el valet con su auto, así que partimos enseguida.

Lo cierto es que nos tardamos más de lo que yo esperaba, mi mano había resultado bastante lastimada debido al desgarre provocado cuando se abrieron las puntadas, pero estaría bien y aún así volvimos antes de la parte final del concierto. Viendo esa enorme sonrisa en su rostro, fue fácil saber que todo el tiempo había estado esperando a que regresara. Cosa que no me extrañó en lo más mínimo, era un preocupón sin remedio. Supuse que alcanzaría a verme, así que agité la mano a modo de saludo. Enfatizó una frase mientras cantaba, así que supe que había sido un mensaje para mí. Me sentí feliz.
-¿Quieres ir al camerino o volver a la mesa?- La voz de Yokoyama me sacó de mi estado de ensoñación.
-No, quiero estar aquí un rato más. Muchas gracias por todo...-
-¿Quieres que me quede contigo?-
-No, no es necesario. Ya te he causado demasiados problemas para un sólo día... además  debes de tener otras cosas que hacer...- Eso lo sabía de sobra. Toda la noche había estado de un lado para otro hablando con patrocinadores y publicistas.
-Ok. Cualquier cosa llámame, de acuerdo?... Aunque dudo mucho que sigan por aquí...- Me dio una palmadita en el hombro acompañada de una sonrisa amable y luego fue hacia la barra, donde un par de caballeros con trajes de marca lo recibieron calurosamente. Reconocí a dos de ellos. Uno, el de cabello largo que usaba traje negro, era Subaru Shibutani, dueño de la firma discográfica con la que grabarían su disco Ryo-chan y los chicos. El otro, de cabello corto y saco gris, era Murakami Shingo, productor de espectáculos musicales de una importante televisora. No cabía duda. A la banda le esperaba un futuro brillante.

Disfruté el resto del concierto desde mi propia primera fila. En el lugar VIP donde él cantaba sólo para mí. Estando entre los demás fans no hubiera tenido todo eso. Al terminar la que anunciaban como la penúltima canción, Ryo-chan les pidió a todos que guardaran silencio. Cosa que por supuesto hicieron después de callar sus histéricos gritos al ver que se acercaba a la orilla de la tarima.
-Esta última canción está dedicada para alguien muy especial...- Decía con una dulce sonrisa mientras se inclinaba hacia el frente como si contase un secreto. Todas comenzaron a gritar al verlo señalar en varias direcciones, terminando justo en donde yo estaba. -...alguien que siempre ha sido como una estrella brillando en mi cielo y haciendo mis deseos realidad...- Las fans, incluso las que no eran precisamente sus fans, gritaban locamente por la emoción. -Esta canción es para ti... mi amuleto de la suerte...- No pude escuchar los primeros acordes de la canción debido a la histeria colectiva, pero poco a poco los gritos desaparecieron. Esa canción no estaba en el repertorio de las que habían ensayado para el concierto. Sin embargo la conocía. Hacía algunos meses que Ryo-chan la había terminado. Era esa cancioncita que se la pasaba tarareando por toda la casa. Sentía que iba a romper en llanto al escuchar cada palabra que contaba aquella historia. No podía creer que hubiera escrito esa canción para mí.

Sí. Todo este tiempo me había tratado de convencer a mí mismo de que lo que sentía por él era sólo amistad y admiración. Pero ahora, viendo su sonrisa mientras cantaba para mí, ya no podía seguir engañándome. En algún punto de esta historia, me había terminado enamorando de mi mejor amigo. Sí. Estaba profunda e irremediablemente enamorado del chico de ojos melancólicos y sonrisa traviesa que toda la vida había estado a mi lado sonriendo, llorando y cometiendo estupideces conmigo, del mismo  que se burlaba de mí y de todo lo que se le antojaba. Y pese a que nunca creí poder amar a alguien después del que había sido mi primer amor, ahora me sentía completa y tontamente enamorado de Ryo. Ya no tenía excusas. Los miedos habían desaparecido. Ahora caminaba hacia el camerino, aguardaría ahí por él.

No importando cuánto pudiera tardar, me quedaría esperando por él. Esperando por otra oportunidad de ser feliz… a su lado.

Read more