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Detrás de una sonrisa (JunDa)



Título: Detrás de una sonrisa
Pairing: Ueda Tatsuya + Taguchi Junnosuke x OC
Fandom: KAT-TUN
~All mine – ONE OK ROCK~
Género: Shonen-ai, Angs, Todo público
Tipo: One-shot
To: Todas las personas que a veces se valen de una sonrisa para callar todas las cosas que no pueden expresar con palabras
11/06/14



Siempre era lo mismo. Llegar por la mañana a la Agencia y repartir sonrisas y saludos con todos los que se cruzaran por mi camino. Atender los compromisos de nuestro horario programado para cada día y continuar saludando y sonriendo a todas las personas que nos topábamos en los pasillos y oficinas de las estaciones de radio, TV o revistas… Algo tan repetitivo que me dejaba agotado todos los días al llegar a casa. Esto no era para mí, no era lo que yo era, no era cómo me sentía en realidad… y sin embargo él resplandecía a donde quiera que iba, su rostro sonriente era siempre la única razón de que yo pudiera seguir dando lo mejor de mí, no se trataba de que yo pudiera o quisiera sonreír, era solo que su sonrisa me hacía sonreír. Mientras él estuviera a mi lado sonriendo de ese modo, yo podía ser capaz de cualquier cosa.

Esa mañana cuando lo encontré a solas en nuestra sala de prácticas, mirando su inexpresivo reflejo en el espejo de la pared, nunca se me pasó por la cabeza que esa sonrisa que se dibujó en su rostro al verme entrar fuese algo fuera de lo normal. Taguchi siempre se estaba riendo, aun cuando la ocasión no lo ameritaba, él sonreía.
-¡Oh, Uepi! ¡Buenos días!-
-Buenos días, Junno…- Le devolví la sonrisa y dejé mis cosas en el rincón de siempre para tomar asiento en el banquillo del piano, levantando la cubierta y retirando el protector de las teclas. Una mañana como cualquier otra. Yo tocando alguna que otra melodía que había estado trabajando en casa la noche anterior y él haciendo estiramientos antes de comenzar a practicar algunos nuevos pasos de baile para nuestras coreografías.

Había sido un día largo y desgastante. En realidad así habían sido todos nuestros días últimamente. Y no era para menos, después de todo lo que había pasado, prácticamente habíamos tenido que empezar de cero y al principio no había sido fácil, por eso ahora que todo parecía regresar a la normalidad, ni siquiera me sentía con derecho a sentirme cansado. Sesiones de fotos, entrevistas, programa de radio, un par de apariciones en televisión y ensayos para nuestro siguiente concierto. Tan solo quería llegar a mi casa, meterme en la tina de baño, cenar algo delicioso y dormir toda la noche.
-¡Uepi!-
-¡WUAH!- Apareció de la nada cuando caminaba hacia la salida, no había modo de que no me sorprendiera, iba demasiado inmerso en mis pensamientos como para haberme dado cuenta de que estaba ahí aún si hubiera ido caminando a mi lado.
-¡Lo siento! ¡Lo siento! No pretendía asustarte…- Su voz entre risas tuvo ese efecto de siempre: ponerme de buen humor.
-Ah, da igual… estoy demasiado cansado como para golpearte…- Sí, y como era mi costumbre siempre, mi boca terminaba dejando escapar palabras muy diferentes a las que pensaba dentro de mi cabeza. No podía evitarlo, bajo ningún concepto podía permitir que alguien supiera lo que sentía por mi compañero de trabajo, empezando por él.
-¿Te sientes bien, Uepi?...- Y ahí íbamos de nueva cuenta, él acortando las distancias e invadiendo mi espacio intrapersonal, sin ser consciente de todo lo que provocaba en mí con sus inocentes acciones.
-Sí, solo déjame ir a casa, ok? Mañana estaré bien...- Me miró en silencio con un dejo de preocupación en los ojos. Odiaba saberme el culpable de que su sonrisa desapareciera de su rostro. -¿No deberías estar ya en casa? Hace buen rato que te habías ido…- Me sentí aliviado. Ahí estaba nuevamente ese simple y cotidiano gesto decorando su rostro.
-Ah, sí, bueno… es que yo… no quería volver a casa temprano…- Admitió agachando la mirada.
-¿Y era más divertido quedarte por aquí hasta estas horas?- Sacó su Nintendo DS del bolsillo de su chaqueta como si eso fuera lo más obvio del planeta.
-Tenía buenas razones para quererme quedar un rato más…- Se encogió de hombros guardando nuevamente el pequeño aparato sin quitarme los ojos de encima. Y por sobre todas sus sonrisas, esa era mi favorita: llena de ternura y timidez.
-Bueno… supongo que nos vemos mañana…- Por desgracia, nunca podía disfrutar por mucho rato de esas sonrisas suyas, porque me provocaban tantas cosas, que perdía el control de mí mismo y prefería salir corriendo antes que dejarme llevar por lo que decía a gritos mi corazón.
-Uepi…-
-¿Mmm?...- Probablemente vio mi cara de “no tengo ganas de ir a jugar a las arcadias contigo” y por eso sólo negó ampliando su sonrisa.
-¡Buenas noches, Uepi!...- Agité mi mano en el aire antes de salir.

Sí, era un cobarde y un miedoso. Sabía de sobra que no sería novedad, muchas veces antes ya había sucedido que alguien empezara a salir con alguno de los otros Johnnys y que aquello hubiera terminado siendo del dominio público dentro de la Agencia; a nadie parecía importarle más allá del hecho de que aquello no saliera de esas paredes y que siguiera siendo disfrazado como fan service a ojos de los demás; tampoco era como que los altos mandos los cazaran como brujas y los quemaran en la azotea del edificio como ejemplo para los demás de no amar a alguien de su mismo sexo, hasta cierto punto les preocupaba más cuando las relaciones sucedían con chicas, porque siendo gente de afuera, les resultaba más difícil controlarlo; simplemente salir con alguien del trabajo era estar siempre bajo su mirada escrutadora que nos recordaba a todos el significado del término ”vida privada”. No me sentía listo para tener ese tipo de atención sobre mí, me aterraba la idea de decepcionar a los demás. Me aterraba la idea de lidiar con el qué dirán y las miradas y burlas de los demás.

Sí, era un egoísta y un posesivo. Sabía de sobra que Junno me veía de un modo especial,  siempre había sido así y yo siempre lo había sabido, aun así, había hecho de cuenta que no pasaba nada solo para protegerme, había preferido mantener nuestra relación en el escalón doloroso de ser simplemente mejores amigos… porque no quería salir lastimado si las cosas no eran como yo pensaba; porque sus acciones siempre me confundían tanto como sus palabras, porque el hecho de que me dijera que era especial para él no implicaba que lo dijera del mismo modo en que yo pensaba que él era especial para mí. Y es que, después de todo, él tenía novia. No estaba dispuesto a entregar mi corazón a alguien que ya tenía dueño. Yo lo quería solo para mí y él no era del tipo que juegan con los sentimientos de los demás, así que sabía perfectamente que mientras estuviera con esa mujer, jamás tendría realmente ojos para mí. Tal vez simplemente no me veía de esa manera y para él “especial” significaba que me consideraba alguien cercano, igual que todos los demás miembros del grupo e incluso otros de los juniors que también eran muy amigos suyos. Los celos me volvían loco a veces y simplemente no podía seguir cerca de él cuando se portaba tan cariñoso y amigable con otros como hacía conmigo. Odiaba ese sentimiento de ser igual que alguien más ante sus ojos.

Sí… era una persona de lo peor. Sabía perfectamente que lo amaba y no estaba dispuesto a decirle ni una sola palabra al respecto. Simple y sencillamente porque no ganaba lo que yo quería si le decía cómo me sentía y por el contrario podía perderlo todo… y debido a ello… todas las noches me devanaba los sesos entre remordimientos y culpas.

Sí… todos decían que era lindo y tierno.
Nadie me conocía en realidad.

Esa noche también había tenido pesadillas.



El reloj en la pared de la sala de juntas marcaba quince minutos para las nueve. Todos tenían un humor de perros. Hacía más de dos horas que estábamos ahí, con sueño y sin desayunar y no había señales de que él fuera a cruzar la puerta de un momento a otro.
-Ok… Cuando estén dispuestos a tomar este trabajo con seriedad, contactan a mi secretario...- El primero en levantarse y darle una reverencia de disculpa al Directivo fue Kamenashi, los demás lo imitamos casi al instante. Sabíamos que esto nos iba a repercutir en las cifras de patrocinios para el concierto, lo cual significaba también una severa reprimenda por parte de los hermanos Kitagawa en cuanto volviéramos a la oficina. Las malas noticias siempre volaban.

Cuando cruzamos la recepción, un par de personas del staff nos miraron de un modo extraño. Nadie sonreía, no había saludos de cortesía. Solo cuchicheos y miradas. Ese tipo de miradas a las cuales nos habíamos enfrentado con frecuencia desde el incidente de Jin y luego por lo de Koki. Un sentimiento desagradable se me atoró entre la boca del estómago y el pecho. Lo que pasó esta mañana no podía ser tan malo… o sí?
-¿Traigo algo embarrado en la cara?- Fue la pregunta de Nakamaru una vez que entramos al elevador. Los dos lo miramos negando con la misma expresión de desconcierto.
-Supongo que la tía Mary ya recibió la llamada de los de Solio y no está nada feliz mientras mira el balance de activos de este mes…- Nadie dijo nada ante las palabras de Kame, parecía lo más lógico.
-Bueno, bueno… no le demos tantas vueltas al asunto y mejor averigüemos dónde se metió el estúpido de Junno que no se apareció en la junta….- Traté de sonar convincente mientras reía y les palmeaba la espalda antes de que las puertas de metal se abrieran. Jamás admitiría en voz alta que estaba preocupado a muerte por él. Nuestro manager estaba ahí en el pasillo.
-Chicos, el Jefe necesita hablar con ustedes… Ahora.- Los tres intercambiamos miradas serias. Eso parecía un maldito dejavú. Mi corazón empezó a latir frenético.  El hombre dio un paso dentro del ascensor y marcó el último piso.
-¿Es sobre Taguchi?...- No pude evitar preguntar por impulso. Empezaba a asustarme.
-Sí…- Ni siquiera nos miró cuando dijo aquello. Las puertas se abrieron nuevamente. Recorrimos en absoluto silencio ese pasillo lleno de fotografías y reconocimientos que de sobra conocíamos, hasta llegar a la puerta de madera situada al fondo. Ni siquiera tocó antes de entrar, era como si todo fuera mucho más importante en ese momento que cualquiera de los protocolos de etiqueta que tanto amaban en la Agencia.
-Siéntense…- Su rostro se veía cansado y mortificado. No sonaba el estéreo o el televisor como de costumbre. Los foquitos rojos de los teléfonos sobre su escritorio no dejaban de parpadear desde todas las extensiones como si bailaran poseídos. El aire olía a malas noticias. Se levantó de su silla alta reclinable mientras nosotros tomábamos asiento en el mueble cercano a la ventana.
-¿Johnny-san?…- Kamenashi se levantó de inmediato al ver que el anciano se detenía en seco oprimiendo sus sienes con los dedos. Le indicó que se detuviera con un movimiento de su otra mano y luego de permanecer así unos segundos se sentó frente a nosotros.
-¿Qué pasa con Taguchi?...- Antes de que mi propia voz formulara la pregunta, Nakamaru ya lo había hecho por mí. Yo estaba sudando frío. Mis manos no dejaban de temblar dentro de los bolsillos de mi chamarra.
-No nos irá a decir que Taguchi decidió dejar el grupo, verdad?...- Me levanté. No podía soportarlo más. Necesitaba saber qué demonios estaba pasando. Todos me voltearon a ver con cara de espanto. Ese comportamiento no era propio de mí pero sabía perfectamente que en el fondo, Kame y Maru se estaban preguntando lo mismo. El hombre nos miraba con esa mirada paternal que decía claramente que no era algo tan sencillo y que le preocupaba cómo nos iba a afectar lo que tenía que decirnos y por eso no sabía por dónde empezar.
-Eso dependerá de cómo salga de la cirugía…- Mis piernas se volvieron de gelatina en ese instante e inevitablemente caí al sillón como un costal de papas casi aplastando a Kame en el proceso.
-¿Eh?…- Kame fue el único que emitió sonido alguno. Nakamaru estaba inmóvil a mi lado, no podía asegurar que estuviera respirando siquiera y yo luchaba conmigo mismo por no entrar en estado de histeria y empezar a gritar o a llorar… tal vez ambas. Sentí la mano de Kazuya sobre la mía aferrándola con fuerza, no supe si como apoyo moral para mí o como un gesto de angustia propia que le indicara si estaba teniendo un mal sueño. Ni siquiera fui capaz de pellizcarme a mí mismo para comprobarlo.
-Su familia nos contactó por la mañana…- Empezó a explicar nuestro manager con un tono de voz más amable de lo normal. -…tampoco saben muy bien qué pasó anoche. Parece que fue un accidente bastante aparatoso. Incluso la policía se ha visto involucrada. Taguchi-kun no fue el único que resultó gravemente herido… Ha sido una locura mantenerlo fuera del alcancé de los medios. No sabemos por cuánto tiempo seremos capaces de ocultarlo.- A medida que las palabras llegaban a mi cerebro mi corazón aumentaba sus latidos como si fuera a explotar en cualquier momento.
-¿Pero él… está bien?- Su voz dejaba en claro que había empezado a llorar.
-No lo sabemos, Kamenashi-kun…- Johnny-san le extendía su pañuelo. Kame empezó a sollozar contra él. -…su familia tampoco sabe mucho de su estado, al parecer el hospital al que lo ingresaron de urgencia tuvo problemas para identificarlo debido a la gravedad de las heridas y para localizar a sus familiares…- Había empezado a temblar. ¿De qué iba todo esto? Debía ser mentira.
-¿Y qué hacemos aquí? ¡Vayamos al hospital!…- Nakamaru también estaba llorando.
-Me temo que no podemos hacer eso, Nakamaru-kun… llamaría la atención de los medios…- Una risa sarcástica se me escapó llamando la atención de todos.
-¿Y eso es más importante que estar con Junno?...- Mi voz me pareció tan ajena. Kame apretó con más fuerza mi mano.
-No, por supuesto que no lo es…- Su voz sonaba como la de mi padre cuando trata de hacerme entender algo muy obvio que no puedo ver. -…pero lo hacemos por el bien de Taguchi-kun…- Johnny-san se levantó trabajosamente y regresó a su lugar detrás del escritorio, abrió un cajón y se tomó un par de pastillas. De verdad tenía mal aspecto.
-No entiendo…- Mis sentimientos eran una montaña rusa en ese momento. No sabía ya si estaba más frustrado, enojado, angustiado o desesperado que asustado.
-Se rumora un intento de suicidio… Varias personas afirman haberlo visto correr directo hacia los autos después de bajar de su coche.- Los dos se tensaron a mi lado al escuchar al manager decir aquello. Nakamaru murmuraba cosas que no pude escuchar al tiempo que volvía a romper en llanto; Kame había dejado escapar una expresión de sorpresa, sentí sus ojos clavarse en mi rostro cómo si ahí pudiera encontrar las respuestas a todo lo que estaba pasando. –¡¡¡Ueda-kun!!!- No fui capaz de permanecer ahí por más tiempo. No me importaba si todos se enojaban conmigo o si incluso me despedían. Sólo quería estar con él.

Escuchar aquello fue más de lo que había podido soportar. ¿Taguchi? ¿Intentando suicidarse? Esa era la estupidez más grande que había escuchado en toda mi vida, y eso ya era mucho decir teniendo en cuenta el mundo en el que vivía.

A medida que me acercaba a la estación del metro, uno a uno, los recuerdos fueron bombardeando mi cabeza. Pero qué idiota había sido. Todo este tiempo había estado mirando a Junno y nunca lo había visto en realidad... Sí, siempre lo había visto sonreír de ese modo tan suyo que contagiaba de felicidad a cualquiera que estuviera a su alrededor, siempre lo había visto sonreír del modo en que probablemente todos lo habíamos visto hacer por cada día de nuestra vida juntos… Junno siempre sonreía cuando estaba con alguien… ¿pero qué expresión tenía el rostro de Junno cuando nadie lo miraba? Y probablemente nadie lo sabía mejor que yo… Era tan tonto. ¿Cuántas veces no lo vi contemplarse en el espejo luciendo como si fuera una cáscara vacía? ¿Cuántas veces no lo vi con la mirada perdida en la nada mientras esperaba a solas en la vagoneta? ¿Cuántas veces no lo sentí tan lejano mientras estaba en la escalera de servicio durante nuestros descansos? ¿Cuántas veces no vi ojeras bajo sus ojos e incluso un rastro de lágrimas en sus mejillas cuando estábamos en los camerinos después de las presentaciones? ¿Cuántas veces no me miró en silencio después de decir una tontería para llamar mi atención casi como si necesitara desesperadamente decir algo más? ¿Cuántas veces no me había buscado por los pretextos más ridículos tan sólo para no estar solo? Y todas y cada una de esas veces, lo había ocultado todo perfectamente detrás de una sonrisa.

Corrí. Corrí como si mi vida dependiera de ello. Quería gritarle hasta el cansancio que era el idiota más grande de la historia, golpearlo hasta que no me pudiera mover más por haberse dejado derrumbar hasta ese punto. Quería regañarlo hasta que no me quedara voz por jamás haberme dicho nada. Quería… simplemente quería sonreírle y estar ahí para él, del modo en que probablemente siempre necesito… ¿Cómo había sido tan ciego para no ver que MUCHAS veces había acudido a mí en un grito desesperado de ayuda que no supe o no quise escuchar? ¿Qué derecho tenía ahora de estar a su lado? ¿Con qué cara llegaría a preguntarle a su madre por él?... Me detuve de súbito. Ya no era capaz de controlar mis lágrimas. Mi razón de ser feliz había intentado quitarse la vida y yo ni siquiera había sido capaz de ver la verdad que se escondía detrás de todas sus sonrisas… Era de lo peor.
-¿Tat-chan?...- La voz de Kame al otro lado del teléfono sonaba horrible, hipaba tanto debido al llanto que apenas podía creer que era él pero el display de mi celular decía que sí lo era.
-Kame, tranquilízate, no te entiendo nada…- Mi cuerpo entero temblaba debido a las pocas palabras que había logrado captar.
-Tat-chan, llamaron desde el hospital…- Mi sangré se heló. –Dicen que Taguchi no sobrevivió a la cirugía…- El teléfono se me escapó de las manos cayendo violentamente contra el asfalto pero ni siquiera escuché el ruido de la pantalla al estrellarse. No era consciente de NADA. Me iba a desmayar. Estaba seguro de que me iba a morir junto con él. Pero ni siquiera eso me merecía después de lo miserable y egoísta que había sido.
-¿Uepi?...- Mi corazón se detuvo. ¿Me sentía tan culpable por todo que ya estaba incluso escuchando su voz? –Oye… Uepi, ¿por qué estás aquí?... ¡¿estás bien… estás llorando?!-  No fue sino hasta que sentí sus manos en mis hombros sacudiéndome suavemente para llamar mi atención y con esa desbordaba preocupación en sus ojos y en su voz, que me di cuenta de que el chico frente a mí no era producto de mi imaginación.
-¿Junno?...- Lo miré todavía sin dar crédito a lo que estaba pasando. Asintió mirándome incluso con miedo. Mi aspecto debía ser un poema en ese momento.
-¡¿Uepi?!- Había llegado a mi límite.



Desperté en lo que, a juzgar por el olor y la decoración de las paredes, era un cuarto de hospital. Me sentía mareado y mis recuerdos eran tan confusos que me tomó un par de minutos darme cuenta de que efectivamente estaba despierto.
-¡Buenos días!…- Su boba y radiante sonrisa era lo más hermoso que habían contemplado mis ojos.
-¡Auch!...- Me pellizque con fuerza. No, no estaba soñando, su risa hizo eco en la habitación. Me incorporé sobre la cama y lo jalé hacía mí en un fuerte abrazo. -¡Idiota!- Había empezado a llorar otra vez, pero esta vez eran lágrimas de felicidad. -¿Sabes cuán aterrado estaba de saber que te había pasado algo?- No decía nada, tan sólo seguía ahí, devolviéndome el abrazo con su típica dulzura y dándome palmaditas en la espalda. -¡Bakaguchi! ¡Baka, baka! Creí que me iba a morir…- Sí, al final había terminado gritándole, regañándolo e incluso golpeándolo. Me sentía tan feliz de saber que estaba ahí, conmigo, sano y salvo. –¡Si vuelves a desaparecer así, te mato!…-
-Ya, ya… no pasa nada, no iré a ningún lado, Uepi… ¿ves?, aquí estoy.- Me apartó lo suficiente para mirarme a los ojos. –Siempre he estado aquí y no pienso irme a ningún lado ni siquiera si me gritas, me regañas o me golpeas…- Y ahí estaba, mi sonrisa favorita. Esa que entre ternura y timidez, ocultaba lo que sería mi mayor felicidad.
-Idiota…- Le di un puñetazo  en el brazo y me escondí debajo de las cobijas. No quería que viera cuán roja estaba mi cara debido al beso que me había dado sin que me lo esperara siquiera.
-¡Tat-chan!- Kame, Maru y nuestro manager entraron justo un minuto después. Salí de mi escondite debido a la sorpresa. Ellos tenían la misma cara de espanto e incomprensión mientras pasaban la mirada de mí a Junno, que se acababa de levantar de la cama sonriéndoles. -¿Estás bien?...-
-Ummmh…- Asentí sintiéndome aún demasiado feliz por lo que acababa de pasar.
-¡Menos mal!...- Suspiró, ese típico gesto suyo que dice “todo está bien ahora” y corrió hasta mí casi asfixiándome de tan fuerte que me abrazaba, Maru lo había imitado unos segundos después y ahora estaban los dos aplastándome entre sus cuerpos, al final Junno también se había unido a ese inesperado abrazo comunitario. Por primera vez en mucho tiempo, me di cuenta de cuán afortunado era por todo lo que tenía.
-Etto… No puedo respirar, chicos…-



El peor día de mi vida se había convertido en el mejor día de mi vida en cuestión de horas. Aquello había sido una locura. El chico que había muerto esa mañana debido al accidente resultó ser un vándalo que había golpeado a Junno la noche anterior robándole la cartera, el celular y el coche cuando salía de un conbini cerca de la estación de Akihabara, lugar a donde se había ido a pasar el rato después de que hablara conmigo en la agencia porque todavía no quería volver a su casa, ya que al parecer su madre tenía visitas indeseadas para él, pues su ahora ex-novia desde hacía varios meses, seguía insistiendo en ir a su casa a todas horas para tratar de convencerlo de que retomaran su relación y su madre le tenía tanto aprecio a la chica que simplemente la dejaba estar ahí. El pobre había despertado adolorido y con frío en un callejón, sin ser capaz de comunicarse con nadie o de volver a casa por su propia cuenta, así que había terminado caminando por horas hasta que alguien que lo había reconocido en la calle lo llevó en su coche hasta la estación del subterráneo y le dio dinero suficiente para que pudiera llegar a la estación más cercana a la agencia, lugar donde me había encontrado a mí cuando iba de camino al hospital a verlo a él. Sí, sé que es un completo disparate, pero eso era lo que había pasado en realidad. El chisme en los medios había dado tanto de qué hablar durante días, pero todos parecían más preocupados por el hecho de que la seguridad pública no había sido suficiente ni para evitar que un idol pasara por una experiencia tan traumática que por el hecho de que nosotros casi moríamos del susto al pensar que Junno había muerto por un accidente mientras intentaba suicidarse.

Después de todo el malentendido y de ese inesperado beso, por fin había sido capaz de dejar mis miedos y mis inseguridades a un lado y le había confesado mis sentimientos. No negaré que aun así me moría de nervios mientras lo tenía enfrente, después de todo, estaba haciendo algo que me había jurado jamás hacer. Pero todo había valido la pena en el momento en que Junno me había dicho, con una de esas hermosas sonrisas suyas, que él siempre se había sentido del mismo modo por mí. El pobre estaba tan convencido de que yo lo veía a veces como un incordio, que se había obligado a echarse novia para tratar de dejar a un lado lo que sentía por mí y no causarme problemas innecesarios, cosa que obviamente no le había funcionado en lo más mínimo y, por el contrario, le había traído incluso más problemas. Reímos durante horas confesándonos mutuamente todas las cosas absurdas y tontas que habíamos pasado hasta ese momento pensando que vivíamos un amor no correspondido por nuestro mejor amigo. Esa noche Junno tampoco quería regresar a su casa. Esa había sido la mañana más maravillosa de mi vida.

Nuestro día a día seguía siendo lo mismo: saludar y sonreír a todos los que se cruzaban con nosotros en nuestros lugares de trabajo, pero de algún modo, todo era tan diferente ahora. Ya no terminaba mis días muerto de cansancio, ya no me sentía obligado a sonreír o disgustado por tener que hacerlo, ahora simplemente sonreía y era feliz sonriendo… porque sabía, mejor que nadie, lo que se escondía detrás de una sonrisa.


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Ahora y siempre (JunDa)



Título: Ahora y siempre.
Pairing: Taguchi + Ueda 
Fandom: KAT-TUN
~& forever - KAT-TUN~
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai
To: Hoshiko, que siempre me alimenta mis alucines JunDa con todo su RabuRabu por ese par de hermosos attunes ^^b
04/Nov/2011






¿Había acaso mayor felicidad en el mundo que ésta?...
¿Podía alguien ser tan afortunado en la vida como yo?....

Después de una cadena de experiencias desagradables que habían caído sobre mis monótonos días cual efecto domino, el destino me había deparado un cambio radical.

Porque jamás me hubiera imaginado que el bobo y despreocupado chico con el que siempre solía tontear aquí y allá para matar mi aburrimiento, se pudiera convertir en un Príncipe azul... bueno, en este caso naranja.

Su inocencia logró sacar de mi corazón toda la porquería que el Lobo Feroz y el Cachorrito Malvado se habían dado a la tarea de depositar dentro de mí durante los últimos años de mi vida haciendo que se envenenara mi alma poco a poco hasta convertirme en un cascarón hueco, una simple marioneta a la que todos manejaban a su antojo y que carecía completamente de voluntad propia... de vida.

Y cuando comenzaba firmemente a creer que así había sido siempre mi vida y que merecía todo el sufrimiento y las cosas malas que me pasaban, llegaron él y su forma de ser para llenar de luz y color el mundo sombrío en el que me había confinado para seguir esperando mi último aliento... porque llegado al punto en el que estaba, había perdido totalmente las ganas de vivir y no hacía otra cosa que dejarme morir con cada segundo que marcaban las manecillas del reloj.

Mi príncipe era capaz de hacerme recordar lo que era reír, cantar, soñar, desear. Su amor por mí era tan inmenso y sincero que incluso hizo querer seguir viviendo. Porque de pronto no quería nada mas que estar siempre a su lado, compartir cada momento de tristeza y de alegría con ese chico imperfecto que a cada minuto me parecía simplemente perfecto para mí. Las horas que no pasaba con él me parecían una dulce tortura que no hacía más que aumentar mi dicha al volverlo a tener cerca de mí. Fue hasta que pasó todo ese traumático episodio de nuestra vida, que me di cuenta de todo lo que siempre había hecho por mí, de todo lo que se preocupaba, de lo mucho que me amaba. Pero yo estaba tan ciego en ese entonces. Cegado por un adiós impronunciado que me había destrozado la existencia tras romperme en mil pedazos el corazón. Cegado por las dobles intenciones del consuelo que prometía hacerme olvidar el dolor que sentía. Cegado por la incertidumbre y el pasado. Cegado por los estúpidos sentimientos que se habían anidado de la noche a la mañana tan profundamente que se habían vuelto uno con mi alma.

¿Cómo pudo una simple sonrisa arrancarme de raíz la angustia y el temor?...
¿Por qué nunca fui capaz de ver que el amor verdadero estuvo siempre delante de mis narices?...

Tenía que ser masoquista... No podía ser de otro modo, verdad?, porque aún a pesar de todo lo que había pasado, estaba absolutamente seguro de que aunque tuviera la posibilidad, no cambiaría ni un sólo fragmento del rompecabezas que era mi vida. Cambiar la más mínima de las piezas significaría cambiar lo que ahora tenía, y no podía soportar esa idea. Mi presente era perfecto y no hacía otra cosa más que rogarle a las estrellas porque así fuera por siempre... seguir con Junno, compartir mi vida con él, amarlo aún más de lo que lo había amado un minuto atrás y seguir siendo parte de su mundo. Para mí eso se había vuelto el cimiento de mi existencia y aunque pudiera parecer estúpido o cursi, eso mismo se había vuelto mi mayor felicidad. De pronto me percaté de que ya no necesitaba nada, Junno se había asegurado de darme todo lo que pudiera desear.

Ahora lo único que me atormentaba era la incertidumbre. El hecho de no saber lo que nos deparaba el futuro me asustaba. Desde que le entregué mi corazón, la única cosa que me quita el sueño es la posibilidad de perderlo. De sólo pensar que algo pudiera separarnos me paso noches enteras en vela contemplando su rostro dormido. A veces siento que voy a enloquecer. Soy tan obsesivo con mis sentimientos que terminó haciéndome daño. Pero es que lo amo tanto que quiero tenerlo conmigo para siempre.

Hoy tomé una decisión.

Hacía mucho que había empezado a pensar en ello pero me daba miedo que me rechazara, así que me había quedado callado por más tiempo del que hubiera querido. Pero después de haberme escondido del mundo durante las últimas 58 horas para estar a solas conmigo mismo, había terminado por concluir que mi vida sin Taguchi Junnosuke no era sino la vida monótona y vacía que siempre había conocido y definitivamente no estaba dispuesto a vivir esa no-vida durante más tiempo del que ya había tenido que dedicarle. En menos de tres horas se decidiría mi futuro... No. Nuestro futuro. Porque si no estaba él ahí, entonces no necesitaba un futuro. Porque sin su alegría en mi día a día no quería algo como el mañana.

Aún cuando no había mucho tráfico en la avenida y que sabía a la perfección que casi íbamos a exceso de velocidad, sentía que el auto avanzaba a paso de tortuga. Y no, en nada tenía que ver Kamenashi en todo esto. Supongo que simple y sencillamente estaba demasiado ansioso por volver a estar con la persona que amaba después de no haber sabido nada de él en absoluto.

Sabía que siendo sábado por la noche, seguramente iba de camino a su casa para pasar un rato con su familia después de haber estado toda la tarde en algún lugar raro con Koki, Nakamaru y sus locos amigos que no eran parte de la agencia. Últimamente les había dado por irse a jugar billar a un lugar de mala muerte donde servían cerveza barata y los dejaban hacer lo que quisieran por una mínima cantidad, pero como parecían divertirse tanto, quién era yo para decirles que no estaba de acuerdo con que frecuentaran esos sitios. Después de todo, hasta Nakamaru iba sin falta cada semana con todo y cómo era de responsable. Además, me sentía feliz de que por fin, después de tantos años, Koki y Junno se hubieran vuelto amigos. No tenía derecho a interferir con eso por mis prejuicios. Sólo me limitaba a pasar por él a las nueve de la noche para irnos a cenar y ver una película a su casa. Yo prefería mil veces hacer ese tipo de cosas.

Ah... Reconocía el vecindario. Me pregunto si está ya en casa o si apenas viene caminando desde la estación. Debatía conmigo mismo sobre si debía llamarlo o seguir con mi plan original y esperar en el auto hasta que lo viera aparecer calle arriba, seguramente tarareando alguna canción extraña y divertida, cuando lo vi.

Sentí un golpe de adrenalina circulando a gran velocidad por mis venas acelerándome el corazón. Todos mis pensamientos se atropellaron haciendo de mi mente un completo caos. Al diablo con mis planes. Tan sólo quería correr y estrecharlo entre mis brazos. Abrí la puerta del coche y eché a correr hacia donde él estaba.

-Tat-chan?...- Apenas si le di espacio para hacerlo, me miró como si no pudiera creer lo que contemplaban sus ojos. Lo había abrazado con tanta fuerza que incluso temí derribarlo por el impulso que llevaba cuando lo alcancé y rodeé su cuerpo con mis brazos. En definitiva lo había tomado por sorpresa. Su rostro decía que no me equivocaba.
-Hola...- Siempre me sonrojaba un poco cuando me observaba de ese modo. Sentía como si pudiera ver a través de mí y me sentía desnudo ante su mirada. Aún cuando no me desagradaba la sensación, era sólo que me era algo nuevo. Aún a pesar del tiempo transcurrido, todavía me hacía sentir esas mariposas en el estómago cuando me cruzaba de este modo con sus brillantes ojos.
-Estás bien?...- Asentí de inmediato. No podía dejar de sonreírle. Era increíblemente feliz, así que simplemente quería sonreírle.
-Quería verte...- Susurré manteniendo la sonrisa.
-Yo también...-
-Te extrañé mucho...-
-No más que yo...- Bajó la mirada un momento. Probablemente no había querido admitir eso pero se le había escapado antes de que se diera cuenta. -Tuve que pedirle a Nakamaru que le pidiera a Koyama que le pidiera a Shige que me imprimiera una foto tuya para ponerla en mi habitación porque...- Calló de repente. Supongo que fue obvia mi cara de "no entendí lo que dijiste". Echó a reír. -...supongo que sigo siendo el mismo tonto de siempre, verdad?... Quién haría tanto desbarajuste tan sólo para no sentirse solo...- Lo hice callar de repente. Sellé sus labios con un beso. Odiaba la idea de haberlo puesto en ese estado por mi egoísmo. Ahora era yo quien reía abiertamente ante la expresión de su rostro cuando retrocedí un paso para dejarlo respirar.
-Junno?...- Me preocupé al creer que se había olvidado de cómo respirar.
-Vaya...- Fue el suspiro más largo que jamás haya visto. -...no sé qué hiciste durante estos últimos días pero deberías duplicar la dosis...- Su comentario me hizo sonrojar.
-Tonto...- Le di un golpecito. Y como solía hacer, me tomó entre sus brazos y apoyó la barbilla sobre mi cabeza tras besar mi frente.
-Te amo...- Eran sólo cinco letras. Pero viniendo de su boca eran lo más perfecto que conocía. Sólo esas dos pequeñas y maravillosas palabras fueron suficientes para darme el valor que necesitaba.
-Quieres vivir conmigo?!...- Tanta efusividad no eran parte del plan pero no pude evitarlo.

Los segundos más eternos y tortuosos de toda mi vida. No podía sostenerle la mirada debido al miedo que me daba su silencio, pero tampoco podía quitarle los ojos de encima esperando su respuesta. Así que mis ojos pasaban del suelo al cielo cada que parpadeaba.

-Tat-chan...- Por primera vez desde que lo conocía vi en él una carencia de emociones reflejada en su rostro habitualmente sonriente, fue tan inusual que a nada estuve a punto de echarme a correr para escapar de lo que parecía mi propia imagen de hacía un tiempo atrás. -...lo dices en serio?...- Incluso su voz sonaba tan diferente.
-Sí... Lo he estado pensando desde hace tiempo pero estaba asustado... Siempre he estado solo, así que no sabía si sería capaz de compartir mi vida a ese grado con alguien más y tú siempre has estado rodeado de tanta gente tan diferente a mí que no sabía si podrías acostumbrarte a estar tan sólo conmigo, pero después de este fin de semana me di cuenta de que ya no puedo ni quiero vivir uno solo de mis días sin ti...- Una mínima fracción de segundo bastó para que su rostro se iluminara aún más que el sol y dibujara la más hermosa de las sonrisas sobre sus labios mientras me miraba sin decir nada.
-Tonto!...- Estaba tan emocionado que casi me rompe las costillas de lo fuerte que me abrazó.
-Jun...no... no me dejas respirar...-
-Ah! Lo siento...- Mis pies tocaron nuevamente el asfalto al tiempo que mi cavidad torácica volvía a inhalar y exhalar con normalidad.

Ambos dejamos escapar una risita.

Su celular comenzó a sonar.

-Ma?... No, estoy en la esquina con Tatsuya... Sí, en un minuto entramos... Claro que se quedará a cenar... También te quiero mamá...- Supongo que tendré que esperar un poco para saber su respuesta.
-Será mejor que entremos... no quiero preocupar a tu familia...-
-Ok... La cena está esperando por ti...-
-Eh?...- Me tomó de la mano y caminamos calle abajo para entrar al que se había vuelto mi segundo hogar.

-Feliz cumpleaños, Tatsuya...- Fue inevitable que se me escaparan un par de lágrimas al ver aquel pastel esperando por mí sobre la mesa con las velitas encendidas. Después de que el año anterior se hubiera arruinado la fiesta sorpresa debido a nuestras agendas de trabajo, no imaginé que decidiría preparar algo para mí él solo. Sin duda había sido el mejor cumpleaños en muchos años. Su amor y el de su familia me hacían sentir la persona más especial del universo. Si en verdad existía algo como el Paraíso, definitivamente estaba en él y Junno era el ángel que me acompañaba.

-Por qué me llamaste tonto?...- Apenas y estuvimos a solas otra vez, retomé la conversación que habíamos dejado pendiente.
-Eh?...- Se quedó pensando un momento como si no supiera de lo que le hablaba. -Ah... porque...- Me acomodó sobre su pecho para darme un tierno beso en la comisura de los labios. -...no hay nada que hubiera deseado más en la vida que compartir la mía contigo...- Apagó las luces de mi habitación y comenzó a besarme como horas atrás, haciendo vibrar cada milímetro de mi piel bajo sus labios.

Otra noche en vela contemplando su rostro dormido junto a mí. La diferencia?... Que esta vez no era el temor a lo desconocido sino la felicidad por lo que nos deparaba un mañana juntos lo que me hacía mantener los ojos abiertos... Que esta vez era un sonrisa y no lágrimas lo que me hacía de compañía durante las horas en vela mirando su carita apacible... Que esta vez había sido yo quien había decido no dormir... Porque era tan feliz de tenerlo en mi vida que no podía hacer otra cosa excepto amarlo con todo mi ser.

-Te amo... ahora y siempre...- Y besé suavemente sus labios para no despertarlo antes de cerrar los ojos al llegar la mañana.
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El Lugar Perfecto Cap.5 -Final-


EL LUGAR PERFECTO
Fic x Cap
JunDa
~Someday for Somebody~
19-03-10


CAPITULO 5: La calidez de un ABRAZO.


Después de varias semanas de convivir con Tatsuya todos los días dentro y fuera de la agencia, ya todos se habían acostumbrado a vernos juntos; y aunque los chismes y rumores estaban a la orden del día, a nosotros no nos importaba. Era común que Tatsuya desayunara y/o cenara en mi casa, cuando no ambas cosas, o que incluso se quedara a dormir; mi familia ya le había tomado bastante cariño y Tatsuya siempre llevaba cosas a mi casa diciendo que no quería abusar de la hospitalidad que le brindábamos. Mi mamá a menudo me decía que prefería que estuviera con nosotros en casa a que se quedara solo en la suya. Mi abuela siempre lo esperaba impaciente porque le llevaba panes y galletas y a mi padre seguido le regalaba botellas de vino caro.

Ya pasaban de las seis ese día, demasiado tarde para estar en la agencia siendo domingo… no por nada los demás ya se habían ido y sólo quedábamos en la sala de KAT-TUN Kame y yo, pues estábamos ensayando el “Special Happiness”. Los segundos me parecían eternos mientras miraba el reloj… esperaba con ansías que ya fueran las ocho… Por primera vez Tatsuya me había invitado a ir a su casa… “te prepararé lo que quieras para cenar” me había dicho en la mañana cuando salimos de mi casa; yo no entendía por qué pero parecía que era un día especial, se veía tan feliz y entusiasmado que no me sentí con derecho a quitarle aquella sonrisa de su rostro.
-¿Tienes cosas que hacer?- Preguntaba de repente Kame.
-¿Por qué lo dices?-
-Porque desde las seis no dejas de mirar el reloj…-
-Ah, lo siento…- Me sonrojé un poco.
-Bien… ¿qué te parece si lo dejamos así por hoy? Yo también tengo a alguien esperando por mí…- Me lanzó una sonrisita de complicidad mientras señalaba la puerta con los ojos.
-¡Gracias Kame!- Tomé mis cosas y salí corriendo. Llamé a Tatsuya para avisarle que llegaría antes pero no contestó… Al principio no me preocupé porque supuse que estaría ocupado en la cocina, pero tras recibir una llamada de Kame preguntándome si no había visto a Akanishi porque no le respondía el celular, aquel mal presentimiento volvió a apoderarse de mí. Eché a correr por la avenida aún estando al teléfono. Paré el primer taxi que vi y le pedí al conductor que me llevara a casa de Tatsuya. Aunque sólo lo había acompañado una vez, recordaba perfectamente el camino. Cuando le dije a Kame que Ueda tampoco contestaba el celular también se preocupo… colgué el teléfono, Kame iba a encontrarse con Yamashita y me alcanzarían en casa de Tatsuya, después de todo, cuando Akanishi estaba fuera de control, el único que podía hacerlo entrar en razón era Yamashita. Después de esperar por más de cinco minutos atrapados en el tráfico, pagué y bajé del auto. Estaba como a diez o quince minutos, llegaría más rápido corriendo, eso era seguro.

Cuando llegué a su casa todas las luces estaban apagadas… No quise tocar el timbre, iba a poyar la cabeza contra la puerta para ver si escuchaba algo cuando en efecto oí que algo se rompía a lo lejos. Estaba decidido a abrir la puerta así fuera a patadas, pero no fue necesario, la puerta se abrió cuando giré el picaporte. Apenas podía ver algo, en cuanto entré sentí que había pisado algo que se despedazó bajo mi zapato, me agaché y lo tomé para ver qué era… una naranja… y no era la única que estaba tirada, un par de pasos delante de la entrada estaba la bolsa de papel con el resto de las compras para la cena. Volteé al escuchar que algo chocaba contra la puerta de la habitación del fondo… el golpe estaba acompañado de un quejido medio ahogado. Tropecé con el sillón y el desnivel de la sala cuando crucé corriendo hacia la que supuse era su habitación. Abrí la puerta…  Akanishi estaba sobre Ueda quien yacía inmóvil en el piso, al parecer se había llevado consigo las cortinas del ventanal en un fallido intento por sostenerse de algo para no caer…

De nuevo estaba furioso. Tomé a Akanishi por el cuello y se lo quité de encima lanzándolo con todas mis fuerzas hacia el piso cerca de la cama.
-¡¿Pero qué demonios?!… ¿Taguchi?- No era necesario ser un genio para darse cuenta de que estaba bastante ebrio. Lo ignoré.
-¿Tat-chan? ¿Me oyes?- Le quité las cortinas de encima. Su nariz sangraba un poco. Lo volteé de lado con cuidado para ver cómo estaba.
-Jun…no…- Le costó mucho trabajo pronunciar mi nombre, aferró con desesperación su mano sobre mi chamarra. Las lágrimas salían de sus ojos que me miraban llenos de miedo y angustia.
-¡Largo de aquí Taguchi! Tatsuya y yo estamos ocupados, ¿qué no ves?- Akanishi me pateó haciéndome caer de espaldas. Me agarró con fuerza del cabello y me arrastró fuera de la habitación cerrando de golpe la puerta. Comencé a golpear la puerta y a patearla para intentar abrir pero no podía. Podía oír a Tatsuya sollozando dentro, suplicándole a Akanishi que se detuviera, no quería ni pensar en lo que Akanishi le intentaba hacer. Me sentí frustrado como nunca en la vida me había sentido antes. Tenía que entrar de algún modo. Mi celular comenzó a sonar… Era Kame. Le expliqué lo que pasaba en menos de dos minutos y colgué. Corrí a la cocina por un cuchillo de mesa para desatornillar la puerta, pero entonces vi una puerta que no había visto… la abrí y corrí, en efecto daba al jardín, tomé el bat que estaba junto a la mesa de metal y rompí el vidrio del ventanal de su cuarto… no era lo más viable pero sí lo más rápido… no se me ocurrió otra cosa al ver que lo tenía sobre la cama y que le estaba haciendo daño mientras pretendía quitarle la ropa. Akanishi se asustó un poco al oír que el vidrio se rompía, levantándose de la cama, lo cual permitió que Tatsuya pudiera moverse de lado para respirar.
-Escúchame bien Akanishi… ¡Es la última vez que te lo digo! ¡No vuelvas a ponerle un solo dedo encima… te juro que si lo haces te mato, ¿me entiendes?!- Lo sujeté con ambas manos por la playera y lo levanté estampándolo contra la pared. Me miraba incrédulo con los ojos abiertos de par en par. Luego echó a reír cínicamente.
-¡Bravo Taguchi! Por fin actúas como un hombre… pero ya te lo había dicho…- Su aliento apestaba a alcohol. –Ueda es sólo mío y ningún idiota como tú cambiará eso… Él es mi juguete… y pienso divertirme con él todo lo que pueda…- Todo él me sacó de quicio… ¿De dónde saqué fuerzas? No tengo ni la más remota idea, pero lo derribe de un puñetazo que le abrió el labio.
-Junno… no…- Me pareció escuchar a Tatsuya, pero no estaba seguro, lo único en lo que podía pensar era en golpear a Akanishi hasta que dejara de decir tantas estupideces.
-¡Taguchi!- Kame había llegado, podía oírlo del otro lado de la puerta.
-…Kame… ¡Kamenashi!- Aunque le dolía, Tatsuya lo llamaba a gritos. Trataban de abrir la puerta… Akanishi reía provocándome, mi puño estaba listo para borrarle esa maldita sonrisa de la cara.
-¿Qué? No tienes agallas para hacerlo Taguchi…- Me lo pedía a gritos… y se lo iba a cumplir, no me importaba si me corrían de la agencia por mandarlo al hospital, al menos me aseguraría de que él tampoco pudiera regresar…
-¡Taguchi! ¡No!- Kame sujetó mi brazo con todas sus fuerzas para evitar que le pegara. –No ves que eso es lo que quiere… no seas idiota, si lo haces, ¿cómo vas a proteger a Ueda si no puedes estar cerca de él en la agencia?-Sus palabras me hicieron reaccionar crudamente. Kame me soltó y abrió la puerta para que entrara Yamashita.
-Junno…- Tatsuya se desplomó en el piso al tratar de caminar hacia mí, solté a Akanishi y corrí hacia él.
-Jin, ¿qué demonios pasa contigo?- Yamashita lo abofeteó con fuerza cuando Akanishi se levantó para abrazarlo como si nada pasara. Se quedó mirándolo y luego las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
-Tat-chan… ¿estás bien?- Lo abracé. Se aferró a mí como podía en ese momento.
-Yamapi…- Akanishi parecía un niño perdido. -¡No es justo! Siempre me roban a las personas que amo…- Echó a llorar de pronto.
-Jin… entiende que este tipo de estupideces que haces es lo que aleja a las personas de ti…- Yo nunca había visto a Yamashita así… y sinceramente esperaba que nunca me tocara que se pusiera de esa manera conmigo. Lo sujetó bruscamente del brazo y lo levantó llevándoselo fuera de la habitación mientras Akanishi seguía diciendo que no era justo que yo le hubiera quitado a Tatsuya igual como Kame le había quitado a Yamashita.
-Taguchi… ¿estarán bien si me voy?- Preguntaba Kame inseguro de quedarse con nosotros o ir tras ellos.
-Sí Kame, ve con Yamashita… yo cuidaré de Ueda…-
-Cualquier cosa llámame, ¿de acuerdo? Le pediré a Yamapi que me traiga enseguida…- Acto seguido echó a correr fuera de la habitación. Supe que se habían marchado cuando escuché que cerraban la puerta de la calle.
-Tat-chan… ¿te puedes levantar?- Lo tomé con cuidado entre mis brazos y lo ayudé a ponerse de pie. Lo llevé hasta la cama y se sentó. Acomodé un par de almohadas contra la pared y lo recosté. –Traeré una toalla y un poco de agua… enseguida  vengo…- Sentí que sus manos me sujetaban con fuerza.
-Junno, no te vayas…- Aún sonaba asustado, me di media vuelta para mirarlo y puse mi mano sobre su mejilla.
-Tat-chan… ya te lo había dicho, ¿recuerdas?… no me iré a ningún lado, siempre estaré contigo, ¿de acuerdo?- Asintió levemente mirándome con los ojitos llorosos. No pude contenerme… no quise contenerme… llevé mi mano un poco más hacia su nuca y lo besé. Creo que lo sorprendí, pero sentí como poco a poco correspondía mi beso rodeando mi cuello con sus manos, atrayéndome contra él mientras volvía a recargarse en las almohadas obligándome a apoyar mi otra mano en la cama para mantener el equilibrio y no caerle encima. –Vuelvo enseguida…- Le dije con una sonrisa mirándolo a los ojos cuando nuestros labios por fin se separaron. Sólo obtuve una sonrisa por respuesta y me soltó. Fui y volví tan rápido como pude. Me sentí realmente aliviado al comprobar que su nariz no estaba rota, pronto la sangre se detuvo por sí sola y pudo volver a respirar con normalidad. Me senté junto a él mientras le aplicaba un poco de hielo en la boca, lo más probable era que amaneciera con un moretón porque era de piel muy blanca… mientras yo hacía de su enfermero, él se entretenía jugando con mi cabello entre sus dedos.
-¿Sabes algo?…- Dijo mientras me despeinaba.
-¿Qué cosa?- Le quité la toalla que envolvía los hielos para poder mirarlo a los ojos.
-Creí que había encontrado la felicidad… estaba equivocado… ahora sé que mi única felicidad está contigo… y también quiero ser tu felicidad…- Me miró un momento y luego se incorporó quedando sentado con su rostro a escasos centímetros del mío. Me sonrió de un modo en que nunca antes había hecho, apoyó ambas manos contra mi pecho y me empujó suavemente hasta dejarme de espaldas en la cama. Se quedó de rodillas sobre la cama apoyándose con ambas manos a los lados de mi cabeza. –No quiero que te vayas a ningún lado… y no quiero estar en ningún otro lugar que no sea contigo…- Se inclinó sobre mí y me susurró al oído. -¿Me creerías si te digo que estoy completamente enamorado de ti?- Luego de decir eso me besó… cada beso fue más largo… cada beso suyo era único y lleno de sentimientos… Al final se quedó recostado sobre mi pecho hasta quedarse dormido… Lo tenía entre mis brazos… siendo arrullado por los latidos de mi corazón que no hacía otra cosa más que repetir “también te amo” una y otra vez… Y mientras lo sujetaba contra mi cuerpo me sentí el chico más afortunado del mundo… De entre las miles de posibles oportunidades que pudiera tener en esta vida, daba gracias por estar vivo… por la familia que tenía… por ser parte de la agencia… del grupo… y de la vida de Tatsuya… Porque simplemente no había un lugar más perfecto donde pudiera estar en este momento que a su lado.
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El Lugar Perfecto Cap.4



EL LUGAR PERFECTO
Fic x Cap
JunDa
~Someday for Somebody~
19-03-10


CAPITULO 4: El poder de un SENTIMIENTO.


Para cuando terminé con los chibikos, la clase ya debía haber comenzado. Corrí hasta la sala de ensayos y sólo encontré a Kame con Koki y Nakamaru, ellos practicaban sus habituales actos de comedia mientras Kame era su entretenido público que se botaba en la duela de la risa.
-Chicos… ¿y la clase?-
-La cambiaron para dentro de una hora…-
-Oh~… ¿y Ueda?-
-¿Qué, te has autonombrado su nana?- No pude evitar mirar feo a Koki, tenía un mal presentimiento. –Bájale, no? Sólo bromeaba… Debe estar en el baño…-
-No, no soy su niñera… sólo necesitaba preguntarle algo… ¿y Akanishi?-
-No ha venido desde el almuerzo… estaba en el pasillo, ¿no lo viste?- Kame apenas podía hablar de la risa.
-Ah ya veo, no me fijé… iré a buscarlo…- Salí del salón; dado que en el pasillo sólo estaban Toma y Hasegawa cuando pasé, mi reocupación aumentó. En el baño no estaba ninguno de los dos. A través del espejo vi algo en el piso que me pareció familiar. Entré y lo levanté… era el pañuelo de Ueda, había sido pisado… ya que él era bastante meticuloso con sus cosas supe que algo había pasado. ¿A dónde podía habérselo llevado? De pronto recordé su discusión en el vestuario. Salí corriendo hacia allá. Por supuesto… a estas horas no hay nadie ahí, si quería hacerle algo, ése era el lugar ideal en el momento ideal. La puerta estaba cerrada… ¿me había equivocado?… No, algo en el modo en que latía mi corazón me decía que estaban ahí. Corrí a la caseta del velador.
-Hola… ¿podría prestarme la llave del vestidor? Olvidé algo ayer y parece estar cerrado…-
-Sí, pero devuélveme las llaves enseguida, está bien? Se supone que no debo prestárselas así como así…-
-Sí, ahora mismo las traigo…- Las tomé y salí corriendo de nuevo por el pasillo. Abrí con cuidado y corrí de regreso. –Aquí están… gracias…- El velador me miraba un poco sacado de onda. Corrí nuevamente. El lugar seguía en silencio. Nuevamente oía aquél ruido. Entré totalmente decidido. Akanishi tenía a Ueda contra el casillero, lo jaló con fuerza y lo sometió contra la banca sentándose sobre el él mientras sujetaba sus manos sobre su pecho dejándolo inmóvil.
-…me hiciste quedar como un imbécil frente al idiota de Taguchi…- Se inclinaba sobre él, se oía molesto.
-¡Eso no es mi culpa Jin!- Ueda trataba de levantarse pero Akanishi no se lo permitía.
-¡Ya me harté de esto!¡Ahora lo haremos a mi modo!- Sentí que la sangre se me iba a la cabeza al ver que trataba de quitarle la ropa. Ni siquiera lo pensé, me fui sobre él.
-¡Déjalo!- Lo tomé por la espalda y lo jalé hacia atrás haciéndolo caer de la banca.
-Junno…- Cuando se levantó vi que tenía un golpe cerda de la boca, su labio inferior sangraba.
-¡Taguchi! ¿Tú? ¿De nuevo?- Akanishi me miraba molesto mientras se levantaba.
-Sí, yo otra vez… y habrá una próxima y otra si no te dejas de idioteces y dejas a Ueda tranquilo de una vez por todas…-
-Jajajaja… ¿Crees que puedes amenazarme? ¿Un inútil como tú?- Se abalanzó contra mí estampándome de espaldas contra los casilleros. En verdad dolía, no de en balde Ueda tenía aquellos moretones.
-¡Jin, déjalo!…- Ueda corrió hacia nosotros y jaló a Akanishi del brazo para que me soltara.
-¡Cállate Ueda! No me vayas a salir con que ahora te gusta este idiota…-
-¿Y si así fuera, qué? Eso no es de tu incumbencia Jin…-
-Lo es porque tú y yo estamos juntos, ¿recuerdas?-
-¡No Jin! Pretendimos estarlo, pero no funcionó…- Me soltó sólo para ir hacia él.
-¡Perfecto! ¡Entonces terminemos todo aquí mismo!… volverás a estar solo y abandonado, del mismo modo en que lo estabas hasta que vine a ti…- Nunca había visto a Akanishi tan enojado. Lo empujó bruscamente haciéndolo caer para luego salir empujándome con fuerza.
-¿Ueda, estás bien?- Mi incliné para darle la mano, al ver que no se levantaba me preocupé. Me arrodillé junto a él y vi que lloraba. –No lo escuches…- Me armé de valor y lo abracé, apoyando su cabeza contra mi pecho, temblaba… sus lágrimas no se detenían. –No estás solo… yo nunca te dejaré solo…- Sus manos se aferraron con desesperación a mi brazo. Nos quedamos ahí en silencio mientras lloraba entre mis brazos.
-¿Cómo me encontraste…?- Preguntó cuando por fin se calmó.
-La verdad no estoy seguro… creo que sólo lo sabía…-
-¿Encontraste el pañuelo, verdad?-
-¿Lo dejaste ahí a propósito?-
-Sabía que me buscarías… quería que me encontraras…- Mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido.
-En cuanto lo vi supe que algo había pasado…- Metí la mano en el bolsillo de mi pantalón y le devolví el pañuelo.
-¿Podrás perdonarme?… Por haber sido tan tonto…-
-¿A qué te refieres Ueda? No digas esas cosas…-
-Por no haber visto que tú siempre habías estado ahí para mí… siempre fuiste el único que estuvo conmigo…- Escucharlo decir eso me tomó por sorpresa. Se separó un poco de mí limpiándose las lágrimas con la manga de la sudadera, me miró tímidamente a los ojos… -Junno…-
-¿Qué pasa Ue…?- Me calló con un beso. Sentía que estaba soñando.
-Llámame Tatsuya, si?- En verdad debía estar soñando.
-¡Ah! ¡Duele!- De plano me pellizqué con fuerza el brazo para asegurarme. Su risa hizo eco en aquel lugar vacío. Escucharlo reír así me hacía increíblemente feliz. Otra vez reíamos sin razón, pero no importaba… éramos felices… juntos.

Me levanté y le di la mano, esta vez la tomó sin dudarlo un segundo. Salimos del vestidor riéndonos de Akanishi. Conociéndolo, en verdad que debía estar enojado por lo que había pasado.
-¿Te duele?- Pregunté mirando su labio.
-No mucho…- Echó a reír nuevamente. –Ah, lo siento…- Puso su dedo pulgar en mi labio inferior deslizándolo suavemente; luego lo quitó y me lo mostró, había sangre en su dedo. Por inercia me llevé la mano a la boca, pero entendí que la sangre no era mía. Me sonrojé al mirar sus labios… Todavía no podía creer que por fin los había sentido sobre los míos. Se limpió la sangre de la boca con el dorso de la mano.
-Volvamos…- Dijo con una sonrisa jalándome de la mano.

En el salón de ensayos, los cuatro estaban tonteando como de costumbre. Cuando entramos Akanishi se quedó mudo y luego se acercó a Ueda con cara de preocupación.
-Uepi, ¿estás bien? ¿Qué te pasó?- Preguntaba sujetándole la mejilla que él mismo le había golpeado.
-Sí, estoy bien… me caí…- Kame volteó a verme y luego pasó la mirada de Ueda a Akanishi.
-Ven, déjame ver…- Lo rodeó con el brazo y se lo llevó para que se sentara. Ueda me lanzó una fugaz mirada llena de desconcierto. Ninguno de los dos supimos qué hacer o qué decir.
-Voy por hielo… ¿me acompañas Taguchi?- Decía Kame al pasar junto a mí. Salimos del salón sin decirnos nada, mirándonos de vez en vez con la misma expresión de querer preguntar qué pasaba pero sin animarnos a decir algo. –Oye Taguchi…- Por fin Kame rompió el incómodo silencio que nos envolvía.
-¿Qué pasa?-
-Cuando encontraste a Ueda… ¿estaba con Jin, verdad?- Su pregunta me sacó de onda, era inútil mentirle, mi cara obviaba la respuesta.
-Sí… ¿cómo lo supiste?-
-Taguchi… si en verdad te importa tanto Ueda como pienso, será mejor que lo alejes de Jin… es demasiado inestable… emocionalmente hablando… y Ueda… lo que menos necesita en este momento es tener que lidiar con Jin. Me preocupa que pueda hacerle daño. Jin sólo lo ve como su juguete actual… Al final, al único al que puede entregarse completamente es a Yamapi… Siempre ha sido así, por eso las cosas entre nosotros no funcionaron… y tampoco lo hará con Ueda. –Sus palabras hacían eco en algún lugar dentro de mí… Sabía que tenía razón… pero no estaba muy seguro de qué debía hacer. -¿Volvemos?- Me dijo con el hielo envuelto en una toalla cuando salía de la cocina.
-Kame… tú conoces mejor a Akanishi… ¿En verdad crees que sea capaz de lastimar a Ueda?- Me quedó claro que lo que le había hecho hasta ahora era nada comparado con lo que podía hacerle.
-Aunque por el momento diga que lo ama, lo cierto es que sólo se encaprichó con él porque por el carácter dócil de Ueda Jin puede someterlo fácilmente y eso le gusta… Me temo que no renunciará a él de buenas a primeras… A diferencia de Yamapi o de mí, lo que dice le afecta a Ueda porque lo conoce demasiado bien, así que se vale de jugar con sus miedos y emociones para tenerlo bajo su control. Solía hacer lo mismo conmigo hasta que Yamapi habló conmigo y me hizo salir del agujero donde Jin me mantenía… Aún cuando eso significó que ellos se pelearan. –Después de lo que dijo muchas cosas se volvieron claras en mi cabeza… La separación entre Kame y Akanishi… la pelea con Yamashita… el por qué de su enojo cuando se enteró de lo de Ueda con Nishikido… Su actual actitud tanto con Kame como con Yamashita… Y todo me hacía concluir lo mismo: Akanishi estaba mal de la cabeza.

Kame abrió la puerta y caminó hasta donde estaban Ueda y Akanishi… disimuladamente se interpuso entre ellos con el pretexto de ponerle el hielo en la mejilla.
-Oye Taguchi, sirve de algo… ven acá y sujeto esto…- Al instante comprendí lo que intentaba. Me apresuré y cambié lugares con él.
-Kazuya… también yo estaba aquí, ¿sabes?- Le decía siguiéndolo con la mirada.
-Sí, pero a ti te necesito acá para seguir ensayando.- De mala gana se levantó y caminó hacia él. Koki y Nakamaru se limitaron a observar como hacían a menudo… Koki porque no podía meterse en las cosas entre AKame  porque ambos eran sus amigos y Nakamaru porque simplemente no intervenía en los asuntos de los demás a menos que pudieran afectar al grupo… Yo usualmente tampoco me metía, aún cuando la mayoría de las veces estaba de parte de Kame, por temor a las represalias de Akanishi… y Ueda no se metía porque decía que no le importaba. Aún así, últimamente los piques entre Kame y Akanishi se habían vuelto frecuentes y aunque todos sabíamos que era debido a su relación pasada, preferíamos evitar mencionarlo porque sólo empeoraba las cosas.
-Gracias Junno…- La voz de Ueda recuperó mi atención alejándome de Kame y Akanishi.
-Ah, no hay de que… Tatsuya…- Sentía raro llamarlo así, después de todo, él seguía siendo mi senpai. De nuevo sonreía, eso me dio gusto.
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El Lugar Perfecto Cap.3


EL LUGAR PERFECTO
Fic x Cap
JunDa
~Someday for Somebody~
19-03-10


CAPITULO 3: La fuerza de las PALABRAS. 


Eran casi las tres de la mañana… no estaba seguro de qué era, pero había escuchado algo. Comenzaba a quedarme nuevamente dormido cuando lo oí otra vez. Me senté sólo para comprobar qué era… Al parecer Ueda tenía una pesadilla. Aún en sueños Akanishi lo atormentaba… me pregunté hacía cuánto que se lo aguantaba y por qué.
-…no me dejes solo…- Por su voz parecía que estaba a punto de llorar y mi corazón se sentía intranquilo. De pronto muchas cosas parecieron tomar sentido… Pesé a que él parecía preferir estar solo, la verdad es que no sabía cómo no estarlo… y entendí que su soledad no hacía más que lastimarlo. “Ya no quiero estar solo…” repetía entre lágrimas. Sinceramente sólo quería abrazarlo pero no me atrevía… sujeté su mano.
-Shhh… no estás solo… yo siempre estaré contigo…- Le decía en voz baja cerca del oído mientras acariciaba su cabello. Para mí era algo insignificante en comparación de un abrazo, pero luego de un par de minutos, pareció tranquilizarse; me recosté junto a él apoyando mi frente con la suya, sujetando sus manos entre las mías. –Descansa Ueda… no pasa nada, aquí estoy…- La expresión de su rostro se relajó hasta devolverme al chico apacible al que le besé la frente al darle las buenas noches… y de aquel mal sueño sólo habían quedado los rastros de agua salada atravesando su carita dormida.

No supe cuándo me quedé dormido hasta que desperté al carme de la cama, Aún me sobaba la cabeza cuando vi su sonrisa adormilada.
-¿Estás bien?- Decía apenas abriendo los ojos.
-Espero que sí… ¿dormiste bien?- Le devolví la sonrisa.
-Sí… creo que es la primera vez en varias semanas que logro dormir de corrido sin despertar…-
-¿Eh? ¿No habías estado durmiendo bien?-
-No… toda la noche me despertaba… creo que he tenido muchas pesadillas últimamente…- Se sentaba estirándose un poco con los ojos cerrados.
-Mmmm… ya veo…-
-¿Qué cosa?- Preguntaba curioso mirándome de reojo.
-Eso explica por qué Ueda había lucido un par de ojeras impresionantes estos últimos días…- La verdad es que no me atreví a decirle que sabía de sus pesadillas, eso implicaría confesar que lo había cuidado y me daba mucha pena hacerlo, me daba miedo su reacción, así que simplemente me callé.
-Jasjajajaja… no, esas son parte de mi nuevo look… me quedan, no?-
-Mmmm…- Lo miré como si me molestara su comentario. -¡No! A Ueda definitivamente le sienta mejor esa sonrisa…- Señalé sus labios mientras se reía. Se sonrojó un poco.
-Jajaja que cosas dices Taguchi…- Desvió la mirada a otro lado. -¡No es cierto! ¿Ya son las ocho?- Se paró de un salto de la cama al ver la hora, de hecho si no quito los pies me los hubiera aplastado.
-¡No puede ser! Todavía debo ir a mi casa, bañarme y cambiarme… legaré tardísimo…- Me levanté tranquilamente.
-Calma… calma… Métete a bañar…- Lo empujé hasta el baño. –Mientras, te buscaré algo de ropa. –Abrí la llave del agua caliente y cerra la puerta al salir. Entre mi ropa encontré un pantalón y una sudadera negros que seguramente le quedarían bien pues a mí me venían un poco cortos, saqué de la comoda una playera gris claro y se las puse sobre la cama. –Iré a bañarme al cuarto de mis padres, te dejé la ropa sobre la cama, las toallas están en el estante, en la parte de abajo…- Me apoye en la puerta de acrílico y luego salí de la habitación.
-Gracias…- Fue lo único que oí al cerrar la puerta.
Para cuando volví, él ya se había terminado de vestir, yo aún llevaba puesta sólo la toalla… había olvidado llevarme mi ropa.
-Lo siento… olvidé mi ropa… estaré listo en unos minutos.-
-Tranquilo… gracias a ti ya no hay prisa… parece que siempre estás ahí para salvarme…- Me pareció exagerado su comentario.
-Claro que no… no puedes decir que te salvé sólo por darte ropa limpia…- Echó a reír de repente.
-Sí, en eso tienes razón…- Por su expresión comprendí que había algo más allá en sus palabras que no había alcanzado a entender.
-¡El desayuno está listo!- Se escuchó la voz de mi mamá desde la cocina.
-Sí mamá… enseguida vamos…- Luchaba con mi ropa para no perder la toalla al salir de la habitación, Ueda levantó la playera que se me había vuelto a caer y la puso en la cama pues tenía las manos ocupadas.
-Bajaré primero… vístete aquí…- Salió sin darme opción a negarme, amarrándose las agujetas de los tenis antes de cerrar la puerta.
Me quedé mirando un rato su sonrisa mientras hablaba con mi madre.
-Junno… no te quedes ahí, ven a sentarte también…- Ueda volteó al escuchar que me hablaba.
-Sí, sí, ya voy…- Me senté junto a él, mi madre nos servía el desayuno mientras Ueda terminaba de exprimir las últimas naranjas.
-Toma…- Me sirvió el primer vaso con una sonrisa de oreja a oreja.
-Gracias…- Le di un trago, amaba el jugo de naranja natural.
-¿Está bueno?- Me miraba lleno de curiosidad. –Ah, menos mal… es la primera vez que hago jugo de este modo…- Agregó después de ver que asentía a su pregunta.
-¿En verdad?- Preguntaba mi madre desconcertada. -¿Qué tu mamá no te hace el desayuno?- Parecía enojada.
-No… cuando vivíamos juntos la servidumbre se encargaba de esas cosas… Ahora que vivo solo, el único jugo que bebo viene en envase tetra pack…- Se reían un poco apenado.
-¡Eso no puede ser posible! ¡Junno, debes traerlo a desayunar más seguido, entendiste?!… Con razón estás tan pálido querido, pero ya verás que pronto esas mejillas toman color… anda come más…- Le ponía un par de hotcakes más en un platito y más tocino y huevo sobre el arroz. Ueda le agradecía inclinando levemente la cabeza mientras comía felizmente. Sin duda era uno de los mejores desayunos de mi vida.

Mi madre nos despidió desde la banqueta, ondeando la mano hasta que nos perdió de viste. Desde que yo era pequeño tenía esa costumbre. Tal vez ella lo decía en broma, pero la verdad es que Ueda tenía mucho mejor aspecto esta mañana. Cosa que no se podía decir de Akanishi, quien seguramente había dormido poco o nada a juzgar por la cara que traía. Aunque pretendió no vernos, lo cierto es que le molestó en sobremanera que llegáramos juntos. Caminamos por el pasillo rumbo a nuestra sala de ensayos mientras él se quedaba en el lobby con Kame y Toma-kun.
-¿Estás bien? No pensé que nos fuésemos a topárnoslo así en cuanto entráramos…- Me preocupaba que se quedara a solas con él. Sobre todo después de que vi cómo lo trataba cuando se molestaba.
-No te preocupes… no sé muy bien por qué, pero desde que desperté tengo el presentimiento de que todo estará bien…-
-¡Buenos días~!- Nakamaru y Koki entraron tan ruidosos como siempre y aunque normalmente les hubiera seguido el cotorreo, esta vez mis pensamientos estaban en otra parte. ¿Pudiera ser que lo que le había susurrado anoche mientras dormía se hubiera quedado en alguna parte de su subconsciente? Me costaba creerlo, pero lo que había dicho me daba esperanzas.

De no haber estado presente, juraría que nada había pasado entre Akanishi y Ueda. Sabía que era un cínico, pero no creí que llagara a ese grado. Conforme avanzaba el día me di cuenta de que su comportamiento era completamente malintencionado. Ueda estaña tan desconcertado como yo… ahora con mayor razón sabía que no debía dejarlo a solas con él.

La hora de la comida había terminado. Koki me había estado molestando como de costumbre mientras Nakamaru y Ueda platicaban como solían hacer durante esa hora, supongo que se sentía más a gusto hablando con él porque tenían la misma edad. Akanishi había estado pegado a Kame todo el rato ignorando por completo a Ueda y uniéndosele a Koki de vez en cuando para quitarme la comida del plato o cualquier otra maldad que se les ocurriese mientras comíamos; Kame se limitaba a reír o regañarlos diciéndoles que estaban peor que los juniors.

Volvíamos a nuestra sala para reposar los quince minutos que quedaban antes de las clases de canto cuando nos topamos a algunos de los chibikos en el pasillo.
-Juri-kun~…- Koki y Nakamaru corrieron hacia el salón de los juniors al ver al hermanito de Koki entrando. Me adelanté apara alcanzar a Kame y a Ueda cuando oí que me llamaban,
-Taguchi-kun… senpai…- Volteé y vi que eran Yuto y Yamada. Aunque no quería me detuve para ver qué querían.
-¿Qué pasa chicos?-
¿Crees que tengas algo de tiempo? ¿Podrías ayudarnos con los pasos para tu solo?… Aún no nos salen…- No podía negarme; después de todo se estaban esforzando para que mi solo fuera genial durante el Shonen Club de esta semana.
-Sí, seguro…-
-¡Yuto-kun~!- Kame llegó corriendo y lo abrazó. De inmediato volteé y vi que Akanishi y Ueda no iban juntos. Akanishi estaba con Toma y Hasegawa, Ueda iba al salón de ensayos. Al menos eso me tranquilizó un poco, pero igual debía desocuparme cuanto antes.
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