Mostrando las entradas con la etiqueta Tegoshi Yuya. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Tegoshi Yuya. Mostrar todas las entradas

Imborrable (RyoTego)



Título: Imborrable
Pairing: Tegoshi + Ryo 
Fandom: NewS
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst, AU
~Kesenai - Tegoshi Yuya
To: Luz, mi partner hermosa que se ha vuelto adicta al RyoTego por mi culpa y sigue queriendo más de esta historia XD pero por gracia o desgracia, con este shot se cumple la trilogía y la historia llega a su final ^^b
N/A: Secuela del fic  y paralelo al fic 





Todo en Tokio seguía tal cual como lo había dejado cuando me fui hacía varios meses, ni siquiera recordaba cuántos. Lo único que había cambiado era el color de los árboles, comenzaban a tornarse anaranjados y a perder sus hojas, sin duda el otoño estaba por terminarse pronto para dar paso al invierno. El viento, un tanto frío para mí pues venía de haber estado en un lugar más templado, me lastimaba los ojos, que aún seguían irritados de tanto llorar, mientras el taxi avanzaba a gran velocidad sobre el asfalto. Él, el chico que había sido mi primer amor y que se había ido un día sin decir una sola palabra dejándome una profunda herida que tardó mucho tiempo en sanar, de pronto me llamó un día para decirme que quería verme, que necesitaba arreglar las cosas conmigo, rogando que lo perdonara, que volviera a estar a su lado, amándolo como cuando éramos adolescentes. Y yo, en un arranque de estupidez y melancolía, salí corriendo detrás de un fantasma de mi pasado en busca de respuestas, sin detenerme a pensar en cuánto lastimaría a la persona que ahora amaba y que sin duda alguna, también me amaba, al chico de ojos tristes y hermosa sonrisa que seguramente lloraría amargamente días enteros preguntándose qué había pasado. Y durante todo el camino en el autobús rumbo a mi pueblo natal, las lágrimas habían surcado mi rostro sin descanso. Me odiaba. Me odié con todo el corazón por herir de ese modo a quien con tanto amor había cuidado de mí hasta sanar mi corazón destrozado. Me odié por hacerle lo mismo que él me había hecho a mí años atrás. Por dejarlo sin explicaciones, con sólo un estúpido y confuso mensaje de voz cuyas palabras no pensé bien y que sin duda le habrán destrozado el corazón en cuestión de segundos. Me odié porque no pretendía hacerle daño, tan sólo quería cerrar una vieja herida para poder dar por fin vuelta a la página y continuar escribiendo nuestra historia... juntos. Sí. Porque en el momento en que subí al autobús y cerré los ojos dejando que los recuerdos de mi vida antes de Ryo regresarán a mi mente, me di cuenta de que nunca podría perdonar a mi primer amor, me había dejado una marca imborrable y por mucho que llenara los huecos que tenía en mi pasado, jamás podría volver a ser mi presente,  mucho menos mi futuro. Aunque lograra volver a unir los fragmentos de mi corazón, las grietas y marcas seguirían siendo evidentes. Sí. Fui a buscarlo para decirle todo lo que no había podido gritarle cuando me dejó, para decirle cuánto lo odiaba por todo el dolor que me hizo pasar, y finalmente, agradecerle, pues había sido a causa de su egoísmo y su falta de sinceridad que yo había encontrado a Ryo y había superado por fin su impronunciado adiós. Después de eso volvería a casa, le pediría perdón a Ryo por haberme ido de ese modo, le explicaría todo lo que pasó y si me perdonaba, le haría el amor hasta que no pudiera recordar lo sucedido nunca más.

Y mientras repasaba una y otra vez las palabras adecuadas para finalizar todo y enterrar cada uno de los fantasmas de mi pasado debajo de aquel árbol que guardaba celosamente mis recuerdos con él, lloraba amargamente debido al extraño dolor que me oprimía el pecho cada vez más fuerte. Pero como a menudo pasa en mi vida cuando se trata de ironías, al salir de la ciudad los recuerdos empezaron a llegar a mí como pequeños flashazos que disfrutaban haciéndome sufrir repitiendo cada una de sus sonrisas, cada una de sus palabras dulces, cada beso, cada lágrima.  Las calles, los edificios, las tiendas, librerías, cafeterías, centros comerciales, parques, todo de ese lugar me hablaba de él y de cada uno de los momentos que habíamos compartido juntos desde que nos conocimos muchos años atrás.

Pero no todas las historias de amor estudiantil son de color rosa. La mía en definitiva distaba mucho de tener un final feliz. Cuando menos esperé, mi primer amor desapareció de mi vida una tarde soleada el día en que nos graduamos. Se fue sin decir siquiera una palabra y desapareció de mi vida sin dejar rastro, como si se lo hubiera tragado el mar. Y viví mis días entre el dolor, el resentimiento y la culpa. Me alejé de todo y de todos, me perdí por completo a mí mismo y comencé a dejarme morir porque no era tan fuerte como para vivir una vida sin él, simplemente no quería vivir en un mundo donde no estuviera con él.


Cerré el baúl de mis recuerdos. Ya estaba de regreso en el lugar a donde realmente pertenecía.

De pronto un mal presentimiento se apoderó de mi cuerpo. Ese último recuerdo de mis días de instituto en mi ciudad natal detonó un pensamiento horrible que retumbó con fuerza dentro de mi cabeza. Pero... Ryo-chan no era tan débil como yo... verdad? Ryo-chan no me amaba tan estúpida y locamente como para preferir morir, verdad?

Estaba aterrado, rogando incluso a un Dios en el que ni siquiera sabía que creía, que no lo apartase de mi lado y que lo mantuviera con vida para que se quedara conmigo porque… en verdad amaba a Ryo con cada célula de mi cuerpo como jamás creí poder amar a nadie y yo sí no sería capaz de vivir un día más si él me dejaba, no podría soportar perder a la persona que amaba por segunda vez. No. No debía ser negativo. Todo estará bien. Ryo estará bien y seremos felices el resto de nuestras vidas… juntos.

Los últimos minutos a bordo del taxi me parecían eternos. Saqué mi celular y comencé a mirar todas las fotografías que tenía guardadas… Aún cuando me hacía reír el ver aquellas sonrisas, su rostro dormido, sus caras graciosas, mis lágrimas amenazaban con correr cuesta abajo a través de mis mejillas, pero no tenía derecho a llorar, todo esto era culpa mía, así que las obligué a permanecer donde estaban. Lo que menos quería era verme horrible cuando me reencontrara con él después de todo este tiempo en el que habían pasado tantas cosas que me habían mantenido lejos de mi hogar… de su lado.


La avenida que daba hasta el lujoso edificio de apartamentos seguía tan limpia y desierta como siempre. El casero me dio la bienvenida como si tuviera años que no me veía, de algún modo sí era como si eso hubiera pasado. Me preguntó cómo seguía Ryo-chan, eso sí que me preocupó porque significaba que había estado enfermo o algo, no? Fue obvio que se me había ido la sangre del cuerpo cuando me dijo que había estado en el hospital y que gracias a Yamashita, que venía a verlo todos los días, no le había pasado nada grave. Lo dejé hablar cuanto quiso. De ese modo me enteré de mucho de lo que había pasado durante todos esos meses que no estuve aquí. El hombre parecía no entender la gravedad de lo que en realidad estaba pasando. Ryo, el chico responsable que incluso iba a trabajar con fiebres de cuarenta grados no había salido de casa desde hacía meses. Ryo, el chico escandaloso y extrovertido que siempre andaba por el vecindario saludando a medio mundo aunque fuera por hipocresía, no había sido visto desde hacía meses por nadie del vecindario. Ryo, el chico que siempre ve la televisión y pone música a todo volumen cuando está en casa había estado tan tranquilo, que incluso pensaron que se había ido de vacaciones o que hasta se había mudado sin decir nada. Ryo... mi Ryo, estaba encerrado dentro de su departamento sin salir, hablar o hacer ruido desde que me había ido. El horrible mal presentimiento se acrecentó dentro de mi, una sensación tan desagradable que había iniciado como un pequeño hueco en el estómago y que ahora incluso me impedía respirar con normalidad y me provocaba ligeros temblores; yo mismo sentía que había palidecido, hasta sentía las manos sudando frío. Me zafé de su conversación tan amablemente como mi paciencia y mi desesperación me lo permitieron. Una voz interior no dejaba de repetir incesantemente "sube ahora", "debes verlo ya", "asegúrate de que está bien". Corrí por el pasillo tan pronto como las puertas del ascensor se abrieron. Estaba cerrado con llave. No tenía las mías a la mano, así que importándome poco, vacié todo lo que traía en el bolso de mano al piso y revolví mis pertenencias hasta dar con ellas. Temblaba tanto que se me cayeron de las manos cuando intenté levantarme. Poco me importó dejar todo botado ahí afuera, sólo me importaba meter la llave en la cerradura y entrar. Sentía que me iba a explotar el corazón mientras sostenía el picaporte con fuerza, mis manos estaban mucho más frías que ese trozo de metal que sujetaba con fuerza.

El sentimiento no mejoró mucho al contemplar el interior. Lo primero que cruzó por mi mente fue que se habían metido a robar. Pero de inmediato descarté esa idea porque Maruno-san no mencionó nada relacionado con eso y de haber sido así, hubiera sido lo primero que me hubiera dicho. De cualquier modo, me preocupó mucho ver la sala tan vacía y oscura.
-Ryo-chan?!- El pánico se apoderó de mí al ver un bulto tirado junto a la cama sobre la alfombra de la habitación principal. -Ryo!!!... Qué has hecho?- Al encender la luz comprobé que sí se trataba de él. -Abre los ojos! Mírame... no me dejes... Te amo demasiado como para vivir sin ti!... Ryo!- Por un segundo estuve casi seguro de que me miró, una débil sonrisa se dibujó en sus labios antes de que cerrara los ojos. Mis lágrimas comenzaron a derramarse a cántaros. No. No había tiempo para dramas y crisis. Debía llamar a la ambulancia. Su celular sonaba una y otra vez. Después de colgarle a la enfermera, respondí la llamada. Yamapi llegó en menos de quince minutos al hospital y me gritó como nunca antes me habían gritado. No podía refutarle nada. En cierto modo sí era culpa mía que Ryo-chan estuviera postrado en esa cama debatiéndose entre la vida y la muerte en esos momentos.

Mi alma regresó a mi cuerpo cuando el doctor salió y nos dijo que estaría bien en unos días. Estaba vivo. Por milésima vez había sobrevivido aún a pesar de sus esfuerzos por quitarse la vida. El hecho de que le dijera a Yamashita en tono tan serio "ya le había dijo que lo mantuviera vigilado, sigo creyendo que si no puede cuidar de él en casa, lo mejor es internarlo en una institución psiquiátrica " hizo que se me helara la sangre y cuando finalizó su sermón con un frío "no aseguro que su cuerpo vaya a soportar otro intento de suicidio así que será mejor que decida lo que hará con él de ahora en adelante..." terminó por derrumbarme. Corrí a su habitación. No quería escuchar nada de aquello, sólo quería estar a su lado, sostener su mano y hacerle saber que estaba ahí con él… que lo amaba y que no lo dejaría morir.

El primer día fue el más difícil de afrontar. Había sufrido una crisis a media noche y aunque habían logrado estabilizarlo, no sabrían cómo estaba realmente hasta que despertara. Verlo tan delicado y débil me rompía el corazón. Los vendajes en su muñeca me recordaban constantemente que había estado a punto de perderlo para siempre. Aún a pesar de mi pánico a las agujas, fui el primero en ofrecerse como donante, aún cuando obviamente, no me lo permitieron, supongo que en ese momento no pensaba con claridad. Lo único que me importaba era que se recuperara. Teníamos tanto de que hablar y había tantas cosas que nos quedaban por vivir y compartir...

El segundo día transcurrió con lentitud. Los aparatos que tenía conectados le daban un aspecto aún más deprimente a su delgado y pálido cuerpo. Yamashita insistía en que me fuera y me alejara de él para siempre, pero no iba a obedecer lo que alguien como él me dijera. Aún así, el miedo a que fuera mi Ryo-chan quien me pidiera que me largara y nunca más volviera, me hacía tener pesadillas durante los pocos ratos que podía dormir. Pero tampoco quería que despertara y no me viera ahí, así que poco me alejaba de su lado en todo el día. Pasaba las horas hablándole y cantando en su oído. Sabía que eso le gustaba. Aún era así, verdad? Él podría escuchar mi voz, cierto? Me aferraba con todo el corazón a creer que podía hacerlo y que eso le demostraría cuánto lo necesitaba, cuánto lo amaba.

Después del tercer día, las horas se volvieron mis peores pesadillas y los minutos, sus mortales verdugos. Aunque ya el doctor nos había advertido que era probable que nunca despertara del coma, yo me negaba a aceptarlo. Lo conocía. Al menos lo suficiente como para saber que saldría de esta... sólo necesitaba encontrar una razón para querer seguir viviendo. Podría otra vez ser yo su razón de existir así como él lo era para mí?... Mis monólogos continuaron. Tenía la tonta esperanza de que mi voz lo guiara de regreso a mí. Así que no me cansaba de contarle una y otra vez nuestra historia de amor, cada una de las cosas que amaba de él, cada uno de los preciados recuerdos a su lado que ocupaban cada espacio dentro de mi mente y mi corazón.

El primer mes me resultó la peor tortura. Estaba harto de la vida de hospital. Tan sólo quería llevarlo a casa. Aparentemente estaba recuperado. Por qué demonios no abría los ojos y me miraba aunque fuera con odio por lo que le había hecho? El sentimiento de culpa comenzó a rondar mis pensamientos... Si tan sólo no me hubiera ido nunca de su lado... Si tan sólo hubiera regresado mucho antes... Si tan sólo no hubiera perdido tanto el tiempo hablando con nuestro casero... Qué caso tenía… Ya nada haría desaparecer la marca imborrable que le había dejado en el corazón. Había cometido un pecado que tal vez jamás merecería ser perdonado. Sí. Tal vez esta sería mi condena... vivir el resto de mis días anhelando volver a escuchar su voz y ver sus ojos, su sonrisa, teniéndolo a mi lado pero sin tenerlo conmigo nunca más. No. Ese no era el futuro que quería para nosotros. Yo lo quería de vuelta conmigo, como siempre…


Lloraba amargamente sujetando su mano con fuerza, rogando a cualquier fuerza suprema que estuviera dispuesta a escuchar a alguien tan miserable como yo, que el amor de mi vida pudiera abandonar aquella oscuridad en la que su alma estaba sumida y que volviera a caminar bajo el cielo azul... aún si no era de mi mano, hasta que me quedé dormido.

Me despertó una sensación extraña. Tal vez provocada por algo que soñaba. La verdad no estaba seguro. Primero fue un leve movimiento que de inmediato atribuí a mi imaginación, o como tantas otras veces, a un reflejo producto de su sistema nervioso que seguía trabajando con normalidad; después fue más fuerte, como si tratara de mover los dedos de su mano para asegurarse de que todavía estaban ahí. Aún estaba adormilado pero me decidí a abrir los ojos para asegurarme.

No. No era mentira. No era una alucinación. Mis oraciones habían sido respondidas. Había abierto los ojos.
-Ryo-chan?...- Lo llamé aún amodorrado. Parecía confundido mirando en todas direcciones, por momentos cerraba los ojos y un dejo de dolor cubría su rostro antes de volver a abrirlos. –Ryo-chan…- Oprimí su mano para hacerle saber que estaba ahí. Lentamente giró su rostro hacía donde yo estaba pero no parecía verme realmente. Cerraba y abría los ojos como si no pudiera ver con claridad. -Amor, me oyes?...- Entrecerró los ojos mientras seguía mirándome, no podía dejar de sonreírle, mis lágrimas habían comenzado a caer pero nada me importaba en ese momento más que saber que estaba ahí. Abrió la boca pero sus palabras no tenían sonido. Casi sin fuerzas, su mano subió hasta mi mejilla. -Bienvenido...- Me sentía tan dichoso que mi sonrisa parecía ya no caberme en el rostro. Sus dedos acariciaban débilmente mis labios mientras sus lágrimas rodaban silenciosas hasta perderse en la almohada. No dejaba de mirarme como si tampoco pudiera creer que yo estaba ahí. De nuevo intentó decirme algo, pero no pude escucharlo. Él no tenía por qué decir nada, yo era quien debía hablar en ese momento, tenía tantísimas cosas que decirle, pero quería empezar por las más importantes, las que más necesitaba hacerle saber. -Perdóname, amor... Perdóname por todo...- Lo abracé con cuidado. Cielos… cuánto ansiaba poder sentirle así. Terminé rompiendo en llanto cual niño pequeño. -No debí alejarme de ti. Fui un estúpido... Perdóname... Quiero estar contigo para siempre. No existe nadie más a quién pueda amar si no eres tú...- Apenas si podía hablar de tanto que sollozaba. -Déjame estar contigo una vez más...- Susurré mientras le llenaba de besos dulces los labios. Lo necesitaba tanto que no entendía cómo había podido vivir sin él todos estos meses.
-Estúpido egoísta...- Murmuró en mi oído cuando lo volví a estrechar entre mis brazos, sus brazos se aferraron suavemente a mi espalda. -Por qué tardaste tanto en volver?!... No vez que estuve a nada de morir por tu culpa?...- Su voz sonaba lejana, pero podía oírla, por fin podía escucharlo nuevamente, así que ni siquiera me importaba si me decía de cosas, merecido lo tenía.
-Perdóname, Ryo-chan... Te amo y no volveré a dejarte solo nunca más... Ya entendí que no necesito desear nada a las estrellas porque si tú estás conmigo no necesito nada más...- Solté de corrido todo lo que sentía en ese momento. Se separó un poco y me miró, con tanta ternura que sentí que mis mejillas se ruborizaban.
-Estúpido... Y tenías que largarte para descubrirlo?...- Apoyó su frente contra la mía.
-No... Tenía que alejarme para que descubrieras que soy tu única y más poderosa razón para estar vivo...- Se rió y me besó. Besos y besos que gritaban todo lo que no habíamos podido decirnos en todo el tiempo que estuvimos separados. Mi mayor miedo había quedado en el olvido… Ryo, mi Ryo no me odiaba, no me gritaba histérico que desapareciera para siempre de su vida. No. Sus besos decían que me amaba tanto como los míos le decían que lo amaba.
-Narcisista...- Murmuró entre risas cuando por fin nos separamos para tomar aire.
-Pero así me amas...- Hice una de mis caritas más adorables al tiempo que volvía a acomodarlo en la cama. Aunque no quisiera que nadie ni nada nos arruinara el momento, todavía debía llamar al doctor para que lo revisara. Debíamos asegurarnos de que todo estaba bien.
-Uhn...- Asintió y me jaló para recostarme sobre su pecho. No dejaba de mirarme, como si fuera la primera vez que me veía, tal vez tratando de memorizar cada milímetro de mi rostro. Empezó a besarme otra vez. Y así continuó llenándome de mimos y besos hasta que se quedó profundamente dormido. No quise que nadie lo molestara, de algún modo se veía tan apacible, que sentí como si fuera la primera vez que dormía así desde que me fui, así que quería que descansara. Ya había tenido suficientes pesadillas para toda una vida, así que merecía tener dulces sueños de ahora en adelante.

Sí. Quería pasar cada uno de mis días a su lado. Viviría mi vida haciéndolo sonreír mil veces por cada una de las lágrimas que había derramado por mi causa. Me aseguraría de alejar para siempre todo el dolor de su corazón y de que fuera feliz por el resto de sus días.

Lo amaba más que a nada en la vida y no estaba dispuesto a perderlo.  Así que estaba decidido a dar todo de mí por hacer que esto funcionara, para poder seguir compartiendo mi vida a su lado y continuar escribiendo nuestra historia juntos.

Porque nada de lo que hubiera en mi pasado valía lo suficiente como para perder un sólo segundo más de mi presente. Porque cualquier cosa que viviera con Ryo valía la pena con tal de construir un futuro donde estuviéramos él y yo amándonos.

Sí, ahora sé que aunque puedan existir heridas imborrables que nos dejen marcados de por vida recordándonos que hay cosas y personas que nos lastimaron, no hay ninguna que duela por toda la eternidad. Siempre habrá una cura milagrosa para todos los dolores… la mía la encontré en ti.



Read more

Un malentendido (KoyaShige)





Título: Un malentendido.
Autor: Lilith
Pairing: Koyama + Shigeaki 
Fandom: NewS
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai / ComediFic
To: To Zono, que ama a este par y nunca le había escrito un fic XD 
Es muy baka, pero espero que te guste n.n






-Te digo que es inútil, Yucchi...- Suspiraba el mayor haciendo que su figura se viera menos alta y delgada de lo que en realidad era, tal vez por el abrigo que llevaba puesto o por lo mucho que se encogía en si mismo al terminar de contarle a su amigo lo que le pasaba últimamente con la persona que había amado por más de diez años.
-Mmm... no lo veo de ese modo, Koyama-kun... deberías hablar con él. Tal vez sea sólo un malentendido...-
-Lo dices porque no sabes por lo que estoy pasando...- Ese puchero hacía que se viera mucho más joven que su interlocutor, que lo miraba en silencio pacientemente.
-Te equivocas... Crees que no sé lo que sientes estando en medio de Jin, Kame, Koki y Junno, que siempre están buscando la atención de Tat-chan? Vaya... y eso sin contar a Okura-kun, Hiromitsu-kun, Dai-chan y los que se han sumado a la lista en el camino... Créeme, entiendo, tal vez mejor que tú, por lo que estás pasando...-
-Bueno... creo que tienes razón... Nada podría ser más horrible que el hecho de que acosen a tu novio a donde quiera que vaya... al menos a Shige no lo pela ni el perro de Tego... Bueno, no me refiero en sí a Tego, sino a Cookie, su perrito...- El otro no podía dejar de reír a carcajada suelta. Una pequeña broma local entre él y sus compañeros de grupo había regresado a su memoria justo en ese momento tras escuchar el comentario del mayor.
-Mira, la cosa es que tu problema con Kato-kun, es tan sólo debido a la falta de comunicación que han tenido en las últimas semanas por su escuela y tu trabajo... Deja de darle vueltas al asunto y mejor pregúntale qué le pasa... Tú lo conoces mejor que nadie y deberías de saber que cuando se aleja de todo y de todos de este modo es porque algo le pasa y no quiere preocuparlos, tú mismo me lo has dicho.-
-Creo que tienes razón, Yucchi... será mejor que le pregunte directamente si está enojado o sentido conmigo por algo o si sólo está demasiado estresado por su tarea...-
-Sí, será lo mejor para ambos...-
 -Ay, Yucchi, cómo es que eres tan sabio?...-
-Jajaja eso qué?!... no es que lo sea, es sólo que estoy en medio del fuego cruzado todo el tiempo... sin contar lo "especial" que es Tatsuya...- Los dos reían por lo bajo; ambos sabían a lo que se refería Nakamaru. El chico en cuestión podía ser cualquier cosa menos un chico común y corriente, pues percibía el mundo de un modo tan diferente, que resultaba una existencia "única" y nadie lo sabía mejor que su novio.


Siguieron caminando a través del asfalto húmedo hasta llegar a la estación del tren, que era donde se separaban sus caminos para ir a sus respectivas casas.
-Mira! Parece que este es tu día de suerte, Koyama-kun...-
-Eh?! Por qué?...-
-Porque justamente allá va Kato-kun...- De inmediato miró en dirección a donde su amigo veía detenidamente. Ahí estaba él, como siempre bien vestido, bajando los últimos escalones para detenerse en el andén.
-Oh, cierto!...- Sentía que se le saldría el corazón por la boca de la emoción. -Espera... qué hace aquí si dijo que tendría clases hasta tarde por un examen?-
-Bueno, debe haber salido más temprano...-
-Es cierto... Shige no es del tipo de los que se vuelan las clases, verdad?-
-Así es... Bueno, tigre... Ve a por él...- Le dio un empujoncito en la espalda y se despidieron con una sonrisa de complicidad.

Koyama bajaba cada escalón pensando en lo que le diría al menor una vez que se presentara frente a él. El corazón latiendo a mil por hora. La típica sensación en el estómago, producto de los nervios.
-Geshika!!!- Reconoció la voz de inmediato. Como podría no hacerlo. Conocía a Kusano desde hacía tanto tiempo como a Kato. Además el chico tenía una personalidad difícil de ignorar. No era raro que ese par quedaran para ir a algún lado. Lo que le pareció extraño fue que no lo hayan requerido a él. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba ahí a tan sólo un par de metros de él. Su radiante sonrisa no era para él. La gente subió atropelladamente llevándolos consigo una vez que se abrieron las puertas del vagón. Se había ido.

Parpadeó un par de veces incapaz de diferenciar si había alucinado, si soñaba despierto o si realmente había visto a su querido "Shige" yéndose con otro chico sin decirle nada.
-Ah, no debo pensar tonterías... nunca me haría algo así, es Shige...- Su celular sonaba. -Tegoshi?-
-Hola, Keii-chan! Qué haces? Vamos al centro comercial? Quiero ir de compras pero Masu se fue el fin de semana a casa de sus padres... Y tú eres tan bueno, que no me dirás que no, verdad?- Como solía hacer, habló y habló, tan rápida y efusivamente, que Koyama apenas si podía seguirle el ritmo, limitándose sólo a escuchar. -Vale, entonces paso por ti a tu casa en una hora... y para que veas que soy bueno con mi kaa-chan, te invitaré a cenar, nee~- Y así sin más, terminó arrastrando al mayor a una tarde de despilfarre, "made in Tegoshi", en el centro comercial más exclusivo de la ciudad. A menudo pasaba esto y Koyama terminaba de algún extraño modo haciendo todo lo que el menor quería. A veces estaba seguro de que lo hacía a propósito. Lo de no darle oportunidad a decir algo mientras hablaban, así no podría negarse a ir con él o hacerle algún favor. Igual ya se había acostumbrado. Era Tegoshi.

A falta de algo mejor que hacer por la tarde, dado que sus planes parecían haberse ido al caño, optó por acompañar a su amigo. Un poco de sus tonterías, otro tanto de sus risas y una que otra conversación seria, ayudarían a alejar de su mente las cosas que pensaba en ese momento con respecto a su novio y a su mejor amigo. No le gustaba lo que había dentro de su cabeza en ese instante. No se sentía él mismo. Y odiaba lo que era en ese momento.

-Gomen ne... Se me hizo tarde estando al teléfono con Masu...-
-Ah, no te preocupes... Igual acababa de llegar...-
-En serio? Dónde estabas?-
-Fui a caminar por ahí. Estuve con Yucchi en la mañana...-
-Oh, con Nakamaru-kun?... y tu súper-perfecto novio?-

Silencio.

Una risita nerviosa.

Una mirada desviada.

-En la escuela... Tendría clase por la tarde...-
-Mmm... con razón...-
-Qué cosa?!-
-Tranquilo... no seas tan efusivo al hablar, no necesitas gritar, Keii-chan, sí te escucho...- Esa mezcla de inmadurez, incredulidad y diversión, siempre le había parecido adorable, pero a veces era como comer demasiados dulces: hastiaba. -Tan sólo lo decía porque siendo viernes por la tarde, pensé que no vendrías porque estarías con Shige...-
-Oh... pero pues ya viste que no...-
-Estás bien?... actúas raro...- Se le acercó tanto que podía sentir su tibia respiración en su propio rostro.
-Hazte para allá!- Dio un paso hacia atrás.
-Mmm... confiesa. Qué pasó?- Sí, de algo le servía la universidad, y una vez que se daba cuenta de algo, podía ser molestamente perseverante para averiguarlo. A Koyama le resultaba imposible esconderle las cosas, así que optó por mejor contarle lo que había pasado un par de horas antes en el andén del metro mientras iban de camino al centro comercial.

-Mmm... Ya veo... Estúpido Shige...- Era raro verlo tan serio. Su apariencia cambiaba por completo. El niño lindo y adorable de rostro tan delicado que hasta parecía niña había quedado atrás para darle paso al Tegoshi serio y analítico que incluso se enojaba a veces y hasta daba miedo. -No te preocupes, Keii-chan, me tienes de tu lado, te ayudaré a averiguar qué demonios pasa con Shige...-
-Tegoshi... gracias...-
-Ah! Ya sé!- De pronto volvió a ser el chico sonriente de siempre. -Vamos!- Lo tomó de la mano y echó a correr hacia el elevador.

-Tegoshi... agradezco mucho tu ayuda pero... era necesario que te vistieras así?- Decía al mirarlo salir del probador usando un bonito vestido rosa con unos mallones negros y una peluca lacia de cabello negro que le llegaba hasta los hombros.
-Por supuesto!- Daba escalofríos verlo actuar de ese modo. Poseía incluso la coquetería natural de una chica de su edad. - De qué otro modo podríamos seguirlos si no es disfrazados?- Decía al tiempo que le acomodaba la peluca a su amigo, que estaba sentado afuera de los probadores de damas. -Listo! Ahora sí te ves digno de acompañar a una chica tan bella como yo...- Guiñaba un ojo con una gran sonrisa, pasando su cabello hacia atrás de su hombro con el dorso de la mano. Koyama lo miraba estupefacto. No pudo evitar soltar una carcajada.
-Te pasas... pero sabes?, tengo una queja contra mi "novia"...-
-Ah sí?-
-Sí...- Tegoshi lo miraba perplejo sin tener mínima idea de lo que hablaba. -...por qué tu vas disfrazado de pies a cabeza y yo sólo llevo puesta esta peluca?!- Los dos echaron a reír haciendo que todas las señoras que estaban cerca voltearan a verlos.

-Aló?... Kusa-chan?... Dónde estás?... Mmm... Y qué haces ahí?... Mmm... Buuu y yo que quería invitarte a comer... No, nada. Tengo que tener un motivo oculto para querer salir con un viejo amigo?... Jejeje... Supongo que sí nos conocemos desde hace mucho, verdad?... Es que quiero ir de compras, pero Masu se fue el fin de semana a casa de sus padres... Que le diga a Keii-chan? No, es viernes, seguramente estará con Shige en algún lado, es el único día que pueden estar solos... Bueno, ya que... Tendré que llamar a Kame-chan... Bye bye!- Koyama lo miraba con los ojos abiertos como plato. A veces le daba miedo comprobar cuán manipulador y calculador podía llegar a ser a pesar de esa carita de angelito que se cargaba. -Y así de fácil se engaña a alguien de inteligencia inferior... Están en Harajuku. Por el ruido que se escuchaba al fondo, deben estar cerca del distrito comercial donde solíamos ir cuando salíamos del instituto, recuerdas?-
-Sí... dónde estaba aquel restaurante de comida china que nos gustaba, no?-
-Ajap... No escuché a Shige, pero Kusano titubeó cuando mencioné que ustedes dos deberían estar juntos en estos momentos... lo cual quiere decir que está con él aunque tal vez no estaban juntos cuando contestó... No creo que estén haciendo éso y áquello porque de ser así no hubiera respondido el teléfono, sin contar que se escuchaba un gran bullicio, ósea que estaban en un lugar concurrido, tal vez comiendo o en alguna tienda. Además respondió rápido, tal vez espera una llamada... Por qué me miras así?-
-Es que... eres genial...- Lo contemplaba con ojitos deslumbrantes. -Eres como un detective privado!-
-Ay, que exagerado... vamos... Si nos damos prisa, los alcanzamos en menos de media hora...-

El mayor caminaba con la mirada en el piso. No porque fuera sumido en sus pensamientos. No porque estuviera preocupado. No porque se sintiera mal... Sino porque le apenaba ser el centro de todas las demás miradas debido a la hermosa "chica" que caminaba alegremente tomada de su brazo y que, se lo propusiera o no, atraía las miradas de hombres y mujeres por igual por donde quiera que pasaran. Y aunque al principio le divirtió la situación, después de veinte minutos recordó por qué había desistido de salir con personas del sexo opuesto: no soportaba la idea de que miraran así a "su chica" y mucho menos que le soltaran uno que otro piropo en la calle. Lo entendía. Sabía que Tegoshi era sólo su amigo, pero aún así terminó abrazándolo posesivamente durante el resto del camino. Cosa que no hizo más que divertir de lo lindo al menor.

Caminaron por la angosta y concurrida calleja del distrito comercial Sakuraba durante un par de minutos. No les tomó mucho más que eso encontrar al par de chicos que reían escandalosamente dentro de un restaurante de fideos llamando la atención de cuanta chica les pasaba cerca por su aspecto fashionista y su rostro perfecto de amplia y resplandeciente sonrisa. Sin embargo, a ninguno de ellos les importaba en lo más mínimo. Estaban completamente metidos dentro de su burbuja verde riendo a carcajada suelta de quien sabe qué cosa, que seguramente no serían más que tonterías sin sentido pero realmente graciosas de boca de ambos. Así era su sentido del humor. Tan peculiar como ellos. No por nada eran mejores amigos desde hacía tantos años. Y siendo sinceros, si no estuvieran un poco zafados de la cabeza, probablemente no serían los mejores amigos de Koyama, sobre todo por la diferencia de edad.

-Shige, maldito! Cómo puede disfrutar tanto la compañía de alguien que no sea Keii-chan?-
-Siempre se porta así con todos, Tegoshi, no seas exagerado. Si también es así contigo...-
-Ah... cierto...-

Un silencio. Un par de carcajadas más. El murmullo de la multitud a su alrededor.
-Vas a seguir quedándote callado? Di algo!-
-No sé qué decir...-
-Entonces entremos...- Y sin más, la dulce y encantadora chica tomó del brazo a su guapo y bien vestido novio y entraron. Fue inevitable que tanto hombres como mujeres pusieran sus ojos en aquella pareja. Koyama se sonrojó un poco y optó por conducir a Tegoshi hacia el rincón más cercano a la mesa donde estaban su novio y su amigo.
-Bienvenidos! Puedo tomarles su orden?...- La chica no dejaba de mirarlo embobada por esos ojos tímidos que se semi ocultaban debajo de aquellas gafas.
-Puedes traerme un jugo de naranja con agua mineral, por favor?- Incluso su voz podía pasar por la de una chica.
-Claro...- De inmediato volvió a poner toda su atención en aquella alta y delgada figura bien trabajada. -Y para usted...?-
-Un té verde...- Ni siquiera la miró realmente. Sólo le dedicó una sonrisa por mera cortesía. Pero ella sentía que caminaba sobre nubes tan sólo ante ese fugaz gesto. Cosa que por supuesto no le pasó desapercibida a Tegoshi, quien de inmediato se aferro con ambas manos a Koyama, recargándose cariñosamente sobre su hombro derecho y dedicándole una mirada asesina a la mesera, que de inmediato se fue rumbo a la barra para entregar su pedido.
-No puedo escuchar lo que dicen!...- Le susurraba frustrado el menor al oído.
-Me preocuparía más que pudieras hacerlo...- Ambos rieron.

-Crees que ésto esté bien?...-
-Por qué te comportas como un niño temeroso de ser regañado por su mamá, Shige?... Si realmente no estás seguro de lo que estás haciendo, mejor no lo hagas... y no me arrastres contigo.- Kusano lo reprendía un poco fastidiado. Era la novena o décima vez que le preguntaba lo mismo y sinceramente ya lo había hartado porque todo aquello había sido idea del mayor. Él sólo había aceptado porque no tenía nada mejor que hacer. Tan simple y sencillo como eso.
-Ah, tienes razón... Quiero hacer esto. Todo saldrá bien. Y no afecta a nadie si no se entera, cierto?...-
-Bien, ya empiezas a sonar más como yo...-

Silencio. La risa de una chica. El murmullo de la gente. El olor a comida.

-No estoy muy seguro de querer eso, Kusano...-
-Ey!- Un manotazo rápido fue a dar directo a su nuca. -Para la otra le dices a alguien más, eh?!-
-No te enojes... no podría hacerle esto a Koyama con nadie que no fueras tú...-
-Disculpa?... Se supone que eso es un halago o una ofensa?... Creo que no entendí...-
-A lo que me refiero es que, además de Koyama, no podría pensar en nadie que no fueras tú para hacer esto...-

Para desgracia de ambos chicos, justo en ese momento el bullicio había disminuido casi por completo. Y parte de aquella plática había llegado a oídos de quienes se sentaban en la esquina más cercana a la entrada.
-Keii-chan?...- El pobre apenas si daba crédito a lo que acababan de escuchar su oídos. Se había levantado más por un reflejo que otra cosa, porque ni podía regresar al asiento ni podía hacer que sus pies le obedecieran para salir de ahí. -Keii-chan...- Al ver que su amigo caminaba como zombie hacia afuera, Tegoshi se apresuró a pagar y salir corriendo detrás de él. -Keii-chan!... espérame!-

Reconoció aquella aguda e infantil voz de inmediato. Volteó enseguida pero sólo alcanzó a ver una larga y lacia cabellera saliendo del lugar. Se levantó como impulsado por un resorte, tan sólo para comprobar que no era otro sino su novio quien caminaba delante de aquella menuda y linda "chica".
-Koyama?...-
-Dónde?- Al ver que su amigo se apretaba contra el vidrio buscando algo o a alguien con desesperación, hizo lo mismo. -...No es ese Tegoshi?-
-Tegoshi?!- Salió disparado hacia afuera sin tomarse la molestia siquiera de agarrar sus cosas. Igual sabía que Kusano las cuidaría por él y se las regresaría sanas y salvas.

Buscaba con desesperación la alta figura acompañada de aquella grácil chica que corría a su lado entre la multitud, pero no lograba dar con ninguna de las dos.
-Cómo puede rogarle a ese chico estando ella tan hermosa?... sí yo fuera él no la apartaría nunca de mi lado...-
-Ya sé...- Algo le dijo que esos chicos hablaban de sus amigos. Sin duda Tegoshi lograba ese efecto. Incluso él había sido víctima de sus encantos la primera vez que lo vio vestido así mientras le gastaba una broma al salir de la universidad. Sin pensárselo mucho echó a correr en la dirección a la que ambos chicos miraban. A lo lejos alcanzó a escuchar la voz del menor llamando a Koyama.
-Deja de ignorarme! Qué no sabes cuán difícil es correr usando tacones?! Sé más considerado!...- El mayor se detuvo de súbito. Por un breve instante se había olvidado por completo de ese pequeño detalle. Al mirar a su amigo no pudo reprimir una carcajada. Todo el glamur había quedado atrás quién sabe hacía cuántas cuadras, el pobre estaba despeinado y sudando, un tanto inclinado sujetándose las piernas en un vago intento por recuperar el aliento después de la carrera; y es que al ser mucho más alto que él, Koyama daba pasos larguísimos en comparación a los de Tegoshi, quien aún cuando le seguía de cerca, tuvo que comenzar a correr una vez que su amigo apretó mucho más el paso.
-Ay... Lo siento...- Apenas si podía hablar de lo mucho que reía.
-Y encima de todo te burlas de mí!!!-
-No, es que... No, nada...- No iba a decirle que se reía de imaginarlo corriendo vestido así detrás de él. -...haber, déjame acomodar ésto...- Con cuidado le acomodaba los mechones de cabello que caían a ambos lados de su rostro. -Lo siento, Tegoshi... me olvidé por completo de ti... A que soy un mal novio, verdad?-
-Eres el peor novio que he tenido, Keii-chan...- El menor le hacía pucheros mientras Koyama sacaba su pañuelo del bolsillo y le secaba las gotitas de sudor que se habían formado sobre su frente.
-Koyama?...- Los dos voltearon de inmediato al escuchar la voz de Kato, quien, desde donde estaba parado, parecía contemplar una romántica escena entre dos amantes.
-Shige...- Quería correr y echarse a sus brazos, pero el eco de aquella conversación que había escuchado minutos atrás lo golpeó con fuerza en el pecho ocultando sus palabras por temor a romper en llanto.
-Con que de esto se trataba?...-
-Eh?!...- Al ver que simplemente se daba media vuelta para alejarse, el mayor sintió que un escalofrío se apoderaba de su cuerpo. Algo le impedía reaccionar conforme a lo que dictaba su cerebro. Tegoshi se acercó amenazante y sujetó a Kato con fuerza.
-A dónde crees que vas?... Creo que tienes muchas explicaciones que darle a Keii-chan...-
-Ah?... Darle explicaciones?... Y se puede saber de qué o cómo por qué?... El único que tiene que recibir una explicación aquí soy yo!... Cómo pude ser tan imbécil como para no darme cuenta de lo que se traían ustedes dos...-
-De qué demonios hablas?!- Como a menudo pasaba, Kato y Tegoshi terminaron discutiendo a gritos. -Con qué derecho insinuas esas cosas cuando eres tú quien engaña a Keii-chan con su mejor amigo!!!...-
-Engañar a Koyama?!... Estás mal de la cabeza o qué?... Entonces, como piensan que tengo algo con Kusano se sienten con derecho de hacer lo mismo como desquite?!-
-Qué?!!! Eres un estúpido, Shige!... Koyama sólo tiene ojos para ti...- Tegoshi estaba realmente furioso.
-Espera... Tegoshi...- Shige, que ya había captado que todo era tan sólo un tonto malentendido, trataba de hacer callar al menor, quien en su apasionamiento, no podía escucharlo. -Tegoshi...-
-Ha sido así desde la primera vez que te vio y será así hasta la última vez que te vea!!!...- Se resignó a tener que escuchar todo lo que tuviera que decirle. -...Pero tú...-
-Alto! Alto! Alto!- Kusano venía corriendo con las manos ocupadas con todas las cosas que habían comprado a lo largo del día. -Pero que manera de amargarse la existencia... Hola, Keii!- El mayor no supo cómo reaccionar, ya estaba demasiado confundido como para saber qué hacer o qué decir.
-Tú no te metas, destructor de hogares!-
-Ah?!!! Y ahora qué hice?!-
-Yo te pongo al tanto... Creen que tú y yo tenemos algo...-
-QUÉ?!!!- Lo conocía tan bien, que sólo de ver su expresión facial, Koyama supo que no podía ser posible. Kusano terminó estallando en tremendas carcajadas. -Son idiotas o qué?... Bueno, tú no necesitas responder, Tegorin... Keii, crees capaz a Geshika de engañarte?... Me crees a mí capaz de traicionarte con nuestro mejor amigo?-
-N-no... pero escuchamos su conversación en el restaurante y yo...-
-Conversación?...- Volteó de inmediato a ver a Kato, quien también tenía cara de no entender nada.
-Ah!...- Dijeron de pronto los dos al mismo tiempo.
-Pero si serán tontos... Si se hubieran quedado un poco más hubieran escuchado que habíamos encontrado el regalo de aniversario perfecto para Keii...-
-Regalo?- Ahora era Tegoshi quien parecía no entender lo que pasaba.
-No creerás que iba a ir contigo a comprar tu regalo si lo que quería era darte una sorpresa, verdad?-
-Shige...-
-Ok... Ahora que todo quedó aclarado... Es hora de que esta señorita y yo salgamos de escena... Ustedes dos tienen mucho de que hablar y yo quiero ir al cine, pero quien prometió llevarme ya no podrá, así que tendrás que ir conmigo, Tegorin... Sería un desperdicio no presumir ese vestido, verdad?- Acto seguido lo tomó del brazo y se alejaron calle arriba por donde habían llegado. -Dejaré todo ésto en mi depa, ok?... Al rato pasas por ellos... Ya olvídense de todo y vayan a revolcarse por ahí...-
-KUSANO!!!- Gritaron los dos, rojos como jitomates, ante el comentario de su amigo.

-Perdóname...-
-Por qué?...-
-Por haber pensado mal de ti... No debí...- Lo calló de la mejor manera que conocía. -Shige...- Sus besos siempre tenían ese efecto embriagador y adictivo que tanto amaba.
-Eres la persona más importante de mi vida y no pienso vivir sin tu sonrisa, sin tu mirada, sin tus caricias, ni un sólo día de mi existencia... Siempre has sido y serás el único para mí, Koyama...-
-Te amo...-
-Yo también... Feliz aniversario...- Ni siquiera le hicieron mucho caso a la caja con envoltura plateada que poco a poco calló de la cama. Tan sólo les importaba el sabor de su piel y el sonido de su voz mientras se comían a besos debajo de las sábanas.



Read more

Una vez más. (RyoTego)






Título: Una vez más.
Pairing: Nishikido Ryo + Tegoshi Yuya 
Fandom: NewS

 ~One more time, one more chance - Yamasaki Masayoshi~
Tipo: One-shot
Género: Shonen Ai
To: Luz (partner, espero que te guste la conti tanto como la primera parte y que dejes de odiar a la Hime por hacer llorar a la Hebi XD en el prox shot lo perdonarás)
N/A: Esto es secuela de "Una Mentira"






Se había ido. Todo mi mundo era una prueba de su paso por mi vida. Mi cama, mi ropa, mi almohada, todo aquí seguía oliendo a él. Todas las noches me despertaba empapado en sudor llorando debido a la angustia y al miedo de estar solo y veía su rostro desvanecerse de mi lado cuando trataba de tocarlo buscando un poco de consuelo en su sonrisa dulce.

Sabía que no estaba ahí, no tenía por qué estar ahí, lo entendía a la perfección, pero aún así, tontamente lo buscaba en cada rincón de la casa al llegar esperando que hubiera vuelto mientras no estaba y que me diera la bienvenida como siempre en medio de un abrazo y miles de besos, pero la respuesta era siempre la misma: un silencio absoluto que me oprimía el pecho hasta hacer que mis lágrimas fluyeran sin cesar hasta que ya no podía llorar más.

Lo veía en todas partes. Fuera a dónde fuera e hiciera lo que hiciera, él siempre estaba ahí en algún lugar. ¿Cuántas veces me había desviado de mi camino a casa al salir de la oficina por ir detrás de alguien que juraba que era él sólo para comprobar al final que no era más que una mala pasada de mi imaginación desesperada por recuperarlo?

Ah... estaba tan cansado de ver su figura en alguna estación del tren,  cruzando alguna calle, dentro de alguna tienda, saliendo del centro comercial. Tan cansado de escucharlo llamarme de pronto mientras yo caminaba cabisbajo en medio de la multitud haciéndome voltear súbitamente tan sólo para comprobar que no estaba ahí. ¿Hasta cuándo se iba a prolongar esta pesadilla? Mi mente estaba a punto de cruzar esa delgada y apenas perceptible línea entre la imaginación y la locura. Sí, sabía que no tenía por qué estar ahí... pero mi mente no dejaba de evocarlo a cada segundo, alimentada por mi corazón con cada recuerdo vivido que evidenciaba su ausencia haciendo del vacío que me había dejado, un abismo oscuro, temible y eterno al que estaba a punto de caer inevitablemente. ¿Cómo no pude presentir el final de esta historia? Creí que lo conocía, que sabía lo que sentía, cómo pensaba. Me equivoqué... puede que así haya sido siempre, que sólo haya sido su entretenimiento, un premio de consolación, o que algo ajeno a su voluntad lo apartara de mi vida... eso era lo que yo quería creer, que se había ido porque no tenía más remedio que hacerlo... tal vez nunca lo sabré. Estaba tan felizmente enamorado de cada milímetro de su existencia que no pude ver lo que estaba pasando. Tal vez no quise verlo.

Había llegado a mí de la nada una noche de viernes tan horriblemente cotidiana y aburrida, y del mismo modo me dejó así sin más, con sólo un extraño mensaje de voz grabado en el celular. Eso constituía la única prueba de que mis días con él no habían sido sólo un sueño, que no había sido tan sólo un producto de mi imaginación para consolar mi alma cuando más lo necesitaba. Ahora lo único que me conectaba con él era su voz diciéndole adiós a su presente para ir detrás de su pasado. ¿Quién demonios se creía? ¿Con qué derecho venía a sacudir mi mundo para luego dejarme en medio de esta maldita incertidumbre? ¿Quién sería yo ahora que se había ido llevándose todo lo bueno que había en mí? ¿En qué demonios me había convertido? ¿Qué quedaba de mí ahora?

El tan sólo pensar en las respuestas a todas las preguntas que volaban descontroladas dentro de mi cabeza, hacía que se me pusiera la piel de gallina y terminara rompiendo en llanto en medio de la noche. No quería éso como mi futuro. Definitivamente no lo quería.

El constante paso de las manecillas hacía todo más difícil de sobrellevar. Se volvieron mis pequeñas torturadoras personales. Y mientras el maldito tick tack cobraba fuerza hasta volverse un sonido insoportable, no podía evitar preguntarme qué estaría haciendo, si estaría comiendo bien, si estaría sonriendo, si estaría feliz, si podía continuar viviendo su vida sin mí del modo en que yo nunca podría seguir viviendo la mía por mucho que quisiera si él no estaba aquí. No pude soportarlo más. El reloj terminó en el contenedor de la basura unos días después cuando me harté de su constante vaivén. Pero aunque el ruido se había ido, mi necesidad de él seguía aquí, tan presente como los latidos de mi corazón haciendo eco dentro de las cuatro paredes de lo que se había terminado convirtiendo en mi mundo entero.

Cosas tan comunes como comer, dormir y reír, se volvieron tan molestas y cansadas de hacer, que terminé por hacerlas a un lado, total, ya ni siquiera notaba el inicio o el fin de cada día, así que, qué más daba si sólo me quedaba escondido en el interior de mi habitación debajo de las cobijas a esperar despertar de esta pesadilla.

Estaba tan harto de todo que incluso intenté acelerar las cosas, pero siempre llegaban Yamapi y su maldita preocupación a tiempo para evitar que lo consiguiera. Fue así como tijeras, cuchillos, espejos y todas las cosas que pudieran servir para hacerme daño de algún modo desaparecieron de mi alcance mágicamente al despertar una mañana después de que rompiera otro vaso para tratar de cortarme las muñecas por tercera ocasión ese mes.
-Ryo-chan, debes dejar de hacer estas estúpideces. No puedes seguir haciéndote daño de este modo... no siempre puedo estar aquí para cuidarte... hazlo por mí, si?- Escuchaba su voz en alguna parte de mi cabeza, pero no quería abrir los ojos para ver dónde estaba, de cualquier manera, sabía que siempre estaba aquí, se había vuelto mi maldita sombra y no me dejaba solo ni un momento, excepto cuando se iba a trabajar. Pobre iluso, como si fuera a pensarme las cosas sólo porque me lo pidiera. Hacía mucho que había perdido ese beneficio, ya no era nadie importante en mi vida como para que su bienestar me interesara. -...ya te dije que no te voy a dejar morir. No por su culpa.- Se había vuelto tan común saberlo aquí, que en algún momento pasó de ser una molestia a convertirse en una especie de ángel de la guarda que cuidaba de mí noche y día. Un ángel que me hacía sentir aún más miserable y desgraciado por todo lo que representaba en mi vida. Todo el daño que me había provocado antes de conocer a Tego, volvía a mí cada que escuchaba su voz preocupado por mí. ¿Después de cómo me había tratado, le importaba tanto como para tomarse todas estas molestias por mí? Era un hipocrita.

¿Qué era ahora el tiempo para alguien como yo? Un día podía serme un suspiro y un minuto podía volverse una eternidad pensando en él, en su risa exagerada, sus ojos inocentes, sus chistes tontos, sus labios suaves, sus manos delicadas, su melódico timbre de voz... Lo que más extrañaba sin duda era su dulce voz, susurrándome palabras dulces al despertar, cantándome algo antes de dormir, hablando de mil y un cosas a lo largo del día. Me hacía tanta falta escucharlo que me torturaba a mí mismo una y otra vez repitiendo sus últimas palabras hasta que lloraba tanto que, exhausto, me quedaba dormido, a veces por días completos.

No podía dejar de culparme por su partida...
Si tan sólo lo hubiera abrazado más...
Si tan sólo lo hubiera besado más...
Si tan sólo le hubiera sonreído más...
Si tan sólo le hubiera dicho que lo amaba unas veces más...

Otras veces no podía dejar de odiarlo por su partida...
Si tan sólo no me hubiera abrazado tanto...
Si tan sólo no me hubiera besado tanto...
Si tan sólo no me hubiera sonreído tanto...
Si tan sólo no me hubiera dicho que me amaba tanto...

Y luego venía el dolor intenso que me oprimía el pecho desde adentro como si me quisiera destrozar las entrañas. Un dolor tan profundo que sólo se mitigaba cuando conseguía hacerme el daño suficiente como para que mi umbral del dolor cambiara de objetivo... y sólo así, aunque fuera por un breve instante, dejaba de sentir que me iba a explotar en mil pedazos el corazón. Era como abrir una válvula para regular la presión. Con el tiempo se volvió casi una necesidad. Una muy dolorosa necesidad que cada vez necesitaba ser más intensa para cumplir con su cometido.

Un frío inexplícable se había apoderado de mi habitación. ¿Por qué insistía en abrir las ventanas por la mañana antes de irse? ¿Qué no sentía que se le congelaba el cuerpo en cuanto entraba? ¿Acaso quería evitar que muriera desangrado o intóxicado para que acabara conmigo una pulmonía y que al menos contara como una muerte natural y dejar tranquila su consciencia? Qué más daba... si éso hacía desaparecer mi patética existencia, no me molestaría ni que sazonara la comida con raticida. Ah... nuevamente mi mente comenzaba a pensar estupideces.

¿Qué tan tóxico sería beberse toda la botella de limpia pisos? ¿Podría desangrarme si me tomaba toda la caja de aspirinas y luego rompía la ventana para cortarme el brazo? ¿Realmente era mortal inyectarte aire con una jeringa? ¿Por qué simplemente no me dejaba de idioteces y saltaba por la ventana? Total, a esta altura era seguro que terminaba embarrado en el asfalto y que no sentiría nada al impactar contra el piso. No. Ese sería un espectáculo poco agradable de presenciar. No. No debía contagiar a otros con esta miseria. No. Sólo quería terminar con mi vida, no arruinarle la suya a los demás. Llegado a este punto no era raro que hasta las cortinas me parecieran buenas aliadas en caso de que decidiera colgarme en algún lado o que considerara seriamente la idea de arrastrarme hasta la cocina por un tenedor, dejar abierta la llave del lavabo y luego de inundar el departamento, freírme introduciéndolo en algún contacto; inclusive dejó de parecerme estupido eso de dejar caer la grabadora o el secador de cabello dentro de la tina; el problema radicaba en que Yamapi se había llevado la secadora y yo no tenía bañera. Estupida vida. ¿Se confabulaba con él para mantenerme vivo o qué? ¿Sería muy tardado y doloroso desangrarse si metía la mano dentro de la licuadora mientras funcionaba? ¿Por qué demonios no tenía cosas eficacez en casa? ¿Acaso era mucho pedir tener por ahí un poco de ácido nítrico, amoníaco, cícuta, ajenjo, o ya de perdida un arma de bajo calibre que pudiera usar en estos casos? Estupida vida. Todas las cosas buenas estaban prohibidas o eran ilegales.
-Ryo-chan... estás despierto?- ¿El pobre nunca se cansaba de hablarme? ¿Qué se ganaba con hacerlo si nunca obtenía respuesta de mi parte?... Si yo fuera él, seguramente me hubiera mandado al diablo después de la primera semana de lidiar con un muñeco de trapo carente de voluntad arrumbado sobre la cama. Pero no. Yamapi era tan bueno, que a poco estaba de rayar en lo idiota y volvía una y otra vez, a pesar de lo que le hiciera, sin importar lo que le dijera. Y a todo esto... ¿qué demonios hacía aquí? ¿Qué no se supone que estábamos en malos terminos después de todo lo que había pasado entre nosotros?, o más bien, por todo lo que NO había pasado entre él y yo durante todo el tiempo que se dedicó a jugar conmigo. Qué más daba. Ya se hartaría de ser la nana de un maniáco-depresivo con tendencias suicidas y me dejaría en paz de una maldita vez. Y hasta entonces, seguiría haciendo de cuenta que no existía. Y no es que me costara mucho conseguirlo. La mayor parte del tiempo ni siquiera recordaba que seguía aquí hasta que me daba cuenta de que me había quedado nuevamente a solas después de reparar en el hecho de que hacía ya buen rato que no lo oía hablándome de alguna cosa. Estaba tan sumido en mis pensamientos que poco me importaba lo que pasara a mí alrededor, y eso incluía a Yamapi. Igual no tenía tanta suerte como para que un monstruo interespacial destruyera mi vecindario al luchar contra robots de alta tecnología o que algo explotara en los ductos de ventilación desatando un catastrófico incendio en mi departamento o que inexplicablemente comenzara a fugarse el gas y muriera intóxicado. No. Esas cosas no le pasan a la gente con mala suerte como yo. Porque de no ser por eso, ¿cómo demonios había sobrevivido a mi primer intento de ahorcarme usando el ventilador de techo del estudio? Porque la maldita sabana que usé para atarme alrededor del cuello había sido atacada por polillas en el armario! Háganme el maldito favor! Y por si eso no fuera poco, cuando traté de provócarme una sobredosis, lo único que me gané fue una hiperglusemia porque por alguna extraña razón, alguien había cambiado todas las cápsulas de los medicamentos por vitamina C y dulces de frutas. Y no conforme con eso, cuando quise causar un incendio desde la cocina, resultó que se había terminado el gas, así que sólo me ampoyé los dedos de tanto encender cerillos en un ataque de frustración. ¿Podía existir alguien más desafortunado que yo? ¿Por qué diantres el destino se empeñaba en mantenerme con vida? ¿Qué podía ser tan bueno que mereciera la pena ser vivido por mí? ¿Qué sentido tenía el que siguiera consumiendo el oxígeno que otros podrían aprovechar mejor que yo?

Sinceramente no tenía ni la más remota idea...

Y entonces, me encontraba a mí mismo tan cansado de tanto esforzarme en encontrar un medio efectivo de acabar con mi existencia, que terminaba dándome por vencido y me resignaba a sólo quedarme debajo de las cobijas a esperar el momento... si seguía así, en algún punto mi cuerpo tendría que terminar por colapsar, no?

Esa era ahora mi única esperanza.

Todo lo demás carecía de importancia.

Y aunque yo mismo entendía que era una estupidez pensar de este modo, no podía encontrarle el más mínimo sentido a seguir viviendo, no cuando la única razón que tenía para existir se había esfumado de la noche a la mañana sin ninguna explicación razonable.

Y luego, una ira desmedida me invadía, obligándome a destrozar, golpear, patear y lanzar todo lo que me encontraba enfrente tratando estupidamente de calmar un poco lo que sentía al cargarme el departamento por completo. ¿Dónde demonios estaba? ¿Por qué se fue así? ¿Si pensaba largarse para qué se quedó conmigo por principio de cuentas durante tanto tiempo? ¿Siquiera le importaba?¿Al menos pensaba en mí? ¿En cómo estaría si no estaba conmigo? ¿Qué demonios seguía haciendo aquí? ¿Por qué no desaparecía también su recuerdo?

Yamapi odiaba que tuviera estos episodios. No porque siempre acabara recibiendo un par de golpes de mi parte cuando intentaba detenerme para tranquilizarme, sino porque era yo quien terminaba hecho polvo derrumbado en el suelo con los nudillos destrozados y un montón de moretones, cortadas, raspadas y golpes por todo el cuerpo y, obviamente, al día siguiente parecía que me habían atropellado o por lo menos apaleado y no podía ni con mi alma. Al menos debería sentirse tranquilo, no?, en ese estado no podía ni levantar un dedo, así que aunque me lo propusiera, no podría hacerme ningún daño. Para su fortuna o desgracia, hacía un par de semanas que no tenía un ataque de esos. ¿Había mejorado mi ánimo? No. Era simple y sencillamente porque ya no quedaba mucho por destrozar dentro de la casa. No. No había otro motivo además de ese.

¿Cuántos días habían pasado desde aquella noche que volví corriendo y encontré la casa vacía en medio de la oscuridad y el miedo que me recorría por las venas tras escuchar su mensaje de voz? ¿Cuántas noches habían pasado desde aquella mañana que desperté completamente solo y desesperado después de tanto haber llorado aferrándome con fuerza a su almohada tratando de sentirlo a mi lado? ¿Cuántas semanas habían pasado desde que lo llamé por última vez con la esperanza de que dijera que pronto volvería? ¿Cuántos meses habían pasado desde que dejé de pensar que todo era sólo una pesadilla de la que podría despertar en cuanto escuchara su voz?

Maldita sea!
Tan sólo regresa y deshazte de toda esta porquería que me carcome por dentro si tú no estás y vuelve a hacerme feliz.
Tan sólo desaparece de una buena vez y déjame olvidarte porque mientras tú y tu recuerdo sigan aquí a cada segundo yo no puedo seguir.
Tan sólo quiero dejar de vivir si no regresarás nunca más a mí... porque no pienso continuar viviendo con el fantasma de tu recuerdo como única compañía por el resto de mi vida, ¿o más bien debería decir de mi no-vida?, porque juro que esto no es vida, a poco estuve de pensar seriamente que en algún punto morí y ahora soy tan sólo un zombie.

¿Que soy realmente patético?
Sí, yo mismo me odio por ello...
¿Que es estupido querer morir porque la única persona que te ha amado te ha dejado?
Sí, yo mismo pienso que lo es...
¿Que debería olvidarlo para siempre y continuar con mi vida como había vivido antes de conocerlo?
No, yo no sabía lo que era estar vivo hasta que lo encontré aquella noche.

Antes de eso yo no era más que el juguete de otra persona. Alguien sin sentido en la vida, sin sueños ni metas, sin sentimientos... Simplemente seguía viviendo porque era demasiado cobarde como para atentar contra mi vida... ¿en que punto perdí eso y gané el valor para hacerlo?

Después de conocer a Tegoshi todo cambió. Me sentí pleno. Me encontré a mí mismo al conocerlo a él. Era mi complemento, mi razón para dar lo mejor de mí cada día, para volver a sonreír, para descongelar mi corazón y dejarlo entrar por completo en mi mundo, que de pronto se volvió más grande y multicolor.

No es que dependiera de él para vivir. Es sólo que él era mi vida y sin él no tiene sentido que regrese a donde estaba... simplemente me rehuso a volver a ser una cáscara vacía y marchita de mí mismo.

Después de no haber dormido los últimos tres días, me desperté con sólo una idea rondando mi cabeza: hoy debía morir. El mismo día que te conocí, el mismo día que desapareciste, ese día sería el último día de mi vida. Lo había pensado todo tan cuidadosamente que no podía fallar esta vez. Tan sólo debía esperar a que Yamapi dejara como de costumbre mi desayuno sobre la mesita de noche antes de irse a la oficina. El sonido de la puerta al cerrarse sería la señal. Después de eso sólo sería cosa de tiempo.

Un sonido familiar me obligó a despertar, pero estaba demasiado débil como para girar siquiera la cabeza para ver dónde demonios estaba tirado el celular, ya no pensar en levantarme para responder, igual seguramente seria Yamapi para asegurarse de que hoy no había tratado de suicidarme antes de la hora del almuerzo. Pobre, tal vez se llevaría una desagradable sorpresa al volver. Al menos yo ya no estaría aquí para ver su maldita expresión desgarradora producto del sufrimiento y la frustración que lo embargarían al saber que por fin me había salido con la mía pese a todos sus incontables esfuerzos por mantenerme con vida.

-Lo siento, Pi...-

A lo lejos escuché que la puerta se abría y cerraba. Un par de minutos más tarde me pareció oía su infantil voz llamándome. Tal vez solamente alucinaba por el incesante pensamiento de querer tan sólo otra oportunidad de verlo y abrazarlo, por querer decirle una vez más que lo amaba, que lo necesitaba. Y no podía enfocar lo suficiente como para saber si tan sólo era un eco dentro de mi cabeza evocado por el frío que se apoderaba de mi cuerpo aunado al tono de mi móvil que seguía timbrando en alguna parte o si en realidad era él quien estaba de pie en la puerta de mi habitación mirándome con lágrimas en los ojos mientras decía algo que no alcanzaba a escuchar. Incluso al final, habías sido lo último que contemplaron mis ojos haciéndome sonreír. O al menos había querido hacerlo. 

Creo que por fin comprendí el por qué de seguir con vida, pero ahora era demasiado tarde, verdad? Me empeñé tanto en terminar con mi vida que no pensé que si no lo podía conseguir era porque tenía que seguir con vida... para volver a estar con él. Cerré los ojos y todo comenzó a desvanecerse lentamente en medio del silencio y la oscuridad.



La luz matinal se colaba por entre las cortinas dándome de lleno en la cara y lastimándome los ojos. Me sentía como cuando despiertas con una resaca descomunal después de una noche loca de borrachera descontrolada. ¿Dónde estaba? En definitiva no era mi casa, yo odiaba el color blanco y ciertamente, tampoco era la casa de Yamapi, conocía ese techo bastante bien. Un olor chistoso se filtró por mi nariz. Traté de tapármela pero no pude levantar la mano.
-Ryo-chan?...- Sí. Debí haberlo conseguido al final y ahora estaba realmente en el infierno, de otro modo, por qué seguiría escuchando su voz que tanto me torturaba debido a su ausencia. Sentía mi cuerpo extraño, como si no me perteneciera, como si no estuviera ahí. Trataba de enfocar algo más pero el vértigo no me lo permitía. -Ryo-chan...- Traté de cubrirme los oídos para dejar de escucharlo pero no pude. De pronto sentí un calor extrañamente agradable y familiar. Alguien sujetaba mi mano con fuerza. Incliné un poco la cabeza. Seguramente sería Yamapi. Una borrosa sonrisa sin rostro fue lo único que distinguí. Cerré los ojos esperando aclarar un poco mi visión. Poco a poco las facciones comenzaron a adquirir nitidez haciendo que me pareciera alguien conocido. -Amor, me oyes?...- Esa voz. Su voz. Entrecerré los ojos intentando terminar de enfocar pues resultaba demasiado real para ser una alucinación. Quise llamarlo pero mi voz no acudió a mí. Enfoqué todas mis fuerzas en alcanzarlo con mi mano izquierda. Ahí estaba. Justo frente a mí. -Bienvenido...- Su dulce e infantil sonrisa iluminó su rostro aún a pesar de las lágrimas. Deslicé mis dedos por sobre sus labios. "Por qué?" traté de gritar pero sólo un ruido seco se dejó escuchar a través de mi garganta. Mis propias lágrimas se perdían sobre la almohada fluyendo sin control. -Perdóname, amor... Perdóname por todo...- Sentí sus brazos rodearme por debajo y levantándome ligeramente para recargarme contra su pecho. -No debí alejarme de ti. Fui un estúpido... Perdóname... Quiero estar contigo para siempre. No existe nadie más a quién pueda amar si no eres tú...- También lloraba. Su voz se escuchaba un tanto ahogada por el dolor. -Déjame estar contigo una vez más...- Sollozaba sobre mis labios dándoles cortos besos.
-Estúpido egoísta...- No podía creer que esas fueran las primeras palabras que le dedicara después de un año de anhelarlo. -Por qué tardaste tanto en volver?!... No vez que estuve a nada de morir por tu culpa?...-
-Perdóname, Ryo-chan... Te amo y no volveré a dejarte solo nunca más... Ya entendí que no necesito desear nada a las estrellas porque si tú estás conmigo no necesito nada más...-
-Estúpido... Y tenías que largarte para descubrirlo?...-
-No... Tenía que alejarme para que descubrieras que soy tu única y más poderosa razón para estar vivo...- Lo besé. Una y otra vez hasta que mis labios ardieron. Lo besé tanto como lo eché de menos. Tenía razón. Por mucho que intentara odiarlo sólo había logrado amarlo más.
-Narcisista...-
-Pero así me amas...-
-Uhn...- Lo acomodé sobre mi pecho y me perdí en sus ojos. Continué besándolo y mirándolo hasta que me quedé profundamente dormido. Por primera vez en un año pude conciliar el sueño sin dificultades y sin despertar aterrado debido a las pesadillas. Estaba a mi lado, volvía a estar completo y era inmensamente feliz.

-FIN-
Read more