Parallel World. Cap 7



Parallel World
FicxCap
FuDa
~Hana no mau machi / Ueda~
To: Lexi


CAPITULO 7: El odio que consumía recuerdos. 

Ueda llegó a casa sin ningún contratiempo. Fue directo a su habitación, ni siquiera encendió las luces, se quedó en el silencio apacible de la noche sintiéndose miserable… no quería que nadie saliera lastimado. Nunca creyó que aquel chico tan carismático y encantador pudiera ser tan patán, ni mucho menos que hubiera sido capaz de hacerle daño.

Estaba molesto consigo mismo, no podía permitir que eso volviera a pasar, si no era capaz de defenderse, sus amigos se volverían a ver involucrados. Le preocupaba lo que Akanishi estuviera tramando, no le parecía normal que hubiera dejado las cosas así como así… por alguna razón, tal vez por sus palabras, Ueda se preocupó por Ishigaki, Akanishi siempre se había sentido celoso de él; y al mismo tiempo ahora le preocupaba Fujiie… Si Akanishi descubría lo que sentía por él, era más que seguro que le haría daño para quitarlo de su camino… Por segunda vez se sentía entre la espada y la pared…. Y nuevamente era debido a Akanishi. Al final se quedó dormido… se sentía terriblemente cansado y el brazo le dolía un poco, el fuerte agarre de Akanishi se había quedado marcado en su piel… seguramente amanecerían con moretones.

A pesar de lo que había pasado, Ishigaki y los demás disfrutaban del ambiente y la compañía; incluso Fujiie sonreía como siempre junto a Yodogawa con las ocurrencias de Igo. La noche se había pasado volando, pronto serían las once, no podían desvelarse mucho, mañana tenían que ir a la Universidad. El teléfono de Fujiie comenzó a sonar, tan sólo por el timbre supo quién era, así que lo sacó de su bolsillo tan rápido como pudo: “Olvidé mi celular en la escuela y vine por él, pero no me siento muy bien… puedes venir por mí?”. No hubo necesidad de una llamada, con sólo ese mensaje se había sentido feliz.
-Chicos, creo que me iré primero…- Les anunció tras responderle el mensaje diciendo que ya iba para allá y que no tardaría mucho en llegar pues no estaba muy lejos de ahí.
-Y eso? Todo bien?- A Yonemura le extrañó su aviso siendo que siempre era el último en irse.
-Sí… bueno, es que Ueda me mandó un mensaje, parece que olvidó algo en la escuela…- De algún modo se apenó de decirles aquello a sus amigos, no quería que lo juzgaran.
-En serio? Quieres que te acompañe?- Aunque Yodogawa estaba un poco celoso, para él lo más importante era Fujiie.
-No, estaré bien… mañana tienes que levantarte temprano, no? Es tu examen del segundo trimestre, será mejor que vayas a casa y descanses…- Su preocupación no era para menos, lo conocía y sabía que probablemente había dormido dos o tres horas los últimos días practicando pues era bastante perfeccionista.
-Tienes razón… lo había olvidado…- Yodogawa a veces era muy despistado, así que los demás solían prestarle más atención, sin embargo, en esta ocasión, su olvido era sólo una mentira.
-Si necesitas algo o pasa algo llámanos, de acuerdo?- Ishigaki siempre se mostraba un poco sobreprotector con ellos dos, aún cuando ambos eran mayores que él los veía como a sus hermanos menores.
-Si, no te preocupes…- Para Fujiie más que su senpai de la escuela, era como un hermano del cual se sentía orgulloso. Se despidió y fue directo a la escuela; como estaba relativamente cerca, decidió irse a pie, al final echó a correr preocupado pues había empezado a hacer más frío.

Como era de esperarse, aún había muchas personas en las instalaciones; los exámenes  finales estaban próximos y no todos podían practicar en sus casas. Despreocupado por todos, se dirigió directo a la sección de piano, que fue donde encontraron a Ueda un par de horas antes. Alguien tocaba a lo lejos, cometía demasiados errores así que descartó la posibilidad de que fuera él… pero el sonido se volvía más fuerte conforme se acercaba al salón donde siempre estaba y de pronto recordó que se había lastimado, por lo que prefirió cerciorarse de si era él o no.
Llamó suavemente a la puerta pero no obtuvo respuesta, estaba demasiado oscuro adentro para ver bien quién era quien tocaba.. Tocó un poco más fuerte y la melodía se detuvo. Alguien abría la puerta recibiéndolo con una sonrisa, pero para su sorpresa e incomprensión, no era Ueda quien lo recibía.
-Mmm… mira nada más lo que tenemos aquí…- Otra vez Akanishi lo miraba con esa cara altanera y déspota.
-Qué haces aquí? Que le hiciste a Ueda?- Fujiie se preocupó de que le hubiera vuelto a hacer algo. Akanishi echó a reír de un modo que casi daba miedo.
-Me pregunto si eres muy inocente o si tan sólo eres muy idiota… En verdad creíste que era Tatsuya quien te pedía ayuda? Jajajaja supongo que tantos años recibiendo sus mensajes sirvieron de algo…- Su risa cínica y sarcástica molestó mucho más a Fujiie. –Mmm…- Comenzó a barrerlo de pies a cabeza. –Qué lástima que sus gustos hayan decaído tanto en tan poco tiempo…- Lo miraba de un modo tan despectivo que cualquiera se hubiera sentido menos que nada. -Supongo que es tan patético que puede consolarse incluso con alguien como tú… debe sentirse tan poca cosa qu…- Fujiie no pudo soportar más su actitud y lo calló de un puñetazo.
-No me importa que me digas que no valgo nada! Pero no te voy a permitir que digas esas cosas de Ueda!!!- Akanishi lo miraba sorprendido, nunca hubiera pensado que ese chico de apariencia tan frágil e infantil pudiera abrirle el labio de un solo golpe. Comenzó a reír histéricamente…
-Vaya! Vaya! Creo que a alguien le gusta demasiado mi pequeño Tat-chan… y yo que creía que esta vez quería ser él el protector…- Aunque Fujiie no entendía lo que trataba de decir, sintió la mala intención en sus palabras.
-Eso a ti no te importa!!!-
-Pues déjame ponerte algo en claro, estúpido… Tatsuya me pertenece, siempre ha sido así, y no pienso dejar que ni Ishigaki ni nadie lo tenga, mucho menos tú.-
-Ueda no es un objeto que pueda ser poseído por alguien; te agradecería bastante que me regresaras su celular y lo dejaras en paz…- Le estiró la mano mientras inclinaba su cabeza por educación.
-Jajajaja! Tú?… me estás dando órdenes?- Ni siquiera le dio una oportunidad para que reaccionara; el golpe en el estómago lo sofocó  por completo, trató de levantarse pero regresó al piso de una patada, y luego vino otra y otra más, apenas si podía respirar mucho menos gritar. Akanishi había dejado de necesitar un pretexto, simplemente quería golpearlo… sería el modo perfecto de demostrarle a Ueda que iba en serio, de molestar en el camino a Ishigaki y de quitar una piedra del camino. Para cuando Akanishi se cansó de pegarle y patearlo, Fujiie ya ni siquiera se defendía, el algún punto había dejado de moverse… para cuando bajó la escaleras ya no podía decir siquiera si respiraba o no, pero la verdad es que eso era lo que menos le importaba en ese instante, la adrenalina hacía su efecto, sólo encendió un cigarrillo y se fue al departamento de Kamenashi, seguro de que no lo dejaría dormir en un buen rato.

-Ah! Lo siento… estabas dormido?- Preguntaba una voz por demás amable.
-Si… pero… no se preocupe…- Contestaba más dormido que nada.
-Tat-chan~… Oye, Yori-kun sigue contigo?- Notó a Ishigaki un tanto preocupado.
-Fujiie? No, no lo he visto desde que nos despedimos… por qué lo preguntas?…- Ya se había incorporado y se frotaba los ojos tratando de abrirlos.
-Queeeeeeeeeeé?!- El grito al otro lado había terminado de despertarlo.
-Por qué? Qué pasó?- Bastó con que mencionara lo del mensaje para que Ueda saliera corriendo rumbo a la escuela, tan a prisa que ni siquiera alcanzó a ponerse el suéter e iba con él en la mano y las agujetas desamarradas. Sin duda alguno esto era cosa de Akanishi.

Pasaba ya de la media noche. Los estudiantes que quedaban comenzaban a irse, otros simplemente se tomaban un descanso. Al ver cómo venía, comenzaron a cuchichear entre ellos pero Ueda ni siquiera le dio importancia a su presencia. Se detuvo un segundo para tomar aire, no había señales ni de Akanishi ni de Fujiie. Las luces del edificio donde tomaba clases estaban encendidas, sin duda alguien se había quedado practicando, lo cual le extrañó porque todos los que conocía tenían piano en su casa y no se quedaban por la noche en la escuela pues hacía frío y podían dañarse las articulaciones de sus dedos. De pronto un escalofrío le recorrió la espalda. Corrió con todas sus fuerzas.
-Ueda!- Alguien le hablaba, la voz le parecía familiar.
-Nishikido-kun…- Su voz entrecortada debido a la carrera desde su casa y el sudor en su frente lo preocuparon más que la palidez inusual de su rostro.
-Estás bien? Qué te pasó? Qué haces aquí a estas horas?- Nishikido no podía evitar preocuparse por él, lo conocía desde antes que Akanishi, incluso se había interesado en él antes que el otro, pero cuando por fin se armó de valor para confesar sus sentimientos, ellos ya estaban juntos.
-Jin… has… visto a Jin!- Se esforzaba en respirar para poder hablar, en verdad se veía desesperado. Nishikido no puedo evitar poner cara de fastidio sólo de escucharlo pronunciar su nombre.
-Sí… estuvo desafinándote el piano… se fue hace poco, Yassu lo vio salir cuando llegó…- Ya no le hablaba con una sonrisa, de cierta manera parecía molesto.
-Viste a alguien con él?! Un chico como de tu estatura, delgado, de carita medio infantil… Llevaba pantalón negro y una sudadera roja a cuadros anudada a la cintura- De pronto le pareció más preocupado por saber éso que por saber sobre Akanishi. Algo le sonaba… Al no recibir respuesta de su parte y ver su cara de “no sé de qué hablas” Ueda subió corriendo, tenía un mal presentimiento.

Deseaba que fuera mentira… Una pequeña figura yacía inmóvil en el piso. Quería que no fuera verdad… Se acercó sintiendo que sus piernas temblaban pues a pesar de las manchas de sangre vio los cuadros de su sudadera. Corrió desesperado y moviéndolo lo menos posible, lo giró para verle el rostro.
-Fujiie!!… Fujiie!…- Lo revisó con cuidado, no respiraba con normalidad, estaba muy golpeado, pero al menos seguía con vida. De pronto una herida en particular llamó su atención: su mano derecha… se veía realmente mal. Algo se le cayó cuando lo movió: su celular. Era imposible que pudiera sujetarlo con fuerza, su mano estaba hecha pedazos. Nishikido contemplaba aquello desde unos escalones más abajo. No podía creer que Akanishi hubiera podido hacer algo así, sus sospechas eran ciertas, el chico al que Ueda describió era Fujiie. Al menos algo lo dejó tranquilo: ya no tendría que hacer las cosas él, Akanishi había hecho todo, incluso mejor de lo que él mismo había pensado. Bajó las escaleras, caminó hasta el final del pasillo, hasta el salón donde había hablado con Fujiie hacía unas horas y donde ahora había alguien de pie esperándolo.
-Ryo-chan, a dónde te habías ido?- El chico le hacía un puchero mientras se echaba al hombro el estuche del violín que estaba apoyado en la puerta.
-A ningún lado Uchi… sólo esperaba a que salieras…- Le decía con una sonrisa al tiempo que lo besaba para luego rodearlo con el brazo y bajar las escaleras. Cuando salieron del edificio Nishikido dio un último vistazo hacia el tercer piso.
-Olvidaste algo?- Le preguntaba dulcemente besándole la mejilla.
-Nop… Tienes frío?- Lo estrechó un poco más contra su cuerpo y caminaron rumbo a la avenida.

Por primera vez en todo este tiempo Ueda odió a Akanishi con toda su alma… y se odió a sí mismo por haber involucrado a Fujiie.
-Si? Necesito una ambulancia…- Tras finalizar la llamada, envolvió con cuidado la mano de Fujiie con su pañuelo y lo cubrió con su suéter. Un par de minutos después llegó la ambulancia y se fueron al hospital.
El doctor le dijo que tendría que ser sometido a cirugía de inmediato, su mano estaba muy dañada. Ueda llamó a Ishigaki pues se necesitaba el consentimiento de un familiar para llevar a cabo la operación y en su celular no había ningún contacto que pareciera ser un pariente, sus llamadas frecuentes eran a Ishigaki, Yodogawa o Igo y ninguno de ellos servía. Al final Ishigaki le pasó el teléfono de su casa, una de las internas a cargo del doctor que lo atendía y que estaba de guardia esa noche llamó. Ishigaki e Igo llegaron al hospital poco después de la llamada. Ueda se sentía terriblemente culpable por lo que había pasado, había un nudo en su garganta que le dificultaba hablar mientras les explicaba su condición. Ahora no podían hacer otra cosa más que esperar a que saliera de la sala de operaciones.

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