Just One More Kiss (JinDa)



Título: Just One More Kiss
Autor: Lilith 
Pairing: Akanishi Jin + Ueda Tatsuya 
Fandom: KAT-TUN
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai  / Angs / Romance / AU
04/07/13
N/A: Pues escribí este shot por el cumple de JinJin para un concurso del fanclub de México XD Espero que les guste, es muy cursi~




¿Hacía cuánto que nos conocíamos?
La verdad es que ya ni siquiera lo recuerdo… prácticamente lo conozco desde que estábamos en el jardín de infancia. Toda la vida habíamos estado juntos. Él es lo único que viene a mi mente si hablamos de recuerdos. Siempre había estado ahí… a mi lado.

Podríamos decir que siempre fuimos mejores amigos. Antes de que supiéramos incluso lo que esa palabra significaba, nosotros sabíamos que siempre estaríamos juntos. No había nada que no supiera de él y no había nada que no supiera de mí. Así era nuestra vida juntos. Riendo… llorando… peleando… descubriendo… aprendiendo… simplemente, siendo nosotros mismos…

El tiempo no hacía sino unirnos más y más. Y con el paso de los años, lo único que cambió entre él y yo, fue nuestra apariencia. Por dentro, seguíamos siendo los mismos niños que se conocieron jugando con la arena en el parque del vecindario, hacía más de quince años.

Pero la vida no siempre suele ser color de rosa… al menos eso fue lo que aprendí aquel día…


-¿Dónde estabas? ¿Por qué tardaste tanto?...- Le pregunté al verlo llegar a su casa, donde yo estaba esperándolo desde hacía un par de horas, pues habíamos quedado de ir al parque de diversiones para festejar su cumpleaños. El simple hecho de que no estuviera ahí cuando llegué no era normal, verlo llegar con esa expresión vacía en la cara, menos.
-Nada…- Ni siquiera me miró. Pasó de largo escaleras arriba hasta su habitación. Abajo tan sólo nos quedamos yo, aquel portazo y un incómodo silencio. No sabía muy bien qué hacer. Siempre había sido un poco idiota para este tipo de situaciones. Probablemente, si él fuera una chica, no tendría problema con subir, abrazarla y dejarla llorar en mi hombro hasta que se sintiera mejor y terminara sonriéndome apenada por haberla visto así. Pero él no era una chica. Y mucho menos era de los que mostraban fácilmente sus emociones. ¿Qué demonios le había pasado que estaba así?

Después de un par de minutos de darle vueltas al asunto, decidí que no había nada de malo en entrar a su habitación y hacerlo hablar. Éramos amigos, verdad? Es normal que me preocupe por él. Además, no me iba a tener ahí esperando otras tres horas sin decirme siquiera porque me dejó plantado hacía tres horas siendo que había sido él quien me suplicara toda la semana que lo acompañara a aquel lugar porque no quería ir solo.
-Ne….- Piqué el bulto debajo de las cobijas.
-¿Qué….?- Se alejó de mí pegándose contra la pared abrazándose a una de sus almohadas.
-En serio… ¿qué diablos te pasa?- Jalé de nuevo la manta color lavanda. Fue sólo un segundo antes de que se cubriera de nuevo con ella, pero pude verlo perfectamente: estaba llorando.
-Nada…- Me quedé perplejo. ¿En serio estaba llorando? La confusión duró un instante, porque de inmediato una rabia increíble se apoderó de mi cuerpo. ¿Por qué estaba llorando? ¿Quién lo había hecho llorar? ¿Quién se había atrevido a ponerlo en este estado? Suspiré profundamente. No quería asustarlo ni ser brusco con él, así que puse todo mi esfuerzo en tranquilizarme.
-¿Qué te hicieron?...- El tono de mi voz no era el alegre y simplón de siempre. Incluso yo mismo lo noté: estaba enojado. Le quité nuevamente la cobija de encima y me senté junto a él poniendo mi mano sobre su brazo. Hizo una mueca de dolor acompañada de un gemido lastimero. Mi corazón empezó a latir descontrolado. Levanté la manga de su camisa. Había un enorme morete. Varios en realidad. -¿Quién fue?- Estaba poniendo todo mi esfuerzo en no salir corriendo de ahí y golpear a todo el que tuviera cara de haberle puesto la mano encima. Vi su cuerpo estremecerse presa del llanto. Mi enojo se disipó como por arte de magia. Lo abracé cubriendo su cuerpo con el mío, dejando mi barbilla apoyada en su hombro. Su cara estaba roja, siempre se tornaba de ese color cuando lloraba; algunos mechones de su lacio y oscuro cabello se habían pegado a su frente, los retiré con mi dedo limpiando en el proceso algunas de sus lágrimas. Me partía el corazón verlo sufriendo de ese modo. –Ya estás bien, ok?... Tranquilo…- Se giró y se abrazó a mí llevándome consigo a la cama por el impulso con el que se movió. Le correspondí el abrazo, realmente quería hacer más, pero en ese momento no podía. Lo dejé llorar entre mis brazos hasta que se calmó. Se había quedado dormido entre mis brazos.  Su rostro lucía tan hermoso aún a pesar de que había llorado por la última hora. Sonreí ante la absurda idea que cruzó mi mente en ese momento… pero en verdad quería besarlo. No era la primera vez que sentía aquel impulso. Ni siquiera recuerdo ya cuándo fue la primera vez que tuve esa clase de pensamientos sobre mi amigo, sólo sé que debía seguir manteniéndolos ocultos dentro de mi pecho si no quería perderlo para siempre. Sujeté con delicadeza su cabeza para quitarlo de mi brazo y acomodarlo en la almohada, pero justo cuando me disponía a bajar de la cama para irme a mi casa, sentí su mano tibia rodeando mi muñeca.
-No te vayas… por favor…- Aún a pesar de que su rostro lucía cansado, sus ojos reflejaban algo parecido al miedo. No podía dejarlo así, pero me sentía un inútil por no saber qué o quién lo habían dejado en ese estado sin que yo pudiera evitarlo, así que no estaba seguro de querer estar a su lado en ese momento porque no sabía lo que podía hacer a cómo me sentía.
-Creo que es mejor que me vaya y que descanses…- No quise seguirlo mirando. Su labio aún tenía un poco de sangre en la comisura debido seguramente a un golpe que no había visto hasta ahora que lo veía de frente.
-No quiero estar solo… tengo miedo…- Sus lágrimas surcaron nuevamente sus mejillas. Tragué hondo. Mis ojos estaban nuevamente siguiendo la curvatura de sus labios queriendo algo de ellos. Sacudí la cabeza tratando de deshacerme de todas las tonterías que me estaban rondando.
-Creo que es mejor que me vaya a casa…- Los latidos de mi corazón no me dejaban pensar con claridad, no podía seguir ahí con él. Mi autocontrol estaba alcanzando su límite. Tomé mi chamarra y caminé hacia la puerta, pero no logré salir de ahí. Cuando apenas había alcanzado el pomo de la puerta, sentí su cuerpo delgado chocar contra mi espalda y sus brazos rodeando mi cintura.
-Por favor… Quédate conmigo esta noche…- Mi corazón se detuvo. Mi mundo entero se detuvo. ¿Es que acaso no sabía lo que sus palabras le hacían a mi cerebro? Tomé sus manos y me giré para mirarlo.
-No puedo…. Yo…- Sus ojos se tornaron vidriosos. Sus lágrimas estaban a punto de desbordarse a mares y esta vez parecía ser culpa mía.
-¿Entonces sí me odias?...- Ok. ¿A qué demonios venía eso al caso? Clavó la mirada en la alfombra.
-¿De qué hablas?...- Quise sujetar su barbilla para hacer que me mirara, pero me esquivó dando un paso hacia atrás. Era la primera vez que le veía esa expresión en su rostro y no me gustó.
-Todos dicen que me odias… que te doy asco por ser cómo soy… que sólo sigues siendo mi amigo por lástima porqu…- No quise seguir escuchando aquello. Eran tan sólo un montón de estupideces que alguien más le había metido en la cabeza. Mis miedos y limitaciones se fueron al demonio en ese momento y dejé que mis sentimientos adquirieran el control de mí. Lo tomé entre mis brazos de un modo un poco brusco, pero es que no podía detenerme a pensar nada o mi cerebro volvería a tomar el mando… y simplemente lo besé. Un besó que lo tomó completamente por sorpresa haciéndolo estremecerse de pies a cabeza sin mover un solo pelo de su cuerpo. Mi corazón se puso como loco. ¿Eso significaba que me rechazaba por completo? Abrí los ojos para mirarlo. Estaba por completo en shock. De pronto me empujó. Lo solté y retrocedí.
-Lo siento… yo… es que… lo siento.- Di media vuelta y salí de su habitación sin cerrar siquiera la puerta. Bajé a toda prisa las escaleras, casi tropezando con mis propios pies. Por suerte no había nadie todavía en su casa, así que salí de ahí sin tener que hablar con nadie. Hasta que estuve en la calle pude volver a respirar con normalidad. ¿Qué había hecho? ¡Era un estúpido!

-¡Idiota! ¡Felicidades! ¡Seguro que lo echaste a perder esta vez!... ¡De seguro ahora será él quien te odie y no quiera volver a saber nada de ti porque le das asco por lo que has hecho!- Seguía calle abajo reprimiéndome sin misericordia y pateando todo lo que me encontraba en el camino tratando de liberar un poco de mi frustración. ¿Pero en qué demonios pensé? Me detuve en seco y me quedé de cuclillas despeinándome con desesperación… el problema es que no había pensado, sólo me había dejado llevar por lo que sentía. -¡Carajo! ¡¿No podías seguir escondiéndolo como habías hecho todos estos años?!- Me paré de súbito sujetando mi cabeza con ambas manos. Estaba tan molesto conmigo mismo. -¡CARAJO!- Grité con todas mis fuerzas. Me sentía un poco mejor. Aún sentía mi respiración entrecortada pero ya podía respirar con normalidad.
-¡No maldigas en la calle!- Escuchar su voz hizo que me girara por arco reflejo. ¿Qué hacía ahí? –La gente no tiene la culpa de tu estupidez…- Sus mejillas se tiñeron de rojo al sentir que lo miraba de ese modo, pero es que no podía creer que estuviera ahí frente a mis ojos a menos de 3 metros. Agachó la mirada y se rascó el codo, hábito que tenía siempre que estaba nervioso. Sonreí bobamente.
-¿No sabes qué es de mala educación espiar a la gente?- Me hice el digno y metí las manos a los bolsillos dándole la espalda.
-No es mi culpa que estuvieras tan ensimismado auto regañándote, que ni siquiera me escuchaste cuando te hablé las primeras diez veces después de que salieras de mi habitación…- De nuevo sonaba como mi mejor amigo. Espera un momento… ¡¿EEEEEEEEEEEEEEEEH?! ¿Lo había escuchado todo?... osea… ¿TODO?
-¿Escuchaste todo lo que dije?...- Mi cara debía ser un poema en ese momento.
-Uhn…- Dio un paso hacia mí. Sentía mi cuerpo sudando frío, mi corazón latiendo desbocado, mis manos temblando. ¿Qué demonios significaba esa expresión de su rostro? Se detuvo a un paso de mí sin decir ni hacer nada.
-¿Estás enojado?...- Negó todavía con esa expresión rara. -¿Me odias?- Volvió a negar suavemente. -¿Quieres que sigamos siendo amigos?- De su respuesta a eso dependería todo. Negó por tercera ocasión. Un golpe de adrenalina llegó de lleno a mi corazón. Esa sensación que sólo provoca el terror. ¿Qué esperabas, idiota? ¿Qué después de lo que había pasado, simplemente fuera a hacer de cuenta que no había pasado nada? –Ya veo…- Me obligué a sonreír aunque sólo quería llorar. ¿Cómo se suponía que iba a seguir con mi vida si él ya no sería parte de ella? Miles de fragmentos de mis años anteriores llegaron de golpe a mi cabeza. Todos recuerdos de él. Seguía asintiendo pero ni siquiera sabía por qué lo hacía, él no había dicho nada. Di media vuelta y seguí mi camino.
-¡¡BAKA!!- Cerré los ojos sin detenerme al escucharlo gritarme aquello. Me lo tenía bien merecido. Una reacción así era la que esperaba de su parte. -¡¡Estúpido Bakanishi!!- Lo que no esperé jamás, fue que corriera detrás de mí y volviera a abrazárseme por la espalda.
-¿Tat-chan?...- Traté de girarme para mirarlo pero no me lo permitió.
-Eres un tonto, Jin…- Se apretó más contra mi cuerpo. –El mayor tonto de la historia…- Su voz. ¿Estaba llorando otra vez?
-No entiendo… dijiste que no querías que siguiéramos siendo amigos…-
-¡BAKA!... ¡No! ¡No quiero seguir siendo el mejor amigo de la persona que me gusta!- Sentí que se me iba a salir el corazón por la boca de la felicidad inmensa que sentí en ese momento. ¿Estaba hablando en serio? Temí lastimarlo, pero me quité sus manos de encima para darme la vuelta.
-Tat-chan… ¿hablas en serio?- Juró que no podía abrir más los ojos porque mis cuencas oculares no daban para más. No podía borrarme esa sonrisita de la cara.
-Uhn…- Asintió con esa carita de timidez que muchas veces antes le había visto. -…tan enserio como que no me importó que Nishikido me golpeara porque no lo dejé darme un beso esta mañana en la biblioteca… ese beso no le pertenece a él… - Sus mejillas se tiñeron completamente de rojo y me esquivó la mirada. Yo sabía perfectamente que él nunca antes había besado a nadie… entonces…
-¿Eso significa que tú… a mí… yo…?- Ni siquiera podía articular palabras en ese momento.
-…sólo te pertenece a ti, Jin…- Sentí que flotaba al escuchar aquello.
-¡¡¡Waaaaaaaaaaaaaaaaa!!!- Lo tomé entre mis brazos y di vueltas con él ahí a media calle. Estaba tan feliz que la dicha que sentía no me cabía en el cuerpo. Me detuve de pronto. -¿Entonces porque me empujaste cuando te besé?- Lo dije antes de que pensara siquiera que lo quería decir.
-¡Idiota! ¡Me tomaste por sorpresa!- Me dio un manotazo en el brazo. -Me asustaste… recordé lo que había pasado con Nishikido y…- Su rostro se ensombreció al revivir ese recuerdo desagradable. Lo estreché contra mi pecho.
-Lo siento… no soporté la idea de que pensarás que te odiaba… es que… moría de ganas de besarte, por eso quería irme… no quería perder el control y al final… de todos modos lo hice… perdóname…- Confesé entre risitas nerviosas. Besé su cabello acariciando su espalda y su nuca con mis manos.
-Baka… yo también quería que me besaras…- Sentí que se aferraba a mi camisa con más fuerza. Lo tomé por los hombros y lo despegué de mi pecho para mirarlo. Le sonreí y besé su frente. Sus ojos brillaban como nunca antes.
-¿Me perdonarás si hago bien las cosas de ahora en adelante?...- Acaricié su mejilla derecha.
-Uhn…- Asintió sonriéndome con dulzura. Una sonrisa que hasta ahora sólo había sido siempre mía. Los latidos de mi corazón volvieron a salirse de control, y es que mis ojos habían reparado nuevamente en sus suaves labios rojos. Supongo que fui muy obvio ya que sus mejillas adquirieron mayor rubor antes de que cerrara los ojos. Aferré un poco más su cintura y acorté la distancia entre nosotros. Una sensación cálida y dulce que me envolvió de pies a cabeza a medida que nuestros labios encajaban a la perfección y se mecían al ritmo de nuestros corazones. –Baka…- Se veía tan hermoso en ese momento. Los dos sonreíamos del mismo modo mirándonos como si fuera la primera vez que nos veíamos. –Te amo…-  Me susurró al oído parándose de puntitas apoyándose en mis hombros, tras lo cual echó a correr calle arriba riendo como niño pequeño. Mi vida estaba completa ahora.

-¡Deja que te atrape y ya verás!- Corrí detrás de él. Al verme, pegó un grito y corrió aún más aprisa.


Sí. Ese día había aprendido que la vida no es color de rosa, pero precisamente esa amplia gama de colores era lo que la hacía perfecta. Simple y sencillamente porque lo tenía a él en mi vida y todo era perfecto cuando estaba a su lado.




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Noche Eterna (OkeDa/RyoDa)



Título: Noche eterna
Saga: REQUIEM
Autor: Lilith 
Pairing: Ueda Tatsuya + Okura Tadayoshi / Nishikido Ryo + Akanishi Jin
Fandom: KAT-TUN + Kanjani8 / JE's
Tipo: One-shot
Género: Yaoi / Lemon / Violacion / Angustia / Vampiros / Shonen-Ai
N/A: Este shot se desarrolla después del fic "Entre mis brazos"



“REQUIEM”
El canto para el descanso de las almas…
O al menos eso era lo que yo sabía…
Toda una vida de disfrutar de los cantos fúnebres compuestos por los grandes maestros de la música mientras bebía una copa de vino tinto contemplando la frialdad del exterior a través de la ventana estando al resguardo del mundo en la comodidad de mi ignorancia sentado en un sillón… toda una vida de vivir creyendo ciegamente una mentira…
Porque ahora sé… que el Réquiem no es sino el vals de la condenación que todos y cada uno de nosotros bailamos cada noche durante esta maldita Danza Macabra que llamamos vida... nuestra eterna no-vida…


Todo había comenzado aquella noche que terminé dormido entre sus brazos. Después de conocerlo, mi vida dejó de ser esa rutina aburrida dictaminada por las marionetas que bailaban a mi alrededor haciendo de ella un burdo espectáculo carente de encanto.

Había sido mi primera vez. Había dejado de ser virgen a los 21 años... y contrario a lo que había pensado y deseado durante toda mi vida... aquella noche inolvidable había sido con un perfecto desconocido... y es que además de su nombre y de sus besos, yo no conocía nada de él. ¡Pero qué más daba! Había sido la mejor experiencia de mi vida y no me arrepentía de absolutamente nada. Y sí... Tal cual están pensando, fue otro chico quien volteó mi mundo de cabeza: Okura… Tadayoshi Okura... Aunque ni siquiera estaba seguro de que ese haya sido realmente su nombre porque... efectivamente, cuando desperté esa mañana, él ya se había ido... dejando tan sólo una nota sobre la almohada diciendo que volvería esa noche. ¡Ja! Sería bonito creer que así será, pero mi corazón hace mucho que dejó de hacerse ilusiones con respecto al amor a primera vista, así que estoy perfectamente consciente de que mi primera vez no fue sino una aventura de una noche en brazos del chico más guapo que había conocido en mis 21 años de vida. Nada más ni nada menos que eso. Y estaba bien con ello porque por primera vez en mucho tiempo, había sido realmente feliz... Libre.

Eran alrededor de las dos de la tarde cuando me decidí a salir de la cama para tomar un baño y desayunar. ¡Dios! Me dolía cada célula de mi cuerpo como si hubiera corrido cien kilómetros y a pesar de que había dormido mucho más de lo que acostumbraba, seguía sintiéndome cansado y quería volver a la cama. Y así lo hice, porque cuando menos pensé me había quedado dormido en el sillón mientras veía la televisión, así que como pude, mejor me arrastré a mi cuarto y me volví a meter debajo de las cobijas. ¿Tan agotador era el sexo? No entendía como había personas que querían o podían hacerlo hasta tres veces al día... ¿Eran humanos?

Ni siquiera me extrañó haber estado soñando con él. Ya me lo esperaba, después de todo lo que había pasado la noche anterior, no era para menos que hubiera dejado una fuerte impresión en mí.

Lo que si no esperaba en absoluto, fue que me despertara el timbre y mucho menos verlo ahí afuera cuando abrí la puerta aún adormilado. Apenas alcanzaba a asimilar el hecho de que efectivamente era él quien estaba de pie frente a mí con esa hermosa sonrisa y no un espejismo producto de mi imaginación, cuando se lanzó sobre mí y comenzó a besarme. Pero no. No eran besos cargados de deseo sino besos tiernos un tanto plagados de desesperación... Como si hubiera pasado toda una vida desde la última vez que nos vimos.
-Okura-san?...- Me descolocó un poco su comportamiento y pese a que no me molestaba que estuviera abrazándome de ese modo, me preocupaba un poco el por qué lo hacía.
-Okura está bien... No es necesario que seas tan formal, Tatsuya...- Susurró en mi oído sin separarse de mi cuerpo. No podía resistirme a su forma tan apasionada y tierna de ser. Correspondí aquel abrazo como si fuera lo más natural del mundo. Estando entre sus brazos me sentía tan amado y protegido que no quería estar en un lugar que no fuera ese. -Te extrañé tanto...- Mis mejillas se tiñeron ligeramente de rubor.
-De verdad?... Pero si nos vimos hace unas horas...- No es que fuera un maldito desconfiado sin corazón, pero ya habían jugado tanto conmigo en su afán por poseer mi cuerpo, que me costaba creer que en verdad existía alguien capaz de amarme por quién era y no por cómo me veía o por la familia que tenía.
-Sí... No pude dejar de pensar en ti. Incluso mientras dormía estabas a mi lado... Así que al despertar temí que hubieras sido tan sólo mi más hermoso sueño y no pude evitar venir corriendo en cuanto cayó la noche y me vi libre de mis ataduras...-
-Okura...- ¿Bromeaba? ¿Cómo rayos podía ser que se sintiera justo como yo? -También me sentía así...- Me escondí contra su pecho. -La verdad no creí que volvería a verte...- Confesé sintiéndome un idiota. Me separó de su cuerpo lo suficiente para mirarme a los ojos. Llevó sus manos de mis hombros a mis mejillas.
-Niño tonto...- Un beso desbordado de dulzura. -¿Tan mal te traté anoche como para que pensarás que habías sido sólo una aventura de una noche?- Agaché la mirada. Me sentía tan desnudo y vulnerable cuando me miraba así a los ojos.
-¡No!- Negué desesperado. -Es sólo que...- Me calló con otro beso.
-No digas más... No traigas a tu mente recuerdos dolorosos... No mientras estés conmigo, ¿sí?- Susurró contra mis labios antes de continuar con sus besos.

Hablamos y hablamos durante horas mientras permanecíamos abrazamos sobre mi cama. Nunca dejó de llenarme de besos y caricias tiernas. Estuvimos así hasta que caí dormido poco antes de que saliera el sol. 

Aquello se volvió nuestra grata rutina...

Okura siempre llegaba en cuanto caía el sol y compartíamos juntos todas las horas de la noche hasta que volvíamos a casa y nos despedíamos, muchas veces después de hacer el amor, otras, simplemente nos quedábamos en mi pequeño departamento y compartíamos besos y caricias en cada rincón hasta que terminábamos en mi cama y yo caía rendido para despertar sin él cuando llegaba la mañana. Durante el día, me dedicaba a tocar el piano y componer nuevas canciones, lo de siempre... La diferencia era que ahora me sentía más vivo... feliz... y la inspiración llegaba con la misma naturalidad que respirar. Mi vida era casi perfecta...

Sólo me hacía falta ver su rostro durmiente a mi lado al despertar... Entonces sí, mi vida sería perfecta.




Había sido un día como cualquier otro. Despertar casi a medio día, desayunar y arreglarme rápido, salir corriendo a la academia de música donde daba clases, pasar a la disquera a mostrar los avances de mi trabajo... Un día normal en mi vida... Hasta que ese hombre llegó.

De un metro setenta y algo, cabello castaño oscuro medio ondulado que le llegaba hasta los hombros, complexión fornida para ser japonés aunque un poco delgado para ser extranjero, rostro de finas facciones bastante varoniles, elegante vestimenta de estilo occidental,  mirada seductora y voz profunda que hacían juego a la perfección son sus labios de pocas pero hermosas sonrisas.

Akanishi Jin.

Hijo mayor de un afamado productor italiano de música pop; un chico soltero y adinerado de madre japonesa que acababa de llegar a la ciudad en busca de un nuevo compositor para que trabajase en el proyecto musical que lanzaría en Japón próximamente.

Me sentí halagado de saber que había llegado buscándome precisamente a mí porque estaba interesado en mi trayectoria musical. Pero había algo en él que no me gustaba... tal vez era esa forma de mirarme. No me gustaba. La odiaba. Me hacía sentir como un objeto que podía ser usado y desechado a su voluntad. Lo detestaba. No era sino otro de esos tipos interesado en poseerme. Realmente lo odiaba.

Trabajar con ese sujeto se empezó a volver una tortura para mí. Okura tenía razón, no debía seguir haciendo algo que no me hacía feliz, pero... mi ética profesional me impedía simplemente renunciar a mitad del proyecto, así que opté por dedicar más tiempo a ello para terminar mucho antes y no volver a estar con Akanishi nunca más.

Pero como suele ocurrir todo el tiempo, mi trabajo agradó tanto que extendieron mi contrato y aunque hubiera querido negarme, lo cierto es que necesitaba el dinero y últimamente, Akanishi poco se aparecía por el estudio, así que trabajar de nuevo a mi modo sirvió para que las cosas funcionaran para todos: el debut de su ambicioso proyecto, de nombre Leah Dizon, iba viento en popa, los productores y patrocinadores estaban de lo más felices, así que eso se traducía en bonos y vacaciones para mí, ya que era el único letrista y compositor trabajando con ellos. Aunque igual se había triplicado mi grado de trabajo y responsabilidad hacia con Akanishi. Por desgracia, parecía que de algún modo, el sujeto estaba "enganchado" conmigo y cada vez lo llevaba a un plano más personal y comenzaba a cansarme de ello. Tal vez sería momento de renunciar a mi trabajo en la disquera y buscar otra cosa qué hacer de mi vida. Simplemente odiaba que me mirara de ese modo. No tenía idea de lo que buscaba de mí, y de algún modo, eso que me hacía sentir había terminado por convertirse en una especie de miedo. Esa sonrisa que se curvaba en sus labios cuando me miraba de esa manera tan extraña me daba miedo. Mucho miedo.




Aquella reunión se había alargado más de lo que yo hubiera deseado. Por eso ahora iba bastante tarde a casa, donde seguro ya me estaría esperando Okura, probablemente haciendo zanja de tanto ir y venir de un lado a otro de la sala. Y es que no entendía por qué pero últimamente estaba siendo más sobre protector conmigo que de costumbre, pero tampoco era algo que rayara en lo enfermizo, así que lo dejaba pasar porque realmente no me molestaba; mi novio podía ser cualquier cosa menos típico y por eso lo amaba y estábamos por celebrar nuestro tercer aniversario juntos.

Lo sabía. Sabía que no era buena idea pasar por ese túnel, un mal presentimiento me lo gritaba a cada paso que daba pero... sólo pensaba en llegar pronto a casa y que Okura me abrazara con fuerza y me hiciera olvidar el día horrible que había tenido por culpa de ese sujeto molesto que no dejaba de acosarme mientras estuvimos en el estudio de grabación. Me asqueaba la forma en que buscaba cualquier pretexto para tocarme y sobre todo, esa mirada suya paseándose por mi cuerpo sin tapujos, casi como si estuviera olisqueando un corte de carne que estuviera por echarse a la boca.

Una sombra al final del camino mal iluminado me hizo frenarme en seco. La sensación de terror que experimenté conforme se acercó a mí fue exactamente la misma que sintiera aquella noche en la que conocí a Okura. Exactamente el mismo escalofrío recorriendo mi espalda cuando me sentí ultrajado por esa penetrante mirada que casi parecía destellar en medio de la penumbra. Una carcajada que me heló la sangre rompió de pronto el silencio de la noche haciéndome saltar donde estaba... y luego lo vi. Era justo el mismo sujeto de esa noche. Quería gritar y salir corriendo de ahí pero no podía. Mi cuerpo no reaccionaba. Era casi como si algo me retuviera justo ahí impidiendo que me moviera siquiera un centímetro.
-Mira, mira... ¿qué tenemos aquí?...- Estaba a menos de cinco metros de mí. -...creo que después de todo, sí era nuestro destino estar juntos...- En un abrir y cerrar de ojos, sentí su aliento sobre mis labios. Su lengua recorriéndolos lentamente. Estaba aterrado y no dejaba de llamar a Okura en mi mente, suplicando al cielo que por algún milagro apareciera ahí en ese momento y me salvara nuevamente. -¡Mierda! ¡Hueles tan bien!...- Olfateaba desde mi rostro hasta mi cuello haciendo que se me pusiera la piel de gallina. Enredó sus dedos en mi cabello antes de sujetar con demasiada fuerza mi nuca. -...no quiero ni imaginar cómo sabes...- Lamió desde mi mejilla hasta mi oreja izquierda apresando mi cuerpo por la cintura con la otra mano. Aquella desagradable sensación me hizo salir de mi estado de shock. Lo empujé con todas mis fuerzas y eché a correr. Una carcajada que me erizó la piel. Corrí y corrí. -¡Tacchon es una miserable... No puedo creer que te deje ser tan vulnerable! ¡Tan frágil!- Sentí sus manos alrededor de mi cuello obligándome a levantarme de puntitas para tratar de respirar mejor conforme me levantaba. -¿Sientes eso?...- Oprimió con más fuerza. -¿Duele?...- Comenzó a enterrar sus uñas en mi piel. Tenía una fuerza difícil de creer en alguien de su complexión y estatura. -¿Cuánto crees que soportará antes de romperse?...- Mis lágrimas empezaron a caer debido al pánico y al dolor. Cada vez me costaba más trabajo respirar. Era injusto que me pasara todo esto justo cuando más quería estar con mi novio en casa. -¡¿Crees que es injusto?!... ¡Ja! ¡Injusto que sigas siendo un costal de carne y huesos a estas alturas! ¡Injusto que te niegue la bendición de una noche eterna y te exponga a la debilidad humana... al dolor... a la muerte...- Mis pies volvieron a tocar el piso pero sus manos seguían asfixiándome. Me jaló hacia atrás hasta que mi nuca se apoyó en su hombro derecho. Tosí varias veces cuando por fin me soltó. Una mano en mi barbilla y la otra cruzando mi pecho hasta asir mi hombro en un abrazo posesivo, un suave movimiento y me giró sin soltarme. Su lengua dibujando líneas desde mi cuello hasta mi labio inferior. Me mordió tan fuerte que sentí el ardor de la herida abierta y la tibieza de ese hilito de sangre resbalando, ese que tomó con su lengua. -¡Mmm!...- Gimió sin pudor contra mi boca. -Sabía desde la primera vez que te vi, que debías ser la criatura más deliciosa sobre la faz de la tierra...- Me estampó de espaldas contra el muro mientras seguía paseando su lengua por mi herida. Sus ojos también me miraban de ese modo repulsivo. Seguía lamiendo y succionando mi labio, cada vez con mayor salvajismo, sus manos apretando con demasiada fuerza mi brazo y mi cintura. -¡Dios! ¡El muy maldito estaba escondiendo la mejor botella de vino bajo su almohada!- Yo seguía concentrado en ignorarlo... Ignorar el miedo, la desesperación, la impotencia... Y evadirme de la realidad. -¡Es tan egoísta! Te mantiene humano para no dejar de beber el elixir de los Dioses...- Decía cosas tan sin sentido que prefería no escucharlo. –Pero el muy maldito te ha negado la verdadera gracia al no dejarte probar los placeres de la Vitae…-
-Okura-kun...- Un gritó ahogado logró escaparse de mi garganta cuando sentí su fría mano colarse por debajo de mi ropa. Su risa me hizo cerrar los ojos. Sentía mi cuerpo temblando sin control.
-¿Por qué lo llamas?... Él no va a venir... No creo que pueda correr hasta aquí para salvarte después de lo que le hice...- Sus palabras hicieron eco dolorosamente en mi interior haciendo que abriera desmesuradamente los ojos. –Esta es nuestra noche eterna… sólo tuya y mía…- Pegó su cuerpo contra el mío.
-Qué... qué le... hiciste?- Mis lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas de sólo imaginarlo.
-Nada... en comparación a lo que te haré a ti... "Tat-chan"...- El peor de los malos presentimientos se alojó en mi corazón. Así era cómo me llamaba Okura de cariño, si este sujeto lo sabía, entonces Okura...

Aprovechó ese momento de distracción para arrojarme sobre las bolsas de basura que estaban junto a la entrada del túnel.
-Alguien tenía que darle una lección a Tacchon y me temo que quedaste en medio, mi querido, "Tat-chan"...- Me abrió el abrigo arrancando los botones de un tirón, lo mismo empezó a hacer con la camisa, trataba de impedírselo golpeándolo con todas mis fuerzas, pero ni siquiera se inmutaba, sólo seguía riendo como desquiciado y tirando con más fuerza de mi ropa haciéndome daño. -Pero no te preocupes... Te dejaré impresa mi marca, así sabrás que serás mío por siempre y nunca te sentirás solo ni lo echarás de menos...- Golpeé su rostro con algo que agarré del suelo y su nariz comenzó a sangrar. -¡Mierda! ¡¡¡¿Por qué no puedes quedarte tranquilo?!!!- Me devolvió el golpe, sentí arder mi boca nuevamente. El sabor de mi propia sangre me revolvió el estómago. Me sentía mareado por el puñetazo. Sentí sus labios recorriendo mi piel con asquerosa lujuria. Sus dientes dejándome heridas por todas partes, mismas que seguramente dejarían moretones horribles. Besos que me sabían a desprecio y venganza. Mi cuerpo seguía oponiendo resistencia forcejeando y retorciéndose debajo del suyo, tratando en vano de zafarme y escapar; pero era mucho más fuerte que yo y me volvía a someter sin problemas tan pronto como liberaba una mano o mis piernas para tratar de quitármelo de encima. El notar que mis fuerzas disminuían con cada intento fallido me hacía desesperar aún más. El miedo empezaba a calar hondo en mi interior. ¿No podría hacer nada por evitar que continuara esta pesadilla?
-¡No importa cuántas cicatrices dejes sobre mi piel! ¡¡¡Jamás dejarás huella en mí!!! ¡Te olvidaré como se olvida una horrible pesadilla!... ¡Los besos y las caricias de Okura-kun borrarán todo el daño que dejes hoy!...- Grité mientras pataleaba para quitármelo de encima. Por un momento se detuvo. Nuestras miradas se cruzaron. ¿Era odio? ¿Era dolor? Había algo en sus ojos que me asustaba más que lo que me pudiera hacer a partir de ese momento... celos. Había atinado en un punto sensible que tal vez no debería haber tocado. Ahora sería peor. Y no sólo contra mí.
-Dices eso como si en verdad hubiera sentido amor por ti...- Oprimió con fuerza mis mejillas para hacer q lo mirara a los ojos. -Si en verdad te hubiera amado, habría compartido contigo el "beso" y te hubiera elegido para ser su compañero de baile durante la noche eterna a la que llamamos vida...- Con más fuerza a medida que se inclinaba hasta quedar casi pegado a mi rostro. -Okura no sabe amar... Él sólo se ama a sí mismo... Vas a tener que aprender por las malas que ese tipo de amor color de rosa es sólo una mentira...- Lamió mis labios mirándome con esa expresión fría y vacía. -Podrías haber sido mío y conocer lo que era realmente el amor aunque sea por una vez en la vida... Pero no supiste elegir... Y al meterte con lo que yo más amaba, terminaste arrojándote tu mismo dentro del pozo que será tu propia tumba...- Sentía sus uñas traspasando mi piel conforme apretaba más y más mi rostro con cada palabra. La ira se desbordaba de sus ojos. -Haré que desees no haberlo conocido... porque de algo puedes estar seguro... Si no te hubieras topado con él aquella noche y si no hubieras decidido quedarte a su lado como un perrito faldero que le abre las piernas cada noche, no tendría motivos para hacerte esto, "Tat-chan"...- Me soltó bruscamente haciendo que me golpeara la nuca contra el muro. –Y probablemente, tampoco hubiera tenido que hacerle lo que le hice…- Una punzada de dolor que me recorrió el cuerpo entero y que me dejó más aturdido de lo que ya estaba. Escuchaba su voz lejana. Mis ojos empezaban a cerrarse aunque luchaba por mantenerlos abiertos.
-Okura-kun...- Me iba a desmayar. Iba a quedar a merced de este loco. Tal vez sería lo mejor. No sentir más nada de lo que pensara hacerme.
-¡Ah, no! Despierta!... No te dejaré librarte tan fácil de tus pesadillas, "Tat-chan"...- Su risa maniática me trajo de regreso a la vez que me sujetaba por el cabello haciéndome más daño al jalar sobre la zona donde me había golpeado. -Tienes que recordar perfectamente todo esto, Tat-chan... ¡Así tus lágrimas serán de sangre por el resto de tu existencia!- Me levantó casi como si fuera un muñeco de trapo. Siguió con sus besos salvajes al tiempo que me lastimaba los brazos de tan fuerte que me oprimía para evitar que cayera pues mis piernas no soportaban ya mi peso. -Me aseguraré de que nada consiga borrar mis besos... Así sabrá que nunca debió escapar de mí y que jamás debió robarme la comida de la mesa...- Dejó caer su peso contra mi cuerpo para retenerme contra la pared y tener las manos libres. Su mano estaba buscando desabrochar mis pantalones, trataba de impedírselo pero ya no tenía fuerzas. Una vez que logró su cometido, me giró dejando mi rostro contra el frío concreto haciendo que me golpeara el pómulo. Me sujetó de la cabeza por el cabello con una mano y del vientre con la otra. Jamás había experimentado tanto dolor en toda mi vida. Podía sentirlo dentro de mí desgarrando mi interior, moviéndose con tal brutalidad que mis piernas flaqueaban. Reía como loco. Decía cosas tan sucias y vulgares que me producían asco. Había empezado a llorar, por fin el terror me había superado. Sentía que iba a morir esa noche en manos de un demente. Me jaló bruscamente para volver a arrojarme contras las bolsas de basura y continuó con ese vaivén que me destrozaba un poco más con cada movimiento. No podía acabar así. Empecé a gritar suplicando ayuda pero de inmediato metió sus dedos en mi boca y me hizo callar. Estaba a nada de vomitar. Sus dientes mordían mis hombros, su mano no paraba de golpear mis piernas y mi trasero; ardían, y estaba seguro de que había verdugones por todos lados, escocía cuando dejaba caer su saliva caliente o su sudor sobre mí. Gemía contra mi oído pero aquello no me provocaba placer de ninguna manera. Sentí su mano sobre mi miembro, se dedicó a torturarlo y hacerme sentir toda clase de dolor hasta que se sintió satisfecho y por fin salió de mí. -Okura no vendrá en tu ayuda... No podrá escapar de donde está ahora… Deberías dejar de reprimirte y disfrutar el estar conmigo... Será menos doloroso... aunque no tan placentero...- Me sujetó nuevamente por el cabello y me giró para dejarme boca arriba. Me miraba casi con fascinación -Tus lágrimas son tan hermosas... eres como un ángel al que le acaba de arrancar la alas un demonio...- Lamió mi rostro siguiendo el camino que había dejado mi llanto. -Debí traer a Okura... Su cara sería un poema en este momento si te viera así... Me gustaba el brillo de maldad que se apoderaba de sus ojos cuando se ponía furioso...- Sonreía de un modo tan perverso que mi cuerpo comenzó a temblar nuevamente, en parte por el frío, pero sobre todo por el miedo y el esfuerzo por retener mis lágrimas. Se acercó a mí hasta dejarme de frente a su entrepierna. Sabía lo que quería, pero no iba a hacer nada. Podía tomar de mí lo que quisiera, pero yo no le iba a dar nada. -¡Abre la boca!- Me tomó por la nuca empujándome contra él. Otra punzada de dolor. Me mordí los labios para reprimir ese grito. -¿Aún tienes fuerzas para resistirte? ¿Sabes que eso sólo me excita más?- Me propinó un fuerte golpe en la mejilla que hizo salir el grito. -Ah... Eso se escucha bien...- Y a ese golpe le siguieron uno y otro... y otro más. Ya ni siquiera parecía tener fuerzas para gritar. -Ahora sé un buen chico y abre la boca...- Lo hice. Tenía una idea y tal vez era mi única oportunidad para escapar. Lo dejé hacer lo quería y cuando menos lo esperó, clavé con fuerza mis dientes haciendo que se apartara gritando y maldiciendo presa del dolor. Me levanté como pude y eché a correr subiéndome los pantalones en la carrera. No llegué muy lejos antes de que me alcanzara. -De acuerdo, si así quieras que sean las cosas... Te haré sufrir hasta tu último aliento... Tal vez sea misericordioso esta noche y te deje reunirte con Okura antes de morir…- Sí. Aquello sería mi fin. Sin duda sería lento y doloroso. Cerré los ojos. Jaló con fuerza de mi cabello ladeando mi cabeza, su lengua lamiendo mi cuello mientras reía contra mi piel, seguramente disfrutando del terror que me hacía sentir.    
-Será mejor que lo sueltes.- Esa voz. La conocía.
-Jin...- El que mi agresor también lo conociera terminó de afirmar lo que presentía: ese tipo no era de fiar.
-Ryo... No puedes tomar la comida de los demás sin su permiso y menos si la comida no quiere ser tomada. Conoces las reglas, verdad?- Su voz sonaba tranquila y profunda como de costumbre. Caminó sin prisas. Ahí estaba nuevamente esa sonrisa cargada de lujuria curvada en sus labios que le daba ese aire de galán de revista. Pero esta vez no iba dirigida a mí sino al chico que me sujetaba bruscamente.
-No me vengas a dar sermones de moral, Jin. Es bueno ser tú, ah?... después de volverse "viejo" se tiene tanto tiempo libre que puedes perderlo metiéndote en los asuntos de los demás.- Aflojó un poco su agarre. Ya podía respirar con normalidad pero no me soltaba del todo.
-No... Esta vez sí es mi asunto, Ryo... ¿Sabes lo difícil que es encontrar a alguien con su talento musical?... Sé buen chico y déjalo ir...- Amplió su sonrisa cuando me señaló con la cabeza.
-¿Me estás dando órdenes, Akanishi?- El muy maldito sujetó mi mano y la levantó a la altura de su rostro para que ambos la viéramos mientras la apretaba tan fuerte que me arrancó un grito de dolor. Mis piernas flaquearon por fin. Fui a dar de lleno de rodillas contra el piso.
-¡Ryo, suéltalo! ¡Esas manos son más valiosas que nuestras malditas existencias!... ¡¡¡Carajo!!!- Al ver que oprimía aún más y que algo crujía como si se rompiera en mil pedazos, corrió hasta nosotros y me apartó con brusquedad de entre sus manos empujándolo contra el suelo. Dolía horrores. De seguro tenía varios huesos rotos. Pero eso ni siquiera me importó realmente en ese momento.
-¡¿Qué crees que haces, Jin?!- Estaba furioso. Se levantó y se lanzó contra el otro.
-¡Vete de aquí!- Me ordenó haciéndome a un lado para sujetar a Ryo y evitar que nos golpeara a ambos. Apenas si pude ponerme de pie. Cada paso era más doloroso que el anterior. Probablemente tenía algunas costillas rotas después de todos los golpes que me había dado minutos atrás. Estaba seguro de que debía ser cosa de la adrenalina y que en cuanto el terror abandonara mi cuerpo, la factura iba a venir con altos intereses.



Los ruidos de la ciudad fueron apagándose poco a poco. Las múltiples luces de colores se movían a mi alrededor en cámara lenta haciendo girar todo en mi cabeza. Sentía mucho frío. Mis piernas cada vez eran más pesadas y me era difícil moverlas. Ni siquiera había logrado llegar muy lejos, si acaso había recorrido unas seis cuadras. De algo estaba seguro: me iba a desmayar en cualquier momento. Me detuve. No era precisamente el mejor lugar para morir, un callejón oscuro donde seguramente nadie me encontraría en días, pero ya no podía moverme. Me apoyé contra el muro. No podía más. Simplemente dejé que mi cuerpo se desplomara justo ahí.
-¡¡¡Tat-chan!!!- Sonreí. Aún cuando hubiera sido una ilusión, la voz de Okura había sido mi ángel de la muerte cobijándome bajo sus alas en medio de la oscuridad.
-Okura-kun... Te amo...- Tal vez ni siquiera salieron las palabras, pero sabía que él las escucharía. Mis fuerzas desaparecieron por completo. Había sido feliz y no me arrepentía de nada. Había amado hasta mi último suspiro. Ahora podría soñar con Okura durante una noche eterna. Cerré los ojos. Tal vez, por fin podría verlo a mi lado al despertar.



-¡Hey! ¡No te duermas!... Mírame...- No podía abrir los ojos, pero aún así sabía que era Akanishi quien me hablaba. -Tatsuya, no te duermas...- Me sacudía por los hombros. Quería que me soltara, pero no sentía mi cuerpo. -No llores...- Sus dedos limpiaban mis mejillas. -Vas a estar bien, te lo prometo...- Su voz sonaba diferente de lo habitual. Preocupada.
-No...- Apenas escuchaba mi propia voz.
-¿Eh?...- Levanté mi mano y traté de apartar de mi rostro la suya pero ya no tenía fuerzas ni para eso. -Tranquilo... estás a salvo... Ryo ha quedado muy débil como para que pueda encontrarte.-
-Okura-kun...- Escucharlo decir aquello me recordó lo que Ryo había dicho. ¿Estaba bien? ¿Le habría hecho mucho daño? No lo había asesinada… ¿verdad?
-Lo llamé para que viniera a buscarte pero...- Su voz empezaba a sonar lejana. Tenía frío. -¿Tatsuya?... ¡Hey! ¡Hey!... Mírame...- Mis parpados pesaban, ya no podía mantenerlos abiertos. -Escúchame... No quieres morir, ¿verdad?...- ¿Me estaba abrazando? De pronto ya no me parecía el sujeto despreciable y arrogante que conocí durante años. -Quieres seguir viviendo, ¿verdad? Quieres quedarte con Okura por siempre, ¿verdad? Quieres vengarte de Ryo por lo que te hizo… por lo que le hizo a él, ¿no es así?- Hice acopio de todas las fuerzas que me quedaban para asentir. -No te importa nada más que eso, ¿verdad? No morir...- Quería gritarle que sí y salir corriendo a casa para volver a estar con él, pero me estaba congelando y respirar era cada vez más trabajoso. Estaba muy cansado. -¿Tatsuya? ¡¿Tat-chan?!... Ah, mierda... No puedo seguir esperando... Si no lo hago ahora va a morir... No puedo dejarlo morir… Lo necesito…- Sus manos recorrían mi rostro, tal vez buscando una señal de que seguía ahí. Estaba muriendo, ¿cierto? Iba a morir y ni siquiera al final había podido ver a la persona que amaba. –¿Me escuchas?- Tomó mi mano. La apreté con todas mis fuerzas. Un sutil movimiento que alcanzó a notar -Esto va a doler... mucho... será sólo unos minutos y luego todo el dolor desaparecerá para siempre...- Quise decirle que sí, que no importaba nada mientras pudiera volver a estar con Okura, pero no podía. Y luego lo sentí. Sus labios contra mi cuello. Su aliento golpeando suavemente mi piel. Un beso casto. Como si se disculpara por todo. Pero no era un beso. Y luego una punzada de dolor cuando sus colmillos atravesaron mi piel. Dolía. Sentía cómo succionaba mi sangre. Unos segundos. Sólo eso duró el dolor. De inmediato el calor se apoderó de mi cuerpo. Me quemaba. Una oleada de placer tan inmensa que sentía que moriría antes de alcanzar el orgasmo. Me aferré a su cuerpo. No quería que parara. Jamás había sentido nada como esto. No podría describirlo, pasaba tan rápido y era tan intenso que mi cerebro no alcanzaba a registrar nada que no fuera el placer que experimentaba en ese momento. Y entonces terminó. Todo se apagó.

-Bebe... mi pequeño... ten...- Sentí algo sobre mis labios. Algo líquido que resbaló por mi garganta. Tibio. Dulce. Luego vino el hambre. Insaciable. Atroz. Aquel líquido era delicioso. Más. Quería más. El hambre desaparecía a medida que bebía. Más. -Sí, así, pequeño... Bebe...- Alguien me hablaba, pero no me importaba. Debía tener más de aquello. La voz gemía contra mi oído. Mi propio cuerpo despertaba al placer a medida que me llenaba de ese líquido. Quería más de aquello. ¿Podría ser suficiente alguna vez? No lo creía. Jamás tendría suficiente de aquello. -Basta, Tat-chan... Es suficiente...- Su respiración entrecortada por jadeos. Su mano apartándome con fuerza pero con delicadeza. El vacío. Lo quería de vuelta. Quería más. Algo me detuvo. ¿Un latido? ¡Dios! Una punzada de dolor en mi corazón. Como si lo oprimieran hasta exprimirlo y luego lo soltaran para que se hinchara de sangre otra vez. -¡Tat-chan! ¡Aquí estoy! Tranquilo...- ¡Diablos! ¿Había un dolor más horrible que este? Sentía que cada gota de sangre fluyendo desde mi corazón me quemaba las venas y aquello se extendía de pies a cabeza. Era insoportable. Quería morir. Eso seguro alejaría el dolor. Pero algo me sujetaba. Sólo podía retorcerme y gritar entre esos brazos que me sujetaban. -Tranquilo... Ya casi termina... Vas a estar bien...- El dolor aumentó. No cabía en mi cuerpo. Subió directo a mi cabeza y explotó. Clavé mis colmillos contra su hombro. Un grito de sorpresa escapó de sus labios. Ahí estaba de nuevo esa embriagante sensación. Ese adictivo sabor. ¿Su sangre? El dolor se atenuaba gracias al placer que me producía su sabor. Se apartó. Chocó contra el muro contrario llevándose la mano al hombro. Sonreía. El dolor volvió. Ya no era tan intenso. Poco a poco fue desapareciendo. Mis latidos se volvieron cada vez más lentos. Se detuvieron. Para siempre.




Mi vida había sido una mentira. Nada más que un guión escrito por mi familia, en el cual todos teníamos que interpretar un papel perfecto e ideal ante la sociedad. Una estúpida y vil mentira. En la cual todos usaban máscaras bajo las cuáles ocultaban sus verdaderas intenciones. Máscaras llenas de encantadoras sonrisas con las que se acercaban a mi hermana y a mí intentando deslumbrarnos con oro falso en busca de devorar la riqueza y el poder que representaba nuestra familia. Estaba harto de esa mentira. Escapé. Mi música se volvió mi refugio. Cerré mi mente y escondí mi corazón para que nadie pudiera mancharlos con su asquerosa hipocresía. Escapé. La frialdad se volvió mi mejor amiga y la soledad mi leal compañera. Seguir con mi actuación, eso era lo único que les importaba de mí y mientras no se metieran con mi refugio, no me importaba seguir jugando a la familia feliz. El escenario se llenó de marionetas vacías que sonreían y bailaban a medida que tiraban de sus hilos. Escapé. Estaba harto de estar solo y de que trataran de ganar mi simpatía con manzanas envenenadas en busca de poseerme cuando cayera dormido. Así que simplemente tomé mis cosas y las metí dentro de mi mochila y salí corriendo de ese circo. Escapé. Quería ser libre. Aprender a volar. Ser como una melodía. Y entonces llegó la armonía y mi vida volvió a ser vida y conocí el amor y supe lo que era ser feliz. Veintiún años de mi vida siendo una cáscara vacía habían valido la pena por tres años de vivir a su lado. Mi destino había sido vivir para encontrarlo. Ahora mi parte en la historia había llegado a su fin. Vivir había sido la canción más hermosa que hubiera escrito... porque me había amado.



-¿Akanishi?... Dónde está Tat...-
-Hice lo que pude para mantenerlo con vida... La ambulancia tardó demasiado en llegar...-
-¡¡¡NO!!! ¡¡¡¿QUÉ HICISTE?!!!-
-No me des las gracias... Será mejor que lo lleves a casa... Despertará hambriento. Sabes que será peligroso los primeros meses...-
-¡¡¡¿CÓMO PUDISTE?!!!-
-¿Acaso hubieras preferido verlo muerto?... No te entiendo… ¿no dices que lo amas? No sé cómo Ryo-chan puede seguir aferrándose a ti... En todos estos años a mi lado no he podido competir contra lo que sigue sintiendo por ti... ¡Lo suyo duró sólo unas décadas! ¡¿Cómo puede eso valer más que un siglo de mi amor?!-
-¡¡¡¿Y esta es tu manera de vengarte?!!!-
-¿Vengarme?... No seas infantil... Hace un par de décadas que aprendí a perdonar... No lo hice por ti... Lo hice por él... y si no eres capaz de entenderlo, supongo que Ryo-chan tiene razón cuando dice que no sabes amar...-
-¡Jamás te perdonaré por esto!-
-¿Crees que me importa? Deberías agradecer que no viste en qué condiciones lo dejó Ryo-chan después de todo lo que le hizo... Aunque me temó que las heridas siguen ahí a pesar de que no podamos verlas gracias a la magia del "abrazo".-
-¿De qué hablas?... ¡¿Qué le hizo Ryo?!-
-Si sigues apretándolo así, le vas a volver a romper los huesos... No creo que le haya gustado la sensación de tener un pulmón perforado por una costilla rota o la de tener la mano destrozada desde las falanges hasta la muñeca...-
-¿Eh?... ¿Ryo...?-
-Debo irme... Necesito recuperar fuerzas para poder volver a casa...-
-¡¡¡¿Y crees que te voy a dejar ir así sin más?!!!-
-Sí... No tienes opción... Tú también estás débil y no falta mucho para que amanezca... Y dudo que vayas a dejar a tu cachorro abandonado en este asqueroso callejón para que se vuelva cenizas... No lo harías... No después de todo lo que sufrió para llegar hasta aquí después de escapar y de lo mucho que se defendió repitiendo tu nombre...-
-¡¡¿A dónde crees que vas?!!-
-Ya te lo dije... Iré por un bocadillo antes de volver a casa... Deberías hacer lo mismo...-
-¡¡¡JIN!!!-

-Estúpido… Debiste hacerme caso… Sabes que me pongo un poco susceptible cuando tengo hambre… Ah-ah~… Supongo que tendré que llevarte conmigo a casa, Tatsuya… Okura podrá arreglárselas solo para ocultarse antes de que amanezca… y sino… Ryo va a estar un poco molesto conmigo… otra vez.- 

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Amor eterno. (JaeChun)



Título: Amor eterno
Autor: Lilith 
Pairing: JaeJoong + YooChun  
Fandom: DBSK
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai  / Angs / AU
 ~Forever love - X-JAPAN
10/08/12
N/A: No estaba muy segura de publicar esto, pero pues ya que estaba escrito...



Minuto a minuto, la enorme ciudad comenzaba a adquirir vida. El cielo, normalmente teñido de colores pastel a esa hora, mostraba un gris plomizo que hacía que todos llevaran la sombrilla a la mano. Los coches tenían ya abarrotadas las avenidas y, cual hormigas, las personas salían por las escaleras de las estaciones del subterráneo desparramándose en ambos sentidos de la calle hasta donde alcanzaba la vista. El olor a café y tabaco entremezclados con smog era el aroma de cada mañana en Tokio y en medio de aquel cuadro de vida citadina, un par de chicos bajaban de un taxi estacionado afuera de un lujoso hotel en una de las zonas más exclusivas de la región.

El frío denotaba aún más la extrema blancura de su piel, que hacía resaltar sus labios rojos y sus enormes ojos oscuros. Esperaba pacientemente en la acera con las manos en los bolsillos de su abrigo negro y escondiendo la mitad de su rostro debajo de la gruesa bufanda gris oscuro que lo protegía del frío sin quitarle la mirada de encima al chico que se inclinaba hacia el conductor para pagar la tarifa de viaje. Un pensamiento poco inocente se coló en su mente arrebatándole una leve sonrisa que se apresuró a ocultar con el dorso de su mano al tiempo que apartaba los ojos de esa silueta que tanto le gustaba para fijarla en los ventanales de la fachada que se alzaba frente a él. Debía guardar la compostura, apenas eran las nueve de la mañana y ya estaba pensando en llevarse a su novio a la cama. Ciertamente se había terminado por contagiar de su perversión.
-¿De qué te ríes?... La gente creerá que estás mal de la cabeza...- Esa voz, su voz, siempre le había parecido la cosa más seductora del universo y en ese momento estaba acompañada de esa sonrisa tan sincera y dulce que tanto le fascinaba.
-De nada... Si te lo dijera, de seguro no llegarías a la conferencia...- Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso al recordar lo que había imaginado, así que desvió la mirada a otro lado intentando recuperar la compostura.
-Mmm... Y tú cómo sabes que quiero ir a esa conferencia, ¿eh?...- Lo mataba cada que hacía eso. Y es que sentía tantas y tantas cosas cuando le susurraba con ese timbre de voz tan profundo al oído, que sentía que sus piernas se volvían de gelatina.
-Eres un pervertido, Park YooChun...- Decía en voz baja mirando a su alrededor y rogando porque nadie hubiera reparado en su conversación. Su sonrisa tímida lo decía todo. Se había salido con la suya: en verdad le encantaba provocar así al mayor, le parecía tan adorable que no podía evitarlo.
-Pero eso es lo que más te gusta de mí, ¿no?...- Susurró en su oído rozando discretamente con el dedo índice su cadera deteniéndose al llegar a la ingle siguiendo aquel recorrido poco decente por el cuerpo de su novio con los ojos, esa mirada cargada del más puro deseo. Lo miró directo a los ojos con expresión provocativa al ver que se estremecía al llegar a ese sensible lugar. Sus mejillas no podían ponerse más rojas. Apartó súbitamente la mano. -Vamos... Tengo una charla que dar...- Tomó su maleta y echó a andar dejando al otro pobre al borde del colapso parado a mitad de la banqueta tratando desesperadamente de controlar su respiración y los latidos de su corazón. -¿Jae?... ¿No vienes?...- Su enorme sonrisa lo esperaba un par de pasos adelante.
-Eres un malvado, ¿sabías?... A veces creo que sólo te gusta molestarme...- Le hizo un puchero de fingida indignación y corrió para alcanzarlo.
-No digas eso, Jae...- Acarició suavemente su mejilla con el dorso de la mano y le acomodó la bufanda al reparar que su piel estaba fría. -Sabes que no hay nadie en este mundo que te ame tanto como yo...- Y ahí estaba, desbordándose a través de sus ojos desde su corazón, ese inmenso amor que no le cabía en el cuerpo cuando se trataba de su primer y único amor. Pasó su pulgar por su labio inferior. Un gesto que sólo ellos entendían: quiero besarte ahora.
-YooChun...- Suspiró. No. Había algo en lo que su novio se equivocaba. No era su lado pervertido lo que más le gustaba de él, sino esa mezcla perfecta entre la ternura y la pasión con la que siempre lo había amado y la forma tan sincera y directa de demostrarle todo lo que sentía por él con tan sólo una caricia, una mirada.


-Listo!...- Se acercó a él casi corriendo sosteniendo un pequeño y elegante sobre con la tarjeta electrónica del cuarto de hotel que había reservado. -Tengo que subir a preparar todo con mi equipo de trabajo para la conferencia... ¿Por qué no me esperas en el restaurante?, aprovecha y desayuna rico...- Decía señalando con la cabeza hacia donde se encontraba el lugar. Dio un paso hacia él. -Debes llenarte de energías... Las vas a necesitar...- Susurraba rozándole la oreja con la nariz al tiempo que le entregaba el sobre.
-¡YooChun!- Su rostro se había vuelto a poner colorado y abría los ojos como platos. El menor lo miraba divertido ampliando aún más su sonrisa al ver la reacción avergonzada y, al mismo tiempo, seductora, de su novio.
-No tardaré mucho...- Miró alrededor para asegurarse de que nadie los miraba y lo besó. Un segundo que les pareció eterno debido a todo lo que les hizo sentir. -Te amo...- El mayor suspiraba ruborizándose y tratando de retener  con las yemas de sus dedos el calor de esos labios sobre los propios que acaban de alejarse de su cuerpo dejándolo sumido en una sensación de ensoñación.
-¡Ah!... Chunnie...- De pronto tuvo una sensación horrenda cuando lo vio darse media vuelta para dirigirse al elevador.
-Dime...- Se giró manteniendo esa amplia sonrisa con la cual se había alejado después de robarle un fugaz beso suponiendo que su novio  querría alguna otra muestra de afecto antes de dejarlo partir. Lo cierto es que él también esperaba algo más que ese beso, por eso iba con diez minutos de anticipación. Sabía que estando con JaeJoong, iba a necesitar cada segundo antes de ser capaz de separarse de él.
-Eh... yo...- Ni siquiera sabía qué decirle. Era como si sintiera que le apretaban el corazón por dentro. Corrió hasta alcanzarlo aferrándose con fuerza a su abrigo. -Te amo... Regresa pronto,¿ sí?... Voy a estarte esperando... todo el tiempo…- Quiso decir otra cosa, pero de pronto su voz se desvaneció.
-Claro que sí... ¿Sabes que aunque esté aquí arriba, voy a echarte mucho de menos?...- Lo vio asentir tímidamente esbozando un ligera sonrisa. Las puertas de metal se abrieron detrás del menor. -Amo que pongas esa carita...- Le dio un último beso antes de dar un paso hacia atrás para entrar y le dijo adiós con la mano sonriéndole como siempre que se iba a trabajar por las mañanas. Las puertas se cerraron. El mayor soltó un largo suspiro sujetándose la mano. El mal presentimiento no se iba.
-Señor... ¿se encuentra bien?...- Una de las empleadas se acercó a él al ver que continuaba de pie frente al elevador desde hacía unos minutos.
-Ah, sí... ¿El restaurante?...- Pensó en alguna pregunta ocasional que desviara la atención de la chica.
-Por aquí, por favor...- Le hizo un gesto con la mano para indicarle que la siguiera y así lo hizo. YooChun tenía razón, necesitaba comer algo. Tal vez después de llenar su estómago, aquella desagradable sensación desaparecería.


-¿Chief, dónde estabas?...- Preguntaba su asistente al verlo entrar con su portafolio bajo el brazo y silbando de lo más feliz, alguna canción que sólo él conocía.
-Abajo...- Siempre era de lo más despreocupado en esas situaciones, pero es que sabía que tenía todo bajo control.
-¡Claro! De seguro estabas durmiendo en tu habitación, ¿verdad?- Lo miró incrédulo porque hacía mucho que lo conocía.
-No, en serio... Estaba en el lobby...- Puso aquella carita que siempre hacía que los demás lo dejarán salirse con la suya.
-Sí, yo lo vi, como siempre, muy bien acompañado...- Decía la abogada japonesa que venía entrando con una taza de café humeante en la mano y docenas de papeles en carpetas elegantes en la otra.
-¡Yaaah! ¡Park YooChun! ¡Te dije que este no era un viaje de placer!- El pobre chico estaba desquiciado. Le había dicho por lo menos unas mil veces en el transcurso de la semana que no trajera a su pareja, pero por lo visto, había vuelto a ser ignorado campalmente, lo cual no era novedad. Aunque era un par de meses más grande que su jefe, no tenían ese trato de mayor y menor, empezando porque el menor era su superior en el trabajo y porque habían sido amigos desde la escuela preparatoria.
-Lo sé... Es un viaje estrictamente de negocios, ¿no? Tengo que estar aquí, trabajando sin descanso hasta las seis de la tarde...- Dijo completamente serio. -Después de esa hora, estoy de vacaciones por tres días... ¿verdad, Kana-san?-
-Así es...- El otro pobre los miraba sin creer lo que escuchaba. Incluso la mujer, quien normalmente parecía ser incluso un poco amargada, sonreía en complicidad con el chico que presumía esa sonrisa triunfal.
-Chief... eres caso perdido, ¿sabías?- Suspiró resignado y se reacomodó la corbata.
-Lo sé... Pero tú mismo me dijiste ayer que tenía que tomarme las cosas con calma y relajarme, y eso es lo que voy a hacer, y sabes que JJ es mi mejor medicina contra el estrés, así que él tampoco viene en un viaje de placer, lo contraté por tres días para que me desestrezara...- Hizo una cara de lo más inocente mientras se encogía de hombros y alzaba los brazos en señal de "yo no hice nada".
-Eres un pervertido, Chief...-
-¿Qué? ¡Yo no dije nada!- Su risa lo delataba. Su amigo lo conocía muy bien.
-¡Cállense! ¡Maldita sea!, no me interesa la liberal vida sexual de mis superiores y menos a esta hora de la mañana cuando ni siquiera me he terminado mi primer taza de café...- El chico que se encargaba de las cuestiones informáticas y tecnológicas en la empresa iba entrando justo en ese momento y aunque sonreía, su voz era autoritaria y su mirada bastante fría… Esa expresión que ambos sabían que nada bueno les depararía el futuro como lo hicieran enojar: ChangMin no había desayunado aún.
-Lo siento, ChangMin-ssi...- Se apresuró a decir YunHo con tono amable, lanzándole una mirada amenazante a YooChun para que se callara de una buena vez si no quería hacer enojar al chico y que los botara antes de la presentación, ninguno de los dos sabrían que hacer con los aparatos y los programas si no estaba por ahí su ingeniero informático. Así que los dos guardaron silencio y terminaron con los preparativos justo antes de que los asistentes comenzaran a entrar en la sala de conferencias.


La comida era deliciosa, pero por alguna razón, parecía que su apetito voraz se había quedado en Corea, porque hacía más de veinte minutos que no probaba bocado y se limitaba a rodar un par de albóndigas de un lado a otro del plato suspirándole a la nada y pensando en su novio.
-¿Hay algún problema con la comida, señor?- Se le acercó uno de los meseros al ver que hacía ya buen rato que había dejado de comer.
-¿Eh?... Ah, no, no… - Se sonrojó un poco al caer en cuentas de lo que su comportamiento pudo haber dado a entender. -¿Podrías traerme la carta nuevamente, por favor?- Esperaba que el menú de postres le fuera un poco más atractivo.
-Seguro... ¿Puedo retirar su plato?-
-Ah... sí, por favor...- Ahora se dedicaba a jugar con los cubiertos y el salero.
-Aquí tiene...- Le extendió la hoja de papel doblada y plastificada. Ahora que la miraba bien, el diseño era bastante bonito.
-Gracias...-
-Vuelvo en un momento para tomar su orden...- Al ver que asentía concentrado de lleno en leer cada sección, se dio media vuelta y se fue a atender a otro cliente.

Terminaba tranquilamente su trozo de pastel dando de vez en cuando un sorbo a su té, cuando su celular comenzó a sonar. De inmediato supo quién era, YooChun tenía un tono muy en particular.
-¿Qué pasa?... ¿Me extrañabas tanto que te escapaste de tu conferencia para escuchar mi voz?- Se reía susurrando aquello con tono coqueto, sin embargo, por muy descabellada que le pareciera la idea, lo creía capaz de eso y más.
-No... Estoy en la conferencia...-
-¡¿Entonces por qué demonios me estás marcando?! ¡Cuelga y ponte a trabajar!- Abrió los ojos como platos al tiempo que se levantaba del asiento. Al sentirse mirado por los otros comensales, tomó asiento de inmediato cubriendo su rostro con sus manos. -Por tu culpa la gente me mira cómo si estuviera loco...- Miraba discretamente alrededor sólo para darse cuenta de que seguía siendo la comidilla de varias personas.
-Creo que tendré que ir por ti... porque no me gusta que te estén mirando todos esos extraños...-
-YooChun, no digas esas cosas... Te va a escuchar alguien...-
-No pasa nada... A decir verdad, sí me escapé unos minutos, aproveché que YunHo estaba exponiendo algunos puntos sobre nuestras estrategias de mercado para “ir al baño”...-
-Mmm... Abusivo...-
-Un poco... Pero sólo cuando estás tú y una cama de por medio...-
-¡¡¡YOOCHUN-AH!!!- El pobre se había vuelto a sonrojar hasta las orejas y ahora más gente lo miraba y reía por lo bajo de sus "adorables" reacciones.
-¡Jajaja! Sí iré por ti, ahora debe estarte mirando todavía más gente, ¿verdad?-
-Te pasas...- Se levantó para ir a pagar y salir de ahí lo más pronto posible, no le gustaba nada ser el centro de atención. Al menos no de ese modo.
-¿A dónde vas?-
-A donde nadie me vea y piense que estoy loco por culpa de mi pervertido novio...-
-De acuerdo, pero sí estás loco, amor... Loco por mí.- Se apresuró a terminar la frase al escuchar ese gemidito de estupefacción al otro lado del teléfono, señal de que no le había parecido divertido el comentario.
-¡Eres más lambiscón que Jiji!- Pero aún así, su sonrisita lo delataba: estaba feliz de escucharlo decir esas cosas.
-Te amo...-
-Y yo a ti...- Uno suspiraba mientras el otro sonreía como colegiala enamorada.
-Es hora de volver al trabajo... ¿Te irás a la habitación o saldrás a dar una vuelta?-
-Creo que dormiré un ratito...- Sabía que así sería, por eso se había apresurado en darle la llave, lo conocía tanto como para saber que apenas terminara de comer el postre, iría a acostarse y ver la tele hasta quedarse dormido; y de hecho contaba con que así fuera porque ya había planeado la forma perfecta de despertarlo. -¿Sentiste eso?- Por un momento sintió que el suelo se movía y vio un par de luces parpadear en el techo del pasillo.
-¿Qué cosa?- Se mojó las manos en el lavabo y se las pasó por el cabello para acomodarse el peinado. Un hábito que hacía mucho que tenía aunque no estuviera ni un pelito despeinado.
-¿Está temblando?- La sensación permanecía y se detuvo por si acaso era algún síntoma de que algo no estaba bien con él, tal vez debido al vuelo o al exceso de azúcar que había consumido en tan poco tiempo por culpa de ese delicioso pastel.
-Amor, estamos en Japón, aquí tiembla todo el tiempo...- Trataba de calmarlo sin darle mayor importancia porque después de tantos viajes de negocios, ya se había acostumbrado a las "pequeñas sacudidas" de aquel país.
-¡Oh! Otra vez...- El mayor permanecía de pie apoyado de espaldas contra la pared  y mirando el techo, pues por todo el pasillo parecía que las luces se fundirían en cualquier momento o que algo se desprendería del techo como en esas películas que tanto le gustaba ver en casa.
-Tranquilo, amor... Te acostumbras después de un rato.- Sin embargo esta vez sí lo había sentido y también se detuvo esperando que pasara pronto como otras veces.
-No me gusta...- El movimiento se hizo cada vez más fuerte, una alarma comenzó a sonar a lo lejos y luego otra y otra. -¡Chunnie! ¡Esto no me gusta! ¡¿Dónde estás?!- Iba tanteando la pared con la mano libre para cruzar la recepción y dirigirse a los elevadores.
-Voy hacia la sala de conferencias, debo asegurarme de que todos salgan sanos y salvos, espérame abajo, iré por ti lo antes posible.- El fuerte sonido de una explosión hizo que el mayor soltara un grito de miedo, pues en comparación de donde estaba YooChun, el ruido se había escuchado muy fuerte en la planta baja. -¡¿Jae?! ¡¿Estás bien?!- Sabía que no debía, pero al escucharlo gritar así, echó a correr hacia las escaleras de emergencia.
-¡Chunnie, tengo miedo!- El pánico era evidente en las personas que salían a toda prisa del restaurante tratando de escapar del humo y los trozos de escombros y vidrios que caían por todas partes. El personal del hotel trataba de sacarlos a todos en orden instándolos a mantener la calma, la multitud lo movía hacia las puertas automáticas de la entrada principal que estaban siendo sujetas por dos policías ya que no se accionaban por sí solas debido a las fallas en la corriente. Otro temblor sacudió con fuerza el suelo cuarteando la duela de madera y haciendo que varias personas cayeran al piso. La corriente eléctrica se volvió tan inestable que la mayoría de las lámparas reventaron por los cambios drásticos de voltaje dejando el lugar en semipenumbra provocando mayor ansiedad entre las personas que chocaban y tropezaban con todo y todos a su paso.
-Tranquilo, amor, voy por ti...- Las sirenas de las patrullas y ambulancias se escuchaban cada vez más cerca, podía sentir las vibraciones a través del barandal a medida que bajaba pero sólo podía percibir con claridad la respiración entrecortada y asustada del chico al otro lado del teléfono que por más que intentaba, no podía ahogar los chillidos de espanto que se le escapan de cuando en cuando. Otra explosión lo hizo perder el equilibrio y golpearse la cara contra el metal sintiendo una dolorosa punzada entre la sien y el pómulo, su celular se escapó de sus manos en un intento inútil por frenar la caída, yendo a dar varios escalones hasta el descanso de abajo.
-¡Chunnie! ¡¡¡YooChun-ah!!!- El miedo se apoderó de él al escuchar aquel ruido seco. Temiendo lo peor, echó a correr hacia adentro para llegar a las escaleras. Ahora podía ver perfectamente el caos dentro del edificio. Algunos empleados trataban inútilmente de contener el fuego para que no siguiera expandiéndose. Algunas personas estaban heridas y eran ayudados para salir, otros yacían en el piso sin moverse y siendo pisados en la carrera por salir a la seguridad del exterior. Los ojos se le llenaron de lágrimas. -Chunnie...- Un golpe de adrenalina lo hizo salir de su shock, tenía que encontrar a su novio. Cuando llegó por fin a las escaleras, una ola de gente lo arrastró de regreso al lobby, luchaba por pasar entre ellas. Otra explosión lo hizo llevarse las manos a los oídos al tiempo que cerraba los ojos y se agachaba un poco. Lo empujaron bruscamente y cayó al suelo haciéndose daño en el brazo al chocar contra una maceta. Había un montón de humo y polvo, seguía aturdido y no lograba entender lo que decían aun cuando sabía que estaban gritando en todas partes, el hombre que lo había empujado permanecía en el piso sin moverse y la cantidad de heridos hizo que le temblaran las piernas cuando trató de levantarse debido a la impresión. La puerta se había desprendido de sus goznes por la parte de arriba y los escombros impedían entrar o salir a cualquiera. La sangre se le fue del cuerpo. Sacó el móvil y comenzó a marcar con desesperación. Marcaba ocupado. Quiso levantarse pero resbaló con una mancha de sangre y terminó de nueva cuenta en el piso golpeándose con fuerza la nuca, se giró para ponerse de rodillas e intentar nuevamente ponerse de pie. Una mujer pasó histérica a su lado y le piso la mano con su zapato de tacón. Un grito de dolor escapó de su boca.
-Tasukete...- Alguien se apoyaba en su espalda tratando de usarlo de muleta, se giró espantado, el hombre había perdido una pierna y su brazo estaba negro debido a las quemaduras, se aferraba a su hombro mirándolo con la cara llena de sangre y hollín.
-¡¡¡JaeJoong-ssi!!!- Escuchó una voz conocida y en menos de un minuto alguien lo levantaba y lo arrastraba lejos de aquel hombre y los cuerpos mutilados de otras tantas personas que se entremezclaban con los escombros.
-Chunnie...- Las lágrimas comenzaron a rodar a través de sus mejillas y al sentir que podía perder al amor de su vida, se zafó como pudo de los brazos que lo sujetaban y corrió de regresó, tenía que haber otro modo de subir, estaba seguro de ello. Una cuarta explosión lo hizo caer mientras corría, al parecer los vidrios de la fachada se habían vuelto añicos hiriendo a muchas personas al impactar contra el concreto de la banqueta, la gente afuera gritaba desconcertada tratando de ponerse a salvo.
-¡¡¡JaeJoong-ssi!!!- De nuevo esa voz. Alguien se le aventó encima rodeándolo por la espalda, ambos cayeron al suelo con fuerza evitando que un pedazo de plafón los aplastara cuando se desprendió del techo con la sacudida. Permanecieron contra el mostrador de la recepción por unos minutos. JaeJoong se sentía desorientado por el golpe y tratar de enfocar algo hacía que se mareara un poco, tosía debido al polvo. –¿Estás bien?- Quién lo había salvado por segunda ocasión permanecía de rodillas cubriéndolo con su propio cuerpo, sintió una mano en su brazo. -¿Te hiciste daño?-
-¡¿YooChun?!...- Se aferró como pudo a su saco tratando de ver su rostro para saber si era él, pero no podía enfocar con claridad.
-El Jefe debe estar afuera... No estaba en el salón cuando empezó todo, los aseos estaban más cerca de las escaleras de emergencias... debió salir por ahí...- Le pareció que de pronto estaba demasiado quieto entre sus brazos. -¿JaeJoong-ssi?...- Bajó un poco la cabeza buscando su rostro.
-YooChun...- Sintió un agudo dolor en la cabeza y todo a su alrededor comenzó a desvanecerse en la oscuridad.
-¡JaeJoong-ssi!- La voz sonaba cada vez más lejana. Se sintió terriblemente ligero y mejor cerró los ojos esperando recuperar su campo de visión después de abrirlos.  

 

Lo que vi al abrir los ojos no se acercaba para nada al horror que esperaba contemplar, ese que me rodeaba cuando los cerré. Aquel techo blanco que hacía juego con el apacible silencio y el olor a limpio que en conjunto con el humidificador proporcionaban un ambiente confortable, me dejaron muy en claro que no estaba para nada en medio del infierno incierto que recordaba. Me sentía un poco confuso y mareado, por lo que preferí no levantarme de la cama. Poco a poco me di cuenta de que aquella habitación tampoco pertenecía al lujoso hotel donde habíamos estado, así que pronto descarté la idea de que todo aquello hubiera sido una terrible pesadilla. Tras desvanecerse por completo la sensación de somnolencia que me hacía sentir un poco atontado, probablemente debido también al medicamento que goteaba lentamente a través de esa delgada sonda, me incorporé sobre la cama tratando de poner en orden mis pensamientos, tal vez de ese modo lograría recordar cómo había llegado al hospital, porque lo último que recordaba era que estaba hablando por teléfono con él... ¿Dónde estaba? ¿Por qué no estaba a mi lado para ser lo primero que vieran mis ojos al despertar?



-JaeJoong-ah...-Escuché su profunda voz pronunciar mi nombre de un modo que casi me resultó doloroso. Suavemente abrí la puerta de la habitación para no asustarlo, ahí estaba él, sentado con las rodillas flexionadas, los codos apoyados sobre ellas y su rostro ocultó entre sus manos. ¿Acaso lloraba? Qué tonto era, todos estos días que estuvo inconsciente en esa cama, había permanecido a su lado las 24 horas del día, y justo en el momento en el que había necesitado salir a tomar un poco de aire fresco, él despertaba y no me encontraba a su lado para ser lo primero que vieran sus ojos, era un completo tonto. Y ahora el pobre además lloraba por mi culpa. Me sentí terrible, quería alejar aquella tristeza de su cara, que me viera y sonriera aliviado y feliz de saberme a su lado y que incluso luego me riñera por no haber estado ahí cuando despertó. Me acerqué con mi mejor sonrisa y tomé asiento sobre la cama apoyando mi mano en su hombro para llamar su atención. De inmediato levanto la cabeza y miró alrededor con un tinte de temor en sus hermosos ojos oscuros.
-Chunnie...- Susurré contra su oído cuando lo abracé. No dijo nada, sólo ese estremecimiento fue suficiente para saber que lloraba desconsoladamente. -Tonto... sabes que nunca te dejaría... que siempre estaré contigo... No llores, YooChun-ah... aquí estoy...- Mis palabras sólo lograron hacer que llorara aún más. Alguien abría la puerta.
-¡Enfermera! ¡Enfermera!- Conocía su voz, sabía quién era pero no lograba recordarlo con claridad.
-No pasa nada, Chunnie, vas a estar bien, ¿ok?...- Acaricié su mejilla llevándome de paso un par de tibias lágrimas. Mi pobre novio no dejaba de llorar y yo me sentía cada vez más culpable por ese dolor desgarrador que era su llanto. Me hice a un lado en cuanto entraron el doctor y la enfermera. Ahí en la puerta estaba aquel chico que me salvara el día del accidente. Ahora lo recordaba. Trabajaba para YooChun. Era su mejor amigo y mano derecha: Jung YunHo.
-Salga por favor...- La voz autoritaria del médico me sacó de entre mis pensamientos. Miré una vez más a YooChun antes de salir pasando junto al susodicho, le dediqué una sonrisa amable, pero ni siquiera se tomó la molestia de mirarme. No lo odié por ello, de inmediato me di cuenta de cuán preocupado estaba por YooChun, no le quitaba los ojos de encima con esa mirada de hermano mayor preocupado. Al final, también salió al pasillo cerrando tras de sí la puerta y lanzando un largo suspiro.
-Se va a poner bien...- Se escuchaba tan angustiado.
-Sí, todo estará bien...- Decidí aferrarme a ese pensamiento.



Los días transcurrían tan lentamente que me parecían una tortura. Pronto llegó mi hermano YooHwan y con él, mi mejor amigo de toda la vida, JunSu. Saberlos a mi lado me hizo sentir mucho más tranquilo, pero de algún modo, su compañía y su cariño no eran suficientes. Sólo quería ir a casa... estar con JaeJoong. Él era lo único que necesitaba en ese momento. ¿Por qué nadie podía entenderlo?



Diez días habían pasado desde que YooChun despertara. Diez horribles días en los que no me había atrevido a ir a verlo por temor a desatarle otra crisis nerviosa. "Estres postraumático" habían dicho los doctores. Lo mejor por ahora era que no tuviera contacto con nada ni nadie que le recordara el accidente, lo cual nos incluía a YunHo y a mí. Aseguraban que poco a poco mejoraría, eso era en lo que más quería creer. Jung YunHo se dio a la tarea de contactar a su hermano para que fuera a cuidar de él. Sinceramente yo no tenía cabeza para nada en ese momento, así que le agradecí en sobremanera que siguiera con su trabajo como asistente de YooChun. Por mi parte, sólo tenía un pensamiento en mente: quería estar con la persona que amaba, pero no podía hacerlo si quería que se recuperara, así que esperarlo solo en casa era un infierno cada día, pero era un precio mínimo a pagar por la estabilidad mental y emocional de mi novio, así que trataba de soportarlo de la mejor manera... por él y por mí.



-¿Estás seguro de esto, Chunnie?- La voz de JunSu me sonaba dolorosamente agradable: desbordaba seguridad, la absoluta certeza de que podía contar con mi mejor amigo. Ni él ni mi hermano estaban todavía muy convencidos con mi idea de estar en casa sin ellos, pero de algún modo, lo necesitaba, porque necesitaba a JaeJoong con cada partícula de mi cuerpo.
-Sí, Su... Estaré bien...- Mis manos temblaban a medida que sacaba las llaves de mi bolsillo para abrir. La puerta me dejó ver claramente ese lugar que había sido nuestro hogar durante los últimos cinco años de nuestras vidas, el mismo que de pronto me pareció tan frío, tal vez porque era la primera vez que JaeJoong no corría a recibirme con esa sonrisa tan suya. Las luces estaban apagadas, todo estaba tal cual lo habíamos dejado antes de irnos a Japón. Ese pensamiento dolió. Involuntariamente se me escapó un suspiro.
-Si necesitas cualquier cosa, sólo llámame, Chunnie... Sabes que en un parpadeo estaré contigo...- Apenas si me percaté del calor que emanaba su cuerpo cuando me abrazó o de sus labios sobre mi frente cuando estampó en ella un tierno beso que me supo a amargura, pero... es que no era de él de quien quería recibir esos mimos en ese momento.
-Gracias, Su...- Me dolía ser así con él. Pero sabía que me entendía mejor que nadie y que no se enojaría conmigo por querer un par de días sin ellos pegados a mí como mi sombra. Me sentía asfixiado con su exceso de atención. No me iba a suicidar ni nada por el estilo después de lo que había pasado.
-YooHwan regresará en un par de días...-
-Sí, Su...-
-¿Me llamarás si pasa algo?- Era extraño ver su habitual sonrisa infantil siendo empañada por ese dejo de tristeza que había en sus ojos.
-Sí, Su...-
-Bueno... ya me voy...- Me regaló una de sus tiernas sonrisas antes de darse media vuelta para partir.
-¿Su?...- Se volvió enseguida al escuchar que lo llamaba. -Gracias... por estar conmigo siempre...- Las lágrimas se agolparon de inmediato en sus pupilas claras, pero se esforzaba al máximo por retenerlas y mantener ese dulce semblante en su rostro y su cálida sonrisa.
-Es lo mínimo que puedo hacer por ti, Chunnie... Descansa...- Apretó suavemente mi brazo y se dio media vuelta. Cerré la puerta al momento. Creo que ambos habíamos empezado a llorar.



Al escuchar que cerraban la puerta principal me levanté de la cama y salí corriendo hacia la estancia. Sólo podía ser YooChun. Mi corazón me lo decía. De inmediato lo vi en la entrada, de pie en el recibidor con la mirada clavada en el piso.
-YooChunnie...- No me extrañó que no me escuchara a la primera, parecía demasiado absorto en sus pensamientos. -¿YooChun-ah?- Avancé un par de pasos. Al ver aquellas lágrimas desbordándose desconsoladamente de sus ojos se me partió el corazón y corrí los pocos pasos que nos separaban para poder estrecharlo entre mis brazos y tratar de brindarle un poco de calma. -¿Amor, qué tienes?...- Continuaba con la mirada clavada en el piso y sin decir nada. -Hey, tranquilo, aquí estoy... Todo va a estar bien...- Susurré en su oído mientras le acariciaba el cabello a la altura de la nuca y lo estrechaba más contra mi cuerpo para que se diera cuenta de que yo estaba ahí con él.
-Jae...   ¡Jae!- Pronunciaba mi nombre como si en ello se le fuera la vida y rompió completamente en llanto cuando lo besé con todo el amor y la ternura de la que fui capaz en ese instante. Cayó de rodillas al suelo llevándome consigo pero ni siquiera me dolió el golpe, no iba a soltarlo por nada del mundo. Sentía como si se fuera a romper en mil pedazos si me alejaba de él aunque fuera por un segundo.
-Tranquilo, amor... Aquí estoy...- Lloraba de un modo tan desgarrador que empecé a llorar junto con él.
-¿Chunnie?- Conocía la voz al otro lado de la puerta, golpeando constantemente, sonaba tan preocupado como yo mismo me sentía, pero en ese estado no lograba recordar su cara.
-¿Su?...- Apenas susurró el nombre, supe de inmediato quien era. La puerta se abrió un minuto después dejándome ver a ese chico de rostro angelical que había ostentado el título de su "mejor amigo" desde la infancia.
-Chunnie...- YooChun se abrazó con desesperación a su cuerpo en cuanto se arrodilló a su lado. Aquello me dolió en demasía, pero entendía que era natural después de todo lo que había pasado, así que sólo me quedé mirándolos, esperando que JunSu pudiera transmitirle aunque fuera un poco de ese consuelo que tanto necesitaba y que al parecer yo no podía brindarle en ese momento.
-Saldré a caminar un rato... Por favor, cuida de él...- Pasé por su lado pero no recibí respuesta. Aquello sólo hizo que me sintiera peor. ¿Acaso le dolía tanto verme que no toleraba mi presencia?



-¿Vamos por tus cosas, sí?... Será mejor que te quedes en mi casa por unos días, en lo que te tranquilizas un poco...- No quería irme, pero sabía que no tenía más remedio que hacerle caso. -...te prometo que cuando me digas que estás listo, te dejo venir para que hables, te desahogues y decidas lo que harás de ahora en adelante, pero por ahora no es bueno para ti estar aquí, Chunnie...-
-Pero Su, JaeJoong-ah...-
-Él siempre querrá lo mejor para ti, Chunnie...- Me cortó de pronto. -Si estuviera aquí ahora, seguramente te diría que hicieras lo mismo que te estoy diciendo yo...- Sabía que tenía razón, pero no dejaba de ser doloroso. Tener que estar lejos de la persona que amaba, de mi trabajo, de todo lo que me hacía feliz... no sabía cuánto sería capaz de soportar toda esta situación.



Los días seguían pasando tan lentamente que ya ni siquiera sabía cuándo era de noche o cuándo era de día. Se me iban las horas en recordar cada momento compartido con la persona que amaba. No me daban ganas de dormir ni de comer. Lo único que necesitaba era estar con YooChun, pero cada vez veía mi deseo mucho más lejano. Aún cuando mi rostro esbozaba alguna sonrisa o incluso dejaba escapar alguna risa, al final eran las lágrimas las que daban paso a mis verdaderos sentimientos... porque por mucho que mi mente entendiera que esto era lo mejor para YooChun, mi corazón seguía doliendo por estar lejos de él un día más.



-Chunnie... ¿estás seguro de querer hacer esto?-
-Sí, Su... Creo que después de todo lo que ha pasado, no seré capaz de seguir haciendo mi vida ahí... no si ya no podré estar con él...- Pronunciar esas últimas palabras reabrió la herida de mi corazón, pero sabía que era lo mejor para mí, para ambos.
-¿Quieres que entre contigo?- Preguntó tímidamente.
-No...- Tenía miedo. Sé que estaba siendo un cobarde manteniéndome lejos de todo lo que me recordara a él, pero estaba seguro de que en el momento en que escuchara nuevamente su voz pronunciando mi nombre, todos mis esfuerzos por dejarlo atrás se irían al caño y yo ya no podía seguir viviendo en medio de esa pesadilla. Mi hermano, mi socio y mi mejor amigo tenían razón... era momento de seguir con mi vida. Aspiré profundamente antes de deslizar la llave en la cerradura. Tenía que enfrentar mi presente para poder enterrar mi pasado.... tenía que enfrentar a JaeJoong. Terminar las cosas de una vez por todas. Dejarlo ir. Volver a empezar. Sin él.



Aquel sonido me tomó completamente por sorpresa. Tanto, que el sobresalto hizo que soltara el marco que tenía entre mis manos, cuyo cristal terminó hecho añicos sobre los mosaicos de la sala de estar.
-YooChun-ah...- Susurré en un tono apenas audible. Sus oscuras y profundas pupilas se clavaron directamente en las mías y luego fueron a dar con aquella fotografía que nos tomáramos años atrás durante nuestras primeras vacaciones juntos en Jeju. Los recuerdos de esos días llegaban a mi cabeza como una película en tonos sepias al tiempo que lo veía caminar hacia mí y agacharse hasta tocar aquel objeto que acababa de arruinar con mi descuido.
-Era mi favorita...- Las lágrimas se agolparon en sus ojos.
-Lo lamento... no era mi intención...- Me disculpé de inmediato.
-Este era mi más preciado recuerdo... Fue él día más feliz de mi vida... ¿Recuerdas? Fue el día que te confesé mis sentimientos... el día en que me confesaste los tuyos… y ahora también se ha perdido...- Quitó con cuidado los fragmentos de cristal y sacó la foto contemplándola como si ahí pudiera ver aquellos tiempos.
-YooChun-ah... no digas esas cosas... Compraré un marco más bonito y...- Me sentí tan mal. No tenía idea de lo mucho que aquella foto significaba para él.
-Supongo que ya nada volverá a ser lo que era...- Y para mi total sorpresa, rompió nuestra fotografía en mil pedazos. Sus lágrimas habían terminado por desbordarse a través de sus mejillas. Estaba sin palabras. Me sentía confundido. Su rostro reflejaba un dolor inmenso mientras contemplaba los restos de papel en el suelo pero... sus palabras sabían a resentimiento. -¡Mi vida se ha ido al carajo por tu culpa!-
-YooChun...- ¿Qué estaba pasando? Ahora eran mis lágrimas las que fluían sin control surcando mi rostro. -...yo... ¿por qué dices eso, amor?- Traté de sujetarle la mano pero las metió en los bolsillos de su pantalón antes de que pudiera alcanzarlas.
-¡Si tan sólo no te hubieras ido de mi lado ese día! Si tan sólo hubieras permanecido conmigo...- Se alejó tres pasos de mi lado dándome la espalda mientras se limpiaba las lágrimas con las mangas de su suéter.
-Amor, no digas eso... yo... Tenía miedo... no quería que te volvieras a poner mal por mi culpa… el médico dijo que todo lo relacionado con el accidente te pondría mal... Nos dijo a YunHo-ssi y a mí que lo mejor era que nos mantuviéramos por un tiempo lejos de ti... yo... sólo… estaba preocupado por ti… yo…-
-¡Nada me importaba más que estar a tu lado! ¡¿Por qué tuviste que dejarme solo?! ¡¿Cómo pretendías que superara todo esto si no estabas conmigo?! ¡¡Si no te tenía a mi lado para darme fuerzas!!- Sus gritos cargados de tristeza y rabia me estaban desgarrando el corazón.
-Chunnie...- De inmediato se abrió la puerta, entró corriendo JunSu y apenas si lo abrazó, YooChun se deshizo en llanto aferrándose con desesperación a esos brazos que no eran los míos. Ver aquello dolió... dolió más que todos los días de estar separados... más que la soledad y los recuerdos... dolió porque lo que había en los ojos de ese chico que lo consolaba no era otra cosa sino amor... JunSu estaba enamorado de su mejor amigo... enamorado de la persona que yo amaba con todo el corazón.
-Su, no puedo con esto...  no soy tan fuerte... Sácame de aquí... volvamos a tu casa... Sólo quiero estar lejos de todo esto… quédate conmigo….- Su mirada suplicante se sintió como una fría daga clavándose en mi corazón.
-Sí, Chunnie… estarás bien…-
-¿Así que de eso se trataba todo?...- Ninguno de los dos dijo nada... ni siquiera me miraron. No podía dejar de pasar la mirada de uno al otro en busca de respuestas. Nada. -Soy tan tonto... estaba tan enamorado que no supe darme cuenta de lo que estaba pasando...- Desvié la mirada hacia otro lado. Ahí, sobre la chimenea estaban las otras fotografías de nuestros aniversarios y nuestros momentos de felicidad. Testigos crueles de un amor que al parecer ya no existía. -¿Por qué, YooChun?...- JunSu deslizaba su brazo por los hombros de YooChun. -¿Te vas a ir sin darme siquiera una explicación?- Silencio.
-No te preocupes, Chunnie... yo estoy aquí... no iré a ningún lado.- Me estaban ignorando por completo.
-¡¡¡Park YooChun!!!- Estaba molesto. Dolido. Confundido. Celoso. Lancé al suelo todos los marcos que estaban sobre la chimenea. Los dos se detuvieron en seco tensando sus cuerpos debido al estruendo pero ninguno se digno a girarse para mirarme siquiera.
-Su, sácame de aquí... No quiero seguir escuchando su voz...-
-Tranquilo, Chunnie...- JunSu se escuchaba asustado.
-¡¿Te vas a ir así sin más?! ¡¿Me vas a dejar sin un "adiós" siquiera?!... ¡¿Sin importarte que yo aún te amo?! !¿Que he pasado un infierno esperando aquí solo a que regresaras?! ¡¿Que sin ti a mi lado no tengo ganas ni de comer ni de dormir y que no hago otra cosa durante las 24 horas del días más que pensar en ti, en nosotros?! ¡¿Olvidando que nos juramos amor eterno?!- Me ahogaba con mi propio llanto. Me había roto. Por fin había terminado por rebasarme la situación. Me había prometido soportar todo sin derramar mis lágrimas frente a YooChun, pero había sido demasiado. Ya no podía más. Sentía que iba a morir.
-JaeJoong-ah...- Por fin me miraba. Nunca había soportado escucharme llorar.
-¿Chunnie?- JunSu trataba de recuperar su atención, pero YooChun seguía mirándome.
-Su, no puedo dejarlo...- Se soltó de aquel abrazo.
-Sé que es difícil, Chunnie... Pero podrás sacarlo de tu corazón... Debes comenzar de nuevo… Rehacer tu vida… Dejar en el pasado todo lo que pasó aquel día. Es lo mejor para ambos… para todos…- Se acercó a él buscando su mirada.
-No lo entiendes, Su... ¡él me ama, y yo lo sigo amando!- Se alejó en par de pasos para regresar a donde estaba yo. Corrí y lo estreché entre mis brazos con todas mis fuerzas.
-Yo también te amo, YooChun-ah...- Susurré en su oído. Sus lágrimas se deslizaban silenciosamente mientras sollozaba.
-Chunnie... JaeJoong-hyung... no puedes seguir así... Sabes que él... Tú…- El nudo en la garganta no dejaba que la voz de JunSu se escuchara tan dulce como seguramente pretendía.
-Su, no entiendes... Jae es el amor de mi vida, no quiero perderlo…- Se acercó hasta YooChun y le tomó del brazo para alejarlo de mí.
-Chunnie, deja de hacerte daño de este modo, sabes perfectamente que ustedes no volverán a estar juntos...- Se le abrazó por la espalda. JunSu rompió en llanto. YooChun también. Yo... yo no era capaz de pensar... ¿Qué tonterías estaba diciendo este chico? ¿Pensaba ignorarme al grado de hacer de cuenta que ni siquiera estaba ahí? ¡¿Quién demonios se creía?! ¿Acaso todo este tiempo se la había pasado envenenándole la cabeza a mi novio para separarnos so pretexto de que cuidaba de él?
-¡Yah! !!!Kim JunSu!!!...- Había llegado a mi límite. Iba a arruinar mi imagen de chico lindo y educado pero me importaba un comino, lo iba a poner en su lugar. Iba a luchar por el amor de mi vida y ya había llegado a mi límite de soportarle tantas confiancitas, se había ganado una buena paliza o por lo menos un par de cachetadas. -Lárgate de mi casa ahora mismo, delfín escandaloso destructor de hogares...- Mi mano nunca logró impactar su rostro.
-Tienes razón, Su, no puedo continuar así…- Antes de que pudiera hacerlo, vi a YooChun darse media vuelta y tomando a JunSu de la muñeca lo arrastró hacia la puerta. –Vamos a casa…-

No pude reaccionar.

Tan sólo se había ido.

Dejándome sumido en la confusión y el dolor de una ruptura impronunciada.  

El amor de mi vida… ese que me había jurado amor eterno a la orilla del mar durante el más hermoso atardecer que hubiera visto jamás, me dejaba sin razón después de la más horrenda pesadilla. Se iba de mi lado sin importarle mis lágrimas ni mis palabras de amor.

¿Qué había pasado con nosotros?

¿Cómo habíamos llegado a esto?

No.

La pesadilla no había más que comenzado.



Un año había pasado desde que estuviera por última vez en aquel lugar.
Un año desde la última vez que lo había visto, que había escuchado su voz.
Ahora, a un año de haber vivido aquella pesadilla que casi me cuesta la vida, estaba listo para volver a verlo.

Llevaba tan sólo una botella de vino tinto y un ramo de rosas. Sabía que eran dos de sus cosas favoritas. Me había puesto ese traje negro de marca que me regalara en nuestra última navidad juntos y llevaba puesta la colonia que me regalara en mi último cumpleaños.

Mi miré en el espejo por última vez antes de salir. Debía verme perfecto. Digno de él.

Caminaba sin prisa por nuestro viejo vecindario. Ahí donde  todavía se encontraba el departamento que compartiéramos durante más de cinco años. Mi cabeza era bombardeada por tantos fragmentos de memorias vividas, que no sabía si reír o llorar. No, definitivamente no debía llorar, de seguro me reñiría si me veía llegar con los ojos rojos e hinchados. Debía sonreír. Siempre había amado mis sonrisas.

El jardín seguía tan hermoso como lo recordaba. Había valido la pena pagarle a alguien por que se ocupara de él en mi ausencia.

Tomé aire. Suspiré. Abrí la puerta con manos temblorosas.
-Tadaima…- Anuncié tranquilamente, pero nadie me respondió. Ya lo esperaba.



-Tadaima…- Abrí los ojos confundido. Miré el reloj en la mesita de noche. Eran apenas las nueve de la mañana. Nadie venía nunca antes de las once. Supuse que estaba soñando… de nuevo con él. Uno de esos sueños tan vívidos que me hacían despertar llorando al comprender que no eran más que eso… sueños… porque su lado de la cama seguía vacío… frío. Me encogí entre las sábanas abrazando la almohada tratando de contener el torrente de lágrimas que amenazaba con desbordarse… ya no quería seguir llorando. Cerré de nuevo los ojos. Prefería mil veces vivir soñando con él que vivir un segundo en este mundo donde él ya no estaba a mi lado. Escuché pasos acercándose. –JaeJoong-ah... lo siento- Sentí mi corazón dar un vuelco al escuchar tan cerca su voz. –No espero que me perdones por lo que pasó… tan sólo espero que entiendas, que siempre has sido, eres y serás el amor de mi vida…- ¿Cuántas veces antes no había pasado esto? ¿Cuántas veces antes había saltado fuera de la cama corriendo tras oír la puerta y escuchar su voz llamándome sólo para comprobar que había aumentado un poco más mi grado de locura?... Ahora incluso me parecía percibir el olor de las rosas que tanto me gustaban. Sonreí. Recordé cada una de las veces anteriores en que me había regalado rosas. Las veladas románticas a la luz de las velas cuando las pobres terminaban siendo alfombras rojas esparcidas por toda la alcoba después de una de esas noches de pasión. Abrí lentamente los ojos temiendo que nuevamente fuera un sueño, pero entonces lo vi, sonriéndome con todo ese amor que siempre me gritaban sus ojos. –Te amo…- Las mariposas aún volaban dentro de mi estómago cuando pronunciaba esas palabras y sentía sus caricias tiernas, haciéndome reír tontamente como si fuera un adolescente avergonzado. Me cubrí el rostro para que no viera cuán rojas se había puesto mis mejillas.  Que cruel vida la mía. Entonces recordé que él se había ido. Esto no debía ser más que otra alucinación. No quería que el dolor y la tristeza volvieran, quería aferrarme a su amor, a sus sonrisas, a sus caricias. No. Ya no quería seguir así. Ya no podía seguir sumido en este infierno de recuerdos atormentándome día y noche. –JaeJoong-ah… Duerme bien…- Sí. Estaba cansado. Tan sólo quería volver a cerrar los ojos y seguir soñando con nuestra felicidad juntos… con nuestro amor eterno. Vi su sonrisa por última vez antes de cerrar los ojos y acurrucarme contra su almohada bajo las sábanas como tantas mañanas había hecho. Tan sólo quería seguir soñando así por siempre y no volver a despertar jamás.



Caminé lentamente recorriendo cada rincón de nuestro apartamento. Reviviendo uno a uno los fragmentos de nuestra vida juntos. Mis ojos se paseaban por cada sitio donde me había dicho un “te amo”, deteniéndose de vez en cuando en aquellos lugares donde le había hecho el amor, sólo para comprobar lo que ya sabía: aún lo amaba.

Una lágrima resbaló al reparar en la repisa de la chimenea… ahora estaba vacía. Ya no estaba ninguna de nuestras fotografías. Seguramente había ido a parar a la basura junto con los marcos rotos y los pedazos de cristal.

Seguí mi camino hasta la alcoba principal. La puerta estaba cerrada como siempre, por alguna extraña razón, él nunca había podido dormir con la puerta abierta, así que para complacerlo, se me había vuelto costumbre mantenerla cerrada. Aún en mi nuevo departamento seguía haciéndolo así. Sonreí. Abrí la puerta con cuidado para no hacer ruido. Las luces estaban apagadas y las cortinas cerradas. Así era como le gustaba dormir. Sin importar cuántas veces lo hubiera visto antes, observar su rostro dormido era fascinante para mí, la forma en que su espalda desnuda subía y bajaba al compás de su respiración acompasada me era algo adictivo, recorrer cada tramo de su blanca piel con las yemas de mis dedos, trazar cada curva de sus tatuajes hasta perderme en ellos debajo de las sábanas… me hacía tanta falta despertar a su lado, tenerlo entre mis brazos, sentir su calor contra mi piel, hacerlo mío.
-JaeJoong-ah… lo siento…- Me senté en la orilla de la cama dejando las rosas sobre mi almohada y la botella de vino sobre la mesita de noche. –No espero que me perdones por lo que pasó… tan sólo espero que entiendas, que siempre has sido, eres y serás el amor de mi vida…- Podía ver claramente sus labios curvándose en una hermosa y tímida sonrisa al tiempo que sus enormes ojos castaños se abrían para dejarme ser lo primero que viera al despertar. Le devolví la sonrisa. Sí. Aún después de todo lo que habíamos pasado, seguía amándolo como lo había hecho desde la primera vez que lo vi en aquel café. Acerqué mi mano a su frente para quitarle de encima esos lacios y rebeldes mechones de cabello que me impedían contemplar su rostro perfecto. –Te amo…- Esa risita nerviosa que siempre se le escapaba cuando estaba avergonzado por mis palabras y que lo hacía cubrirse el rostro con las sábanas. Mi celular sonó. Era un mensaje de JunSu. Era hora. –JaeJoong-ah… Duerme bien…- Le sonreía por última vez. Me levanté y caminé hasta la puerta sin mirar atrás. Un suspiro. Me giré lentamente para verlo una última vez antes de cerrar la puerta para siempre.

-¿Estás listo?- Su habitual voz alegre me recibió con una de sus sonrisa tan pronto como llegué a la entrada.
-Sí…- Le devolví la sonrisa con naturalidad.
-¿Aún debemos ir al cementerio, verdad?... YunHo-hyung y ChangMin-ssi dijeron que nos verían allá… Les pedí que compraran las flores y los inciensos…-
-Sí, Su, gracias…-

-¿Estás seguro de querer vender el departamento, Chunnie?- Sentí su mano sujetando mi brazo cuando pasé por su lado. Nuevamente sonaba preocupado por mí como en aquel entonces.
-Sí, Su… sé que es lo mejor…- Le di las llaves y subí al auto. No volvería a usarlas. No necesitaría volver a estar en ese lugar. No tenía sentido seguir aferrándome a mi pasado si JaeJoong no estaba en mi presente ni estaría en mi futuro,  porque desde aquel día, la habitación que compartíamos había quedado vacía y a oscuras... como el resto de la casa. como toda mi vida desde que él se fuera… pero ahora era capaz de entender, por fin… que JaeJoong no hubiera querido verme destruyéndome así durante el resto de mi vida por su recuerdo, porque me amaba, y siempre había querido mi felicidad. Así que por el eterno amor que le tenía, iba a continuar viviendo mi vida… siendo feliz… sin él.




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