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Telaraña (KamePi)




Título: Telaraña
Autor: Lilith
Pairing: Kamenashi Kazuya + Yamashita Tomohisa + OC
Fandom: Johnny's Jimusho
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai  / Angs / Romance / Escolar / AU / Todo público
09/06/14
To: Ai-chan, que es una de las dos culpables de que yo le haya tomado tanto gusto al KamePi aunque eso signifique separar al AKame TwTo Otanjoubi Omedetou, pekeña! Espero que podamos seguir acumulando recuerdos Johnnysticos juntas por muchos años más! ^^ I luv u <3 o:p="">



Todo sucedió de un modo tan lento que apenas si fui consciente de lo que pasaba hasta que había sido demasiado tarde.

Tomo y yo nunca habíamos sido los mejores amigos. Para ser sinceros, nos odiábamos mutuamente. ¿Cuándo había iniciado esa situación? La verdad ni siquiera lo recordaba. Pero para cuando entré al instituto, ya era un hecho que no nos soportábamos y que si terminábamos coincidiendo en algún lugar, seguramente discutiríamos o incluso nos agrediríamos, con suerte solo nos miraríamos mal y nos ignoraríamos; todos lo sabían y todos preferían no estar cerca cuando esas cosas ocurrían… cosa que, para mi pesar, sucedía cada vez más a menudo ahora que estábamos nuevamente en la misma escuela. Adiós nuevamente a mis pacíficos días de instituto. Al menos hasta que él se graduara y yo pudiera recuperar mi tranquila vida de estudiante.
-Deberías simplemente ignorarlo, Kame-chan…- Era lo que Ueda siempre decía y yo sabía que tenía razón, pero simplemente no podía. Una vez que lo tenía frente a mí y que me miraba de ese modo que tanto me molestaba, ya no podía pensar, simplemente se me calentaba la sangre y quería golpearlo, hacer desaparecer esa cara suya que tanto me sacaba de quicio. -…no me gusta verte con esa expresión molesta en tu carita.- Fue inevitable que una sonrisita se me dibujará en los labios cuando me tocó la punta de la nariz con su dedo de ese modo tan dulce que solo él tenía.
-Tat-chan…- Y cómo a menudo pasaba, sus tiernas caricias y sus suaves labios sobre los míos, eran lo único que podía hacerme dejar de pensar en Tomo y su cara de palo arrogante. Ueda siempre había tenido ese extraño poder sobre mí. Solo él era capaz de hacerme olvidar todos mis problemas y preocupaciones.


Nos habíamos conocido en una librería durante mi viaje escolar a Yokohama al final de mi primer año de secundaria. Ese día también había peleado con Tomo, ni siquiera recuerdo por qué, sólo recuerdo que por segunda vez nos habíamos agarrado a golpes en un parque cercano a la casa de huéspedes donde estábamos; molesto por haber sido derribado nuevamente frente a todos, me había ido a caminar en un vano esfuerzo por tranquilizarme antes de poder volver.
-¿Estás bien?…- Me habían extendido un bonito y caro pañuelo de seda de color azul marino con ribetes plateados. Levanté la mirada dispuesto a desquitar un poco de mi frustración con el niño de papi que se atrevía a sentir lastima por mí… pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta cuando miré esa brillante sonrisa dedicada únicamente para mí.
-No, pero…- Retrocedí un poco intimidado por ese bello rostro que me miraba por entre los mechones de ese lacio y largo cabello negro.
-No importa si se ensucia…  siempre podrás lavarlo y devolvérmelo, no es así?- Amplió aún más el gesto acercando el pañuelo a la comisura de mi labio, donde probablemente aún había rastros de sangre. Aquello no estaba ni cerca de lo que me había hecho dudar de tomarlo, pero su voz fue suficiente para hacerme olvidar lo que estaba pensado en ese momento. El contacto fue tan suave y delicado como cada uno de sus movimientos. -…ah~ pero que frío hace afuera…- Se estiró parándose incluso de puntitas. -… te apetece acompañarme a tomar algo?- Se agachó hasta quedar a la altura de mi rostro, sus grandes ojos marrones mirando alegremente los míos. No pude sino asentir tímidamente. –Mi nombre es Ueda…-
-Kamenashi…- Por qué estaba actuando así? No era propio de mí ser tan introvertido y aniñado, pero había algo en su aura que no podía simplemente ignorar y que me mantenía pegado a él como un chicle. No podía dejar de mirarlo y cuando menos pensé, ya sonreía junto con él y había olvidado por completo la razón por la que había terminado sentado en la entrada de aquella librería del centro de la ciudad.

Había pasado la mejor tarde de mi vida al lado de ese extraño chico, quien casualmente, se estaba saltando las clases por primera vez en su vida. Era tres años mayor que yo, asistía a una escuela privada de chicos y su vida fuera de la escuela se limitaba a más clases particulares de las que cualquier pudiera soportar. Ser un niño de buena familia no me había parecido tan espantoso hasta entonces. Y aun así, él sonreía y disfrutaba de las pequeñas hermosas cosas de la vida. Era raro, sí, pero eso era precisamente el encanto que tanto me había atrapado desde la primera vez que lo vi.

Pese a la distancia que nos separaba, seguimos en contacto aún después de que yo regresará a Edogawa aquel invierno, al grado que incluso venía a verme los fines de semana o me pagaba el viaje para vernos en alguna parte de Kanagawa. Simplemente queríamos vernos cada que podíamos y pasar el mayor tiempo posible juntos. Inevitablemente, esa convivencia nos llevó a descubrir lo que eran realmente nuestros sentimientos. Y ahora, aún después de dos años de estar a su lado, él seguía siendo la calidez que me rodeaba y llenaba mi mundo de felicidad.


-¿Tat-chan?...-
-¿Mmm…?- Su voz confirmó lo que imaginé, y no lo culpaba por haberse quedado dormido en el sillón mientras le contaba lo que había pasado ese día, después de todo, ya eran pasadas las tres de la mañana y el viaje en coche hasta mi ciudad había sido largo después de que él saliera de la Universidad. Para mí, eso era una prueba innegable de lo mucho que me quería y de lo mucho que se preocupaba por mí. No era común que viniera en jueves y sin embargo, ahí estaba, solo porque me había escuchado triste por teléfono. Me hacía sentir tan especial, que a veces, la felicidad no me cabía en el cuerpo y sentía que iba a salir volando hacia a algún lugar donde pudiera ser libre.
-Gracias…- Me estiré un poco, lo suficiente para alcanzar su mejilla y depositar ahí un beso de buenas noches antes de levantarme y apagar la luz para dejarlo descansar. Quería hablar con él de tantas cosas, pero ya tendríamos tiempo por la mañana. Teníamos todo el tiempo del mundo.


-Mmm… quién diría que la pequeña tortuga tiene el poder para seducir a un chico así…- Y si compartir la escuela con Tomo ya era lo suficientemente nefasto, tener que compartir aire en el mismo planeta con Akanishi Jin, era incluso peor. Ni siquiera sabía qué le había hecho para que se portaba tan desagradable conmigo desde el primer día de clases; pero poco a poco comencé a entender que probablemente se debía a lo que sentía por Tomohisa, cosa que ni sabía ni me importaba saber, si él estaba al corriente de. Simplemente era lo peor de mis viernes, tener que verlo a primera hora porque él tenía entrenamiento de soccer por la mañana. -…debes ser bueno en la cama, kame-chan…- Y esta era particularmente la peor de todas las ocasiones. Ueda había insistido en llevarme a la escuela antes de volver a Kanagawa para sus clases de la tarde, al final, no había podido convencerlo de que no era necesario e incluso habíamos pasado a desayunar juntos a una cafetería cercana. Para mi mala suerte, Akanishi nos había visto en la esquina de la entrada del estacionamiento de profesores cuando nos despedíamos, según nosotros, lejos de la mirada de los demás.
-¿Y eso a ti qué te importa?...- No me habían molestado sus palabras sino la forma en que había mirado a Ueda, quien incluso por educación lo había saludado con una sonrisa sin darse cuenta de nada. A veces podía ser inocente y despistado que me preocupaba.
-¡Oh! Pero claro que me importa, tortuguita …-
-Pues no debería… Si tienes tanto tiempo para meterte en mi vida privada, tal vez deberías considerar emplearlo en decirle a Tomohisa lo que sientes por él… es demasiado estúpido para darse cuenta por sí mismo, sabes?, aun cuando tú eres demasiado obvio para ocultarlo…- Aquello lo había dejado con cara de idiota, incapaz de responder, incluso se había sonrojado violentamente, probablemente al saber que alguien sabía su gran secreto. Estaba consciente de que si le daba tiempo suficiente, reaccionaría del modo impulsivo y agresivo en que siempre lo hacía, así que simplemente me seguí de largo y entré a la Universidad a toda velocidad dejándolo plantado ahí afuera.


Después de ese día, entendí que había cometido un terrible error provocando a Akanishi. Su relación con Tomo seguía siendo la misma de siempre: eran los mejores amigos, tal vez incluso un poco más que eso pero menos que amantes, pero por el contrario, su relación conmigo se había vuelto mucho más hostil. Antes se limitaba solo a decirme un par de cosas desagradables, pero ahora se divertía metiéndose conmigo de todas las maneras que le venían en gana, claro, siempre y cuando no estuviera Tomo; jamás había entendido esa conducta de su parte, pero sus motivos debía tener y entenderlo no era algo que me quitara el sueño. Nadie lo veía raro, Akanishi era nuestro senpai de tercer grado y era el chico más popular de la escuela, todos lo admiraban y querían estar cerca de él y por si eso no fuera suficiente, incluso los profesores lo tenían en alta estima porque era bueno en los estudios y en los deportes, así que el hecho de que Tomo fuera su único mejor amigo, le daba el status de la segunda persona más genial e importante dentro de la escuela… cosa que me dejaba a mí, enemigo declarado de ambos, como la persona más odiada entre el cuerpo estudiantil, por eso a nadie le importaba si el alumno modelo había tomado como su hobby favorito molestarme todo el día. Para lo que me importaba realmente, tampoco era como si todos se metieran conmigo, de algún modo, todos respetaban el hecho de que el pleito era sólo entre nosotros tres y casi podía asegurar que era así por orden de ese par de engreídos y que los demás me ignoraban también por “sugerencia” de Akanishi. Al menos podía enfocarme de lleno a estudiar y nadie me molestaba con sus trivialidades adolescentes… eso era mil veces mejor que lo que tuve que vivir en mi segundo año de secundaria gracias a las fans locas de Tomo.
-Uppsss… no sabía que nuestra kame-chan estaba pasando justo por aquí… Sorry…- Su sonrisa burlona mientras me miraba “inocentemente” desde el barandal del segundo piso sosteniendo una cubeta, ahora vacía, me molestó más que el hecho de haber terminado mojado de cabeza a pies. “Solo unos meses más” era el pensamiento que a menudo repetía mentalmente para consolarme. Solo unos meses más y Akanishi se habría graduado de la escuela saliendo de mi vida para siempre. Prefería mil veces más tener que soportar a Tomohisa que a su querido enamorado secreto.


-Kame-chan, estás bien?...- Era imposible que Ueda no se diera cuenta que estaba enfermo, mi voz me delataba a gritos.
-Sí… supongo que me quedaré en cama unos días, Tat-chan… Koji-nii y mamá cuidarán de mí, no te preocupes…- A mi familia no le había hecho mucha gracia eso de que su “niño” tuviera “ese tipo” de preferencias, sobre todo a Yui-nii, pero yo no podía seguirles ocultando la verdad, me sentía mal por ello; por fortuna se habían dado la oportunidad de conocer a Tatsuya y al final, se habían dado cuenta de que no era el lobo pervertido queriéndome devorar al más mínimo descuido que habían imaginado, más bien parecían preocupados de que yo “echara a perder” a un chico tan inocente, adorable y con un futuro tan prometedor. Además nos comportábamos tanto cuando estábamos en casa, que ellos tenían nuestra relación en el concepto de “manita sudada”, y a nosotros nos convenía que ellos siguieran pensando de ese modo, porque de lo contrario, dudo que me dejaran dormir fuera sabiendo que estaba con él, aunque tampoco era como que fuéramos un par de adolescentes irresponsables con las hormonas fuera de control. Aún ahora discutía a menudo con mi hermano mayor y con mi padre debido a lo “ridícula” que les parecía mi “relación” y lo mucho que me arrepentiría en el futuro por decisiones “inmaduras” y “rebeldes” que no valían la pena; pero al menos era bueno saber que contaba con el apoyo de mamá, Koji y Yuya, quienes pensaban que yo era más feliz desde que salía con Tatsuya y eso les era más que suficiente para aceptarnos.
-De acuerdo… te llamaré mañana, descansa, sí?- Me sabía mal haberle ocultado a Tatsuya el por qué detrás de mi resfriado. No quería que se metiera en problemas por golpear a un chico de preparatoria, por mucho que ese maldito se lo mereciera.


Los meses pasaron y por fin pasé a segundo grado. Toda la escuela era un mar de lágrimas debido a la partida de su querido Adonis, pero yo no cabía de la felicidad por saberme libre de él y de sus acosos. De algún modo estaba seguro que incluso mis altercados con Tomo bajarían de intensidad si ya no estaba a nuestro alrededor el que atizaba las chispas para crear la llamarada. No podía evitar sonreír bobamente por todas partes debido a ese maravilloso pensamiento.
-Kame-chan…- Aquello sí que me había tomado por sorpresa. Ueda estaba maravillosamente vestido de traje esperándome afuera del Auditorio cuando terminó la ceremonia de clausura. Era la primera vez que lo veía vestir de ese modo tan formal y elegante y se veía aún más hermoso que siempre. ¿Podía mi día ser más perfecto?
-¡Tat-chan!- Me sentí una colegiala enamorada por echar a correr de ese modo hacia él. Me costó una vida controlarme para no saltar a sus brazos como me ordenaba mi corazón. Debíamos “mantener las apariencias”, era lo que siempre nos aconsejaban mamá y Koji-nii, nosotros sabíamos que tenían razón, no todos verían con sus mismos ojos nuestra relación. -¿Por qué estás vestido así?- Me dio una de esas hermosas sonrisas suyas al tiempo que me despeinaba cariñosamente. Nuestro modo secreto de decirnos en público “te extrañé y quiero abrazarte en este momento”.
-Tuve una presentación de piano para unos amigos de mi padre esta mañana… y entonces tuve estas enormes ganas de ver a Kame-chan y desaparecí de la terraza sigiloso como un gato…- Susurró lo último en mi oído provocándome esos escalofríos que tanto me gustaban.
-Baka… tu padre no estará muy feliz…-
-Ya debería estar acostumbrado…- Ambos echamos a reír. No era nuevo que Ueda era la “oveja negra” de su familia por no querer seguir los pasos de sus demás parientes dentro de la política por su sueño de volverse músico.
-Kame-chan~….- Casi pegó un brinco al escuchar su desagradable voz bañada con ese tono de falso cariño. Ueda miró curioso a ese par de chicos que se acercaban a nosotros. -…te extrañaré tanto cuando esté en la universidad.- ¡Incluso me había abrazado! Akanishi debía haberse drogado o por lo menos, golpeado la cabeza con fuerza. Tomo me miraba del mismo modo que hacía siempre a una prudente distancia de donde estábamos parados los demás, mirando a Tatsuya con algo cercano al desagrado. -¡Hola de nuevo!- Esta vez su sonrisa iba dirigida a Tatsuya, quien nuevamente le regresaba el saludo ignorante de todo lo que había detrás de ese rostro encantador y manipulador.
-Hola…-
-Tenemos que irnos, Tat-chan… Mamá dijo que nos esperaría para comer todos juntos…- Lo tomé posesivamente del brazo y eché a andar hacia la entrada principal de la escuela. Podía sentir la mirada confusa de Ueda sobre mi rostro, la mirada sarcástica y malintencionada de Akanishi clavada en mi espalda y la penetrante mirada de Tomo en mi nuca. ¿Qué demonios se traía entre manos? ¿Es que acaso pretendía atormentarme hasta su último segundo en el instituto?

-¿Qué fue eso, Kame-chan?- Preguntó apenas subimos al coche y nos abrochamos el cinturón. Sonaba mucho más preocupado que cualquier otra cosa y no era para menos, jamás me había comportado de ese modo ni delante de él ni de nadie más.
-No quería que la presencia de Tomohisa arruinara la felicidad que siento por tenerte aquí hoy…- Puse mi mejor sonrisa para que dejara de mirarme de ese modo o terminaría contándole todo. En parte era mentira… en parte era verdad. Tomo me había mirado de un modo extraño cuando aferré el brazo de Ueda antes de irnos y eso no me había gustado. Me había sentido realmente incómodo con esos dos ahí.
-¡¿Ese chico era Tomo-kun?!-
-¡¡¡SHHHHHH!!!- No dudaba que incluso ellos lo hubieran escuchado. –No, ese incordio hipócrita era su mejor amigo… Tomohisa era el chico de pie detrás de él…-
-Ooooh… no parecían malas personas, sabes? Ese chico que te abrazo era muy simpático y amigable…- Boquiabierto. Así había quedado tras escuchar aquello. -¿Kame-chan?...- No, simplemente no había sido capaz de responderle nada. Hacerlo implicaría contarle TODAS las cosas que Akanishi me había hecho y dicho en este último año y que yo nunca le había contado durante nuestras largas charlas telefónicas para no preocuparlo con mis tonterías. –Oh, vamos, Kame-chan, no te enojes… sonríe, anda, sí?...- Hacía sus pucheros más adorables. No pude durar “enojado” por mucho tiempo, su nariz me hacía cosquillas en la oreja. -¿Ves? Esa sonrisa te hace mucho más bonito… ¿y entonces?,  ¿tu mamá nos espera en tu casa?-
-Claro que no… si ni siquiera yo sabía que vendrías, ¿cómo lo iba a saber mi madre?-
-Oh, tienes razón…- A veces podía llegar a ser en serio peligrosamente ingenuo y despistado.
-Aprovechemos el factor sorpresa para pasar un poco de tiempo a solas… y ya luego vamos a casa a comer, habrá que pasar a comprar un obsequio para Koji-nii, así si preguntan, decidiste venir para felicitar a Koji-nii por su graduación… papá y Yui-nii amarán ese gesto de tu parte… todos aman a Koji-nii, hasta Tomohisa…- Koji-nii era la razón por la que conocía a Tomo, ya que su madre le había pedido a mi hermano que hiciera de su tutor para estudiar para el examen de admisión a la secundaria, después de todo, Koji era realmente bueno en matemáticas e inglés y nosotros nos sentíamos muy orgullosos de él por todos sus logros académicos; con el éxito de esa primera vez, mi hermano había seguido tutorándolo hasta el día de hoy, ni siquiera podía enojarme por la situación, le pagaban bien y eso evitaba que mi hermano tuviera que buscar un trabajo de medio tiempo que lo distrajera de sus estudios. Por desgracia eso implicaba que Tomo pasará tres días a la semana en mi casa en período de clases y que mi hermano lo tuviera prácticamente todos los días en mi casa durante las vacaciones por al menos tres horas diarias. Hacía tanto que no jugábamos baseball con Koji-nii como acostumbrábamos, que incluso Yuya-chan odiaba un poco a Tomo por monopolizar el tiempo de nuestro hermano durante las vacaciones. A veces me daba la impresión de que a Tomo le gustaba mi hermano. ¿Acaso esa la razón por la que Akanishi nunca había intentado nada con Tomo aun cuando era obvio que se moría de ganas de hacerlo? Debía dejar de pensar tantas tonterías.


Las vacaciones se pasaron volando. Mi segundo año de preparatoria fue menos tranquilo de lo que imaginé. Contrario a mis expectativas, Tomo se había hecho del control de la escuela como el sucesor de Jin en el cargo de Presidente del Consejo Estudiantil y yo había tenido que probar por segunda vez lo que significaba ser el enemigo declarado de Yamashita Tomohisa gracias a su fans. Se volvió una costumbre que Ueda me escuchara durante horas quejándome de todas las cosas estúpidas e infantiles que Tomo hacía para molestarme y de todas las peleas verbales que teníamos casi a diario. Después dejó de ser tan típico que habláramos de Tomo… o de cualquier otra cosa… Tatsuya tenía clases mucho más demandantes este año en la escuela de música y poco podíamos vernos realmente ya que tenía incluso clases sabatinas de piano y violín por órdenes de su padre, sin contar que se había unido a la banda del amigo de un amigo suyo de la preparatoria y a menudo ensayaban en domingo. Ueda estaba por fin en el camino para hacer realidad su sueño… ¿qué derecho tenía yo de impedírselo por un poco de atención y mimos? Odiaba la idea de que para él yo siguiera siendo un niño.

Nuestra falta de comunicación había hecho felices a mi hermano mayor y a mi padre, quienes simplemente daban por hecho que nuestra etapa de “confusión” había pasado y que todo estaría bien de ahora en adelante porque estábamos en una edad magnifica para seguir con nuestras vidas, al poco tiempo ya todos daban por hecho que habíamos terminado. Sin embargo, Yuya-chan era el único que sabía que a menudo me quedaba dormido por las noches de tanto llorar aferrando mi celular contra mi pecho esperando una llamada que nunca llegaba.

Los meses seguían pasando, inclusive yo comenzaba a preguntarme si aún podíamos considerarnos una pareja. Hacía dos meses que no lo veía para nada y en los últimos cuatro meses habíamos hablado solamente en seis ocasiones. Ueda se escuchaba feliz. Muchas cosas buenas debían estarle pasando en su vida ahora. Me sentía tan mal por no alegrarme por ello… pero es que lo extrañaba demasiado.

Incluso Tomo notaba que algo había pasado. Nuestros “encuentros épicos” en los pasillos se habían limitado a comentarios hirientes y sarcásticos por su parte y miradas vacías y silencios de la mía. Nuevamente era ignorado y ya nada me importaba.
-¿Te pasó algo?...- Aquella era la primera vez que Tomo me dirigía la palabra cuando estaba en mi casa. Hasta ese momento, habíamos mantenido un mudo acuerdo de fingir que no nos conocíamos aun cuando asistíamos a la misma escuela desde la primaria. Y en mi casa a todos parecía tenerles sin cuidado que no nos habláramos en absoluto, no era como que estuviéramos obligados a ser amigos sólo porque Koji-nii fuera su tutor y nosotros asistiéramos a la misma escuela, después de todo, ni siquiera estábamos en el mismo curso y nunca habíamos estado en los mismos clubes ni nada. Ambos éramos completamente diferentes y en parte, era por eso que no nos llevábamos bien. Esa genuina gota de preocupación en su mirada al preguntar aquello me tomó completamente con la guardia baja. Silencio. No pude sino mirarlo por un largo momento sin decir nada, él sentado en la sala y yo con un pie en el primer escalón. Bajé la mirada y me obligué a arrastrar mis pies hacia arriba hasta mi habitación. ¿Qué rayos había sido aquello? ¿Tan patético me veía que incluso mi peor enemigo sentía lastima por mí? Estaba tan enojado que le marqué a Tatsuya. Ni siquiera me sorprendió que no me tomara la llamada, no era la primera vez, en realidad eso era lo que siempre sucedía últimamente. “Estoy cansado de esto. Terminemos.” había sido el breve y frío mensaje que le dejé esa tarde en su buzón de voz después de al menos veinte llamadas perdidas. Me quedé dormido esperando que me regresará la llamada para exigir al menos una explicación… nuevamente había llorado hasta el cansancio bajo las cobijas aferrando entre mis manos el pequeño aparato que nunca timbró.


Mi segundo año de instituto terminaría con el recuerdo más doloroso de mi vida. Ni siquiera pude alegrarme ante la idea de saber que no volvería a ver a Tomo. Tampoco pude sorprenderme al descubrir que estaría en mi casa por las tardes para preparar su examen de ingreso a la universidad. No me extrañó ni siquiera que ingresara a la universidad de Meiji al primer intento, mi hermano era capaz de hacer eso hasta con los ojos cerrados, no por nada era un alumno sobresaliente en la Todai. Simplemente ese otoño había pasado sin que me diera cuenta, trayendo consigo el invierno más frío que había vivido hasta el momento.

Hasegawa-senpai, el encargado de mi club y compañero de clase de Tomo, había organizado un viaje de despedida para todos los miembros del club de Teatro. No estaba con muchos ánimos de ir, pero Koji-nii me había convencido para que fuera a despejarme un poco de todo lo que había pasado ese año. Su argumento no era para nada malo, unos días lejos de todo y de todos, del otro lado del país, en Sapporo, de seguro me venían de maravilla para olvidarme de todo y hasta divertirme con mis pocos amigos. De ese modo, diciembre prometía darme un efectivo cambio de página para iniciar mi último año de instituto con un nuevo yo.

-¡Iku-chan!- Nos hospedaríamos en la casa de un viejo amigo de Hasegawa-senpai. El chico, de nombre Ikuta Toma, era alguien de quien había oído hablar en más de una ocasión debido a su enorme talento en la actuación, senpai lo había conocido durante un campamento escolar en Hokkaido hacía un par de años, ambos habían participado en una obra juntos y se habían vuelto grandes amigos, ahora que era estudiante universitario, su nombre había adquirido todavía más fama debido a varios musicales en los que había sido protagonista o coprotagonista en varios teatros y auditorios de universidades de artes por todo el país. Era alguien a quien admirábamos y respetábamos bastante y no sólo por ser amigo de senpai; así que poder conocerlo en persona y hablar con él como colegas, era algo que me había hecho realmente feliz. El viaje hasta su casa había sido algo cansado porque vivía en una apartada zona rural lejos de la ciudad, pero una vez que llegamos, fue como si hubiéramos entrado a otro mundo. Decir que nos quedaríamos en su “casa”, era faltarle el respeto a semejante construcción. No pude disimular ni un poco mi sorpresa al reconocerla como una finca feudal de la era Edo, tal vez incluso más antigua. Simplemente era hermosa, con todos esos jardines alrededor y sus hermosas decoraciones pintadas a mano sobre las pantallas de papel de las puertas y ventanas.
-Me alegro que te guste…- Me había susurrado nuestro anfitrión con una sonrisa al ver mi cara de fascinación contemplando las múltiples figuras esculpidas en sus techos y el arco de la entrada, lugar de donde no me había podido mover ni un paso debido a mi fascinación.

Pero toda mi felicidad acabó tres metros bajo tierra cuando la puerta principal del pabellón frente a la entrada se abrió y una cara familiar con una sonrisa amable nada familiar para mí, le dio la bienvenida a Toma-san de regreso a casa y saludando del mismo modo afectivo a mi senpai… ¿Acaso era posible que Tomohisa Yamashita tuviera ese tipo de expresiones faciales tan cálidas? ¿Acaso había alguna lógica en que estuviera justo ahí en ese momento?  Y es que ya sólo me faltaba que Akanishi se apareciera detrás de él para mostrarme la viva imagen de mi infierno personal.
-¿Kamenashi-kun?...- Hasegawa-senpai se acercó a mí al ver que era el único que aún no había entrado. Al menos no había sido el único sorprendido esa tarde. Tomo tenía la misma cara de incredulidad que seguramente yo había puesto segundos antes al verlo. Suspiré y me obligué a mí mismo a actuar como si nada pasada. –Ya conocías a Tomo-chan, verdad?- Él había decidido silenciosamente seguir mi juego así que también sonreía como sin nada. Asentí sosteniendo del mejor modo mi falsa sonrisa.
-¿En serio? ¿Ya conocías a Yamapi?!- ¿Yamapi? ¿Eran TAN cercanos que incluso lo llamaba por un apodo tan “cariñoso” como ese?
-Kamenashi-kun es nuestro kouhai en la escuela, verdad, Tomo-chan?- Toma-san, por su parte, había puesto una cara bastante graciosa al descubrir todo aquello.
-Ehhhh… espera!... Kamenashi? Kamenashi Kazuya?!- Ok, oficialmente me sentía incómodo como jamás en la vida. ¿Por qué me miraba de ese modo? ¿Cómo era que sabía mi nombre? Senpai asintió no muy seguro de lo que pasaba en realidad. Tomohisa y Toma-san intercambiaron una extraña mirada entre risas nerviosas.
-Ah, bueno… será mejor que entremos y nos instalemos antes de que anochezca…- Hasegawa-senpai me tomó suavemente por los hombros y me empujó consigo hacía adentro dejándome con la duda de qué había sido todo aquello y sintiendo que ambos me miraban fijamente a medida que nos alejábamos de la entrada.

Ya no estaba muy seguro de querer permanecer ahí. Serían cinco días completos compartiendo casa con Tomo. No me sentía preparado para ello. ¿Qué hacía él ahí por principio de cuentas?
-Tomo-chan e Iku-chan se conocen desde hace mucho… sus madres estudiaron juntas en la universidad de enfermería, así que prácticamente han sido amigos desde que nacieron…- Cómo si pudiera leer mis pensamiento, Hasegawa había empezado a hablar. -…conoces a Jin, cierto?- Hizo una pausa esperando mi respuesta, sólo atiné a asentir sin quitarle los ojos de encima en señal de verdadero interés, ocultando tanto como pude mi molestia ante la sola mención de su nombre. –Jin también es mejor amigo de ese par desde entonces por las mismas razones, prácticamente crecieron los tres juntos, pero como Jin tuvo que irse un par de años a vivir a Italia por cuestiones familiares…- Se detuvo otra vez al ver seguramente un dejo de incomprensión en mi rostro. -…la familia materna de Jin es italiana.-
-Oh…- Fue lo único que pude articular. Obviamente no sabía nada de ese sujeto fuera del hecho de que era un vanidoso y arrogante porque se sabía bueno prácticamente en TODO y por ello tenía el ego disparado hasta la mesósfera.
-Te decía, como estuvo unos años viviendo en el extranjero, pues perdieron contacto por casi cuatro años, se reencontraron nuevamente cuando entraron a la preparatoria, Jin acababa de volver de Los Ángeles, tuvo que mudarse para allá debido al trabajo de su padre después de que falleciera su abuelo materno…-
-Mmm…- Todo aquello me resultaba morbosamente interesante precisamente porque no sabía nada al respecto y porque nunca se sabía cuándo podía ser útil ese tipo de información.
-Iku quiso mudarse a Tokio para estar en la misma escuela que ellos, y así fue por dos años, pero luego su madre enfermó y él tuvo que regresar a Hokkaido, por eso tú no lo conociste… Te hubieras sorprendido de lo diferente que era Jin en ese entonces…- Muchas cosas empezaban a tomar sentido de pronto, muchas otras se volvían aún más confusas dentro de mi cabeza. -Yo lo conocí después de transferirme a nuestra escuela, en segundo grado, así que tampoco me tocó tenerlo como compañero de escuela… fue toda una sorpresa para ambos descubrir que teníamos tantos conocidos en común… y parece que las coincidencias no dejan de ocurrir, de dónde te conoce a ti?-
-¿Eh?...- Su pregunta me había tomado por sorpresa. -…en realidad yo no lo conozco de nada, sólo por lo que tú nos has contado, senpai o por lo que he leído sobre él en los periódicos debido a sus obras...- Admití con timidez.
-¿En serio?... Por su reacción juraría que te conoce de tiempo…-
-Hoy es la primera vez que lo veo en persona…- Me encogí de hombros.
-Bueno, supongo que entonces yo debí haberle hablado de ti… a veces hablamos durante horas sobre nuestros kouhai más sobresalientes…- Ni siquiera le di importancia a su halago, cosa que en otras circunstancias me habría hecho inmensamente feliz, pero es que mis pensamientos seguían ocupados en todo lo que había escuchado en ese momento. –Bueno, iré a mi habitación, solemos quedarnos juntos cuando venimos a visitarlo, espero que no te moleste tener que estar solo en esta habitación… si lo prefieres podrías quedarte con alguno de los chicos…-
-¡No! No te preocupes, senpai, no me molesta….- Negué con las manos y la cabeza tal vez con demasiada efusividad. Cómo iba a molestarme si para mí era perfecto de ese modo. -…es genial que tengas amistades de tanto tiempo, obviamente debes compartir tiempo con ellos.- Aquello lo decía en serio. Odiaba admitirlo, pero Tomo tenía algo que yo jamás había poseído: verdaderos amigos. No pude evitar sentir envidia por él. No podía decirlo por Akanishi, pero Hasegawa-senpai y Toma-san eran personas realmente geniales a las que admiraba un montón y que me hubiera gustado llamar “mejores amigos”. De algún modo sentía que él no lo merecía.

Para mi total sorpresa, pasar tiempo en compañía de Tomo de ese modo, resultó ser realmente agradable. Era toda una novedad para mí verlo sonreír de ese modo, podía apostar a que ni siquiera con Akanishi sonreía de esa manera, una sonrisa que parecía demasiado cálida para cualquier otra persona, pero que en su rostro, se veía tan adorable que incluso me hacía sonreír. Una sonrisa que de algún modo me recordó la cálida y brillante sonrisa que me salvara de mí mismo aquella tarde en una librería de Yokohama… mi ánimo decayó hasta el sótano en una fracción de segundo, discretamente me levanté de la mesa so pretexto de que se había terminado mi bebida y caminé lejos de las miradas de los demás. Me parecía descortés deambular por una casa ajena, así que me limité a salir al jardín lateral, el mismo que había visto cuando llegáramos y me quedé de pie bajo ese enorme sakura que no poseía nada de espectacular en esa época del año sin sus millones de flores… una impresión que de cierto modo me hacía sentir aún más deprimido. ¿Así me veía yo ahora que no tenía las sonrisas de Tat-chan? ¿Alguna vez podría volver a florecer mi propia sonrisa como antes aún si no era debido a Tatsuya? Apoyé mi mano en el tronco… nunca me había sentido tan frágil. Sentía que mis ojos se habían llenado de lágrimas pero no podía permitirles salir. No era el momento y definitivamente no era el lugar. Respiré profundamente un par de veces tratando de recuperar la compostura. Miré hacia abajo parpadeando constantemente para hacer desaparecer a las malditas que habían logrado colarse hasta mis pestañas… y entonces la vi… un solitaria y pequeña flor de color rojo que crecía entre las raíces y el musgo. Una amarga sonrisa se dibujó en mis labios. Qué extraña coincidencia era aquella.
-¿Acaso eres mi respuesta…?- Dejé caer mi cuerpo hasta quedar de rodillas, mi mano aún sobre la madera, mis ojos fijos en esa mancha carmín, mis lágrimas sin poder ser ya contenidas. Lloraba, y aun así, sonreía a causa de la pequeña flor.
-Amapola roja…- Su voz me sobresaltó. ¿Hacía cuánto que estaba ahí? -…increíble que esa pequeña luchadora sobreviva todavía a estas alturas del invierno, no crees?… cuando llegué creí que ya no florecería, la he estado observando cuidadosamente desde entonces… supongo que estaba esperando por la persona indicada…- No me atrevía a voltear o a moverme. Lo que menos quería era que se diera cuenta de que estaba llorando. -…y supongo que este año, esa persona tampoco era yo…- De pronto su tono fue tan nostálgico que me pregunté cómo se veía con una expresión así de abatida en su rostro. -…las flores que planté nunca han florecido para mí…- Sus pasos se detuvieron a un metro o menos de mí. -…y a de ello, sigo esperando que algún día lo hagan, por eso no dejo de mirarlas…- Seguí inmóvil. Silenciosamente tratando de cortar mis lágrimas y escuchando detenidamente sus palabras sin ser capaz de entender a qué se refería en realidad. -…aún si ellas nunca se dan cuenta.- Sentí que ponía algo ligero sobre mi cabeza y luego el sonido de sus pasos alejándose. Llevé mi mano a mi cabello. Un pañuelo. Gris claro con unas pequeñas sakura bordadas en rosa. Algo tan impropio de Tomo. Una risita se me escapó. ¿Cuántas cosas más descubriría sobre él antes de que terminara esa semana?

Mi humor no había mejorado mucho después de esa noche, pero ya no me sentía tan mal. Esas dos mañanas había salido a mirar la pequeña amapola, era algo tan tonto y trivial, pero lograba darme ánimo para sonreír y querer pasar tiempo con mis amigos. Habíamos ido a Otaru a la playa, comimos calamar hasta reventar, habíamos jugado con fuegos artificiales, contado historias de terror y hasta cantado alrededor de una fogata a la luz de las estrellas, simplemente había sido divertido y me había olvidado de todo lo que me agobiaba. Al tercer día, me había quedado dormido, había hecho tanto frío cuando regresamos que no me había podido despertar a primera hora, quería quedarme dentro de los futones toda la vida. Ante ese pensamiento, me levanté sobresaltado. Había empezado a nevar esa mañana. Salí corriendo al jardín, sin suéter y sin zapatos, solo preguntándome si la pequeña flor seguiría ahí. Abrí la puerta y para mi sorpresa, Tomo estaba ahí, durmiendo como si fuera lo más normal del mundo, recargado contra el tronco de cerezo, había puesto una sombrilla sobre ella, estaba a salvo. Suspiré aliviado e inclusive sonreí.
-Ne…- Me acerqué a él y le piqué la mejilla con el dedo… su rostro estaba helado. –Oye…- ¿Hacía cuánto que estaba ahí afuera? Puse mis manos en sus mejillas y acerqué mi oreja a su nariz: respiraba tranquilamente.
-Mmm…- Se removió sin abrir los ojos y puso sus manos sobre las mías, también las tenía heladas. -…que calientito…- Esa estúpida sonrisa suya tan adorable se dibujó en sus labios y poco a poco abrió los ojos. Era la primera vez que lo tenía tan cerca y era tan extraño que no pude evitar ponerme de pie bruscamente.
-No deberías estar aquí afuera con este frío…- Estornudé. Entonces recordé en qué condiciones había salido de la cama.
-¿Y me lo dice el que sale a ver la primer nevada como si fuera al Tanabata?…- Sonrió poniéndose de pie y quitándose la chamarra para colocarla sobre mis hombros. -…será mejor que entres y te abrigues un poco, sería una lástima que volvieras a enfermarte en vacaciones, la última vez no te fue muy bien…- Dijo divertido pero no en broma mientras caminaba de regreso al interior. Inevitablemente le seguí con la mirada. ¿Cómo sabía él que me había enfermado en las últimas vacaciones?, NADIE había sabido de ello porque no se lo había dicho a nadie, nuevamente me había quedado en cama todos esos días, ¿mi hermano se lo había dicho? Cada vez me sentía más confundido por las cosas extrañas que hacía y decía ese chico cuando estábamos a solas. Cuando entré, encontré sobre la mesa de la cocina una taza de chocolate caliente con una nota adhesiva pegada que tenía una tortuguita sonriente dibujada que decía “no te enfermes!”, la miré sonriendo por el detalle y la despegué antes de beberla. La nota había ido conmigo de regreso a la habitación después de terminar la bebida.

El cuarto día parecía transcurrir con tranquilidad. Era el último día del año y todos estábamos alistándonos para visitar el templo y luego asistir a un concierto al que nos había invitado un amigo de Toma-san cuando estuvimos en Otaru, al parecer tocaría la banda del amigo de un amigo suyo y eran realmente buenos, así que habíamos aceptado asistir. Subimos a la camioneta y partimos rumbo al centro de Sapporo después de haber presentado nuestros respetos en el Santuario. Parecía una forma realmente genial de acabar el año y darle la bienvenida al nuevo. El concierto había empezado una hora antes de la media noche y terminaría una hora después. Las bandas que se habían presentado hasta entonces eran realmente buenas, todos nos estábamos divirtiendo de lo lindo. Y así hubiera sido por el resto de la noche de no ser porque había ido a dar el peor infierno imaginable.
-Kame-chan…- Ahí frente a mis ojos, estaba Ueda, con un corte de cabello diferente, algunos mechones de otro color y un peinado muy a la rock star que resaltaba sus ojos oscuros maquillados como sus ídolos del visual kei, vistiendo oscuros pantalones de mezclilla medios rotos de las piernas mostrando pequeñas porciones de su nívea piel, una camisa de terciopelo negro con tiras de piel cruzadas sobre el pecho sujetas con hebillas de diferentes tamaños y unas botas desgastadas de gamuza que lo hacían ver realmente sexy y genial. Sus labios rojos habían perdido la sonrisa traviesa que había tenido segundos antes… mientras se besaba con ese chico de cabello ondulado y negro y sonrisa endemoniadamente atractiva que llevaba un pantalón de lino negro, una camisa blanca con las mangas recogidas descuidadamente y un chaleco de vestir a medio abotonar rematando con un sombrero de medio lado dejando ver esos distintivos lunares junto a su ojo derecho... Akanishi Jin. Mi mundo colapsó en un segundo. Mi pecho dolía. No podía respirar con normalidad. Mis piernas se sentían de gelatina.
-Oh, vaya, mira qué tenemos aquí…- Me di la vuelta para salir corriendo de ahí antes de que su lengua venenosa hiciera de las suyas y terminé estampándome con alguien que olía a frutas y maderas, un aroma que últimamente se había quedado atascado en mi nariz. –Ah! Yamapi!- Lo escuché sonreírle. Contrario a mis deseos, levanté la mirada y me topé con sus ojos claros. Mis lágrimas corrían a través de mis mejillas. Su expresión mientras me miraba me desarmó. ¿Estaba preocupado por mí? Me sentía realmente patético. No quería que ni Akanishi ni Ueda me vieran así.
-Kame-chan… yo…- Me estremecí al escucharlo justo detrás de mí. Nuestras miradas seguían conectadas. Solo quería salir de ahí. Sentí su brazo rodear mi espalda con suma delicadeza al tiempo que me empujada suavemente llevándome consigo lejos de ahí perdiéndonos entre el ruido y la multitud. Afuera hacía frío, no habíamos tenido tiempo de ir a donde estaban los demás por nuestras chamarras. Mis sollozos se materializaban en el aire como pequeñas nubes blancas que se entremezclaban de a poco con su respiración. No quería estar ahí. Empecé a caminar sin ningún rumbo. Solamente quería irme a mi casa y llorar lastimeramente en la seguridad de mi habitación, ser abrazado por mamá, consolado por las amables palabras de Koji-nii, sentir las palmaditas en mi pierna que para Yuya-chan eran un “aquí estoy”… simple y sencillamente necesitaba sentirme protegido por aquellos que me amaban.
-Kazuya…- Su voz tan queda y llena de preocupación fue como un interruptor. Me detuve. Estallé en llanto ahí a media calle cual niño pequeño.  Estaba cansado. Cansado de haberme callado tantas cosas por no parecer egoísta, de haberme limitado de tantas cosas por no parecer inmaduro, de haberme tragado tantas cosas por no parecer mimado,  de no haber pedido tantas cosas por no parecer infantil… Estaba harto de pensar siempre en todos menos en mí. Harto de no poder ser yo mismo por temor a defraudar a todos. Harto de vivir sin ser libre. Y ahí estaba él, mi eterno enemigo, ese que no quería que viera ninguna de mis debilidades, mirándome como si temiera acercarse por miedo a que me rompiera en mil pedazos, incapaz de moverse un milímetro por miedo a que mi llanto empeorara… corriendo hacia mí y estrechándome con fuerza entre sus brazos. –Todo estará bien… llora… no pasa nada… aquí estoy… no iré a ningún lado…- Desbordando tanta paz y amor que no pude sino abrazarme con fuerza a su camiseta y seguir lloriqueando como si de ello dependiera mi vida. A estas alturas ya todo daba igual.
-¡Kame-chan!- A lo lejos escuché su voz agitada. –Hablemos por favor…-
-¿No crees que ya has hecho suficiente?- Contrario al tono con que me había hablado a mí, a Ueda le espetaba aquello con tanto rencor que incluso escuché su corazón latir con más fuerza.
-Esto es entre Kame-chan y yo… tú no tienes nada que ver…- Nunca había escuchado a Ueda usar ese tono de voz tan frío.
-No creo que Kazuya quiera escucharte… y eso, claro que tiene que ver conmigo…-
-Que reencuentro tan poco emotivo, chicos…- Tomo me soltó poniéndome detrás de él para encarar a su amigo. –¿No creen que esto está un poco sobrado?... ¿En serio? ¿Una escenita de telenovela barata?...- Sus sarcasmos me dolían más que cualquiera de las veces anteriores que podía recordar.
-Jin, basta… mejor entremos… somos los siguientes en subir al escenario…- Ueda sonaba desesperado.
-Yamapi, no me irás a decir que sigues enamorado de ese niñato bueno para nada, verdad?- Al escuchar aquello sentí un golpe en la boca del estómago. ¿Qué acababa de decir? ¿Por qué todo tenía que ser para él un motivo de burla? Tomohisa no se movió ni dijo nada pero sus manos se veían rojas de tanta fuerza con que las empuñaba a sus costados.
-Jin... basta.- Su voz sonaba tan rara. Nunca lo había escuchado hablar en ese tono.

–Bromeas, verdad? ¿Sigues enamorado de él y todavía no se lo has dicho? ¿En serio, aun después de tanto tiempo? ¿Aún con todas las cosas inútiles que has hecho para estar cerca de él? ¿Aun después de tus grandes esfuerzos por odiarle y que te odie para olvidarlo?-
-¡Jin, dijiste que nunca hablarías de eso frente a Kame-chan!- ¿De qué hablaban? ¿Incluso Ueda lo sabía? Tenían que estar bromeando. Eso no podía ser verdad... nosotros éramos enemigos jurados.
-Yo…- Ni siquiera sabía qué quería decir pero no pude decir nada porque su voz me interrumpió.
-Sí… sigo enamorado de Kazuya como desde la primera vez que lo vi, no me arrepiento de haber usado a su hermano para poder pasar tiempo en su casa después de clases o hasta en vacaciones, ni de haberme matriculado en una escuela lejos de mi casa sólo para estar cerca de él, ni de haberle hecho y dicho tantas cosas desagradables tan solo por tener un poco de su atención, así como tampoco me importa que siga siendo un amor no correspondido mientras pueda verlo sonreír y ser feliz… así que entenderás que no esté de acuerdo con que quieras hablar con él después de todo lo que le has hecho, Ueda-san…- Su voz temblaba, del mismo modo en que su cuerpo lo hacía, pero sabía perfectamente que no se debía al frío. Estaba conteniéndose. Completamente molesto. Era algo que ya había visto con anterioridad. Solo era capaz de contemplar su silueta de pie delante de mí, esforzándose en protegerme de lo que amenazaba con lastimarme aún si en el proceso, él mismo estaba siendo lastimado.
-¡Ay, Pi, por favor! No me vengas con sermones cursis… ¡Tat-chan no le hizo nada! La tortuga fue la que quiso terminar su relación sin ninguna explicación, ¿y todo por qué?, ¿por qué ya no podían verse cada semana y llamarse a diario? Si realmente hubiera sido amor, ellos…-
-¡CÁLLATE! ¡Tú no sabes nada! ¡Así como tampoco lo sabe Ueda! ¡Él nunca quiso saber mis razones! ¡Nunca le importé ni un poco como para el menos haberse enojado conmigo y haberme gritado por teléfono exigiendo una razón!- Me sabía tan extraño llamarlo por su apellido. –¡Ha pasado casi un año! ¡Y nunca me buscaste! ¡¿Tienes idea de lo mal que lo pasaba?! ¡¿De todas las cosas que nunca te dije por temor a causarte problemas o preocupaciones innecesarias?! ¡¿De cuántas veces me quedé con las ganas de verte o escucharte porque estabas demasiado ocupado?! ¡¿De todas las cosas que quise preguntarte porque nunca me contabas nada?! Siempre tan distante, tan reservado, tan lleno de secretos… tan lejos de mí…- Había explotado. Mi voz sonaba tan extraña a medida que dejaba salir todo aquello que me había ahogado durante tanto tiempo. –No se trataba de vernos siempre o de hablar todo el tiempo… era cosa de confianza y comunicación y tú rompiste todo eso…- Él también lloraba. –Yo fui en contra de todo y de todos por lo que sentía por ti… incluso de mi propia sangre… sin esperar nada a cambio, simplemente porque te amaba y quería estar contigo… y tú… ¡tú solamente me dejaste a un lado cuando más te necesitaba porque no tenías tiempo para nada ni nadie que no fueras tú mismo!...- Tomé aire. Sentía que en cualquier momento me iba a desmayar. Mis piernas se sentían tan ajenas a mí. –¿Pero sabes?... al menos ahora podré dormir sabiendo que tú si eres capaz de sonreír nuevamente… aún si esas sonrisas van dirigidas a un imbécil como él…-
-Kame-chan…- Dio un paso hacia mí.
-Hemos terminado… No quiero volver a verte…-
-No, Kame-chan, escúchame…- Un paso más. No lo quería cerca de mí. Sabía lo que él me provocaba. Sabía que aún después de todo lo que había pasado, si me miraba con esos ojos y me hablaba con ese tono, terminaría cayendo de nuevo a sus brazos… y no quería.
-Yui-nii tenía razón… Al final, sí terminé arrepintiéndome de haberme enamorado de ti… No valía la pena.- Había tanto odio en mis palabras que no era para menos que me mirara de ese modo.
-Kazuya, basta, te haces daño…- Sentí su mano en mi muñeca y un tirón que me obligaba a dar media vuelta perdiendo de vista aquella escena en la que Ueda lloraba en brazos de Akanishi a medida que me arrastraban calle abajo.

Lo siguiente que supe es que volvíamos a la casa de Toma-san en taxi y que Tomo le medio explicaba lo que había pasado por teléfono sin darle demasiados detalles, casi como si la persona al otro lado de la línea supiera exactamente lo que había sucedido sin necesidad de palabras. El resto del trayecto estuvo sumido en un doloroso e incómodo silencio. Podía sentir su mirada de tanto en tanto sobre mí, pero no era capaz de enfrentarlo después de todo lo que había pasado. Llegamos y aproveché que pagaba para escapar fuera del coche lejos de su mirada. Al llegar al jardín, mi atención se desvió hacia cierto punto al fondo junto al estanque. La sombrilla seguía ahí, manteniendo la pequeña amapola roja a salvo del helado viento que soplaba esa noche. El cielo se iluminó de colores. El año había terminado. Los fuegos artificiales lo dejaban en claro. Mis lágrimas volvían a resbalar silenciosas a través de mis mejillas. Algo cálido rodeaba mi cuerpo. Tomo había sacado su chamarra y me la había puesto encima.
-No se suponía que las cosas sucedieran así…- Se quedó de pie detrás de mí, tan cerca que podía sentir el calor emanado por su cuerpo en mi espalda. -…lo siento.-  Y nuevamente el frío que se hacía mayor a medida que se alejaba de mí.
-Ne…- Se detuvo. -…¿por qué esa pequeña amapola fue capaz de florecer aun en circunstancias tan difíciles?- Una ligera risita se le escapó.
-Por qué estuve mirándola y cuidándola todo el año… desde el día que la planté… -
-¿Y por qué decidiste plantarla en este lugar tan deprimente?...-
-Porque en medio de la crueldad era donde iba a encontrar las fuerzas suficientes para mostrar su verdadera belleza…-
-Eres extraño…-
-Ambos lo somos…- Reímos. –Vamos, será mejor que entremos. De verdad no quiero que pesques otro resfriado, no querrás que sea tu primer recuerdo de este año, verdad?...-
-No, no lo será…- Me miró confundido. -…ya tengo un recuerdo mucho mejor en mente…- Caminé hasta la terraza y me quedé frente a él sonriéndole. Mirando su verdadera belleza por primera vez.


-Creo que este año te tocará por fin ver florecer las flores…- Se había detenido afuera del Auditorio, diploma de graduación en mano, apenas al escuchar mi voz. Me miró de ese modo extraño en que siempre me miraba, del mismo modo que siempre me había sacado de quicio, como si mirará a través de mí desarmándome por completo, viendo todo lo que yo siempre me esforzaba en ocultar.
-Eso sería un milagro que no creo que suceda, todavía no es primavera… además no iré estas vacaciones a casa de Iku…- 
-Baka… en serio que nunca te enteras de nada…- Caminé hasta donde estaba y tomé su mano para darle lo que había mantenido oculto en la mía. –Es la primera de este año…- Su cara fue todo un poema cuando vio la pequeña flor de cerezo rosada enmicada junto a la pequeña tortuguita sonriente de color verde que había recortado de una vieja nota adhesiva que había guardado hasta entonces.
-Kazu…- Sus ojos pasaron de lo que yacía en su palma a mi rostro. Su reacción fue todo menos lo que hubiera imaginado que haría. Me abrazó con fuerza, riendo bobamente pero incapaz de articular alguna palabra, tan sólo estrechando mi cuerpo contra el suyo.

Todo sucedió de un modo tan lento que apenas si fui consciente de lo que pasaba hasta que había sido demasiado tarde. Todas las personas que conocía se conectaban unas con otras formando una enorme, complicada y frágil telaraña que nunca antes había sido capaz de ver. Una telaraña que estaba llena de soledad y calidez. De tristezas y alegrías. De mentiras y verdades. De engaños y realidades. Y en medio de todo ese caos bipolar que era mi vida, lo único constante y seguro que conocía era Tomo. La sombrilla que me había protegido de la lluvia y del viento. La espina que me había enseñado a ser fuerte y a defenderme. Las manos que siempre habían cuidado que incluso una pequeña y rebelde flor pudiera florecer aun en un cruel invierno. Para cuando traté de pensar en ello, ya era demasiado tarde… me había enamorado perdidamente de mi peor enemigo. 
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Imborrable (RyoTego)



Título: Imborrable
Pairing: Tegoshi + Ryo 
Fandom: NewS
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst, AU
~Kesenai - Tegoshi Yuya
To: Luz, mi partner hermosa que se ha vuelto adicta al RyoTego por mi culpa y sigue queriendo más de esta historia XD pero por gracia o desgracia, con este shot se cumple la trilogía y la historia llega a su final ^^b
N/A: Secuela del fic  y paralelo al fic 





Todo en Tokio seguía tal cual como lo había dejado cuando me fui hacía varios meses, ni siquiera recordaba cuántos. Lo único que había cambiado era el color de los árboles, comenzaban a tornarse anaranjados y a perder sus hojas, sin duda el otoño estaba por terminarse pronto para dar paso al invierno. El viento, un tanto frío para mí pues venía de haber estado en un lugar más templado, me lastimaba los ojos, que aún seguían irritados de tanto llorar, mientras el taxi avanzaba a gran velocidad sobre el asfalto. Él, el chico que había sido mi primer amor y que se había ido un día sin decir una sola palabra dejándome una profunda herida que tardó mucho tiempo en sanar, de pronto me llamó un día para decirme que quería verme, que necesitaba arreglar las cosas conmigo, rogando que lo perdonara, que volviera a estar a su lado, amándolo como cuando éramos adolescentes. Y yo, en un arranque de estupidez y melancolía, salí corriendo detrás de un fantasma de mi pasado en busca de respuestas, sin detenerme a pensar en cuánto lastimaría a la persona que ahora amaba y que sin duda alguna, también me amaba, al chico de ojos tristes y hermosa sonrisa que seguramente lloraría amargamente días enteros preguntándose qué había pasado. Y durante todo el camino en el autobús rumbo a mi pueblo natal, las lágrimas habían surcado mi rostro sin descanso. Me odiaba. Me odié con todo el corazón por herir de ese modo a quien con tanto amor había cuidado de mí hasta sanar mi corazón destrozado. Me odié por hacerle lo mismo que él me había hecho a mí años atrás. Por dejarlo sin explicaciones, con sólo un estúpido y confuso mensaje de voz cuyas palabras no pensé bien y que sin duda le habrán destrozado el corazón en cuestión de segundos. Me odié porque no pretendía hacerle daño, tan sólo quería cerrar una vieja herida para poder dar por fin vuelta a la página y continuar escribiendo nuestra historia... juntos. Sí. Porque en el momento en que subí al autobús y cerré los ojos dejando que los recuerdos de mi vida antes de Ryo regresarán a mi mente, me di cuenta de que nunca podría perdonar a mi primer amor, me había dejado una marca imborrable y por mucho que llenara los huecos que tenía en mi pasado, jamás podría volver a ser mi presente,  mucho menos mi futuro. Aunque lograra volver a unir los fragmentos de mi corazón, las grietas y marcas seguirían siendo evidentes. Sí. Fui a buscarlo para decirle todo lo que no había podido gritarle cuando me dejó, para decirle cuánto lo odiaba por todo el dolor que me hizo pasar, y finalmente, agradecerle, pues había sido a causa de su egoísmo y su falta de sinceridad que yo había encontrado a Ryo y había superado por fin su impronunciado adiós. Después de eso volvería a casa, le pediría perdón a Ryo por haberme ido de ese modo, le explicaría todo lo que pasó y si me perdonaba, le haría el amor hasta que no pudiera recordar lo sucedido nunca más.

Y mientras repasaba una y otra vez las palabras adecuadas para finalizar todo y enterrar cada uno de los fantasmas de mi pasado debajo de aquel árbol que guardaba celosamente mis recuerdos con él, lloraba amargamente debido al extraño dolor que me oprimía el pecho cada vez más fuerte. Pero como a menudo pasa en mi vida cuando se trata de ironías, al salir de la ciudad los recuerdos empezaron a llegar a mí como pequeños flashazos que disfrutaban haciéndome sufrir repitiendo cada una de sus sonrisas, cada una de sus palabras dulces, cada beso, cada lágrima.  Las calles, los edificios, las tiendas, librerías, cafeterías, centros comerciales, parques, todo de ese lugar me hablaba de él y de cada uno de los momentos que habíamos compartido juntos desde que nos conocimos muchos años atrás.

Pero no todas las historias de amor estudiantil son de color rosa. La mía en definitiva distaba mucho de tener un final feliz. Cuando menos esperé, mi primer amor desapareció de mi vida una tarde soleada el día en que nos graduamos. Se fue sin decir siquiera una palabra y desapareció de mi vida sin dejar rastro, como si se lo hubiera tragado el mar. Y viví mis días entre el dolor, el resentimiento y la culpa. Me alejé de todo y de todos, me perdí por completo a mí mismo y comencé a dejarme morir porque no era tan fuerte como para vivir una vida sin él, simplemente no quería vivir en un mundo donde no estuviera con él.


Cerré el baúl de mis recuerdos. Ya estaba de regreso en el lugar a donde realmente pertenecía.

De pronto un mal presentimiento se apoderó de mi cuerpo. Ese último recuerdo de mis días de instituto en mi ciudad natal detonó un pensamiento horrible que retumbó con fuerza dentro de mi cabeza. Pero... Ryo-chan no era tan débil como yo... verdad? Ryo-chan no me amaba tan estúpida y locamente como para preferir morir, verdad?

Estaba aterrado, rogando incluso a un Dios en el que ni siquiera sabía que creía, que no lo apartase de mi lado y que lo mantuviera con vida para que se quedara conmigo porque… en verdad amaba a Ryo con cada célula de mi cuerpo como jamás creí poder amar a nadie y yo sí no sería capaz de vivir un día más si él me dejaba, no podría soportar perder a la persona que amaba por segunda vez. No. No debía ser negativo. Todo estará bien. Ryo estará bien y seremos felices el resto de nuestras vidas… juntos.

Los últimos minutos a bordo del taxi me parecían eternos. Saqué mi celular y comencé a mirar todas las fotografías que tenía guardadas… Aún cuando me hacía reír el ver aquellas sonrisas, su rostro dormido, sus caras graciosas, mis lágrimas amenazaban con correr cuesta abajo a través de mis mejillas, pero no tenía derecho a llorar, todo esto era culpa mía, así que las obligué a permanecer donde estaban. Lo que menos quería era verme horrible cuando me reencontrara con él después de todo este tiempo en el que habían pasado tantas cosas que me habían mantenido lejos de mi hogar… de su lado.


La avenida que daba hasta el lujoso edificio de apartamentos seguía tan limpia y desierta como siempre. El casero me dio la bienvenida como si tuviera años que no me veía, de algún modo sí era como si eso hubiera pasado. Me preguntó cómo seguía Ryo-chan, eso sí que me preocupó porque significaba que había estado enfermo o algo, no? Fue obvio que se me había ido la sangre del cuerpo cuando me dijo que había estado en el hospital y que gracias a Yamashita, que venía a verlo todos los días, no le había pasado nada grave. Lo dejé hablar cuanto quiso. De ese modo me enteré de mucho de lo que había pasado durante todos esos meses que no estuve aquí. El hombre parecía no entender la gravedad de lo que en realidad estaba pasando. Ryo, el chico responsable que incluso iba a trabajar con fiebres de cuarenta grados no había salido de casa desde hacía meses. Ryo, el chico escandaloso y extrovertido que siempre andaba por el vecindario saludando a medio mundo aunque fuera por hipocresía, no había sido visto desde hacía meses por nadie del vecindario. Ryo, el chico que siempre ve la televisión y pone música a todo volumen cuando está en casa había estado tan tranquilo, que incluso pensaron que se había ido de vacaciones o que hasta se había mudado sin decir nada. Ryo... mi Ryo, estaba encerrado dentro de su departamento sin salir, hablar o hacer ruido desde que me había ido. El horrible mal presentimiento se acrecentó dentro de mi, una sensación tan desagradable que había iniciado como un pequeño hueco en el estómago y que ahora incluso me impedía respirar con normalidad y me provocaba ligeros temblores; yo mismo sentía que había palidecido, hasta sentía las manos sudando frío. Me zafé de su conversación tan amablemente como mi paciencia y mi desesperación me lo permitieron. Una voz interior no dejaba de repetir incesantemente "sube ahora", "debes verlo ya", "asegúrate de que está bien". Corrí por el pasillo tan pronto como las puertas del ascensor se abrieron. Estaba cerrado con llave. No tenía las mías a la mano, así que importándome poco, vacié todo lo que traía en el bolso de mano al piso y revolví mis pertenencias hasta dar con ellas. Temblaba tanto que se me cayeron de las manos cuando intenté levantarme. Poco me importó dejar todo botado ahí afuera, sólo me importaba meter la llave en la cerradura y entrar. Sentía que me iba a explotar el corazón mientras sostenía el picaporte con fuerza, mis manos estaban mucho más frías que ese trozo de metal que sujetaba con fuerza.

El sentimiento no mejoró mucho al contemplar el interior. Lo primero que cruzó por mi mente fue que se habían metido a robar. Pero de inmediato descarté esa idea porque Maruno-san no mencionó nada relacionado con eso y de haber sido así, hubiera sido lo primero que me hubiera dicho. De cualquier modo, me preocupó mucho ver la sala tan vacía y oscura.
-Ryo-chan?!- El pánico se apoderó de mí al ver un bulto tirado junto a la cama sobre la alfombra de la habitación principal. -Ryo!!!... Qué has hecho?- Al encender la luz comprobé que sí se trataba de él. -Abre los ojos! Mírame... no me dejes... Te amo demasiado como para vivir sin ti!... Ryo!- Por un segundo estuve casi seguro de que me miró, una débil sonrisa se dibujó en sus labios antes de que cerrara los ojos. Mis lágrimas comenzaron a derramarse a cántaros. No. No había tiempo para dramas y crisis. Debía llamar a la ambulancia. Su celular sonaba una y otra vez. Después de colgarle a la enfermera, respondí la llamada. Yamapi llegó en menos de quince minutos al hospital y me gritó como nunca antes me habían gritado. No podía refutarle nada. En cierto modo sí era culpa mía que Ryo-chan estuviera postrado en esa cama debatiéndose entre la vida y la muerte en esos momentos.

Mi alma regresó a mi cuerpo cuando el doctor salió y nos dijo que estaría bien en unos días. Estaba vivo. Por milésima vez había sobrevivido aún a pesar de sus esfuerzos por quitarse la vida. El hecho de que le dijera a Yamashita en tono tan serio "ya le había dijo que lo mantuviera vigilado, sigo creyendo que si no puede cuidar de él en casa, lo mejor es internarlo en una institución psiquiátrica " hizo que se me helara la sangre y cuando finalizó su sermón con un frío "no aseguro que su cuerpo vaya a soportar otro intento de suicidio así que será mejor que decida lo que hará con él de ahora en adelante..." terminó por derrumbarme. Corrí a su habitación. No quería escuchar nada de aquello, sólo quería estar a su lado, sostener su mano y hacerle saber que estaba ahí con él… que lo amaba y que no lo dejaría morir.

El primer día fue el más difícil de afrontar. Había sufrido una crisis a media noche y aunque habían logrado estabilizarlo, no sabrían cómo estaba realmente hasta que despertara. Verlo tan delicado y débil me rompía el corazón. Los vendajes en su muñeca me recordaban constantemente que había estado a punto de perderlo para siempre. Aún a pesar de mi pánico a las agujas, fui el primero en ofrecerse como donante, aún cuando obviamente, no me lo permitieron, supongo que en ese momento no pensaba con claridad. Lo único que me importaba era que se recuperara. Teníamos tanto de que hablar y había tantas cosas que nos quedaban por vivir y compartir...

El segundo día transcurrió con lentitud. Los aparatos que tenía conectados le daban un aspecto aún más deprimente a su delgado y pálido cuerpo. Yamashita insistía en que me fuera y me alejara de él para siempre, pero no iba a obedecer lo que alguien como él me dijera. Aún así, el miedo a que fuera mi Ryo-chan quien me pidiera que me largara y nunca más volviera, me hacía tener pesadillas durante los pocos ratos que podía dormir. Pero tampoco quería que despertara y no me viera ahí, así que poco me alejaba de su lado en todo el día. Pasaba las horas hablándole y cantando en su oído. Sabía que eso le gustaba. Aún era así, verdad? Él podría escuchar mi voz, cierto? Me aferraba con todo el corazón a creer que podía hacerlo y que eso le demostraría cuánto lo necesitaba, cuánto lo amaba.

Después del tercer día, las horas se volvieron mis peores pesadillas y los minutos, sus mortales verdugos. Aunque ya el doctor nos había advertido que era probable que nunca despertara del coma, yo me negaba a aceptarlo. Lo conocía. Al menos lo suficiente como para saber que saldría de esta... sólo necesitaba encontrar una razón para querer seguir viviendo. Podría otra vez ser yo su razón de existir así como él lo era para mí?... Mis monólogos continuaron. Tenía la tonta esperanza de que mi voz lo guiara de regreso a mí. Así que no me cansaba de contarle una y otra vez nuestra historia de amor, cada una de las cosas que amaba de él, cada uno de los preciados recuerdos a su lado que ocupaban cada espacio dentro de mi mente y mi corazón.

El primer mes me resultó la peor tortura. Estaba harto de la vida de hospital. Tan sólo quería llevarlo a casa. Aparentemente estaba recuperado. Por qué demonios no abría los ojos y me miraba aunque fuera con odio por lo que le había hecho? El sentimiento de culpa comenzó a rondar mis pensamientos... Si tan sólo no me hubiera ido nunca de su lado... Si tan sólo hubiera regresado mucho antes... Si tan sólo no hubiera perdido tanto el tiempo hablando con nuestro casero... Qué caso tenía… Ya nada haría desaparecer la marca imborrable que le había dejado en el corazón. Había cometido un pecado que tal vez jamás merecería ser perdonado. Sí. Tal vez esta sería mi condena... vivir el resto de mis días anhelando volver a escuchar su voz y ver sus ojos, su sonrisa, teniéndolo a mi lado pero sin tenerlo conmigo nunca más. No. Ese no era el futuro que quería para nosotros. Yo lo quería de vuelta conmigo, como siempre…


Lloraba amargamente sujetando su mano con fuerza, rogando a cualquier fuerza suprema que estuviera dispuesta a escuchar a alguien tan miserable como yo, que el amor de mi vida pudiera abandonar aquella oscuridad en la que su alma estaba sumida y que volviera a caminar bajo el cielo azul... aún si no era de mi mano, hasta que me quedé dormido.

Me despertó una sensación extraña. Tal vez provocada por algo que soñaba. La verdad no estaba seguro. Primero fue un leve movimiento que de inmediato atribuí a mi imaginación, o como tantas otras veces, a un reflejo producto de su sistema nervioso que seguía trabajando con normalidad; después fue más fuerte, como si tratara de mover los dedos de su mano para asegurarse de que todavía estaban ahí. Aún estaba adormilado pero me decidí a abrir los ojos para asegurarme.

No. No era mentira. No era una alucinación. Mis oraciones habían sido respondidas. Había abierto los ojos.
-Ryo-chan?...- Lo llamé aún amodorrado. Parecía confundido mirando en todas direcciones, por momentos cerraba los ojos y un dejo de dolor cubría su rostro antes de volver a abrirlos. –Ryo-chan…- Oprimí su mano para hacerle saber que estaba ahí. Lentamente giró su rostro hacía donde yo estaba pero no parecía verme realmente. Cerraba y abría los ojos como si no pudiera ver con claridad. -Amor, me oyes?...- Entrecerró los ojos mientras seguía mirándome, no podía dejar de sonreírle, mis lágrimas habían comenzado a caer pero nada me importaba en ese momento más que saber que estaba ahí. Abrió la boca pero sus palabras no tenían sonido. Casi sin fuerzas, su mano subió hasta mi mejilla. -Bienvenido...- Me sentía tan dichoso que mi sonrisa parecía ya no caberme en el rostro. Sus dedos acariciaban débilmente mis labios mientras sus lágrimas rodaban silenciosas hasta perderse en la almohada. No dejaba de mirarme como si tampoco pudiera creer que yo estaba ahí. De nuevo intentó decirme algo, pero no pude escucharlo. Él no tenía por qué decir nada, yo era quien debía hablar en ese momento, tenía tantísimas cosas que decirle, pero quería empezar por las más importantes, las que más necesitaba hacerle saber. -Perdóname, amor... Perdóname por todo...- Lo abracé con cuidado. Cielos… cuánto ansiaba poder sentirle así. Terminé rompiendo en llanto cual niño pequeño. -No debí alejarme de ti. Fui un estúpido... Perdóname... Quiero estar contigo para siempre. No existe nadie más a quién pueda amar si no eres tú...- Apenas si podía hablar de tanto que sollozaba. -Déjame estar contigo una vez más...- Susurré mientras le llenaba de besos dulces los labios. Lo necesitaba tanto que no entendía cómo había podido vivir sin él todos estos meses.
-Estúpido egoísta...- Murmuró en mi oído cuando lo volví a estrechar entre mis brazos, sus brazos se aferraron suavemente a mi espalda. -Por qué tardaste tanto en volver?!... No vez que estuve a nada de morir por tu culpa?...- Su voz sonaba lejana, pero podía oírla, por fin podía escucharlo nuevamente, así que ni siquiera me importaba si me decía de cosas, merecido lo tenía.
-Perdóname, Ryo-chan... Te amo y no volveré a dejarte solo nunca más... Ya entendí que no necesito desear nada a las estrellas porque si tú estás conmigo no necesito nada más...- Solté de corrido todo lo que sentía en ese momento. Se separó un poco y me miró, con tanta ternura que sentí que mis mejillas se ruborizaban.
-Estúpido... Y tenías que largarte para descubrirlo?...- Apoyó su frente contra la mía.
-No... Tenía que alejarme para que descubrieras que soy tu única y más poderosa razón para estar vivo...- Se rió y me besó. Besos y besos que gritaban todo lo que no habíamos podido decirnos en todo el tiempo que estuvimos separados. Mi mayor miedo había quedado en el olvido… Ryo, mi Ryo no me odiaba, no me gritaba histérico que desapareciera para siempre de su vida. No. Sus besos decían que me amaba tanto como los míos le decían que lo amaba.
-Narcisista...- Murmuró entre risas cuando por fin nos separamos para tomar aire.
-Pero así me amas...- Hice una de mis caritas más adorables al tiempo que volvía a acomodarlo en la cama. Aunque no quisiera que nadie ni nada nos arruinara el momento, todavía debía llamar al doctor para que lo revisara. Debíamos asegurarnos de que todo estaba bien.
-Uhn...- Asintió y me jaló para recostarme sobre su pecho. No dejaba de mirarme, como si fuera la primera vez que me veía, tal vez tratando de memorizar cada milímetro de mi rostro. Empezó a besarme otra vez. Y así continuó llenándome de mimos y besos hasta que se quedó profundamente dormido. No quise que nadie lo molestara, de algún modo se veía tan apacible, que sentí como si fuera la primera vez que dormía así desde que me fui, así que quería que descansara. Ya había tenido suficientes pesadillas para toda una vida, así que merecía tener dulces sueños de ahora en adelante.

Sí. Quería pasar cada uno de mis días a su lado. Viviría mi vida haciéndolo sonreír mil veces por cada una de las lágrimas que había derramado por mi causa. Me aseguraría de alejar para siempre todo el dolor de su corazón y de que fuera feliz por el resto de sus días.

Lo amaba más que a nada en la vida y no estaba dispuesto a perderlo.  Así que estaba decidido a dar todo de mí por hacer que esto funcionara, para poder seguir compartiendo mi vida a su lado y continuar escribiendo nuestra historia juntos.

Porque nada de lo que hubiera en mi pasado valía lo suficiente como para perder un sólo segundo más de mi presente. Porque cualquier cosa que viviera con Ryo valía la pena con tal de construir un futuro donde estuviéramos él y yo amándonos.

Sí, ahora sé que aunque puedan existir heridas imborrables que nos dejen marcados de por vida recordándonos que hay cosas y personas que nos lastimaron, no hay ninguna que duela por toda la eternidad. Siempre habrá una cura milagrosa para todos los dolores… la mía la encontré en ti.



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