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Noche Eterna (OkeDa/RyoDa)



Título: Noche eterna
Saga: REQUIEM
Autor: Lilith 
Pairing: Ueda Tatsuya + Okura Tadayoshi / Nishikido Ryo + Akanishi Jin
Fandom: KAT-TUN + Kanjani8 / JE's
Tipo: One-shot
Género: Yaoi / Lemon / Violacion / Angustia / Vampiros / Shonen-Ai
N/A: Este shot se desarrolla después del fic "Entre mis brazos"



“REQUIEM”
El canto para el descanso de las almas…
O al menos eso era lo que yo sabía…
Toda una vida de disfrutar de los cantos fúnebres compuestos por los grandes maestros de la música mientras bebía una copa de vino tinto contemplando la frialdad del exterior a través de la ventana estando al resguardo del mundo en la comodidad de mi ignorancia sentado en un sillón… toda una vida de vivir creyendo ciegamente una mentira…
Porque ahora sé… que el Réquiem no es sino el vals de la condenación que todos y cada uno de nosotros bailamos cada noche durante esta maldita Danza Macabra que llamamos vida... nuestra eterna no-vida…


Todo había comenzado aquella noche que terminé dormido entre sus brazos. Después de conocerlo, mi vida dejó de ser esa rutina aburrida dictaminada por las marionetas que bailaban a mi alrededor haciendo de ella un burdo espectáculo carente de encanto.

Había sido mi primera vez. Había dejado de ser virgen a los 21 años... y contrario a lo que había pensado y deseado durante toda mi vida... aquella noche inolvidable había sido con un perfecto desconocido... y es que además de su nombre y de sus besos, yo no conocía nada de él. ¡Pero qué más daba! Había sido la mejor experiencia de mi vida y no me arrepentía de absolutamente nada. Y sí... Tal cual están pensando, fue otro chico quien volteó mi mundo de cabeza: Okura… Tadayoshi Okura... Aunque ni siquiera estaba seguro de que ese haya sido realmente su nombre porque... efectivamente, cuando desperté esa mañana, él ya se había ido... dejando tan sólo una nota sobre la almohada diciendo que volvería esa noche. ¡Ja! Sería bonito creer que así será, pero mi corazón hace mucho que dejó de hacerse ilusiones con respecto al amor a primera vista, así que estoy perfectamente consciente de que mi primera vez no fue sino una aventura de una noche en brazos del chico más guapo que había conocido en mis 21 años de vida. Nada más ni nada menos que eso. Y estaba bien con ello porque por primera vez en mucho tiempo, había sido realmente feliz... Libre.

Eran alrededor de las dos de la tarde cuando me decidí a salir de la cama para tomar un baño y desayunar. ¡Dios! Me dolía cada célula de mi cuerpo como si hubiera corrido cien kilómetros y a pesar de que había dormido mucho más de lo que acostumbraba, seguía sintiéndome cansado y quería volver a la cama. Y así lo hice, porque cuando menos pensé me había quedado dormido en el sillón mientras veía la televisión, así que como pude, mejor me arrastré a mi cuarto y me volví a meter debajo de las cobijas. ¿Tan agotador era el sexo? No entendía como había personas que querían o podían hacerlo hasta tres veces al día... ¿Eran humanos?

Ni siquiera me extrañó haber estado soñando con él. Ya me lo esperaba, después de todo lo que había pasado la noche anterior, no era para menos que hubiera dejado una fuerte impresión en mí.

Lo que si no esperaba en absoluto, fue que me despertara el timbre y mucho menos verlo ahí afuera cuando abrí la puerta aún adormilado. Apenas alcanzaba a asimilar el hecho de que efectivamente era él quien estaba de pie frente a mí con esa hermosa sonrisa y no un espejismo producto de mi imaginación, cuando se lanzó sobre mí y comenzó a besarme. Pero no. No eran besos cargados de deseo sino besos tiernos un tanto plagados de desesperación... Como si hubiera pasado toda una vida desde la última vez que nos vimos.
-Okura-san?...- Me descolocó un poco su comportamiento y pese a que no me molestaba que estuviera abrazándome de ese modo, me preocupaba un poco el por qué lo hacía.
-Okura está bien... No es necesario que seas tan formal, Tatsuya...- Susurró en mi oído sin separarse de mi cuerpo. No podía resistirme a su forma tan apasionada y tierna de ser. Correspondí aquel abrazo como si fuera lo más natural del mundo. Estando entre sus brazos me sentía tan amado y protegido que no quería estar en un lugar que no fuera ese. -Te extrañé tanto...- Mis mejillas se tiñeron ligeramente de rubor.
-De verdad?... Pero si nos vimos hace unas horas...- No es que fuera un maldito desconfiado sin corazón, pero ya habían jugado tanto conmigo en su afán por poseer mi cuerpo, que me costaba creer que en verdad existía alguien capaz de amarme por quién era y no por cómo me veía o por la familia que tenía.
-Sí... No pude dejar de pensar en ti. Incluso mientras dormía estabas a mi lado... Así que al despertar temí que hubieras sido tan sólo mi más hermoso sueño y no pude evitar venir corriendo en cuanto cayó la noche y me vi libre de mis ataduras...-
-Okura...- ¿Bromeaba? ¿Cómo rayos podía ser que se sintiera justo como yo? -También me sentía así...- Me escondí contra su pecho. -La verdad no creí que volvería a verte...- Confesé sintiéndome un idiota. Me separó de su cuerpo lo suficiente para mirarme a los ojos. Llevó sus manos de mis hombros a mis mejillas.
-Niño tonto...- Un beso desbordado de dulzura. -¿Tan mal te traté anoche como para que pensarás que habías sido sólo una aventura de una noche?- Agaché la mirada. Me sentía tan desnudo y vulnerable cuando me miraba así a los ojos.
-¡No!- Negué desesperado. -Es sólo que...- Me calló con otro beso.
-No digas más... No traigas a tu mente recuerdos dolorosos... No mientras estés conmigo, ¿sí?- Susurró contra mis labios antes de continuar con sus besos.

Hablamos y hablamos durante horas mientras permanecíamos abrazamos sobre mi cama. Nunca dejó de llenarme de besos y caricias tiernas. Estuvimos así hasta que caí dormido poco antes de que saliera el sol. 

Aquello se volvió nuestra grata rutina...

Okura siempre llegaba en cuanto caía el sol y compartíamos juntos todas las horas de la noche hasta que volvíamos a casa y nos despedíamos, muchas veces después de hacer el amor, otras, simplemente nos quedábamos en mi pequeño departamento y compartíamos besos y caricias en cada rincón hasta que terminábamos en mi cama y yo caía rendido para despertar sin él cuando llegaba la mañana. Durante el día, me dedicaba a tocar el piano y componer nuevas canciones, lo de siempre... La diferencia era que ahora me sentía más vivo... feliz... y la inspiración llegaba con la misma naturalidad que respirar. Mi vida era casi perfecta...

Sólo me hacía falta ver su rostro durmiente a mi lado al despertar... Entonces sí, mi vida sería perfecta.




Había sido un día como cualquier otro. Despertar casi a medio día, desayunar y arreglarme rápido, salir corriendo a la academia de música donde daba clases, pasar a la disquera a mostrar los avances de mi trabajo... Un día normal en mi vida... Hasta que ese hombre llegó.

De un metro setenta y algo, cabello castaño oscuro medio ondulado que le llegaba hasta los hombros, complexión fornida para ser japonés aunque un poco delgado para ser extranjero, rostro de finas facciones bastante varoniles, elegante vestimenta de estilo occidental,  mirada seductora y voz profunda que hacían juego a la perfección son sus labios de pocas pero hermosas sonrisas.

Akanishi Jin.

Hijo mayor de un afamado productor italiano de música pop; un chico soltero y adinerado de madre japonesa que acababa de llegar a la ciudad en busca de un nuevo compositor para que trabajase en el proyecto musical que lanzaría en Japón próximamente.

Me sentí halagado de saber que había llegado buscándome precisamente a mí porque estaba interesado en mi trayectoria musical. Pero había algo en él que no me gustaba... tal vez era esa forma de mirarme. No me gustaba. La odiaba. Me hacía sentir como un objeto que podía ser usado y desechado a su voluntad. Lo detestaba. No era sino otro de esos tipos interesado en poseerme. Realmente lo odiaba.

Trabajar con ese sujeto se empezó a volver una tortura para mí. Okura tenía razón, no debía seguir haciendo algo que no me hacía feliz, pero... mi ética profesional me impedía simplemente renunciar a mitad del proyecto, así que opté por dedicar más tiempo a ello para terminar mucho antes y no volver a estar con Akanishi nunca más.

Pero como suele ocurrir todo el tiempo, mi trabajo agradó tanto que extendieron mi contrato y aunque hubiera querido negarme, lo cierto es que necesitaba el dinero y últimamente, Akanishi poco se aparecía por el estudio, así que trabajar de nuevo a mi modo sirvió para que las cosas funcionaran para todos: el debut de su ambicioso proyecto, de nombre Leah Dizon, iba viento en popa, los productores y patrocinadores estaban de lo más felices, así que eso se traducía en bonos y vacaciones para mí, ya que era el único letrista y compositor trabajando con ellos. Aunque igual se había triplicado mi grado de trabajo y responsabilidad hacia con Akanishi. Por desgracia, parecía que de algún modo, el sujeto estaba "enganchado" conmigo y cada vez lo llevaba a un plano más personal y comenzaba a cansarme de ello. Tal vez sería momento de renunciar a mi trabajo en la disquera y buscar otra cosa qué hacer de mi vida. Simplemente odiaba que me mirara de ese modo. No tenía idea de lo que buscaba de mí, y de algún modo, eso que me hacía sentir había terminado por convertirse en una especie de miedo. Esa sonrisa que se curvaba en sus labios cuando me miraba de esa manera tan extraña me daba miedo. Mucho miedo.




Aquella reunión se había alargado más de lo que yo hubiera deseado. Por eso ahora iba bastante tarde a casa, donde seguro ya me estaría esperando Okura, probablemente haciendo zanja de tanto ir y venir de un lado a otro de la sala. Y es que no entendía por qué pero últimamente estaba siendo más sobre protector conmigo que de costumbre, pero tampoco era algo que rayara en lo enfermizo, así que lo dejaba pasar porque realmente no me molestaba; mi novio podía ser cualquier cosa menos típico y por eso lo amaba y estábamos por celebrar nuestro tercer aniversario juntos.

Lo sabía. Sabía que no era buena idea pasar por ese túnel, un mal presentimiento me lo gritaba a cada paso que daba pero... sólo pensaba en llegar pronto a casa y que Okura me abrazara con fuerza y me hiciera olvidar el día horrible que había tenido por culpa de ese sujeto molesto que no dejaba de acosarme mientras estuvimos en el estudio de grabación. Me asqueaba la forma en que buscaba cualquier pretexto para tocarme y sobre todo, esa mirada suya paseándose por mi cuerpo sin tapujos, casi como si estuviera olisqueando un corte de carne que estuviera por echarse a la boca.

Una sombra al final del camino mal iluminado me hizo frenarme en seco. La sensación de terror que experimenté conforme se acercó a mí fue exactamente la misma que sintiera aquella noche en la que conocí a Okura. Exactamente el mismo escalofrío recorriendo mi espalda cuando me sentí ultrajado por esa penetrante mirada que casi parecía destellar en medio de la penumbra. Una carcajada que me heló la sangre rompió de pronto el silencio de la noche haciéndome saltar donde estaba... y luego lo vi. Era justo el mismo sujeto de esa noche. Quería gritar y salir corriendo de ahí pero no podía. Mi cuerpo no reaccionaba. Era casi como si algo me retuviera justo ahí impidiendo que me moviera siquiera un centímetro.
-Mira, mira... ¿qué tenemos aquí?...- Estaba a menos de cinco metros de mí. -...creo que después de todo, sí era nuestro destino estar juntos...- En un abrir y cerrar de ojos, sentí su aliento sobre mis labios. Su lengua recorriéndolos lentamente. Estaba aterrado y no dejaba de llamar a Okura en mi mente, suplicando al cielo que por algún milagro apareciera ahí en ese momento y me salvara nuevamente. -¡Mierda! ¡Hueles tan bien!...- Olfateaba desde mi rostro hasta mi cuello haciendo que se me pusiera la piel de gallina. Enredó sus dedos en mi cabello antes de sujetar con demasiada fuerza mi nuca. -...no quiero ni imaginar cómo sabes...- Lamió desde mi mejilla hasta mi oreja izquierda apresando mi cuerpo por la cintura con la otra mano. Aquella desagradable sensación me hizo salir de mi estado de shock. Lo empujé con todas mis fuerzas y eché a correr. Una carcajada que me erizó la piel. Corrí y corrí. -¡Tacchon es una miserable... No puedo creer que te deje ser tan vulnerable! ¡Tan frágil!- Sentí sus manos alrededor de mi cuello obligándome a levantarme de puntitas para tratar de respirar mejor conforme me levantaba. -¿Sientes eso?...- Oprimió con más fuerza. -¿Duele?...- Comenzó a enterrar sus uñas en mi piel. Tenía una fuerza difícil de creer en alguien de su complexión y estatura. -¿Cuánto crees que soportará antes de romperse?...- Mis lágrimas empezaron a caer debido al pánico y al dolor. Cada vez me costaba más trabajo respirar. Era injusto que me pasara todo esto justo cuando más quería estar con mi novio en casa. -¡¿Crees que es injusto?!... ¡Ja! ¡Injusto que sigas siendo un costal de carne y huesos a estas alturas! ¡Injusto que te niegue la bendición de una noche eterna y te exponga a la debilidad humana... al dolor... a la muerte...- Mis pies volvieron a tocar el piso pero sus manos seguían asfixiándome. Me jaló hacia atrás hasta que mi nuca se apoyó en su hombro derecho. Tosí varias veces cuando por fin me soltó. Una mano en mi barbilla y la otra cruzando mi pecho hasta asir mi hombro en un abrazo posesivo, un suave movimiento y me giró sin soltarme. Su lengua dibujando líneas desde mi cuello hasta mi labio inferior. Me mordió tan fuerte que sentí el ardor de la herida abierta y la tibieza de ese hilito de sangre resbalando, ese que tomó con su lengua. -¡Mmm!...- Gimió sin pudor contra mi boca. -Sabía desde la primera vez que te vi, que debías ser la criatura más deliciosa sobre la faz de la tierra...- Me estampó de espaldas contra el muro mientras seguía paseando su lengua por mi herida. Sus ojos también me miraban de ese modo repulsivo. Seguía lamiendo y succionando mi labio, cada vez con mayor salvajismo, sus manos apretando con demasiada fuerza mi brazo y mi cintura. -¡Dios! ¡El muy maldito estaba escondiendo la mejor botella de vino bajo su almohada!- Yo seguía concentrado en ignorarlo... Ignorar el miedo, la desesperación, la impotencia... Y evadirme de la realidad. -¡Es tan egoísta! Te mantiene humano para no dejar de beber el elixir de los Dioses...- Decía cosas tan sin sentido que prefería no escucharlo. –Pero el muy maldito te ha negado la verdadera gracia al no dejarte probar los placeres de la Vitae…-
-Okura-kun...- Un gritó ahogado logró escaparse de mi garganta cuando sentí su fría mano colarse por debajo de mi ropa. Su risa me hizo cerrar los ojos. Sentía mi cuerpo temblando sin control.
-¿Por qué lo llamas?... Él no va a venir... No creo que pueda correr hasta aquí para salvarte después de lo que le hice...- Sus palabras hicieron eco dolorosamente en mi interior haciendo que abriera desmesuradamente los ojos. –Esta es nuestra noche eterna… sólo tuya y mía…- Pegó su cuerpo contra el mío.
-Qué... qué le... hiciste?- Mis lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas de sólo imaginarlo.
-Nada... en comparación a lo que te haré a ti... "Tat-chan"...- El peor de los malos presentimientos se alojó en mi corazón. Así era cómo me llamaba Okura de cariño, si este sujeto lo sabía, entonces Okura...

Aprovechó ese momento de distracción para arrojarme sobre las bolsas de basura que estaban junto a la entrada del túnel.
-Alguien tenía que darle una lección a Tacchon y me temo que quedaste en medio, mi querido, "Tat-chan"...- Me abrió el abrigo arrancando los botones de un tirón, lo mismo empezó a hacer con la camisa, trataba de impedírselo golpeándolo con todas mis fuerzas, pero ni siquiera se inmutaba, sólo seguía riendo como desquiciado y tirando con más fuerza de mi ropa haciéndome daño. -Pero no te preocupes... Te dejaré impresa mi marca, así sabrás que serás mío por siempre y nunca te sentirás solo ni lo echarás de menos...- Golpeé su rostro con algo que agarré del suelo y su nariz comenzó a sangrar. -¡Mierda! ¡¡¡¿Por qué no puedes quedarte tranquilo?!!!- Me devolvió el golpe, sentí arder mi boca nuevamente. El sabor de mi propia sangre me revolvió el estómago. Me sentía mareado por el puñetazo. Sentí sus labios recorriendo mi piel con asquerosa lujuria. Sus dientes dejándome heridas por todas partes, mismas que seguramente dejarían moretones horribles. Besos que me sabían a desprecio y venganza. Mi cuerpo seguía oponiendo resistencia forcejeando y retorciéndose debajo del suyo, tratando en vano de zafarme y escapar; pero era mucho más fuerte que yo y me volvía a someter sin problemas tan pronto como liberaba una mano o mis piernas para tratar de quitármelo de encima. El notar que mis fuerzas disminuían con cada intento fallido me hacía desesperar aún más. El miedo empezaba a calar hondo en mi interior. ¿No podría hacer nada por evitar que continuara esta pesadilla?
-¡No importa cuántas cicatrices dejes sobre mi piel! ¡¡¡Jamás dejarás huella en mí!!! ¡Te olvidaré como se olvida una horrible pesadilla!... ¡Los besos y las caricias de Okura-kun borrarán todo el daño que dejes hoy!...- Grité mientras pataleaba para quitármelo de encima. Por un momento se detuvo. Nuestras miradas se cruzaron. ¿Era odio? ¿Era dolor? Había algo en sus ojos que me asustaba más que lo que me pudiera hacer a partir de ese momento... celos. Había atinado en un punto sensible que tal vez no debería haber tocado. Ahora sería peor. Y no sólo contra mí.
-Dices eso como si en verdad hubiera sentido amor por ti...- Oprimió con fuerza mis mejillas para hacer q lo mirara a los ojos. -Si en verdad te hubiera amado, habría compartido contigo el "beso" y te hubiera elegido para ser su compañero de baile durante la noche eterna a la que llamamos vida...- Con más fuerza a medida que se inclinaba hasta quedar casi pegado a mi rostro. -Okura no sabe amar... Él sólo se ama a sí mismo... Vas a tener que aprender por las malas que ese tipo de amor color de rosa es sólo una mentira...- Lamió mis labios mirándome con esa expresión fría y vacía. -Podrías haber sido mío y conocer lo que era realmente el amor aunque sea por una vez en la vida... Pero no supiste elegir... Y al meterte con lo que yo más amaba, terminaste arrojándote tu mismo dentro del pozo que será tu propia tumba...- Sentía sus uñas traspasando mi piel conforme apretaba más y más mi rostro con cada palabra. La ira se desbordaba de sus ojos. -Haré que desees no haberlo conocido... porque de algo puedes estar seguro... Si no te hubieras topado con él aquella noche y si no hubieras decidido quedarte a su lado como un perrito faldero que le abre las piernas cada noche, no tendría motivos para hacerte esto, "Tat-chan"...- Me soltó bruscamente haciendo que me golpeara la nuca contra el muro. –Y probablemente, tampoco hubiera tenido que hacerle lo que le hice…- Una punzada de dolor que me recorrió el cuerpo entero y que me dejó más aturdido de lo que ya estaba. Escuchaba su voz lejana. Mis ojos empezaban a cerrarse aunque luchaba por mantenerlos abiertos.
-Okura-kun...- Me iba a desmayar. Iba a quedar a merced de este loco. Tal vez sería lo mejor. No sentir más nada de lo que pensara hacerme.
-¡Ah, no! Despierta!... No te dejaré librarte tan fácil de tus pesadillas, "Tat-chan"...- Su risa maniática me trajo de regreso a la vez que me sujetaba por el cabello haciéndome más daño al jalar sobre la zona donde me había golpeado. -Tienes que recordar perfectamente todo esto, Tat-chan... ¡Así tus lágrimas serán de sangre por el resto de tu existencia!- Me levantó casi como si fuera un muñeco de trapo. Siguió con sus besos salvajes al tiempo que me lastimaba los brazos de tan fuerte que me oprimía para evitar que cayera pues mis piernas no soportaban ya mi peso. -Me aseguraré de que nada consiga borrar mis besos... Así sabrá que nunca debió escapar de mí y que jamás debió robarme la comida de la mesa...- Dejó caer su peso contra mi cuerpo para retenerme contra la pared y tener las manos libres. Su mano estaba buscando desabrochar mis pantalones, trataba de impedírselo pero ya no tenía fuerzas. Una vez que logró su cometido, me giró dejando mi rostro contra el frío concreto haciendo que me golpeara el pómulo. Me sujetó de la cabeza por el cabello con una mano y del vientre con la otra. Jamás había experimentado tanto dolor en toda mi vida. Podía sentirlo dentro de mí desgarrando mi interior, moviéndose con tal brutalidad que mis piernas flaqueaban. Reía como loco. Decía cosas tan sucias y vulgares que me producían asco. Había empezado a llorar, por fin el terror me había superado. Sentía que iba a morir esa noche en manos de un demente. Me jaló bruscamente para volver a arrojarme contras las bolsas de basura y continuó con ese vaivén que me destrozaba un poco más con cada movimiento. No podía acabar así. Empecé a gritar suplicando ayuda pero de inmediato metió sus dedos en mi boca y me hizo callar. Estaba a nada de vomitar. Sus dientes mordían mis hombros, su mano no paraba de golpear mis piernas y mi trasero; ardían, y estaba seguro de que había verdugones por todos lados, escocía cuando dejaba caer su saliva caliente o su sudor sobre mí. Gemía contra mi oído pero aquello no me provocaba placer de ninguna manera. Sentí su mano sobre mi miembro, se dedicó a torturarlo y hacerme sentir toda clase de dolor hasta que se sintió satisfecho y por fin salió de mí. -Okura no vendrá en tu ayuda... No podrá escapar de donde está ahora… Deberías dejar de reprimirte y disfrutar el estar conmigo... Será menos doloroso... aunque no tan placentero...- Me sujetó nuevamente por el cabello y me giró para dejarme boca arriba. Me miraba casi con fascinación -Tus lágrimas son tan hermosas... eres como un ángel al que le acaba de arrancar la alas un demonio...- Lamió mi rostro siguiendo el camino que había dejado mi llanto. -Debí traer a Okura... Su cara sería un poema en este momento si te viera así... Me gustaba el brillo de maldad que se apoderaba de sus ojos cuando se ponía furioso...- Sonreía de un modo tan perverso que mi cuerpo comenzó a temblar nuevamente, en parte por el frío, pero sobre todo por el miedo y el esfuerzo por retener mis lágrimas. Se acercó a mí hasta dejarme de frente a su entrepierna. Sabía lo que quería, pero no iba a hacer nada. Podía tomar de mí lo que quisiera, pero yo no le iba a dar nada. -¡Abre la boca!- Me tomó por la nuca empujándome contra él. Otra punzada de dolor. Me mordí los labios para reprimir ese grito. -¿Aún tienes fuerzas para resistirte? ¿Sabes que eso sólo me excita más?- Me propinó un fuerte golpe en la mejilla que hizo salir el grito. -Ah... Eso se escucha bien...- Y a ese golpe le siguieron uno y otro... y otro más. Ya ni siquiera parecía tener fuerzas para gritar. -Ahora sé un buen chico y abre la boca...- Lo hice. Tenía una idea y tal vez era mi única oportunidad para escapar. Lo dejé hacer lo quería y cuando menos lo esperó, clavé con fuerza mis dientes haciendo que se apartara gritando y maldiciendo presa del dolor. Me levanté como pude y eché a correr subiéndome los pantalones en la carrera. No llegué muy lejos antes de que me alcanzara. -De acuerdo, si así quieras que sean las cosas... Te haré sufrir hasta tu último aliento... Tal vez sea misericordioso esta noche y te deje reunirte con Okura antes de morir…- Sí. Aquello sería mi fin. Sin duda sería lento y doloroso. Cerré los ojos. Jaló con fuerza de mi cabello ladeando mi cabeza, su lengua lamiendo mi cuello mientras reía contra mi piel, seguramente disfrutando del terror que me hacía sentir.    
-Será mejor que lo sueltes.- Esa voz. La conocía.
-Jin...- El que mi agresor también lo conociera terminó de afirmar lo que presentía: ese tipo no era de fiar.
-Ryo... No puedes tomar la comida de los demás sin su permiso y menos si la comida no quiere ser tomada. Conoces las reglas, verdad?- Su voz sonaba tranquila y profunda como de costumbre. Caminó sin prisas. Ahí estaba nuevamente esa sonrisa cargada de lujuria curvada en sus labios que le daba ese aire de galán de revista. Pero esta vez no iba dirigida a mí sino al chico que me sujetaba bruscamente.
-No me vengas a dar sermones de moral, Jin. Es bueno ser tú, ah?... después de volverse "viejo" se tiene tanto tiempo libre que puedes perderlo metiéndote en los asuntos de los demás.- Aflojó un poco su agarre. Ya podía respirar con normalidad pero no me soltaba del todo.
-No... Esta vez sí es mi asunto, Ryo... ¿Sabes lo difícil que es encontrar a alguien con su talento musical?... Sé buen chico y déjalo ir...- Amplió su sonrisa cuando me señaló con la cabeza.
-¿Me estás dando órdenes, Akanishi?- El muy maldito sujetó mi mano y la levantó a la altura de su rostro para que ambos la viéramos mientras la apretaba tan fuerte que me arrancó un grito de dolor. Mis piernas flaquearon por fin. Fui a dar de lleno de rodillas contra el piso.
-¡Ryo, suéltalo! ¡Esas manos son más valiosas que nuestras malditas existencias!... ¡¡¡Carajo!!!- Al ver que oprimía aún más y que algo crujía como si se rompiera en mil pedazos, corrió hasta nosotros y me apartó con brusquedad de entre sus manos empujándolo contra el suelo. Dolía horrores. De seguro tenía varios huesos rotos. Pero eso ni siquiera me importó realmente en ese momento.
-¡¿Qué crees que haces, Jin?!- Estaba furioso. Se levantó y se lanzó contra el otro.
-¡Vete de aquí!- Me ordenó haciéndome a un lado para sujetar a Ryo y evitar que nos golpeara a ambos. Apenas si pude ponerme de pie. Cada paso era más doloroso que el anterior. Probablemente tenía algunas costillas rotas después de todos los golpes que me había dado minutos atrás. Estaba seguro de que debía ser cosa de la adrenalina y que en cuanto el terror abandonara mi cuerpo, la factura iba a venir con altos intereses.



Los ruidos de la ciudad fueron apagándose poco a poco. Las múltiples luces de colores se movían a mi alrededor en cámara lenta haciendo girar todo en mi cabeza. Sentía mucho frío. Mis piernas cada vez eran más pesadas y me era difícil moverlas. Ni siquiera había logrado llegar muy lejos, si acaso había recorrido unas seis cuadras. De algo estaba seguro: me iba a desmayar en cualquier momento. Me detuve. No era precisamente el mejor lugar para morir, un callejón oscuro donde seguramente nadie me encontraría en días, pero ya no podía moverme. Me apoyé contra el muro. No podía más. Simplemente dejé que mi cuerpo se desplomara justo ahí.
-¡¡¡Tat-chan!!!- Sonreí. Aún cuando hubiera sido una ilusión, la voz de Okura había sido mi ángel de la muerte cobijándome bajo sus alas en medio de la oscuridad.
-Okura-kun... Te amo...- Tal vez ni siquiera salieron las palabras, pero sabía que él las escucharía. Mis fuerzas desaparecieron por completo. Había sido feliz y no me arrepentía de nada. Había amado hasta mi último suspiro. Ahora podría soñar con Okura durante una noche eterna. Cerré los ojos. Tal vez, por fin podría verlo a mi lado al despertar.



-¡Hey! ¡No te duermas!... Mírame...- No podía abrir los ojos, pero aún así sabía que era Akanishi quien me hablaba. -Tatsuya, no te duermas...- Me sacudía por los hombros. Quería que me soltara, pero no sentía mi cuerpo. -No llores...- Sus dedos limpiaban mis mejillas. -Vas a estar bien, te lo prometo...- Su voz sonaba diferente de lo habitual. Preocupada.
-No...- Apenas escuchaba mi propia voz.
-¿Eh?...- Levanté mi mano y traté de apartar de mi rostro la suya pero ya no tenía fuerzas ni para eso. -Tranquilo... estás a salvo... Ryo ha quedado muy débil como para que pueda encontrarte.-
-Okura-kun...- Escucharlo decir aquello me recordó lo que Ryo había dicho. ¿Estaba bien? ¿Le habría hecho mucho daño? No lo había asesinada… ¿verdad?
-Lo llamé para que viniera a buscarte pero...- Su voz empezaba a sonar lejana. Tenía frío. -¿Tatsuya?... ¡Hey! ¡Hey!... Mírame...- Mis parpados pesaban, ya no podía mantenerlos abiertos. -Escúchame... No quieres morir, ¿verdad?...- ¿Me estaba abrazando? De pronto ya no me parecía el sujeto despreciable y arrogante que conocí durante años. -Quieres seguir viviendo, ¿verdad? Quieres quedarte con Okura por siempre, ¿verdad? Quieres vengarte de Ryo por lo que te hizo… por lo que le hizo a él, ¿no es así?- Hice acopio de todas las fuerzas que me quedaban para asentir. -No te importa nada más que eso, ¿verdad? No morir...- Quería gritarle que sí y salir corriendo a casa para volver a estar con él, pero me estaba congelando y respirar era cada vez más trabajoso. Estaba muy cansado. -¿Tatsuya? ¡¿Tat-chan?!... Ah, mierda... No puedo seguir esperando... Si no lo hago ahora va a morir... No puedo dejarlo morir… Lo necesito…- Sus manos recorrían mi rostro, tal vez buscando una señal de que seguía ahí. Estaba muriendo, ¿cierto? Iba a morir y ni siquiera al final había podido ver a la persona que amaba. –¿Me escuchas?- Tomó mi mano. La apreté con todas mis fuerzas. Un sutil movimiento que alcanzó a notar -Esto va a doler... mucho... será sólo unos minutos y luego todo el dolor desaparecerá para siempre...- Quise decirle que sí, que no importaba nada mientras pudiera volver a estar con Okura, pero no podía. Y luego lo sentí. Sus labios contra mi cuello. Su aliento golpeando suavemente mi piel. Un beso casto. Como si se disculpara por todo. Pero no era un beso. Y luego una punzada de dolor cuando sus colmillos atravesaron mi piel. Dolía. Sentía cómo succionaba mi sangre. Unos segundos. Sólo eso duró el dolor. De inmediato el calor se apoderó de mi cuerpo. Me quemaba. Una oleada de placer tan inmensa que sentía que moriría antes de alcanzar el orgasmo. Me aferré a su cuerpo. No quería que parara. Jamás había sentido nada como esto. No podría describirlo, pasaba tan rápido y era tan intenso que mi cerebro no alcanzaba a registrar nada que no fuera el placer que experimentaba en ese momento. Y entonces terminó. Todo se apagó.

-Bebe... mi pequeño... ten...- Sentí algo sobre mis labios. Algo líquido que resbaló por mi garganta. Tibio. Dulce. Luego vino el hambre. Insaciable. Atroz. Aquel líquido era delicioso. Más. Quería más. El hambre desaparecía a medida que bebía. Más. -Sí, así, pequeño... Bebe...- Alguien me hablaba, pero no me importaba. Debía tener más de aquello. La voz gemía contra mi oído. Mi propio cuerpo despertaba al placer a medida que me llenaba de ese líquido. Quería más de aquello. ¿Podría ser suficiente alguna vez? No lo creía. Jamás tendría suficiente de aquello. -Basta, Tat-chan... Es suficiente...- Su respiración entrecortada por jadeos. Su mano apartándome con fuerza pero con delicadeza. El vacío. Lo quería de vuelta. Quería más. Algo me detuvo. ¿Un latido? ¡Dios! Una punzada de dolor en mi corazón. Como si lo oprimieran hasta exprimirlo y luego lo soltaran para que se hinchara de sangre otra vez. -¡Tat-chan! ¡Aquí estoy! Tranquilo...- ¡Diablos! ¿Había un dolor más horrible que este? Sentía que cada gota de sangre fluyendo desde mi corazón me quemaba las venas y aquello se extendía de pies a cabeza. Era insoportable. Quería morir. Eso seguro alejaría el dolor. Pero algo me sujetaba. Sólo podía retorcerme y gritar entre esos brazos que me sujetaban. -Tranquilo... Ya casi termina... Vas a estar bien...- El dolor aumentó. No cabía en mi cuerpo. Subió directo a mi cabeza y explotó. Clavé mis colmillos contra su hombro. Un grito de sorpresa escapó de sus labios. Ahí estaba de nuevo esa embriagante sensación. Ese adictivo sabor. ¿Su sangre? El dolor se atenuaba gracias al placer que me producía su sabor. Se apartó. Chocó contra el muro contrario llevándose la mano al hombro. Sonreía. El dolor volvió. Ya no era tan intenso. Poco a poco fue desapareciendo. Mis latidos se volvieron cada vez más lentos. Se detuvieron. Para siempre.




Mi vida había sido una mentira. Nada más que un guión escrito por mi familia, en el cual todos teníamos que interpretar un papel perfecto e ideal ante la sociedad. Una estúpida y vil mentira. En la cual todos usaban máscaras bajo las cuáles ocultaban sus verdaderas intenciones. Máscaras llenas de encantadoras sonrisas con las que se acercaban a mi hermana y a mí intentando deslumbrarnos con oro falso en busca de devorar la riqueza y el poder que representaba nuestra familia. Estaba harto de esa mentira. Escapé. Mi música se volvió mi refugio. Cerré mi mente y escondí mi corazón para que nadie pudiera mancharlos con su asquerosa hipocresía. Escapé. La frialdad se volvió mi mejor amiga y la soledad mi leal compañera. Seguir con mi actuación, eso era lo único que les importaba de mí y mientras no se metieran con mi refugio, no me importaba seguir jugando a la familia feliz. El escenario se llenó de marionetas vacías que sonreían y bailaban a medida que tiraban de sus hilos. Escapé. Estaba harto de estar solo y de que trataran de ganar mi simpatía con manzanas envenenadas en busca de poseerme cuando cayera dormido. Así que simplemente tomé mis cosas y las metí dentro de mi mochila y salí corriendo de ese circo. Escapé. Quería ser libre. Aprender a volar. Ser como una melodía. Y entonces llegó la armonía y mi vida volvió a ser vida y conocí el amor y supe lo que era ser feliz. Veintiún años de mi vida siendo una cáscara vacía habían valido la pena por tres años de vivir a su lado. Mi destino había sido vivir para encontrarlo. Ahora mi parte en la historia había llegado a su fin. Vivir había sido la canción más hermosa que hubiera escrito... porque me había amado.



-¿Akanishi?... Dónde está Tat...-
-Hice lo que pude para mantenerlo con vida... La ambulancia tardó demasiado en llegar...-
-¡¡¡NO!!! ¡¡¡¿QUÉ HICISTE?!!!-
-No me des las gracias... Será mejor que lo lleves a casa... Despertará hambriento. Sabes que será peligroso los primeros meses...-
-¡¡¡¿CÓMO PUDISTE?!!!-
-¿Acaso hubieras preferido verlo muerto?... No te entiendo… ¿no dices que lo amas? No sé cómo Ryo-chan puede seguir aferrándose a ti... En todos estos años a mi lado no he podido competir contra lo que sigue sintiendo por ti... ¡Lo suyo duró sólo unas décadas! ¡¿Cómo puede eso valer más que un siglo de mi amor?!-
-¡¡¡¿Y esta es tu manera de vengarte?!!!-
-¿Vengarme?... No seas infantil... Hace un par de décadas que aprendí a perdonar... No lo hice por ti... Lo hice por él... y si no eres capaz de entenderlo, supongo que Ryo-chan tiene razón cuando dice que no sabes amar...-
-¡Jamás te perdonaré por esto!-
-¿Crees que me importa? Deberías agradecer que no viste en qué condiciones lo dejó Ryo-chan después de todo lo que le hizo... Aunque me temó que las heridas siguen ahí a pesar de que no podamos verlas gracias a la magia del "abrazo".-
-¿De qué hablas?... ¡¿Qué le hizo Ryo?!-
-Si sigues apretándolo así, le vas a volver a romper los huesos... No creo que le haya gustado la sensación de tener un pulmón perforado por una costilla rota o la de tener la mano destrozada desde las falanges hasta la muñeca...-
-¿Eh?... ¿Ryo...?-
-Debo irme... Necesito recuperar fuerzas para poder volver a casa...-
-¡¡¡¿Y crees que te voy a dejar ir así sin más?!!!-
-Sí... No tienes opción... Tú también estás débil y no falta mucho para que amanezca... Y dudo que vayas a dejar a tu cachorro abandonado en este asqueroso callejón para que se vuelva cenizas... No lo harías... No después de todo lo que sufrió para llegar hasta aquí después de escapar y de lo mucho que se defendió repitiendo tu nombre...-
-¡¡¿A dónde crees que vas?!!-
-Ya te lo dije... Iré por un bocadillo antes de volver a casa... Deberías hacer lo mismo...-
-¡¡¡JIN!!!-

-Estúpido… Debiste hacerme caso… Sabes que me pongo un poco susceptible cuando tengo hambre… Ah-ah~… Supongo que tendré que llevarte conmigo a casa, Tatsuya… Okura podrá arreglárselas solo para ocultarse antes de que amanezca… y sino… Ryo va a estar un poco molesto conmigo… otra vez.- 

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Glorious (RyOkura)



Título: Glorious.
Pairing: Ryo + Okura 
Fandom: Kanjani 8
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai 
To: Hanashi que gracias a su dedicacion y amor por los eito, me ha hecho amarlos cada vez un mucho más ;) sin contar q x su culpa desde anoche traigo esta canción en la cabeza :P
05/Nov/2012





La suave y cálida luz del sol se colaba a través de las vaporosas cortinas de su habitación haciéndole sentir una tibia sensación en la mejilla que poco a poco le dejó en claro que ya era hora de levantarse aún cuando no quería, aún cuando prefería seguir sumergido en medio de sus sueños. No, no de cualquier sueño, tan sólo de ese que acaba de tener y que le había hecho sentir la más grande felicidad recorriendo cada célula de su cuerpo, ese cosquilleo que parecía seguir revoloteando en su interior y que a pesar de la inconformidad por saber que no ha sido mas que un sueño, lo hace despertar con una enorme y boba sonrisa enamorada que le ilumina el rostro.

Porque gracias a ese sueño, por fin lo ha entendido todo; ha sido capaz de darse cuenta de lo que tanto había tratado de negarse por temor, verguenza y hasta por orgullo. Porque había sido ese sueño el que le había mostrados la felicidad que él mismo se había obligado a reprimir por miedo al rechazo y a lo que diría la sociedad.

Pero ahora que había tocado el cielo con las yemas de los dedos y que le había gustado tanto aquello que quería sumergirse por completo, no podía seguir haciendo de cuenta que no sentía nada por su mejor amigo, que no se le aceleraba el corazón cada que lo veía caminar dentro de su habitación, que no suspiraba cada que lo veía mirar a la nada a través de la ventana perdido en sus pensamientos, que no sentía mariposas en el estómago cada que sonreía con esa ternura que sólo él sabe desprender, que no sentía ese intenso rubor en las mejillas cuando lo miraba y le hablaba con esa voz tan profunda y seductora. No, ya no podría ser capaz de seguir ocúltando que lo amaba con locura, que era sólo por él que sus días le parecían la cosa más gloriosa y celestial tan sólo por vivir en el mismo planeta, porque era gracias a él que su propia existencia había adquirido color y forma y sería sólo por él que estaría completo por fin su corazón.

Y sin otro pensamiento en mente, saltó fuera de la cama para alcanzar el teléfono y llamarlo, porque en ese momento sólo pensaba en lo mucho que necesitaba escuchar su voz.

Porque sabía de antemano que oír su voz sería la motivación que necesitaba para buscarlo y confesarle sus sentimientos. Porque seguía marcada sobre su corazón aquella sensación de ensueño diciéndole que sería correspondido sin lugar a dudas.

Porque después de colgar sólo tendría algo en claro: quería volver realidad ese sueño. Tomarlo entre sus brazos apenas lo tuviera enfrente y estrecharlo contra su cuerpo fundiendo sus labios con los suyos en un primer beso que se convertiría en la llave al paraíso anhelado que significaría recorrer cada centímetro de su piel al ritmo de sus respiraciones agitadas y tímidos susurros encendidos de deseo escapando desde su garganta mientras pronunciaba su nombre con vehemencia. Lo quería. Lo necesitaba. Lo amaba. Y estaba dispuesto a ir al mismo infierno con tal de tenerlo tan sólo para él. Porque sólo por él había aprendido el significado de conceptos tan humanos como los celos y la mentira. Porque se sabía capaz de engañar hasta al mismísimo Dios con tal de alejarlo de cualquiera que pusiera sus ojos sobre él.

-Okura...-
-Ryo?... Qué pasa?... Son las... seis de la mañana? Estás bien?-
-Sí, mejor que nunca!... Voy para tu casa, no te vayas a ningún lado, entendiste?-
-No pienso salir de mi cama en todo el día...-
-No te preocupes, no planeo dejarte salir de ahí en un buen rato...-
-Eh?-
-Te veo en una hora!-
-Ok~...-



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Entre mis brazos. (OkeDa)



Título: Entre mis brazos.
Saga: REQUIEM
Pairing: Ueda / KAT-TUN & Okura / Kanjani 8
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai / Lemmon
N/A: Bueno, pues este es el inicio de un proyecto de vampiros que tenía mucho pensando y que sólo se había quedado en borradores y storylines en mi cuaderno, pero que gracias a mi ociosidad y a mi Pato, me decidí a desarrollar por fin y claro, compartirlo con ustedes ^^b... 



[EPÍLOGO]




La luz de la luna bañaba la enorme ciudad de destellos de plata. Los sonidos más alucinógenos rebotaban de aquí a allá manteniendo alerta mi sentidos. No había nada comparable a la vida de la noche. Las luces, las personas, el sexo, los vicios... Eso era vivir a lo grande. Y para alguien como yo que ya estaba cansado de vivir monótona y aburridamente durante un par de siglos, la excentricidad del Tokio del siglo XXI era como una bocanada de la mejor droga.

Los bares de Ginza estaban como de costumbre abarrotados hasta reventar. Las chicas hermosas sonreían y saludaban en ambos lados de la acera intentando atraer a los peces gordos dentro de la sartén. Un delicioso bocadillo de media noche. Sin embargo nunca podrían llegar a ser considerados el plato fuerte dentro de mi menú. Un chico hermoso y virgen. Eso era lo único que podía dejarme satisfecho al llegar la mañana. Así había sido desde la primera vez que me entregué a la oscuridad y así seguiría siendo hasta que me hartara de ellos y del sabor dulce y adictivo de su sangre.

Su aroma me atrajo como abeja a la miel. Debía encontrarlo. Necesitaba tenerlo entre mis brazos. Sentir el sabor de su piel húmeda con cada beso. Beber avídamente de sus labios extasiados  Sí. Debía poseerlo hasta el último suspiro.

Corrí entre callejones oscuros habitados tan sólo por aquellos que se entregan sumisos a los placeres carnales y los que se esconden tras cometer crímenes atroces. Podía escuchar claramente los latidos desbocados de su corazón. Algo sabía perfectamente: destilaba miedo con cada respiración. Debía apresurarme. Uno nunca sabía cuando estaba un camarada cerca que pudiera quitarte el festín de la mesa. Hoy en día ya no respetaban territorios ni cofradías. Reinaba la ley del más fuerte y no pensaba perder esta presa.

Lo divisé desde el tejado de una tienda de ramen. Corría desenfrenadamente casi tropezando con su propia sombra. Alguien lo seguía y yo sabía qué era.
-Estabas buscándome?...- Lo recibí con los brazos abiertos cuando se me estampó de llenó al salir disparado desde el cajellón. Lo rodeé con el brazo en gesto protector, aunque más bien estaba marcando mi territorio. Sus ojos iridiscentes me miraron con rabia desde las sombras. Una mueca de descontento desfiguró su rostro. Ryo odiaba perder una pieza de colección. Mi pequeño ratoncito temblaba aferrándose a mi saco en un intento por mantener el equilibrio y recuperar el aliento. -Vamos... Puede ser peligroso que camines solo por aquí...- Lo estreché con más fuerza haciéndolo andar.
-Uhn...- Asintió mirando de soslayo la figura atractiva vestida de negro de mi antiguo compañero de andanzas.


-Gracias...- Susurró tímidamente cuando llegamos a la avenida soltándome.
-No te preocupes... Parecías asustado, no podía quedarme de brazos cruzados...- Le sonreí con dulzura al tiempo que lo miraba fijamente. Sus mejillas se tiñeron ligeramente de rojo.
-De no ser por ti, quién sabe qué me pudo haber pasado...- Sus ojos poseían algo que hacia mucho no veía: inocencia.
-Me doy una ligera idea...-
-Cómo te llamas?...- Ni siquiera sabía por qué preguntaba. Nunca antes me había importado saberlo.
-Ueda... Ueda Tatsuya...- Me miró y luego agachó la mirada. Su corazón se había vuelto a acelerar.
-Bueno, Tatsuya... Permíteme llevarte a casa. Tu amigo aún nos sigue...- Me acerqué para susurrarle lo último al oído.
-Eh?!...- El pobre palideció mientras volteaba por instinto tan sólo para comprobar que Ryo estaba en la esquina que acabábamos de dejar atrás.
-Cuidado!- Alcancé a escuchar el sonido de la navaja cortando el aire antes de que alcanzara a mi presa. Se clavó de lleno en mi brazo derecho cuando lo cubrí con mi cuerpo. La arranqué de un tirón partiendo la hoja por la mitad delante de sus ojos y la dejé caer al suelo. 
-Estás herido!- Abrió los ojos como platos al ver la sangre manando del corte. Pobrecillo, si supiera que en un par de horas no habría siquiera cicatriz.
-No es nada... Vámonos.- Lo llevé a rastras conmigo. Ryo parecía molesto, pero el hecho de que se aferrara a este chico, me dejaba en claro que lo había elegido bien. No se lo cedería aunque fuera mi mentor.
-Mi casa está cerca... si no atendemos eso pronto, podría infectarse...- Sonreí ante su sincera preocupación y me dejé llevar por sus tibias y suaves manos.


Todos sus movimientos eran tan delicados como las facciones de su rostro. Necesitaba hacerlo mío. Limpiaba y vendaba cuidadosamente mi herida. Su nívea piel hacía destacar aún más su boca roja y carnosa. No podía quitarle los ojos de encima. Mis impulsos me obligaron a besarlo. Se estremeció al sentirse entre mis brazos. Opuso resistencia al principio pero después se entregó a mis labios como si hubiera nacido para ello. Los latidos de su corazón volvían a salirse de control. Lo dejé tomar aire dando cortos besos por su rostro hasta llegar a su oreja. Los primeros gemidos se dejaron escuchar cuando comencé a besar los lóbulos bajando hasta el cuello. Que ansia desenfrenada sentir sus venas palpitando bajo su piel, pero aún no era momento. Comencé a devorar otra vez sus labios. Millones de impulsos eléctricos me recorrieron de pies a cabeza al sentir sus manos bajo mi camisa aferrándose a mi espalda mientras lo recostaba en el sillón. Uno a uno los botones dejaron de interponerse dejándome ver un cuerpo perfectamente trabajado. Mi lengua se abrió paso poco a poco desde su cuello hasta el ombligo. Sus suaves y tímidos quejidos me hacían desearlo aún más. Su espalda se arqueó en un movimiento grácil cuando mi boca se apoderó de uno de sus pezones haciéndolo gemir con un par de lametazos húmedos.
-No...- Veloces  sus manos atraparon las mías cuando me disponía a bajar más allá deshaciéndome de su pantalón.
-No te gusta?...- Me posé sobre él cubriéndolo de besos hasta alcanzar de nueva cuenta sus labios.
-No es eso... es sólo que...-
-Es tu primera vez?...- Sus mejillas se encendieron aún más de lo que ya estaban. Un tumulto de pensamientos suyos llegaron a mí. Estaba asustado de lo que sentía, todos estos años había estado guardándose para la persona a la que amara y que lo amara en igual medida. Ni siquiera sabía mi nombre y ya estaba ahí, dispuesto a entregarse en cuerpo y alma a mí. -Okura... Tadayoshi...- Susurré entre besos a su oído. Sus brazos rodearon mi cuello. Que exquisita criatura me resultaba. Aparté los mechones de cabello que tenía sobre el rostro recostándome sobre su pecho. Me miraba de un modo que me resultaba fascinante. Había algo en sus ojos que nunca antes había visto en los de nadie más. Ni siquiera en los de Ryo.
-Okura...- Qué hermosa melodía constituía su voz. Un suspiro. Una sonrisa. Entonces entendí que estaba equivocado. Me entregué de lleno a sus besos y a sus caricias. Mi ropa fue quedando sobre la alfombra a medida que me despojaba de ella. Sus labios cubrieron cada centímetro de mi piel. Su cuerpo desnudo bajo el mío era lo más hermoso que había visto en mis doscientos años de no vida. Perdió totalmente el control de sí mismo cuando mis manos tomaron su miembro erecto llevándolo al delirio mientras continuaba con mi ritmico vaivén. Mordía mi hombro tratando de contener sus gemidos.
-Grita todo lo que quieras, amor mío... No te contengas frente a mí... Déjame escucharte...- Jalé su cabeza hacia atrás tirando suavemente de su largo y lacio cabello para poder contemplar cada una de sus expresiones excitadas  -Eres lo más hermoso que he visto en toda mi vida, Ueda...-Aumenté un poco la velocidad de mi mano. Ahí estaba. El grito que deseaba escuchar. Bajé entre besos y lenguatazos hasta llegar al lugar. Su espalda dibujó un arco perfecto en el momento en que introduje su falo en mi boca. Sentí que terminaría en cualquier momento, así que volví a sus labios. Aún no era tiempo. Continué con los besos y las caricias. Sus latidos se calmaban de a poco. Sus mejillas sonrojadas. Sus ojitos brillosos. Que espectáculo más divino. El hambre comenzó a despertar. Lo acomodé entre mis brazos para poder masturbarlo con mayor libertad al tiempo que besaba su cuello por la espalda. Su ritmo cardíaco fue aumentando. Se acercaba la hora. Con ambas manos se aferró al brazo con que lo tenía sujeto por el pecho jugando con sus pezones. Sus gemidos dieron paso a ese grito ahogado y extasiado que anuncia la llegada del orgasmo. Ahí estaba. En cuanto vi la vena seductora en su blanca piel me entregué al influjo de su poderosa esencia que me invitaba a saciar mi sed con el néctar de los Dioses. Mis colmillos traspasaron fácilmente hasta llegar. Un chorro tibio y embriagante llegó hasta mi paladar al tiempo que se corría en mi mano estremeciéndose intensamente. Parecía que su corazón explotaría en cualquier segundo. Era la primera vez que ambos experimentábamos un éxtasis de este tipo. Su orgasmo se intensifico debido al beso y mi propio delirium estuvo a nada de hacerme perder la razón.

El pobre yacía inmóvil aún entre mis brazos respirando acompasadamente hasta que se quedó dormido. Lo acomodé delicadamente cubriéndolo con mi saco que seguía en el suelo y me pasé una eternidad contemplando su rostro durmiente. Sí. En algo estaba equivocado: sin darme cuenta había pasado de ser el cazador a convertirme en su presa. Me tenía bajo su embrujo y ya nada me importaba excepto tenerlo a mi lado.   


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Un poco más… (RyOkura)

 


Título: Un poco más...
Autor: Lilith
Pairing: Ryo + Okura 
Fandom: Kanjani 8
 ~Mamoritai - Okura Tadayoshi~
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst, AU
To: Nat (JH)




Mi celular sonaba en alguna parte de mi habitación; anoche había llegado tan cansado que ni siquiera me había puesto la pijama para dormi, así que no me extrañó no poder recordar donde había dejado mi telefóno.

¿Quién podía estarme llamando tan temprano? Y en domingo… Mi día de anhelado descanso… ¿Domingo? ¡Ay no!

Aunque todavía estaba medio dormido salté fuera de la cama, tan apresuradamente que casi me caigo. ¿Qué hora era ya? ¿Dónde estaba el bendito celular? Nuevamente timbraba. Ahora que estaba totalmente despierto sabía que probable, sino es que seguramente, sería Tatsuya quien llamaba.

Hacía mucho que nuestras agendas no coincidían como para ir a tomar algo o salir a algún lugar, ahora que se había vuelto un compositor famoso tenía mucho más trabajo. Sí, a muchos  podría parecerles extraño, pero ese chico, con todo y su rara forma de ser, era mi mejor amigo y aún a pesar de todas las cosas que habían pasado desde que nos conocimos, el vínculo que se había formado entre nosotros nunca se había visto afectado.

Me iba a matar… Después de todo, había sido yo quien estuvo insistiendo en que debíamos vernos hoy y él había aceptado aún a pesar de todo el trabajo que tenía. En verdad que me iba a matar… si había algo que en verdad detestaba era la impuntualidad y pese a su aspecto dulce e inocente, lo cierto es que daba miedo cuando se enojaba.

¡Aquí está! En cuanto lo tuve entre mis manos le llamé.

-Okura… ¿Dónde estás? Hace más de una hora que te estoy esperando… Cuando no respondiste el telefóno me preocupé muchísimo…- Hablaba tan aprisa que se le atropellaban las palabras. -Estuve a punto de llamar a Nishikido-san…- Por su tono de voz podía saber que se había sonrojado.
-Perdóname Tatsuya… No te preocupes, ¿De acuerdo? Llego en menos de 20 minutos…- Ni siquiera habíamos colgado y yo ya estaba en la regadera. Pobre, en verdad debio estar muy preocupado para que incluso considerara el llamar a Ryo… Me lavé los dientos mientras me terminaba de bañar y me vesti tan rápido como pude. Tomé el celular y las llaves y salí corriendo.
-Ueda…- Lo vi sentado junto a la fuente donde solíamos vernos. Corrí tanto desde la avenida que cuando llegué hasta donde estaba apenas si podía respirar. -Lo siento tanto…- Estaba preparado para ser golpeado o regañado, pero no para la reacción que tuvo. Me miró con los ojos abiertos de par en par y apenas si me tuvo cerca me rodeó con fuerza con ambos brazos.
-Menos mal que estás bien…- Dijo en mi oído con un nudo en la garganta. Le devolví el abrazo. Un par de minutos después ya era el mismo Ueda de siempre.

El resto de la mañana la dedicamos a pasear por el centro comercial y a comprar cuanta cosa nos gustaba. Ir de compras con él siempre era así, sólo que a diferencia de él, yo tenía que ser más cuidadoso con mi dinero si no quería quedarme sin comida y casa para la siguiente quincena, pero igual siempre era entretenido pasar tiempo a su lado porque era alguien con quien podía hablar de todo lo que me gustaba y que me entendía. Estando con él las horas se me pasaban volando y aunque para nosotros era lo más genial del mundo, había a quienes no les parecía en lo más mínimo. Mi celular sonó.
-¿Ryo?- Se me hizo raro que me llamara ya que apenas unas horas antes habíamos estado juntos. -¿Ahora?… En Shinjuku… No… Con Ueda…- Como era de esperarse, el sólo hecho de escuchar su nombre fue suficiente para que se pusiera de malas. Pero, ¿qué le iba a hacer? La verdad es que aunque a veces era un cínido y sádico medio manipulador de sangre fría, conmigo siempre había sido realmente lindo y entregado. Cualquiera que viera al Ryo que yo amaba, juraría que no era otro que su hermano gemelo perdido; empezando por Tatsuya, su pareja y cualquiera de los de la oficina, pues él y Ueda  nunca se habían llevado muy bien… y en gran parte éso era culpa mía.

La verdad es que desde aquel entonces Ryo ha estado celoso de mi estrecha relación con Ueda, pero ¿qué derecho tenía él de reclamarme cualquier cosa después de todo lo que había vivido y compartido con Yamashita? Era simplemente egoísta de su parte, empezando por el hecho de que Ueda y yo nunca habíamos sido mas que amigos. Sus celos y su desconfianza a veces me lastimaban tanto que sentía que no lo podría soportar; y todas esas veces en las que mis lágrimas ya no podían ser contenidas, era precisamente Ueda quien me brindaba esperanza y consuelo. Cosa que sólo lograba hacer crecer el odio que Ryo sentía por él. Y en cierto modo no lo culpo, sabía cuánto lo había amado y creo que en realidad sólo teme que en algún momento Tatsuya pueda fijarse en mí y alejarme de él, pero siendo objetivos, éso no pasó entonces y mucho menos pasaría ahora.
-Lo siento Ueda… Tengo que irme…-
-No te preocupes… Él es lo más importante de tu vida, no? Entonces debes estar a su lado… Además hoy es un día especial para ambos, pero sobre todo para él, así que deja de perder el tiempo aquí conmigo y ve a verlo…-

Pese a cualquier cosa que Ryo pudiera atreverse a decir de Tatsuya, para mí era todo un ejemplo a seguir. Gracias a él había aprendido a aceptar y amar a Ryo tal y cómo era; además, de no ser por él, tal vez nunca habría conocido al amor de mi vida. Ambos sabíamos que Ryo se sentía del mismo modo, pero probablemente era su orgullo el que no le permitía aceptarlo y eran sus inseguridades las que no querían a Ueda en mi vida. Ryo jamás olvidaría el pasado, aún si fue gracias a él que ocurrió el milagro de nuestro encuentro.



3 AÑOS ANTES. Abril.


-Okura-kun… ¡Felicidades por tu graduación!-
-Senpai… Muchas gracias!… Creo que sin todo tu apoyo nunca hubiera podido lograrlo…-
-No digas esas cosas. Fue gracias a tu esfuerzo. “Sólo tú mismo eres capaz de volar tan alto como quieras…”, ¿recuerdas?-
-Senpai…-
-Oh, cierto… Tengo algo para ti…- Ueda puso la mano sobre su rostro para cerrarle los ojos al tiempo que metía la otra mano en su bolsillo para sacar el regalo que había mandado a hacer para su kohai. Rodeó su cuello para cerrar el pequeño broche de la cadena plateada y se apartó. Al sentir que su superior se había separado de él, Okura abrió los ojos para ver qué era lo que colgaba sobre su pecho.

El pequeño dije en forma de pluma, cuidadosa y delicadamente trabajado en oro blanco le arrancó una dulce y tímida sonrisa.
-¿Te gusta?… Ahora siempre tendrás contigo tus alas y podrás volar para alcanzar tus sueños…-
-Ueda-senpai… Gracias…- Sentía que moriría de felicidad en ese preciso momento. El chico del que había estado enamorado los últimos cuatro años estaba ahí frente a él con esa sonrisa suya que tante le gustaba y mirándolo a él, sólo a él. -Ueda-senpai… Yo…-
-Sí, dime… ¿Qué pasa?, Okura, ¿te sientes mal? Tu cara está un poco roja…- Al sentir su mano sobre su mejilla, un millón de sentimientos le recorrieron el cuerpo de pies a cabeza haciendo que se sintiera aún más nervioso. No era siquiera capaz de mirarlo a los ojos.
-No, estoy bien… Es que yo… yo tengo algo que decirte…-
-¡Tat-chan~!- Apenas si escuchó aquella voz, Ueda volteó de inmediato dejando a Okura con las palabras a punto de desbordársele de los labios.
-¡¿Jin?!- El chico venía acompañado por otros dos muchachos; los tres resultaban una imagen digna de ser contemplada: atractivos, bien vestidos y con un gran carisma desbordandóseles.

Llegó hasta donde estaban, puso una mano en la cintura de Ueda para acercarlo un poco contra sí y la otra en su nuca. Lo besó.
-Había estado buscándote… Con que aquí te estabas escondiendo… ¿Este es el chico del que me hablaste?- Así como sólo lo besó, lo soltó con la misma naturalidad para mirar a su acompañante. La radiante sonrisa y ese brillo en sus ojos que nunca antes le había visto, rompieron las esperanzas de Okura al tiempo que apenas lograba  entender lo que pasaba.
-Sí, él es Okura Tadayoshi… El chico al que quiero que contrates en la agencia…-
-Mucho gusto, soy Akanishi Jin y si no tienes inconveniente, me gustaría que fueras mañana a mi oficina para una entrevista de trabajo…- Le extendió su tarjeta de presentación. -Ellos son Yamashita y Nishikido, mis socios…- Los dos saludaron educadamente permaneciendo por un lado de su jefe.

Okura estaba tan confundido que constantemente pasaba la vista con disimulo de Ueda a su pareja y del piso a la tarjeta que tenía en las manos. Su punto de salvación fue el chico delgado de cabello lacio y oscuro que estaba a la izquierda de Akanishi. Ésa fue la primera vez que vio a Ryo, y de alguna manera, algo en él le había parecido fascinante.

Apenas si había logrado conciliar el sueño durante la noche. El shock provocado por haber visto así al chico del que había estado enamorado todo este tiempo había sido simplemente demasiado para su frágil corazón.

Para cuando sonó su despertador ya estaba en la cocina tomando el desayuno. Se levantó para ir hasta la recamara y apagarlo, luego entró al baño para ducharse. Ueda le había mandado un enorme mail con todos los consejos que se le habían ocurrido para impresionar a Jin. Lo leyó mas no le día mayor importancia. Debía aceptar que de no ser por la relación que su prospecto a jefe tenía con su superior, éste sería el trabajo de sus sueños. Lo sería, de no ser porque no estaba muy seguro de poder soportar verlos juntos. Aún así había decidido ir a la entrevista; de cualquier forma ganaba más de lo que podía perder.

Desde la fachada, aquel edificio desbordaba lujo y estilo. El interior, por supuesto, no dejaba nada que desear. Definitivamente éste era el tipo de lugar en el que quería trabajar. La chica de la recepción, que era una verdadera belleza, cabe mencionar, en cuanto dijo a qué venía llamó a un chico delgado que usaba un elegante traje gris oscuro.
-Uchi-san, ¿sería tan amable de llevarlo a la oficina de Akanishi-san?-
-¿Es el chico al que espera el jefe?- La chica se limitó a asentirle con una sonrisa y luego se puso a pasarle un montón de recados y papeles. Okura miró a su alrededor y de pronto se preguntó si ser excesivamente atractivo era un requisito para trabajar en la AYN Records, porque a donde quiera que mirara, tanto los chicos como las muchachas eran todos unas bellezas en toda la extensión de la palabra que encajaban perfectamente con la elegancia y el estilo de la empresa.
-¿Cómo te llamas?… Ah, por aquí…- Su voz atrajo de vuelta su atención al chico que ahora le sonreía cortesmente indicándole el camino que tomarían.
-Okura Tadayoshi…- Aunque trataba de no parecer nervioso, la verdad es que siempre había sido tímido.
-Yo soy Uchi Hiroki… Director de Arte Publicitario…- La puerta del ascensor se abrió. -Oh, Kato-san! Buenos días…- Saludó al chico que llevaba un par de cámaras y que salía cuando ellos se disponían a entrar. -Él es uno de nuestros mejores fotográfos… tal vez no te toque trabajar mucho con él pero siempre es bueno conocer a todo el equipo.-
-Sí, entiendo… En éso tienes razón Uchi-san…-
-Oh, no, por favor, deja la cortesía para con el jefe; además por lo que veo eres un año más grande que yo…- Le decía mientras cerraba el folder negro que llevaba en las manos.
-¿En verdad?, ¿entonces aún estás estudiando en la universidad?…-
-Sí, mi último año…-
-Oh, vaya,,, pareces tener bastante experiencia, cualquiera diría que hace años que trabajas aquí…-
-Algo así… Trabajo aquí desde que iba al instituto…. Creo que nadie se hubiera imaginado que el chico de los recados terminaría siendo Director de algún departamento…- lo miró seriamente pero de inmediato echó a reír haciendo que Okura riera también.

Caminaron por un pasillo largo hasta un amplio lobby. El lugar era precioso, con todo el lujoso decorado en blanco, negro y roho, colores predominantes por todas partes en el edificio.
-Buenos días Takada-san, ¿podrías decirle a Akanishi-san que ya llegó la persona a la que espera?-
-Sí, enseguida…- Era la chica más bella que había hasta ése momento. Tras hacer una llamada, seguramente a Jin, se levantó y con un suave movimiento de su mano les indicó que la siguieran; la puerta doble de madera estaba a un par de metros. Tocó delicadamente y les abrió.
-¡Oh, Okura-kun, buenos días!… Uchi, Ryo te estaba buscando, en este momento debe estar en tu oficina…-
-Ok, con permiso…- Salió junto con la chica que cerró la puerta tras de sí. Okura estaba nervioso, pero más que por la entrevista por el recuerdo de aquel beso entre el sujeto que veía y Ueda.
-Toma asiento…- Apagó el cigarrillo y abrió la ventana que tenía detrás de sí para que se fuera el olor. -No se lo digas a Tatsuya, odia que fume, pero me ayuda a relajarme, tú sabes, el estrés y las presiones…- Había algo en él, en su forma de hablar, en su lenguaje corporal, que lo hacía diabólicamente seductor. Okura no pudo más que encogerse de hombros ante su petición. No le agradaba el hecho de que le ocultara cosas a Ueda, pero lo que pasara entre ellos realmente no era su problema.

Alguien llamó suavemente a la puerta antes de abrirla. Yamashita entró acompañado de un chico tan atractivo como él aunque de mayor edad. Se sentaron en el sillón frente a Okura. Jin se les unió y dio inicio a las presentaciones.
-Takizawa, gracias por venir. Él es Okura Tadayoshi, nuestro candidato al puesto de Asistente de Director Creativo…- Okura no pudo evitar abrir desmesuradamente los ojos al escuchar por primera vez el nombre de la vacante que se suponía que ocuparía. Hasta ese instante creía que empezaría desde abajo como había hecho Uchi pero no parecía ser el plan de Jin. -Takizawa es el Presidente de la agencia de Talentos que trabaja con nosotros; a Yamashita ya lo conoces, es el Director de Relaciones Públicas y Nishikido, que no dene tardar en llegar, es el Director Creativo. Nosotros cuatro somos los pilares de la empresa, así que la decisión de contratarte no dependerá sólo de mí, ¿estás de acuerdo?-
-Sí, lo entiendo perfectamente…- Los nervios desaparecieron cuando dejo de estar a solas con Akanishi. Por alguna razón empezaba a agradarle cada vez más la idea de trabajar ahí, tal vez fue bastante alentador y tranquilizante el escuchar que no trabajaría directamente para él.

La puerta se abrió y Nishikido entró disculpándose con una sonrisa encantadora por su retraso. Esa dulce expresión en su rostro le resultó adorable. De algún modo le dio la impresión de que Ryo eran en verdad un chico verdaderamente sensible. El recién llegado clavó su mirada directo en sus ojos que lo miraban y luego se sentó a su lado. Ambos se sonreían por vez primera.

Al terminar la entrevista, Akanishi se puso de pie y llamó a Uchi por telefóno. Estaban despidiéndose cuando llegó, por lo que entendió que estaba ahí para acompañarlo de regreso. Era una educada manera de decirle que ya se podía ir, por lo que no le molestó.

Una semana más tarde, cuando creía que obviamente no tenía lo necesario como para trabajar entre tanta gente bella, recibio por fin la llamada para notificarle que el puesto era suyo y que debía presentarse a trabajar el lunes.

Y aunque lo primero que pensó fue en llamar a Ueda para darle la noticia, el sólo recordar aquel beso con su ahora jefe, lo frenó por completo haciendo que desechara la idea tan pronto como se le ocurrió. Al final terminó caminando solo. Estaba en plena avenida cuando comenzó a llover.
-No deberías estar caminando bajo la lluvia… No querrás presentarte enfermo a tu primer día de trabajo, ¿Verdad?- Reconoció la voz de inmediato. De nueva cuenta había una sonrisa en su rostro, pero esta vez era una expresión completamente diferente.
-Nishikido-san…- Notó de pronto que no podía seguir mirándolo a los ojos. La forma en que lo miraba lo hizo sonrojarse.
-Oh no, por favor… Fuera de la oficina llámame por mi nombre, ¿quieres?- El gesto de incomprensión en la carita mojada  de Okura le arrancó una carcajada. -Oh, vamos, a partir del lunes serás mi asistente y tendremos que pasar mucho, pero mucho tiempo juntos, es parte del trabajo el llevarnos bien, no?- Okura lo pensó un poco y luego asintió no muy convencido. -¿Vas a tu casa? ¿Te llevo?… En verdad no quieres enfermarte trabajando para Jin, podrías decir que a partir de ahora tendrás prohibido enfermarte.- La forma en que lo dijo le resultó graciosa, así que no pudo evitar reírse. -Vamos, sube…- Se estiró hacia un lado y le abrió la puerta. Terminó subiendo al auto aunque no estaba muy seguro de querer hacerlo, él tenía un punto a su favor: si seguía mojándose con ese frío terminaría enfermo y no quería éso.

Okura habló poco durante todo el camino. Nishikido en cambio, hablaba hasta por los codos, preguntando cosas constantemente, que, para suerte de su acompañante, no requerían más que de un “sí” o un “no” como respuesta.

Por fin se había detenido frente al edificio de tres pisos de color blanco donde vivía Okura desde que se mudó de Osaka. Se disponía a abrir la puerta para dar las gracias y despedirse, pero para su total sorpresa, en ese mismo instante, Nishikido bajó a toda prisa y rodeó el coche cubriéndose de la lluvia con un paraguas, le abrió la puerta y le acercó un poco la sombrilla para que saliera, cosa que hizo aún cuando se sentía un poco confundido.
-Odio el temporal de lluvias, aunque debo confesar que me gusta mucho más que la temporada de tifones…- Su forma de hablar era chistosa así que lo hizo sonreír de nuevo.
-A mí no me desagrada realmente, aunque tampoco es mi época favorita del año…- Llegaron hasta las escaleras.
-Bueno, supongo que nos veremos pronto…- Ryo sacó un elegante pañuelo de su bolsillo y se quitó las gotas de agua que había logrado llegar hasta su cabello y saco.
-Muchas gracias por todo…- Tadayoshi le dedicó una de sus mejores sonrisas. y aunque Ryo no parecía que fuera a moverse de ahí, al final volvió a abrir la sombrilla y subió a su auto, perdiendósele de vista al doblar en la esquina.

El sábado pasó más lento de lo que se hubiera imagino. Aunque se sorprendió bastante con su llegada, la verdad es que la visita de Ueda le alegró totalmente el díz. No le extrañó para nada escuchar que fue Akanishi quien le dio la noticia, lo que le pareció raro fue el reproche con que vino acompañado el comentario. Pero igual no le quizo dar mucha importancia ya que al poco rato volvio a ser el mismo Ueda de siempre.

El domingo por el contrario, transcurrió más rápido de lo que hubiera querido. Y cuando menos se lo esperó, abrió los ojos y ya era hora de levantarse y comenzar un día en su nueva vida.

Todo en la empresa se veía igual que la última vez que había estado ahí. En la recepción estaba esperándolo Uchi, cuando se acercó hasta donde estaba se dio cuenta de que estaba con alguien más, aunque era menudito y se veía un tanto aniñado, resultaba atractivamente encantador. Al principio creyó que no era más que un mensajero, dejándose llevar por su apariencia confuncidéndolo con un chico de preparatoria, pero luego notó el gaffete que colgaba sobre su corbata con el título de “Director de Proyectos” debajo de su fotografía y nombre.
-¡Okura, buenos días!- Le agradó ver que le alegraba volverlo a ver.
-Buenos días Uchi… san…- No quería parecer igualado, así que se dirigió a él con cortesía y le devolvió la sonrisa.
-Ah mira, él es Kamenashi Kazuya… nuestro Director de Proyectos, estarás trabajando con él y su equipo. Akanishi debe haber visto mucho potencial en ti, es la primera vez que pone a trabajar a Kamenashi-san con Ryo…- Algo en la forma en que dijo aquello le dejó en claro que Kame no era su persona favorita y que con Nishikido era completamente lo opuesto. De inmediato consideró que era preferible no mencionar siquiera su encuentró con él del viernes.
-Kamenashi-san, mucho gusto, mi nombre es Okura Tadayoshi, estaré esperando ansiosamente trabajar son usted…- Tras escuchar que alguien que pasaba lo llamaba “Kame”, pensó que probablemente era el mismo Kame al que Ueda consideraba su mejor amigo.
-¡Oh vaya! Ueda habla mucho de ti… Pero no me hables de usted, por favor, me haría snetir raro…-
-De acuerdo… Sí, Ueda-senpai también habla mucho de ti…-
-Chicos, ya tendrán tiempo más tarde de ponerse al tanto, será mejor que vayamos a la oficina de Ryo antes de que se ponga de malas y comiencen a rodar cabezas…- Los tres echaron a reír por la cara que había hecho Uchi y caminaron al ascensor para ir a la sala de juntas que estaba al lado de la oficina.
-¡Oh! ¡Vaya! Miren lo que tenemos aquí, que buena manera de empezar la semana… Tomen asiento…- no había que ser un genio para darse cuenta de que estaba siendo sarcástico. Al haber sido Kame el único que no se rió, pudo deducir que lo había dicho por él y se preguntó por qué a Ryo no le caía bien un chico tan educado y carismático como Kamenashi, pero igual no le dio mayor importancia.
-De acuerdo, empecemos de una vez si es que queremos salir a comer a tiempo. Él es Okura Tadayoshi, mi asistemte a partir de hoy y jefe inmediato para muchos de ustedes…- Era raro verlo actuar con tanta seriedad y autoritarismo. Se volteó hacía él. -Te presentaré al equipo con el que estarás trabajando por los próximos 10 o 12 meses…-  Le puso la mano en el hombro. -A Hiroki ya lo conoces, es el encargado del departamento de Arte Publicitario; con él trabajan Kato Shigeaki, nuestro mejor fotográfo y Masuda Takahisa y Kusano Hironori, los diseñadores gráficos. Por el otro lado, ya conociste a Kamenashi, el director de proyectos; su equipo: Koyama Keiichiro y Tegoshi Yuya, encargados de imagen y vestuario; Taguchi Junnosuke, el coreográfo; Tanaka Koki y Ueda Tatsuya, que como verás, o mejor dicho no verás, rara vez está aquí en la oficina, son los escritores y compositores; y Nakamaru Yuichi, el ingeniero de audio… Bien, creo que con ésto estamos listos para trabajar. Jin tiene altas espectativas en nosotros, será mejor que se las superemos con creces, ¿entendido?- Si bien había sido una orden directa, nadie pareció haberla sentido como tal, pues la sonrisa con la que se los había dicho suavizó la intención. Aún así, todos asintieron de lo más felices como si se tratara más de una oportunidad que de un reto. Una oportunidad de mostrar su potencial.

Okura miraba otra vez al grupo que tenía frente a él. Comenzó a preguntarse cuánto tiempo duraría en el puesto, de nuevo tenía ese pensamiento en su cabeza: “todos son un grupo de ikemen, ¿qué hago yo aquí?”

Después de las presentaciones, Nishikido les explicó en qué consistiría el proyecto que tenían que desarrollar: el debut del nuevo grupo de pop de la AYN Records.

Habían comenzado su relación de trabajo entre los aparentes triángulos amorosos de su jefe y sus drásticos cambios de humor y personalidad que parecían desquiciar a medio oficina más una vez al día. Y auqneue no era parte de sus planes, terminó viéndose envuelto en el caos de apellido Nishikido. Cuando menos se lo esperó, ya se lo había tenido que llevar perdido de ebrio a su propio departamento en un par de ocasiones, ya que no sabía dónde vivía y no lo dejaría a su suerte en ese estado; Okura no entendía del todo el por qué se dejaba llevar por Akanishi como para terminar en ese estado pero sabía que con seguridad tenían mucho que ver sus “encuentros casuales” tanto con Uchi como con Yamashita.

Llegados a ese punto, ya había visto muchas facetas de Ryo que nunca se imaginó que pudiera tener. A tres meses de conocerlo había podido ver por debajo de esa cubierta llena de espinas al verdadero Nishikido Ryo; y aunque no era su más mínima intención, empezaba a verlo como una persona diferente, una persona con la que le gustaba estar y con quien podía ser sincero… Una persona muy parecida y, al mismo tiempo, muy diferente a su primer amor.

No pasó mucho para que se diera cuenta de que le gustaba Ueda. No lo culpó ni le recriminó nada, ¿quién era él para hacerlo?, después de todo, lo entendía, él mismo estaba aferrado a Yamashita aún cuando estaba con Kamenashi. La única diferencia y que era justo lo que lo volvía peligroso y hacía que se preocupara por él, era que Ueda estaba con Jin y quién sabe cómo podría reaccionar si se enteraba. Akanishi no era como la persona más predecible del planeta.

Sin embargo, Ryo había guardado bien su secreto. Okura en verdad quería este trabajo y estaba esforzándose con todas sus fuerzas en dejar a Ueda en el pasado, desde el primer momento entendió que no podían ser algo más; y pese a que ni él mismo lo creía, con el paso de los meses había empezado a verlo más y más como sólo un amigo, incluso se habían vuelto más cercanos y  eran capaces de disfrutar más de su compañía.

Al mismo tiempo su relación con Ryo se había vuelto más estrecha y hasta había llegado a tomarle gran cariño. En muchas ocasiones le había sorprendido y enternecido su preocupación  cuando estaba triste o angustiado, tenía un modo raro pero lindo de demostrarle aprecio y prodigarle cuidados, como cuando se sentía mal o la vez que cayó enfermo.

A medida que iba sacando a Ueda de su corazón alguien más había comenzado a abrirse camino hasta alcanzarlo. Pero si bien su primer amor nunca sería correspondido y se había convertido en una espina que le había herido mucho el corazón, su segundo amor parecía tener incluso un peor destino… Aunque el chico era lindo y entregado, el parecer había sido muy lastimado en el pasado y la coraza que se había construido para protegerse tal vez nunca le permitiría llegar hasta su corazón.

Okura se sentía tan miserable que incluso consideró el alejarse de todo y de todos y buscar un lugar dónde comenzar de nuedo. Pero así como la idea se formaba dentro de su cabeza, evocar su sonrisa la esfumaba en un segundo. Siendo incapaz de hacer algo, no tuvo más remedio que continuar con la vida que había estado llevando los últimos ocho meses. Una vida con ellos y sin ellos.

Al menos había algo bueno en todo esto, había logrado hacer bueno amigos. Ueda le había presentado a la gente con la que Koki, Nakamaru y él trabajaban en el estudio de grabación. Después de unas semanas ya salía a menudo con Ueda y Kitayama, cosa que por alguna razón no parecía hacerle mucha gracia a Ryo.
-No me parece conveniente que salgas tanto con Ueda…- Había dicho en más de una ocasión.
-No te preocupes. Ahora sólo somos buenos amigos. Además tambíen irá Hiromitsu…- Era la respuesta de siempre que en vez de calmar a su jefe lo enojaba aún más, al grado de hacerlo salir del lugar para no terminar discutiendo.

Navidad cada vez estaba más cerca. Lo mismo que la fecha del debut. Todo el trabajo marchaba de acuerdo a lo planeado, así que no había necesidad de estresarse y ponerse como locos. Casi todo lo que quedaba por hacerse era trabajo de Yamashita y el equipo de mercadotecnia a cargo de Yokoyama Yuu y Subaru Shibutani, con quienes salía a menudo pues eran amigos cercanos de Nishikido. A no ser por Uchi, el resto del equipo se pudo tomar un descanso después de los primeros seis meses de trabajo a marchas forzadas.

Ahora los preparativos que se hacían eran sólo para la fiesta de Navidad que daría la empresa; este año le había tocado al Equipo creativo desarrollarla, por lo que todo el mundo tenía altas espectativas en el evento. A menudo, las sesiones de planificación se prolongaban hasta después del trabajo y ya se había vuelto común terminar en casa de Ryo o de Kame hasta la una de la mañana.

Fuera en casa de cualquiera de los dos, no fue raro que terminaran más ebrios que otra cosa, Okura se dio cuenta de que ésa era la única manera de que se ese par pudiera tolerarse. Además nadie parecía molesto con el hecho de que el Señor Alcohol se volviera un miembro habitual del grupo; aún cuando no todos bebían, la mayoría eran más agradables con un par de tragos encima que tenerlos que aguantar toda la noche quejándose por tenet que estar ahí fuera de horas laborales y con todo el estres acumulado del día.

Y aunque Okura prefería evitar discuciones, siempre disfrutaba viendo y escuchando los desfiguros que luego solían amenizar las reuniones, aparte de que era el más emocionado con todo ésto de la fiesta, después de todo, sería su primer año celebrando Navidad después de mucho tiempo.

Por desición unánime, él y Ueda habían sido designados para elegir y comprar el pastel perfecto para la fiesta; Masu y Ryo estarían a cargo del menú para la cena; Kame y Uchi serían responsables de las bebidas; Koyama y Tegoshi se encargarían de la decoración; el resto del equipo tenían la obligación de ayudarles.

Nishikido no estaba para nada feliz con la delegación del trabajo pero no pudo hacer nada para salirse con la suya.

Los copos de nieve habían comenzado a caer por fin en la bulliciosa y colorida ciudad. Ueda y Okura caminaban por las calles de Tokio cuando la nieve comenzó a cubrirlo todo en medio de la noche. No tenían mucho tiempo, Akanishi pasaría a recoger a Ueda para ir a cenar, pues era su aniversario y de por si no estaba muy feliz con el hecho de haberse tenido que quedar en la oficina por trabajo.

Pero mientras se hacían las diez, ellos caminaban tranquilamente hacia la próxima pastelería. Los últimos tres días se la habían pasado comiendo pastel hasta hartarse y si bien habían probado varios postres que les gustaron, aún no habían encontrado el ideal.

Después de haber probado más de ocho pasteles diferentes, ahora caminaban rumbo a la avenida donde Akanishi y Ueda se habían quedado de ver. Tadayoshi llevaba en la mano una cajita con los dos pasteles que más les haían gustado. Ryo y Masu querían darles el visto bueno antes de decidir.

La gente se amontonaba aquí y allá en medio de sus compras desesperadas de última hora llenando el aire con un bullicio ininteligible a tavés del cual apenas si escuchaba lo que se decían. Sin embargo pudo reconocer de inmediato la voz de Nishikido. ¿Estaba discutiendo con alguien? ¿Estaba molesto? ¿Frustrado? Trató de localizalo por sobre la muchedumbre sin mucho éxito. Ni siquiera le importó lo que le dijo su amigo antes de que se despidiera de él y subiera al auto de su novio.

Se dio la vuelta y caminó lentamente siguiendo el sonido. ¿Estaba llorando? Llegó hasta la esquina. Vio su auto estacionado ahí. Se disponía a hablarle cuando su reacción lo detuvo. Lanzó su telefóno celular al piso en un arrebato más de dolor que de ira. Tadayoshi se quedó inmóvil sin saber qué o qué decir cuando lo vio girarse para volver a su auto. Apenas si podía reconocerlo por debajo de esa expresión extraña que tenía en el rostro. Lo miró sólo un instante antes de bajar la mirada avergonzado. Sabía que tenía que decir algo porque de lo contrario su cuerpo terminaría reaccionando más rápido.
-Oh, que coincidencia… Justo estaba pensando en ti…- Levantó la mirada del piso al escuchar su voz, clavándola directamente en sus ojos se acercó a grandes pasos hacia él de un modo casi amenazador. Estaba seguro de que o le iba a gritar por meterse en sus asuntos o le iba a pegar para desquitar lo que tenía. -…estaba a punto de llamarte para…- Sus palabras se perdieron entre el frío, las luces y ese abrazo que ahora le robaba la respiración preguntándose cómo fue que habían terminado las cosas así.
-Déjame estar así un segundo… por favor…- Su voz se escuchaba ahogada, probablemente debido al llanto contenido. Sentirlo tan frágil estando contra su pecho aferrándose con ambas manos a su chamarra, hizo despertar en Okura el dese que quererlo proteger por siempre. Levantó despacio los brazos, como no estando muy seguro de lo que hacía, y lo abrazó estrechándolo un poco más contra su cuerpo cuando lo sintió sollozar. Apoyó suavemente la mejilla contra su oreja.
-Todo el tiempo que quieras…- Fue como si hubiera estado esperando escuchar éso para que sus lágrimas comenzaran a rodar.

A lo lejos el repicar de las campanas anunciaba la media noche cuando Ryo por fin se soltó y se hizo a un lado para limpiarse las lágrimas. Tadayoshi lo miraba un tanto confundido y angustiado. ¿Qué haría con respecto a él a partir de este momento? ¿Se alejaría de él?¿Lo alejaría de su lado? Comenzó a sentirse asustado. No quería que las cosas entre ellos cambiaran si no iba a ser para algo mejor.
-Oh, lo siento… ¿qué me estabas diciendo?- Si no fuera por lo irritados y cansados que se veían sus ojos hubiera podido venderle fácilmente aquella sonrisa.
-Ryo… No te fuerces… por favor… Vamos, te llevaré a casa…- Se acercó hasta él y metió la mano en el bolsillo del saco, que era donde solía llevar las llaves, pero lo encontró vacío. Esta vez su sonris no fue forzada mientras le señalaba el interior del aunto donde aún estaban las llavez.
-Me dijiste que no hablara por telefóno mientras conducía, no?- Ante su cinismo, Okura le lanzó una mirada asesina.
-Lo cual no implicaba que hicieras algo tan estúpido como dejarlas ahí, ¿qué hubiera pasado si en vez de mí, te hubieras topado con algún delincuente?- Nishikido estalló a carcajadas.
-Tadayoshi, eres demasiado dramático; anda, está bien, te dejare llevarme a casa…- Rodeó el auto y se sentó en el lugar del copiloto. Okura lo siguió con la mirad, movió la cabeza a modo de desaprobación ante el comportamiento tan despreocupado de su jefe y luego subió al carro; aunque a veces lo sacara de quicio, no quería dejarlo solo esta vez, definitivamente no dormiría si lo dejaba conducir en ese estado hasta su casa.
-Toma…- Le dio la cajita color vino con lazo dorado. -Asegúrate de que lleguen sanos y slavos a tu casa, de acuerdo?…- Se abrochó el cinturón, hizo el asiento un poco hacia atrás y se puso en marcha.

El camino ya le resultaba por demás conocido. Inclusive se sabía un par de atajos que Ryo ni siquiera conocía. Esa noche, sin embargo, tomó el camino largo. Por primera vez no era acosado por las preguntas intermibables de Nishikido… Se había quedado profundamente dormido sujetando la cajita sobre sus piernas con ambas manos. Y aunque inevitablemente llegó hasta su casa, prefirió dejarlo descansar un poco más; así que sólo le reclinó el asiento  y bajó un poco el volumen de la música. Era la primera vez que lo veía tan cansado. Simplemente no fue capaz de despertarlo.

Tadayoshi comenzaba a quedarse dormido también apoyado contra el cristal de la ventana después de un par de horas de haber estado en silencio contemplándolo dormir.
-¿Dónde estamos…?- Su voz adormilada le pareció encantadora. Le devolvió la cajita.
-Afuera de tu casa… ¿te sientes mejor?- Se apresuró a preguntarle al ver que abría la puerta para bajarse.
-Supongo que lo estaré… Pasa…- Respondió mientras bajaba sus cosas del asiento trasero.
-Será mejor que me vaya a casa… son… las tres… ¿de la mañana?…- Se asustó al corroborar en su celular la hora.
-Mmm… No, quédate… Por favor…- Algo en el modo en que escuchó su voz al decir las últimas dos palabras, le impidió decirle que no aún cuando su cerebro le ordenaba a gritos que lo hiciera.

Como siempre su casa estaba demasiado ordenada. Cosa que le gustaba mucho a Okura de él. Ryo entró quitándose el saco y la corbata, dejándolos en el respaldo del sillón más cercano. Se desabotonó la camisa de camino a la habitación. Lo perdió de vista justo en el momento en que se la quitaba. Okura respiró aliviado. Ya había tenido muchas emociones fuertes por un día.
-Ponte cómodo… No me tardo…- Casi se le sale el corazón cuando lo vio pasar al baño con nada más que una toalla azul alrededor de la cintura.

Si bien no lo había considerado, sus piernas lo obligaron a sentarse para no caer al piso. Apoyó la cabeza en el respaldo del sofá. ¿Qué estaba haciendo ahí? No quería volverse su premio de consolación. Lo que sentía por él no daba para éso. No estaba ni preparado ni dispuesto para ser plato de segunda mesa. ¿Se enojaría mucho si se iba sólo así? ¿Éste era el único modo en que Ryo lo veía como parte de su vida?

Asustado… Confundido… Enojado… Dolido… Ilusionado… ¿Cómo podía sentir tantas cosas al mismo tiempo?

Cerró los ojos suplicando porque las lágrimas se quedaran donde estaban, esperando despertar o quedarse dormido. No supo cuánto tiempo transcurrió, de pronto notó que el silencio se había vuelto absoluto.
-¿Tadayoshi…?- Sintió su cálido tacto  sobre su mejilla. Las malditas se habían logrado escapar y aunque no quería hacerlo, abrío los ojos al escuchar que lo llamaba.
-Oh, perdón…- Se esforzó en tratar de firngir una sonrisa que alejra esa angustia de su cara. -Creo que estaba soñando algo raro… Yo est…- Le puso el dedo índice sobre los labrios mirándolo directo a los ojos.

Llevaba un pantalón de franela a cuadros en varios tonos de gris y una camiseta sin mangas color blanco. Su cabello lacio, oscuro y húmedo enmarcaba y resaltaba prefectamente las facciones de su cara.
-No te atrevas… Eres la única persona en este mundo que jamás me ha mentido…- Lo veía con una mezcla de angustia y suplica. Tadayoshi se quedó callado y bajó la mirada. Algo en su brazo le llamó la atención.
-¿Qué te pasó?…- Le tomó la muñeca para examinar el moretón. -¿Quién te hizo ésto?…- Resultaba más que obvio que no había sido producto de un golpe accidental. Ryo se safó intentando ocultar la marca con la otra mano.
-No fue nada… A veces las cosas no acaban del modo en que uno espera…- Se levantó bruscamente del sillón. -…probemos su trofeo de hoy, la verdad es qu…- Tadayoshi no podía entender el por qué se forzaba tanto a guardarse todo ese dolor para él mismo. Al ver que nuevamente de disponía a huir, algo en su cabeza lo obligó a reaccionar. Se levantó y dio un largo paso hasta alcanzarlo y lo rodeó con ambos brazos.
-No lo hagas Ryo… no estás solo… no tiene por qué soportar todo tú solo… déjame estar ahí para ti…- En algún lugar dentro de su corazón, algo dolía mucho. Nishikido estaba inmóvil, se sabía culpable de aquellas silenciosas lágrimas.
-Tadayoshi…- Sus palabras tocaron profundamente un lugar que hbía permanecido oculto y olvidado por demasiado tiempo. Se sentía condenadamente bien estar entre sus brazos. Aferró el brazo de Okura con su mano. Aunque no llegaba a entender muy bien la razón, sabía que no quería perder la reconfortante y cálida sensación que este chico le transmitía.

Simplemente le apeteció hacerlo.

Se dio la vuelta y puso sus manos sobre aquellas húmedas y sonrojadas mejillas.
-Tadayoshi… mírame…- El tenue rubor desapreció en cuanto escuchó su vos. Ryo notó que se había estremecido un poco. Okura estaba aterrado. Éso que había estado manteniendo en secreto todos estos meses, se había escapado de la nada con tanta facilidad. El temor de su reacción era peor de lo que se había imaginado.
-Te lo suplico… mírame…- Era la primera vez que le escuchaba ese tono de voz tan dulce. Se moría de miedo pero abrió los ojos. Nada en su rostro se acercaba ni un poco a la expresión que tantas veces había pensado. -Lo que dijiste antes…- Quería volver a cerrar los ojos y salir de ahí a toda prisa, pero no podía, Ryo se puso de puntitas para mirarlo a los ojos. -…¿es verdad?… ¿es lo que sientes por mí?…- Parecía que su voz había sido la única que lograra escapar. Reunió todo el valor que pudo en ese momento y asintió tímidamente. -…¿en verdad?- Estaba un poco confundido ante su insistente incredulidad. Volvió a asentir. -…¿en serio quieres estar conmigo?- La pregunta le provocó un vuelco en el corazón, que ya de por sí, parecía encarrerado en perseguir a su voz a donde quiera que se hubiera ido. Le asintió por tercera vez. Su repentino silencio incrementó sus miedos, por primera vez anhelaba su lluvia de preguntas.
-¿No debería…?- Por fin logró que sus pensamientos se hicieran escuchar. Ryo le sonrió con toda la ternura del mundo.
-No es éso… perdón… me cuesta un poco creer que alguien se pueda enamorar de alguien como yo… Sobre todo tú…- Se sonrojó al decir lo último. Okura sintió como sus manos se ponían frías sobre su rostro.
-Pero yo…- Estaba dispuesto a confesarse otra vez de ser necesario. Mientras le quedaran en claro sus sentimientos, no importaba lo que tuviera que hacer.
-No digas nada… espera…- Suspiró y respiró. -…Pero precisamente el hecho de que seas tú, me hace la persona más feliz del mundo…- Sin ser brusco lo atrajo un poco hacia él y lo besó.

¿Cuánto tiempo duró ese primer beso? ¿Cómo si a alguno de los dos les hubiera interesado en algún segundo? Después del primero hubo un segundo y un tercero; apenas si tomaban separarse un breve instante para tomar aire antes de volver a embriagarse entre sus labios.

Naturalmente, los tiernos besos dieron paso a los apasionados; y aún cuando los dos se morían por continuar, decidieron detenerse.

Trataban de recuperar el aliento. Ryo estaba de frente a Tadayoshi, que estaba sentado en el sillón con la camisa a medio desabotonar, llenándole la cara de besos mientras le acariciaba el rostro y jugaba con su cabello.
-Tendrás que confiar en mí y dejar que te lleve de la mano en esto… nunca antes había hecho algo como ésto, verdad?… no quiero ir más rápido de lo que quieras y debas avanzar…- Se inclinó sobre él y le besó la frente, luego el labio inferior y terminó besándole el labio superior. -Quiero que ames cada recuerdo de mí…- Besó sus labios una vez más y continuó con sus mejillas hasta llegar a sus orejas. -Quiero que ames cada segundo conmigo…- Le susurró al oído.
-Ryo…- Para su total sorpresa, él era justo cómo Okura imaginó cuando se enamoró de él. Un chico dulce y lindo atrapado dentro de una coraza llena de espinas.
-Quiero que estés conmigo y proteger cada pequeño detalle que te hace ser tú…- Pasó suavemente los dedos por su cabello para dejarlo detrás de sus orejas mientras lo miraba lleno de fascinación.

Tadayoshi le rodeó la espalda con ambos brazos y lo atrajó contra sí estrechándolo como si quisiera que se volvieran uno con ese abrazo. Nichikido se dejó envolver por el desbordante sentimiento que le prodigaba.
-Te amo…- Susurró tímidamente en su oído. -… desde hace mucho tiempo…- Ryo de pronto sintió que no existía nada más perfecto que ese instante. Sonrió.
-Es bueno saber que no era el único que se sentía de este modo…- Dijo en un tono de complicidad. Lo dejó sin palabras. Con el corazón a punto de desbocársele.

Aquella fue le primera noche que se quedó a dormir en su casa. Simplemente dormir a su lado, acurrucado contra la calidez de su piel, arruyado por el sonido de sus melódicos latidos, envuelto por el olor de su cabello, sinitiendo su tibia y tranquila respiración mientras dormía. Y Ryo se quedó contemplándolo un par de horas… Pensando… Sintiendo… Viviendo… Feliz… ¿Así era como se sentía la felicidad? Las lágrimas comenzaron a nublarle la vista pero no le borraron la sonrisa que decoraba sus labios.
-No cometeré contigo los errores que hicieron conmigo… no dejaré que Yamapi se siga robando mi vida… ahora ni mi cuerpo ni mi corazón le pertenecen… No supe en qué momento pasó pero, cuando menos le pensé, ya te pertenecían a ti…- Besó tiernamente su frente, Okura se rebulló entre sus brazos. Lo hizo sonreír de nuevo. Apartó de su vista el moretó que la mano de Yamashita le había dejado tras su última discusión. -Quiero protegerte de cada herida que me provocaron… Quiero que seas siempre feliz… Conmigo o sin mí…- Se entregó al sueño que había vuelto a hacerlo presa del cansancia, que por cursi que pudiera parecer, no era tanto como los días anteriores.


No sé por qué pero el camino hasta su casa me pareció increíblemente largo. La verdad es que no tenía ganas de escuchar reclamos o falsas acusaciones de su parte el día de hoy. Cerré el libro de mis recuerdos cuando llegué a la estación que tenía por destino. Me hubiera gustado pasar más tiempo con Ueda, pero si algo había aprendido de su relación con Akanishi-san, era que había que estar dispuesto a cualquier cosa por la persona que amada; criterio que nunca había encajado muy bien con muchas personas de la oficina.

Aunque caminaba a paso lento, cuando menos pensé ya había llegado a la puerta. La puesta de sol era hermosa. Me recordó una de tiempo atrás cuando despertamos juntos en mi casa por vez primera. ¿Aún recordaría él esa tarde? ¿Ese cielo multicolor en el que nos perdimos mientras nos amábamos?

Todas las luces estaban apagadas cuando eentré y aún cuando intenté encenderlas, no pude; aparentemente no había luz o un corto había fundido los fusibles. Daba igual, ya lo arreglaría Ryo-chan más tarde.

Caminé con cuidado a travás de la sala valiéndome de la tenue luz azulada que irradiaba mi celular. Llegué hasta la puerta de la habitación. No parecía haber señales de él por ningún lado.

La luz del sol desapareció por completo un par de minutos después, y aún cuando ya me había resignado a esperarlo a escuras, la luz de la luna se coló por la ventana llenando el cuarto con un agradable todo azulado. Entonces las vi. Al principio me extraño que hubiera dejado tanto tiradero por todos lados porque él no era del tipo desordenado, pero al mirar bien de cerca me di cuenta de que todo lo que estaba esparcido sobre la cama y el piso no eran más que viejas fotografías.

Decenas y decenas de pequeños fragmentos de escenas de nuestras vidas, memorias compartidas con todas las personas cuyos rostros veía en ellas. ¿Qué estaban haciendo ahí? Ryo no era del tipo que tenían albúms o fotografías enmarcadas por aquí y por allá, no por nada las fotos seguían acumulándose dentro de la caja que tenía frente a mí.

Al ver las que estaban dispersas sobre el edredón, me di cuenta de que todas formaban parte del mismo capítulo… Y de pronto me pregunté por qué estaba Ryo-chan recordando cosas que siempre dijo querer olvidar…




3 AÑOS ANTES. Diciembre.

La blanca nieve amontonada en el paisaje le confería cierta atmóferma de calidez a la escena. A pesar del tremendo frío que hacía en la ciudad, ellos sólo eran conscientes de la temperatura de sus cuerpos. Llevaban saliendo las últimas dos semanas pero parecían una pareja de años. Aunque al principio había sido Nishikido quien decidió mantenerlo todo en secreto, fue él mismo quien terminó gritándolo a los cuatro vientos estando en el pasillo mientras discutía sobre mil y un cosas con Yamshita; quien aún a pesar de tener años saliendo con Kamenashi, se había atrevido a jugar con sus sentimientos los últimos dos años y medio. Para él, Ryo no era más que un juguete en caso de que su novio estuviera “ocupado”, y aunque la relación de esos dos le parecía bastante malsana, no pudo evitar quedar atrapado en medio de la telaraña, porque cuando menos pensó ya estaba completamente enamorado de su mejor amigo de la universidad.

Los últimos dos meses, Ryo había estado tratando de terminar definitivamente su “relación”, pero Yamshita se negaba a aceptar el hecho de que su eterno enamorado se había enamorado de alguien más, por lo que sus charlas cada vez se volvieron discusiones más violentas.
-¡Yamapi, entiéndelo! ¡Esto no es amor! Llámalo deseo, atracción, codependencia, lastima si quieres… pero ambos sabemos que no es amor… y yo ya no lo necesito. Creo que por primera vez encontré lo que estaba buscando. Y ahora entiendo que nunca lo hubiera encontrado contigo…- Le dolía ver toda esa sinceridad reflejada en sus ojos.
-¡Cállate Ryo-chan!… No estoy seguro de querer escuchar estas cosas viniendo de tu boca… Sólo cállate, si? Voy a hacer de cuenta que no dijiste nada, ok?… Y sigamos como estábamos hasta ahora…- Se acercó y le besó el cuello acariciándole el pecho, pero al igual que otras veces, ni siquiera disfrutó de aquel gesto, pero por primera vez se apartó sin más dejándo al otro confundido.
-Ya no seguiré con tu juego Yamapi…- Hizo a un lado su mano y tomó su mochila que estaba sobre la cajuela del auto de Yamashita para dirigirse al suyo, que estaba un par de metros adelante.
-¡Ryo!¿Qué crees que haces?- Lo tomó con fuerza del brazo y lo jaló de regreso. -¡Sube! Pensemos  en ésto con calma, quieres?- Abrió la puerta del copiloto y lo empujó dentro. Se apresuró a subir.

Ryo tenía una mueca de dolor mientras se sujetaba el antebrazo. Yamashita permanecía inmóvil, como si estuviera pensando en todo y en nada al mismo tiempo.
-No podemos seguir así Yamapi… ¿por qué te estás aferrando a mí? No soy yo a quien amas…- Nunca antes había sido capaz de decirle algo así, sólo por el temor a perderlo, pero por fin se había dado cuenta de que en realidad no tenía nada que perder, porque simplemente nunca lo había tenido.

No tenía argumentos para refutarle aquello, cualquier cosa que pudiera decir evidenciaría la dependencia que tenía por él; no quería que nadie, mucho menos Nishikido, estuviera consciente de lo mucho que lo necesitaba para sentirse completo. Y es que en algo tenía razón: no era la persona a quien amaba. Ese lugar sólo podía ser ocupado por una persona: Kamenashi. Y aún cuando había tenido que aprender a resignarse al hecho de compartirlo antes que perderlo, la idea de compartir su propio corazón no solía pasearse por su mente, porque ambos sabían que aunque compartieran su cama con alguien más, su amor sólo le pertenecía al otro. Ésa había sido la regla inpronunciada desde que comenzaron a salir juntos.
-Hasta el lunes… vete con cuidado Yamapi…- Abrió la puerta y se deslizó fuera del coche, la falta de intención  de seguirlo reteniendo por la fuerza por parte de Yamashita, le dejó en claro que era su forma de decirle que había sido suficiente por un día y que se fuera antes de que se arrepintiera. Cerró suavemente la puerta y caminó hacia donde estaba su carro. Tenía tantas cosas que pensar. De algún modo sentía como si los últimos treinta meses de su vida hubieran sido sólo un sueño a duermevela, de ésos en los que ni sueñas ni puedes despertar.

Condujo sin rumbo definido. No quería ir a casa, sabía que se sentiría solo y miserable, pero ahora no tenía un lugar donde esconderse de aquel desesperanzador sentimiento. Siguió girando a la derecha en una esquina y a la izquiera dos calles después hasta llegar a Shinjuku. El bullicio del espíritu navideño ayudaría a distraer su mente en lo que sentía el suficiente cansancio como para caer cual tabla sobre su sueve cama.

Por fin se detuvo. Al dar vuelta a la izquierda se encontró en un callejón. Se aferró al volante con ambas mano y se inclinó hacia adelante hasta tocarlo con la frente. Suspiró. Su cabeza confundida y llena de temores no dejaba de trabajar. Parecía el engranaje de un enorme reloj que nunca para de dar vueltas. Y mientras se preguntaba qué haría con todo de ahora en adelante, su celular somenzó a sonar. Al sacarlo del bolsillo vio de inmediato quién era. No quería escucharlo pero tampoco quería colgarle o ignorarlo. Sabía que si no fuera importante, no le estaría llamando. Yamashita no era ese tipo de persona que te molesta por teléfono por nada. Terminó contestando al tiempo que apoyaba la nuca en el respaldo del asiento.
-Sí, dime…- Se escuchaba tranquilo, así que se alegró por lo bien que había tomado las cosas, pero poco a poco, lo que parecía ser un “adiós, déjemos las cosas en sólo amigos” se volvió un “no, quiero que las cosas sigan como estaban” que Ryo no estaba dispuesto a soportar y por lo que la discusión fue inevitable cuando Yamashita comenzó con el chantaje emocional de “le das sentido a mi vida…” con el que siempre lo hacía volver a su lado cuando se le había ocurrido dejarlo. ¿Cómo podía ser tan egoísta? ¿Por qué simplemente no colgaba y lo dejaba hablando solo? La gente que pasaba miraba en su dirección al escucharlo gritar lleno de frustración. Necesitaba moverse o terminaría destrozando el interior de su auto. Salió y comenzó a caminar en pequeños círculos y líneas cerca de la puerta. Pasando del enojo a la desesperación en lapsos de segundos. Terminó explotando. Lloraba, aunque no era precisamente de tristeza. Treinta meses de aguantarse tanto terminaron desbondándose tras aquel comentario estúpido y arrogante. ¿Qué se arrepentiría de dejarlo porque no había nadie mejor que él?
-¡Vete al diablo Tomohisa!… Maldita la hora en la que creí que éso era verdad… Y maldigo el momento en el que quise que lo fuera…- No quería seguir escuchándolo. Estaba tan molesto. Sin más ni más lanzó el celular contra el pavimento.

Se resifnó a irse a casa y beber… deseando poder ser consolado de todo éso que sentía estando entre sus brazos, pero sabía que era imposible, él no estaría ahí para hacerlo.

Levantó la mirada. Ahí estaba. ¿Alucinaba? No. Era él. En verdad era él. Justo frente a sus ojos. No pudo seguirlo mirando. Estaba a punto de estallar en llanto pero no quería que lo viera así. Un silencio extraño. Su dulce y profunda voz rompiéndolo. Un impulso imposible de reprimir. Era todo i nada. Una apuesta arriesgada sobre ése primer paso que terminó llevándolo hasta su pecho.
-Déjame estar así un segundo… por favor…- Un esfuerzo sobrehumano por seguir conteniendo el llanto. ¿Lo odiaría?¿Se asustaría?¿Repudiaría su verdadero yo? ¿Sus sentimientos? Un tímido e inseguro abrazo que lo hizo sentir que estaba en el lugar más seguro del mundo. Una lágrima resbaló por cada una de sus mejillas como marcando el sendero para que se desbordara un río silencioso de sentimientos.

El tiempo perdió sentido e importancia hasta que las campanadas lejanas marcaron la media noche. No podía quedarse ahí por siempre, verdad? Se separó un paso para secar los rastros de agua salada que aún quedaba sobre su piel. Nuevamente aquel silencio. Tenía que recuperar la compostura. No quería parecer patético ante sus ojos, que seguían mirándolo llenos de preocupación.

Con una sincera expresión le dejó en claro que se preocupaba por él. ¿Llevarlo a casa?¿Por qué no? Sólo a su lado podía ser él mismo y sentirse bien consigo mismo por ello. Una mundana y simplona conversación que lograba arrancarle una sonrisa.

La música tranquila. El sonido de su voz. La calidez del calefactor encendido. El movimiento constante y suave del auto. Ni siquiera supo cuándo se quedó dormido. Sólo sintió que podía estar tranquilo y olvidarse de todo porque lo tenía a su lado, y cerró los ojos para escuchar cada nota de su voz mientras le hablaba de pasteles.

¿Cuánto tiempo se había quedado dormido? No tenía ni la más remota idea. Cuando abrió los ojos lo encontró mirando el cielo nocturno a través del cristal, apoyando un poco la cabeza en su antebrazo. En cuanto lo escuchó volteó. Eran las tres de la mañana y si bien no estaba muy convencido, lo hizo quedarse en su casa. Se moriría de preocupación si se iba a casa solo a esas horas, y ya tenía demasiado como para cargar con la culpa si algo le llégase a pasar.

Necesitaba relajarse. Un baño ayudaría. Dejó a Okura en la sala. Se dio prisa. Temía que terminara yéndose a casa si era real o que hubiera desaparecido cuando saliera si era producto de su traicionera imaginación.

Parecía agobiado por tantas cosas, ahí contra el sofá. ¿Eran acaso lágrimas? Se acercó y lo llamó en voz baja porque no sabía si dormía, al tiempo que secaba aquella pequeña gota que resbalaba desde su ojo. Abrió los ojos lentamente. Su mirada volvió evidente que no quería preocuparlo y por éso había estado a punto de decirle una mentira que calló de inmediato. Aún si no resultaba herido por su inocente acción, no quería que existiera. Él, todo él, representaba algo por demás valioso y preciado para Ryo. No quería que ese todo se viera manchado por una mentira piadosa. Para él, Okura representaba todo lo que había anhelado siempre y estaba dispuesto a cualquier cosa para protegerlo. Aún si éso significaba protegerlo de él mismo.

Las palabras y las emociones siguieron fluyendo cmabiando de colorers, alcanzando rincones olvidados dentro de su corazón, que de pronto le llevaron un rayo de luz a su habitual oscura y fría soledad interior.

¿Qúe le había dicho? ¿En verdad había dicho éso? Estaba tan feliz que no podía ni creerlo. Pero ahí estaba él diciéndole que quería estar a su lado, diciéndole que correspondía sus sentimientos. ¿Cómo podía ser posible? ¿En serio no estaba soñando? No. Él, su piel, el latido de su corazón, su rostro, sus ojos, todo le decía que era cierto. Dejó salir lo que guardaba en el pecho y sin más lo besó. Un beso entregado y sincero. El beso ajeno al tiempo y al espacio que se volvió el cimiento más fuerte de su relación.

Y los días pasaban y todo tomó el lugar que debía. Su mundo se volvió perfecto… a excepción de un pequeño inconveniente de nombre Ueda Tatsuya. Pero aún cuando siguiera temiendo que él fuese el único que podría arrebatarle el amor de Tadayoshi si se lo proponía, no le quedó más que aceptar que iba a seguir siendo parte de sus vidas… ¿por siempre? No era que lo odiara. Era simplemente que estaba perfectamente consciente de que era mucho mejor para Tadayoshi y viceversa, y éso lo hacía repudiar su sola existencia; porque sabía que su amado Okura alguna vez había estado profundamente enamorado de él y temía que esos sentimientos permanecieran latentes en algún lugar dentro de su ser; pero los detalles y los momentos habían empezado a convencerlo de que éso no sucedería.

Sí. Habían acordado guardarlo en secreto. Ryo por protegerlo, Tadayoshi por no contradecirlo aunque no entendía muy bien sus razones. Pero ante la egoísta actitud de Yamashita, Nishikido terminó gritandóselo un día a medio pasillo para que de una buena vez le quedara claro que él ya no era nada más que un compañero de trabajo.

Además no fue tan malo. Ya que el chisme había corrido en menos de diez minutos por toda la empresa, al menos pudieron asistir felizmente juntos a la fiesta de Navidad. Okura y Ueda, que fueron los menos ebrios ya que preferían no beber dada su poca resistencia al alcohol, se la pasaron tomando fotos a diestra y siniestra. La celebración había sido mejor de lo que habían planeado, incluso Akanishi y Takizawa habían comentado que era la mejor fiesta que se había dado hasta ahora. Y a pesar de que no era del tipo de los que se aferran a los recuerdos, esa noche jamás se borraría de su cabeza. Esa noche estuvo llena de su primera vez en muchos aspectos… La primera navidad celebrada entre amigos. La primera vez besándose en público. La primera fiesta a la que iban como pareja. La primera vez que Okura le cantó. La primera vez que se tomaban una foto juntos. La primera vez que Ryo recibió un regalo de navidad de alguien que no era su familia. La primera vez que Okura festejó navidad desde que era niño. Su primer paseo tomados de la mano por la madrugada de regreso. Su primer amanecer juntos mirando desaparecer las estrellas en el parque. La primera vez que hicieron el amor…

Y por vez primera sintió que todas esas fotografía no serían inútiles trozos de papel, pues le permitirían recordar lo más importante de aquella noche mágica, si es que algún día pudiera ser capaz de olvidarla.


No era mi intenció, pero terminé llorando al revivr tantos recuerdos. Pensando que sería mejor darme un respiro para seguir con mi regalo, salí a caminar. El viento frío al atardecer fue estrañamente agradable mientras estaba sentado en el parquecito cerca de mi casa donde solíamos hablar y ver la puesta del sol, y a veces también el amanecer, estando juntos.

De pronto todo se quedó en un oscuro silencio. ¿Un apagón? Las estrellas brillaban tenuemente entre los tono rosas y violáceos del cielo luchando contra la luz de los últimos rayos del sol. Suspiré como un idiota enamorado tan sólo por recordarlo. ¿Cómo demonios podía extrañarlo tanto? ¿La recordaría?… Aquella promesa de hace tres años… Miles de imágenes atravesaron velozmente mi cabeza. Seguí siendo muy feliz. ¿Qué estaría haciendo? Quería escuchar su voz. Amaba el tiembre de su voz.

¿Qué rayos hacía con él en un día tan especial para nosotros? ¿Acaso lo había olvidado? No pude evitar molestarme. Lo quería a mi lado. Me había salido con la mía pero Tacchon parecía no estar tan satisfecho como yo. Debía enfriar mis pensamientos. No quería arruinar la noche por mi mal genio. Sería mejor que fuera por provisones mientras aún quedaba luz. Nunca se podía estar seguro de cuánto duraría el apagó.

Caminaba sin prisa de regreso a casa. Lo más probable era que aún demoraras un par de horas en volver. Hacía mucho que no veías a tu mejor amigo, lo entendía perfectamente aunque no me agradara la idea. Desde que se había vuelto un famoso compositor, su agenda de trabajo le había dejado escaso o nulo tiempo incluso para Jin; así que a pesar de que me hacía feliz, me dolía que tampoco se había visto contigo en los últimos meses, simple y sencillamente porque sabía que lo extrañabas.

Sin las luces de la ciudad, el cielo se veía simplemente hermoso. ¿También lo estarías contemplando? Ver la luna resplandecer y todas esas estrellas, me recordó tanto a ti. Tú brillabas aún con más fuerza en mi mundo.

De vuelta en casa. ¿Qué hacer ahora? Tal vez no podría terminar mi regalo… ¿Había olvidado cerrar con llave? Dejé las bolsas con las compras sobre el desayunador de la cocina.

Un destello azulado bañaba el pasillo proveniente del ventanal de la recamara. ¿Había dejado la puerta abierta? No. Estaba seguro de que no. ¿Alguien estaba dentro? Traté de hacer el menos ruido posible y caminé hacia allá. Desde la puerta pude observar una escena tan perfecta que casi parecía irreal. Estabas de espaldas a mí sentado sobre la cama mirando las fotografías que había dejado regadas por la habitación. La luz de la luna te daba un aire casi celestial. Avancé silenciosamente hasta llegar a ti, envolviéndote con mis brazos.
-Lo siento, ¿te asusté?…- Susurré apenado en tu oído al tiempo que apoyaba mi barbilla en tu hombro.
-Si, tonto… casi me matas del susto… En verdad que no te escuché entrar…- Había brincado cuando me le acerqué. Aún sin verlo sabía que se había sonrojado.
-¿Qué haces aquí?… Creí que llegarías más tarde…- Esperaba que no me lo tomara a mal.
-Alguien muy sabio me aconsejó venir a cuidar lo más importante de mi vida…- Sabía lo que éso significaba así que guardé silencio. Sus largos y finos dedos se cerraron sobre mis antebrazos que seguían contra su pecho. -Además…- Giró un poco la cabeza y me besó la mejilla. -… tenía algo realmente importante que decirte…-
-¿Ah sí?… ¿Y qué es?…- Me emocioné como un tonto al escucharle decir aquello.
-Dije “tenía”… ya no quiero decirlo…- Se levantó y se quedó frente a mí un segundo antes de caminar hacia afuera dejándome confundido. Fui detrás de él. No entendía lo que pasaba por su loca cabeza. Su rostro inexpresivo me heló la sangre. Entró a mi estudio. Descorrió la cortina y sentó en el banquillo. Un par de notas salieron del piano.
-Tacchon… ¿qué sucede?…- No pude disimular la angustia que me recorría en mi voz. Me miró por un par de segundos y bajó la vista. Di tres pasos dentro de la habitación. Lo que tenía frente a mí era perfecto y hermoso. No iba a perderlo, ¿o sí? La incertidumbre y su silencio me mataban.
-Ryo-chan… ¿me amas?- Su sonrisa tímida me tomó por sorpresa. Comenzó a tocar una dulce melodía.
-Con toda mi alma…- Respondí sin pensarlo siquiera.
-¿A pesar de todo y sin importar qué?…- Su pregunta me extrañó.
-Sí… como ayer… como hoy… Por siempre…- Me daba miedo lo que decía por su expresión contradictoria. Otra vez permaneció callado. Las notas cesaron de golpe.
-Éso me hace feliz… Porque me sigues amando tanto como yo a ti…- Su sonrisa fue tan hermosa como la primera. No. Mil veces más hermosa. Comenzó a tocar una canción que no me sonó de nada. De pronto su voz se volvió una bella melodía con cada nota. Había tanto de él, de mí, de ambos en lo que cantaba, que inevitablemente comencé a llorar.

Tras la última nota se levantó y avanzó hasta mí abrazándome.
-Gracias… por todo lo que hemos vivido juntos… y por todo lo que nos queda por vivir… te amor…- Me besó con tanto amor que sentí que moriría de felicidad. Éste era el único amor de mi vida. El chico al que quería amar y proteger por el resto de mi vida. El que me amaba y me protegía cada día de su vida.

Correspondí su cálido abrazo. Quería un poco más de sus abrazos… un poco más de sus besos… mirarlo un poco más… amarlo un poco más… Un segundo… una eternidad… lo que fuera, daba lo mismo estando a su lado… sólo quería seguir sintiendo lo que sentía y no perderlo jamás.
-Te amo…-



“-Hoy no me dejaste decirlo… Pero… Si en tres años estamos nuevamente aquí y seguimos amándonos de este modo… te confesaré  mis sentimientos correctamente…-
-¿Es una promesa?…-
-Te lo prometo…”
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