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Imborrable (RyoTego)



Título: Imborrable
Pairing: Tegoshi + Ryo 
Fandom: NewS
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst, AU
~Kesenai - Tegoshi Yuya
To: Luz, mi partner hermosa que se ha vuelto adicta al RyoTego por mi culpa y sigue queriendo más de esta historia XD pero por gracia o desgracia, con este shot se cumple la trilogía y la historia llega a su final ^^b
N/A: Secuela del fic  y paralelo al fic 





Todo en Tokio seguía tal cual como lo había dejado cuando me fui hacía varios meses, ni siquiera recordaba cuántos. Lo único que había cambiado era el color de los árboles, comenzaban a tornarse anaranjados y a perder sus hojas, sin duda el otoño estaba por terminarse pronto para dar paso al invierno. El viento, un tanto frío para mí pues venía de haber estado en un lugar más templado, me lastimaba los ojos, que aún seguían irritados de tanto llorar, mientras el taxi avanzaba a gran velocidad sobre el asfalto. Él, el chico que había sido mi primer amor y que se había ido un día sin decir una sola palabra dejándome una profunda herida que tardó mucho tiempo en sanar, de pronto me llamó un día para decirme que quería verme, que necesitaba arreglar las cosas conmigo, rogando que lo perdonara, que volviera a estar a su lado, amándolo como cuando éramos adolescentes. Y yo, en un arranque de estupidez y melancolía, salí corriendo detrás de un fantasma de mi pasado en busca de respuestas, sin detenerme a pensar en cuánto lastimaría a la persona que ahora amaba y que sin duda alguna, también me amaba, al chico de ojos tristes y hermosa sonrisa que seguramente lloraría amargamente días enteros preguntándose qué había pasado. Y durante todo el camino en el autobús rumbo a mi pueblo natal, las lágrimas habían surcado mi rostro sin descanso. Me odiaba. Me odié con todo el corazón por herir de ese modo a quien con tanto amor había cuidado de mí hasta sanar mi corazón destrozado. Me odié por hacerle lo mismo que él me había hecho a mí años atrás. Por dejarlo sin explicaciones, con sólo un estúpido y confuso mensaje de voz cuyas palabras no pensé bien y que sin duda le habrán destrozado el corazón en cuestión de segundos. Me odié porque no pretendía hacerle daño, tan sólo quería cerrar una vieja herida para poder dar por fin vuelta a la página y continuar escribiendo nuestra historia... juntos. Sí. Porque en el momento en que subí al autobús y cerré los ojos dejando que los recuerdos de mi vida antes de Ryo regresarán a mi mente, me di cuenta de que nunca podría perdonar a mi primer amor, me había dejado una marca imborrable y por mucho que llenara los huecos que tenía en mi pasado, jamás podría volver a ser mi presente,  mucho menos mi futuro. Aunque lograra volver a unir los fragmentos de mi corazón, las grietas y marcas seguirían siendo evidentes. Sí. Fui a buscarlo para decirle todo lo que no había podido gritarle cuando me dejó, para decirle cuánto lo odiaba por todo el dolor que me hizo pasar, y finalmente, agradecerle, pues había sido a causa de su egoísmo y su falta de sinceridad que yo había encontrado a Ryo y había superado por fin su impronunciado adiós. Después de eso volvería a casa, le pediría perdón a Ryo por haberme ido de ese modo, le explicaría todo lo que pasó y si me perdonaba, le haría el amor hasta que no pudiera recordar lo sucedido nunca más.

Y mientras repasaba una y otra vez las palabras adecuadas para finalizar todo y enterrar cada uno de los fantasmas de mi pasado debajo de aquel árbol que guardaba celosamente mis recuerdos con él, lloraba amargamente debido al extraño dolor que me oprimía el pecho cada vez más fuerte. Pero como a menudo pasa en mi vida cuando se trata de ironías, al salir de la ciudad los recuerdos empezaron a llegar a mí como pequeños flashazos que disfrutaban haciéndome sufrir repitiendo cada una de sus sonrisas, cada una de sus palabras dulces, cada beso, cada lágrima.  Las calles, los edificios, las tiendas, librerías, cafeterías, centros comerciales, parques, todo de ese lugar me hablaba de él y de cada uno de los momentos que habíamos compartido juntos desde que nos conocimos muchos años atrás.

Pero no todas las historias de amor estudiantil son de color rosa. La mía en definitiva distaba mucho de tener un final feliz. Cuando menos esperé, mi primer amor desapareció de mi vida una tarde soleada el día en que nos graduamos. Se fue sin decir siquiera una palabra y desapareció de mi vida sin dejar rastro, como si se lo hubiera tragado el mar. Y viví mis días entre el dolor, el resentimiento y la culpa. Me alejé de todo y de todos, me perdí por completo a mí mismo y comencé a dejarme morir porque no era tan fuerte como para vivir una vida sin él, simplemente no quería vivir en un mundo donde no estuviera con él.


Cerré el baúl de mis recuerdos. Ya estaba de regreso en el lugar a donde realmente pertenecía.

De pronto un mal presentimiento se apoderó de mi cuerpo. Ese último recuerdo de mis días de instituto en mi ciudad natal detonó un pensamiento horrible que retumbó con fuerza dentro de mi cabeza. Pero... Ryo-chan no era tan débil como yo... verdad? Ryo-chan no me amaba tan estúpida y locamente como para preferir morir, verdad?

Estaba aterrado, rogando incluso a un Dios en el que ni siquiera sabía que creía, que no lo apartase de mi lado y que lo mantuviera con vida para que se quedara conmigo porque… en verdad amaba a Ryo con cada célula de mi cuerpo como jamás creí poder amar a nadie y yo sí no sería capaz de vivir un día más si él me dejaba, no podría soportar perder a la persona que amaba por segunda vez. No. No debía ser negativo. Todo estará bien. Ryo estará bien y seremos felices el resto de nuestras vidas… juntos.

Los últimos minutos a bordo del taxi me parecían eternos. Saqué mi celular y comencé a mirar todas las fotografías que tenía guardadas… Aún cuando me hacía reír el ver aquellas sonrisas, su rostro dormido, sus caras graciosas, mis lágrimas amenazaban con correr cuesta abajo a través de mis mejillas, pero no tenía derecho a llorar, todo esto era culpa mía, así que las obligué a permanecer donde estaban. Lo que menos quería era verme horrible cuando me reencontrara con él después de todo este tiempo en el que habían pasado tantas cosas que me habían mantenido lejos de mi hogar… de su lado.


La avenida que daba hasta el lujoso edificio de apartamentos seguía tan limpia y desierta como siempre. El casero me dio la bienvenida como si tuviera años que no me veía, de algún modo sí era como si eso hubiera pasado. Me preguntó cómo seguía Ryo-chan, eso sí que me preocupó porque significaba que había estado enfermo o algo, no? Fue obvio que se me había ido la sangre del cuerpo cuando me dijo que había estado en el hospital y que gracias a Yamashita, que venía a verlo todos los días, no le había pasado nada grave. Lo dejé hablar cuanto quiso. De ese modo me enteré de mucho de lo que había pasado durante todos esos meses que no estuve aquí. El hombre parecía no entender la gravedad de lo que en realidad estaba pasando. Ryo, el chico responsable que incluso iba a trabajar con fiebres de cuarenta grados no había salido de casa desde hacía meses. Ryo, el chico escandaloso y extrovertido que siempre andaba por el vecindario saludando a medio mundo aunque fuera por hipocresía, no había sido visto desde hacía meses por nadie del vecindario. Ryo, el chico que siempre ve la televisión y pone música a todo volumen cuando está en casa había estado tan tranquilo, que incluso pensaron que se había ido de vacaciones o que hasta se había mudado sin decir nada. Ryo... mi Ryo, estaba encerrado dentro de su departamento sin salir, hablar o hacer ruido desde que me había ido. El horrible mal presentimiento se acrecentó dentro de mi, una sensación tan desagradable que había iniciado como un pequeño hueco en el estómago y que ahora incluso me impedía respirar con normalidad y me provocaba ligeros temblores; yo mismo sentía que había palidecido, hasta sentía las manos sudando frío. Me zafé de su conversación tan amablemente como mi paciencia y mi desesperación me lo permitieron. Una voz interior no dejaba de repetir incesantemente "sube ahora", "debes verlo ya", "asegúrate de que está bien". Corrí por el pasillo tan pronto como las puertas del ascensor se abrieron. Estaba cerrado con llave. No tenía las mías a la mano, así que importándome poco, vacié todo lo que traía en el bolso de mano al piso y revolví mis pertenencias hasta dar con ellas. Temblaba tanto que se me cayeron de las manos cuando intenté levantarme. Poco me importó dejar todo botado ahí afuera, sólo me importaba meter la llave en la cerradura y entrar. Sentía que me iba a explotar el corazón mientras sostenía el picaporte con fuerza, mis manos estaban mucho más frías que ese trozo de metal que sujetaba con fuerza.

El sentimiento no mejoró mucho al contemplar el interior. Lo primero que cruzó por mi mente fue que se habían metido a robar. Pero de inmediato descarté esa idea porque Maruno-san no mencionó nada relacionado con eso y de haber sido así, hubiera sido lo primero que me hubiera dicho. De cualquier modo, me preocupó mucho ver la sala tan vacía y oscura.
-Ryo-chan?!- El pánico se apoderó de mí al ver un bulto tirado junto a la cama sobre la alfombra de la habitación principal. -Ryo!!!... Qué has hecho?- Al encender la luz comprobé que sí se trataba de él. -Abre los ojos! Mírame... no me dejes... Te amo demasiado como para vivir sin ti!... Ryo!- Por un segundo estuve casi seguro de que me miró, una débil sonrisa se dibujó en sus labios antes de que cerrara los ojos. Mis lágrimas comenzaron a derramarse a cántaros. No. No había tiempo para dramas y crisis. Debía llamar a la ambulancia. Su celular sonaba una y otra vez. Después de colgarle a la enfermera, respondí la llamada. Yamapi llegó en menos de quince minutos al hospital y me gritó como nunca antes me habían gritado. No podía refutarle nada. En cierto modo sí era culpa mía que Ryo-chan estuviera postrado en esa cama debatiéndose entre la vida y la muerte en esos momentos.

Mi alma regresó a mi cuerpo cuando el doctor salió y nos dijo que estaría bien en unos días. Estaba vivo. Por milésima vez había sobrevivido aún a pesar de sus esfuerzos por quitarse la vida. El hecho de que le dijera a Yamashita en tono tan serio "ya le había dijo que lo mantuviera vigilado, sigo creyendo que si no puede cuidar de él en casa, lo mejor es internarlo en una institución psiquiátrica " hizo que se me helara la sangre y cuando finalizó su sermón con un frío "no aseguro que su cuerpo vaya a soportar otro intento de suicidio así que será mejor que decida lo que hará con él de ahora en adelante..." terminó por derrumbarme. Corrí a su habitación. No quería escuchar nada de aquello, sólo quería estar a su lado, sostener su mano y hacerle saber que estaba ahí con él… que lo amaba y que no lo dejaría morir.

El primer día fue el más difícil de afrontar. Había sufrido una crisis a media noche y aunque habían logrado estabilizarlo, no sabrían cómo estaba realmente hasta que despertara. Verlo tan delicado y débil me rompía el corazón. Los vendajes en su muñeca me recordaban constantemente que había estado a punto de perderlo para siempre. Aún a pesar de mi pánico a las agujas, fui el primero en ofrecerse como donante, aún cuando obviamente, no me lo permitieron, supongo que en ese momento no pensaba con claridad. Lo único que me importaba era que se recuperara. Teníamos tanto de que hablar y había tantas cosas que nos quedaban por vivir y compartir...

El segundo día transcurrió con lentitud. Los aparatos que tenía conectados le daban un aspecto aún más deprimente a su delgado y pálido cuerpo. Yamashita insistía en que me fuera y me alejara de él para siempre, pero no iba a obedecer lo que alguien como él me dijera. Aún así, el miedo a que fuera mi Ryo-chan quien me pidiera que me largara y nunca más volviera, me hacía tener pesadillas durante los pocos ratos que podía dormir. Pero tampoco quería que despertara y no me viera ahí, así que poco me alejaba de su lado en todo el día. Pasaba las horas hablándole y cantando en su oído. Sabía que eso le gustaba. Aún era así, verdad? Él podría escuchar mi voz, cierto? Me aferraba con todo el corazón a creer que podía hacerlo y que eso le demostraría cuánto lo necesitaba, cuánto lo amaba.

Después del tercer día, las horas se volvieron mis peores pesadillas y los minutos, sus mortales verdugos. Aunque ya el doctor nos había advertido que era probable que nunca despertara del coma, yo me negaba a aceptarlo. Lo conocía. Al menos lo suficiente como para saber que saldría de esta... sólo necesitaba encontrar una razón para querer seguir viviendo. Podría otra vez ser yo su razón de existir así como él lo era para mí?... Mis monólogos continuaron. Tenía la tonta esperanza de que mi voz lo guiara de regreso a mí. Así que no me cansaba de contarle una y otra vez nuestra historia de amor, cada una de las cosas que amaba de él, cada uno de los preciados recuerdos a su lado que ocupaban cada espacio dentro de mi mente y mi corazón.

El primer mes me resultó la peor tortura. Estaba harto de la vida de hospital. Tan sólo quería llevarlo a casa. Aparentemente estaba recuperado. Por qué demonios no abría los ojos y me miraba aunque fuera con odio por lo que le había hecho? El sentimiento de culpa comenzó a rondar mis pensamientos... Si tan sólo no me hubiera ido nunca de su lado... Si tan sólo hubiera regresado mucho antes... Si tan sólo no hubiera perdido tanto el tiempo hablando con nuestro casero... Qué caso tenía… Ya nada haría desaparecer la marca imborrable que le había dejado en el corazón. Había cometido un pecado que tal vez jamás merecería ser perdonado. Sí. Tal vez esta sería mi condena... vivir el resto de mis días anhelando volver a escuchar su voz y ver sus ojos, su sonrisa, teniéndolo a mi lado pero sin tenerlo conmigo nunca más. No. Ese no era el futuro que quería para nosotros. Yo lo quería de vuelta conmigo, como siempre…


Lloraba amargamente sujetando su mano con fuerza, rogando a cualquier fuerza suprema que estuviera dispuesta a escuchar a alguien tan miserable como yo, que el amor de mi vida pudiera abandonar aquella oscuridad en la que su alma estaba sumida y que volviera a caminar bajo el cielo azul... aún si no era de mi mano, hasta que me quedé dormido.

Me despertó una sensación extraña. Tal vez provocada por algo que soñaba. La verdad no estaba seguro. Primero fue un leve movimiento que de inmediato atribuí a mi imaginación, o como tantas otras veces, a un reflejo producto de su sistema nervioso que seguía trabajando con normalidad; después fue más fuerte, como si tratara de mover los dedos de su mano para asegurarse de que todavía estaban ahí. Aún estaba adormilado pero me decidí a abrir los ojos para asegurarme.

No. No era mentira. No era una alucinación. Mis oraciones habían sido respondidas. Había abierto los ojos.
-Ryo-chan?...- Lo llamé aún amodorrado. Parecía confundido mirando en todas direcciones, por momentos cerraba los ojos y un dejo de dolor cubría su rostro antes de volver a abrirlos. –Ryo-chan…- Oprimí su mano para hacerle saber que estaba ahí. Lentamente giró su rostro hacía donde yo estaba pero no parecía verme realmente. Cerraba y abría los ojos como si no pudiera ver con claridad. -Amor, me oyes?...- Entrecerró los ojos mientras seguía mirándome, no podía dejar de sonreírle, mis lágrimas habían comenzado a caer pero nada me importaba en ese momento más que saber que estaba ahí. Abrió la boca pero sus palabras no tenían sonido. Casi sin fuerzas, su mano subió hasta mi mejilla. -Bienvenido...- Me sentía tan dichoso que mi sonrisa parecía ya no caberme en el rostro. Sus dedos acariciaban débilmente mis labios mientras sus lágrimas rodaban silenciosas hasta perderse en la almohada. No dejaba de mirarme como si tampoco pudiera creer que yo estaba ahí. De nuevo intentó decirme algo, pero no pude escucharlo. Él no tenía por qué decir nada, yo era quien debía hablar en ese momento, tenía tantísimas cosas que decirle, pero quería empezar por las más importantes, las que más necesitaba hacerle saber. -Perdóname, amor... Perdóname por todo...- Lo abracé con cuidado. Cielos… cuánto ansiaba poder sentirle así. Terminé rompiendo en llanto cual niño pequeño. -No debí alejarme de ti. Fui un estúpido... Perdóname... Quiero estar contigo para siempre. No existe nadie más a quién pueda amar si no eres tú...- Apenas si podía hablar de tanto que sollozaba. -Déjame estar contigo una vez más...- Susurré mientras le llenaba de besos dulces los labios. Lo necesitaba tanto que no entendía cómo había podido vivir sin él todos estos meses.
-Estúpido egoísta...- Murmuró en mi oído cuando lo volví a estrechar entre mis brazos, sus brazos se aferraron suavemente a mi espalda. -Por qué tardaste tanto en volver?!... No vez que estuve a nada de morir por tu culpa?...- Su voz sonaba lejana, pero podía oírla, por fin podía escucharlo nuevamente, así que ni siquiera me importaba si me decía de cosas, merecido lo tenía.
-Perdóname, Ryo-chan... Te amo y no volveré a dejarte solo nunca más... Ya entendí que no necesito desear nada a las estrellas porque si tú estás conmigo no necesito nada más...- Solté de corrido todo lo que sentía en ese momento. Se separó un poco y me miró, con tanta ternura que sentí que mis mejillas se ruborizaban.
-Estúpido... Y tenías que largarte para descubrirlo?...- Apoyó su frente contra la mía.
-No... Tenía que alejarme para que descubrieras que soy tu única y más poderosa razón para estar vivo...- Se rió y me besó. Besos y besos que gritaban todo lo que no habíamos podido decirnos en todo el tiempo que estuvimos separados. Mi mayor miedo había quedado en el olvido… Ryo, mi Ryo no me odiaba, no me gritaba histérico que desapareciera para siempre de su vida. No. Sus besos decían que me amaba tanto como los míos le decían que lo amaba.
-Narcisista...- Murmuró entre risas cuando por fin nos separamos para tomar aire.
-Pero así me amas...- Hice una de mis caritas más adorables al tiempo que volvía a acomodarlo en la cama. Aunque no quisiera que nadie ni nada nos arruinara el momento, todavía debía llamar al doctor para que lo revisara. Debíamos asegurarnos de que todo estaba bien.
-Uhn...- Asintió y me jaló para recostarme sobre su pecho. No dejaba de mirarme, como si fuera la primera vez que me veía, tal vez tratando de memorizar cada milímetro de mi rostro. Empezó a besarme otra vez. Y así continuó llenándome de mimos y besos hasta que se quedó profundamente dormido. No quise que nadie lo molestara, de algún modo se veía tan apacible, que sentí como si fuera la primera vez que dormía así desde que me fui, así que quería que descansara. Ya había tenido suficientes pesadillas para toda una vida, así que merecía tener dulces sueños de ahora en adelante.

Sí. Quería pasar cada uno de mis días a su lado. Viviría mi vida haciéndolo sonreír mil veces por cada una de las lágrimas que había derramado por mi causa. Me aseguraría de alejar para siempre todo el dolor de su corazón y de que fuera feliz por el resto de sus días.

Lo amaba más que a nada en la vida y no estaba dispuesto a perderlo.  Así que estaba decidido a dar todo de mí por hacer que esto funcionara, para poder seguir compartiendo mi vida a su lado y continuar escribiendo nuestra historia juntos.

Porque nada de lo que hubiera en mi pasado valía lo suficiente como para perder un sólo segundo más de mi presente. Porque cualquier cosa que viviera con Ryo valía la pena con tal de construir un futuro donde estuviéramos él y yo amándonos.

Sí, ahora sé que aunque puedan existir heridas imborrables que nos dejen marcados de por vida recordándonos que hay cosas y personas que nos lastimaron, no hay ninguna que duela por toda la eternidad. Siempre habrá una cura milagrosa para todos los dolores… la mía la encontré en ti.



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Mentira y verdad (KamePi)



Título: Mentira y Verdad.
Autor: Lilith
Pairing: Yamapi + Kamenashi
Fandom: NEWS + KAT-TUN
~DREAMS - NewS~
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst
To: Ai-chan, que ama tanto a este par que gracias a su amor por ellos, se dio el milagro de habernos conocido hace años gracias a uno de mis fics ^3^ luv u girl




-¿Me amas?- Me preguntaba quedito mientras continuaba besando los lóbulos de mis orejas y paseando las yemas de sus dedos por sobre mi pecho desnudo.
-¿Por qué siempre me preguntas eso después de que hacemos el amor?...- Hacía mucho que quería preguntárselo pero no me atrevía. Era algo que me inquietaba en sobremanera aunque tratase de mentirme a mí mismo. Temía a su respuesta, me aterraba que sintiera que no lo amaba de verdad, que dijera que siempre me lo preguntaba porque no era capaz de demostrarle lo que sentía por él.
-Lo siento...- Me pareció tan frágil acurrucado entre las sábanas aferrándose de ese modo a la almohada. Como si fuese a estallar en mil pedazos de un momento a otro. Odiaba que se apartara así de mí, pero tocarlo en ese momento me provocaba pavor. No quería herirlo de ninguna manera. Su pobre corazón ya había tenido suficiente para sus 25 años.
-Kame... no te disculpes, sí?... No debí preguntar tonterías... Sí. Te amo con cada celular de mi cuerpo y cada milímetro de mi corazón...- Acaricié suavemente su cabello a la altura de la nuca. Había descubierto que era algo que realmente le gustaba que le hiciera. Lo conocía desde siempre y sin embargo no hicimos más que odiarnos por más de la mitad de nuestras vidas. Ninguno se hubiera imaginado en aquel entonces que  estaríamos de este modo algún día.

Ni siquiera recuerdo cuándo fue que empecé a amarlo de esta manera. Cuando menos pensé, lo que sentía por él era tan grande que ya no me cabía en el cuerpo. Y aunque traté de disimularlo con todas mis fuerzas, al final no pude seguir reprimiendo mis sentimientos y terminé robándole un beso después de encontrarlo a mitad de la noche en la entrada de la agencia, con el rostro bañado en lágrimas y un enorme moretón debajo del ojo. Ni siquiera tenía que preguntarle qué le había pasado o quién le había dejado así la cara. Aquello no hizo más que armarme de valor para tomarlo entre mis brazos y confesarle lo que tan secretamente había guardado durante el último año por respeto a aquel a quien consideraba un buen amigo y de quien Kamenashi había estado enamorado toda su vida... El idiota que no había sido capaz de valorar al maravilloso chico que le había entregado su amor sin pensarlo dos veces.

No... Mentira. La verdad es que sabía perfectamente que me estaba enamorando de él. Lo entendí desde la primera vez que me quedé las horas contemplando su figura a lo lejos, viendo como reía de quién sabe qué cosas con sus compañeros de grupo en el salón de clases. Comencé a odiarlo para no amarlo. Lo odiaba en la medida que lo amaba para dejar de sentir lo que sentía. Pero todo eso fue en vano. Entre más crecía mi odio por él, el amor no disminuía ni un poquito y no hizo otra cosa más que volverse más fuerte a partir de que nos hicieron trabajar juntos para el dorama.

Después de aquella noche no volví a soltar su mano. Sin importar cuánto gritara y maldijera Jin por haber sido abandonado por aquel que le era fiel como un perro desde el primer segundo en que se vieron. No iba a permitir que le pusiera una mano encima a Kame. No de nuevo. No mientras estuviera a mi lado. Y aunque Jin había sido uno de mis mejores amigos por varios años, lo que sentía por Kame era mil veces más grande y no estaba dispuesto a seguir quedándome de brazos cruzados viendo como lo engañaba con uno y con otra mientras el otro pobre le esperaba en casa con la cena en la mesa y las ilusiones en la cara. No. Kame no merecía la vida miserable de mentiras que le daba Jin.

-¿Yamapi?...- Su voz sonaba tan pura y dulce que inundaba mi cuerpo de ambrosía. Sus ojos me miraban tan inocentemente que casi podía mirar dentro de su alma con sólo verlos un par de segundos.
-Dime...- Acaricié con ternura su mejilla y deposité un pequeño beso sobre sus tibios labios que de inmediato se curvaron en una dulce sonrisa.
-Desde hace un par de minutos hemos cumplido tres años de estar juntos...- Su carita se tiñó ligeramente de rojo mientras una tímida y encantadora sonrisa se dibujaba en su rostro al girarse para mirarme directamente haciendo que mi corazón latiera a mil por hora.
-Lo sé... También significa que tenemos trece años de conocernos...- Lo tomé con delicadeza entre mis brazos y lo atrajé lo más que pude contra mi cuerpo. Como solía hacer cuando estábamos así, se acurrucó entre mi pecho y mi hombro dejando su rostro tan cerca del mío que sus pestañas me hacían cosquillas en la mejilla.
-Hemos estado juntos por la mitad de nuestras vidas...-
-Así es... La mejor mitad de mi vida, de hecho...- Le besé la frente un par de veces y lo estreché aún más contra mí.
-Haz estado conmigo en los mejores momentos... y también en los peores...- Jugaba con los dedos de mi mano derecha al tiempo que yo jugaba con su cabello con la izquierda.
-No hubiera querido estar en ningún otro lado si no estuvieses tú ahí...- Decoraba las yemas de mis dedos con dulces besos. Sonreía. Aún cuando no podía verlo, lo sabía. Su corazón latía un poco más aprisa cuando lo hacía.
-Llegaste a mi vida cuando más te necesitaba... y desde esa noche en la que me dijiste todo lo que sentías por mí no has hecho más que confirmar cada una de tus palabras con tus acciones... No ha habido un sólo día en el que no me digas que me amas y me lo demuestres con cada beso, con cada caricia, con cada mirada...- Ahora era yo quien se sonrojaba y sonreía cual adolescente enamorado. -Desde esa noche mi vida dio un giro de trescientos sesenta grados... Y descubrí lo que era el amor verdadero...- Era tan feliz de que me dijera esas cosas. Siempre que hablaba de ese modo, usando ese tono de voz tan lento y profundo, me hacía el hombre más feliz del mundo.

Mentira... La verdad es que había vivido esperando por escuchar esas palabras por tres años. Temiendo que nunca fueran pronunciadas al no haber sido capaz de hacerlas florecer dentro de su corazón. Tan sólo esperando que mi amor fuera lo suficientemente grande como para alcanzarnos a los dos. Y ahora, de repente me descubría a mí mismo derramando lágrimas de emoción por darme cuenta de que él sabía perfectamente que lo amaba con todo mi ser.

-¿Yamapi?...- Se incorporó sobre sus codos para mirarme al darse cuenta de que lloraba.
-Lo siento...- Me senté tratando de ocultar mi rostro de sus ojos preocupados entre la sábana y mis rodillas. -...estoy bien, Kame...- Sería cruel decirle algo como "es que es la primera vez que me dices ésto...", no quería estropear lo que con tanta vehemencia había esperado por escuchar.

Mentira... La verdad es que en ese momento estaba tan feliz que mi mente se había quedado en blanco y lo único que tenía dentro de mí, era el eco de sus palabras rebotando entre mi cabeza y mi corazón provocando un nudo en mi garganta. Me sentía un idiota por reaccionar de ese modo después de tanto esperar que dijera algo así. Me enojaba el no ser simplemente capaz de echarme a sus brazos y llorar de felicidad como un niño y dejar que fuera él quien me reconfortara y luego llenarle de besos hasta la sombra y hacerle el amor hasta que el sol se apagara.

-¿Dije algo malo?...- La enorme preocupación que denotó su voz hizo que casi se me saliera el corazón. Me giré de inmediato, tan sólo para comprobar que estaba a nada de romper a llorar.
-¡No! De ninguna manera... Perdóname, Tortuguita...- Apreté su rostro entre las palmas de mis manos besándole los labios casi con desesperación intentando regalarle una sonrisa, pero mis lágrimas no paraban de rodar y las suyas habían comenzado a caer perdiéndose sobre mi piel. -...perdóname, Kame... No llores... No me perdonaría jamás por ser el culpable de tus lágrimas... Es sólo que me siento como un adolescente idiota y enamorado hasta la médula que siente que podría morir de absoluta felicidad en este preciso segundo por escuchar por primera vez de labios de su único amor que todo el tiempo que han estado juntos ha sido feliz y siente el amor que con tanto cuidado se ha tratado de cultivar...- Hablaba tan atropelladamente que creo que ni siquiera yo hubiera podido entender lo que estaba diciendo en ese momento. Me miraba con los ojos abiertos de par en par como tratando de procesar lo que estaba pasando.

De pronto me sonrió. No era esa sonrisa coqueta con la que me miraba cuando no estábamos solos y quería seducirme. Esta era la más dulce y tierna de las sonrisas.

-Yamapi...- Callé de inmediato.
-¿Sí?...-

Se me acercó tan rápido que me tomó completamente por sorpresa. No solía hacer estas cosas, así que no esperé que se me tirara encima para besarme. Supongo que fue el único modo que encontró para hacerme callar. Estaba completamente embriagado de su boca y de sus manos. Podía sentir su corazón latiendo tan deprisa como el mío mientras estaba sobre mi pecho. Y así, tan de repente como se abalanzó contra mí, se levantó de la cama dispuesto a irse a algún lugar de la casa.

-Te amo...-

Parpadeé estúpidamente un par de veces antes de caer en cuenta de que lo que acababa de escuchar no era producto de mi imaginación.

Ahí estaba de nuevo esa sonrisita decorando sus mejillas sonrojadas mientras me miraba desde la puerta del baño usando mi camisa blanca a medio abotonar y el cabello totalmente revuelto por haber estado tanto tiempo en la cama.

-Kame...-

Se le escapó una risita traviesa al ver que casi me caigo de boca de tan aprisa que bajé para ir tras él. Jamás había sentido lo que experimentaba en ese momento. Corrí y lo tomé entre mis brazos levantándolo ligeramente del piso en el proceso y comencé a besarlo como si en ello pusiera mi vida. No era un sueño. Él, el chico al que tanto amaba, me amaba a mí del mismo modo y ya no temía entregarse a mí por completo. Las heridas de su doloroso pasado habían cicatrizado y ahora sólo estaba yo dentro de su corazón para recibir todo su amor. No quería alejarlo de mí ni un sólo segundo. Lo abrazaba como si quisera volvernos uno. Lo besaba como si fuera el aire que respiro. Y se entregaba a mí como nunca antes. Sin miedos. Sin recuerdos tristes. Tan sólo con todo lo que sentía por mí. Era mío. Del mismo modo en que yo le pertenecía.

Mi camisa terminó nuevamente sobre la alfombra. Y ahí se quedó hasta entrada la tarde del día siguiente.
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Un malentendido (KoyaShige)





Título: Un malentendido.
Autor: Lilith
Pairing: Koyama + Shigeaki 
Fandom: NewS
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai / ComediFic
To: To Zono, que ama a este par y nunca le había escrito un fic XD 
Es muy baka, pero espero que te guste n.n






-Te digo que es inútil, Yucchi...- Suspiraba el mayor haciendo que su figura se viera menos alta y delgada de lo que en realidad era, tal vez por el abrigo que llevaba puesto o por lo mucho que se encogía en si mismo al terminar de contarle a su amigo lo que le pasaba últimamente con la persona que había amado por más de diez años.
-Mmm... no lo veo de ese modo, Koyama-kun... deberías hablar con él. Tal vez sea sólo un malentendido...-
-Lo dices porque no sabes por lo que estoy pasando...- Ese puchero hacía que se viera mucho más joven que su interlocutor, que lo miraba en silencio pacientemente.
-Te equivocas... Crees que no sé lo que sientes estando en medio de Jin, Kame, Koki y Junno, que siempre están buscando la atención de Tat-chan? Vaya... y eso sin contar a Okura-kun, Hiromitsu-kun, Dai-chan y los que se han sumado a la lista en el camino... Créeme, entiendo, tal vez mejor que tú, por lo que estás pasando...-
-Bueno... creo que tienes razón... Nada podría ser más horrible que el hecho de que acosen a tu novio a donde quiera que vaya... al menos a Shige no lo pela ni el perro de Tego... Bueno, no me refiero en sí a Tego, sino a Cookie, su perrito...- El otro no podía dejar de reír a carcajada suelta. Una pequeña broma local entre él y sus compañeros de grupo había regresado a su memoria justo en ese momento tras escuchar el comentario del mayor.
-Mira, la cosa es que tu problema con Kato-kun, es tan sólo debido a la falta de comunicación que han tenido en las últimas semanas por su escuela y tu trabajo... Deja de darle vueltas al asunto y mejor pregúntale qué le pasa... Tú lo conoces mejor que nadie y deberías de saber que cuando se aleja de todo y de todos de este modo es porque algo le pasa y no quiere preocuparlos, tú mismo me lo has dicho.-
-Creo que tienes razón, Yucchi... será mejor que le pregunte directamente si está enojado o sentido conmigo por algo o si sólo está demasiado estresado por su tarea...-
-Sí, será lo mejor para ambos...-
 -Ay, Yucchi, cómo es que eres tan sabio?...-
-Jajaja eso qué?!... no es que lo sea, es sólo que estoy en medio del fuego cruzado todo el tiempo... sin contar lo "especial" que es Tatsuya...- Los dos reían por lo bajo; ambos sabían a lo que se refería Nakamaru. El chico en cuestión podía ser cualquier cosa menos un chico común y corriente, pues percibía el mundo de un modo tan diferente, que resultaba una existencia "única" y nadie lo sabía mejor que su novio.


Siguieron caminando a través del asfalto húmedo hasta llegar a la estación del tren, que era donde se separaban sus caminos para ir a sus respectivas casas.
-Mira! Parece que este es tu día de suerte, Koyama-kun...-
-Eh?! Por qué?...-
-Porque justamente allá va Kato-kun...- De inmediato miró en dirección a donde su amigo veía detenidamente. Ahí estaba él, como siempre bien vestido, bajando los últimos escalones para detenerse en el andén.
-Oh, cierto!...- Sentía que se le saldría el corazón por la boca de la emoción. -Espera... qué hace aquí si dijo que tendría clases hasta tarde por un examen?-
-Bueno, debe haber salido más temprano...-
-Es cierto... Shige no es del tipo de los que se vuelan las clases, verdad?-
-Así es... Bueno, tigre... Ve a por él...- Le dio un empujoncito en la espalda y se despidieron con una sonrisa de complicidad.

Koyama bajaba cada escalón pensando en lo que le diría al menor una vez que se presentara frente a él. El corazón latiendo a mil por hora. La típica sensación en el estómago, producto de los nervios.
-Geshika!!!- Reconoció la voz de inmediato. Como podría no hacerlo. Conocía a Kusano desde hacía tanto tiempo como a Kato. Además el chico tenía una personalidad difícil de ignorar. No era raro que ese par quedaran para ir a algún lado. Lo que le pareció extraño fue que no lo hayan requerido a él. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba ahí a tan sólo un par de metros de él. Su radiante sonrisa no era para él. La gente subió atropelladamente llevándolos consigo una vez que se abrieron las puertas del vagón. Se había ido.

Parpadeó un par de veces incapaz de diferenciar si había alucinado, si soñaba despierto o si realmente había visto a su querido "Shige" yéndose con otro chico sin decirle nada.
-Ah, no debo pensar tonterías... nunca me haría algo así, es Shige...- Su celular sonaba. -Tegoshi?-
-Hola, Keii-chan! Qué haces? Vamos al centro comercial? Quiero ir de compras pero Masu se fue el fin de semana a casa de sus padres... Y tú eres tan bueno, que no me dirás que no, verdad?- Como solía hacer, habló y habló, tan rápida y efusivamente, que Koyama apenas si podía seguirle el ritmo, limitándose sólo a escuchar. -Vale, entonces paso por ti a tu casa en una hora... y para que veas que soy bueno con mi kaa-chan, te invitaré a cenar, nee~- Y así sin más, terminó arrastrando al mayor a una tarde de despilfarre, "made in Tegoshi", en el centro comercial más exclusivo de la ciudad. A menudo pasaba esto y Koyama terminaba de algún extraño modo haciendo todo lo que el menor quería. A veces estaba seguro de que lo hacía a propósito. Lo de no darle oportunidad a decir algo mientras hablaban, así no podría negarse a ir con él o hacerle algún favor. Igual ya se había acostumbrado. Era Tegoshi.

A falta de algo mejor que hacer por la tarde, dado que sus planes parecían haberse ido al caño, optó por acompañar a su amigo. Un poco de sus tonterías, otro tanto de sus risas y una que otra conversación seria, ayudarían a alejar de su mente las cosas que pensaba en ese momento con respecto a su novio y a su mejor amigo. No le gustaba lo que había dentro de su cabeza en ese instante. No se sentía él mismo. Y odiaba lo que era en ese momento.

-Gomen ne... Se me hizo tarde estando al teléfono con Masu...-
-Ah, no te preocupes... Igual acababa de llegar...-
-En serio? Dónde estabas?-
-Fui a caminar por ahí. Estuve con Yucchi en la mañana...-
-Oh, con Nakamaru-kun?... y tu súper-perfecto novio?-

Silencio.

Una risita nerviosa.

Una mirada desviada.

-En la escuela... Tendría clase por la tarde...-
-Mmm... con razón...-
-Qué cosa?!-
-Tranquilo... no seas tan efusivo al hablar, no necesitas gritar, Keii-chan, sí te escucho...- Esa mezcla de inmadurez, incredulidad y diversión, siempre le había parecido adorable, pero a veces era como comer demasiados dulces: hastiaba. -Tan sólo lo decía porque siendo viernes por la tarde, pensé que no vendrías porque estarías con Shige...-
-Oh... pero pues ya viste que no...-
-Estás bien?... actúas raro...- Se le acercó tanto que podía sentir su tibia respiración en su propio rostro.
-Hazte para allá!- Dio un paso hacia atrás.
-Mmm... confiesa. Qué pasó?- Sí, de algo le servía la universidad, y una vez que se daba cuenta de algo, podía ser molestamente perseverante para averiguarlo. A Koyama le resultaba imposible esconderle las cosas, así que optó por mejor contarle lo que había pasado un par de horas antes en el andén del metro mientras iban de camino al centro comercial.

-Mmm... Ya veo... Estúpido Shige...- Era raro verlo tan serio. Su apariencia cambiaba por completo. El niño lindo y adorable de rostro tan delicado que hasta parecía niña había quedado atrás para darle paso al Tegoshi serio y analítico que incluso se enojaba a veces y hasta daba miedo. -No te preocupes, Keii-chan, me tienes de tu lado, te ayudaré a averiguar qué demonios pasa con Shige...-
-Tegoshi... gracias...-
-Ah! Ya sé!- De pronto volvió a ser el chico sonriente de siempre. -Vamos!- Lo tomó de la mano y echó a correr hacia el elevador.

-Tegoshi... agradezco mucho tu ayuda pero... era necesario que te vistieras así?- Decía al mirarlo salir del probador usando un bonito vestido rosa con unos mallones negros y una peluca lacia de cabello negro que le llegaba hasta los hombros.
-Por supuesto!- Daba escalofríos verlo actuar de ese modo. Poseía incluso la coquetería natural de una chica de su edad. - De qué otro modo podríamos seguirlos si no es disfrazados?- Decía al tiempo que le acomodaba la peluca a su amigo, que estaba sentado afuera de los probadores de damas. -Listo! Ahora sí te ves digno de acompañar a una chica tan bella como yo...- Guiñaba un ojo con una gran sonrisa, pasando su cabello hacia atrás de su hombro con el dorso de la mano. Koyama lo miraba estupefacto. No pudo evitar soltar una carcajada.
-Te pasas... pero sabes?, tengo una queja contra mi "novia"...-
-Ah sí?-
-Sí...- Tegoshi lo miraba perplejo sin tener mínima idea de lo que hablaba. -...por qué tu vas disfrazado de pies a cabeza y yo sólo llevo puesta esta peluca?!- Los dos echaron a reír haciendo que todas las señoras que estaban cerca voltearan a verlos.

-Aló?... Kusa-chan?... Dónde estás?... Mmm... Y qué haces ahí?... Mmm... Buuu y yo que quería invitarte a comer... No, nada. Tengo que tener un motivo oculto para querer salir con un viejo amigo?... Jejeje... Supongo que sí nos conocemos desde hace mucho, verdad?... Es que quiero ir de compras, pero Masu se fue el fin de semana a casa de sus padres... Que le diga a Keii-chan? No, es viernes, seguramente estará con Shige en algún lado, es el único día que pueden estar solos... Bueno, ya que... Tendré que llamar a Kame-chan... Bye bye!- Koyama lo miraba con los ojos abiertos como plato. A veces le daba miedo comprobar cuán manipulador y calculador podía llegar a ser a pesar de esa carita de angelito que se cargaba. -Y así de fácil se engaña a alguien de inteligencia inferior... Están en Harajuku. Por el ruido que se escuchaba al fondo, deben estar cerca del distrito comercial donde solíamos ir cuando salíamos del instituto, recuerdas?-
-Sí... dónde estaba aquel restaurante de comida china que nos gustaba, no?-
-Ajap... No escuché a Shige, pero Kusano titubeó cuando mencioné que ustedes dos deberían estar juntos en estos momentos... lo cual quiere decir que está con él aunque tal vez no estaban juntos cuando contestó... No creo que estén haciendo éso y áquello porque de ser así no hubiera respondido el teléfono, sin contar que se escuchaba un gran bullicio, ósea que estaban en un lugar concurrido, tal vez comiendo o en alguna tienda. Además respondió rápido, tal vez espera una llamada... Por qué me miras así?-
-Es que... eres genial...- Lo contemplaba con ojitos deslumbrantes. -Eres como un detective privado!-
-Ay, que exagerado... vamos... Si nos damos prisa, los alcanzamos en menos de media hora...-

El mayor caminaba con la mirada en el piso. No porque fuera sumido en sus pensamientos. No porque estuviera preocupado. No porque se sintiera mal... Sino porque le apenaba ser el centro de todas las demás miradas debido a la hermosa "chica" que caminaba alegremente tomada de su brazo y que, se lo propusiera o no, atraía las miradas de hombres y mujeres por igual por donde quiera que pasaran. Y aunque al principio le divirtió la situación, después de veinte minutos recordó por qué había desistido de salir con personas del sexo opuesto: no soportaba la idea de que miraran así a "su chica" y mucho menos que le soltaran uno que otro piropo en la calle. Lo entendía. Sabía que Tegoshi era sólo su amigo, pero aún así terminó abrazándolo posesivamente durante el resto del camino. Cosa que no hizo más que divertir de lo lindo al menor.

Caminaron por la angosta y concurrida calleja del distrito comercial Sakuraba durante un par de minutos. No les tomó mucho más que eso encontrar al par de chicos que reían escandalosamente dentro de un restaurante de fideos llamando la atención de cuanta chica les pasaba cerca por su aspecto fashionista y su rostro perfecto de amplia y resplandeciente sonrisa. Sin embargo, a ninguno de ellos les importaba en lo más mínimo. Estaban completamente metidos dentro de su burbuja verde riendo a carcajada suelta de quien sabe qué cosa, que seguramente no serían más que tonterías sin sentido pero realmente graciosas de boca de ambos. Así era su sentido del humor. Tan peculiar como ellos. No por nada eran mejores amigos desde hacía tantos años. Y siendo sinceros, si no estuvieran un poco zafados de la cabeza, probablemente no serían los mejores amigos de Koyama, sobre todo por la diferencia de edad.

-Shige, maldito! Cómo puede disfrutar tanto la compañía de alguien que no sea Keii-chan?-
-Siempre se porta así con todos, Tegoshi, no seas exagerado. Si también es así contigo...-
-Ah... cierto...-

Un silencio. Un par de carcajadas más. El murmullo de la multitud a su alrededor.
-Vas a seguir quedándote callado? Di algo!-
-No sé qué decir...-
-Entonces entremos...- Y sin más, la dulce y encantadora chica tomó del brazo a su guapo y bien vestido novio y entraron. Fue inevitable que tanto hombres como mujeres pusieran sus ojos en aquella pareja. Koyama se sonrojó un poco y optó por conducir a Tegoshi hacia el rincón más cercano a la mesa donde estaban su novio y su amigo.
-Bienvenidos! Puedo tomarles su orden?...- La chica no dejaba de mirarlo embobada por esos ojos tímidos que se semi ocultaban debajo de aquellas gafas.
-Puedes traerme un jugo de naranja con agua mineral, por favor?- Incluso su voz podía pasar por la de una chica.
-Claro...- De inmediato volvió a poner toda su atención en aquella alta y delgada figura bien trabajada. -Y para usted...?-
-Un té verde...- Ni siquiera la miró realmente. Sólo le dedicó una sonrisa por mera cortesía. Pero ella sentía que caminaba sobre nubes tan sólo ante ese fugaz gesto. Cosa que por supuesto no le pasó desapercibida a Tegoshi, quien de inmediato se aferro con ambas manos a Koyama, recargándose cariñosamente sobre su hombro derecho y dedicándole una mirada asesina a la mesera, que de inmediato se fue rumbo a la barra para entregar su pedido.
-No puedo escuchar lo que dicen!...- Le susurraba frustrado el menor al oído.
-Me preocuparía más que pudieras hacerlo...- Ambos rieron.

-Crees que ésto esté bien?...-
-Por qué te comportas como un niño temeroso de ser regañado por su mamá, Shige?... Si realmente no estás seguro de lo que estás haciendo, mejor no lo hagas... y no me arrastres contigo.- Kusano lo reprendía un poco fastidiado. Era la novena o décima vez que le preguntaba lo mismo y sinceramente ya lo había hartado porque todo aquello había sido idea del mayor. Él sólo había aceptado porque no tenía nada mejor que hacer. Tan simple y sencillo como eso.
-Ah, tienes razón... Quiero hacer esto. Todo saldrá bien. Y no afecta a nadie si no se entera, cierto?...-
-Bien, ya empiezas a sonar más como yo...-

Silencio. La risa de una chica. El murmullo de la gente. El olor a comida.

-No estoy muy seguro de querer eso, Kusano...-
-Ey!- Un manotazo rápido fue a dar directo a su nuca. -Para la otra le dices a alguien más, eh?!-
-No te enojes... no podría hacerle esto a Koyama con nadie que no fueras tú...-
-Disculpa?... Se supone que eso es un halago o una ofensa?... Creo que no entendí...-
-A lo que me refiero es que, además de Koyama, no podría pensar en nadie que no fueras tú para hacer esto...-

Para desgracia de ambos chicos, justo en ese momento el bullicio había disminuido casi por completo. Y parte de aquella plática había llegado a oídos de quienes se sentaban en la esquina más cercana a la entrada.
-Keii-chan?...- El pobre apenas si daba crédito a lo que acababan de escuchar su oídos. Se había levantado más por un reflejo que otra cosa, porque ni podía regresar al asiento ni podía hacer que sus pies le obedecieran para salir de ahí. -Keii-chan...- Al ver que su amigo caminaba como zombie hacia afuera, Tegoshi se apresuró a pagar y salir corriendo detrás de él. -Keii-chan!... espérame!-

Reconoció aquella aguda e infantil voz de inmediato. Volteó enseguida pero sólo alcanzó a ver una larga y lacia cabellera saliendo del lugar. Se levantó como impulsado por un resorte, tan sólo para comprobar que no era otro sino su novio quien caminaba delante de aquella menuda y linda "chica".
-Koyama?...-
-Dónde?- Al ver que su amigo se apretaba contra el vidrio buscando algo o a alguien con desesperación, hizo lo mismo. -...No es ese Tegoshi?-
-Tegoshi?!- Salió disparado hacia afuera sin tomarse la molestia siquiera de agarrar sus cosas. Igual sabía que Kusano las cuidaría por él y se las regresaría sanas y salvas.

Buscaba con desesperación la alta figura acompañada de aquella grácil chica que corría a su lado entre la multitud, pero no lograba dar con ninguna de las dos.
-Cómo puede rogarle a ese chico estando ella tan hermosa?... sí yo fuera él no la apartaría nunca de mi lado...-
-Ya sé...- Algo le dijo que esos chicos hablaban de sus amigos. Sin duda Tegoshi lograba ese efecto. Incluso él había sido víctima de sus encantos la primera vez que lo vio vestido así mientras le gastaba una broma al salir de la universidad. Sin pensárselo mucho echó a correr en la dirección a la que ambos chicos miraban. A lo lejos alcanzó a escuchar la voz del menor llamando a Koyama.
-Deja de ignorarme! Qué no sabes cuán difícil es correr usando tacones?! Sé más considerado!...- El mayor se detuvo de súbito. Por un breve instante se había olvidado por completo de ese pequeño detalle. Al mirar a su amigo no pudo reprimir una carcajada. Todo el glamur había quedado atrás quién sabe hacía cuántas cuadras, el pobre estaba despeinado y sudando, un tanto inclinado sujetándose las piernas en un vago intento por recuperar el aliento después de la carrera; y es que al ser mucho más alto que él, Koyama daba pasos larguísimos en comparación a los de Tegoshi, quien aún cuando le seguía de cerca, tuvo que comenzar a correr una vez que su amigo apretó mucho más el paso.
-Ay... Lo siento...- Apenas si podía hablar de lo mucho que reía.
-Y encima de todo te burlas de mí!!!-
-No, es que... No, nada...- No iba a decirle que se reía de imaginarlo corriendo vestido así detrás de él. -...haber, déjame acomodar ésto...- Con cuidado le acomodaba los mechones de cabello que caían a ambos lados de su rostro. -Lo siento, Tegoshi... me olvidé por completo de ti... A que soy un mal novio, verdad?-
-Eres el peor novio que he tenido, Keii-chan...- El menor le hacía pucheros mientras Koyama sacaba su pañuelo del bolsillo y le secaba las gotitas de sudor que se habían formado sobre su frente.
-Koyama?...- Los dos voltearon de inmediato al escuchar la voz de Kato, quien, desde donde estaba parado, parecía contemplar una romántica escena entre dos amantes.
-Shige...- Quería correr y echarse a sus brazos, pero el eco de aquella conversación que había escuchado minutos atrás lo golpeó con fuerza en el pecho ocultando sus palabras por temor a romper en llanto.
-Con que de esto se trataba?...-
-Eh?!...- Al ver que simplemente se daba media vuelta para alejarse, el mayor sintió que un escalofrío se apoderaba de su cuerpo. Algo le impedía reaccionar conforme a lo que dictaba su cerebro. Tegoshi se acercó amenazante y sujetó a Kato con fuerza.
-A dónde crees que vas?... Creo que tienes muchas explicaciones que darle a Keii-chan...-
-Ah?... Darle explicaciones?... Y se puede saber de qué o cómo por qué?... El único que tiene que recibir una explicación aquí soy yo!... Cómo pude ser tan imbécil como para no darme cuenta de lo que se traían ustedes dos...-
-De qué demonios hablas?!- Como a menudo pasaba, Kato y Tegoshi terminaron discutiendo a gritos. -Con qué derecho insinuas esas cosas cuando eres tú quien engaña a Keii-chan con su mejor amigo!!!...-
-Engañar a Koyama?!... Estás mal de la cabeza o qué?... Entonces, como piensan que tengo algo con Kusano se sienten con derecho de hacer lo mismo como desquite?!-
-Qué?!!! Eres un estúpido, Shige!... Koyama sólo tiene ojos para ti...- Tegoshi estaba realmente furioso.
-Espera... Tegoshi...- Shige, que ya había captado que todo era tan sólo un tonto malentendido, trataba de hacer callar al menor, quien en su apasionamiento, no podía escucharlo. -Tegoshi...-
-Ha sido así desde la primera vez que te vio y será así hasta la última vez que te vea!!!...- Se resignó a tener que escuchar todo lo que tuviera que decirle. -...Pero tú...-
-Alto! Alto! Alto!- Kusano venía corriendo con las manos ocupadas con todas las cosas que habían comprado a lo largo del día. -Pero que manera de amargarse la existencia... Hola, Keii!- El mayor no supo cómo reaccionar, ya estaba demasiado confundido como para saber qué hacer o qué decir.
-Tú no te metas, destructor de hogares!-
-Ah?!!! Y ahora qué hice?!-
-Yo te pongo al tanto... Creen que tú y yo tenemos algo...-
-QUÉ?!!!- Lo conocía tan bien, que sólo de ver su expresión facial, Koyama supo que no podía ser posible. Kusano terminó estallando en tremendas carcajadas. -Son idiotas o qué?... Bueno, tú no necesitas responder, Tegorin... Keii, crees capaz a Geshika de engañarte?... Me crees a mí capaz de traicionarte con nuestro mejor amigo?-
-N-no... pero escuchamos su conversación en el restaurante y yo...-
-Conversación?...- Volteó de inmediato a ver a Kato, quien también tenía cara de no entender nada.
-Ah!...- Dijeron de pronto los dos al mismo tiempo.
-Pero si serán tontos... Si se hubieran quedado un poco más hubieran escuchado que habíamos encontrado el regalo de aniversario perfecto para Keii...-
-Regalo?- Ahora era Tegoshi quien parecía no entender lo que pasaba.
-No creerás que iba a ir contigo a comprar tu regalo si lo que quería era darte una sorpresa, verdad?-
-Shige...-
-Ok... Ahora que todo quedó aclarado... Es hora de que esta señorita y yo salgamos de escena... Ustedes dos tienen mucho de que hablar y yo quiero ir al cine, pero quien prometió llevarme ya no podrá, así que tendrás que ir conmigo, Tegorin... Sería un desperdicio no presumir ese vestido, verdad?- Acto seguido lo tomó del brazo y se alejaron calle arriba por donde habían llegado. -Dejaré todo ésto en mi depa, ok?... Al rato pasas por ellos... Ya olvídense de todo y vayan a revolcarse por ahí...-
-KUSANO!!!- Gritaron los dos, rojos como jitomates, ante el comentario de su amigo.

-Perdóname...-
-Por qué?...-
-Por haber pensado mal de ti... No debí...- Lo calló de la mejor manera que conocía. -Shige...- Sus besos siempre tenían ese efecto embriagador y adictivo que tanto amaba.
-Eres la persona más importante de mi vida y no pienso vivir sin tu sonrisa, sin tu mirada, sin tus caricias, ni un sólo día de mi existencia... Siempre has sido y serás el único para mí, Koyama...-
-Te amo...-
-Yo también... Feliz aniversario...- Ni siquiera le hicieron mucho caso a la caja con envoltura plateada que poco a poco calló de la cama. Tan sólo les importaba el sabor de su piel y el sonido de su voz mientras se comían a besos debajo de las sábanas.



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Justo como recuerdo. (RyoPi)




Título: Justo como recuerdo .
Pairing: Ryo + Yamapi / OC
Fandom: NewS
 *y un poco de otros pairings de Kanjani y KAT-TUN*
~Stereo - Nishikido Ryo~
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai
To: Risa!~ que ama a los Principitos con locura~ (gomen ne por haber tardado tanto en postearte el fic, perdí muchas veces el archivo mientras lo transcribía de mi cuaderno por culpa de mi celular u.uU Espero que te guste.)




El verano por fin había llegado a su fin... El paisaje a mi alrededor había cambiado de color tornándose con los cálidos tonos ocres y marrones del otoño. El bullicio de la ciudad debido a las vacaciones había cesado poco a poco después de que terminaran los festivales y junto con todo lo que dejaba de ser lo que era ayer... el amor que comenzó en mi adolescencia... ese primer amor, el que creí que sería eterno... también llegó a su fin.

"¿Es así cómo se siente un corazón roto?"

"¿Es éste el dolor de la separación?"

"Lo odio..."

No podía sino pensar en todo lo que habíamos compartido juntos. Llorar mientras recordaba cada mínimo detalle suyo, cada hábito y manía. Y las lágrimas no cesaban. Muerto en vida. Así era como me sentía sin su compañía.

Pero no pude odiarlo... Todo lo que soy ahora es gracias a él... Todo lo bueno que hay ahora en mi vida se lo debo a él y a su egoísmo.

¿Cómo pudo una relación de tantos años terminar de este modo?


Caminaba de regreso a mi departamento. Siendo viernes por la noche, Ryo-chan seguramente estaría en casa de Uchi o en algún bar con sus amigos de la banda; lo cual me daría tiempo para tomar una ducha y disimular de algún modo esos ataques de ansiedad que a menudo terminaban en un mar de lágrimas. Busco como siempre, las llaves en el bolsillo de mi pantalón y las deslizo suavemente en la cerradura. De un modo casi mecanizado me quito los zapatos y camino en silencio por el pasillo que lleva del recibidor a la sala, siguiéndome derecho hasta mi habitación. Ni siquiera me molesté en cerrar la puerta. Todo dentro de esas cuatro paredes me recordaba algo de él... su sonrisa mientras me miraba desde la ventana... su rostro dormido cuando se quedaba en el pequeño diván junto al balcón... su delgado cuerpo sobre mi cama hablando de mil y un cosas... su mirada coqueta desde la puerta del baño. En cualquier lugar a dónde mirara había un eco de su paso por mi vida que desaparecía casi tan pronto como aparecía frente a mis ojos.

Simplemente no pude más...

Me dejé caer de rodillas al piso y rompí en llanto. Me sentía vacío y no podía imaginar ni un segundo más de mi vida sin él.
-¿Yamapi?...- Ni siquiera escuché cuando se acercó a mí, pero escuchar su voz y sentir su mano sobre mi hombro, fueron suficientes para romperme en pedazos, indefenso como un niño perdido. Me sentí tan seguro al saberlo ahí a mi lado abrazándome y reconfortándome, que ni siquiera lo pensé y me aferré a su cuerpo con todas mis fuerzas, incluso lastimándolo un poco, aún cuando no lo expresó ni por un segundo, las marcas fueron visibles para cuando me calmé un poco.

Me sentía como un muñeco de trapo que era cuidadosamente colocado sobre la cama y estrechado con delicadeza para dormir mientras le susurran palabras dulces. La gente podría pensar mil cosas horrendas sobre Ryo-chan, pero la verdad es que siempre había sido así de lindo conmigo. Me conocía mejor que nadie y siempre se preocupaba por mí. No por nada había sido mi mejor amigo desde hacía más de diez años.

¿Cuándo me quedé dormido? La verdad es que no tenía ni idea. Pero cuando desperté Ryo-chan seguía escondiéndome del mundo entre sus brazos, manteniéndome alejado de mis miedos y tristezas. Al menos el tiempo suficiente como para que pudiera respirar y no olvidar que estaba vivo.
-¿Te sientes mejor?- Me encontré directamente con sus ojos oscuros y melancólicos que me miraban preocupados y adormilados. Por sobre su hombro miré la hora en el despertador que estaba sobre la mesita de noche marcando las 5:00 am. Me sentía confuso por todo lo que había pasado, pero sabía que le había arruinado sus planes con Uchi, así que me sentí terriblemente culpable y no pude más que darle un asentimiento por respuesta. -Menos mal... me diste un susto de muerte porque no te escuché entrar y cuando te hablé ni siquiera me notaste... parecías un zombie...- Sonrió levemente apartándome el cabello de la frente, tras lo cual se acomodó boca arriba. Al notar que movía discretamente el brazo me aparté. Después de tantas horas, era obvio que lo tendría acalambrado por haberlo usado como almohada al dormirme sobre él.
-Lo siento...-
-No te preocupes... si ayudó a que te sintieras mejor, este dolorcito es un precio insignificante a pagar...- Se estiró sobre la cama cuan largo era. -Vaya, supongo que así se sienten los hermanos mayores cuando ven llorar a sus hermanitas...- Su comentario lejos de ofenderme, me causó gracia y aunque no tenía muchas ganas de hacerlo, me reí. -Bueno, creo que mejor llamo a Hiroki antes de que vaya a buscarme a la clínica forense...- Se desperezó y bajó de la cama. -Descansa otro rato... no sé tú pero yo muero de hambre. Iré a preparar algo para desayunar...- Salió de mi habitación sin más. Podía escucharlo tarareando algo en su pésimo inglés mientras lo oía ir y venir por toda la casa. Supuse que hablaba con Uchi cuando el apartamento se quedó en silencio. Me levanté casi corriendo y entré al baño a vomitar tras recordar casi como si lo volviera a vivir, cada palabra que me había dicho la persona en la que más confiaba unas horas atrás cuando lo encontré en la cama con otro. Abrí la regadera. Dejé que el agua fluyera esperando que el ruido silenciara al menos un poco el eco de su voz dentro de mi cabeza, pero fue en vano. Al menos ahí dentro nadie notaría la diferencia entre las gotas de agua y mis lágrimas.

¿Cuánto tiempo me quedé ahí? No tenía ni idea. Ni siquiera escuché cuando Ryo-chan llamó a la puerta, mucho menos oí cuando entró preocupado al no escuchar respuesta de mi parte cuando me habló. Al verme ahí empapado de pies a cabeza hecho un ovillo dentro de la tina, cerró la llave.
-Si pretendes pescar un resfriado, es más fácil y barato dormir en la terraza desnudo, Pi...- Me quitó la playera mojada y me cubrió con una toalla; tras lo cual me obligó a levantarme para salir de la bañera. -Mmm... vas a tener que hacer a cambio algo por mí, eh?... los servicios de niñero y enfermero no venían incluidos en el contrato de renta cuando te mudaste aquí...- Me miró a los ojos al ver que su comentario, que normalmente me habría hecho reír a carcajadas, no había provocado reacción alguna de mi parte mientras me quitaba también el pantalón y me ponía la bata de baño. Guardó silencio un momento; mismo que me pareció una eternidad. Me condujo de vuelta a la cama y secó un poco mi cabello con la toalla que traía sobre el hombro izquierdo. -No pretendo obligarte a decirme qué fue lo que te pasó que te puso así, pero me preocupas... Así que si puedo ayudarte, así sea con algo mínimo, no dudes en acudir a mí, ok?... Sabes que sin importar cuándo o dónde, siempre estaré a tu lado, entendido?- Me sentía una estúpida molestia en la vida de mi mejor amigo. Sabía perfectamente que lo que decía era una verdad indudable, por eso no le respondí. Ya le estaba dando suficientes problemas en ese preciso momento como para encima darle más en un futuro... uno no muy lejano por cómo me sentía. -Iré a traer el desayuno...- Se levantó y caminó hacia la puerta. -Promete que te mantendrás lejos de la ventana, el balcón, el ventilador y la bañera... no vaya a ser que en vez de un resfriado, se te ocurra pescar una pulmonía en pleno otoño.- Sonrió con su habitual ironía pintada en la cara, recargado contra el marco de la puerta, antes de desparecer en el pasillo. Nuevamente canturreaba algo, imagino que desde la cocina.

Al mirar a mi alrededor me encontré directamente con el lastimoso reflejo del yo que era en ese instante y entendí el motivo de ese fugaz tinte de angustia que advertí en los ojos de Ryo-chan cuando miró en el baño: me veía terriblemente mal.
-No es una delicia parisina, pero para haberlo preparado en diez minutos con sólo lo que había de sobras de la semana en el refrigerador, sé que te va a fascinar...- Entró con una enorme y radiante sonrisa sosteniendo la bandeja de madera con ambas manos. No tenía ni fuerzas para bajar de la cama, así que me obligó a levantarme y con extremo cuidado para no tirar nada, puso la bandeja entre los dos. Lo vi con toda la intención de darme de comer en la boca, así que me le adelanté y tomé los palillos y aunque realmente no tenía nada de apetito, comencé a comer lo que con tanto esmero me había preparado. Eso bastó para tranquilizarlo y que fuera a la cocina por su comida. Regresó en menos de dos minutos y comió en el piso junto a mi cama; lugar que curiosamente le gustaba para estar dentro de mi habitación. Noté que me miraba discretamente de vez en cuando pero no sabía el por qué; me limitaba a verlo de reojo rehuyendo el mirarlo directamente a los ojos. Quería decirle lo que había pasado, pero no sabía cómo.
-Kame terminó conmigo...- Sentí que clavaba su mirada sobre mí, seguramente sorprendido ante mis palabras. -...dijo que no quería seguir mintiéndome...- Me pregunté qué expresión tenía mientras me miraba, estaba completamente inmóvil y en silencio. -...él... está con Jin desde hace tiempo... Los encontré en su departamento…- Volteé a verlo al escuchar que sus palillos golpeaban el plato al caer. Mi veía atónito. Como si le costara creer lo que acababa de decirle. Casi como si esperara que de un momento a otro le sonriera diciendo "¡es mentira!", tal cual acostumbraba hacer él a menudo. Pero no. La manera en que me miró me dejó en claro que entendía que lo que acababa de decirle no era una broma. Continué comiendo, tratando de parecer lo más tranquilo posible aún cuando sentía que temblaba de sólo recordar aquella escena. No quería que hiciera algo estúpido o impulsivo. Después de todo, Jin siempre había sido uno de nuestros mejores amigos.

Lo miré. Me preocupaba el no escucharlo respirar siquiera. Aquello que descubrí en Ryo-chan ese día era aterrorizante y fascinante al mismo tiempo. Porque era algo que nunca antes había visto dentro de sus ojos aún a pesar de todo el tiempo que tenía de conocerlo. De algún modo era algo extraño… nuevo… como una especie de furia y desesperación entremezcladas con miedo e impotencia, y al mismo tiempo parecía tan carente de cualquier emoción como si fuera un maniquí. Su teléfono celular comenzó a sonar pero era como si ni siquiera lo pudiera escuchar. Lo sentí tan lejos de mí en ese momento.
-No vas a responder?-
-Eh?-
-Tu celular... está sonando...-
-Oh...- Se levantó y salió de la habitación con el pequeño aparato en su mano. Terminé de desayunar y aún no regresaba, así que me preocupé. Pero justo cuando me había logrado levantado para ir a buscarlo, entró en silencio a mi habitación. Nuevamente era el Ryo-chan de siempre. Me alivié de ello.
-Creo que me tardé mucho, verdad?- Decía con una sonrisa tímida mientras miraba mi plato vacío y se sentaba de nueva cuenta sobre el cojín para seguir comiendo.
-Gracias... por la comida...-
-Ah, no fue nada!... Espera a probar la cena.- Fue entonces que me percaté de lo dañados que se veían sus nudillos. Sabía por qué estaban así. Sabía que yo era el culpable. Sabía que esto pasaría si le decía la verdad. Y sabía que eso no había sido nada en comparación a lo que haría cuando se encontrara con cualquiera de los dos.
-No tendrás ensayo con la banda hoy?- Me gustaba su presencia ahí, tan cerca mío, pero sinceramente quería estar solo. Tenía tantas ganas de llorar. No podía hacerlo frente a él. Eso lo preocuparía aún más.
-No... sólo iré a la tienda de discos y volveré a casa. Tú vas a salir?- Tardé un poco en responder a su pregunta. Tenía que pensar muy bien lo que iba a decirle; porque tanto un "sí" como un "no" le dirían más de lo que pretendía. Era en estos casos cuando odiaba su capacidad para leerme entre líneas.
-Sí... aún tengo trabajo pendiente en la oficina...- Odiaba mentirle, pero odiaba aún más preocuparlo.
-Paso por ti cuando salgas?... Así no vuelves solo y me acompañas a comprar lo de la cena...- Este era el momento para disculparme por mi mentira y confesar o decidirme a hacerla una verdad.
-Pues no sé a qué hora termine... pero si no te molesta esperarme...-
-Ok, salgo como a eso de las seis. Paso por ti como a las seis y media. Te llamo cuando esté ahí, va?- Se metió en la boca todo lo que le quedaba en el plato y como de costumbre, tuvo que beber desesperadamente su té para no morir atragantado. Era como un niño. -Bien... entonces iré a tomar un baño para irme a trabajar... y tú deberías vestirte, porque te creo capaz de olvidar que llevas la bata de baño puesta e irte así a la oficina...- Siempre que me miraba sonriéndome de ese modo entre cínico y perverso, me hacía sonrojar. Esta vez no había sido la excepción.

Pronto me quedé completamente solo. Creo que por primera vez extrañaba su voz desentonada y escandalosa cantando por cada rincón del apartamento. Sí, en realidad no tenía ni la más mínima intención de salir de mi cama nunca más, pero no había soportado el horrible sentimiento de culpa al haberle dicho algo que no era verdad. Aunque tampoco se podría contar como una mentira. Literalmente me arrastré hasta el closet y saqué lo primero que vi colgado. Por suerte combinaban. Me vestí, apagué las luces y cerré la puerta con llave al salir. Como imaginaba, no había nadie más adentro de la oficina del Departamento de Marketing, así que me refugié en la semi penumbra detrás de la puerta doble de cristal que estaba en mi oficina. Ni siquiera me molesté en encender las luces. Un par de horas de perfecto silencio también serían buenas para desahogar un poco del dolor que sentía entre el estómago y el pecho y que me impedía respirar. Pero como pasaba últimamente, nada me salía como quería, así que apenas me había sentado cuando mi celular comenzó a sonar. Se me fue la sangre del cuerpo. Quien llamaba era nada más y nada menos que Jin. ¿Qué demonios podía querer que ameritara el llamarme? ¿Qué no había sido suficiente con haberme quitado a Kame? ¿Qué más podía querer de mí? De pronto recordé que lo que tenía de inteligente, lo tenía de descarado; así que ya no pareció tan irracional que me estuviera llamando. Siendo él, podría incluso estarme marcando mientras estaba en la cama con Kame, igual por lo que había entendido, no hubiera sido la primera vez. Dejé el teléfono sonar y sonar hasta que el ruido se detuvo. Encendí la lámpara que estaba sobre mi escritorio. Nuevamente sonaba. Ni siquiera tenía caso que mirara quién era. De antemano sabía que ese chico era insistente. Si quería decirme algo, no se estaría en paz hasta que lo escuchara. Tras la séptima llamada sin contestar exploté. Tomé el aparato y lo lancé.
-Wooo~!... si no quieres responderme sólo apágalo...- Me sorprendió ver a Ryo-chan entrar a mi oficina en ese preciso momento. Afortunadamente tenía buenos reflejos, porque justo alcanzó a esquivar el celular antes de que se impactara directo en su cara y sólo fue a dar sobre el sillón de la sala de espera.
-Lo siento! No te escuché entrar...-
-Claro que no! Cómo ibas a escucharme con todo ese ruido... Deberías cambiar de tono, ese es muy infantil y escandaloso, sabes?...- Levantó del piso mi teléfono y caminó hasta donde me encontraba. En el momento en que se disponía a devolvérmelo, sonó de nueva cuenta. Fue inevitable que viera quién era. Me miró. Supongo que todo tomó sentido dentro de su cabeza. -Lo siento... Yamapi no puede responderte ahora... y será mejor que no vuelvas a llamar...- Y sin más, colgó y apagó el maldito aparato. -Por eso no me respondías, verdad?- Su expresión pasó del enojo a la angustia en un segundo. -¿Quién demonios se cree que es como para llamarte después de todo lo que te hizo?- Agradecí que no lo tuviera enfrente en ese momento. Sé que le hubiera dejado por lo menos un ojo morado tan sólo por el cinismo de insistir en que le respondiera. -...estás bien?- Era un gran alivio tenerlo ahí en ese momento. Sólo atiné a decirle que "sí" con la cabeza.  No dijo nada durante un buen rato. -Si quieres llorar, hazlo... nadie te verá...- Apagó la luz. Me conocía tan bien. Aún cuando no me lo hubiera sugerido, hubiera terminado haciéndolo. Me sentía del asco por haber sido traicionado por dos de mis mejores amigos de toda la vida, como para que encima, uno de ellos quisiera pretender que no había pasado nada y pensar que podríamos seguir siendo los buenos amigos de siempre. Sí, a veces podía ser ingenuo y confiado, pero gracias a Ryo-chan, había aprendido a no ser idiota. Ya no.

¿Cuánto tiempo estuve llorando desconsoladamente en medio de aquella oscuridad? Realmente no lo sé. Lo único que recuerdo es el calor de la mano de mi ángel guardián sosteniendo con fuerza la mía mientras caminábamos en silencio por entre la multitud que chocaba de vez en cuando conmigo y me ignoraban al pasar y que no me soltó ni por un segundo hasta que llegamos nuevamente a casa.

-Ryo?- Su voz me pareció tan lejana que incluso me pregunté si no la estaba imaginando.
-Hiroki... qué haces aquí?-
-Eso debería preguntarlo yo... qué haces TÚ aquí?-
-Pues... aquí vivo, recuerdas?-
-Por supuesto... pero veo que eres realmente malo mintiendo... porque eres TÚ quién no recuerda haber dicho que no irías al ensayo porque tendrías que doblar turno en la tienda...- Sentí cómo se estremecía. Uchi tenía razón, Ryo-chan era pésimo mintiendo. Aunque lo hacía todo el tiempo, de inmediato admitía que mentía y decía la verdad. Creo que era la primera vez que sostenía una mentira por tanto tiempo. Me sentí mucho peor por eso que por lo que había pasado con Jin unas horas antes. Esto era culpa mía. Traté de zafarme pero él me lo impidió apretando aún más mi mano entre la suya.
-Tú lo has dicho...- Sacó la llave del bolsillo de su pantalón de mezclilla deslavado y abrió la puerta.
-Y eso es todo?-
-Si quieres escuchar una explicación o una disculpa, lo siento pero deberías saber que ese no es mi estilo...- Dio un paso hacia adentro pero yo no me moví y mi mano cayó inerte a mi costado al oponer resistencia a que me llevase con él. Me miró de ese modo tan suyo cuando no está de acuerdo. Se volvió, tomó de nueva cuenta mi mano y me hizo entrar.
-Ryo...- Lo llamó casi con desesperación.
-Si quieres creerme, espera a que salga... Si no, mejor vete a tu casa...- Cerró suavemente la puerta. No podría precisar si Uchi lo miró dolido o enojado, sólo sé que a mí me fulminó con la mirada cuando el brazo de Ryo-chan rodeó mis hombros para hacerme entrar.
-No deberías ser así con Uchi-san... es tu novio y...-
-Y por lo mismo debería creer en mí aún si le miento...- Me interrumpió un tanto cortante.
-Ryo-chan...-
-No digas nada, quieres?... Eres mi... mejor amigo... y no pienso dejarte solo cuando más me necesitas... Hiroki debería entenderlo...-
-Pero...-
-Pero nada.- Me miró muy seguro de que diría a continuación. -Si quiere saber la verdad, estará ahí cuando salga, me tarde lo que me tarde...-

Me llevó hasta mi habitación y tras encender la luz, nos sentamos en mi cama. Ninguno de los dos decía nada. De algún modo, en momentos así, nos sobraban las palabras y eso me agradaba. No quería mirar a mi alrededor. Ver a Kame en todas partes me hería una y otra vez. Mantenía la mirada clavada en mis pies.
-Será mejor que vayas a explicarle todo a Uchi-san...-
-De acuerdo... lo haré, no porque me lo digas, sino porque sé que no me vas a dejar en paz hasta que lo haga...- Sin muchas ganas se levantó y caminó hasta la puerta. De pronto se detuvo. -...no me tardaré mucho, así que espera un poco y preparamos la cena...- Dejó abierta la puerta, así que de inmediato entendí que lo había hecho a propósito para escuchar por si me pasaba algo. Era uno de esos pequeños detalles tan Ryo-chan, que apenas si creerías después de conocerlo. Era una lástima, pero él prefería que sólo vieran su "lado malo" para que no lo volvieran a herir, aún cuando era su "lado bueno" el que realmente prefería. Por fortuna, yo nunca había conocido al chico malo que se esforzaba en ser porque desde nos conocimos, conmigo siempre ha sido él mismo. De algún modo sentimos que podemos ser cómo somos el uno con el otro mientras estamos juntos, no hay necesidad de máscaras ni farsas entre nosotros.

Juro que no habían pasado ni cinco minutos cuando lo escuché tarareando algo en la cocina. Me preocupaba. Sonaba tan triste aún a pesar de lo mucho que intentaba expresar lo contrario con su voz. Lo conocía mejor de lo que me conocía a mí mismo. No pude evitar ir directo a donde estaba.
-Oh! Llegas justo a tiempo... me alcanzas de esa alacena el ajo y la pimienta?- Sólo vi su rostro durante un par de segundos antes de que volviera a girarse hacia la estufa, pero fueron suficientes para notar que había llorado. Sólo podía ser una de dos cosas: o Uchi no estaba ahí cuando salió o habían discutido y se había ido casi de inmediato. Pero para que Ryo-chan hubiera terminado llorando, creo que sólo pudo haber sido a causa de la primera.

Caminé hasta quedar detrás de él. Apoyé mi frente contra su espalda. El ruido del cuchillo golpeando contra la superficie de plástico cesó. Lo escuché suspirar.
-Lo siento, Ryo-chan...- Ahora él sufría por mi culpa. Y ambos lo sabíamos.
-No digas nada, sí?... No es culpa tuya...- Se quedó en silencio un instante; como poniendo todas sus fuerzas en no romperse. -Sólo abrázame un momento...- Su voz apenas si podía escucharse. ¿Había pensado aquello en voz alta? Mis lágrimas caían nuevamente. Llevé mis brazos hasta su cuerpo y lo rodeé con ellos. Sentí aquellas cálidas gotas chocando contra mi piel. Envidiaba tanto su fuerza. Todos estos años había envidiado su capacidad para sanar. Un par de minutos después ya era el mismo de siempre, tarareando, cantando, bailando de aquí para allá por toda la cocina. Como si nada hubiera pasado. Pero por primera vez entendí algo que nunca antes había podido ver: no era que sanasen de inmediato sus heridas, sino que no quería mostrarse débil ante los demás. Cenamos y nos preparamos para ir a dormir. No quería estar en mi cuarto, así que perdía el tiempo en la sala. Escuché su puerta cerrarse, al menos ya no tendría que seguir cambiando canales a lo tonto haciendo como que veía la TV. Después de un rato apagué el televisor y me quedé mirando la pantalla, ni siquiera supe en qué momento había comenzado a llorar otra vez. De pronto lo vi en el reflejo de la pantalla, estaba de pie detrás de mí, mirándome con los brazos cruzados. No me moví. No supe cómo reaccionar. Sinceramente esperaba que fuera producto de mi imaginación y que desapareciera en cualquier momento. Pero no fue así.
-Vas a seguir ahí muriéndote de frío o vienes a la cama y nos dormimos de una buena vez?...- Sonaba un poco frío, sí, pero sabía perfectamente que sólo era debido a su mal humor cuando tenía mucho sueño y no podía dormir. Me levanté del mueble y dejé el control remoto sobre la mesa de centro. Caminé hacia él. Me extendió la mano y, como si fuera ya lo más natural del mundo, me aferré a su calidez.  ¿Acaso se había dado cuenta de que no quería estar en mi habitación? Porque por fortuna no me había conducido a la mía sino a la suya. No entendí por qué pero me hizo sentir mejor saber que se quedaría otra vez a mi lado durante toda la noche. Por fin pude conciliar el sueño.

Los días pasaban. Ellos se distanciaban cada vez más, haciendo que nosotros nos uniéramos aún más. En su afán por no dejarme solo, tras las insistentes llamadas de Jin, tanto a mi celular como a mi oficina, terminó llevándome con él a cada lugar a donde iba. Aún cuando me opuse, ignoró lo que le decía. Obviamente Uchi no estaba nada feliz con todo eso. Al final, Ryo-chan me obligó a tomar por fin vacaciones después de que Jin se apareciera un día en mi trabajo exigiéndole a mi secretaria verme. Por suerte ese día había tenido una reunión de última hora con la Junta Directiva, así que no estaba ahí cuando se presentó. Aquello había sido la gota que derramara el vaso. Tras dejarme en casa de Maruyama, su bajista, se fue pidiéndome que lo esperara ahí, alegando que no tardaría mucho, me convenció. Sí, en efecto no se había tardado. Para haber regresado con el labio inferior reventado, no me quise ni imaginar cómo había terminado Jin. No me dijo nada. Apenas si volvió, tomó su guitarra y comenzaron con el ensayo. Uchi no aparecía, así que me pidieron que cantara un rato para ellos. Me moría de pena y no quería hacerlo, pero todos habían sido muy amables conmigo, así que no pude negarme. De pronto sentí todas las miradas sobre mí. No sabía el por qué pero incluso habían dejado de tocar. Al principio me sonrojé suponiendo que lo había hecho tan mal que no lo podían creer. Pero luego me di cuenta de que sus ojos no reflejaban decepción sino sorpresa. Se miraron entre ellos con esas sonrisas tan típicas que tenían en señal de aprobación y siguieron con el ensayo. Al final, Uchi no llegó, pero a ninguno pareció molestarle o importarle siquiera. Sus halagos a mi voz hicieron que me cohibiera más de lo usual.

-No sabía que pudieras cantar así...- Fue lo primero que dijo al llegar a casa.
-Bueno... supongo que ahora ambos lo sabemos...- Le sonreí tímidamente ya que la forma en que me miraba me apenaba.
-Los chicos quieren que te nos unas a los ensayos...-
-Eh?-
-Sí, les gustó tanto tu voz que quieren saber si quieres participar con nosotros alguna vez...- Dijo lo último un tanto inseguro.
-Eso significa que quieren que cante con ustedes... sobre el escenario?...-
-Ehmm... pues sí...- Ahí estaba su dulce y boba sonrisita que ponía cuando estaba nervioso.
-Pero yo no soy cantante... sólo soy un aburrido oficinista...-
-Tal vez tu creas que "sólo" eres eso, pero la verdad es que eres mucho más, Pi...- Se hizo un extraño silencio entre nosotros. No era nuestro habitual y agradable silencio. Este hacía a mi corazón latir mucho más aprisa de lo normal.
-Iré a darme un baño...- Huí.
-Ok, prepararé la cena...- Cerré de golpe la puerta de mi habitación. ¿Por qué estaba tan nervioso? Era por algo en sus palabras, en su mirada... pero qué.

Ni siquiera nos dimos cuenta cuándo se nos volvió un hábito el dormir juntos. Supongo que ambos nos sentíamos seguros teniendo al otro a su lado, casi como si fuéramos un amuleto contra las pesadillas. Habíamos adoptado una pequeña rutina diaria que, sin que me diera cuenta siquiera, comenzó a alejar de mí la profunda depresión que la herida de su adiós me había dejado como recuerdo de despedida. Pero aún a pesar de ello, no vivíamos de modo monótono. Ese era uno de los encantos de vivir con alguien como Ryo-chan... Nunca te aburrías.

Aquella mañana hacía frío, así que no me extrañó sentir su cuerpo abrazándose al mío en busca de un poco de calor. Nunca había logrado que me hiciera caso y se pusiera algo más de ropa que sus bóxers para dormir. Un ruido que no pude precisar me había despertado, pero tras no volver a escuchar nada, cerré los ojos otra vez esperando poder dormir un poco más. Definitivamente hoy sería un día ajetreado. Todos los preparativos en secreto me lo habían dejado en claro desde la semana pasada. Era su cumpleaños, así que lo más probable es que ni siquiera dormiríamos hasta el día siguiente. Si bien cada año la celebración se prolongaba más de lo planeado, este año sin duda la fiesta sería la mejor. Había mucho que celebrar: su primer cuarto de siglo, su primer concierto en un gran lugar, su contrato con una prestigiosa disquera. En definitiva debía ser un día perfecto. Se lo merecía.

-El sonido de algo haciéndose añicos contra el piso me hizo abrir los ojos de inmediato. Lo sentí sobresaltarse y aferrarme contra sí en instinto protector justo antes de incorporarse sobre la cama todavía adormilado.
-Lo sabía!- Uchi gritaba molesto, histérico e incrédulo viéndonos.
-Hiroki?... Qué haces aquí?- Ryo-chan apenas terminaba de despertar, bostezando y desperezándose cual niño pequeño.
-Uchi-san... no es lo que piensas...- Me levanté de inmediato de su cama y caminé hacia él para salir y dejarlos a solas. Probablemente eso que ahora estaba roto en el suelo había sido su regalo de cumpleaños.
-Tú no te metas!-
-Hiroki, te hice una pregunta...-
-No te preocupes, ya me voy... no era mi intención interrumpir nada!-
-Disculpa?!- Ryo-chan se veía realmente molesto. Uchi avanzó hacia la cama.
-Ten!- Le lanzó algo sobre las cobijas. -...no debiste dármela si no querías que me enterara de nada!-
-Uchi-san, espera... En verdad lo has malentendido todo...-
-Fuera de mi camino!... Eres aún peor de lo que Akanishi-san dijo!- Me aventó con fuerza para hacerme a un lado. Con demasiada fuerza. Terminé en el piso, cortándome la mano con uno de los trozos de cristal que yacían en el suelo al intentar frenar la caída. Ryo-chan saltó fuera de la cama al ver que sangraba.
-Yamapi... déjame ver...- Se arrodilló junto a mí para ver la herida.
-Lo siento... no era mi intención...- Uchi sonaba preocupado.
-Vete! Ya has hecho suficiente!- Lo interrumpió bruscamente. Por cómo lo miró, seguramente era la primera vez que Ryo-chan le gritaba de ese modo.
-Ven... hay que lavarte para saber qué tan grave es...- Me ayudó a ponerme de pie y me condujo al baño.
-Deberías alcanzarlo y aclararle las cosas...-
-No quiero...-
-Eh?-
-Si me cree capaz de hacer algo así, no vale la pena que siga con él... Déjame ver...- Examinaba con cuidado mi mano procurando no lastimarme. -Creo que será necesario que te den puntadas, mejor vamos al hospital.- La sangré mezclada con el agua, hacía que pareciera más aparatoso de lo que en realidad debía ser.
-No es necesario... estaré bien...-
-Pero yo no! Así que hazlo por mí... No querrás tenerme preocupado todo el día, verdad?- Negué de inmediato con la cabeza. -Gracias... Espera un segundo.- Buscó el botiquín de primeros auxilios y me aplicó un par de antisépticos antes de cubrir la herida con una gasa y ayudarme a ponerme una sudadera de cierre. Se puso lo primero que encontró y salimos para tomar un taxi e ir al hospital.

De camino a casa y con un par de puntadas, su celular comenzó a sonar, pero por alguna razón no lo escuchaba. Tuve que repetirle un par de veces que le estaban llamando. Más que distraído estaba pensativo. Probablemente preocupado por todo lo que había pasado. La culpa me consumía por dentro. Había arruinado su cumpleaños. Por cómo le respondía, supe de inmediato que era Okura quien le hablaba.
-Sí, aquí está conmigo, por?... Te lo paso... Ten, Tacchon quiere hablar contigo...-
-Aló?- Hasta que lo mencionó me di cuenta de que había olvidado mi celular en casa. Me había estado marcando desde hacía rato y al no recibir respuesta, se había preocupado. Me preguntó cómo estaba. Al parecer Uchi le había mandado un mensaje de texto, desesperado por lo mucho que había empeorado las cosas con Ryo-chan por culpa de sus celos. Un "no te preocupes" y un "sabemos que no es culpa tuya" fueron suficientes para que mi consciencia se quedara mucho más tranquila. Me dijo que él se encargaría de explicarles a los demás y que ahora yo sólo debía hacerle compañía a Ryo-chan un rato y asegurarme de que llegase a tiempo al ensayo antes de la presentación, que el resto se lo dejara a ellos. Ver lo grandiosos amigos que eran, no hizo más que profundizar mi herida. Pero era un día muy importante para el único mejor amigo que me quedaba, así que no iba a dejar que se arruinara del todo por mi estado de ánimo.
-Qué quería?- Me preguntó tan pronto como colgué y le devolví el celular.
-Saber cómo estaba. Olvidé mi teléfono y estaba preocupado... Uchi le dijo lo que había pasado y...-
-No quiero que me lo menciones, de acuerdo?... Tengo muchas cosas de las cuales ocuparme en vez de preocuparme por estupideces...-
-Ryo-chan...- No dije más al respecto. No tenía derecho. Ya había interferido demasiado entre ellos. Tampoco tendría sentido hacerlo. Conocía a Ryo-chan.

Volvimos a casa. Me aseguré de mantenerlo con la mente ocupada durante todo el trayecto. Y la verdad no lo hacía por obligación, realmente me interesaba saber todo lo que harían antes del concierto. Lo cierto era que ahora me importaba mucho más que antes todo lo que tuviera que ver con Ryo-chan. Supongo que era de esperarse, después de convivir 24/7 con una persona, termina por volverse una parte importante de tu vida.

Desayunamos algo que compramos en el conbini de pasada. Insistí en que era su cumpleaños y que no quería que hiciera nada cotidiano. Al ver que no dejaría que cocinara, terminó aceptando mi propuesta, aún así se empeñó en preparar algo como postre. No le dije que no porque dijo que quería comer algo dulce. Decidí ayudarle a prepararlo. Hubiera preferido hacérselo yo, pero con sólo una mano creo que hubiera estado listo para la cena, lo cual no tendría ningún sentido porque no volveríamos a casa en toda la noche. Así solían ser las fiestas de Ryo-chan y sus amigos. Por fortuna sabía que no se prolongaría por días ya que no estaría Jin.

-No seas terco!... No hay nada ahí dentro que no haya visto al menos una vez... Así que abre la maldita puerta!-
-No... Yo puedo solo...-
-Para cuando termines de bañarte ya se habrá acabado el concierto!- Había algo de cierto en sus palabras. Bueno, lo admito, tenía totalmente la razón.
-De acuerdo... pero entra hasta que yo te diga...- Le quité el seguro a la puerta, dispuesto a correr hasta la bañera y ocultarme entre la espuma, pero no contaba con que justo en cuanto oyó que podía entrar, abriría la puerta.
-RYO!!!-
-PI!!!- Los dos teníamos el ceño fruncido en un gesto enfurruñado. De pronto guardamos silencio y echamos a reír. Tras ver mi rostro incandescente cual bengala en la oscuridad, se limitó a voltear al piso, tras lo cual entré al agua y se limitó a lavar mi cabello y a pasarme la bata de baño para ayudarme a salir. -Si necesitas algo, me hablas, ok?- Dijo antes de salir y después de haberme ayudado a vestir, para también ducharse.
-En realidad, creo que exageras... Cuando el doctor dijo que tuviera cuidado y evitara esfuerzos... creo que sólo se refería a que no los hiciera con esta mano!- Eché a reír ante la expresión "indignada" e "incrédula" de su cara debido a mis palabras.
-Pues no! No exagero!... Sólo sigo las instrucciones que me dio el doctor: "Asegúrese de que no haga esfuerzos con la mano, como cargar o sujetar cosas, de preferencia que la mantenga en reposo TOTAL..." Entiendes lo que esa palabra significa, verdad?-
-Obvio...-
-Entonces, déjame en paz... Sólo hago mi trabajo como enfermero...-
-Jajaja! Ahora eres mi enfermero?-
-No, creo que preferiría ser algo más... pero por ahora puedo conformarme con eso...- Salió de mi habitación mientras decía lo último.

-Yamapi~-
-Qué?-
-Qué demonios haces ahí dentro que te tardas tanto en salir?!... Se está haciendo tarde, sabes?-
-Ya voy... Sólo un segundo!... bueno, dame un minuto más!- Si usando ambas manos me resultaba todo un reto, tratar de envolver un regalo a una mano era algo titánico para mí en esos momentos, sobre todo atar el lazo con el moño.
-Voy a entrar...-
-No! No!... Por favor...-
-Pero es que...- Entonces lo entendí. Estaba preocupado por mí.
-Ok... Espera un segundo!... Pero cierra los ojos...- Corté trozos de cinta adhesiva y traté de envolver la caja lo mejor que pude. -No te vayas a reír!- Ya estaba conteniendo la risa y aún no lo veía.
-Ya puedo abrirlos?- Hizo una mueca chistosa al sentir que le ponía la caja entre las manos.
-Sí...- No necesitaba verme a mí mismo para saber que estaba rojo hasta las orejas.
-Pi...- Para mi sorpresa no se rió. Contempló largo rato mi obsequio sin razón alguna, al menos para mí no la había. Me pareció que se le llenaban los ojos de lágrimas. -...Shales... Hubieras pedido que te lo envolvieran en la tienda... Ah ya sé! Lo hiciste a propósito para que el regalo me pareciera más genial después de haber visto el desastre que era por fuera, verdad?... Qué listo! No esperaba menos de ti!...- No pude contener la risa al ver que me guiñaba de ese modo el ojo dándome un ligero codazo en el brazo para enfatizar su comentario. Sin embargo, yo sabía que esa reacción tan típica de él, sólo podía significar que estaba tan feliz que podía romper en llanto de un segundo a otro, así que mejor se cortaba a sí mismo la emoción haciendo o diciendo alguna tontería. Así era él. Tenía una extraña y particular forma de demostrar lo que sentía, lo cual incluía agradecer las cosas de ese modo raro y baka. Pero no me molestaba. Era parte de su encanto.

Salimos de la casa. Me sentía nervioso. No lo había destapado, así que me pregunté por qué, pero no me atreví a preguntarle. Llegamos al sitio donde tendrían el concierto. Por fuera no parecía la gran cosa. Aún faltaban varias horas para que les permitieran entrar, no obstante, ya había una fila larguísima de personas afuera. ¿Acaso venían a verlos tocar?

Por dentro era un lugar genial. El escenario se veía increíble. Cuando llegamos estaban colocando las luces. Okura se aseguraba de que su batería estuviera bien acomodada sobre la tarima. Yasuda daba instrucciones a los chicos del staff que subían con cuidado el letrero con el nombre de la banda que él mismo había diseñado y elaborado. Maruyama conectaba algunos cables a uno de los amplificadores que estaban al borde del entarimado que era el escenario. El único que no se veía por ningún lado era Uchi y eso me preocupó. ¿Podría ser que no pensara presentarse?
-Oh! Dokkun! Un minuto más y oficialmente hubieras llegado tarde...-
-Que gracioso, Yoko...- Hacía poco que había conocido a Yokoyama, pero me caía bastante bien, aún cuando estaba medio loco. Independientemente de que fuera su representante, era un buen amigo de Ryo-chan y de Yasu, y por lo que me había dado cuenta hasta ahora, parecía mucho más cercano a Maruyama que a todos los demás ya que a menudo llegaban o se iban juntos. Lo cual no era extraño tomando en cuenta que Okura y Yasuda eran pareja desde antes de que conocieran a Ryo-chan y formaran la banda.
-Qué es esa cosa? Te peleaste con eso y te ganó y por eso te tardaste?- De pronto Maruyama y su sarcástico sentido del humor repararon en mi regalo.
-Yamashita-kun! Pensé que te veríamos hasta más tarde...- Yasuda fue el primer en reparar en mi presencia y saludarme. Conociendo a estos chicos, era casi seguro que sería el primero en percatarse de que estaba ahí, justo detrás de Ryo-chan.
-Oh! Yamashita...- Okura bajó sin mucho esfuerzo del escenario ya que era muy alto, a diferencia de Yasuda, que bajó por la pequeña escalinata de un costado. -Cómo está tu mano?-
-Supongo que viviré...- Levanté con cuidado la mano a la altura de mi cara para que la viera. No se esforzó ni un poquito en disimular su preocupación al ver el aparatoso vendaje que tenía debajo del guantelete de red que cubría mi mano derecha.
-¿Duele mucho?- Yasuda también se veía preocupado.
-Sólo cuando la muevo mucho...- Sonreí para restarle importancia al asunto.
-Entonces, sólo quédate sentado ahí. Ensayaremos un rato y luego vamos a comer algo, va?- Ryo-chan me señaló una mesa junto a la pared, del lado derecho, sobre la que había un letrero con la palabra "RESERVADO". Luego se dio media vuelta y se fue hacia donde estaba el ingeniero de audio.
-Ryo reservó esa mesa para ti... Quería que lo vieras bien esta noche...- Susurró en mi oído Okura antes de girarse e ir tras Yasuda, pues los demás ya estaban sobre el escenario. Sonreí contemplando a lo lejos a Ryo-chan y fui y me senté. Estaba algo cansado, así que poder quedarme ahí sin nada que hacer fue agradable. Me gustaba verlos tocar, pero era raro que no hubiera nadie detrás del micrófono.
-Esto no va a funcionar sin un vocal...- Ryo-chan detuvo de súbito el ensayo.
-Me temo que esta vez tienes completa razón...- Agregó entre risas Maruyama al ver tan serio al chico junto a él que se aferraba con ambas manos a su guitarra.
-Y qué propones?...- Preguntaba Yasuda, que estaba sentado sobre uno de los amplificadores también con su guitarra.
-Yamapi...- Me pareció oír que me llamaban pero no me molesté ni en abrir los ojos. Estaba a gusto como estaba. -¡Ya-ma-pi!- Al escuchar fuerte y clara su voz cuando gritó por el micrófono mi nombre hasta se me quitó el sueño. Un poco molesto por su poco tacto para despertarme, me acerqué al entarimado tras ver que me hacía señas para que fuera hasta donde estaban. -¿Podrías ensayar con nosotros un rato?-
-Pero...-
-Quieres o no?- Aunque sonaba cortante con su actitud y palabras, su mirada suplicaba por un "sí".
-Si me lo pides por favor...- Dije a modo de broma. Sabía que eso no iba con el chico de la lengua afilada.
-Por favor... canta para nosotros... Hazlo por mí...- Me interrumpió. Lo que dijo no sólo me tomó a mí por sorpresa. No pude seguir haciéndome del rogar.
-De acuerdo...- Subí y acomodé el pedestal a mi altura. Estaba un poco alto para mí.
-Ok... empecemos...- Y al momento Okura marcó la cuenta regresiva y comenzaron a tocar. Había pasado tanto tiempo con ellos en los últimos meses que para mi sorpresa, ya me sabía casi todas las canciones. Ryo-chan permaneció a mi lado todo el rato, cantando algunas partes cuando se daba cuenta de que no recordaba lo que seguía o de que no me sabía alguna parte de la letra. Me gustaba el sonido de nuestras voces entremezclándose en una sola. Cuando menos pensé, los nervios se habían ido e incluso sonreía. Disfrutaba el momento... su compañía... su cercanía. Me sentía feliz. El tiempo pasó volando y antes de que me diera cuenta, el ensayo había terminado.
-Buen trabajo, chicos!- Yokoyama me extendió una botella con agua al tiempo que le daba una toalla a Maruyama. -Bien, entonces vayan a darse un baño y salgamos a comer algo para festejar...-
-Festejar?- Preguntaba tímidamente Ryo-chan.
-Claro! Es un día importante, no?- Dijo animadamente Yasuda.
-Chicos...- El pobre de Ryo-chan tenía esa carita que ponía cuando estaba demasiado emocionado con algo.
-Sí, no todos los días tenemos un concierto en un lugar como éste.- El comentario de Maruyama borró en automático la sonrisita boba en su carita ilusionada. Él no se dio cuenta, pero todos intercambiamos fugaces miradas de complicidad antes de partir rumbo al camerino. Sabíamos que al sentirse decepcionado, entraría primero a ducharse. Así que terminamos los preparativos para la primera de las sorpresas que le habíamos preparado.

El restaurante estaba a sólo tres cuadras del lugar del concierto, y teníamos tiempo de sobra para ir y volver, así que no llevábamos prisa mientras caminábamos hacia allá. Verlos riendo y haciendo el tonto por la calle, me hizo preguntarme si todo cambiaría después de esta noche. Quería que alcanzaran su sueño, pero de algún modo, lograrlo los privaría de momentos como estos. Así de traicionera era la fama.
-Te sientes mal?- Por ir sumido en mis pensamientos me había quedado un par de pasos por detrás de ellos.
-No... sólo pensaba...- Corrí para alcanzarlo.
-Hoy aprendí algo nuevo de ti...-
-Ah, sí?...- Reanudamos la marcha.
-Sip... Al parecer piensas con los pies...- Echó a reír. Rodeó mis hombros con su brazo y seguimos caminando.

La comida fue por demás agradable. Sus amigos podían dar un poco de miedo al principio porque les faltaban un par de tornillos, pero una vez que te acostumbrabas a ese pequeño detalle, resultaba bastante divertido estar con ellos. Nadie mencionó el cumpleaños de Ryo-chan mientras estábamos ahí. Brindamos por el contrato, por el concierto y por su éxito futuro. El pobre estaba tan desilusionado que ni cuenta se dio de que todo lo que habíamos ordenado eran sus platillos favoritos. Aún cuando bromeaba y reía como de costumbre, sus ojos lucían más tristes que de costumbre. Salimos del restaurante y regresamos al teatro. El staff ya había terminado de instalar y acomodar todo, tanto en el escenario como en el área alrededor de este, desde que nos habíamos ido, así que estaban por aquí y por allá terminando de afinar detalles y ordenando a los fans que esperaban para ingresar. El número de personas afuera era mucho mayor que cuando llegamos. Como todo el día habían estado entrando y saliendo personas del lugar, ni siquiera repararon en nuestra presencia. "Llamaríamos más la atención si entramos por la parte trasera” había dicho Yokoyama, pero no entendí realmente lo que significaba hasta que un par de chicas voltearon hacia dónde estábamos y gritaron a todo pulmón al reconocer a Ryo-chan. En menos de tres segundos la multitud corrió y nos rodeó por completo. Si bien para ellos eso parecía ser ya algo normal, para mí no lo era y me asustó un poco toda aquella repentina conmoción. De inmediato algunos de los empleados que estaban por ahí acudieron para tratar de apartar a la masa de personas que se amontonaban a nuestro alrededor gritando, llorando, tomando fotografías, pidiendo autógrafos, repartiendo presentes... Por instinto me llevé la mano contra el pecho en un desesperado intento por no ser lastimado mientras me empujaban de un lado a otro para llegar hasta ellos.
-Pi?!!!- Lo escuché llamarme pero no podía verlo, sólo alcanzaba a ver a Okura, que sobresalía por su altura y a Maruyama que destacaba de inmediato por llevar puesto el gorro tejido multicolor de Yasuda. -Yamapi?!- Sonaba preocupado, casi desesperado y cada vez más lejano.
-Ryo-chan!- Mi voz respondió a su voz como por instinto. Las chicas cerca de mí comenzaron a gritar como locas. Ryo-chan había regresado por mí, Yokoyama venía con él.
-Señoritas, sean tan amables de dejarnos pasar...- A pesar de que se notaba que estaba un poco molesto, les hablaba tan educado como siempre.
-Estás bien?- Solo asentí como no muy convencido de estarlo. Me abrazó con fuerza en un gesto protector poniendo su otro brazo por delante de mí para que no lastimaran mi mano por los empujones. Yokoyama caminaba por delante de nosotros tratando de abrirnos paso. Ryo-chan iba cada vez más molesto. La expresión fría en sus ojos me lo decía, estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no gritarles o golpear a esas chicas cada que me aventaban. Y era obvio que quería hacerlo, lo conocía demasiado bien, pero no debía, después de todo, él era el líder de la banda y ellas eran sus fans. Los dos nos relajamos un poco al llegar a los escalones de la entrada, pues ahí estaba ya el staff conteniendo por completo a la muchedumbre. En cuanto estuvimos a salvo en el interior y cerraron la puerta, Ryo-chan se volvió hacía mí.
-Estás bien? Te lastimaron?-
-No mucho...- Tomó mi mano entre las suyas para asegurarse.
-No vuelvas a hacer algo tan estúpido, Ryo... te dije que no le pasaría nada y yo iba a ir a buscarlo.-
-No iba a dejarlo ahí en medio de ese desmadre a que lo lastimaran mientras YO estaba seguro aquí dentro!- Ni siquiera se lo pensó dos veces para interrumpirlo. Ahora sabía por qué se veía tan molesto Yokoyama cuando habían ido por mí.
-Lo siento... todo esto fue mi culpa...-
-No! Ni empieces con tus delirios de culpa, quieres?... No hoy...- Se dio media vuelta y se fue rumbo al camerino.
-Será mejor que vayas con él... debe tranquilizarse. No puede salir así al escenario... Y tú eres el único al que dejará entrar...- De alguna manera comprendí perfectamente lo que Okura decía entre líneas.

-¡¿QUÉ?!... Déjenme solo!-
-Lo siento... estaba preocupado por ti y quería ver si estabas bien...-
-Yamapi?- Se apresuró para abrirme la puerta.
-Entiendo si quieres estar solo... no te preocupes...-
-No. Si eres tú, está bien... Pasa...-
-Perdón...-
-Por qué?-
-Desde que despertaste no he hecho más que arruinarte el día...-
-Por supuesto que no!... Qué te hace pensar eso?... Lo que pasó con Hiroki?...- Asentí lentamente. Estaba demasiado apenado como para mirarlo a los ojos. Confieso que eso era lo que más culpa me provocaba: por mi culpa estaban a nada de terminar su relación. -...olvídate de eso. De cualquier modo hacía meses que las cosas habían dejado de funcionar entre nosotros... es por eso que sus celos se dispararon en cuanto se dio cuenta de todo...-
-A qué te refieres?-
-No, a nada importante... Bueno, sí lo es... pero ya llegará el momento adecuado para hablarte de ello...-
-Ya veo...-
-Y?... Qué más te tiene con esa cara de palo?- Se rió un poco al ver mi expresión ante lo absurdo de su comentario. -Lo que pasó ahorita con Yoko? Sólo ignóralo, obviamente no te iba a dejar ahí a que te aplastaran esas locas...- Esa sonrisa suya me fascinaba desde la primera vez que la vi.
-Gracias...-
-Por qué?...- Esa palabra lo tomó por sorpresa.
-Por volver por mí...-
-Sabes?... Hoy estás particularmente raro... Podría ser que te hayas vuelto bipolar?- Se veía tan serio al decirlo que por un segundo creí que lo decía de verdad. -Miento! Miento!- Y como de costumbre, se echó a reír confesando su mentira justo después de haberla dicho. Me hizo sonreír.

Nos quedamos ahí platicando de mil y un cosas hasta que se quedó apaciblemente dormido. El reloj anunció las seis de la tarde. Alguien llamaba a la puerta, así que temiendo que el sonido lo despertara, me di prisa para abrir.
-Está más tranquilo?- Preguntó Okura en voz baja al verlo de espaldas en el sofá y tapado con mi chamarra.
-Se quedó dormido mientras hablábamos.... Supongo que soy más aburrido de lo que imaginaba...- Dije con una tímida sonrisa.
-No lo creo... Más bien diría que es todo lo contrario... Pero bueno... está bien... No lo despertemos, así no sospechará nada... Tienes un minuto? Necesito decirte algo.- Volví la mirada para asegurarme de que seguía dormido.
-Espera...- Regresé y le dejé una nota en una servilleta de papel sobre la mesita diciendo que iba al baño. No quería que se pusiera histérico si despertaba y no me veía ahí con él.

Acompañé a Okura hasta la parte trasera del escenario. Empezó a preguntarme cosas sobre los preparativos de la fiesta sorpresa, pero sabía que eso no era lo que nos tenía ahí, así que preferí preguntarle qué pasaba.
-Qué es lo que te tiene tan preocupado?- No es que normalmente fuera despreocupado o que no le importara lo que pasara a su alrededor, en realidad eso era lo que los demás suponían por su forma de ser, pero la verdad es que era el más maduro y centrado de los cinco, sólo que no lo demostraba porque por lo general era callado e introvertido.
-Me temo que Uchi no vendrá...-
-Eh?... Te refieres a que botará todo? La banda, el concierto, a Ryo-chan?-
-Sí... ese chico se deprime con facilidad y cuando eso pasa deja todo a un lado.- Nuevamente la culpa me recorrió de pies a cabeza. No supe qué decirle. Lo vieran como lo vieran, la culpa era mía. -Los demás creen que vendrá, pero ninguno ha conseguido ponerse en contacto con él...- Se sentó sobre unas cajas y escondió su rostro entre las manos que tenía apoyadas sobre las rodillas. Suspiró. Parecía tan frágil en ese momento.
-No te preocupes, si no tienen noticias de él de aquí a las siete, pensaremos qué hacer, un plan B, ok?... Deja de preocuparte o terminarás enfermándote...- Apoyé ambas palmas sobre sus hombros.
-Tienes razón... Debo calmarme. Todo saldrá bien, cierto?- Le sonreí y asentí. Volvimos a los camerinos. Tenía que tomarme las pastillas, el dolor había comenzado a volverse más fuerte.

-Oh! Despertaste?... Te sientes mejor?...- Me dio la impresión de que se había levantado de malas, lo cual no sucedía a menudo. No me respondió.
-Dónde estabas?- No sonaba adormilado.
-En el baño... no viste la nota?- Tomé el papelito de la mesa y se lo mostré. -No quería que te preocuparas si despertabas y no me veías...-
-Mmm... y los chicos?- No sé qué era, pero actuaba extraño. Frío. Y algo me hacía sentir que era contra mí. Qué había hecho para que se pusiera así conmigo?
-Supongo que en el camerino...-
-Iré a caminar...-
-Quieres que te acompañe?-
-No...- Sí. Algo tenía, eso era seguro. Ahora podía casi jurar que estaba enojado conmigo. Salió sin decir nada más y sin mirarme siquiera.

Acababa de tomarme la medicina cuando escuché mi celular sonando. Me quedé helado. Quien llamaba era Kame. Al final no me atreví a responder. No quería escuchar su voz. Sabía que al hacerlo rompería a llorar. Una parte de mí quería que volviera a llamar, como buscando un pretexto para tener que contestar, pero no sucedió. La pequeña habitación me pareció tan enorme, vacía y fría que estuve a punto de salir corriendo lejos de ahí. Lejos de todo.
-Estás bien?- Al escucharlo me sentí tan vulnerable que cuando menos pensé ya había corrido hacia él para abrazarme a su cuerpo con todas mis fuerzas. Deseaba poder fusionarme con él y poder sentirme protegido entre sus brazos por siempre. -Yamapi?- Me sentía estúpido llorando de ese modo pero no podía evitarlo. Aunque al principio no hizo nada, de a poco sentí que me respondía el abrazo. Una vez que me calmé, le conté lo que había pasado. Sacó su teléfono y marcó a alguien. -Oh! Kamenashi-kun, yo tengo el celular de Pi, vi que llamaste hace unos minutos, necesitas algo?- Me quedé inmóvil. Nunca imaginé que iba a llamarlo a él. -Ah, ya veo... Pues gracias. No creí que lo recordaras... Sí, este es mi número...- Sonaba educado pero cortante. -Sí, así que te pediré amablemente que no vuelvas a molestar a Pi, vale?- Y sin más, le colgó. -No te preocupes, no creo que vuelva a llamarte y si lo hace, o no le tomas la llamada o me pasas el cel y yo le contesto, ok?- En ningún momento dejó de abrazarme. Eso me calmó bastante.
-Gracias...- Alguien llamó a la puerta.
-Haremos una última prueba de sonido...- Era alguien del staff.
-Debo irme, quieres quedarte aquí un rato o vienes conmigo?-
-No quiero estar solo...-
-Ok, entonces lávate la cara y vamos...- Ahí estaba nuevamente esa sonrisa. Y era para mí.

-Y entonces?- Yasuda estaba sentado en la orilla de la tarima balanceando los pies de un lado a otro.
-Supongo que Ryo deberá decidir...- Agregaba Maruyama sin su habitual sonrisa.
-Que yo qué?-
-Uchi no vendrá...- Okura lo conocía y sabía que era mejor decírselo sin rodeos porque el tiempo apremiaba. Al escuchar aquello guardó silencio. Estaba preocupado, la forma en se tensaron sus hombros lo delataron al instante.
-Ok...- Mil opciones debieron cruzar por su cabeza en ese momento. Suspiró. Ya había decidido. -Yo cantaré... Tacchon, tú y Maru me harán coros en las canciones de tono alto. Cantarás los estribillos de las partes graves, ok? Yassu, puedes hacer la armonía de la segunda voz, lo dejo a tu criterio, canta las partes que quieras cuando quieras... Necesitaremos conectar y sonorizar cuatro micrófonos, de acuerdo?- Dijo dirigiéndose al ingeniero de audio que estaba en la cabina comprobando el sonido de los instrumentos. Diez minutos después ya estaba todo preparado y habían empezado con las pruebas de sonido. El resultado era increíble. Independientemente de cualquier cosa que hubiera pasado, se escuchaban mucho mejor que con Uchi.

-Ok, todo listo! Ya pueden irse a cambiar. Comenzamos en treinta minutos!- Regresamos al camerino. Sus vestuarios eran sencillos pero geniales. Cada uno de acuerdo al estilo personal de cada uno. Ver la ropa de Uchi colgada ahí me hizo sentir mal por él. Ryo-chan era muy responsable y comprometido con todo lo que hacía. Era seguro que después de esto, sacaría a Uchi de la banda por no haber estado ahí cuando era un paso importante y decisivo para su futuro y más porque ni siquiera había tenido la delicadeza de avisar.

Como siempre, se estrecharon las manos, luego Ryo-chan les dedicó algunas palabras, cosa extraña en él, bastante conmovedoras. Estaban listos para darlo todo sobre el escenario. Yokoyama y yo fuimos a sentarnos a la mesa que teníamos reservada cerca de la barra. Yo quería estar en primera fila con el público, pero Ryo-chan se opuso tajantemente, pues no quería que me lastimaran más la mano. Aún sentía ese extraño hueco entre el estómago y el pecho que se apoderó de mí después de que abrazara antes de subir al escenario.
-Quiero que lo lleves tú...- Me dio el guante que llevaba. -Así sentiré que eres mi mano derecha.- Se sonrojó al ver la boba sonrisa que se había dibujado en mi rostro. Estaba realmente feliz. Sabía lo que ese guantelete significaba para él. Siempre lo usaba durante sus presentaciones.
-Ryo-chan...-
-Además, así llamarás menos la atención. No debes destacar más que yo esta noche, entendiste?- Me reí.
-Ok, ok... lo entiendo. Hoy es tu noche. Hazlos tuyos!- Lo abracé. El público coreaba su nombre. Las luces azules prendían y apagaban conforme el dueño del lugar les indicaba a los fans que gritaran y alzaran las manos. Todos estaban en su posición detrás del telón negro que los ocultaba.
-Sé mi amuleto de la suerte esta noche...- Susurró en mi oído antes de separarse un poco para mirarme a los ojos y besarme. El mundo dio un giro de trescientos sesenta grados dentro de mi cabeza. Su sonrisa tímida y su silueta se alejaron de mis labios cuando escuchó que los presentaban y que los fans enloquecían al caer el telón.

No pude moverme hasta que terminó la primera canción y los gritos me regresaron a la realidad. Yokoyama me ofreció un vaso con agua fría en cuanto tomé asiento a su lado. Me miraba lleno de curiosidad con esa típica sonrisita tan sarcástica que ponía cuando entendía las cosas por su propia cuenta. No me dijo nada. Igual hubiera sido inútil porque no lo hubiera escuchado con todo ese ruido. Alguien llegó buscándolo, así que se disculpó con una inclinación de cabeza y se fue con el hombre bien vestido que le presentaba a otro chico cerca del bar. Estando libre de su mirada me llevé los dedos a los labios. Aún sentía la tibieza de los suyos sobre los míos. De pronto miré hacia el escenario y note que estaba mirando en dirección a donde yo estaba, pensé que no alcanzaría a verme realmente, pero en cuanto vio que mis ojos estaban sobre él, sonrió. A pesar de lo que aparentaba, era tan tierno e inocente como un niño. No sabía si podía verme tan bien como yo a él pero le devolví la sonrisa inmediatamente, ni siquiera tuve que pensarlo, tan sólo me descubrí a mí mismo haciéndolo antes de que me diera cuenta. Apenas habían transcurrido quince minutos de concierto y ya tenían a todos los asistentes saltando, gritando y cantando como si fueran uno. Me pregunté qué sentirían Ryo-chan y los chicos de ver y oír todo aquello si hasta yo tenía el corazón latiendo como loco.

Estaba tan emocionado disfrutando de su actuación, que ni siquiera me percaté de que ellos estaban ahí también, ni siquiera los vi cuando se aproximaron a donde yo estaba.
-Mira nada más a quién tenemos aquí... No sé por qué no me extraña en lo más mínimo...- Jin siempre era así. No por nada se había ganado el odio de muchas personas a lo largo de su vida, hacía y decía siempre ese tipo de cosas aunque en realidad no lo quisiera, se le había vuelto un mal hábito. Kame me miró sin decir nada, a pesar de todo, siempre era muy educado. Yo tampoco le respondí. Me limité a voltearme hacia otro lado. -No puede ser!... Me estás ignorando?... Me está ignorando!- Se paró justo frente a mí impidiendo que viera hacia el escenario. Habían encendido las luces al terminar esa canción, era momento del MC. Las chicas gritaban mientras cada uno se presentaba. -No te atrevas a ignorarme!... Seguirás sintiéndote tan valiente aunque ahorita no está tu querido Ryo para protegerte?- Le dediqué una fugaz mirada con todo el repudio que era capaz de sentir por alguien y luego miré hacia otro lado para dejarle en claro que me tenía sin cuidado lo que hiciera o dejara de hacer. Se echó a reír. Ya lo había visto tener ese tipo de reaccionar una infinidad de veces pero nunca pensé que yo fuera a estar del otro lado algún día. -Con que esas tenemos...- Se acercó a la mesa y se sentó en el lugar que antes ocupaba Yokoyama. -Sabes?... Fue precisamente por esa actitud tan pasiva que tienes que Kazu se hartó de ti y de tu forma tan ñoña de hacerle el amor...- Kame bajó la mirada. Lo cual significaba que lo que decía Jin no era más que la pura verdad. -Ay, Pi... te lo digo porque eres mi amigo desde hace años. Debes hacer algo con tu estúpida y anticuada forma de ser... De ese modo no lograrás conseguirte ni siquiera una novia...- Las cosas que decía me tenían sin cuidado, su actitud era la que me molestaba y el silencio de Kame y la forma en que me miraba, me dolían aún más que cuando los encontré en el departamento de Kame. Seguía haciéndome el fuerte, mostrándome indiferente, pero la verdad es que ya no sabía cuánto más podría soportarlo. Ryo-chan se reía a lo lejos de algo que había dicho Yasuda. Traté de verlo a través de Jin, imaginarlo ahí de pie con los brazos cruzados sobre el pecho como a menudo hacía, mirando con esa sonrisa casi diabólica a los chicos pensando en qué responderles. Aquella imagen me calmaba un poco. Ya ni siquiera oía lo que decía mi ex mejor amigo. Ya ni siquiera lo notaba mirándome con lastima mientras seguía moviendo los labios. Sólo pensaba en Ryo-chan. -Me estás ignorando?- Sujetó bruscamente mi rostro y me obligó a mirarlo. Sabía que esa risita de satisfacción se debía a la mezcla de miedo y odio con que yo lo miraba y que no había logrado disimular. Aparté su mano con mi mano izquierda. Kame se acercó hasta quedar junto a Jin.
-Ya vámonos...- Los dos sabíamos cómo se ponía Jin cuando se enojaba. Más que preocuparse por mí y lo que me pudiera hacer, le preocupaba lo que pudiera sucederle a su amado novio si algo ocurría ahí. Por eso trataba de alejarlo de mí.
-No molestes, Kazu... ¿Acaso te preocupa que le haga algo?- Lo decía de forma sarcástica, pero era obvio que la sola posibilidad de que fuera cierto, le hacía hervir la sangre.
-No.- El hecho de que tardara tanto antes de responderle lo había herido más que un "sí". Así era Jin, tenía un orgullo tan frágil aún a pesar de lo enorme que era.
-Ya veo...-
-Ya vámonos, sí?... No soporto verlo... Eso es todo...- Jin no le quitaba los ojos de encima. Kame ni siquiera me miró. En verdad sentía aquello. No estaba preparado para escucharlo decir algo así. Conocía a Kame de toda la vida y sabía cuándo me odiaba y lo que las palabras que acaba de pronunciar significaban en realidad. Me levanté y eché a andar hacia la barra. Necesitaba algo fuerte.
-¿A dónde crees que vas? Todavía no termino contigo...- Se levantó detrás de mí y al ver que me alejaba uno o dos pasos por delante de él, se estiró y me aferró del brazo izquierdo. Me zafé de inmediato. Ni yo sabía que tenía tanta fuerza, así que entendí el por qué de que me mirara de ese modo.
-No quiero seguirte escuchando...- Lo miré directo a los ojos de modo amenazante. Creí que eso sería suficiente para que me dejara en paz de una buena vez. Me equivoqué.
-¿Y crees que me importa lo que quieras?- El número de personas que nos miraban aumentó una vez que nos levantamos de la mesa. Noté que Kame nos miraba suplicando que nos detuviéramos, parecía bastante incómodo al atraer de ese modo las miradas de tantas personas. Eso de dar espectáculos públicos no era lo nuestro.
-Jin, ya vámonos. Nos están mirando...- Sujetó con delicadeza su brazo.
-Tú no te metas!- Lo apartó de un empujón. Kame lo miraba boquiabierto, incapaz de creer que lo había apartado de esa manera. Aquello me molestó y al mismo tiempo me alegró. No me metería a menos que fuese a lastimarlo. Kame lo había elegido a él aún a pesar de que sabía cuán voluble e impulsivo era a veces. Me di media vuelta para alejarme aprovechando la distracción que me había creado Kame. Fue inútil. -Todavía tengo algo que decirte, Yamapi...- Esta vez lo que apresó entre sus dedos fue mi mano derecha. El dolor fue insoportable. Fue inevitable que se me escapara un grito semi ahogado que no alcancé a reprimir. Busqué desesperadamente a alguien conocido con la mirada para pedir ayuda, pero ni siquiera logré ver a Yokoyama. Traté de zafarme, pero sólo conseguí que me atenazara con más fuerza. Sujeté su muñeca tratando en vano de aflojar su mano. Caí de rodillas. Sentí como el vendaje y el guantelete se humedecían. Cerré los ojos. Los rostros y las luces giraban a gran velocidad haciendo que me mareara.
-¡¿Qué demonios haces?! ¡Suéltalo!- Ryo. Era su voz. Podía saberlo aún por encima de los gritos que escuchaba a mi alrededor. Se oía furioso.
-No te metas, Ryo! No tienes nada que ver aquí!- Todos miraban hacia dónde estábamos. No era para menos después de haber visto a Ryo-chan saltar del escenario y abrirse paso entre los fans para llegar hasta ahí y sujetar a Jin por la espalda para que me soltara. De pronto se hizo un incómodo silencio.
-Claro que me meto! Suéltalo!- Su brazo presionaba a Jin por el cuello contra su pecho pero Jin no me soltaba, por el contrario, apretaba más mi mano haciéndome gritar. Desesperado, Ryo-chan dio un paso atrás para quitarle el aire. -Déjalo!-
-Nishikido-kun, basta!- Kame trataba de quitárselo de encima.
-Akanishi-san! Ya fue suficiente! Informaré de esto a tu agencia y lo haré público de ser necesario a través de los medios.- Por primera vez vi a Yokoyama enojado. Hasta donde sabía, no se llevaba nada bien con el manager de Jin debido a problemas que habían tenido en el pasado después de ser buenos amigos durante toda su carrera.
-Jin, deja ya a Yamashita, no quiero que te hagan daño por su culpa...- Kame sonaba desesperado, pero esta vez mentía, la verdad era que estaba asustado por verme sufrir y gritar de ese modo y por ver cómo estaban todos contra Jin.
-Akanishi-san, suelta a Yamashita. No creo que le venga bien a tu imagen un arresto. No me obligues a llamar a la policía.- Okura le hablaba tan amablemente que hasta daba miedo ver su mirada amenazadora acompañando esa dulce sonrisa. Incluso Maruyama y Yasuda que estaban detrás de él miraban a Jin con cara de pocos amigos. Los empleados del lugar estaban esperando órdenes para dejársele ir.
-Okura-san, no llames a la policía, por favor... Su contrato ya pende de un hilo, si lo haces puede que hasta se lo revoquen...- Al ver a Kame en ese estado, suplicando por él, Jin por fin me soltó. Okura y Yasuda se apresuraron para ayudarme a levantar.
-Si vuelves a ponerle una mano encima, me las vas a pagar, Jin, entendiste?- La forma en que le dijo cada palabra, hizo que a todos se nos pusiera la piel de gallina. -¡¿Entendiste?!-
-Sí!- No fue sino hasta que le respondió fuerte y claro que Ryo-chan lo soltó. Kame se apresuró a abrazarlo para cerciorarse de que estaba bien, pero yo sabía que más bien era él quien necesitaba que lo abrazaran y lo consolaran porque el pobre temblaba de pies a cabeza.
-Jin, estás bien?... Estás sangrando!-
-Eh?, no yo estoy bien...- Jin se miró la mano antes de voltear a verme a mí. Ryo-chan me abrazó sujetando con cuidado mi mano sobre la suya y me condujo de regreso al camerino. Yokoyama venía detrás de nosotros. Podía escuchar nuevamente a Yasuda y Maruyama bromeando con el público y disculpándose por lo sucedido culpando al "exceso de alcohol" por las impertinencias del alborotador.
-Será mejor que te llevemos al hospital...-
-De acuerdo... pero con una condición...-
-Eh? Cuál?-
-Debes volver al escenario y continuar con el concierto..-
-Yamapi...-
-Si no lo haces, no iré al hospital...-
-Pero...-
-Pero nada!-
-Yo estaré con él y volveremos lo más pronto posible.-
-Gracias, Yoko...-
-Estaré aquí para antes del encore, así que da lo mejor, sí?-
-Lo prometo...- Corrió de regreso al escenario. Yokoyama y yo salimos por la parte trasera donde ya estaba esperando el valet con su auto, así que partimos enseguida.

Lo cierto es que nos tardamos más de lo que yo esperaba, mi mano había resultado bastante lastimada debido al desgarre provocado cuando se abrieron las puntadas, pero estaría bien y aún así volvimos antes de la parte final del concierto. Viendo esa enorme sonrisa en su rostro, fue fácil saber que todo el tiempo había estado esperando a que regresara. Cosa que no me extrañó en lo más mínimo, era un preocupón sin remedio. Supuse que alcanzaría a verme, así que agité la mano a modo de saludo. Enfatizó una frase mientras cantaba, así que supe que había sido un mensaje para mí. Me sentí feliz.
-¿Quieres ir al camerino o volver a la mesa?- La voz de Yokoyama me sacó de mi estado de ensoñación.
-No, quiero estar aquí un rato más. Muchas gracias por todo...-
-¿Quieres que me quede contigo?-
-No, no es necesario. Ya te he causado demasiados problemas para un sólo día... además  debes de tener otras cosas que hacer...- Eso lo sabía de sobra. Toda la noche había estado de un lado para otro hablando con patrocinadores y publicistas.
-Ok. Cualquier cosa llámame, de acuerdo?... Aunque dudo mucho que sigan por aquí...- Me dio una palmadita en el hombro acompañada de una sonrisa amable y luego fue hacia la barra, donde un par de caballeros con trajes de marca lo recibieron calurosamente. Reconocí a dos de ellos. Uno, el de cabello largo que usaba traje negro, era Subaru Shibutani, dueño de la firma discográfica con la que grabarían su disco Ryo-chan y los chicos. El otro, de cabello corto y saco gris, era Murakami Shingo, productor de espectáculos musicales de una importante televisora. No cabía duda. A la banda le esperaba un futuro brillante.

Disfruté el resto del concierto desde mi propia primera fila. En el lugar VIP donde él cantaba sólo para mí. Estando entre los demás fans no hubiera tenido todo eso. Al terminar la que anunciaban como la penúltima canción, Ryo-chan les pidió a todos que guardaran silencio. Cosa que por supuesto hicieron después de callar sus histéricos gritos al ver que se acercaba a la orilla de la tarima.
-Esta última canción está dedicada para alguien muy especial...- Decía con una dulce sonrisa mientras se inclinaba hacia el frente como si contase un secreto. Todas comenzaron a gritar al verlo señalar en varias direcciones, terminando justo en donde yo estaba. -...alguien que siempre ha sido como una estrella brillando en mi cielo y haciendo mis deseos realidad...- Las fans, incluso las que no eran precisamente sus fans, gritaban locamente por la emoción. -Esta canción es para ti... mi amuleto de la suerte...- No pude escuchar los primeros acordes de la canción debido a la histeria colectiva, pero poco a poco los gritos desaparecieron. Esa canción no estaba en el repertorio de las que habían ensayado para el concierto. Sin embargo la conocía. Hacía algunos meses que Ryo-chan la había terminado. Era esa cancioncita que se la pasaba tarareando por toda la casa. Sentía que iba a romper en llanto al escuchar cada palabra que contaba aquella historia. No podía creer que hubiera escrito esa canción para mí.

Sí. Todo este tiempo me había tratado de convencer a mí mismo de que lo que sentía por él era sólo amistad y admiración. Pero ahora, viendo su sonrisa mientras cantaba para mí, ya no podía seguir engañándome. En algún punto de esta historia, me había terminado enamorando de mi mejor amigo. Sí. Estaba profunda e irremediablemente enamorado del chico de ojos melancólicos y sonrisa traviesa que toda la vida había estado a mi lado sonriendo, llorando y cometiendo estupideces conmigo, del mismo  que se burlaba de mí y de todo lo que se le antojaba. Y pese a que nunca creí poder amar a alguien después del que había sido mi primer amor, ahora me sentía completa y tontamente enamorado de Ryo. Ya no tenía excusas. Los miedos habían desaparecido. Ahora caminaba hacia el camerino, aguardaría ahí por él.

No importando cuánto pudiera tardar, me quedaría esperando por él. Esperando por otra oportunidad de ser feliz… a su lado.

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