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Perfect Choice (Arashi)



Título: Perfect Choice
Autor: Lilith 
Pairing: ARASHI + OC
Fandom: JE's
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai  / Escolar / Angs / Romance / Comedia / AU
15/07/13


To: Neny, que hoy es su cumple y me encanta cómo se tripea con los Bebos Tormentosos, sobre todo cuando hay descamisadas y sacudidas de por medio XD Otanjoubi Omedetou, senpai! ^^
N/A: Tawsuna-sensei, gracias por sus consejos para editar y hacer más entendible esta loca historia Atormentada ^w^b 




-¿Estás seguro de lo que vas a hacer, Jun?- No es que el aludido fuera una persona imprudente o indecisa, sino todo lo contrario, y esa era la principal razón por la que lo miraba de ese modo mientras se ponía los zapatos para irse del departamento.
-Sí... Tan seguro como que tú mismo deberías hacer algo con tus propios sentimientos, Sho.- Fue su tajante respuesta antes de cerrar la puerta al salir. Atónito. Era la única forma de describir cómo se había quedado plantado a medio recibidor mirando la nada que había dejado su amigo al irse. ¿Es que acaso Jun se había vuelto loco? ¿En verdad estaba pensando en ir y declarar los sentimientos que había guardado durante tantos años dentro de su corazón? ¿Así, de buenas a primeras? Sho siempre lo había sabido. Durante años había sido su confidente. Y es que no era como si uno pudiera simplemente ir por la vida gritándole a los cuatro vientos que le gustaban las personas de su mismo sexo y menos dentro de una sociedad tan mojigata como la suya; así que después de un intento poco fructífero por salir juntos durante su adolescencia, al final no había funcionado y terminaron como los mejores amigos y así había sido durante los últimos quince años de sus vidas. Tiempo suficiente para llegar a conocer profundamente a ese chico del que se enamorara a primera vista durante su primer día de escuela en Tokio. Sí, Sho definitivamente tenía que hacer algo con respecto a sus propios sentimientos, pero no por la razón por la que pensaba su mejor amigo, pues el agudo dolor en su pecho no se debía a problemas del corazón por esa otra persona que no estaba enterada de sus sentimientos, como Jun suponía.
Cinco segundos. Eso fue lo que duró su primer encuentro con Matsumoto Jun durante la Ceremonia de Apertura de su segundo año como alumno de preparatoria en el Horikoshi. Cinco segundos y fue suficiente para que sus sentimientos de ese entonces perduraran durante todo este tiempo. Sí, no podría negarlo, aún seguía perdidamente enamorado de su mejor amigo. Y el paso de los años no había hecho sino volver sus sentimientos más fuertes y dolorosos.

Todo había comenzado con ese beso accidental durante el Festival Escolar que los había hecho reír estúpidamente después de un silencio extraño mientras se miraban fijamente a los ojos con cara de espanto. Jun jamás tendría por qué saberlo, pero ese beso había sido suficiente para que el corazón de Sakurai Sho descubriera la respuesta a todas las preguntas que últimamente no hacían sino robarle el sueño. Sho tampoco tendría por qué saberlo, pero ese beso había sido cualquier cosa excepto un accidente pues Matsumoto Jun tenía semanas planeando el modo perfecto para acercarse a su superior y que lo mirara del modo que él quería. Y así, entre encuentros inocentes que dejaban un ligero sabor a culpa en sus labios aún a pesar de las sonrisas y juegos un poco menos inocentes que disparaban los latidos de sus corazones, los dos descubrieron lo que significaba el primer amor.

Una idílica relación que acabó con la llegada a sus vidas de dos chicos: Aiba Masaki y Ninomiya Kazunari.

El primero, un sonriente y optimista alumno transferido desde Chiba que era ingenuamente peligroso y que siempre estaba rondando a Sho porque decía que estaban predestinados a conocerse y en su afán por volverse amigos, propició muchos encuentros cercanos del tercer tipo con su compañero de clases, cosa que cada vez ponía más de los nervios a su novio, y eso ya era mucho decir tomando en cuenta que Jun no era del tipo celoso. El segundo, un tímido e introvertido chico de Edogawa con una lengua mordaz que había sido transferido por problemas familiares y que ahora era compañero de Jun, quien, como delegado de la clase tenía que ayudarlo a adaptarse a su nueva escuela pero solo obtenía rechazos de parte del chico nuevo, quien de a poco se le volvió una misteriosa obsesión qué descifrar, cosa que no pasó desapercibida a ojos de Sho, que cada vez veía menos a Jun y pasaba menos tiempo con él y más con Aiba, quien curiosamente resultó ser una persona bastante agradable y divertida una vez que supo encausar su exceso de energía.
Y así, poco a poco y sin que ninguno de los dos se diera cuenta, un año más llegó a su fin y con el cambio de estación, sus vidas también cambiaron. Sho y Aiba se graduaron del instituto y fueron admitidos en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Keio y en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Josai respectivamente. ¿La gota que derramó el vaso? No, no fue el hecho de que al ya no estar en la misma escuela se fueran a ver menos, tampoco el que Jun estaría metido de lleno en sus estudios para su examen de admisión a la Geidai y que tendría poco tiempo libre, sino que Sho y Aiba habían decidido irse a vivir juntos y eso había sobrepasado los límites de la paciencia de Jun, porque todos sabían que Masaki Aiba estaba extrañamente enamorado de Sakurai Sho, solo que al parecer, el chico de Chiba  no se había dado cuenta de lo que sentía por su mejor amigo, del mismo modo en que Jun pensaba que tampoco Sho estaba enterado sobre lo que sentía por Aiba, porque para él estaba más que claro que su novio sentía algo mucho más profundo por su amigo de lo que jamás sentiría por él siendo su pareja. Fue así como enero trajo consigo la primer ruptura de sus vidas amorosas, la cual no había sabido tan amarga como hubieran imaginado porque todo fue tan tranquilo que ni siquiera se había sentido como una despedida y después de todo lo que había pasado, no quedaba mucho de esa relación por salvar, así que habían decidido que al menos podrían salvar su amistad.


Muchos encuentros y despedidas tomaron lugar en sus vidas conforme el paisaje cambiaba de color y aumentaba la cantidad de velas en sus pasteles de cumpleaños, pero a pesar de todo, Sho estaba convencido de que seguía siendo la persona correcta para Jun. Sin importar de quién se tratara la siguiente vez, al final siempre sería lo mismo: Jun decepcionado y Sho a su lado. O al menos eso fue lo que Sho pensó hasta que en un frío otoño, poco después del cumpleaños número veintiuno de Jun, apareció en sus vidas Ohno Satoshi, un chico callado y taciturno que también estudiaba en la Geidai y a quien Jun había conocido en un café cercano a la Universidad; lugar a donde había ido para tomar fotografías de la exquisita exposición de obra plástica que le había recomendado Yokoyama, uno de sus superiores que ya se había graduado de la carrera y ahora estudiaba la maestría, el artista al parecer era un buen amigo suyo además de un respetado senpai. Hablaron durante horas sobre las pinturas que colgaban de las paredes sin saber que frente a él, tenía nada más y nada menos que al autor, quien daba pequeños sorbos a su taza de café con demasiada azúcar, escuchándolo atentamente con esa ligera sonrisa en su apacible rostro. Esa fue la primera vez que Sho supo que su lugar en el corazón de Jun no era el que había pensado que ocupaba y el golpe de enfrentar la realidad fue duro. Muy duro.

El "chico del café" fue su tema de conversación por semanas y luego el tema de sus largas conversaciones fue Ohno Satoshi. Sí, Jun seguía viendo y hablando del chico del café.

Al principio, Sho creyó que sería bueno que conociera a otras personas y que dejara de pensar en Nino, quien sin ser consciente de lo que Jun pensaba o sentía por él, se había ido a América con una beca para estudiar mecatrónica un año después de que ingresara a la Todai. Pero ahora que aquel inocente deseo parecía estarse haciendo realidad, la verdad es que no le gustaba. No le gustaba en absoluto. Incluso Aiba notaba su mal humor; su tristeza y sus excesos de preocupación lo asfixiaban, sabía que hacía mal, pero inevitablemente terminaba desquitando sus frustraciones con el pobre chico de sonrisas dulces que solo quería animarlo. No era justo, así que empezó a pasar más tiempo en la biblioteca y menos tiempo en su departamento. Al cabo de unas semanas así, inclusive Jun empezó a buscarlo preocupado por su inusual comportamiento. Como resultado, había tenido que aprender a disfrazar sus tristezas con sonrisas y sus enojos con risas para ser capaz de convivir con Ohno. Concluyendo que su amor por su mejor amigo lo volvía un idiota sin remedio, porque no había otro modo de explicar que su rival de amores hubiera terminado cayéndole tan bien y que incluso se hubieran vuelto amigos muy cercanos.


Sho supo con seguridad que las cosas con Ohno no habían funcionado, como se había imaginado desde hacía tiempo, cuando un nuevo nombre se volvió el único tema de conversación de Jun al llegar el invierno de sus veinticinco: Ikuta Toma. Un chico un año menor que él al cual había conocido justamente gracias a Ohno y que era estudiante de una prestigiosa academia de teatro y danza. Y si las cosas con Ohno no le gustaban para nada, las cosas con Ikuta las odiaba por completo y todo fue peor después de conocerlo. El chico era un gran sujeto. Debía serlo para que Jun se fijase en él por principio de cuentas, pero en serio era un gran sujeto: agradable, inteligente, creativo, sencillo, centrado, todo ese tipo de atributos por los que Jun se sentía altamente atraído. Y por si eso no fuera suficiente, Sho se dio cuenta de que había perdido la batalla cuando vio ese brillo ilusionado en los ojos de su mejor amigo cada que miraba al joven actor. Ese mismo brillo adictivo y enternecedor con que lo mirase a él tantos años atrás cuando su corazó le pertenecía. Fue difícil aceptarlo, pero Aiba fue un gran consuelo en esos momentos, incluso Ohno le ayudó a superar el mal trago de ver a la persona que amaba amando a alguien más. Cosa de la que nadie sabía excepto él propio Sho, porque hacía mucho que se había jurado que si algún día se lo confesaba a alguien, sería solamente al mismo Jun. Y fue precisamente en ese entonces, cuando tanto tiempo pasó cerca de Aiba, que Jun se convenció firmemente de que a Sho le gustaba de verdad el chico e incluso empezó a intervenir como Celestino y Sho podía jurar por su vida que sí trató con todas sus fuerzas de enamorarse de su compañero de casa, pero lo que sentía por su mejor amigo era demasiado grande para que cualquier otro sentimiento pudiera reemplazarlo de buenas a primeras. En cambio Jun, parecía que jamás hubiera amado a nadie más antes como en ese momento. Por una parte Sho se sentía aliviado de ver que había dejado a Nino como un recuerdo agridulce de su juventud, pero al mismo tiempo se sentía decepcionado de comprobar que él mismo formaba parte de esas memorias del ayer.


Pero como a menudo sucede, cuando mejor crees que van las cosas y que tu vida es perfecta siendo color de rosa, las nubes negras cubren el cielo y te impiden ver la luz del sol. Y Matsumoto Jun podía dar firme testimonio de eso porque cuando por fin pensó que había encontrado a su persona ideal y estaba dispuesto a confesar sus sentimientos por segunda vez en su vida, su mundo, como lo había conocido durante veintiocho años, colapsó.
-¿Ninomiya-kun?...- Lo había visto avanzar, con ese derrochador caminar que siempre le había gustado en él cuando quería verse cool, a través de la puerta doble de cristal de la cafetería donde esperaba a sus amigos para festejar el final de la obra de Ikuta y la nueva exposición de Ohno. El aludido lo miró sin verlo realmente al pasar, llevaba puestos los audífonos y si sus costumbres seguían siendo las mismas, seguramente los llevaba a todo volumen. Jun no pudo sino seguir cada uno de sus movimientos con la mirada, su voz era la misma: cálida y cantarina, sus delgados labios seguían curvándose del mismo modo al sonreír, sus ojos mantenían el mismo brillo inocente y travieso de antaño. Podrían haber pasado casi diez años desde la última vez que lo vio pero Ninomiya Kazunari seguía siendo el mismo mocoso misterioso e interesante de siempre que le hacía perder la cabeza con solo tenerlo cerca. Lo vio girarse guardando la cartera en el bolsillo trasero de su pantalón de mezclilla gris deslavado y sujetando con fuerza el vaso de café con la mano libre. Incluso sus gustos continuaban siendo los mismos: caramel macchiato con doble caramelo. Inevitablemente los labios rojos de Jun dibujaron una ligera sonrisa al percatarse de ese detalle; y es que jamás podría olvidar el día en que le invitó un café por primera vez, Nino le había sonreído y no había sido una sonrisa por mera cortesía, le había regalado la más deslumbrante de las sonrisas que poseía, era la primera vez que probaba aquella bebida y le había encantado.
-¿Jun?- Escucharlo llamarlo por su nombre lo sacó de su mundo de ensoñaciones pasadas. -¡Cuánto tiempo!...- Se acercó a Jun ampliando poco a poco una gran sonrisa con sus ojos castaños clavados sobre los del menor.
-Hola... ¿Cómo estás? ¿Cuándo volviste?- A Jun le costó una fracción de segundo, que le supo eterna, recuperar la compostura, pero de inmediato Nino tuvo enfrente de nueva cuenta a su  ex-delegado de clase, el chico maduro y carismático con un atractivo envidiable y esa sonrisa de infarto que tantos corazones había conquistado durante sus días de instituto.
-Llegué anoche. Quise volver tan pronto como terminó la ceremonia de titulación...- Nino miró al chico sentado frente a él: pantalón formal negro, camisa blanca, chaleco negro con detalles satinados, corbata morada con ribetes plateados, un saco caro y una bufanda bastante elegante en líneas moradas y grises descansaban en el respaldo de la silla a su lado junto a un bolso de piel negro de marca y un estuche de cámara profesional, impecable y a la moda como siempre, sonrió satisfecho al ver vacío su dedo anular mientras sostenía su taza de café con ambas manos. -...aún sigo un poco atontado por culpa del jet lag...- Admitió un poco apenado consciente de sus propias ojeras bajo la montura de pasta gruesa de sus anteojos y rascándose suavemente la oreja.Un gesto que Jun tenía perfectamente identificado como de nervios y timidez.
-¡Genial! Eso significa que ya eres todo un ingeniero, no?- Jun dio un sorbo a su bebida, sus ojos atentos a cada milímetro de ese rostro infantil que lo miraba con curiosidad.
-Así es, Ingeniero en mecatrónica con maestría en robótica e inteligencia artificial.- Anunció con una triunfal sonrisa llena de orgullo.
-¿Maestría?- Fue imposible que Jun disimulara su sorpresa.
-Uhn...- Asintió con sobrada seguridad. -...aunque no lo creas, no fui ahí a perder el tiempo en fiestas llenas de drogas, rubias de curvas explosivas y cerveza de barril.- El sarcasmo siempre había sido lo suyo y esta vez le arrancó una breve carcajada a Jun, quien había tratado en vano, de imaginarlo en onda spring-breaker; simplemente le parecía una idea demasiado ridícula que no pegaba en lo más mínimo con Ninomiya. Ni siquiera era del tipo al que le gustaban las multitudes y era tan perezoso que no le interesaba socializar porque eso implicaba salir de su cama. -¿Te estás riendo de mí?- No lo decía molesto, Nino también se estaba riendo.
-No, no, es que tú...-
-Aunque no lo creas, era la sensación entre las chicas de mi Universidad...- Esa maldita sonrisa pícara hizo que algo que siempre creyó que no poseía se despertara en su interior: celos. Por primera vez en su vida, Matsumoto Jun estaba celoso -...si te contara todas las veces qu...-
-¡Nino-chan!- Su frase quedó en el aire y Jun lo agradeció en sobremanera, pues en ese momento llegó Aiba corriendo a abrazar al viejo amigo que hacía años que no veía. Sho se había quedado petrificado y boquiabierto un par de pasos por detrás, pasando casi con histeria sus ojos de Jun a Nino. -¡Waaa! ¡No puedo creer que estés aquí! ¿Cuándo llegaste? ¿Cuánto tiempo te quedarás?- Aquella duda golpeó con fuerza los corazones de los dos chicos que los miraban fijamente y en silencio esperando escuchar la respuesta. Los dos con la misma intriga en mente aunque por motivos completamente diferentes.
-No lo sé... Si encuentro un buen motivo para quedarme, lo haré...- La forma en que Nino había mirado a Jun mientras decía eso último lo había hecho ruborizar al escucharlo. Detalle que no le pasó desapercibido a Sho, quien sentía que se le iba a detener el corazón de un momento a otro. ¿Dónde demonios estaba Ikuta cuando se le necesitaba? Sí, prefería mil veces verlo con el menor que con su ex-compañero de clase.
-¡No! ¡Tienes que quedarte en Japón! Te fuiste mucho tiempo, hay muchas cosas de las que ponernos al día.- Le sonrió con ternura, del modo en que siempre le sonreía a Aiba, y es que el chico inspiraba ese tipo de sentimientos aunque no se tuviera la intención, incluso Ohno, que era más bien del tipo inexpresivo, sonreía y le daba muestras de afecto al chico de la eterna sonrisa adorable.
-Lo pensaré... Hola, Sho.- Entonces se giró de medio lado y reparó en esa otra presencia que sentía que lo taladraba con la mirada por la espalda. Y es que a pesar de que su senpai le caía muy bien, al parecer el sentimiento seguía sin ser recíproco. Y no era para menos, Nino no era tonto, sabía perfectamente que al mayor le gustaba Jun desde que estaban en la escuela y casi podía jurar que habían tenido algo durante aquel tiempo. Sho se limitó a asentir a modo de saludo. Iba a decirle algo, pero las palabras se le desvanecieron al momento de ver la expresión de Jun: incredulidad. Siguió la dirección en la que miraban sus ojos y vio a través del cristal de la ventana a Ikuta que le acomodaba, de un modo demasiado íntimo para su gusto, el cuello de la camisa al chico con el que venía, mismo al que ya habían visto con él en un par de ocasiones dentro y fuera del teatro: Yamashita Tomohisa, uno de sus kouhai en la compañía de danza en la que trabajaba y que además era su compañero de piso. De algún modo le dio la impresión de que Jun había dejado de respirar por un momento, pero esa extraña mueca de medio lado que habían dibujado sus labios al bajar la mirada al piso, le dejó en claro que seguía haciéndolo.
-¡Perdón por el retraso!- Habían tardado un par de minutos en entrar después de que los perdieran de vista cuando caminaron hacia la puerta de entrada.
-Oh, vaya... Creo que es momento de que yo siga mi camino.- Nino, que no hacía ni tres minutos que se había sentado, arrastrado por Aiba y su enorme curiosidad por la comida norteamericana, volvió a levantarse al ver que aquello no era un encuentro casual sino una reunión planeada en la cual él estaba claramente sobrado.
-Supongo...- Fue lo único que Sho pudo decir antes de que Jun se pusiera de pie también con una extraña expresión en los ojos que ni a Sho ni a Nino les pasó desapercibida, aunque uno supo descifrarla a la perfección mientras el otro creó mil teorías posibles dentro de su cabeza.
-No, está bien, Kazunari, quédate...- Era la primera vez que Jun lo llamaba de ese modo y no pudo disimular su sorpresa. -...esta es una reunión entre amigos. Hacía mucho que no te veíamos, acabas de volver y creo que nos vendría bien ponernos al día. No creo que haya sido una coincidencia que nos encontráramos aquí de este modo...- Sus labios sonreían pero sus ojos contaban una historia muy diferente, misma que solo una persona fue capaz de leer.
-Sí, Nino-chan, quédate. Tengo muchas preguntas que hacerte...- Aiba ponía esa carita a la que ninguno de los tres había podido negarse hasta ahora.
-No lo sé... No quiero ser una molestia.- Pasó la vista de Sho a los recién llegados y luego a Jun y a Aiba.
-Claro que no eres una molestia. Tomo-chan está aquí como amigo de Toma, tú estarás aquí como mi amigo, ok?- Aiba sonreía como si su razonamiento fuera la clave de la vida.
-Ok, ok...- Al final cedió. Más que por los pucheritos de Aiba, por esa extraña expresión en los ojos de Jun que en cierto modo le gritaban "no te vayas".
-¡Ah! ¡Oh-chan! ¡Llegaste!- Aiba se levantó y fue a recibir al mayor de todos entre sonrisas y abrazos para llevarlo hasta la mesa.
-Hola...- Como siempre, las palabras no eran su fuerte. Pero de inmediato captó la telaraña que se desarrollaba a su alrededor y sonrió con ironía. La nueva pieza sobre el tablero era un giro que jamás hubiera predicho en la partida.

Pese a cualquier cosa, había sido una velada muy amena. Para sorpresa de Jun, Sho y Aiba, Nino ya no era el chico introvertido de antes y había hecho buenas migas de inmediato con todos los nuevos amigos de sus viejos amigos. Sin duda la cultura de occidente había tenido una buena influencia en él. Para fortuna o infortunio de Jun, con quien mejor se había llevado era justamente con Ikuta; al parecer la afición de Nino por las películas se había incrementado considerablemente desde los días de escuela y ahora incluso disfrutaba del cine independiente y se había vuelto un gran crítico, detalle que había sorprendido también a Jun, ya que ese seguía siendo, junto con la lectura y la fotografía, uno de sus pasatiempos favoritos. Sin duda era agradable ver cuánto había crecido Nino durante los años que no habían estado en contacto.


Y las semanas se volvieron meses y mientras para algunos era felicidad absoluta, para otros era una horrible pesadilla de la cual rogaban por despertar.
-Deberías hacer algo con tus sentimientos, Sho...- Había dicho Nino apenas Jun y Aiba se hubieran levantado de la mesa para ir al baño. El aludido perforaba inmisericorde a su interlocutor con la mirada.
-No creo que seas quién para hablar sobre mis sentimientos...- Una fría respuesta mientras apuraba de un trago lo que quedaba de su bebida.
-Tienes razón... Después de todo, tú y yo no somos más que viejos compañeros de escuela, no es así? Pero Macchan y J sí son tus amigos, y a este paso vas a terminar perdiéndolos a ambos.- Soltó aquello como si conversara sobre el clima y ni siquiera se molestó en quitar la vista de la fresa que rodaba de lado a lado de su plato con el pequeño tenedor, no porque no le gustara sino porque se la estaba guardando al chico que amaba comerlas incluso más que él.
-¿A qué te refieres?- Sus miradas reflejaban sentimientos completamente diferentes cuando se encontraron. ¿Acaso Jun o Aiba le habían comentado algo que él no sabía? No, Aiba no le guardaba secretos prácticamente a nadie, y mucho menos a él. En ese caso... ¿Jun? Su corazón le dio un vuelco. De nuevo se hacía presente ese mal presentimiento. Y es que últimamente sentía que Jun se alejaba cada vez más de él. A Sho seguía pareciéndole extraño que aún después de tanto tiempo, Jun no hubiera conversado con él sobre lo que pasara aquella tarde en el café con Ikuta porque siempre le contaba todo. Pero no, simplemente Jun había hecho como si no hubiera pasado nada, y no fue que hubiera ignorado la actitud de Ikuta con su kouhai sino que hizo como si jamás hubiera visto a Ikuta con otros ojos; sencillamente a Sho le pareció que Jun había decidido arrancarse de raíz lo que había llegado a sentir por Ikuta en el preciso instante en que lo vio tan devoto a Yamashita aquel día. Tal vez lo hiciera solo para auto protegerse de la herida, pero eso no era para nada el estilo de Jun y mucho menos eso que hasta la fecha hacía, de usar a Nino para poner celoso a Ikuta; como si con eso lograra un poco de venganza por haberse enterado, demasiado tarde, de que esos dos tenían una relación desde hacía un par de años. Simplemente Sho había empezado a no entender lo que Jun hacía, últimamente ya no hablaban tanto y Jun parecía estar siempre demasiado inmerso en sus pensamientos cuando estaban a solas como para que Sho se sintiera con derecho a preguntar.
-A que es MUY obvio que sigues sintiendo algo por J y aunque Macchan sea muy tonto para darse cuenta de que ustedes ya tuvieron algo, no es tan bobo como para no notar cómo te comportas con Jun cuando yo estoy cerca... A este paso, seguro ata cabos y se hará a un lado pensando en tu felicidad... sin saber que sería algo inútil porque no hay modo de que Jun vuelva a verte como una opción. Has alcanzado el punto de ser casi su hermano, eres su único mejor amigo, Jun jamás hará nada para cambiar eso porque eres alguien a quien definitivamente no quiere perder... Pero si no haces algo con lo que sientes por Jun, vas a perder a Masaki y cuando Jun se dé cuenta de que sigues sintiendo algo por él y que por eso Macchan se ha alejado de ti y de él, se va a sentir culpable y de seguro también ponga distancia de por medio por tu propio bien.- Soltó todo aquello de un modo tan simple que golpeó a Sho directamente en la nuca. Nino tenía razón. Sho los conocía mucho mejor que Nino, ¿por qué nunca vio las cosas de ese modo? Nuevamente se sentía idiota por dejar que sus sentimientos nublaran a ese grado sus pensamientos. Estaba molesto. No por el hecho de no haberse dado cuenta antes, sino de que hubiera sido precisamente Nino, de entre todas las personas, quien le hiciera ver la realidad.
-Jun no es tan infantil como para desaparecer de mi vida si descubre la verdad...- Esa era la primicia a la cual se había aferrado con uñas y dientes durante todo este tiempo.
-Precisamente porque Jun no es infantil, si se entera de la verdad, se culpara y se sentirá molesto por haber malentendido todo durante tanto tiempo, se sentirá decepcionado de tu falta de sinceridad, molesto consigo mismo por alentar a Macchan y herirlo en el proceso. Tratará de asumir él solo con toda la responsabilidad aunque eso le provoque una herida aún más profunda y todo con tal de que ustedes puedan recuperarse lo antes posible y sigan con su amistad aunque él no pueda volver a cómo estaban antes. Tú mejor que nadie sabes qué clase de persona es Jun y lo mucho que le importan. Ustedes son parte de su familia.- Y casi como si pudiera ver que Jun y Aiba se acercaban desde atrás de él, Nino guardó silencio, bajó la mirada y encendió su consola portátil que había estado todo el rato junto a su taza de café dejando a Sho con un millón de interrogantes flotando dentro de su cabeza.
-Deberías interactuar con las personas al menos una décima parte de lo que interactúas con esa cosa...- Le había dicho Jun con una mirada reprobatoria al volver a tomar asiento a su lado. Y es que en serio no entendía qué de genial tenían sus videojuegos si podía pasar todo ese tiempo divirtiéndose con personas o haciendo cualquier otra cosa.
-Prefiero el DS... al menos hace lo que le digo y su no resulta como yo quiero, pues lo reinicio y ya.- Amplió aún más su sonrisa al ver el ceño fruncido del chico sentado frente a él. Jun sacudió la cabeza sin tener idea del significado que ocultaba ese breve enunciado y la sonrisa perversa que se le dibujó brevemente de medio lado.
Ni siquiera podía recordar hacía cuánto que no salía a solas con Ikuta, pero ahora que nuevamente lo tenía frente a él, Jun recordaba perfectamente por qué le gustaba tanto. El brillo de su mirada mientras hablaban de mil y un cosas, la dulce y tímida sonrisa de sus labios cuando el otro lo escuchaba atentamente, todo del lenguaje corporal de Jun lo afirmaba en ese momento. Y nadie lo entendía mejor que Ninomiya Kazunari, quien, por azares del destino, iba pasando justamente por afuera de esa librería donde Jun e Ikuta estaban bebiendo café, cuando venía de regreso de visitar a Aiba, quien estaba en cama debido a un resfriado.
-Supongo que será mejor así...- Susurró para sí mismo tras mirar la carpeta azul marino con el emblema de su universidad que sujetaba con ambas manos, la misma que pensaba tirar a la basura en ese preciso instante, pues después de haberlo meditado cuidadosamente, y de haberlo consultado sin muchos detalles con un par de personas de su entera confianza, no pensaba aceptar la oferta de trabajo que contenía... al menos eso era lo que había decidido. Y es que curiosamente, había sido Aiba quien le dijera no hacía ni una hora que no necesitaba estarle dando tantas vueltas al asunto, que la respuesta le sería dada en el momento preciso, y parecía que así era. La respuesta le acababa de ser revelada. Nino lo sabía, había dedicado tantas y tantas horas de su vida escolar a observar en secreto a Matsumoto Jun, que sabía reconocer a la perfección ese brillo en su mirada, el mismo con el que miraba a Sho cuando los conoció y con el que nunca lo había mirado a él; ese brillo que lo hacía ver mil veces más atractivo de lo que ya le parecía, el mismo que le hacía poner esa estúpida y hermosa sonrisa cada que se perdía en sus labios perfectos que tanto le encantaban. Nino lo sabía, a Jun le gustaba Toma. Lo había sabido desde aquella tarde en el café donde se reencontraran después de tantos años. Sí, a Jun le gustaba el amigo de Ohno, pero al chico le gustaba su kouhai y viendo ese triángulo amoroso sin futuro, Nino creyó que podría tener una oportunidad, todo lo que había pasado entre ellos en el último año y medio se lo decía... pero tal vez se había equivocado... tal vez era momento de dejar atrás a su primer amor, a su eterno amor no correspondido... tal vez era tiempo de dejar el pasado en el pasado y buscar el futuro en otro lugar. Aunque ahí no pudiera tener lo que lo hacía realmente feliz en el presente.

Y con esa maraña de pensamientos en mente, Nino caminó y caminó durante largo rato sin rumbo. Se sentía cansado, física y mentalmente. Nunca antes había tenía que usar su cerebro con tanto ahínco. Y lo peor del caso, es que a pesar de su enorme intelecto, aún no era capaz de entender lo que le pasaba en ese momento, seguía siendo incapaz de identificar lo que sentía. Al final, dándose por vencido debido al punzante dolor de cabeza, sacó su celular mientras caminaba de regreso a su departamento, tenía un par de llamadas que hacer antes de empacar sus pocas pertenencias y partir de regreso a América.
-¿Nino-chan?...- Entendía su sorpresa, acaban de despedirse hacía un par de horas. -¿Olvidaste algo?-
-Tenías razón, Macchan... No había necesidad de que me estuviera devanando los sesos por decidirme. Ya encontré la respuesta...-
-¡¿Entonces vas a quedarte?!- Su voz denotaba su enorme felicidad y le sabía mal tener que ser quien le derribara sus castillos de arena.
-No... Me iré mañana por la mañana...-
-¿E-es broma?...- Aiba se había quedado trabado por la sorpresa. -Si me dijiste que habías encontrado tu razón para quedarte, dijiste que estabas dispuesto a todo por aferrarte a esa razón... ¿por qué sales ahora con que te vas? Dijiste que irte significaría tal vez no volver nunca más...- Sonaba como si fuera a romper en llanto en cualquier segundo y eso lo hacía sentir pésimo. Después de todo, era su culpa que Aiba estuviera así.
-Macchan... Lo siento... Y-yo...- Podía sentir el doloroso nudo en la garganta que le impedía hablar con claridad. -Yo... creo que me equivoqué... Tal vez esa razón nunca existió...- Su voz sonaba tan apagada. Todas sus fuerzas se concentraban en contener las lágrimas mientras seguía avanzando.
-Nino-chan.... ¿qué pasó?- No era normal que su amigo estuviera tan deprimido.
-Masaki... Jun jamás va a mirarme cómo estaba mirando a Ikuta en la librería...- Y al final, aquello lo había sobrepasado. Todo lo que sentía había acabado por desbordársele en un segundo.
-¿Jun? ¿Qué tiene que ver Jun con tu...? Oh... ¡¿Eh?! Nino-chan, a ti...? ¡Oh!... ¿Jun? - Fue una gran revelación. Un montón de cosas tuvieron sentido de repente. Flashazos y flashazos de viejas memorias vinieron a su mente y las piezas faltantes se acomodaron perfectamente en los huecos del rompecabezas.
-Ya viene el tren... Adiós.- Aiba quería decirle tantas cosas, pero las palabras se le atoraban debido al caos de pensamientos que tenía por dentro, para cuando supo qué decir, tan solo escuchó el "pi-pip" del otro lado de la línea que decía que Nino ya había colgado. ¿Qué debía hacer? No sabía qué podía hacer o decir para que Ninomiya cambiara de idea y no se fuera, no quería perder a su amigo nuevamente y tal vez para siempre, pero tampoco podía obligarlo a quedarse y que siguiera sufriendo viendo a la persona que quería siendo feliz con alguien más, él mejor que nadie entendía lo que era vivir un amor no correspondido, porque podía entender cuán doloroso debía ser para Nino lo de Jun después de tantos años de amar a Sho que no lo veía sino como un buen amigo. Y casi como si la vida se riera de él en su cara, la puerta del departamento se abrió y Sho entró acompañado de Jun, ambos sonriendo como si todo fuera genial en la vida.
-¿Aiba...?- Sho lo miró de pie en el umbral de la puerta de su habitación al fondo del pasillo que daba hasta el recibidor, mirándolo con las lágrimas a punto de desbordársele y ese extraño puchero que rara vez le había visto y que definitivamente no le gustaba.
-¡BAKA!- Gritó apuntando a Jun con el dedo y rompiendo en llanto. -¡P-por tu c-culpa se va a ir a Ca-California y n-nunca va a vo-volver!- Apenas si le entendieron, porque hipaba y sollozaba tanto que no podían entender de qué hablaba.
-¿Aiba-chan, de qué hablas? ¿Estás bien? ¿Qué pasó?- Sho lo había visto así de afectado pocas veces en todo el tiempo que tenían de conocerse y en esas pocas ocasiones siempre había sido por cosas muy serias o angustiantes, así que inevitablemente sintió que el estómago se le subía a la garganta al verlo así. Estaba realmente preocupado por Aiba.
-¡Tú también eres un tonto, Sho-chan! ¡Los dos lo son! ¡Tontos y egoístas!- Intercambiaron una mirada de incomprensión. El chico lloraba como un niño pequeño y desconsolado. -¡No! ¡Los tontos somos nosotros por enamorarnos de ustedes!- Y volvió a romper en llanto dejando a los otros dos aún más confundidos. Ambos sabían por qué lo decía Aiba, pero no sabían a quién más se refería además de sí mismo.
-¿A quién te refieres, Aiba?- Jun temía que Ohno o incluso Toma hubieran dicho algo innecesario pero no podía imaginar qué como para dejarlo en ese estado, por más que le daba vueltas al asunto, no podía conectarlo todo.
-¡Nino-chan! Te vio hoy con Toma y él...- Los ojos de Jun se abrieron como platos. El recuerdo de su charla con Ikuta y aquel abrazo afectuoso con el que se despidieron en la librería llegó a su mente en una fracción de segundo. ¿En serio era tanta su mala suerte como para que justo en ese momento Nino hubiera pasado por ahí? -...estaba tan triste... ¡No quiero que se vaya! ¡Son unos tontos!- Se dio la vuelta y cerró la puerta con brusquedad haciendo que los cuadros y fotografías colgados en la pared se cimbraran por el impacto. La casa se quedó sumida en un horrible silencio. Aún a lo lejos podían escuchar los desconsolados sollozos de su amigo. Ninguno podía decir nada, apenas si entendían lo que estaba pasando.
-¿California?...- De pronto las inconexas frases de Aiba tomaron sentido dentro de la cabeza de Jun. ¿Ese tonto se iba a ir sin decir nada? ¿Cómo estaba eso de que eso les pasaba por haberse enamorado de ellos? Sabía que Masaki lo decía por lo que sentía por Sho, pero... no había modo de que Nino... ¿o sí? -¿Piensa largarse de nuevo al otro lado del mundo por sabrá Dios cuánto tiempo y sin decirme nada?- Sintió un golpe de adrenalina correr por todo su cuerpo. ¿En serio había una, aunque fuera pequeña, posibilidad de que Nino sintiera lo mismo por él? Una risita histérica de nervios e incredulidad se le escapó haciendo eco por el pasillo. -Ese mocoso... ¿He estado sufriendo por un amor no correspondido todos estos años y resulta que todo este tiempo él sentía lo mismo? ¡¿Acaso tiene alguna lógica?!- No era para nada normal ver a Jun perder de ese modo el control de sus emociones, pero Sho sabía mejor que nadie cómo debía estarse sintiendo en ese momento. -¿Cree que voy a dejar que se largue esta vez así como así?- Estaba tan metido en sus pensamiento y tan furioso, que no podía ni calzarse bien los zapatos.
-¿Estás seguro de lo que vas a hacer, Jun?- Sho lo miraba preocupado porque sabía perfectamente lo que iba a hacer, quería ir tras él pero no podía dejar de mirar la puerta de la habitación del fondo. De verdad estaba preocupado por el chico que continuaba llorando a todo pulmón del otro lado de la puerta.
-Sí... Tan seguro como que tú mismo deberías hacer algo con tus propios sentimientos, Sho.- Y es que aquello no había escapado a su perspicacia ni siquiera en esos momentos donde lo único en lo que podía pensar era en salir corriendo hacia el departamento de Nino; y es que hacía mucho que se había dado cuenta de que lo que Sho sentía por Aiba iba más allá de un amor de amigos casi hermanos, pero Sho podía ser muy tonto cuando se trataba de cosas del corazón, sobre todo cuando el corazón era el propio, y Jun lo sabía de sobra, a Sho le había tomado una eternidad descubrir que se sentía atraído por Jun del mismo modo en que el menor se sentía hacia él, con todo y que Jun no había escatimado en esfuerzos para hacérselo saber sin ser muy directo como para hacerlo correr, simplemente Sho era tonto en terrenos del amor.

Sho se quedó largo rato mirando la puerta principal después de que Jun se hubiera ido dejándole la cabeza y el corazón hechos un lío; porque por fin entendía que Nino tenía razón: Jun no lo volvería a ver como una opción. Ya no eran esos los sentimientos que guardaba por él. Había perdido su gran autocontrol por Nino y por primera vez desde que lo conocía, lo vio actuar aniñado, emberrinchado e infantil, y todo por ese mocoso, el único al que siempre guardó recelosamente como un tesoro y por quien salió corriendo para no perderlo. ¿Pero qué había estado haciendo todos esos años? ¿Cuántas veces no habría llorado Aiba de ese modo por su culpa? ¿En serio no había podido corresponder sus sentimientos o era simplemente que no había querido hacerlo por temor a olvidar lo que sentía por Jun? ¿Qué era lo que sentía en verdad por cada uno? Recorrió en silencio todo el camino hasta la habitación del fondo y se quedó ahí afuera, de pie, con la mente en blanco e incapaz de hacer que su mano avanzara el pequeño tramo de menos de diez centímetros que le hacía falta para golpear la hoja de madera con la pequeña y colorida placa que colgaba con el nombre de Aiba escrito en letras verdes. Suspiró profundamente y armándose de valor, sujetó con fuerza el picaporte abriendo la puerta y siendo recibido por un par de ojos castaño claros que, sorprendidos, lo miraban entre lágrimas desde la alfombra junto a la ventana abrazando con todas sus fuerzas ese pequeño y viejo perrito de peluche con el que dormía desde que era un bebé.
-Masaki... Yo...- Era la primera vez que lo llamaba por su nombre en los casi quince años que tenían de conocerse. Un insignificante detalle para el resto del mundo que para Aiba representaba el cielo. Se levantó como impulsado por un resorte y sin importarle si era rechazado con crueldad, se arrojó a los brazos del chico que avanzaba a paso lento hacia él.
-Sho-chan, te quiero...- Y con todas sus fuerzas se abrazó a su cuello pronunciando entre sollozos esas simples palabras llenas de todos sus sentimientos. Sus lágrimas de dolor dieron paso a lágrimas de alegría al sentir esas manos aferrando con la misma fuerza y calidez su cuerpo. Una dulce y tímida sonrisa se dibujó en los labios de Sho. Tal vez por fin sería capaz de volver a sentir lo que era el amor. Y aún si todavía no estaba completamente seguro de lo que estaba haciendo, sabía que era la opción perfecta para ambos. 
Sin aliento. Así fue cómo Jun llegó al complejo de apartamento en los suburbios de Tokio donde vivía Nino, después de haber corrido todo el tramo desde la estación del subterráneo. Su cabello estaba hecho un desastre, lo mismo que su ropa, pero ni siquiera se percató de ello. Subió los cuatro tramos de escaleras corriendo y hasta saltando escalones. El camino hasta el quinto piso nunca le pareció tan largo como en ese momento y al detenerse un segundo para recuperar el aliento, el pasillo se le hizo interminable. En serio odió la maldita puerta que los separaba y no pudo evitar golpearla quizás con demasiada fuerza, lo que incluso espantó al chico del otro lado, quien acababa de salir de la ducha vistiendo su pijama para proceder a hacer maletas y dormir.

Una gota de sudor frío resbaló por su espalda mientras esperaba en silencio
 a que le abrieran, sintiendo sus latidos golpeando su pecho sin control. Terror. Era lo único que sentía ahora que por fin estaba ahí. Ni siquiera tenía idea de lo que quería hacer o decir cuando lo tuviera de frente. Sintió que su corazón se detenía en el momento en que escuchó pasos en el interior acercándose. No tuvo tiempo ni para reaccionar, la puerta se abrió y su rostro sorprendido le disparó la adrenalina a tope. Su voz pronunciando su nombre le pareció tan lejana debido al eco de sus pensamientos que ni siquiera estaba seguro de que lo hubiera llamado en realidad. En ese momento solo tenía una cosa en la cabeza repitiéndose una y otra vez; así que siguiendo ese impulso, se abalanzó contra él sujetándolo casi con desesperación por las mejillas para besarlo.

Descolocado por esa acción inesperada y un tanto salvaje, Nino dio un traspié quedando de espaldas contra el muro del recibidor con el peso del cuerpo de Jun manteniéndolo inmóvil. Parpadeó un par de veces sintiendo ese agradable y extraño calor rodeando su propio cuerpo. ¿Estaba soñando? ¿Alucinaba? No había modo en esta vida de que Matsumoto Jun hiciera algo tan impulsivo y loco como eso, así que se preguntaba seriamente si no habría muerto ahogado luego de dormirse en la bañera pensando en él, pero entonces sintió esos carnosos y tibios labios rojos, que tantas veces le habían subido los colores al rostro de solo imaginarlos sobre los suyos, moviéndose tímidamente para romper con aquel gesto y se dio cuenta de que no era ni un sueño ni una alucinación, el frío vacío que le dejaba esa milimétrica distancia entre sus bocas le provocó un agudo dolor en el pecho. Estaba pasando. Sus miradas se conectaron por un segundo, porque eso fue lo único que Nino necesitó para reaccionar y anclar sus manos en las caderas de Jun para impulsarse hacia adelante haciendo desaparecer esa maldita distancia que tanto le había desagradado y ser él quien diera inicio a tan íntimo y apasionado beso esta vez.

Y es que al ver que no le correspondía, Jun se sintió realmente miserable, pero todo eso quedó en el olvido al sentir los suaves labios de Nino unidos a los suyos bailando al mismo compás. Como pudo, se estiró y manoteó la puerta para cerrarla antes de avanzar entre besos y caricias por el pasillo hacia su habitación arrastrando consigo al chico que respiraba y jadeaba contra su piel. Jun era perfectamente consciente de lo que pasaba, de lo que seguiría una vez que llegaran a donde lo guiaban entre risitas y suspiros, pero no le importaba, era algo que incluso buscaba desde el segundo en el que puso un pie dentro del departamento.
-J-Jun...- Un ligero gemido se le escapó involuntariamente al sentir la mano del otro acariciando su cuello. Escuchar su nombre de ese modo le sonó a gloria y pronto eran sus labios los que se ocupaban de tan sensible zona en lugar de sus dedos. Acción que arrancó más de esos delirantes sonidos que escapaban de la garganta de Nino. Una a una las prendas fueron cayendo al suelo a medida que abrían botones y tropezaban con los muebles y cajas desparramadas en la habitación. -¿Estás bien?- Preguntaba Nino entre risitas un tanto burlonas y con la respiración aún entrecortada después de que le cayera encima a Jun cuando fueron a dar contra el colchón de la cama al pisar algún cachivache tirado en el piso.
-Cállate...- Lo tomó de la pretina del pijama de franela y tiró de él para acomodarlo mejor sobre su cuerpo. Ni tardo ni perezoso, Nino volvió a apoderarse de esos labios que tanto lo volvían loco; sabía perfectamente a qué se refería con "cállate" y aunque normalmente no le gustaba que le dieran órdenes, en este juego no le molestaba en lo absoluto ceder, después de todo, esa era una de las principales razones por las que Jun le gustaba tanto: era capaz de dominarlo. Y antes de que el resto de sus pensamientos tomaran forma para dar el siguiente paso, las diestras manos de Jun ya lo habían acomodado de espaldas contra el edredón deshaciéndose en el proceso de la ropa que le quedaba encima. Sus enormes y profundos ojos oscuros lo contemplaron desnudo por primera vez y un escalofrío agradable le recorrió de pies a cabeza. No, no era ese brillo que le conocía en la mirada, esto era algo mucho más intenso y deslumbrante que nunca antes le había visto. -Kazu...- Fue un susurro apenas audible que se fusionó con el aliento compartido en ese beso, pero para Nino fue un grito que se quedó grabado a fuego en su pecho. Era la primera vez que lo llamaba de ese modo... era la primera vez que alguien lo llamaba así en toda su vida... que alguien pronunciaba su nombre con tanta ternura y tanto amor, sonrió por la estupidez de su pensamiento, pero es que enserio estaba seguro de que de haber sido una chica, habría echado a llorar en ese instante, porque ahora podía estar convencido de que fuera lo que fuera que pasara en la oscuridad de esa habitación, no sería simplemente un impulso de lujuria del cual arrepentirse al despuntar el alba. Y con toda esa cálida mezcla de sensaciones, Ninomiya Kazunari se entregó en cuerpo y alma por primera vez, a ese, quien fuera su eterno primer amor.


Poco a poco, la suave luz de la mañana comenzó a colarse por entre las cortinas grises de la habitación a medida que el viento las mecía con suavidad. Negándose a despertar del más hermoso de sus sueños, Jun permaneció inmóvil y con los ojos cerrados deseando que aquella sensación febril no desapareciera jamás. Aún podía sentir la cálida humedad de su boca por todo su cuerpo y solo de recordarlo, sentía una corriente eléctrica recorriéndole toda la columna vertebral. Un sonido apenas perceptible que inevitablemente le dibujó una sonrisa de medio lado y lo arrojó por completo a la realidad. Alguien suspiraba a su lado.
-¿Nunca te han dicho que es de psicópatas mirar a la gente mientras duerme?- Había susurrado Nino aún sin abrir los ojos, arrancando una ligera risa al chico que yacía en la cama, seguramente también desnudo, bajo las sábanas.
-¿Y a ti no te han dicho que es más de psicópatas hacerse el dormido mientras te miran dormir?- Nino abrió los ojos lentamente, no porque quisiera abrirlos sino porque no quería perderse esa sonrisa deslumbrante que había denotado su tono de voz.
-Sí... a menudo me lo dicen al despertar.- Mentía, pero Jun no tenía por qué saberlo, le resultaba sumamente divertido provocarlo de ese modo.
-Ah...- Sin embargo esta vez era diferente. Se semi incorporó apoyándose en sus codos para mirarlo directo a los ojos. Parecía molesto, se había quedado boca arriba mirando el techo. Ignorándolo.
-Sabes que bromeo, cierto?- No sonrisas, un tono serio. Cosa rara en Nino, estaba siendo absolutamente sincero y eso hizo que Jun volteara de inmediato.
-¿Ah sí?- Sin embargo seguía un poco molesto. Sabía perfectamente que le mentía para divertirse con sus reacciones, lo había terminado de comprobar anoche.
-¿Por qué habría de mentirte?- Ver esa faceta de él le resultaba fascinante. Incluso parecía adulto.
-Nunca me dijiste que te gustaba...- Un silencio. Su mirada sorprendida. Un vuelvo al corazón conforme sus latidos le contaban los segundos de espera por una respuesta suya.
-Nunca me preguntaste.- Una angelical e inocente sonrisa que le hizo bajar los muros y sonreír también. -...así que eso no es mentir. Tú tampoco me dijiste nada.- Se tendió también de espaldas contra el colchón. Tímidamente alcanzó los dedos ajenos y los entrelazó con los propios.
-¿Es cierto que te vas?- Tenía que preguntárselo. Ni siquiera había podido dormir devanándose los sesos pensando en lo que pasaría con ellos a partir de ese momento y temiendo que, si cerraba los ojos, Nino desaparecería para siempre en medio de la noche.
-Perdí mi vuelo por culpa de alguien que llegó sin avisar...- Miró el reloj, hacía más de dos horas que el avión había partido.
-Lo siento...- Se sintió tonto por sentir esas clicheteras mariposas en el estómago al tener sus manos unidas de ese modo por deseo del otro.
-Yo no...- ¿Estaba riendo? Se giró para mirarlo sosteniendo su cabeza con la palma de mano y apoyando su peso en el codo contra la almohada. -...no hay nada que pudiera ser mejor que esto.- Y tomándolo desprevenido, Nino se estiró para darle un beso. Y así entre risas y caricias, los besos se fueron perdiendo cuesta abajo entre las sábanas y sus cuerpos.

No había prisas. Tenían todo el tiempo del mundo a partir de ahora para estar juntos. No más miedos, no más malentendidos, no más guardar verdades, simplemente ellos y toda la vida por delante para llenar esos quince años de vacío con nuevos y maravillosos recuerdos, porque los dos sabían que, aún a pesar de todo lo que había pasado, al final habían elegido la opción perfecta.
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Déjame llorar (Sakumoto)




Título: Déjame llorar
Autor: Lilith
Pairing: Sakurai + Matsumoto 
Fandom: Arashi
Tipo: One-shot
Género: Shonen-Ai, Angst, AU
To: Ariana que siempre me hace segunda con mis locuras Arashianas ^w^




Si alguien me hubiera dicho cuán doloroso sería amar de este modo, la verdad es que creo que nunca me hubiera enamorado de ti. Hasta ahora no tengo ningún recuerdo bonito a tu lado. Supongo que eso es porque tú nunca te diste cuenta de lo que yo sentía. Para ti sólo soy el chico nuevo que hace los recados, el mismo que ahora trabaja como asistente después de cuatro años de haber soportado tantas cosas dentro de esta maldita oficina. Pero para ti no soy nada más que éso. No soy el chico que creció contigo jugando en el parque. No soy al que despediste con lágrimas en los ojos cuando se mudó. No soy el que te buscó por todas partes hasta encontrarte. Ni soy el que acabó trabajando en la misma oficina que tú sólo para estar contigo. No. No soy más que alguien que trabaja para ti y a quien no recuerdas ni un poquito al final del día.



Y mientras mis días pasan uno a uno como una lenta tortura mirándote a la distancia, tú sólo te dedicas a regalar cada una de tus sonrisas a la persona que ocupa tu corazón. Y yo tenía que ser tan sólo un silencioso testigo de los besos, abrazos, miradas y caricias que le prodigabas cada día. Incapaz de decir cuánto me molestaba, sin poder gritar cuánto lo odiaba. Porque yo a tus ojos no era nada comparado con él. Tu vivías por cada segundo de su amor. Yo viía por cada efímera posibilidad de un amor imposible.



Mi vida tenía tanto sentido como poner una flor en un florero. Y por más que tratara de encontrarle un giro o una motivación a mi existir, tu imagen venía a mi mente como fragmentos de una vida que ni siquiera había vivido. Mi existencia era inútil. Yo era patético. Y tú... Tú eras feliz.







Si alguien me hubiera dicho cuán doloroso sería amar de este modo, la verdad es que creo que nunca me hubiera enamorado de ti. Toda mi vida ha estado marcada por la maldita palabra "adiós", una pequeña e inocente palabra que ha dejado a su paso las más profundas heridas dentro de mi corazón. Esas que nunca cicatrizan. Esas que cuando parecen poder sanar, son reabiertas con mayor dolor. Esas que me seguirán torturando por el resto de mi vida.



Primero el mejor amigo que tuve... Aunque éramos muy niños, ese adiós se convirtió en mi primer corazón roto. Dolía tanto y era tan díficil de aceptar para un niño de doce años, que mi mente prefirió olvidar, en un desesperado intento por evitar que la tristeza me ahogara, cada cosa que lo hacía ser él dentro de mis recuerdos. Pero aún cuando había olvidado su rostro, su voz, el sonido de su risa, yo seguía recordando a mi mejor amigo y, tal vez, al que fue mi primer amor. ¿Había sido debido a ese profundo sentimiento que mi corazón se había roto en mil pedazos cuando lo vi partir?



Y después de ese dulce chico, cuyo nombre ni siquiera podía recordar por mucho que lo intentara, llegó a mí una nueva esperanza. Lo conocí durante la preparatoria. Ni siquiera imaginé que nuestros caminos pudiesen cruzarse. Él era todo lo opuesto a mí: malo en los estudios aún a pesar de que era muy listo, extrovertido, egoísta, caprichoso, distante con lo que no le importaba, demasiado dulce y entregado cuando algo o alguien lo améritaba, educado en una familia de bajos recursos, siempre absorto en sus mangas y juegos de video. Y aún así, se volvió mi mundo entero durante los casi tres años que lo amé con todo el corazón. Mi pequeño príncipe sin corona. Al final una maldita enfermedad me arrebató para siempre su infantirl sonrisa y su mirada traviesa.



Seguí mi vida siendo poco más que una cáscara vacía. Viviendo tan sólo porque no tenía las agallas suficientes para seguirlo después de la muerte. No podía hacer algo así, podía arruinar la vida de mi familia, la carrera política de mi padre... Pero entonces, los extraños sueños que tenía desde niño volvieron a mi mente: no podía verle el rostro debido a la posición del sol, pero su aroma, su voz me eran tan familiares que toda mi angustia y mis miedos desaparecían en el instante en que me tomaba entre sus brazos y borraba mis lágrimas con el más dulce de los besos. Y aparecieron él y su tierna e inocente forma de ser y fue como si los rayos del sol atravesaran las nubes negras. Mi mundo se llenó nuevamente de luz y color. Aquellos sueños continuaron, pero estaba seguro de que era él el dueño de aquella sonrisa que inundaba mi alma de paz. Todo en mi vida era perfecto ahora.







El despertador marcaba las siete en punto. Como cada mañana, tomé un baño, me puse el traje, desayuné y salí de casa a las ocho rumbo a la estación del metro. Diez minutos antes de las nueve ya había llegado a la oficina y me encontraba detrás de mi escritorio revisando todos mis pendientes para el día de hoy. Y como cada mañana, a las nueve en punto pasabas junto a mí para ir a tu oficina. Esa sonrisa tuya hacía que cada minuto del día valiera la pena y me daba ánimos para vivir veinticuatro horas más compartiendo este mundo contigo.







Aquella mañana me dirigí a la oficina como siempre. Estaba tan emocionado. Tal vez para el resto del mundo era un día más, pero para mí era un día por demás especial. Después de su cumpleaños, nuestro aniversario era la fecha más esperada del año para mí. Y hoy precisamente, se cumplían tres años de vivir mi vida con él. Todo estaba listo. Lo había estado planeando cuidadosamente desde la semana pasada para que fuese perfecto. Amaba la carita que ponía cuando le tenía una sorpresa. Y aunque había contemplado esa sonrisa fascinada muchas veces, lo cierto es que nunca me cansaría de sorprenderlo.







¿Acaso tu desbordante felicidad se debía a que habíamos conseguido el proyecto para la campaña de la NHK? ¿O se debía a algo o a alguien más? Bueno, la verdad es que eso realmente no me importaba mucho. Estabas feliz y eso era lo único que me importaba. Tu felicidad era mi felicidad. Siempre lo había sido, sin importar cuán lejos o cuán cerca estuvieras.







¿Podía mi día ser más perfecto? No. ¿Podía mi vida ser más perfecta? Por si no fuera suficiente que estuviera a mi lado y que el trabajo fuera de maravilla, que mi familia viviera prosperamente y que por fin había encontrado la casa de nuestros sueños, hoy me habían dado la increíble noticia de que el proyecto televisivo más importante del año era nuestro. Ya estaba contando cada minuto para que llegara la hora de la comida y correr a estrecharlo entre mis brazos y besarlo hasta que el aire abandonara mi cuerpo.







Si bien lo odiaba con toda el alma, le agradecía el estar a tu lado. Aunque me doliera, estaba consciente de que él representaba tu mayor felicidad. Así que, a pesar de que no me lo propusiera, me preocupaba que siendo casi la una, todavía no se hubiera aparecido por la oficina paseando sus estúpidas plantitas para regarlas y ponerlas un rato bajo los rayos del sol en la terraza. No. Lo cierto es que ese chico, aún a pesar de ser tan torpe e infantil, era tan amable y atento que no podía odiarlo. Era una de esas personas que son tan buenas e inocentes que sientes que debes protegerlas y que, por lo mismo, se merecen toda la felicidad del mundo. En el fondo me alegraba de que tuvieras a alguien así amándote y cuidando de ti.







No me preocupaba que le hubiera pasado algo, después de todo, lo raro sería que no le pasase algo a lo largo del día; pero lo que sí me preocupaba era que no respondiera el teléfono. La hora de la comida había terminado hacía rato y seguía sin aparecer. Esperar. Eso era lo único que podía hacer en ese momento. Esperar que hubiera comido. Esperar que me llamara. Esperar que volviera.







Odiaba verto tan angustiado. Era evidente que lo llamabas a él. Tras no recibir respuesta y que nadie supiera nada de él, te habías puesto a hacer zanja de lado a lado de tu oficina con el celular en la mano. Moría por abrazarte. Decirte que todo estaría bien. Tranquilizarte. Pero no tenía derecho a hacerlo. Sólo podía contemplar tu silueta yendo y viniendo a través del cristal, y suplicar en silencio que terminara tu sufrimiento.







Estaba a punto de volverme loco y salir a buscarlo por todas partes cuando me informaron que ya había llegado mi cita de las cuatro, así que mi plan de detective privado tendría que esperar. De algún modo tenía el presentimiento de que no le había sucedido nada malo, como dicen: las malas noticias vuelan rápido. Además de ser un buen novio, tenía que ser un buen Director, así que dejé dentro de mi oficina mis miedos e inseguridades y me dirigí a la Sala de Juntas.







Como mi jefe inmediato también se había ido contigo a ver a los representantes de la NHK, me quedé a cargo de la oficina general. No era la primera vez que como asistente de tu mano derecha me tocaba tener este tipo de responsabilidad. Un mensajero había venido a traerte algo: ese sobre me pareció un regalo del cielo y ya que lo había recibido yo, pues estaba marcado como correspondencia de entrega inmediata, tendría que dártelo personalmente.







Una vez que se retiraron los inversionistas y los representantes de la televisora, regresé de inmediato a la oficina para ver si por fin había noticias tuyas. La mayoría de los empleados ya se habían ido pues pasaban de las seis de la tarde. Las únicas luces que seguían encendidas eras las de la estación de trabajo del equipo de Arte Creativo, pero dado que el Director del departamente venía caminando a mi lado hablándome sobre todas las ideas que se le habían ocurrido durante la reunión, me pregunté quién podría seguir en mi oficina.







Era difícil no voltearlos a ver cuando estaban juntos. Tú tan elegante y atractivo con tu traje de diseñador y esa sonrisa que provocaba infartos y mi Jefe, quien aún a pesar de su introvertida personalidad poseía el encanto característico de los genios creativos y que aún cuando no solía ser la persona más conversadora del planeta, siempre era interesante escuchar lo que tenía que decir. Para mí era un orgullo como fotógrafo ser el asistente de un Artista tan reconocido como él. Ambos me saludaron preguntando qué hacía en el edificio a esa hora, por lo que me apresuré en entregarte el sobre que te habían enviado.







Ahí esta el "Chico nuevo", el sobrenombre se le había quedado más por costumbre que otra cosa pues hacía ya cuatro años que trabajaba con nosotros. Y no era que me desagradara, pero la habitual tristeza que reflejaban sus ojos aún a pesar de su radiante sonrisa hacía que me deprimiera, me era difícil creer que hubiera alguien con heridas tan dolorosas como las mías y más siendo más joven que yo. Se me acercó tímidamente saludando a mi mejor amigo y colega y me entegó un sobre sin remitente. Los dos se despidieron de mí. Uno partió enseguida, seguramente para encerrarse en su estudio y llegar mañana a primera hora con un montón de bocetos y propuestas gráficas para el proyecto. El otro rumbo a su escritorio para recoger sus cosas e irse. En cuanto cerró la puerta tras despedirse de mí con un gesto educado, abrí el sobre. Con tan sólo desdoblar las hojas que estaban dentro, supe que la había envíado él, reconocí su letra al instante. Mi mundo acababa de ser destruido en mil pedazos. ¿Al menos había venido personalmente a entregar este maldito trozo de papel con el que había decidido terminar nuestra relación para volver a Kansai y estar con su mejor amigo de toda la vida? Salí corriendo con la esperanza de alcanzar al chico nuevo y preguntárselo.







¿Hacía cuánto que no veía un atardecer tan bonito? La verdad es que no recuerdo cuándo fue la última vez que me detuve a mirar el cielo. Antes solía hacerlo todo el tiempo a través de la lente de mi cámara... mi cámara. Como siempre, estaba dentro de mi mochila. Había algo en los colores de este ocaso que me resultaban familiares. Saqué la cámara y volvía acomodarme la mochila a la espalda. Sí. Creo que el día en que nos despedímos prometiendo que algún día nos volveríamos a ver, el cielo era de este mismo anaranjado intenso con bellos destellos rosas y púrpuras y nubes doradas. Sólo un click y mi pasado y mi presente se fusionaron congelados en el tiempo. No podía dejar de contemplar aquella imagen. El viento soplaba suavemente revolviendo mi cabello. Me quité los anteojos y los guardé en el bolsillo de mi camisa después de tomar un par más de fotografías. De algún modo volvía a sentirme yo mismo. Dejé la cámara colgando sobre mi costado. Sonreía. Por primera vez en mucho tiempo sonreía sinceramente, tan sólo porque me nacía y no porque tuviera que hacerlo. Era una sensación agradable. Si tan sólo estuvieras aquí. Si tan sólo pudieras ver ésto conmigo. ¿Recordarías el ayer? ¿Me recordarías a mí?







Ahí estaba, de pie en la explanada que estaba cerca de la empresa, contemplando el cielo. Levanté la vista un instante para ver lo que miraba. El cielo era simplemente hermoso. Disminuí un poco el paso para recuperar el aliento después de haber corrido. Su carta estaba arrugada por sujetarle con fuerza entre mis dedos. ¿Estaba sonriendo? ¿Con que ésta era su verdadera sonrisa? De pronto, como si me golpeara con fuerza, vino a mí mente aquel sueño recurrente de mi infancia. Quería llamarlo. Ya no podía correr, mis piernas se sentían como de gelatina. Quería hablarle, asegurarme de que sólo era una coincidencia lo que veían mis ojos, pero no pude. No recordaba su nombre. ¿Cómo podía no recordarlo después de haberlo visto cada día durante los últimos cuatro años? ¿Por qué nunca antes me había dado cuenta de que jamás le hablaba por su nombre? Su perfil se desvaneció poco a poco debido a los rayos del sol que comenzaba a ocultarse por detrás de los altos edificios de oficinas que nos rodeaban. Mi corazón latía de un modo extraño. Casi como si temiera por algo. Temblaba. ¿El viento soplaba? Sí. Sacudía ligeramente las hojas de papel que seguían en mi mado. Un cúmulo de borrosas imágenes se desbordó dentro de mi cabeza. ¿Eran recuerdos fríos? No sentía que fueran parte de mis memorias pero al mismo tiempo era como si las hubiera mantenido guardadas por tanto tiempo que se hubiesen perdido en lo más profundo de mi corazón... ¿para no olvidarlas? ¿para alejar este dolor?... Quería llamarlo, pero mi voz se había ido a algún lugar lejano junto con la última brisa. Las lágrimas no me permitían verlo claramente. Nuevamente corría, pero mis pies ya no obedecían el mismo impulso que me había llevado hasta ahí.

-...Jun-kun?-







Tan sólo había sido un ligero susurro pero me hizo voltear enseguida. No tuve tiempo para prepararme mentalmente. Ni siquiera te vi venir. Tan sólo sentí tu cuerpo aferrándose casi con desesperación al mío. Como si con aquel abrazo pretendieras volvernos un solo ser. ¿Me habías llamado por mi nombre? Lo habías hecho, verdad? ¿Eso significaba que me recordabas? Estabas temblando ahogando tu llanto contra mi pecho. Mi cuerpo respondía al tuyo como si hubiera sido diseñado para ello. Te sentí tan frágil en ese momento que ni siquiera se me pasó por la mente el contenerme y no abrazarte también. Fuera cual fuera la razón, estabas aquí, entre mis brazos. Y por más breve que fuese, en este instante eras mío. Aquella agradable calidez que me recorría de pies a cabeza cuando estaba a tu lado volvió a invadir cada milímetro de mi ser. Todos mis recuerdos contigo pasaron frente a mis ojos justo como una pincelada color alegría confusa. Lo que no daría por hacer este momento eterno. Lo que no haría por devolverte la calma, por alejar esas lágrimas que zurcaban tu rostro y poner una sonrisa en tus labios.

-...Sho-chan... Volví...- Susurré debido al nudo que tenía en la garganta. Te estreché con fuerza. Tu respiración volvía a la normalidad poco a poco. -...sin importar el tiempo o la distancia volveríamos a estar juntos, te lo dije, lo recuerdas?... No iba a romper mi promesa...- Tu llanto desconsolado era ahora tan sólo el eco de los sollozos silenciosos que se te escapaban. Limpié el rastro que le habían dejado a tus mejillas las lágrimas con toda la ternura que había reprimido durante este tiempo. -Pasaron muchas cosas... Perdóname por no haber podido volver antes... Desearía que todo pudiera ser como era entonces...- Sabía que no debía. Tú ya tenías a alguien ahora. Pero no podía frenar todos los sentimientos que se habían desbordado tras escuchar tu voz y sentirte tan cerca de mi. Te besé. Mi primer beso. Ese que aguardaba por ti desde siempre.









Había vivido una ilusión. Todo este tiempo el amor verdadero había estado tan cerca y yo nunca me había percatado. Había amado un ideal en otro cuerpo. Todo este tiempo habían estado jugando conmigo y yo nunca me había dado cuenta de que sólo yo había dado amor. Todo tomó forma y sentido en el preciso segundo en que sus labios se perdieron en los míos. Hasta entonces entendí que nunca me habían besado con amor. Todo el vacío que había sentido hasta ahora dentro de mí desapareció en el momento justo en sus brazos aferraron con fuerza mi cuerpo en un gesto protector. Fue entonces que comprendí que cada una de las caricias que me habían dado eran fingidas. Leer de su puño y letra que sólo se había acercado a mí porque se lo habían ordenado, que todas las miradas y sonrisas sólo eran parte del plan del hombre para el que trabajaba y que se había propuesto acabar conmigo, me destrozó por dentro. Pero ahora nada de lo que había pasado tenía importancia. Entendí que todo el dolor que había sentido, cada adiós que había tenido que soportar, todo había sido para volver a estar con mi primer amor.

-No... no quiero que sea como antes... Quiero que sea mejor...-

-Eso significa que...-

-Que no es demasiado tarde para darnos una oportunidad...-

-Te amo!... Todo este tiempo te he amado sólo a ti...-

-Jun-kun...-







Volví a besar sus labios. Esta vez de un modo más profundo. Me correspondías. Podía sentirlo por la forma en que tímidamente te entregabas a mí. Estaba dispuesto a todo con tal de no perder este sentimiento. Si había podido vencer cada prueba del destino y mi amor no se había marchitado ni un poquito, ya nada ni nadie lograría acabar con él.







Nuevamente me besaba. Sus finas y largas manos acariciaban mi mejilla y mi espalda. Poco a poco fui perdiéndome en su aroma, cayendo sin remedio en ese sentimiento tan puro y sincero que era su amor. A pesar de todo, él había cumplido su promesa y aún cuando vio a alguien más conmigo al volver, siguió amándome y cuidando de mí a la distancia. Ahora era mi turno para darle mi amor y creo que por primera vez sería amado del mismo modo en que yo me entregaba. Quería pasar el resto de mi vida con este chico que me había amado toda su vida sin esperar nada de mí, sin saber realmente si podría volver a estar conmigo. Quería hacerlo feliz y poner en su rostro cada día esa sonrisa que brillaba más que el sol. Así que en ese momento sólo quise que me dejara llorar. Para sacar de mi cuerpo todo el dolo que me habían inflingido en el pasado y darle paso al hermoso futuro que había contemplado dentro de sus ojos.

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Una noche vale más que mil palabras. (Sho)



Título: Una noche vale más que mil palabras
Pairing: Sakurai Sho + OC
Fandom: Arashi
 ~T.A.B.O.O. / Sakurai Sho~
Tipo: One-shot 
Género: FanAi, Shoujo, Angst, AU
To: Xo (Happy B-Day neechan! ^3^)
10-04-11
N.A: Lo que está en cursivas lo hablan en español ^^b






La blanca nieve había comenzado a caer nuevamente en la colorida y bulliciosa ciudad de Tokio anunciando la llegada de un frío invierno. En el aeropuerto las personas iban y venian con lágrimas o sonrisas en el rostro. Contemplar todo aquello siempre me ponía de buen húmor, observar a la gente siempre me ha resultado fascinante, así que en situaciones como esta, me gusta ver el amplio abanico de expresiones que posee el ser humano para demostrar sus emociones. Caminaba sin prisas mirando a quienes llegaba y a quienes se iban y a las personas que les daban la bienvenida o les decían adiós. Personas de todas partes del mundo. Todo tipo de reacciones. Diferentes culturas y formas de pensamientos. Y estaban ahí frente a mis ojos. Llegué a la sala general con mi pequeño bolso en la mano. La cantidad de gente era aún mayor ahí, pero no me importaba, en esta época del año nadie me prestaría atención, además viajaba solo, una entrevista en Corea me había sacado del país a una semana de Navidad, pero eso tampoco me molestaba, trabajo era trabajo y el mío me gustaba bastante, además pude volver a casa a tiempo. Seguí rumbo a la salida con mi mente absorta en cosas tan triviales como comprar regalos, hacer preparativos para la cena familiar, salir con los chicos, estar con mi familia y terminar cosas de trabajo. Me detuve cerca de la puerta, acomodé mi bufanda y me puse los guantes, aún llevaba puestos los lentes que usaba para leer así que me aparté un poco el cabello de la frente para ver bien. Podría sonar tonto, pero algo tan sencillo como llevar los lentes era realmente efectivo para pasar desapercibido entre la multitud.
-Perdón!...- Alguien pasó a mi lado y me empujó con su maleta al pasar mientras me acomodaba el gorro. No hubiera sido necesario que me molestara en voltear para saber que había sido una chica, pero lo hice porque su voz me resoltó agradable y porque entedí lo que había dicho en español.
-Está bien...-
-Hablas español?-
-Sólo un poco... Tú hablas japonés?-
-No mucho...- Rió un poco apenada. Su sonrisa era linda. Ella era linda. Le devolví la sonrisa.
-Hablas inglés...-
-More than japanise?... I think...-
-Well, that's good... Did you come for vacation?...-
-For work...-
-Oh... That's good too... Eh?...- Mi celular había comenzado a sonar. Por el tono sabía que era Nino, de seguro ya estaba todo estresado por estar esperándome. -...chotto matte, ne?...- Le sonreía apenado por tener que interrumpir nuestra conversación. -Moshi moshi, Nino?...-
-Dónde estás?... no te veo...-
-Xo-chan!...- Volteé enseguida un poco sorprendido de que alguna fan me hubiera reconocido y un tanto molesto al oír que me llamaban con tanta confianza. Enseguida vi a la chica que corría hacia donde estaba, agitaba la mano a manera de saludo mientras sonreía felizmente. -Xo-chan! Por aquí!- Al verla más de cerca noté que también era extranjera.
-Bueno... me tengo que ir...- Se giró hacia mi y me dijo adiós con la mano para caminar hacia la chica. -...te tardaste mucho, menka!-
-Oi... Sho?!... Sigues ahí?- Escuchaba la voz de Nino pero mi mente no daba crédito a lo que pasaba.
-Gomen ne, Xo-neechan... Había mucho tráfico...- La chica la abrazó con afecto en cuanto la alcanzó, tras lo cual le quitó la maleta para llevarla ella y luego echaron a andar alejándose de mí hacia los taxis.
-Shooooo!!!...-
-Eh?... ah, sí... Estoy aquí afuera de la puerta uno...-
-Ok... enseguida voy... no te muevas...-
-Sí...- Ni siquiera colgué. No podía dejar de mirar hacia donde ellas iban caminando entre risas. Escuché la bocina de un auto cerca de donde yo estaba, miré hacia ahí y vi a mi amigo asomándose por la ventanilla. Subí a su auto y nos pusimos en marcha.
-Puedes ir más lento?...-
-Seguro... Pasa algo?... te sientes mal?...- Me miraba un poco preocupado pero yo ni caso le hice, iba mirándolas mientras estaban ahí de pie guardando el equipaje en la cajuela. Se subieron rapidamente el coche y se pusieron en marcha. -Sho, estás bien?... estás actuando muy raro desde hace rato...-
-Estoy bien... estoy bien... Tienes algo que hacer?-
-No realmente... Por?-
-Puedes seguir a ese taxi?-
-Disculpa?!-
-Sólo hazlo!-
-No sé tú, pero yo no hago cosas peligrosas o ilegales... Y si no me dices que está pasando, no me pienso mover de aquí...- Detuvo el auto de repente.
-Te explico en el camino... sólo no lo pierdas de vista!...-
-Ok... Ok... sólo porque sé que estás metido en nada raro...- Me miraba refunfuñado pero aceleró para acortar la enorme distancia que se había hecho. -...y bien?!-
-Una chica...-
-Estás siguiento a una chica?!-
-Si...-
-Estás bien de la cabeza?... ni siquiera te conozco una novia...-
-No, no lo entiendes... Por casualidad conocí a una chica, no sé de dónde es... hablaba español...-
-Extranjera?!... Y estaba guapa?!-
-Sí, lo era... pero no viene al caso...-
-Pues si no es por eso, entonces no le veo caso a esto...-
-El caso es que algo en ella... sus ojos... lo que había en su mirada me llamó mucho la atención, así que comencé a sacarle plática...-
-Tú empezaste a ligarte a una desconocida?!... Cielos!... Ahora si creo que lo he visto todo...-
-Sí, como digas... en eso me llamaste, pero la cosa es que oí a una chica llamarme por mi nombre y comencé a buscarla pensando que sería una fan...-
-Wooow! Nuestras fans son impresionantes... ni yo te hubiera reconocido así vestido...- Estaba empezando a desesperarme por interrumpirme a cada rato y creo que lo notó. -Bueno... y qué pasó?-
-Pues... que no me llamaba a mí sino a la chica con la que yo estaba hablando...-
-Qué?!!!- Casi me deja sordo del grito de asombro que pegó.
-Los ojos al frente, Nino... Sí... la llamaba a ella, me dijo adiós y se fue con la chica que venía corriendo hacia nosotros...-
-Y era guapa?-
-Nino!-
-Qué?... Sólo quiero saber todos los detalles...-
-Sí, lo era... Feliz?...- Me asintió con una sonrisa.
-Y qué pasó?-
-Pues que se fueron, tomaron un taxi y van ahí adelante...-
-Oh... ya veo... y por qué las seguimos...-
-Cuando has conocido a una chica que te llame la atención a primera vista y que viva del otro lado del mundo y que se llame igual que tú?...-
-No, pues nunca...-
-Y si la conocieras... qué harías?-
-Mmm... no, pues creo que la invitaría a tomar algo o a algún lado, para saber qué tipo de persona es y conocerla un poco...-
-Exacto!... Todo pasó tan rápido que no supe qué hacer en el momento... pero quiero saber qué clase de chica es...-
-No creo que les guste saber que las estamos siguiendo...-
-Tú se los vas a decir?-
-A qué te refieres?... empiezas a darme miedo, sabes?-
-Sólo creemos la situación perfecta para que suceda de forma natural...-
-Qué cosa?-
-Un encuentro...-
-Ah?!-
-Sí... veamos a dónde van y si se puede, creemos un encuentro casual...-
-Que te permita volver a hablar con ella sin que piense que eres un sujeto raro que la está siguiendo...- Lo miré con cara de "no me hace gracia tu comentario" y no dije nada. Entendió el mensaje de inmediato y siguió conduciendo. Por un buen rato no dijimos nada. La verdad es que no siempre me sentía de humor para las bromitas de Nino y hoy era uno de esos días.

Seguimos por la autopista hasta llegar al centro de Tokio. Siguieron una ruta que me resultó por demás familiar. Iban hacia una zona de hoteles cerca de la casa de Jun, donde a menudo me hospedaba por trabajo.
-Bueno... al menos tienen buen gusto para los hoteles...-
-Eso no tiene nada que con su buen o mal gusto, sabes?... tal vez es cosa de la agencia que le programó el viaje... Dijo que estaba aquí por trabajo y supongo que es la primera vez que visita Japón porque no sabe mucho del idioma...-
-Mmm... y dices que apenas si cruzaste palabras con ella?... O sea que si logras invitarla a comer, para la noche ya sabrás todo de su vida?-
-Sí fueras un poco menos egoísta, observarías mejor el mundo y descubrías muchas cosas sobre la gente que está a tu alrededor...-
-Oh... Después de todo los de la Keio son gente excepcional, verdad?... y yo sintiéndome especial por hacer trucos de magia, cuando todo este tiempo Sho ha sabido leer la mente de las personas...- Su sarcasmo me puso los pelos de punto, pero me aguanté de responderle. Sí se enojaba y me dejaba ahí botado a media calle, no podría saber a dónde se dirigían.
-Pues deberías ir... a la Keio... apuesto a que si les dices que eres amigo mío te dejan entrar sin presentar los exámenes...-
-Jaja... que gracioso eres... Ah!...- Se inclinó sobre el volante mirando atentamente al frente. -...se detuvieron...- Miré en dirección a dónde él veía y las vi bajar del taxi mientras el conductor les ayudaba a bajar las maletas. Tras lo cual entraron al hotel, mismo donde habíamos estado hacía unos meses después de nuestro último concierto. -...no es ese el hotel en que no...-
-Sí, el mismo...-
-Que no se supone que ese hotel es muy exclusivo con los huéspedes que reciben?...-
-Sí... eso tengo entendido...-
-De seguro no le preguntaste en qué trabajaba, verdad?-
-No... alguien me llamó justo cuando iba a hacerlo y era medio insistente para que le contestara...-
-Por eso decía que vayamos al hotel a ver qué onda...-
-Primer comentario acertado del día...- Bajamos del auto al llegar a la entrada. Nino le dio las llaves al chico del ballet parking y entramos directo a la recepción. Lo detuve en seco. Ellas estaban ahí. Su amiga hablaba con la señorita del mostrador en un fluido japones mientras ella la miraba atentamente y se limitaba a responder lo que le preguntaba. Por lo poco que alcanzaba a escuchar y entender, estaba arreglando lo de su reservación.
-Son ellas, verdad?- Asentí sin mirarlo. Mis ojos apenas si daban crédito a lo que tenían delante. Se había quitado la boina que llevaba, ahora su cabello estaba suelto y lucía las puntas en color rojo. -Y?... qué vamos a hacer?...-
-No sé... Déjame pensar...-
-Muchas gracias...- Su amiga le entregaba la llave de su habitación al tiempo que el botones se acercaba para llevar las maletas. -La ciudad te va a encantar, neechan... hay tantos lugares para ir a comprar y tantas cosas que ver, que dos semanas no te serán suficientes para recorrerlo todo...-
-Mmm... pues vamos a tener que hacer milagros con el tiempo para lograrlo...- Reían de lo más tranquilas, era fácil saber que detrás de sus palabras había algo más, algo sólo entre ellas. Entraron al elevador. Las perdí de vista al cerrarse la puerta.
-Bienvenidos...-
-Sí, buenas noches...- No tenía muy bien idea de lo que hacía.
-Hola, disculpa, podrías ser tan amable de darnos una habitación doble en el séptimo piso, por favor?... La más cercana al ascensor...-
-Sí, permítame... cuántos días se hospedarán?- Volteó a verme esperando que yo respondiera.
-Una semana...- Dijo al ver que yo no hablaría. Estaba confundido.
-Ok... pago en efectivo o con tarjeta?- Por su mirada deduje enseguida que era momento de sacar mi cartera.
-Tarjeta...- Le entregué el pequeño pedazo de plástico.
-De acuerdo...- Se hacía el inocente con esa sonrisa suya que tantos suspiros robaba. -Aquí tiene... firme sobre la línea... le entrego su llave, necesita una copia extra?- Decía mirando a Nino.
-No, así está bien...-
-Llamo al botones?...-
-No... sería todo de momento, gracias...- Le sonrió al tiempo que ponía esa cara de conquistador que tanto le gustaba usar. Por alguna razón su galantería siempre funcionaba aún cuando a mí me pareciera rídiculo. La chica le devolvió encantada la sonrisa y acto seguido subimos al elevador.
-Cómo supiste?-
-Qué cosa?-
-En que piso pedir la habitación...-
-Porque ese era el número que estaba marcado cuando ellas subieron...- Me sorprendió que se diera cuenta de algo así.
-Oh... me alegra haberte traído...-
-Sí, lo sé... sin mí seguirías dándote de topes contra la pared por no haber podido hacer nada por volverla a ver...- Su comentario me dio risa. Me conocía demasiado bien como para reclamarle que exageraba o mentía.
-Y por qué dijiste que nos quedaríamos aquí una semana?-
-Porque si ella está aquí por trabajo, por lo menos se quedará una semana, de lo contrario, si no fuera algo importante la hubieran hospedado en un hotel más barato, y si ella fuera alguien importante estaría en uno más caro...- No lograba entender muy bien la lógica de su razonamiento pero desde mi perspectiva, lo que decía parecía tener sentido así que hice de cuenta que entendía. El elevador se detuvo y se abrió la puerta encontrándonos con un enorme pasillo que nos llevo hasta la habitación. Como yo me había quedado de pie ahí pensando en un montón de cosas, Nino me quitó la tarjeta y la deslizó para abrir y entrar. -...sigo pensando que estás muy raro...-
-Es sólo que me pregunto si tiene sentido hacer esto...-
-Tú crees que lo tiene, no?... entonces lo tiene... deja de desbararte el seso en cosas sin sentido... y mejor ponte a pensar qué harás para tener tu encuentro casual...-
-Tienes razón...- A veces podría no parecerlo, pero Nino tenía sus momentos lindos. Me alegraba de que fuera mi mejor amigo y de poder contar con él en momentos así. -Ejem... Nino, qué haces?- Me pareció bastante extraño que entreabriera la puerta y que tomara una silla y se sentara junto a ella.
-Vigilar el pasillo...-
-Sí, eso lo deduzco... pero cómo para qué?-
-Por si salen de la habitación para cenar...-
-Podrían pedir servicio a la habitación...-
-Sí, si fueran tú o Jun... créeme, si tienen hambre saldrán a buscar algo a los alrededores...-
-Y cómo puedes estar tan seguro?-
-Porque es más barato que comer en el hotel...- Su determinación me provocó un ataque de risa ante el cual él se hizo el indignado y me ignoró por una buen rato, era como ver a un niño castigado en un rincón. Igual aproveché aquel silencio para poner en orden mis pensamientos. Mi celular sonó haciéndonos pegar un brinco a los dos, estaba sobre la mesita de cristal, así que hizo mucho ruido.
-Oh... Riida?... qué pasa?-
-Qué te dijo?- Me preguntó completamente lleno de curiosidad en cuanto colgué.
-Estaba preocupado porque no les llamamos cuando llegué... quería saber si estábamos bien... los chicos están con él, preguntan si nos íbamos a ver hoy...-
-Mmm...- Se quedó callado un momento. Luego sacó su celular. -Ne, Aiba-chan... Sí, soy yo... estoy con Sho justo ahora, estás con Jun y riida, verdad?... Vamos a cenar a algún lado?... Sí... Sí... Ok... en cuanto sepa a donde iremos les aviso...-
-Qué planeas ahora?-
-Shhh...-
-Qué pasa?- Pregunté en voz baja.
-Son ellas...- Corrió a la puerta y se asomó como todo un espía profesional.
-En serio?!- Sentí que me daba un vuelco el corazón. Lo vi asentír tras asomarse.
-Están como a 5 puertas de nosotros…-
-Tan cerca?!- De pronto empecé a ponerme muy nervioso.
-Muévete! Muévete!... vienen hacia acá…- Me empujó para poder cerrar la puerta. –Deja de poner esa cara, Sho… debes verte natural… tú sólo sígueme la corriente, ok?-
-De acuerdo…- A falta de un mejor plan, decidí seguir el de mi amigo. Igual a veces tenía buenas ideas.
-Soy tu asistente, entendido?...- Agarró mis cosas de la mesa. Abrió la puerta y se hizo a un lado para que yo pasara, lo cual fue bastante gracioso. Salimos de la habitación. Ellas estaban de pie frente al elevador platicando amenamente, ni siquiera se habían percatado de nuestra presencia.
-Y qué hago?-
-Sólo sígueme la corriente, ok?... para eso eres actor, no?-
-…verdad?... Pues creo que a Sandrix le gustaría bastante, ójala que su seminario termine pronto para que podamos verla… sería una pena que estén las dos aquí y no poder hacer algo juntas antes de que se vayan…-
-Sí, es cierto… quién sabe hasta cuándo podamos volver a venir a verte…-
-…por eso estoy tan feliz de verte ahorita!- Volvió a abrazársele efusivamente. Se me escapó una sonrisita. Se veían tan tiernas. Se abrió la puerta del elevador y entraron, nosotros estramos después de ellas. Las dos se quedaron calladas cuando escucharon que no estaba solas.
-Qué piso?- Preguntó educadamente.
-Planta baja, por favor…- Le asintió a su amiga y oprimió el botón.
-Jefe, llamo a Ohno-san y a Matsumoto-san para confirmar su cena con ellos?...-
-Eh?!... Ah, sí… Pregúntales si irán acompañados… elige el restaurant en base a ello…-
-Entendido…- Tomó el celular y marcó un número, supuse que llamaría a alguno de ellos. –Aiba?... soy Ninomiya… Sakurai-san quiere saber si tu jefe y su socio cenarán con él esta noche…-
-…me cohibe estar con dos hombres tan guapos…- Le susurró. Se me escapó una sonrisa pero me contuve, no quería ni respirar, quería saber si me había visto, si me reconocía.
-…pues el chaparrito no está tan guapo, pero pues su jefe, sí, como no…- Su amiga era mucho más extrovertida. No tuve que voltear para saber que me miraban.
-Verdad?... lastima que no puedo verlo bien… pero igual no me quejo… lo que veo desde aquí me gusta…- Las dos rieron por lo bajito a modo de complicidad. De acuerdo, retiré lo que había dicho subre su amiga. Nino me miraba reprimiendo una carcajada. Era obvio que estaba rojo como tomate. Mi cara se sentía caliente. Agaché la mirada y carraspié un par de veces. Por fin se abrió la puerta. Me apresuré en salir. De pronto me pareció que hacía demasiado calor ahí dentro. Esperé a que Nino saliera, sabía que las habría dejado pasar primero, más por pervertido que por eduado. Ellas pasaron junto a mí reprimiendo un par de risitas con sus manos. Su amiga se llevó la mano al bolsillo y salieron por la puerta doble de cristal.
-Jajajajaja Aibaka se sacó tanto de onda cuando le llamé que me colgó!... Pero al menos ahora me alegra haberte seguido en esto… tenías razón, las dos son guapas… no te preocupes, la que me gustó fue su amiga… por cierto, entendiste lo que venían diciendo, cierto?-
-En su mayoría…-
-Dijeron algo de ti, verdad?... por eso te sonrojaste!...-
-Callate, Nino…-
-Y esto?...- Se agachó y tomó algo del piso. –Una dirección?...- Era un papelito dentro de una cubierta plástica.
-Eso está aquí cerca, no?..-
-Sí, a un par de calles…-
-No es el restaurante de Ramen donde cenamos la última vez?-
-Podría ser… crees que se le haya caído a ellas?- Le dio la vuelta. –Eh?-
-Qué pasa?...-
-Sí es de ellas…-
-Cómo lo sabes?...-
-Su amiga se llama Lili y estudia en la GeiDai…- Le quité lo que tenía en la mano. Era su credencial de estudiante.
-Será mejor que las alcancemos…- Salimos corriendo del hotel. No fue difícil ubicarlas a lo lejos. Su cabello destacaba lo suficiente como para verlas entre la multitud.
-Disculpen!...- Nino les habló pero ninguna de las dos se dio por aludida. –Chicas!- Le puso la mano en el hombro a su amiga. Su reacción fue algo que nunca me hubiera esperado, se giró de inmediato y lo empujó enviándolo derechito al piso por agarrarlo mal parado.
-No es el chico del elevador?!- Preguntaba asustada al reconocerlo.
-Lo siento!... estás bien?!- Su amiga corrió a darle la mano, pero como me temía, el otro estaba enojado.
-Qué te pasa?!... cómo le haces eso a alguien?!... estás mal de la cabeza?!-
-Disculpa?!... no es mi culpa que hayas sido tan grosero como para interrumpir mi espacio interpersonal de ese modo…-
-Ahora resulta que es mi culpa por haberte tocado?!-
-Por supuesto!-
-Lilith… nena, calmate…- La abrazó, pero más bien parecía que trataba de alejarla de Nino. Corrí hasta llegar a donde estaban.
-Qué pasa?!- Le di la mano a Nino para que se levantara.
-Viste lo que hizo?!... es una salvaje!!!-
-Salvaje la más vieja de tu casa!...- Parecía que se le dejaría a golpes a Nino, ella aún la detenía.
-Lilith… ya!... vámonos, sí?- Miraba alrededor apenada porque muchas personas se habían detenido a mirar. Lo cual era malo para nosotros.
-Nino, ya déjalo… nos vamos a meter en problemas si nos reconocen…- Le lanzó una última mirada matona y se acomodó el abrigo.
-Eh!... El chico del aeropuerto!...- Volteé a verla enseguida.
-Nos volvemos a encontrar…- Me miró y abrió los ojos de par en par. Se puso más roja de lo que yo estaba momentos antes.
-Vámonos de aquí!...-
-Por qué?!... Qué pasa?... Te sientes mal… te ves roja…-
-Es el chico que te dije… el del aeropuerto… entendió lo que dijimos…-
-El guapo con el que chocaste que hablaba español!-
-Cállate!!!- No pude reprimir mi risa cuando le dio un codazo. Las dos me miraban con la misma expresión de asombro y pena.
-Estábamos llamándolas porque se te calló algo en el vestíbulo…- Le estiré la mano para que me diera la credencial porque sabía que seguiría emberrinchado y no se la querría dar hasta que no se disculpara. –Toma… perdón por ver lo qué era…- Al verla se llevó la mano al bolsillo y luego la tomó.
-Muchas gracias…- Nos miró a los dos con gesto inocente.
-Te dije que guardaras bien eso para que no lo perdieras…-
-Sí… perdón…- Ahora me quedaba claro quien era la mayor y quien era la menor.
-Perdón que las interrumpa…-
-Qué pasa?...-
-Estábamos de camino a una reunión, pero nos han cancelado y ya teníamos hechas las reservaciones… quieren ir a cenar con nosotros?- La miró como preguntando qué había dicho.
-Dame un segundo…- Se giró hacia ella y bajaron un poco la vos. -Nos están invitando a cenar…-
-Quieres ir?...-
-Tú quieres ir?... a mí me da igual…-
-Es que… qué pena… entre lo del elevador y lo de su amigo…-
-Pues como veas… neta que ya más rídiculo no podemos hacer frente a ellos…-
-En eso tienes razón…-
-Etto…-
-Sí dime… ya decidieron…-
-La verdad es que con todo lo que pasó nos da un poco de pena… además ya teníamos decidido a dónde ir a cenar…-
-No se preocupen por lo que pasó, de acuerdo?... veámoslo como una oportunidad para empezar de nuevo…-
-Además… no vamos vestidas para ir a ningún lugar caro…-
-Ya déjalo… no quieren, no insistas… mejor vamos a cenar… ya me dio hambre… Quiero ramen del de aquella vez…-
-Les gusta el ramen?...-
-La verdad nunca lo he probado pero lo quiero probar…-
-En el hotel nos recomendaron un restaurant de fideos cerca de aquí, íbamos para allá…-
-Qué les parece si vamos los cuatro…-
-Dame un segundo, sí?- Su amiga me sonrió y volvió a jalarla para decirle algo.
-No crees que es raro que insista tanto?... y más raro que te lo hayas vuelto a encontrar… no será un estafador o algo así?-
-Como eres paranóica, sabes?...-
-Oye! Sho!...- Los dos volteamos al escuchar que nos llamaban, arrancándoles un par de carcajadas a Nino y a su amiga. Al ver que me hablaban a mí, se sonrojó.
-Qué hacen aquí?...-
-Perdiendo el tiempo…- Respondió de inmediato Nino a la pregunta de Ohno.
-Por qué no nos llamaste en cuanto llegaste?... estábamos preocupados…-
-Lo siento, Jun… luego les cuento…-
-Bueno… sentimos lo que pasó… ya nos vamos…-
-Amigas tuyas, Sho-chan?- Al ver que de nuevo pensó que la llamaban a ella, Nino volvió a carcajearse.
-Y tú de qué te ríes?, loco…-
-Es que esa chica voltea cada que le hablan a Sho!-
-Voltea porque se llama Xo!... y más te vale que dejes de reírte de ella si no quieres perder los dientes…- Su risa se apagó de inmediato al ver que hablaba en serio.
-Jajajajajajaja! Valió la pena venir sólo por ver esto…- Aiba no podía dejar de reírse.
-Cómo te llamas?...- Preguntó Jun sonriendo divertido también por la cara de incredulidad de Nino.
-Lili…-
-Bueno, Lili, a partir de hoy seremos tus fans…-
-Disculpa?!-
-Lo que le dijiste fue genial, te admiramos…-
- Sí lo que digan… bueno, con permiso… vamos, Xo-chan…-
-Esperen… por qué no cenan con nosotros?-
-Olvídalo, Ohno… Sho ya se los pidió y no quisieron…-
-Anden, vamos…- Incluso Aiba se mostraba interesado en ellas.
-Quieren que váyamos con ellos a cenar…-
-Vamos?-
-Como quieras…-
-Ok… vamos…-
-En serio?!-
-Que dijo, Sho?-
-Que sí irán con nosotros…-
-Ah! Grandioso…-
-Nino no molestes… te la ganaste…- 
-No iré con ellas si no se disculpa primero…-  Su amiga echó a reír con ironía al ver que la señalaba.
-Sabes… hace buen rato que me disculpé por haberte empujado… pero no me importa volverlo a hacer si con eso dejas de dar lata…-
-Ah! Pero quién se cree esta chica?!... Qué no sabes quién soy?!-
-Nino, ya…-
-Jajajajaja sí, sí lo sé… eres un niño berrinchudo que actúa como si fuera un chico genial!-
-Jajajajaja- Los cinco echamos a reír ante su comentario y la cara que puso Nino cuando lo oyó.
-Ah… esta chica me encanta…-
-Cállate, Jun…-
-Vamos?!...- Le pregunté con mi mejor sonrisa.
-Sí…- Caminamos hasta el restaurante de fideos mientras nos presentábamos, obvio no les dijimos a qué nos dedicábamos, no queríamos problemas con el jefe, así que sólo evadimos el tema hablándoles de otras cosas. Al llegar pedimos una mesa grande en el lugar más apartado buscando un poco de privacidad.
-Y de dónde son?- Preguntaba Ohno curioso por la diferencia en el tono de piel entre ellas.
-De México…-
-Vaya!... debio ser un largo viaje, qué las trajo a Japón… vacaciones?- Preguntaba Jun seguramente preguntándose si tendría con quiénes salir de fiesta.
-No… yo vine a estudiar y Xo está aquí por trabajo…-
-No seas tímida… me siento mal de que no participes en la conversación…- Le decía Aiba a Xo con la carita llena de angustia.
-Dice que se siente mal de que casi no hablas…-
-No habla japonés?- Preguntó de inmediato Jun, al reparar en que Lilith siempre le traducía lo que decíamos.
-No mucho… sólo entiende algunas cosas…- La miraba como preocupada aún cuando le sonreía.
-Ah… que pena… hemos sido un poco desconsiderados…- Ohno se disculpó de inmediato a nombre de todos.
-Dice que los disculpes por ser tan desconsiderados, por lo de que no hablas su idioma…-
-No se preocupen…- Todos se sintieron un poco mejor al escucharla. –Ustedes sigan hablando, no entiendo mucho, pero igual son divertidos… no te preocupes por mí, ok?...- Aún cuando Lilith seguía traduciéndole todo lo que alcanzaba, al final Xo se desinteresó de su conversación. Era mi oportunidad de tener su atención sólo para mí mentras ellos mantenían a su amiga lo suficientemente entretenida como para que nos echara en falta.
-Es la primera vez que vienes a Japón?- Me cambie de silla y me fui a sentar a su lado, los otros cinco traían mucho escándalo así que me costaría trabajo escucharla, porque a veces hablaba muy bajito.
-Sí… se nota tanto?-
-No, es sólo que pareciera que ella ya ha estado aquí un par de veces…-
-No, lo que pasa es que ya tiene unos meses viviendo aquí…-
-Oh, ya veo…-
-Gracias…-
-Por qué?-
-Por esforzarte tanto en hablarme en español…-
-No te preocupes… pero si digo algo mal, corrigeme, sí?…-
-De acuerdo…- Su sonrisa era lo más hermoso que había visto en mi vida.

Hacía mucho que no pasábamos una velada tan agradable. Y no sólo lo decía por lo mucho que yo estaba disfrutando de la compañía de esta maravillos chica, sino porque era obvio que ellos también se estaban divirtiendo en sobre manera, hasta el chico de la cara larga que había entrado con nosotros al restaurante ahora no paraba de reír y de contar cosas graciosas, incluso Ohno que suele ser muy serio y no participar mucho en nuestras conversaciones estaba platica y platica de lo más cómodo. Aiba reía tanto que ya estaba hasta llorando y si de por sí es difícil pararle la boca a Jun, teniendo a alguien que le seguía cada conversación, estaba de lo más feliz.
-Te sientes mal?...- De pronto me pareció que se veía un poco pálida.
-No, es sólo que ya resentí el cansancio del vuelo…-
-Quieres que te lleve al hotel?... deberías dormir un poco, debes estar muy cansada, verdad?...-
-No!, como crees!... ahorita le dijo a Lilith que ya nos vayamos…-
-En serio… yo te acompaño… ellos no nos van a hacer caso, están demasiado entretenidos…- Volteó a ver a su amiga que parecía haberse olvidado por completo de ella de tan feliz que estaba.
-Ok… gracias… y perdón por las molestias…-
-No digas eso, no es ninguna molestia… Vamos…- Me levanté para que también ella pudiera levantarse.
-Qué pasa?- Ohno fue el primero en darse cuenta pues estaba frente a mí.
-La llevaré de regreso al hotel… se siente muy cansada, fue un vuelo de 15hrs hasta aquí…-
-Te veo en el hotel, peke… me estoy cayendo de sueño…-
-No, espérame… me voy contigo…- Comenzó a juntar sus cosas pues se había quitado los guantes, el gorro y la bufanda.
-No te preocupes… hacía mucho que no te veía divertirte tanto… quédate un rato más con ellos… estaré bien…-
-Pero…-
-Pero nada!... Obedece a tus mayores… Buenas noches, chicos!- Les dedicó una gran sonrirsa a todos.
-Descansa Xo-chan, Sho, asegúrate de que llegué bien…- Decía Ohno preocupado porque en realidad sí se veía muy cansada, la pobre.
-Te la encargo mucho…- Me agradó ver esa mirada en sus ojos de “si le pasa algo me las pagas”, porque quería decir que en verdad la apreciaba mucho, pero al mismo tiempo me molestaba porque me hacía sentir que pensaba que le podría hacer algo.
-Chicos, llévenla al hotel cuando se desocupen, de acuerdo?…-
-Seguro… yo me regreso con ella y la dejo en la puerta de su habitación sana y salva…- Agregó Nino tras darle un gran sorbo a su cerveza. Me dio risa que dijera aquello, porque tal vez podría ser ella quien terminara llamando a nuestra puerta para entregármelo. Decidí confiar en ellos. Igual no bebería más de la cuenta estando ella ahí, tan sólo por el hecho de que Lilith no había bebido ni una gota de alcohol en todo el rato, así que seguramente no beberían más, sintiéndose mal porque ella no bebía con ellos y no les gusta ser desconsiderados con sus acompañantes, sobre todo si son chicas.

Como ya pasaban de las diez de la noche, era de esperar que estuviera haciendo mucho más frío que cuando salimos del hotel.
-Quieres que paré un taxi?-
-No, cómo crees… así está bien… no está lejos de aquí…-
-Es que hace frío…-
-No te preocupes…- Metió las manos en los bolsillos de su chamarra de piel roja y echó a andar. Nuevamente sentía mi corazón latiendo fuera de control. Y sabía que ella era la causa. Nunca me había sentido así antes por nadie. Pero desde que la vi en el aeropuerto fue como si me hubiera encontrado a mí mismo dentro de sus ojos y de algún modo, no quería dejar de mirarme a través de ellos. Me sentía tonto. Ni siquiera sabía de qué hablar. Levanté la vista hacia el cielo.
-Ah!...-
-Qué pasa?!- Se detuvo y se dio media vuelta para ver qué me había pasado.
-La luna… la habías visto?...-
-Ah… es hermosa…-
-Lo más hermoso que han visto mis ojos…- De pronto yo había dejado de mirar cualquier cosa que no fuera ella. El brillo de sus ojos, la ligera sonrisa en sus labios. Todo de ella me gustaba, al grado de hacerme suspirar como un tonto… un tonto enamorado.
-Tampoco exageres… apuesto a que has visto cosas mucho más hermosas…- Desvié la mirada enseguida para que no notara que me había sonrojado.
-No exagero… y en verdad fue lo más hermoso que había visto hasta ahora…- Nuestras miradas se encontraron por un par de segundos. Ni siquiera me di cuenta de que se me había acercado tanto, así que esta vez no pude disimular el rubor de mis mejillas. No supe por qué, pero ella también se sonrojó.

El resto del camino no hablamos mucho. Me daba miedo todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Era demasiado intenso, demasiado profundo, demasiado todo. Entramos al lobby del hotel aún en silencio. Mirándonos de vez en cuando. Sonriéndonos tímidamente cuando eso pasaba. Desvíando la mirada al lado contrario después de hacerlo. Oprimí el botón con el número siete. Me dio risa recordar lo que había pasado en ese mismo lugar hacía unas horas cuando bajamos. De reojo la vi sonreír contagiada por mi risa. La puerta se abrió y nos miramos estando de pie en el pasillo.
-Supongo que aquí es donde nos despedimos…- Su voz era dulce. De pronto reparé en que sus ojos decían algo muy diferente a su sonrisa.
-Al menos por hoy… debes descansar…- Me pregunto si esperaba escucharme decir otra cosa porque en serio me pareció ver que se entristecía.
-Descansa… y gracias por hacerme compañía…-
-Dulces sueños…- Me dijo adiós con la mano y caminó hasta su habitación.
-Eh?!- Metí mi mano en mi bolsillo pero lo encontré vacío. Que tonto que era. Claro que estaba vacío. Nino tenía mi cartera, mi celular y la llave de la habitación.
-Qué pasa?...-
-Que el baka de Nino tiene todas mis cosas…-
-Y qué harás?...-
-Ir a buscarlo para que me las regrese…-
-Estás seguro?… no quieres esperarlo en nuestra habitación?... Tú también te ves muy cansado… tenías pensado llegar a dormirte, no es así?-
-Sí, de hecho…- Me sentí completamente desnudo ante ella. Era más observadora e intuitiva de lo que imaginé.
-Ves?... Mejor duerme un rato y cuando llegue Lilith te vas a tu cuarto…-
-Segura?... No quiero causarte molestias…-
-No te preocupes… es lo menos que puedo hacer después de todo lo que has hecho por nosotras hoy…-
-Gracias…- Caminamos un par de metros hasta su puerta. Al igual que en nuestro cuarto, todo seguía ordenado en el interior. Me llamó la atención que no había más equipaje además de su maleta.
-Quieres algo de beber?...-
-No, gracias, estoy bien… Lilith se quedará contigo aquí mientras estés en el hotel?-
-Sí, le dieron un par de días de vacaciones en la escuela, así que pasará los que le quedan haciéndome compañía mientras llega mi supervisor…-
-Oh… ya veo... y que es lo que estarás haciendo mientras estés aquí?...-
-Me mandaron a una capacitación de sistemas mecatrónicos…-
-En que trabajas?-
-En el metro de la Ciudad de México…-
-Oh… eso lo explica todo…-
-Qué cosa?...-
-Que seas tan lista y observadora…- Se sonrojó completamente tras escucharme decir aquello. Nos quédamos en silencio por un momento, ella mirando sus pies, yo mirándola a ella.
-Y tú?...-
-Qué?...-
-A qué te dedicas?...-
-Soy conductor en un noticiero…-
-De verdad?!... Qué genial!- Ahora era yo quien se ruborizaba ante la inocente y fascinada expresión de su rostro.
-No es la gran cosa… y menos comparado con lo que tu haces…- Mi comentario le dio risa, era tan revitalizante escucharla reír.
-Amo mucho mi trabajo, pero admito que tu trabajo es más genial que el mío… considérate afortunado por tenerlo…-
-Debería?...- Nos quédamos un buen rato más hablando de mil y un cosas, hasta que finalmente el sueño terminó por vencerla. No quice despertarla si la movía para llevarla a la cama, así que mejor fui por una almohada y el edredón y la acomodé en el sillón, tras lo cual apagué la luz. Su rostro se veía tan hermoso iluminado tan sólo por la tenue luz de la luna que se colaba a través de la ventana. Sus labios eran tan suaves. Me costó mucho contenerme para no terminar besándola en ese mismo momento; pero no lo hice, no porque no quisiera, sino porque eso no sería realmente un beso y no era cómo yo lo quería. Porque sin duda alguna lo quería. Pero sería de la manera correcta y sólo si ella estaba de acuerdo. No supe en qué momento me quedé dormido. Me despertó el tacto tibio de su mano sobre mi rostro.
-Lo siento… te desperté?...-
-No te preocupes… qué hora es?-
-La una…-
-Aún no vuelve?...-
-No, me preocupa…-
-No tienes por qué, mis amigos en verdad sabrán cuidar de ella, seguramente fueron a algún otro lado después de que cerraran el restaurante…-
-No, si lo que me preocupa no es ella… sino tus amigos…- Admitió con una risita traviesa.
-A qué te refieres?-
-Esa niña no querrá volver hasta que le dé sueño… lo cual podría suceder hasta pasadas las tres de la mañana… me preocupa que tu amigos no puedan aguantarle el paso…- Ahora era yo quien reía.
-Con mayor razón… no te preocupes… Seguro que Ohno y Aiba ya se fueron a sus casas y ella está en algún lugar con Nino y Jun… ese par también son trasnochadores y conocen muy bien los alrededores… Pero eso no es bueno…-
-Por qué?...-
-Porque eso quiere decir que no volverán hasta después de las tres…-
-Y ya te quieres ir?...-
-No!... no me lo tomes a mal… es sólo que siento que te molesto aquí…-
-No lo haces… me haces sentir segura… nunca me he quedado sola por las noches… la verdad me daba un poco de miedo hacerlo…- Se veía tan pequeña e inocente sentada ahí a mi lado admitiendo aquello que me dieron ganas de abrazarla.
-Quieres un poco de té?…-
-Sí… hace frío, verdad?...- Me levanté y fui a la cocineta para poner un poco de agua a hervir mientras buscaba en la alacenita un par de tazas y la cajita del té.
-Aquí tienes… no sé si te guste… no es como el té que ustedes suelen beber…-
-Siempre es bueno probar cosas diferentes, verdad?- Continuamos con nuestra conversación con tan sólo la luz de la cocineta como compañía.
-Sabes… creo que es la primera vez que disfruto tanto el estar con una chica…-
-Supongo que eso les dices a todas…-
-No… en serio… es la primera vez que puedo ser sólo Sho Sakurai mientras estoy con alguien que no sean mis amigos…-
-Vaya… no sabía que aquí fueran tan famosos los conductores…-
-Ah, bueno… es porque he ganado un par de premios por reportajes…-
-Vaya! No dejas de sorprenderme…- Reía un poco nervioso por mi torpreza. Había estado a punto de decirle todo sobre mi trabajo. -…pero eso quiere decir que no tienes realmente mucho amigos, verdad?...-
-Pues fuera de ellos cuatro… creo que solo un par de amigos de mi universidad y uno que otro amigo de por mi casa…-
-Mmm… y ni qué decir de salir con alguien…-
-Eso es lo más difícil de mi vida… el 90% de las personas que se acercan a mí, lo hacen sólo por interés… me he vuelto un tanto desconfiado de las personas…-
-Y no te da miedo que yo me haya acercado a ti por esa razón…- Su comentario me dio risa.
-No… en absoluto…-
-Cómo puedes estar tan seguro?...-
-Porque tus ojos lo dicen todo sobre ti… y sé que nunca podrías jugar con los sentimientos de los demás…- Lo que dije pareció sorprenderla por completo. Pero deduje de inmediato que no era la primera vez que se lo decían.
-Los odios!... son unos chismosos!...-
-A mí me gustan…- Se sonrojó. Yo también. Mi lengua había sido más rápida que mi cerebro. Y para cuando me di cuenta, ya lo había pensado en voz alta.
-En verdad?...- Me gustó que me mirara a los ojos aún a pesar de la pena que sentía.
-Sí… tienes unos ojos muy hermosos… toda tú eres hermosa…- Me acerqué un poco. Un poco más. Otro poquito. Al ver que ella no hacía por mantener la distancia que nos separaba, me atreví a hacerlo. La besé. Cielos. No tengo palabras para describir todo lo que sentí en ese momento. Quería gritar, reír, llorar, correr, saltar, suspirar, todo al mismo tiempo. La miré a los ojos. Ella tenía una hermosa sonrisa en su rostro. Miró mis labios. Miré los suyos. Y la poca distancia entre nosotros volvió a desaparecer. Sentí sus manos sobre mi chamarra. Puse las mías sobre su cuello y su cintura. Era como sid e alguna forma, al no aferrarla a mí, ella fuera a desvanecerse, y no quería eso, quería seguir sumerjiéndome en ese sentimiento. Inevitablemente nuestros labios tuvieron que separarse para que nuestros pulmones volvieran a tomar aire. Tenía mi frente apoyada sobre la suya. Seguíamos mirándonos a los ojos. Diciéndonos todo lo que necesitábamos escuchar con la mirada. Comencé a besar lenta y suavemente cada parte de su carita. Cada centímetro de sus labios. De su cuello. Dios. El aroma que desprendía su cuerpo era como una droga que me ordenaba darme una sobredosis. Ya estaba besándola nuevamente. Ella comenzó a llenarme de besos a mí también, haciendo que cada célula de mi cuerpo reaccionara al roce de sus labios como si me recorriera una descarga de electricidad. –No quiero ir más rápido de lo que debamos…- Este era mi límite para conseguir alejarme de todo lo que sentía.
-Ok… te avisaré cuando eso pase…- Rodeó mi cuello con sus brazos y se dejó caer de espaldas llevándome con ella contra el sillón. Pensé que no podía ser más hermosa y perfecta que en ese momento. Entre mis brazos siendo el objeto de todo mi amor y deseo. Pero me equivoqué. Sí podía llegar a serlo aún más. En el momento en que la ropa dejó de sernos un estorbo me di cuenta de ello.
-Te lo dije hace unas horas… eres lo más hermoso que he visto en toda mi vida…- Comencé a besarla nuevamente, como si el alma se me fuera en ello. Sentir sus pequeños dedos recorriendo mi piel era la sensación más adictiva que conocía, superada solamente por sus labios. La noche nos pareció un suspiro mientras nos amábamos. Era tan reconfortante tenerla dormida entre mis brazos. No podía dejar de mirarla. Aparté con cuidado los mechones de cabello que caían sobre su frente y deposité en ella un dulce beso. –Quédate por siempre conmigo… Xo…- Me quedé contemplando a mi pequeño ángel hasta que también me venció el sueño.

-Qué hora es?...-
-Las ocho…-
-Qué?!- Se levantó toda espantanda.
-Qué pasa?... Tenías algo que hacer?...-
-No, no es eso!... Aún no ha vuelto Lilith!...- Se enredó en la sábada y salió corriendo de la cama para entrar al baño.
-No… creo que me dormí como a las 5 y aún no volvían…-
-Más le vale a tus amigos que no le hayan hecho nada raro…-
-Jajajaja… no decías que eran ellos los que corrían peligro?- Comencé a vestirme. Sabía que en cuanto saliera del baño iría a buscarla. Claro, primero se vistió, la creí capaz de salir en la bata de baño.


-Ya voy!... ya voy!... que manera de tocar!!!...- Del otro lado de la puerta, Nino se escuchaba completamente modorro y molesto.
-Dónde está mi peke?!... Qué le hicieron?!...-
-De qué habla, Sho?!... por qué vienen a despertarnos a estas horas?... No son los únicos que no durmieron nada anoche, sabes?-
-QUÉ?!!!!!!!!!!!!!!!!- Lo hizo a un lado de un empujón y entró corriendo directo a la habitación que permanecía con la puerta abierta. Su amiga estaba sentada sobre la cama acomodándose el cabello más adormilada que otra cosa cuando ella entró casi corriendo a abrazarla.
-Xo-chan?!... qué pasa?...- Decía cubriéndose la boca con el dorso de la mano al bostezar.
-Qué te hicieron estos pervertidos?!!!!... Estás bien?!!!-
-Nee-chan… de que demonios hablas?!... Hey! Dónde crees que estás tocando?!!!... Para eso son pero se piden!!!-
-Segura que no te hicieron nada?!...- La otra estalló en carcajadas.
-Qué le pasa a tu novia, Sho?...- Nino estaba sentado sobre el respaldo del sillón. Al parecer había dormido ahí por lo que deduje que Jun estaba también en el cuarto.
-Con un demonio?! Qué es todo este escándalo?!- Como de costumbre Jun se había puesto sus tapones en los oídos, así que apenas se daba por enterado de todo el escándalo que pasaba.
-Peke… por qué te ríes?!... Me estás preocupando?!... Y tú mejor cállate, pervertido?!-
-Qué?!... pervertido, por qué?!...-
-Cómo que por qué?!... Qué le hicieron que no la llevaron a la habitación en toda la noche?!-
-Eh?!... Traducción…-
-Jajajajaja… no sé qué se fumó pero piensa que me hicieron algo pervertido jajajaja y que por eso no me llevaron a nuestra habitación en toda la noche…-
-QUÉ?!!!- Nino parpadeaba como tratando de asimilar lo que acababa de escuchar para luego gritar de absoluta incredulidad. Pero el gesto de Jun me dejó en claro que ardería Tokio en ese momento, por lo menos la habitación 703 de este hotel.
-Nosotros?!... Nosotros somos los pervertidos?!... Deberías darnos gracias de que la trajimos de un lado a otro de la ciudad porque tenía insomnio y que cuando la llevamos estaba dormida y no la dejamos en ese cuarto a ver semejante show porno!- Todas las miradas se posaron de pronto en Xo, que ahora se veía tan roja como los destellos de su cabello.
-Nee-chan?!...- Pasó la mirada de Jun a mí, y de mí a Xo. -Eeeeeeeeeeeeeeeeh?!!!!!!!!!!!!!!-
-Cállate!... y tú no pongas esa cara de menka!- La pobre estaba toda apenada y no sabía ni que hacer. Entré a la habitación.
-Saben que… nosotros ya nos vamos… ustedes duerman un rato más… nos vamos a comer algo para recuperar energías… y ni se les ocurra ir a molestar al otro cuarto si no quieren ver la segunda parte de lo de anoche…-
-Waaaaaaaaaaaaa!- Lilith se tapaba las orejas nos las manos cerrando los ojos con fuerza.
-SHO! Eres un depravado!!!- Jun me lanzó un almohadazo cuando salí de la habitación llevándome a Xo de la mano conmigo.
-Largo de aquí, mal amigo… cómo te atreves a comer pan en frente de los pobres…- Nino nos empujó fuera de la habitación.
-En serio ellos… estaban…???- Alcanzamos a escuchar antes de que nos cerrara la puerta.
-Pekeeeeee!!!!!- Lo último que oímos fueron las cárcajadas de los tres.

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